Taaanto tiempo lejos de esta hermosa página que me emociona visitar... Ocupaciones personales e intereses varios me hicieron alejarme de aquí durante un tiempo, además de que ya se acaba el breve receso escolar que tenía. Soy tan voluble como una hoja al viento, y voy y vengo sin una ruta determinada. Debo pasarme por los fanfics a los que sigo y sobre los cuales etsoy muy intrigada, mientras tanto les dejo este capítulo, espero que sea de su agrado.
Disclaimer: Sólo Suzanne podría crear un mundo tan perfecto, todo lo que reconozcan es de ella.
HAYMITCH POV
Justo cuando pongo un pie en el centro de entrenamiento me llega desde adentro el olor dulzón de la limpieza recién hecha. Es curioso observar alrededor y ver las paredes tan pulcras como siempre, el suelo bríllante y las alegres flores decorando el lugar. Todo tan ajeno a cuán diferente es mi situación ahora. En años anteriores estaba muy ebrio para notar mi angustia por los tributos,pero ahora mismo ni una botella del licor más fuerte podría distraer mis sentidos de lo que va a suceder en los proximos días. Por el momento sólo queda entrar y arreglrnos para el desfile, el cual intentaré no estropear demasiado.
Haymitch había entrado al enorme salón que servía de recibidor en compañía de Katniss, Peeta y Effie, todos espectantes y pensando cada cual en sus propios problemas y ambiciones. Katniss tenía clara su misión de salvar a Peeta. Effie ejercía su papel de monopolizadora obsesionada con llegar a tiempo a todo lugar, Peeta quería mantener vivos a sus tributos y el borracho desaliñado que estaba conversando ya con los otros tributos deseaba tramar algún tipo de plan. Es por eso que justo a su entrada se había dirigido directamente hacia sus compañeros de destino, tratando de contrastar los ánimos de cada uno y considerando la posibilidad de una rebelión.
Así que allí estaban, Haymitch, Beetee, Maggs y Chaff, intentando mantener una conversación medianamente normal, aunque entre ellos era casi como hablar en clave. Todos sabían de las incipientes revueltas en algunos distritos, pero no podían darse el lujo de ser descubiertos por los guardias hablando de esto.
—... así que supongo que los últimos años han sido más o menos aburridos para mi, además de mi trabajo. —No podían hablar abiertamente, pero esa era la señal que daba Beetee para dar a entender que su distrito no se había revelado aun.
Haymitch escuchaba atento cada intervención de sus compañeros, ya había determinado él mismo que el distrito doce era demasiado pequeño, y les había dado entender con eso a los demás que allí tampoco habrían revueltas por el momento así que trataba de averiguar más acerca de los otros.
—Estuve en el capitolio hace unas semanas. Los capitolinos se preocupan por banalidades, les digo, una mujer de pelo verde y piel sonrosada montó en cólera cuando no pudo conseguir su tipo de marisco favorito para una fiesta —ese era Finnick Odair, el guapo bronceado del distrito cuatro que apareció ante el grupo con una aceituna en la boca y una sonrisa brillante adornando su rostro.
—No creo que les afecte mucho, de todos modos, el pescado no es tan importante para ellos como el trigo y el arroz. —Chaff aportaba más pistas al asunto, y hasta el momento haymitch podía estar más o menos seguro de que el distrito cuatro y el once estaban más agitados de lo que él creía.
—¿Vamos, Haymitch? —El hombre se giró para ver a una impaciente Portia que le sostenía de la manga de la camisa, instandolo a que terminara de charlar para poder prepararse para el desfile.
—¿Este año serás el chico en llamas, eh, Abernathy? —Se burló Chaff.
—Algo así. —Guiño Portia, llevándose a Haymitch hacia el elevador.
El tributo del doce caminó de mala gana a su lado, no sin antes acercarse a Beetee y, con un ademán algo extraño, entregarle un trozo de papel en el más absoluto secreto.
—¿Peeta y Katniss? —Preguntó.
