Creo que es muy tarde para decir "Hola" de nuevo. Sé que estuve ausente por mucho tiempo y que no he cumplido como una responsable autora. Hacia aquellas lectoras que estén conmigo, agradecería su comprensión por la espera y principalmente porque me están acompañando con el mero hecho de leerme. No sé cómo agradeceros de verdad con tal apoyo. De nuevo mil disculpas por no actualizar, sé que este no es el mejor fic que se puedan encontrar pero sólo denle una oportunidad =) y bueno, cualquier comentario de agrado y desagrado será bienvenido pues lo importante son sus opiniones.

Por último, a causa de una ocasión especial, este capítulo está dedicado para ustedes lectoras y para mi mejor amiga apodada "Cachetes" XD. Cachetitos bonitos espero que te guste. Sin más que parlotear, les dejó aquí el capítulo 7.

Las quiero.


VII

Frío

Los tambores sonaban peor que la campana de la catedral en Londres, más fuertes que los gritos de un bebé muriendo de hambre y que del horrible gato falleciendo en la helada noche. Los tambores que sonaban en su cabeza, los sonidos de su corazón bombeando cada litro de sangre envenenada con la dosis de Amortentia que cree alguna vez tomó. La cercanía del cuerpo fuerte de Harry era demasiado cercana a los dedos de Ginny, pudo ser capaz de tocarlo y caer en la tentación de atraerlo hacia ella como muchas veces lo hizo en sueños, o en fantasías reflejadas en el Espejo de Oesed. Su aroma asesinaba sus membranas nasales, le ardía la garganta y expulsaba silenciosos suspiros de la laringe. No poder tocarlo era el peor pecado que podía cometer. ¿Por qué podía sentir absolutamente todo cuando Harry estaba cerca? No sucedía nada parecido con Dean Thomas. Era una clase de obsesión intoxicante, nada gratificante y escalofriante hasta el punto de la destrucción.

–¿Vienes a practicar Quidditch conmigo? – habló Harry a Ginny mientras se encontraban en los sillones de la sala común de Gryffindor después de haber desayunado.

Ginny tragó saliva, el frío no importaba, saldría con él a donde sea. Adoraba cuando el frío azotaba el rostro de Harry, pues sus mejillas y nariz borboteaban sangre que se asomaba en la piel. Y si se le era permitido, mirar sus rojos y tentativos labios cada vez que hablaba, no había mejor deleite.

–Es lo peor que puede pasar entre nosotros, un roce que explote todas las membranas locas por tocarte de mi cuerpo. – susurró Ginny cerrando los ojos. Harry se había alejado lo suficiente para no escucharla. – Y porque mi corazón puede mover los muros que nos separan sólo para estar junto a ti, más que mi corazón, la voluntad amorosa que me provocas.

Hermione no tardó en aproximarse hasta la distancia de Ginny, y poder escuchar sin intención, las intensas palabras que dejaba salir de los labios rosas de la pecosa pelirroja.

–¿Estás citando a alguien? – la voz de Hermione hizo que ella abriera los ojos. Ginny trató con éxito de ocultar la sorpresa y temor por la llegada de Hermione.

–Claro. – mintió. – No recuerdo el nombre del autor, pero es la parte que Luna suele repetirme todo el tiempo.

–¡Ginny! – gritó Harry desde su escoba, ella sonrió para sus adentros.

–Te veo luego Hermione. – la cabellera roja de la chica Weasley voló coordinadamente junto con la escoba.

