TWILIGHT PERTENECE A STEPHENIE MEYER
CORREGIDO POR ISA
MÚSICA DE ESTE CAPÍTULO:
heart's a mess-Gotye
Sullen Girl-Fiona Apple
CAPÍTULO 7
EL HOMBRE QUE SIEMPRE PIERDE
Sábado 9 am
En esa honesta hora del día, justo antes de verte al espejo, tu mente se compromete en ese estado de paz y resignación. Es casi como empezar de nuevo y con esperanzas renovadas. Te sientas en la cama o miras el reloj apresurado, olvidando lo complejo y sintiéndote lleno de común rutina. Eso es honesto, porque eres tú en movimiento perpetuo, sin pensar en consecuencias o penas; en problemas que pueden solucionarse con un poco de egoísmo y mala fe. Pero verte al espejo implica un simbolismo que es subsecuente al hallazgo de ver qué eres realmente. Te enfrentas a la verdad que marca tu cara y a las cicatrices, visibles e invisibles, que solo tú sabes la procedencia.
—Te ves como mierda —dice Edward al espejo, admirando los golpes de la noche anterior. Luego voltea y la ve en la cama acurrucada. No sabe si despertarla o dejarla ahí, en ese estado vulnerable que solo ha presenciado dos veces, incluyendo ésta. Cierra sus ojos y los abre encontrándose con el espejo, odia los espejos. Si el espejo pudiera hablar, diría: "Edward Masen es el hombre que siempre pierde" y Edward le contestaría "Ya no más, ya no más".
28 horas antes
Viernes 3:12 am
Bella se baja de su auto e inspecciona la escena. Esto no es un homicidio, piensa. Emmett nunca da muchos detalles, no porque no pueda, sino porque ella se lo pide. Desea entender el causante antes de la causa. Ese proceso de inducción es lo que la hace diferente, no es la deducción simple a partir de la recreación de la escena, ella parte desde el final al principio, empezando con el atacante, porque siempre hay un atacante.
Rogers viene hacia ella con paso firme y portando el mismo bigote que le copió a su padre. Bella sabe que no es un homenaje, es una triste imitación a lo que representaba Charles Swan y Riley Rogers lo sabe, sabe que Bella lo sabe y eso lo humilla más.
—Ven, aquí están los padres —dice Rogers con voz ronca.
Bella no sabía qué padres, no sabía nada, pero con esa sola oración entendió parte del problema.
Rogers la dirige a la sala de una casa de dos pisos, de clase media alta, con dos autos, o al menos dos autos. En el sillón estaba una pareja en sus treinta y un niño pequeño de unos diez, que veía serio y con mirada perdida.
—¿Has escuchado las noticias últimamente? Hay una niña desaparecida hace más de un par de horas. La madre la arropó cerca de las 9 y luego al irla a checar pasadas las 12, Charlotte no estaba... —Bella interrumpe a Rogers.
—¿Y hasta ahora me llamas? —pregunta Bella retóricamente y molesta—. ¿Qué edad tiene? —ella continúa, tomando una foto de la vitrina y contemplando el retrato de una familia de cuatro.
—Seis —dice la madre.
—¿Qué traía puesto la niña cuando desapareció? —La madre llora un poco ante la última palabra, pero contesta con voz entrecortada.
—Su ropa de dormir, un camisón blanco.
—¿Qué traía cuando fue a la escuela? —La madre perpleja voltea a Rogers.
—Conteste por favor —dice Rogers, acostumbrado a las preguntas extrañas de Bella.
—Su uniforme claro, con su suéter blanco con rojo —contesta la madre.
—Y, ¿qué comió? —La madre la mira un momento y luego contesta:
—Sopa de verduras, pollo a la plancha y gelatina… ¿Esto es realmente necesario? —pregunta la madre molesta.
—Solo quiero comprobar algo —dice Bella prendiendo un cigarrillo.
Al hacer eso, ella se sienta a un lado del niño, pasándole el humo.
—John, ven aquí, te dije que no te movieras de este maldito lugar —dice el padre enojado hablando por primera vez—. No está permitido fumar —dirigiéndose a Bella en voz dura. John se posiciona en medio de sus padres, debidamente protegido de la mala mujer frente a él.
Bella inhala varias bocanadas a su cigarro, hasta que lo apaga y lo pone sobre la mesita frente a los padres desdichados. La madre toma la colilla del cigarro con la punta de los dedos y se levanta a la cocina a tirarla. Bella aprovecha y mira al padre que se ve acongojado.
—Dime John, tus padres son así de cabrones todo el tiempo. —John sonríe al mismo tiempo que el padre reclama.
