CAPITULO 7 UNA VISTA AL PASADO
—Marianne, Severus… Lo que sea que quieran contarme háganlo de una buena vez —preguntó Voldemort con ansiedad mientras Vanessa observaba lo que estaba cerca de ser una foto familiar; por primera vez en su vida, estaban su madre y su padre juntos.
En ese momento la mujer volteó rápidamente hacia el bosque y Vannesa presa del pánico, se apresuró a echar sobre su cabeza la capa de invisibilidad que aun sujetaba entre sus manos.
Observando bien a su madre, Vanessa se dio cuenta de que era una mujer atractiva; su cabello era pelirrojo, abundante y largo hasta la cintura, sin embargo, su expresión facial era incluso peor que la de Snape, o al menos eso era lo que aquella postura rígida y cara de asco le indicaba a Vanessa. Sus ojos si eran azules, pero no del color del zafiro como los de la muchacha, se asemejaban mucho más al azul claro del cielo en primavera.
—Si no dirán nada, lárguense. No me hagan perder mi tiempo—insistió Lord Voldemort elevando el tono de voz y sacando a Vanessa de sus pensamientos.
Severus miró a Marianne antes de hablar. La mujer entrecerró los ojos de forma perspicaz.
—Mi Lord, es sobre algo que escuché hace poco en Cabeza de Puerco y… que me gustaría contarle en privado. —murmuró.
El Señor Tenebroso hizo una mueca de fastidio, pero Severus no se inmutó. Ambos dedicaron una mirada de soslayo a la rubia que acababa de ser salvada por la campana y tras unos segundos de indecisión, Voldemort cedió y comenzó a caminar fuera del lago en dirección contraria a donde se encontraba Vanessa.
La muchacha se mordió el labio. ¿Y ahora qué hago? Pensó al ver que sus principales objetivos tomaban caminos distintos.
—Eres una tonta Rebeca —dijo Marianne a la rubia que continuaba sobre el hielo convulsionándose por el frio. —¿Qué fue lo que hiciste para enfurecer al Señor Tenebroso?
La rubia rompió a llorar y Vanessa sólo pudo sentir lástima. Esa Rebeca estaba muy lejos de ser la sombra de la mujer segura e intimidante que ella conocía. Intentó hablar, pero a causa de los espasmos sólo emitía balbuceos sin sentido.
—Quizá tenga razón y ya sea tu momento de morir. —dijo la pelirroja arrastrando las palabras. Levantó la mano que tenía libre y conforme fue abriendo el puño dejó ver una débil llama de fuego.
Vanessa al verla entrecerró los ojos. Aquel fuego era bastante peculiar ya que carecía de las tonalidades amarillas y anaranjadas típicas. En su lugar las llamas resplandecían en varios tonos de azul y desde la distancia en que ella se encontraba parecía que las puntas terminaban en un brillante color violeta.
—Por… por fa—vor —chilló Rebeca. Pequeños cristales de hielo comenzaban a formarse sobre su cabeza y su rostro. Seguía empapada y de seguir así moriría de hipotermia. —A—yu—da.
Marianne hizo una mueca elevando la comisura de sus labios. Hizo un movimiento con sus dedos y la llama creció sobre su mano hasta alcanzar el tamaño de una calabaza. Un segundo después arrojó el fuego sobre el cuerpo de la rubia. Instintivamente Vanessa cerró los ojos y ladeó el rostro hacia otro lado. Un sentimiento de deja vú le recorrió el cuerpo al recordar una escena similar sólo que en esa escena estaba su pequeña hija quemando viva a la niñera. Esperó a escuchar los aullidos de dolor, pero eso no sucedió, así que lentamente los abrió de nuevo.
Las llamas aun cubrían el cuerpo de Rebeca y se elevaban por lo menos un metro y medio. De repente el fuego desapareció dejando a la rubia intacta. La joven de los ojos azul zafiro arqueó una ceja en señal de desconcierto.
—¿Mejor? — preguntó Marianne tendiéndole una mano. La rubia la tomó y torpemente se levantó del suelo. —Secado instantáneo. Ya me debes 2 favores.