—Ya están arreglandose.
—Uhm, ¿lo de las llamas va en serio? —Apretó el botón que indicaba el número doce y miró a Portia.
—Cinna y yo tuvimos algunas ideas espectaculares al respecto.
Haymitch rodó los ojos ante la emoción con la que Portia anunciaba sus intenciones, no había nada en el mundo que le fastidiara más que la gente del capitolio, todos le parecían una visión más o menos chillona de Effie, Portia no era la excepción. Aunque con Cinna podía llevarse bien, eso no evitaba que le pareciera repudiable su trabajo, no le importaba el maldito desfile en lo más mínimo, pero sabía que era mejor comportarse para tratar de ganar patrocinadores.
Cuando llegaron al piso número doce, se dirigieron a la habitación de Haymitch, la cual estaba impecable al no haber tenido ocasión de ser desordenada por él, aún.
La sala del piso doce se hallaba vacía, cada grupo de estilistas se estaba encargando de poner impecables a los tributos y el mentor. En el caso de Haymitch, todo era un caos. Los ayudantes de Portia habían renunciado a tratar de mejorar su imagen y se habían conformado con dejarlo más o menos presentable con el poco maquillaje que él había permitido que le aplicasen. También habían arreglado sus uñas, su cabello y su piel lucía de mejor aspecto que antes; pero no habían conseguido convencerle de depilar sus piernas, brazos y pecho, cosa que los pobres estilistas les parecía asquerosa pero necesaria. Con el pobre pero agradecido resultado que habían obtenido al menos podría decirse que Haymitch parecía más saludable que los morphlings del distrito cinco, o que los tributos más viejos.
—Ponte esto. —Entró Portia en acción, dejando el traje en la cama.
Haymitch pareció aliviado al ver un traje negro sencillo, aunque en seguida frunció el ceño, un poco insatisfecho por el tamaño.
—Esa cosa es cuatro tallas más pequeña que yo. —Señaló al traje con desdén.
—Vamos, Haymitch —Portia rodó los ojos, sus ayudantes se rieron —No estás gordo, te quedará bien.
Algo avergonzado, se miró al espejo justo después de ponerselo y decidió que era aceptable, aunque le molestaba aún el tamaño por el modo en que rozaba con su piel jalandole el vello de las piernas y el pecho.
Uno de los estilistas se burló con disimulo. Haymitch fingió no darle importancia, no estar incómodo, y salió de la habitación, aliviado de haber pasado ese suplicio y poder reunirse de nuevo con los otros tributos.
En el recibidor del centro de entrenamiento, Peeta no pudo evitar reírse al verlo y Katniss, agarrada del brazo de su prometido, disimuló una sonrisa en el hombro de éste.
—Si, si. No saben cuantas veces yo también me reí de ustedes el año pasado.
—Esto de ser mentor empieza a gustarme — Dijo Peeta burlonamente mientras todos caminaban hacia su carruaje donde les esperaban unos caballos tan negros como los del año anterior.
—¿Un consejo, mentor? —Katniss acarició el brazo de Peeta para luego soltarlo no sin antes dejar un beso en su mejilla.
—Sólo... no se caigan, ¿si? —Peeta miró hacia los caballos y luego vio aparecer a Cinna y Portia, justo a tiempo para encender los trajes.
—Creí que las llamas estaban pasadas de moda. —Dijo Haymitch mirando el curioso brillo de su traje.
—No son llamas, son brasas. —Replicó Cinna.
—Ya sabía que la onda de pollos rostizados era lo de hoy. —Nadie prestó atención a su ridículo comentario, pues todos se habían vuelto para ver a Johanna Mason burlándose a todo pulmón.
—Hey, se ven... ardientes. —Alzó la voz la chica del 7.
—Y tú muy seca y sin vida, Mason. —Contraatacó Haymitch.
—Al menos no dependo de un estilista del capitolio para llamar la atención. —Se había acercado a la pareja del doce.
—Porque claramente fingir ser alguien que no eres se te da al natural. —Terció hoscamente Katniss.