—Disculpe señora, no sé qué haga o por qué está aquí, pero en mi casa no va a hablar así frente a mi hijo. —Bella se levanta ignorando al padre.
—Llévame al cuarto de la niña —dice Bella a Rogers.
Cuando están en el pasillo frente al cuarto, Rogers la detiene.
—Swan, ¿podrías comportarte un poco? Te hablé porque eres la experta, necesito tu opinión especializada, no que insultes a los padres de la víctima y te comportes como una psicópata —él dice en susurro. Bella palmea condescendientemente a Rogers en el brazo.
—Rogers, eres un ignorante crónico. No soy una psicópata, soy una sociópata funcional, lea un poco, Wikipedia nunca miente.
Bella abre el cuarto y nota la perfecta habitación blanca, con toques de rosa pálido. No hay desorden o juguetes tirados. Raro. Camina hacia la ventana y ve que no está abierta; le gustaría tener su bastón para tocarla y ver si está quebrada. En vez de eso toma su arma, lo cual provoca que Rogers se altere.
—¿Qué demonios crees que haces? —Bella lo ignora y con la pistola empuja la ventana; está completamente cerrada, desde dentro.
Camina recorriendo el cuarto. Lo único fuera de lugar es que son las 3 am y una niña que debería estar durmiendo pacíficamente, no está.
—Necesito revisar las habitaciones.
—Ya revisamos todas las habitaciones. La niña no está escondida, su madre gritó por ella y fue a preguntar con los vecinos, incluso revisó el ático.
Bella, ignorando a Rogers, va al cuarto que ella piensa que es de los padres, y acierta.
Está inmaculado, igual que el de Charlotte. Tiene baño propio y un closet lo suficientemente grande para destilar pretensión. Al salir, camina al siguiente cuarto, es obvio que es el de John. La gran diferencia es que ése sí parece un cuarto de un infante. Hay juguetes tirados caóticamente, ropa en el suelo y dibujos en la pared. Nada fuera de lo normal, cree que éste es el cuarto más normal que ha visto en toda la casa. Bella sonríe.
Sale del pasillo y llega a la sala, donde los dos padres están aislando al pequeño John.
Bella se sienta en la mesa frente al sillón donde está la triada familiar y se posiciona frente al niño.
—¿Qué traía puesto su hijo el día de hoy, al ir a la escuela? —pregunta Bella a ambos padres, pero sin dejar de ver a John. El niño se ve un poco extrañado por la pregunta.
—Su pantalón escolar… No, sus pantaloncillos de deporte. Patrick, ¿John traía los pantalones que le compraste? —pregunta la madre dubitativa a su esposo. El esposo frunce las cejas.
—Traía los pantaloncillos, definitivamente. ¿No es más fácil si le pregunta a mi hijo? —Bella se hace hacia atrás y sonríe.
—Ustedes son unos padres de mierda —Bella dice sacudiendo la cabeza. Luego se queda seria y se hace hacia en frente, con sus codos en sus rodillas—. ¿Qué traías puesto, John? —pregunta Bella al niño.
—Mis kakis. Hoy tocaba ensayo en el grupo de banda, es el uniforme que tenemos que llevar todos los jueves —dice el niño en voz fuerte y segura, mirando a su madre, que se ve evidentemente avergonzada.
—¿Qué tiene que ver esto con la desaparición de Charlotte? —pregunta la madre molesta.
—Primero, que son unos padres terribles. Segundo, que yo tengo razón y estoy comprobando mi teoría. Y tercero, que John miente, pero es un chico listo, casi me engaña —Bella levanta el dedo a John y sonríe.
Bella levanta su pantalón, revelando su prótesis hasta que se ve parte de su pierna amputada. John la mira primero con sorpresa, confusión y por último terror. El pequeño John no puede entender cómo esta linda mujer puede estar así. Se ve normal en aspecto, no se comporta normal, pero nunca la vio caminar diferente.
—Esto, John, es lo que pasa cuando mientes. ¿Vas a mentirme? —La madre empieza a abrazar a su hijo.
—¡Esto qué tiene que ver! —Bella baja su pantalón cubriendo su prótesis, pero John sigue en shock.
—Tus padres tratan mejor a Charlotte, ¿eso es? ¿Le prestan más atención? ¿Van a sus presentaciones escolares pero no a las tuyas? Mira chico, lo entiendo, no lo tomes a mal. Seguro Charlotte es una perra, te hace la vida imposible y te roba el dinero. Así son todas las mujeres, más vale que lo aprendas ahora, pero es tu hermana. Cuando seas grande y viejo, con dos divorcios y tus hijos te odien, ella va a seguir siendo tu familia. Probablemente termines en el sofá de su casa cuando tu esposa o ex esposa, te haya corrido. Piensa en eso.