—Gracias —respondió con sinceridad —Pero… ¿por qué dos?
—¡Ja! —La madre de Vanessa parecía indignada. —¡te salvé el pellejo 2 veces hoy! —exclamó. —Primero te ayudé a evitar que el señor tenebroso te matara y también de morir congelada. Sólo espero que no lo olvides.
—Gracias —contestó nuevamente apenada.
—El mundo de las artes oscuras es muy demandante. Para nada un juego. Si consigues la marca tenebrosa tu vida cambiará por completo. Piensa bien si es realmente lo que deseas. Lo mismo le dije a Severus, pero desde que estudiábamos en Hogwarts tomó su decisión—suspiró —Justo ahora está haciendo lo posible para ganar puntos, pero por lo que acabamos de presenciar temo que las cosas no terminen bien.
—¿Qué es lo que tenía que contarle? —quiso saber Rebeca.
—Escuchó en un pub una profecía que dice que un niño que aún no ha nacido va a poner en peligro al Señor Tenebroso —Marianne puso los ojos en blanco y se le escapó una carcajada. —Es una ridiculez que suena igual de disparatada que tu plan. A juzgar por cómo te fue a ti, no me sorprendería que en unos minutos tenga que ir a donde están para salvarle el trasero.
—No es una ridiculez —se quejó la otra y de algún modo fue como si sus ojos se ensombrecieran. —Si él supiera lo que yo sé no me habría rechazado. El señor oscuro está peleando una batalla que no es capaz de ganar. Haga lo que haga perderá en su próxima pelea y cuando se vuelva a levantar podría ser de forma gloriosa acompañado de jóvenes brujos dispuestos a dar todo por su señor.
—Patrañas… será mejor que no repitas esas palabras frente a él o no podré hacer nada para mantenerte viva —le regañó Marianne.
—Lo sé —respondió con resignación. —Primero necesito ganarme su confianza, que crea que es posible conseguir a magos y brujas excepcionales.
—Hablando de eso… —la interrumpió —¿Dónde están los niños? Dijiste que vendrías a verlo con pruebas.
Vanessa pegó un brinco cuando sintió que los ojos de Rebeca se posaban sobre los suyos, pero se relajó al recordar que ya estaba bajo la capa de invisibilidad.
—Justo ahí —contestó señalando en dirección a Vanessa quien comenzó a asustarse de imaginar que las mujeres fueran directo a ella. —Él se molestó mucho y… y… los asesinó —sus ojos amenazaban con convertirse nuevamente en cascadas. —Después de eso me arrastró hasta aquí y llegaron ustedes. Pobres criaturas yo no quería que sucediera nada de esto.
La joven que se mantenía escondida volteó en la dirección que la rubia señalaba y pudo atisbar que metros más adelante sobresalían de entre la nieve dos diminutos cuerpos. Esbozó una mueca de dolor al percatarse que uno de ellos bien podría ser de la misma edad que su pequeña Mel.
—Lamento mucho lo de los pequeños —dijo Marianne visiblemente afectada —Pensar en ellos me hace recordar mi profundo deseo de mantener oculta a Vanessa. Nadie puede saber de ella por ahora. Mucho menos cuando una guerra mágica se avecina.
—Cierto, yo debo de ser una bebé —susurró Vanessa tratando de hacer cuentas. Si había escuchado bien, Snape se encontraba con Voldemort hablándole sobre la profecía con la que los padres de Harry resultaron muertos y él con una cicatriz. Ella y el ojiverde apenas y se llevaban un año.
—La dulce Vanessa— una sonrisa se dibujó en el rostro de Rebeca —Pienso que cada día que pasa se parece más a ti.
—¿En serio? En mi opinión tiene más rasgos de Severus.
—Tiene tus brillantes ojos azules y será una bruja especial igual que su madre; lo supe desde el primer momento que la vi. Hará cosas fabulosas con la guía correcta y si me lo permites, me gustaría formar parte de su educación —continuó con ojos llenos de emoción.
