- ¡padre!

- ¡Ran! – Poseidón abrazó a la sirena que se había abalanzado sobre él.

- ¿qué tal tu viaje¿algún problema? Tienes que contármelo todo, hasta el último detalle. ¿Por qué querías hablar conmigo?

- Para, para¿no crees que son demasiadas preguntas?

- Um… no – dijo Ran divertida.

- Ven hija, tenemos que hablar seriamente. – la condujo a una habitación. Cuando se acomodaron, siguió hablando. – verás hija, el motivo de mi viaje era… verás… se me hace difícil decírtelo.

- Papá me estás asustando¿ha pasado algo malo?

- Bueno… tú ya eres mayor de edad y… ya es hora de que pienses en el futuro, tu futuro… yo también he pensado mucho en él, y creo que… ya va siendo hora de que contraigas nupcias. – en ese mismo momento la joven sirena pensó que todo el peso del mundo se le venía encima. – y ya te he buscado al chico ideal para ti, es fuerte, valiente… - la chica no escuchaba al dios, no podía creer lo que le estaban diciendo ¿un matrimonio concertado? No, eso jamás, debía encontrar al chico de sus sueños, lo tenía decidido.

- No pienso hacerlo. – cortó a su padre.

- ¿qué has dicho?

- ¡Que no pienso casarme con ese tritón¡Antes me dejo devorar por un tiburón! – cada vez iba levantando más y más la voz.

- Cuidado jovencita, yo sé lo que te conviene…

- Tú sabrás lo que me conviene, pero yo no lo quiero. Me niego a casarme con alguien si no es por amor.

- Si no haces lo que te ordeno, te vas de mi vista.

- ¡eso es lo que pienso hacer! – y la sirena se fue nadando rápidamente, sin importar a dónde se dirigía. Sólo sabía que iba a donde su corazón le guiaba.

- Sebastián, síguela, sigue el plan. – dijo el dios con una sonrisa. Espera, toma esto. Con él podrás hacer lo que teníamos planeado.

- Sí mi señor. – y el cangrejo se fue nadando lo más rápido que pudo para no perderla como siempre.

El dios se dirigió a una especie de fuente, en él apareció un chico dormido. – esto marcha. – dijo satisfacciónamente.


En un hotel de Maspalomas, los chicos estaban recogiendo las llaves de sus habitaciones. La chica sola, y Heiji con Shinichi, en camas separadas.

Subieron a dejar las maletas a las habitaciones para luego bajar a empezar sus vacaciones.

En la playa, los dos chicos de Osaka veían cómo su amigo rechazaba a cualquier chica que se le acercaba.

- Tío, no puedes rechazar a todas las chicas, si no les das la oportunidad¿cómo sabrás que es la elegida?

- Porque sentiré que mi corazón está completo en cuanto la vea.

- A veces pienso que eres de la otra acera chavalín.

- No me llamen chavalín. – le recriminó Shinichi.

- ¡Venga! Como en los viejos tiempos¿no Conan? – dijo divertida Kazuha.

- ¿Tú también¡Ahora veréis lo que es meterse con el mejor detective de Japón!

Los de Osaka empezaron a correr con Shinichi a sus talones. Estaban contentos de ver a su amigo de mejor humor, pero no era esa sonrisa que siempre tenía antes de convertirse en adolescente de nuevo. ¿Qué habría pasado esa noche?

- ¡Pero qué dices¡El mejor detective de Japón soy yo¡Ay! – tuvo que correr más para que el de Tokio no le cogiese.

- ¡Heiji¡Deja de picarte así que te va a coger!

Después de un rato corriendo hasta la otra punta de la playa, que no era chica, créanlo, tuvieron que volver a atrás a recoger sus cosas.

- ¡Cuánto queda¡Hemos caminado más de tres horas! – se quejó Shinichi.

- No habernos perseguido.

- No haberme picado.

- Oye¿dónde está Kazuha? – dijo Heiji al darse cuenta que estaban solos.

- No lo sé, pero deberías tener cuidado con ella. – dijo Shinichi indiferente. El de Osaka le miró sin entender. – Estamos en la zona nudista de la playa, y por aquí puede haber mucho pervertido.

- ¿Qué¿Zo… zo… zona nudista?

- Sí, esa zona que tienen algunas playas para estar morenitos por todos lados.

- ¡Ya sé lo que es una zona nudista imbécil! – Gritó Heiji mientras que a su amigo se le escapaba la risa floja.

- ¡Heiji! – gritó Kazuha desde lo alto de una duna saludándole. - ¡Ven¡Vamos a tirarnos por la duna¡Ven tú también Shinichi!

- Paso. – dijo pasota el detective. – ve con Kazuha, sabes lo cabezota que es. Yo voy a por las cosas y me voy al hotel, estoy cansado del viaje. "Me debes una Hattori."

Shinichi se fue y Heiji se fue a donde estaba Kazuha. – Kazuha, vámonos.

- ¿Qué¿Por qué¡Nunca hacemos de lo que yo quiero! – se quejó la chica.