John traga saliva y se queda muy serio.
—Le dije que era un juego, que mamá y papá estaban jugando también. Le dije que iban a gritar por ella, pero que no saliera, era parte del juego —dice el niño con voz temblorosa.
—John, ¿dónde está tu hermana? —pregunta la madre en un horrible falsete.
—En la cajonera de mi cama —él dice con voz baja y empieza a llorar—. No quería mamá, solo quería saber qué era estar un día sin ella, solo un día y que me prestaran atención a mí —dice el chico que está llorando incontrolablemente. La madre lo abraza y su padre también.
Cuando al fin sacan a Charlotte, que estaba en perfectas condiciones, Bella se acerca a la madre.
—No sea dura con él, después de todo tiene que soportarlos a ustedes diariamente y por favor, deles de comer algo que no sea comida dietética, eso no es infancia.
Bella sale caminando, dejando a una madre perpleja.
—Gracias —dice la madre, pero Bella no contesta.
Rogers la alcanza mientras ella camina a su Mustang.
—Emmett no vino —dice él extrañado. Bella sacude la cabeza.
—No siempre está disponible, tiene otro trabajo aparte de ser mi esclavo —ella dice ácidamente.
—Gracias Swan —Rogers dice en voz grave.
—No me des las gracias Rogers, tú y yo sabemos que este tipo de casos son los únicos que me puedes dar porque mi padre te colgaría de los huevos si me pones en algo más serio. —Ella se va, dejando al Jefe de Policía Rogers con un poco de culpa, pero no la suficiente.
Cuando entra a su auto, una ráfaga de reporteros se le avientan a Rogers. Ella solo mira la escena de lejos.
Viernes 9:45 am
Edward sabe que no debe estar aquí gastando su fuerza en acero, madera y concreto; no cuando en unas horas tiene una pelea. No tiene opción, si no lo hace son 200 dólares menos en la semana. Lo único que agradece de estas cinco horas de tormento es que su mente no lo tortura con Bella Swan, o al menos no tanto. Siente que cuando tenga un poco de calma va a empezar a cuestionarse por qué la besó, si fue correcto, si lo hará nuevamente. Tanya estaba ahí a metros de distancia y a él simplemente no le importó, al menos no en el momento.
Genial, ahora está pensando en eso, parece que no puede librarse del tema aunque esté en terapia ocupacional, taladrando concreto.
—Mierda —dice entre alientos.
Se detiene un poco, limpiándose el sudor y buscando su bebida energética. Mientras le da un sorbo ve su reloj y aún le faltan dos horas de martirio.
Al terminar su turno, Joseph, su jefe, lo detiene.
—Masen, ven a mi oficina —dice Joseph en voz críptica.
No es día de paga, así que Edward está un poco sospechoso de la razón. Al entrar a la oficina, Joseph lo hace sentarse y le entrega un cheque.
—No entiendo —dice Edward confundido, viendo el pago de 300 dólares—. ¿Es día de paga? —pregunta Edward.
—No, es tu liquidación. Lamento esto, Edward, en verdad, pero la obra casi se termina y estamos haciendo corte para ajustar el presupuesto. Tú sabes cómo es esto... —Dejando a Joseph en media oración, Edward se levanta molesto, sin decir nada. Sabe cómo es esto, ha estado en este tipo de trabajos lo suficiente para saber que nada es fijo; detesta eso. Detesta que lo único fijo sea pelear y dejarse partir la cara por cantidades miserables.
Como la mala fortuna es constante y siempre atrae más mala fortuna, Edward no se le hizo raro que todo el camino a su casa, su mente deambulara nuevamente al tema de Bella. Cree que esto es de lo que hablan sus amigos cuando dicen que piensan en una chica, hasta cuando van al baño. Ella porta su armadura y su cinismo con esa mezcla de resignación, desdicha e ira; es como si no soportara la idea de la felicidad. Desea conocerla, entender más los procesos de sus actos, la actitud de desprendimiento y aprensión con que toma ciertas cosas. Esos extremos lo representan tanto a él, que verlos en ella, es como reflejarse. Pero tratar de conocerla es difícil, su hermetismo es tan atractivo y frustrante que lo dejan con una sola pregunta: ¿Qué oculta Bella Swan? Después de todo, la curiosidad es la debilidad más grande del ser humano.