Hermione no pudo evitar notar el brillo creciente en los ojos color miel de la pelirroja, eran tan diferentes que cuando miraban a alguien más. Lo que causaba su mejor amigo en ella había crecido desde ya seis años y le era a imposible a Harry notarlo. Por Merlín los hombres son tan ciegos. Que rápido había deducido los sentimientos de Ginny hacia Harry y viceversa, eran tan obvios y tan ocultos al mismo tiempo. Ambos indiferentes e ignorantes a lo que sucedía, es por eso que las peleas de Ginny con Dean no se trataban de estupideces, y porqué del taciturno comportamiento de Harry en la presencia de Ginny Weasley. ¿Cómo es que la pelirroja lograba tanto sin hacer nada? Era querida por muchos en Gryffindor, y en otras casas era considerada lo suficientemente hermosa para ser Weasley. Hans Hoover, quien en palabras de Luna era uno de los chicos más lindos de Ravenclaw, había declarado más de una vez que le hubiese gustado mucho salir con la chica Weasley. Eso daba mucho que decir cuando todos sabían los gustos tan exigentes de un chico de Ravenclaw, quizás no tanto como los de un Slytherin, pero podrías considerarte especial si un chico como Hoover posaba sus ojos en ti. ¿Podía la envidia tocar a Hermione? Claro que no, ser considerada el centro de atención en tantas miradas lascivas quedaba muy lejos de sus anhelos. Pero si tenerle envidia era recibir la misma intensidad de amor de quien amas, probablemente un poco.

El viento sopló aún más fuerte, y Hermione se arropó aún más con su bufanda y guantes. Olvidó en fracción de segundos a Ginny y a Harry. No tenía que nada que hacer ahí en absoluto, escuchar a los alumnos hablar de Quidditch entre las gradas era suficiente para sentirse molesta. El día de ayer fue mucho mejor, los días soleados eran mucho mejor, sentir los bochornos arrebolar las mejillas y los labios era mucho mejor. Si bien el frío era bastante molesto, solía secarle los labios hasta llegar a herirlos, dejarlos sangrantes y con un sabor muy característico del fierro, horroroso y doloroso.

Respiró hondo, el aire devolvía la vida a sus pulmones, el aire mezclado con la fragancia de jazmín que emanaban los cabellos de Pansy. Sentados los dos en un sabio silencio bajo el roble viejo.

–¿En qué piensas? – habló la muchacha.

–En una pesadilla. – o es como él la definía.

–¿Qué soñaste?

–Nada importante.

El silencio regresó a envolver el ambiente, Draco prefería no hablar, Pansy prefería no pensar. Entonces el recuerdo de la pesadilla volvió a su mente, las imágenes claras y perturbadoras que no lo habían dejado en paz después de levantarse de la cama. Había llegado la etapa inconsciente y nada lúcida de los estados oscilantes del cuerpo, en donde lo que sucedía no estaba a disposición de la voluntad y el querer y todo se resolvía en sucesos aterradores y cautivantes.

–Cuéntame. – chilló insistentemente Pansy.

- Entonces te relataré como la sangre sucia de Gryffindor que tú yo tanto odiamos te arrebataba la sortija que usarás muy pronto, de los dedos. – ella empalideció con la supuesta broma de su novio. Fue cuestión de minutos para que Draco soltara una risa divertido por la expresión de Pansy. – Seguramente soñé eso Pansy. – ella no dijo nada pues no le había agradado en absoluto el humor ácido de su novio. Draco besó la mejilla de Pansy, y sin decir más se levantó del suelo y caminó en dirección al castillo.

–Eres tan antipático. – murmuró la chica agarrando la mano suelta de su novio. Draco sonrió para sí. – Aunque seas molesto no te librarás de mí.

–Ya veo. – pronunció cansinamente.

Nunca había conocido a alguien tan persistente y posesiva como Pansy, era una novia agradable y complaciente pero sus actitudes momentáneamente inmaduras volcaban su paciencia.

–Estuve pensando ya en el lugar de la boda… - diablos comenzó a hablar del compromiso. De cómo irían vestidos, los adornos, la comida, la música, los invitados etc. Tonterías repetidas sin número de veces.

Draco fingía prestar atención a los planes de Pansy, asentía a todo lo que decía y respondía con un vago "Sí, está bien" cuando era necesario hablar. En cierta manera era aburrido hablar con la chica, ella podía mover la boca durante minutos y con una respuesta lacónica y de baja atención la satisfacía.