Un estruendo la sacó de sus pensamientos y giró en dirección de donde había provenido el sonido. La marca tenebrosa se elevaba en el aire.
—Vaya —exclamó Marianne elevando su vista al cielo. —Parece que después de todo mi marido lo ha conseguido. —sonrió triunfante.
—¿El qué?
—La marca tenebrosa. Por fin valió la pena jugar al espía y ser seguidores de su causa desde que estudiábamos en Hogwarts. La información que le dio si fue de ayuda.
—¡REBECA!
Las dos mujeres pegaron un brinco al escuchar la siseante voz del Señor Tenebroso que regresaba al lago.
—¡REBECA! —vociferó de nuevo Voldemort con ansiedad.
—Mi señor —susurró ella agachando la cabeza. Temiendo que la tortura se reiniciara.
—Severus me ha contado algo que me hizo cambiar de opinión. Aun requiero de tus servicios —siseó. —Dame tu brazo —ordenó a la muchacha que temerosa y extasiada a la vez lo extendió levantándose la manga a espera de la marca tenebrosa.
—Mi Lord —se oyó decir a Snape detrás de ellos —Me parece que aún no debería precipitarse con esa decisión. Tiene poco tiempo que esta mujer manifestó su interés de unirse...
—Ten cuidado, Severus —le cortó Voldemort con voz firme mirando al hombre fijamente —El que te haya dado el derecho de unirte a los mortifagos aún no te permite opinar sobre mis decisiones.
Dio un tirón al brazo de Rebeca para que se acercara más a él. —Tampoco confío en ti y por ello deberás cumplir con la proeza que dices ser capaz de lograr.
—Yo si confió en lo que ella es capaz de hacer —terció Marianne quien volteó a ver durante unos segundos a Snape quien con la mirada le advirtió que guardara silencio, ella lo ignoró.
—Marianne, querida… ven aquí —pidió el señor oscuro tendiéndole su huesuda mano a la pelirroja. —Ya que confías tanto en ella no te molestará en absoluto fungir como garantía. —la mujer arqueó una ceja y quiso retroceder, pero ya era tarde. El hombre la sujetaba con fuerza.
—Mantente cerca Severus. —Tú serás nuestro testigo. —El aludido se quedó quieto sin mostrar expresión alguna a su señor —El juramento inquebrantable.
—No tengo problema con eso —dijo Marianne recobrando la serenidad y dedicándole una mirada tranquilizadora a la rubia.
—Rebeca, si lo que me has dicho no es una mentira y si lo que me ha confiado Severus también es cierto, necesito prepararme para todo —habló el hombre. —¿De cuánto tiempo requieres para reunir a esos magos con capacidades inigualables?
—Pues… —La mujer titubeó —D años… Tengo que comenzar de cero. —El Señor Tenebroso bufó, no era la respuesta que esperaba —Aunque podría ser en la mitad de tiempo si logro localizar adolescentes en lugar de niños. Es más fácil trabajar con ellos, aunque por el detector es más difícil mantenerlos fuera del radar del Ministerio—se apresuró a decir.
—Bien, te daré un año, con ese tiempo debe haber resultados —tomó el mentón de la joven para que sus miradas se mantuvieran fijas —Cuando llegue el momento espero que en verdad sea un grupo excepcional, de lo contrario ten por seguro que todos morirán —la chica asintió con la cabeza y un destello de temor se reflejó en sus ojos.
Acto seguido las 2 mujeres entrelazaron sus brazos al tiempo que Voldemort sacaba su varita mágica para pronunciar el juramento
—Rebeca, ¿juras dedicar tu existencia entera a reclutar a esos magos extraordinarios y entrenarlos en las artes oscuras para servir a nuestra causa?
—Lo juro.
Acto seguido un hilillo de luz dorada se desprendió de la varita del mago y se entrelazó en sus brazos.
—Salvo por los testigos aquí presentes… ¿Juras mantener esta labor en secreto del resto de los mortifagos? No quiero a nadie más involucrado en este asunto.
—Lo juro.
Un nuevo hilo dorado se entrelazó en sus brazos.