Con Tanya fue diferente, era fácil, sin complicaciones —a excepción de sus padres que eran unos snobs de mierda y no lo aceptaban— ella siempre le hizo fácil todo. Cuando la conoció en la escuela de música en Chicago, recuerda que ella fue quien se aproximó, lo invitó a salir y lo besó. Había tenido novias, pero siendo un hombre joven de 20 años, solo ella era la única mujer que le había interesado lo suficiente para mantener una relación, aun cuando era extremadamente disciplinado con sus estudios y decía que no tenía tiempo para una relación seria. No sabe cuándo pasó exactamente, pero Tanya se convirtió en un compás moral y físico que lo guiaba por ese sendero que deseaba caminar: el éxito. A su lado, él creía que podía tener fama, prestigio y amor. Tanya era un hermoso sueño, una dulce esperanza que aun ahora, cuando cierra sus ojos, puede recordar cómo se sentía. El problema es que eso obviamente fue una ilusión. Si la amara, si realmente la amara, no desearía que se muriera. Tal vez eso sea lo que más le pese, que el resto del mundo piense que Edward Masen mantiene a su prometida por amor y no por culpa.
Todos estos años ha estado reflexionando sobre cómo pudo haber sido su vida con ella, un hijo, casa, un trabajo ideal… ¿Sería feliz? No tiene mucho caso preguntarse eso, piensa.
Luego, al igual que su corazón, su mente sacude esa idea y le recuerda que Bella lo hace sentir diferente. Está confundido, no sabe si está realmente interesado en ella o si ella representa la excitación a su aburrida y triste vida. No sabe si Bella lo hace sentir así porque lo rechaza constantemente o porque él ve algo en ella que lo atrae realmente, más allá de lo físico.
Sabe que ella no se merece estar en esta situación, en medio de una prometida comatosa y la posibilidad de que él nunca sea libre. Es egoísta perseguir este sentimiento y dejarse llevar por la novedad de Bella Swan. En ese momento, Edward decide que no debe y no puede mantener una relación con Bella, aunque lo desee con todas sus fuerzas.
Eran casi las seis de la tarde cuando Edward llega al edificio de Bella. Ve el intercomunicador con el nombre "Swan 7A" y presiona el botón.
—Ya bajo —dice Bella por el intercom, pero Edward presiona nuevamente el botón.
—Bella, ¿podría subir? Necesito usar tu baño. —Hay un silencio de segundos hasta que ella aprieta el botón nuevamente y habla.
—Claro, pasa —dice ella aclarándose la garganta.
Después de unos segundos, se escucha el ruido distintivo de un mecanismo eléctrico que se abre. Edward empuja la puerta doble de madera y vidrio para entrar. Toma el elevador y llega al piso siete, buscando el departamento A.
Mientras tanto, Bella en su vida maldijo tantas veces por segundo. Estaba como loca ocultando todo lo que pudiera descubrirla, incluyendo fotos del accidente, recortes de periódico e inclusive fotos de vigilancia que le hizo a Edward los primeros meses. Siente que no tiene caso tenerlas consigo, es mejor que se deshaga de ellas lo más pronto posible. Por el momento, toma todo lo relacionado a su doble vida como atacante y acosadora de Edward Masen y lo mete en un cajón dentro de su closet.
Está sudando y exhalando fuertemente cuando Edward toca a su puerta.
—¡Ya voy! —grita ella con dificultad—. Maldita sea —susurra Bella, que trata de recobrarse de su mini triatlón.
Al abrir la puerta, Edward trae extrañamente una camisa de cuadros y unos jeans. ¿Dónde está su chaqueta negra y su camiseta blanca distintiva? No entiende por qué, pero se mira más..., normal, menos intimidante.
—¿Qué estabas haciendo? —pregunta Edward al verla exhalar fuertemente.
—Nada, ejercicios de terapia, ya sabes —dice nerviosamente. Su mente está en tantos lados que ni siquiera se le ocurre responder con su ordinario sarcasmo, algo que Edward nota.
—¿Puedo pasar? —él pregunta extrañado, aún parado en el pasillo de los departamentos.
—Claro. —Bella se mueve a un lado y Edward pasa lentamente a su departamento.
Es..., impersonal, no es como lo imaginaba y a la vez sí. Es gris y austero, con un mueble solamente en medio de ese inmenso espacio de concreto y ladrillo. Nunca había estado en un loft como ése. Generalmente son decorados con aspectos vanguardistas, pero no así. Es como si ella se acabara de mudar y solo ha tenido tiempo de sacar lo necesario. Ve una motocicleta con un casco en la esquina y una pequeña mesa donde hay papeles y demás. Dentro del mismo lugar, y sin haber paredes que lo dividan, en una esquina ve la cama de Bella, con herrería y cubierta en una manta blanca. A un lado de ella, un gran closet de madera. Al lado contrario, ve la cocina con tema industrial y amplia. En el fondo ve dos puertas, una más pequeña que otra; supone que una de esas debe ser su baño.