–Que las flores sean azules y los jardines llenos de hadas hogareñas que… - seguía hablando. Una chica rubia de Ravenclaw pasó casi volando a lado de ellos y golpeó accidentalmente el hombro de Pansy. - ¡Ten más cuidado estúpida!

–¡Lo siento! – gritó Luna Lovegood desde su lejanía.

Luna escuchaba el eco de sus pasos en las paredes de los pasillos advirtiendo que era demasiado ruidosa. Pero la hora del reloj marcaba las trece cincuenta y siete, es decir que contaba con tan solo tres minutos para llegar puntual con Theodore. Pues si ella odiaba algo de verdad, era la impuntualidad. Llegó hasta la esquina de la estatua del águila, antes de llegar al puente, y sonrió cuando sus ojos se acostumbraron a la perceptible presencia del chico.

Nott reflejaba sus ojos en el charco debajo de sus pies, ignorando la realidad exterior, hasta que en el mismo charco apareció la silueta de sus sueños. Alzó la cabeza y sonrió a la única persona que podía sacarle una sonrisa sin la intención de hacerlo.

–"Llámame existencialista y me dejarás en un punto sin retorno entre los calabozos de Verona." – citó Theodore.

–No juegues a ser poeta. – dijo la rubia. – Veo que si leíste el libro que te di.

Theodore bajó de donde estaba sentado, en la helada cantera de los bordes del los arcos de los patios de los jardines de las afueras de Hogwarts.

–Sígueme. – Nott extendió su mano a Luna.

Ella lo miró dubitativa por unos breves instantes y accedió arriesgándose a cualquier situación junto al muchacho de ojos verdes. La mano de Theodore no soltaba la palma suave de Luna, decidido a llevarla por las faldas del bosque. Y desde arriba, si Hermione no hubiese retirado los ojos de la ventana hubiera visto como Luna caía riéndose al suelo y después siendo levantada por Theodore.

Dejó soltar un suspiro al aire de su habitación. Las diecisiete horas estaban por llegar, ¿bajaba o no? daba lo mismo, ya había puesto un pie fuera de su habitación. Hermione miró la sala común cerciorándose para no ver una cara conocida que le impidiese salir.

–¿Otra vez nos vas a abandonar? – preguntó Ron en los sillones a lado del cuadro de Jacques Shareburg el juglar.

–No creo que te sirva de mucho mi compañía Ron.

–Bien Hermione, si tú lo ves así te felicito. Pero regresarás a tu mejor amigo pelirrojo cuando ya no esté.

–No digas tonterías ¿Qué te pasa? – Ron se encogió de hombros. Estuvo esperando durante veinte minutos sentado a que pasara una ráfaga de algo interesante, pensó en quizás pasaría la ráfaga que dejaban detrás los cabellos sueltos de Lavender. Pensó que podría aprovechar para hablarle y distraerse con ella, entonces apareció Hermione.

–Quiero aprovechar Hermione, a que estás aquí para decirte algo. – el corazón de Hermione se sobresaltó, esas palabras nunca le gustaban. Llevaban consigo el desconocimiento que llegaba por sorpresa. – Siéntate.

–Entonces asegúrate que sea rápido. – pronunció la muchacha.

–¿Tienes prisa?

–Puedes llamarlo así.

–¿Y puedo saber a dónde se dirige esta señorita?

–A un lugar en donde no encajas. – "Desafortunadamente". Pensó Hermione.

–Déjame adivinar… - Ron ensombreció sus ojos – la biblioteca.

Hermione dobló una mueca. Obligó con la mirada a Ron a que fuese conciso y rápido con lo que tenía que decir.

–Hermione ¿desde cuándo no me puedes regalar tu tiempo?

No llegó a la brillante cabeza de la castaña que Ron no buscaba decirle algo importante o confesarle un secreto quisquilloso. No pudo ni pensar que su único objetivo era entretenerla, pues había momentos en que Ron Weasley extrañaba la cercanía de su amiga y le dolía ser siempre el que la hiciera enojar.

