—Ren, ¿me quieres decir dónde estuviste anoche?
—¿Anoche? —repite la pregunta tratando de hacerse el desentendido.
—Sí, anoche. Sabes. Es ese período de tiempo que comprende entre ayer por la tarde y hoy por la mañana. Anoche.
—¡Ahhhhhh! ¡Anoche! —de esta no se libraba. Su mánager era como un perro furioso cuando de investigar su vida amorosa o la inexistencia de ella se trataba y más si incluía a cierta pelinaranja que lo traía como dicen por ahí cacheteando las banquetas, o si lo prefieren así, lo traía de una alita, se moría por sus huesos y ¡qué huesos! Sobre todo lo que los rodeaba.
—Exacto. Anoche. Por si no recuerdas, quedé de traerte el libreto completo y tú, mi joven amigo, no estabas —tenía el ceño fruncido en obvio reclamo hacia su falta de consideración, los brazos cruzados y estaba pisoteando rápidamente el suelo con el pie derecho, en un pataleo frustrado—. Te estuve esperando afuera de tu departamento por más de una hora. También intenté llamarte al celular pero ¡oh sorpresa! El muchacho lo tenía apagado. Así que dime de una buena vez, ¿dónde estuviste anoche? Y no me quieras salir con que estabas dormido porque tu carro no estaba en su lugar, así que obviamente tampoco tú —afirmó más que enojado el mánager. Su amigo y representado se traía algo entre manos y él no cejaría hasta enterarse de qué se trataba y la cara de culpabilidad del otro solo lo hacía querer saber qué era.
—Yashiro —soltó un largo suspiro—. Está bien, te lo diré pero solo prométeme que no harás ningún alarde de esto. Pasé la noche con Kyoko en un hotel —la cara pálida y el rictus de su mánager hicieron creer a Ren que este había sufrido un ataque al corazón, de repente el rostro del hombre fue tomando color hasta que llegó a un rojo intenso. En su mirada se podía observar cómo de la incredulidad pasaba ahora a un enojo que si no lo conociera diría que era ira.
—¡Tú, tú, tú maldito playboy! De todas las personas con quien creía que ella podía estar a salvo fuiste tú quien se prestó para algo tan vil y bajo —gritó incrédulo y ahora bajando no solo la voz sino la cabeza siguió reprochándole—, ella es solo una niña inocente, Ren. Yo sé que la amas, pero no creí que llegaras a tanto. Supuse que por lo menos serían novios antes de que la sedujeras.
—¿Qué? Noooooo. ¡Yashiro, cálmate! Porque creo que los vecinos no te escucharon. No es lo que tú crees —agitaba la cabeza y las manos enfrente de él, el mánager lo miró todavía más enojado que antes— bueno sí, pero no tan como tú lo piensas.
—A ver si te vas explicando, Ren. ¿Es o no es lo que yo creo? Porque de lo que yo creo a lo que tú piensas que yo estoy creyendo, existe una gran diferencia.
—Sí pasé la noche con Kyoko en un hotel, pero no toda, solo parte de ella. La llevé a cenar y a bailar y regresamos muy tarde. Es decir, la dejé muy tarde en su casa y yo me vine SOLO a la mía —hizo énfasis en la palabra "solo" para que le quedara claro que no había pasado la noche con Kyoko, aunque así lo hubiera deseado. Ahora los ojos de Yashiro parecían dos grandes esferas, fue esbozando una gran sonrisa y Ren, podría jurar que el departamento se llenó de flores, corazones y estrellitas.
—¿Quieres decir que ella ya sabe de tus sentimientos? —ahora que estaba ya un poco más tranquilo, no se le pasó el detalle de que Ren se refiriera a ella como "Kyoko" y no como "Mogami-san", como siempre lo hacía, pero ese era un dato que podría utilizar más adelante como chantaje.
—No. No es tan sencillo —en ese momento todas las flores y corazones parecieron marchitarse ante sus ojos, las estrellas perdieron su brillo y una mirada de compasión cambió la anterior de alegría del castaño. Eso era lo que más temía Ren. Que sintiera compasión por él. ¿Que no era suficiente estar acechado por la seducción de Kyoko sin que ella supiera que estaba coladito por ella, sino que además tenía que soportar "esas" miradas de Yashiro?—. Es mejor que te sientes, esto es largo de contar... Hace un par de días, cuando llevaba a Kyoko al Darumaya, me confesó que estaba muy preocupada por un trabajo en un nuevo dorama. Yo creí que se pudiera tratar de una escena donde hubiera besos y bueno...
—Por supuesto que tu radar anti-admiradores se puso al cien —dijo Yashiro pensando lo que iba a tener que soportar él cuando Ren por fin viera a Kyoko besando a alguien más.
—Sí, pero no se trataba para nada de eso. Bueno, sí va a haber besos, pero... —Ren calló. ¿Cómo le podría confesar que Kyoko sería la súcubo que trabajaría con él?
—¿Pero? ¡Por kamisama, Ren! No puede ser algo tan malo ¿o sí?
—Ella es la súcubo...
—... —si la cara de Yashiro al enterarse dónde había estado Ren había sido de fotografía, esta era de antología, casi podría atacarse de la risa al verlo, si no es que fuera porque la situación no era para nada graciosa. Porque antes de eso, él no creía nunca haber tomado un curso de "Cómo ser masoquista en diez pasos". Aunque... masoquista, masoquista, uffff, sí lo era. En cuestión a lo que concernía a Kyoko, sí lo era.