—Al fondo, la puerta pequeña —dice Bella levantando la mano hacia la esquina derecha.
Bella lo mira entrar a su baño y descansa un poco, pero nuevamente regresa y mira si dejó algo que la incrimine, mas se ve relativamente limpio y sin rastros de quién es realmente. Minutos después, Edward sale y se detiene en medio de su departamento, contemplando la cúpula que hay en el techo y las escaleras desplegables que se miran. Tal vez, en otro tiempo, ella subía ahí y miraba la ciudad.
—Es grande, no es como me lo imaginé —dice él distraído, aún mirando la cúpula.
—No sé por qué, es el estereotipo del departamento de un policía. Hay una razón para ello —ella dice sentándose en el brazo de su sofá blanco.
—¿Qué razón? —pregunta Edward.
—Ningún policía respetable tiene buen gusto en la decoración. —Edward se ríe y la voltea a ver.
Trae unos pantalones de piel negros y una blusa que le queda muy corta, ¿o así es? Puede ver un hilo de piel. Si ella levanta los brazos, o se mueve un poco, sabe que podrá ver su abdomen. Arriba trae la misma chaqueta de piel negra con que la conoció.
—Te ves..., bien. —Bella frunce el ceño y admira lo que trae puesto.
—Gracias, no todos los días voy a peleas callejeras, quería verme ad hoc —dice levantando la ceja y sonriendo maliciosamente.
—No van muchas mujeres, es decir, no van..., amigas o algo así. Solo las mujeres que acompañan a los apostadores —Edward dice nervioso.
—¿Me estás diciendo que solo van las putas caras a esas cosas? Bueno, no sé si sentirme aliviada o fuera de lugar. —Edward le toma un poco para entender que es broma y sonríe.
—Solo te pido que te quedes con Garrett, él va a cuidar de ti aunque... —La mira de reojo—. No creo que necesites ayuda. —Bella camina hacia la puerta.
—Traje mi pistola, si a eso te refieres.
Minutos después, en el auto, Edward está contemplado si debería tocar cierto tema, de cierta acción que hizo un día anterior.
—Bella, respecto a lo de ayer... —Ella no voltea o parece que le preste atención, lo único que hace es seguir mirando hacia en frente—. Siento lo que hice, no estuvo bien. Tuviste razón en detenernos. —Edward voltea a verla, pero ella sigue sin reaccionar—. Es complicado, con Tanya y todo eso... No quiero que estés en medio... —Bella voltea y lo interrumpe.
—Entiendo —ella dice viéndolo directamente.
—¿En realidad lo haces? —Bella exhala frustrada y se talla la cara.
—Es mejor ser amigos, Edward, créeme, no podemos ser otra cosa. Tu vida es muy complicada, mi vida es muy vacía y no me gusta la intromisión. Ser amigos es suficiente. —Edward asiente lentamente y aprieta el volante.
Se siente rechazado y no sabe por qué, después de todo él está de acuerdo en la mayoría de sus razones.
—No amo a Tanya —dice Edward, casi sin pensarlo, como algo que necesitaba gritar y que estaba en su pecho esperando el momento preciso de debilidad—. La amé, pero algo cambió... No sé por qué te digo esto, es como si necesitara decirlo en voz alta para saber que no solo existe en mi cabeza. No quiero que pienses que soy un patán que besa a mujeres en los pasillos de hospitales.
—No tengo el menor interés en juzgarte o pretender decirte cómo vivir tu vida, Edward. Si quieres coger mujeres, si quieres besarlas en el hospital, hazlo. No me interesa —ella dice indiferente. Edward sacude la cabeza.
—No entiendes. Me he acostado con mujeres, no en un hospital, sino en mi casa. Es engaño, ¿cierto? ¿La estoy engañando? —Bella encoge sus hombros.
—Supongo, pero, ¿qué va a hacer? ¿Terminar contigo?
—¡Bella! Estoy hablando en serio aquí. —Bella voltea molesta.
—¡Yo también! ¿Por qué me cuentas esto? ¿Qué crees que soy, una puta psicóloga? Soy la peor persona para preguntarle o pedir consejo sobre algo así. Solo sé que estás atado a un compromiso vacío y sin futuro. Dime, ¿quién realmente puede culparte por meter tu verga en un coño cuando se te antoje? ¡Yo no lo haría, no lo haría nadie que supiera que estás ahí por culpabilidad, pagando algo que ni debes!