- No es que no quiera, sino que ésta en la zona nudista. Por eso si quieres mientras vamos a recoger nuestras cosas vamos tirándonos por las dunas¿vale?

- ¡Vale!

Iban yendo hacia donde estaban las cosas tirándose por aquí y por allá. - ¡Heiji mira¡Vamos a esa¡Es enorme! – Fueron hacia la que señaló la chica, iban por la mitad cuando, - jo, esto no termina nunca.

- Vamos – Heiji le dio la mano. – así será más divertido caer.

- ¡No puedo más! – de repente, Heiji la cogió y la llevó en brazos. - ¡Suéltame¡Que no soy ninguna niña pequeña! – la chica estaba toda roja.

- Tú querías ir hasta arriba y yo te llevo.

- Jo. – la chica puso morros. Él se rió por la cara que puso. Iba tan despistado riéndose que no se había dado cuenta de que habían llegado a la cima, por lo que pisó mal y los dos cayeron ladera abajo rodando.

Los dos estaban riendo cuando llegaron abajo, hasta que se dieron cuenta en la posición en la que se encontraban.

Ella estaba encima de él. Respiraban el aliento del otro. Sus labios casi rozaban. Cada uno se perdía en los ojos del otro. Ninguno quería moverse, querían quedarse para toda la eternidad en esa posición.

- Lo… lo siento… - dijo Kazuha haciendo ademán de levantarse, pero Heiji la retuvo abrazándola por la cintura y pegándola a su cuerpo. – Heiji… ¿qué haces? – preguntó la chica poniéndose roja.

- Kazuha… tú… ¿qué piensas de mí? – dijo entre susurros mirando siempre los labios de la chica.

- Yo… eres un cabezota, mal hablado y friqui de los misterios. – vio cómo el chico se apenaba. – pero… - el chico la miró de nuevo y se topó con sus ojos verdes. –…eres un buen amigo, con el que siempre puedo contar.

- ¿Me quieres?

- ¿Qué? – la chica no se esperaba esa pregunta, la verdad es que no se esperaba nada de lo que estaba ocurriendo.

- Que si me quieres, porque…

I know there's something in the wake of your smile.

(Sé que hay algo en el despertar de tu sonrisa)
I get a notion from the look in your eyes, yeah.

(Cogí una idea del mirar de tus ojos, yeah)
You've built a love but that love falls apart.

(Has construido un amor pero cae aparte)
Your little piece of heaven turns too dark.

(Tu pequeña pieza de cielo se vuelve muy oscura)

- Que si me quieres, porque… porque… - le pasó una mano por la sonrojada mejilla de la chica. – yo…yo te amo con locura.

Listen to your heart, when he's calling for you.

(Escucha a tu corazón, cuando te está llamando)
Listen to your heart, there's nothing else you can do.

(Escucha a tu corazón, no hay otra cosa que puedas hacer)
I don't know where you're going and I don't know why,

(No sé a dónde vas y no sé por qué)
but listen to your heart before you tell him goodbye.

(pero escucha tu corazón antes de decirle adiós)

La chica no se podía creer lo que su mejor amigo le estaba diciendo, era una declaración en toda regla. Pero dudó, dudó si lo que le estaba diciendo era una broma de mal gusto, o en realidad la quería.

Sometimes you wonder if this fight is worthwhile.

(A veces te asombras si esta lucha vale la pena)
The precious moments are all lost in the tide, yeah.

(Los preciosos momentos son todos los perdidos en la marea, yeah)
They're swept away and nothing is what it seems.

(Son barridos fuera y nada es lo que parece)
The feeling of belonging to your dreams.

(El sentimiento de pertenecer a tus sueños)

- Déjate de bromas Heiji. – Dijo con una sonrisa triste Kazuha. Estaba convencida de que era eso, una broma, y eso le dolía.

- No estoy bromeando Kazuha. – lo dijo tan convencido que la chica le miró fijamente. - Mírame a los ojos y podrás comprobarlo por ti misma.

La chica miró fijamente a los ojos verdes del chico y pudo ver una determinación enorme. Mucho más que cuando resolvía los crímenes.

Listen to your heart, when he's calling for you.

(Escucha a tu corazón, cuando te está llamando)
Listen to your heart, there's nothing else you can do.

(Escucha a tu corazón, no hay otra cosa que puedas hacer)
I don't know where you're going and I don't know why,

(No sé a dónde vas y no sé por qué)
but listen to your heart before you tell him goodbye.

(pero escucha tu corazón antes de decirle adiós)

- Heiji… - se le dibujó una sonrisa tierna. – no, no creo que estés bromeando. Solo que… - miró hacia otro lado.

- ¿Qué? – preguntó el chico.

And there are voices that want to be heard.

(Y hay voces que quieren ser escuchadas)
So much to mention but you can't find the words.

(Mucho que decir pero no encuentras las palabras)
The scent of magic, the beauty that's been

(La fragancia de la magia, la belleza que ha sido)
when love was wilder than the wind.