El tiempo transcurrió sin que ambos se dieran cuenta, tal vez Hermione sí descubrió que el pelirrojo no le dijo nada al final de la charla, pero tampoco hizo nada para pararse de su lado y marcharse. Dieron más de las cinco y la puerta de la sala común jamás se abrió

–Si no te concentras en lo que haces vas a perder un dedo.

Draco ignoró el comentario de su novia, aparte del insoportable calor a causa de los vapores de la poción su concentración iba y venía con maquinaciones de su plan. Maldito calor que hacía, hasta los dedos sudaban, con la túnica puesta ya hubiera muerto.

–Recuerden mantener siempre la consistencia de la pócima. – dijo lacónico el profesor Slughorn.

El chico lo olvidó del todo, de cortar las raíces regresó al caldero con aromas pestilentes para moverlo con movimiento veloz. El caldero despidió un vapor intenso que hizo que sus ojos grises lloraran, nada estaba bajo su control, ¿desde cuándo comenzó a bajar en Pociones?

–Arréglala con un poco de ceniza de cuarzo. – le recomendó Nott quien le colocaba el frasquito a una distancia cercana a su caldero. El decidió por no aceptar su ayuda y fulminarlo con esa hiriente mirada de la cual nadie se salvaba. Esto a Nott no le importó, si decidió darle un consejo fue por mera cortesía, problema del rubio si quería que su poción de la memoria terminara por ser una poción encogedora.

La mano que sostenía el cuchillo de Draco acudió a su frente para limpiarla del sudor que caía por los cabellos rubios. Como en todas las clases, miró a su alrededor para ver quienes la pasaban perfectamente mal, la costumbre de ser de los mejores en Pociones estaba cambiando. Incluso Potter mejoraba su habilidad, y que se dice de Granger; ella manejaba diestramente el cuchillo añadiendo cada ingrediente a su debido orden y tiempo. Sin dejar de mover por supuesto el líquido en todo momento. A ella también le habían llegado los incesantes bochornos, pues su cabello castaño estaba más alzado que de costumbre: los rizos antes bien acomodados dejaban su rastro en la nuca descubierta de su dueña. Sus mejillas encendidas contrastaban con el opaco escarlata de su corbata al igual que sus labios. Desvió la mirada por ver algo que nunca debió considerar como llamativo.

–Parece que alguien está en problemas…- murmuraba Hermione sin ser escuchada cuando miró de reojo a su compañero de ojos grises.

Encontraba divertida la situación cuando Draco desesperado buscaba solucionar su poción, ver su rostro abochornado y sudoroso cambiaba la situación. Pero todo fue más interesante cuando sus ojos pardos miraron discreta y detenidamente los diferentes matices de la mirada del chico con cabellos rubios, era diferente en cada segundo. Podía ver rabia, recelo, fastidio, concentración, pasividad e incluso templanza. Y enfocaba más sus pupilas al momento de que los parpados de él se movían rítmicamente con las pestañas. Tenía que admitirlo, él no tenía ojos tan desagradables. Pero cuando pasaba a la piel que rodeaba estos había un camino que la conducía hasta su nuca y garganta, ambas bañadas con el perfume salado y natural del cuerpo. Podía admirar el brillo sedoso que emanaba de su piel expulsando la imperiosa y morbosa necesidad de tocarla. Sacudió la cabeza para olvidarse de esos ridículos y estorbosos pensamientos.

Al fin el martirio había terminado, la poción que todos debían haber hecho yacía en sus respectivos calderos junto con el profesor Slughorn pasando de mesa en mesa felicitando o criticando los trabajos. Pasó por la mesa de Malfoy, en donde los únicos con honores fueron Theodore y Pansy. Por el contrario, si no hubiera sido por Ron, la mesa de Harry hubiera sido la mejor del salón. Fue como el ácido deslizando en el intestino de Draco cuando el profesor mandó a vitorear a Potter y a Granger por su "excelente" trabajo. El rubio la despreció cuando ella miró a la clase pero en especial a él a manera que le echaba en cara su triunfo cuando su trabajo acabó en el caño. Le devolvía la mirada, pero no con el mismo propósito, si no lanzó todo el desprecio que cabía en su alma para que sus pupilas atravesasen el alma de la castaña y le advirtiesen a tener miedo de él.