—¿Cómo sabes que no? —Edward pregunta.
—¡No lo sé! —ella grita levantando sus brazos. Es lo más descontrolada que Edward a visto a Bella.
—Nadie sabe de esas mujeres, ni Garrett, solo tú. Creo que te lo digo porque sé que no me vas a juzgar.
—Me acabas de conocer, Edward, no soy nadie digno de confianza y te aseguro que no estoy tratando de ganármela.
—Pero tú me conoces, por tres años me has visto en ese pasillo, me has observado. De alguna forma, eso te hace conocerme más que el resto del mundo, ¿no crees?
—Nunca terminas de conocer a alguien, toda una vida no basta —Bella dice crípticamente.
Cerca de las vías del tren abandonadas, donde están los aún funcionales almacenes de cargas, está un submundo que exuda sangre y violencia. Bella tiene sus ojos dilatados por cierta luz estroboscópica que parpadea, casi como si deseara que alguien tuviera un ataque epiléptico. Edward mueve un poco la mochila que lleva en su espalda y toma la mano de Bella para jalarla entre la multitud, la cual se acumula y se va aprisionando más a medida que avanzan. Siente su mano apretarla ligeramente, sudorosa y firme.
Bella camina empujando gente hasta que él se detiene frente a una puerta verde claro.
—¡Garrett! —grita Edward mientras toca fuertemente.
Un hombre alto y atractivo, de cabello corto y barba de días, abre la puerta.
—Está inundado de gente. Esto es bueno, Masen —Garrett dice a Edward, que cubre con su cuerpo, a la diminuta Bella.
Al entrar, la jala al cuarto que es una especie de gimnasio-cuarto improvisado, con cama, un costal, pesas y una lámpara colgante que ondula, haciendo que la luz tenga un suave vaivén.
—¿Y tú eres? —pregunta Garrett a Bella.
—Es Bella. Viene conmigo a ver la pelea. —Garrett sonríe y extiende su mano.
—Garrett. —Bella solo asiente dejando a Garrett con la mano extendida, está más interesada en inspeccionar el lugar; es casi como su segunda naturaleza, primero analiza su entorno.
—Cámbiate para poder vendarte —dice Garrett a Edward, que toma su mochila de su hombro y se mete al baño. Regularmente lo haría frente a Garrett, pero por estar Bella aquí decide ser más púdico.
—Nunca había escuchado hablar de ti. ¿Llevas mucho tiempo conociendo a Masen? —dice Garrett, mirando a Bella curiosamente.
—No mucho —dice Bella viendo a su alrededor.
—Nunca había traído a una chica aquí, no es como que se enorgullezca de esto.
—Lo presioné para que me trajera —Bella dice viendo a Garrett.
—Nadie presiona a Masen —dice Garrett cruzándose de brazos.
—¿Trabajas con Edward o algo así? —Bella pregunta, ignorando el comentario de Garrett.
—Lo entreno, bueno, entrenaba, ahora prácticamente él lo hace por sí mismo. Le consigo trabajos de vez en cuando, arreglo las peleas. Lo básico. —Bella sonríe.
—Lo básico...
—¿Dé dónde conoces a Masen? Me resultas familiar —él pregunta en obvia desconfianza. Bella se levanta, recorriendo con sus dedos la cama y el costal, haciendo que éste oscile lentamente.
—Haces muchas preguntas Garrett, ¿esto es una entrevista?
—No, solo tengo curiosidad.
—Lo conocí en el hospital —ella dice detrás del costal, de tal manera que Garrett no puede verla por completo cuando el costal oscila. Eso lo hace sentirse nervioso y no sabe por qué.
—¿En Saint Mary? —él pregunta extrañado.
—En Saint Mary, Garrett —ella contesta con voz seca.
Antes de que Garrett formule más preguntas, Edward sale del baño, topándose con Bella.
—¿Garrett se está comportando? —Bella voltea a ver a Garret y sonríe.
—Como un gato arisco que necesita un poco de Whiskas. —Edward voltea a ver a Garrett que se mira evidentemente molesto. Edward decide pensar en eso después, por lo pronto se sienta en la cama esperando que Garrett lo vende.
Una hora después, cuando Edward está vendado y ha hecho sus calentamientos, se anuncia los peleadores.
—Dime otra vez, ¿quién es con el que voy a pelear? —pregunta Edward ajustando sus vendas.
—Es nuevo, Peter algo, pero no te aconsejo que te dejes golpear mucho. Recuerda que al menos debes durar diez minutos.