—Yashiro...
—¿Sí, Ren? —todavía la impresión no le permitía más que pronunciar esa corta frase.
—Te estoy diciendo que Kyoko será la súcubo en el dorama.
—Sí, Ren.
—La súcubo que se supone me tiene que seducir a mí, en el dorama —repitió de nuevo, casi parafraseando.
—Ajá —ahora sí estaba frito. Ren estaba preocupado porque a Yashiro le hubiera sentado tan mal el impacto anterior, que el cerebro se le fundió. No podía sacarle más de dos palabras. Solo un pensamiento pasó por la cabeza del pelinegro: "¿en qué lío me he metido?".
—Yashiro, ¿has escuchado algo de lo último que te he dicho?
—Lo siento, Ren, lo siento mucho —y en ese momento una soberana carcajada salió desde lo profundo de su ronco pecho, haciendo que el actor se sintiera completamente abochornado y enojado ante la estridente risa de su amigo.
—Había escuchado hablar del karma, Ren, pero esto, esto... Es simplemente hilarante. Tú, tú, —volvió a soltar una carcajada, esta vez más grande y ruidosa si es que eso era humanamente posible—. Tú, seducido por Kyoko-chan. ¡No puedo creerlo! ¿Cómo crees que vas a aguantar? Y luego, en los ensayos. Frente a tanta gente. ¿Has pensado llevar debajo de la ropa una de esas bolsitas de gel para congelar? —de repente Ren dejó de existir en el cuarto para ser poseído por el espíritu maligno de Kuon y Cain juntos. La mirada furibunda que le echó a su mánager podría fundir un glaciar entero. Y llevarlo de inmediato a dormir con los peces—. Lo siento, perdóname, Ren, por favor —decía mientras se quitaba las gafas para poder limpiarse las lágrimas del rostro. Jamás se había reído tan abiertamente de su representado. Pero si Ren salía bien librado de este martirio, juraría que iba a poner la estatua más grande jamás vista en el templo más importante de Tokyo de "Kami Ren-sama"—. Pero es que sigo sin poder creer que Kyoko-chan haya aceptado así sin más el papel de la súcubo. Y por cierto, Ren, ¿sabe ya Kyoko-chan que es a ti al que va a seducir? —dijo con una mirada siniestra. La cara blanca de Ren como papel, le dio a entender a Yashiro que ese era un detalle que la chica todavía no conocía. Ahhhh, sí. Estaba gozando de lo lindo viendo sufrir al pobre mártir. Un "no" muy quedo salió murmurado de los labios apretados del chico.
—Y exactamente, ¿cuándo se lo piensas decir? —Ren se paró nervioso del sofá, se pasaba las manos por el pelo una y otra vez mientras caminaba dando círculos sin ton ni son por la sala. Si Yashiro tuviera que compararlo pensaría que podría pasar por uno de esos dodos, de cierta película de mamuts, tigres dientes de sable y perezosos, que caminaban tan locos obsesionados por las sandías que llegaban al punto de morir sin darse cuenta de ello.
—Arggggg, no lo sé, sí. ¿Satisfecho? —gritó frustrado ante la pregunta de Yashiro—. Ella vino a mí para pedirme ayuda. Fue después de que había aceptado hacerlo cuando me cayó el veinte de que se refería al mismo dorama en el que yo también voy a trabajar, la vi tan preocupada que no me había dado cuenta antes de eso. ¿Cómo se supone que le pueda decir algo así? No es como que le vaya yo a llegar y decirle simplemente: Kyoko, ¿te acuerdas del dorama dónde sales de súcubo? Ahhhh, pues no te preocupes porque al que tienes que seducir es a mí y yo estoy loco por ti. Así que no tienes nada de qué preocuparte porque a mí ya me has seducido solo con tu sonrisa. ¿Crees acaso que pueda decirle algo así? —la sonrisa burlona de Yashiro fue toda la respuesta que obtuvo de él. Ya podía irse tirando de cabeza al pozo. El timbre sonó fuerte e insistente en ese momento, como cruel augurio de un preso que va caminando hacia su sentencia de muerte. Yashiro, al ver que Ren no daba indicios de abrir la puerta, decidió hacerlo él mismo.
—Oh, Kyoko-chan, qué alegría de verte este domingo por acá. Ren me estaba contando, en este preciso momento, que te está ayudando a interpretar un nuevo papel —la sonrisa que le prodigó a la joven le hizo sentir extraña, nunca había visto esa expresión en el mánager de su senpai. Como si se estuviera regodeando de o en algo de lo que ella no estaba enterada y al parecer gozaba mucho de eso—. Pero pasa, pasa. Ren está en la sala. Yo ya me iba. Solo vine a dejarle unas cosas —y antes de que ella pudiera decir tan siquiera una sola palabra Yashiro ya era un recuerdo en el umbral. La chica entró entonces al departamento y vio a Ren efectivamente en la sala, pero la expresión que tenía no era para nada de alegría de verla. "¿Qué le había dicho Yashiro-san para que estuviera así?" pensó Kyoko al avanzar hacia él.