Johanna volteó a verla con ojos de águila—No te enojes, niña, no es bueno para los cadáveres. —Sonrió triunfalmente, luego de lo cual Katniss prefirió no responder. —Hola, Haymitch. —Se acercó y le rodeó con sus brazos.
—¿Beetee habló contigo? —Logró decir Haymitch a toda prisa, ocultando su rostro en el cabello de ella.
—Acepto. —Murmuró Johanna, para después separarse de él con una sonrisa.
Katniss los observó extrañada hasta que Johanna se alejó para dirigirse a su carruaje. Después del desfile, ya en el duodécimo piso del edificio de entrenamiento, Peeta, Katniss, los estilistas, Haymitch y Effie se reunieron para la cena.
—Estuvieron geniales, debo decirlo. —Comentó Cinna. —Esa arrogancia de ambos, creo que impactaron bastante.
—Todo gracias a unos geniales diseñadores. —Peeta alzó su copa de vino, ofreciendo un brindis por Cinna y Portia.
—Salud. —Haymitch se bebió su copa para después servirse más. Todos se hallaban de buen humor, dentro de lo que era posible estar de buen humor en esas circunstancias.
Pasada la comida, Katniss se marchó junto a Peeta, reuniéndose en su habitación, donde entrelazados uno en el otro se quedaron dormidos. Cuando los demás se marcharon Haymitch se dirigió al ascensor, con una botella de licor bajo el brazo.
En el cuarto piso busco a tientas entre la penumbra de la noche la habitación de Finnick Odair. Cuando el joven de cabello bronce salió abrió los ojos sorprendido de tan extraña visita. Antes de poder decir nada,Haymitch lo arrastró en silencio hacia el ascensor, yendo a parar a la azotea del último piso.
—¿El penthouse? ¿Qué hacemos aquí?
—Shhh... —Exigió Haymitch. —Discreción.
—Ir al piso de otro distrito no es tener discreción de ningún modo, Haymitch, pero dime.
Entonces Haymitch prosiguió a contarle el "plan", siendo cuidadoso de no revelar mucho por si estaban siendo escuchados por alguna pared curiosa con oídos.
—Suena imposible.
—¿Cual es el problema?
—Bueno, hay muchos. En primer lugar me dices que hace unos días hablaste con gente del trece, lo cual suena a alucinaciones de un borracho. En segundo lugar me alientas a confiar en Plutarch Heavensbee, más alucinaciones de un borracho. Y en tercer y más importante lugar: ¡estás loco! Ven, te levaré tu habitación... —Finnick lo tomódel hombro con cierta brusquedad, por lo que haymitch se apartó.
—No soy el único que ha hablado con los del trece, dair, es nuestra oportunidad, debemos tmarla.
—Suena descabellado. y yo tengo a Annie, podría ganar los juegos y regresar con ella, ¿sabes? Ustedes... Beetee, Johanna, tú... ya no tienen nada que perder, tal vez les parezca buena idea, pero a mi no me lo parece tanto.
—Muy bien, Finnick. Sólo piensa en cómo Panem seguirá siendo el infierno lleno demierda desigual que es, y conformate con lo que tienes. Si lo reconsideras, por cierto, nos tienes a Katniss y a mi.
De vuelta a su habitación, Haymitch comenzó a beber más de la cuenta, como de costumbre. No creía poder lograr nada sin gente fuerte como Finnick de su lado, y la presión era demasiada. Botella tras botella fueron cayendo por su esófago, haciendo el camino hacia su destrucción. No tenía nada por lo que preocuparse, si lo pensaba; su vida no valía nada, no tenía a amigos ni familia, pero aún soñaba con poder vengarse del capitolio, así que debía intentar hacer algo. Si no hacia nada, se arrepentiría en el infierno de no haberlo hecho. El alcohol, su compañía, le ayudaba mucho en ese momento, preocupado por el dolor punzante en su hígado no tendría que preocuparse por el dolor de su vacío interior.