Al escuchar eso, Bella volteó preocupada. ¿Aguantar? ¿Qué clase de pelea iba a presenciar? Estaba segura que no era la típica pelea de box, viendo que era un subterráneo escondido de la civilización, con gente gritando "Sangre" todo el tiempo y apuestas en cantidades obscenas.
Solo al salir y presenciar dónde iba a pelear, supo que esto no estaba bien. No había ring o algo que separara a los peleadores. Era simplemente ellos en medio de un gran círculo de espectadores morbosos que gritaban con dinero en mano. Muchos de los espectadores eran peleadores por igual, con adrenalina en su sangre y testosterona a su máximo.
Edward la jaló hacia él y la puso a su lado, mientras observaban la primera pelea. Había varias personas que los separaban de los peleadores, pero podía ver bien el espectáculo. Siente a Edward agacharse a su oído y tocar su cintura. Sus dedos rozan la línea de piel que no alcanza a cubrir su blusa. Bella no sabe si lo hace a propósito o no.
—No todos son a perder, ellos por ejemplo, pelean porque les gusta —dice Edward sobre los dos hombres jóvenes que se están destrozando frente a ellos.
—¿No te harían algo los otros apostadores si se enteraran de lo que haces? —pregunta Bella volteándolo a ver. Edward está muy ensimismado en la pelea como para voltear con ella, pero se agacha y habla muy cerca de sus labios.
—Me matarían sin duda —dice Edward con una sonrisa. Bella traga saliva y voltea a ver la pelea, es brutal.
—Todo es un espectáculo —dice Edward al mismo momento que Bella toma su mano.
—No, no lo es.
Cuando es su turno, Edward está casi en el otro espectro de su ser. Se golpea la cara y grita como un soldado antes de la guerra, hace algunos golpes al aire y brinca ligeramente para calentar. Bella lo observa. Es completamente diferente, como animal dirigido por el instinto de sobrevivencia. Eso es lo que hace después de todo.
Lo ve meterse al círculo entre gritos y vituperios, aprieta sus puños y trata de no tener un ataque de pánico ahí mismo. Necesita ver con sus ojos lo que le ha hecho, solo así podrá convencerse de que necesita eximir su culpa, de hablar con él, de dejar de ser egoísta. Pero Dios, ella no puede dejar de verlo como la creación más aterradora y perfecta que ha tenido. ¿Es correcto pensar en Edward como su creación? ¿Es esto, que es Edward, digno de sentirse orgullosa? Verlo golpear y sangrar, como cae y se levanta. La furia en su cara y la fuerza de sus golpes como si su vida no valiera nada. Siente una terrible desdicha y una gran felicidad, todo es confuso hasta que lo ve aminorar sus golpes. No es la sangre o las heridas de su cara lo que rompe el corazón de Bella, sino verlo caer. Él cae, pero no es suficiente para el oponente, lo sigue pateando, después de todo es estilo libre, es estilo todo por el todo. No hay reglas, no hay penalidades, solo el ser débil. Edward está ahí, exponiéndose a que alguien no tenga la mínima decencia y lo deje morir o lo dañe permanentemente.
Escucha gritos de desesperación y hasta después se da cuenta que provienen de su garganta. Ve que Garrett arrastra a Edward del círculo y lo mete entre la muchedumbre. Bella lo sigue, pero lo pierde. Siente que se va a volver loca, esto es un infierno y nunca debió venir. Limpia sus lágrimas y trata de moverse entre las decenas de hombres sudorosos, que gritan y la ignoran. No puede caminar bien por su prótesis, pero la masa de gente hace que avance sin mucho esfuerzo, hasta que alguien la empuja y cae. Se levanta como puede y desea tanto sacar su arma y dar un balazo en el aire para que toda esta locura se detenga; pero no lo hace.
—¡Edward! —grita Bella a la nada, al coro de gritos que la ignoran por ser mujer, por ser ignorante ante la próxima emocionante pelea, por no ser parte del show—. ¡Edward! —Pero su voz no es lo suficientemente fuerte para encontrarlo.
Edward está escupiendo en el baño, apretando sus costillas.
—Déjame verte—dice Garrett preocupado.
—¿Dónde está Bella? —pregunta Edward con voz forzada.
—Estaba detrás de nosotros, no tarda en alcanzarnos. Por ahora necesito que te acuestes y me dejes revisar si no tienes las costillas quebradas. —Edward se incorpora lentamente y se sienta en la cama.
—Voy a acostarme, pero trae a Bella, no debes dejarla sola, Garrett, me lo prometiste. —Garrett exasperado, deja a Edward.