—Ahora tu Marianne. Tú serás la encargada de supervisar a tu amiguita ya que le tienes tanta confianza… Cuando yo te lo pida traerás a Rebeca ante mí y a ese ejercito excepcional ¿Juras cumplir con tu deber como mortifaga y mantenerte leal a mí?
—Lo juro.
—Eso espero —siseó dibujando una sonrisa que le daba mayor aspecto de serpiente —No me decepcionen o de lo contrario ambas morirán.
—No lo decepcionaremos, mi Lord.
—Bien, que así sea —terminó de decir el mago que agitó nuevamente la varita y de ella salió otro hilo dorado que se entrelazó en los brazos de las mujeres y después desapareció.
—Mi señor… —empezó a decir Snape, pero Voldemort lo ignoró y desapareció en el aire.
—¡¿En qué estabas pensando?! —dijo Snape aproximándose a su esposa —¿En verdad estás dispuesta a arriesgar tu vida por esta mujer?
—Es mi amiga y confío en ella—contestó la otra entre dientes. Después se acercó más al hombre para casi hablarse al oído —¿Acaso ya olvidaste la información que nos proporcionó para ayudarnos a mejorar en artes oscuras? Gracias a todos los libros, pociones y artefactos que tenían en esa casa fue que lograste perfeccionar tu estúpido hechizo Sectumsempra… Además, te recuerdo que fue idea tuya venir aquí en primer lugar. Si ya habías esperado un par de meses no entiendo porque te decidiste a hablar hasta ahora.
—Es difícil localizar al Señor Tenebroso. Era nuestra oportunidad.
La rubia carraspeó para hacerse notar. Incluso Vanessa la había olvidado por completo al sumergirse en aquella discusión de sus padres.
—Discúlpame Mary —dijo Rebeca —No era mi intensión meterte en problemas.
—No es ningún problema, querida. Sólo esfuérzate en tu búsqueda y no te atrevas a fallar. La vida de las dos depende de eso. —le advirtió. —Walter y Annie ya están en la escuela, ¿no es así? Deberías enviarles una lechuza y que te ayuden a investigar si en Hogwarts ven algo interesante.
—Sí, eso haré —dijo la otra —Tu pequeña también cubre con el perfil de lo que estoy buscando. Supongo que en un par de años podré ayudarla a desarrollar su poder.
Marianne abrió mucho los ojos y emitió una sonrisa nerviosa.
—Es sólo una bebé. No es momento de pensar en esas cosas.
—Vámonos ahora mismo —urgió su esposo sujetándola por el codo. Ella asintió con la cabeza y desaparecieron dejando una nube de nieve tras de sí.
—Mis niños, tengo que llevarlos a casa —Rebeca suspiró y echó a andar sobre el lago congelado en dirección a Vanessa.
—¡MIERDA! —exclamó la muchacha de los ojos azul zafiro. Tenía que salir de ahí lo antes posible. Con manos nerviosas rebuscó en sus bolsillos para sacar los collares. Colocó las joyas con forma de corazón una frente a la otra y se concentró en sus padres, Rebeca y la relación entre ellos. ¿Cómo era posible que Snape hubiera tenido algún tipo de contacto con la rubia? ¿Por qué tantos secretos le habían sido ocultados y cuantos más estaba por descubrir?
Los collares comenzaron a brillar y se percató de que las esmeraldas brillaban con más fuerza. De reojo volteó en dirección a Rebeca que cada vez estaba más cerca. Removió un poco los pies sobre la nieve para asegurarse de que no quedaran marcas de sus huellas y por si acaso se cubrió más con la capa de invisibilidad. Un segundo después una luz la cegó y rogó para sus adentros que ese resplandor no se hubiera detectado bajo la capa.
OOoOoOoOoOoOoOoOoOO
Hola!
Por fin este capítulo. Espero que les esté gustando… habrá mucho más de la historia de Rebeca. Si alguien tiene curiosidad de la línea temporal, esta escena se desarrolla entre diciembre de 1979 y Febrero de 1980.
Saludos!