(cuando el amor era más salvaje que el viento)

- No me esperaba que mi sueño, con el que convivo desde siempre, se haya hecho realidad. – la chica volvió a mirar al moreno. – yo también te quiero Heiji.

Los dos se acercaron tímidamente a los labios del otro. Ninguno se atrevía a ir más allá de rozarse tiernamente, hasta que Heiji se acercó más a ella y se fundieron en un apasionado beso. Su primer beso, y no sería el último que se diesen.

Listen to your heart, when he's calling for you.

(Escucha a tu corazón, cuando te está llamando)
Listen to your heart, there's nothing else you can do.

(Escucha a tu corazón, no hay otra cosa que puedas hacer)
I don't know where you're going and I don't know why,

(No sé a dónde vas y no sé por qué)
but listen to your heart before you tell him goodbye.

(pero escucha tu corazón antes de decirle adiós)


Mientras los chicos estaban echados en la arena al pie de una duna, Shinichi había llegado a donde tenían las cosas.

- ¿A dónde habrá ido todo el mundo? – se preguntó el detective.

De repente, escuchó unos truenos no muy lejos de allí. Se estaba avecinando una tormenta. A sus amigos no les veía por ninguna parte, por lo que decidió recoger todo, excepto la ropa de la pareja y dirigirse al hotel.

En cuanto llegó, se dirigió al recepcionista. – la 501, por favor. – Cuando se la entregaron. – verá, dentro de poco llegará mi compañero de habitación, dígale que… - le dijo lo que quería lo que le tenían que comunicar a su amigo.

- Sí señor. – Dijo el recepcionista divertido. – Se lo diré con mucho gusto.

- Gracias. – Se dirigió a su habitación y se acostó en su cama. – "Ya me debes dos Hattori." – pensó el detective sonriente.

Encendió la televisión y se puso a ver las noticias internacionales. Les parecían aburridas, hasta que una llamó su atención… - Hemos recibido una carta amenazadora de un ladrón muy importante del Japón. Sus intenciones es la de robar "la garganta de la sirena", que se expone en Las Palmas…

- ¡Kid! – se le dibujó una sonrisa. – Estas vacaciones no van a ser tan aburridas como pensaba…

Escuchó que aporreaban la puerta de su habitación. - ¡Kudo¡No tiene gracia¡Abre la puerta! – gritaba su amigo todo calado hasta los huesos.

Shinichi se hizo el dormido.

- ¿Cómo va a haber solo una llave de habitación y precisamente hoy se ha roto la maestra¡Abre!

- Heiji, parece que está dormido. – dijo una voz femenina.

- Ay… - el chico se resignó. – Cuando éste se duerme no le despierta ni un bombardeo… tendré que dormir en el pasillo, porque también están todas las habitaciones ocupadas…

- Puedes dormir en mi cuarto… - dijo la chica sonrojada.

- ¡Ah! – él también se puso rojo. – bu… bueno… si no te importa…

Los dos entraron en la habitación de la chica. Estaban un poco pillados, ya que sería la primera vez que durmiesen en el mismo cuarto desde que eran pequeños.

- En la 501, un chico sonrió. – Como dije antes, ya me debes dos.


Una sirena, seguida por un cangrejo y un caballito de mar, nadaba todo lo rápido que le permitían sus aletas. - ¿Qué se habrá creído? No debería haberme comprometido sin consultármelo. ¡No pienso volver nunca!

Las aguas se estaban volviendo muy oscuras. Se agitaban sin parar. Una corriente marina cogió desprevenida a la sirena y la lanzó hacia delante con mucha rapidez. Tanto era el movimiento y la presión que la joven se desmayó.

- ¡Ran! – Gritó desesperado Sebastián. – Mierda, si no le doy esto… - nadó todo lo rápido que pudo y se adentró en la corriente marina. – Tú quédate aquí chico, yo cuidaré de ella. – El caballito le hizo caso, era demasiado pequeño y la presión le mataría. – No te preocupes pequeña. – Dijo el cangrejo al llegar hasta ella. – Te cuidaré he intentaré guiar. Miró hacia delante y se quedó blanco, aunque sea una forma de hablar, él se quedó de verdad. Ante ellos se levantaba una columna de agua que rotaba y rotaba a gran velocidad. - ¡Un tornado!

El cangrejo se agarró fuertemente a la chica por la cola, no debía soltarla en ningún momento, porque si no acabarían despedidos a direcciones diferentes. Llegaron al tornado y dieron vueltas y vueltas y vueltas… el color del cangrejo cambió del rojo característico en él a un amarillo casi marrón.

Llegaron al final del tornado. – Allá vamos. Que sea lo que el destino quiera.

Salieron despedidos hacia la superficie, las grandes olas arrastraban a la sirena y al cangrejo de un lado a otro. – Parece ser que el destino quiere que no salgamos de ésta… - dijo el cangrejo preocupado oteando el horizonte, no podía divisar nada. Estaban perdidos en ninguna parte.