Al salir, Garrett busca a Bella, pregunta por ella y da su descripción, pero no la encuentra. Veinte minutos después alguien le dice que vio a una chica con su descripción, irse.
Llega al cuarto y ve que Edward se está vendando el abdomen.
—No está, se marchó. —dice Garrett seguro, como si siempre lo hubiera sabido. Edward se detiene un momento y cierra los ojos. Asiente lentamente y sigue vendándose—. Tal vez se perdió y decidió esperarte afuera. —Edward no contesta—. Deja revisar tus costillas —dice Garrett, pero sabe que si estuvieran rotas, Edward no estaría sentado, estaría retorciéndose de dolor.
—Estoy bien —Edward dice duramente.
—Puedes marcarle, ver dónde está. —Edward sacude la cabeza.
Lo sabía, se siente como el hombre más insignificante del mundo. Nunca debió haberla traído. Ella se marchó porque no aguantó ver cómo le partían la cara, cómo perdía patéticamente, se marchó porque se ha dado cuenta que esto que tiene Edward no es vida, es solo caos y gritos de guerra. En su vida se sintió más depresivo como ahora. Quiere meterse en un hoyo y no salir.
—Éste es el dinero —dice Garrett, dejándole un sobre.—. ¿Estás bien? —pregunta su amigo, agachándose hacia él.
—Sí, solo..., quiero estar un rato aquí.
—Puedo quedarme, esperar a que la gente se vaya y acompañarte. —Edward sacude la cabeza.
—Quiero estar solo.
Garrett no insiste, así que toma su equipo y se va.
—No dejes que esto te gane, Edward. Es solo una pelea y ella es solo una chica —dice Garrett antes de marcharse.
Edward se acuesta en la cama y se pone en forma fetal del lado donde no está lastimado, dando la espalda a la cama. Empieza a temblar de coraje tratando de contener el llanto, apretando sus puños adoloridos, luego grita al espacio vacío, en coraje, en tanta ira que parece que lo va a comer por dentro. Siente su pecho apretarse y su cuerpo en tanto dolor físico, el cual agradece. Prefiere eso, prefiere ese dolor al que siente cuando sabe que está solo, cuando nada queda. No debió de haberla traído, no debió de haberse expuesto así. Nada de lo que haga después puede borrar lo que ella vio hoy; eso lo carcome, lo destruye por dentro. No quiere esto, no quiere sentir la impotencia de necesitar vivir así.
Cuando menos se da cuenta, Edward cae dormido hasta que algo lo despierta, siente algo a su espalda que lo tiene aferrado. Son pequeños brazos que emiten calor. Confundido y somnoliento todavía, no entiende que es Bella, hasta que voltea y la ve. Ella está despierta y lo mira con sorpresa.
—No te fuiste —dice Edward.
Bella toca la cara mancillada de Edward, recorriendo la herida en su nariz y su pómulo. Traga saliva y toca sus labios heridos, recorre su pulgar sobre ellos hasta que los memoriza.
—No te fuiste —repite Edward. Ella sacude la cabeza lentamente.
—Te perdí. Garrett te jaló y te perdí, te busqué por horas. Este lugar es enorme, no sabía dónde estaba hasta que la gente se marchó y pude encontrar este lugar —Bella dice con voz quebrada.
Edward la abraza, la aprieta tanto a su cuerpo, pero no le importa, no está solo, es todo lo que importa. Después se mueve para estar cara a cara.
—Pensé que te habías ido, que no lo habías soportado. —Bella sacude la cabeza.
—Fue horrible verte caer así. —Bella toca su cabello.
Edward la mira, tiene el maquillaje corrido, evidencia de que ha llorado. Él pone su dedo pulgar y quita un poco del maquillaje.
—No quiero perder otra vez —él dice en voz baja. Bella sonríe y toca su quijada.
—No lo hagas, no tienes que hacerlo.
Edward sabe que sí, sabe que es lo único estable que tiene. Pero ahora, por primera vez en tres años, hay algo que lo hace querer ganar, y es no volver a sentirse así. No quiere sentir que Bella solo puede ver eso en él. Quiere ganar e ir a ella, no ser arrastrado por Garrett mientras ella lo pierde en la multitud.
Pone su cabeza en el cuello de Bella y la abraza, huele su perfume y aspira llenando sus pulmones una y otra vez hasta que se queda dormido. Ella, en esa extraña muestra de afecto, toca su cabello y cierra los ojos. Tal vez no pueda amarlo libremente, pero jamás evitará consolarlo, darle un poco de lo mucho que ella desea ofrecer.