Por su parte, Hermione bajó de su banco apenas terminando la clase y se vio obligatoriamente a pasar en frente de la mesa de los Slytherin. No dudó en lanzarle una mirada de victoriosa soberbia al muchacho de cabello rubio, sin siquiera advertir que el odio burbujeaba más y más en las entrañas de Draco.

Después de la clase de pociones, el rubio hizo aterrizar sus ideas debajo de las suelas de los costosos zapatos, y en vez de apachurrarlas con un despectivo pisotón, volvió a recogerlas sin ánimo. Fuese como si en vez de deshacer todo lo que lo lastimaba, se alimentara de ello para agrandar el profundo odio a su persona y la depresión de cada una de sus partes. Era tan evidente que no deseaba nada de lo que le sucedía, ni estar en Hogwarts, ni ser mortífago, ni llevar sobre los hombros una misión, ni ver las caras de Pansy, Hermione, Nott o Zabini todo el tiempo; y por último, ser un Malfoy, mucho menos ser un Malfoy. Lo sucedido el día de ayer no lo dejó en paz hasta que logró conciliar el sueño, ni siquiera asistió a la sala de los menesteres después de haber hablado con su mamá.

El día anterior había escuchado por parte de Crabbe que alguien llevaba tiempo esperándolo en su habitación. Al carajo con todo, no importaba quien fuera, lo sacaría de inmediato. Y si era Pansy, sus inútiles caprichos y lloriqueos los tiraría por el suelo. Abrió casi tumbando la puerta y se olvidó de todo lo que había previsto hacer cuando se dio cuenta de la persona que lo esperaba sentada en su cama.

"– ¡Draco! - exclamó Narcissa Malfoy levantándose inmediatamente de la cama cuando vio su entrada. Dejó en paz los guantes que recogió del buró para caminar y acariciar su rostro.- ¿No te alimentas bien? Pareces enfermo – más bien, no dormía bien. Narcissa enredó a Draco en sus brazos, abrazándolo tan fuerte porque literalmente no lo tenía entre ella desde hace mucho tiempo. – Dios… cuanto te he extrañado.

–Yo también… - dijo respondiéndole el abrazo. - ¿Sucede algo? ¿Por qué saliste de la mansión? – si bien Narcissa Malfoy lo hacía en estos tiempos por una necesidad urgente.

–Estaba enormemente preocupada, y tus cartas no me dejan satisfecha. – admitió la elegante señora Malfoy. – Tuve que dejar la mansión sin anunciarle nada a tu tía.

–Mamá sabes que no es seguro…

–¡Claro que lo sé! – interrumpió Narcissa. - ¿Pero cómo quieres que esté tranquila cuando sé que estás arriesgando tu identidad con esa misión de la sangre sucia? No puedo creer que no nos hayan dado ni siquiera un argumento para verificar el porqué de tal asignación.

–Créeme que yo tampoco tengo la más mínima idea del porqué debo de ganarme la confianza de la horrorosa de Granger. – confesó molesto. - ¿Crees que deba preguntar al Señor Tenebroso?

–Ni siquiera lo menciones. – Tomó asiento junto a su hijo en la cama. – Mientras menos involucrados estemos en esto, mejor. No quiero te pase nada.

–Por si lo habías notado madre, estoy más involucrado que cualquiera. Es en mí en quien recae la responsabilidad de que su plan, cualquiera que sea, se lleve a cabo.

–Considero que tan siquiera deberías tener ayuda en esto, ¿nadie más sabe?

–Simplemente Zabini – reflexionó el rubio.

–¿Se lo dijiste tú?

–Claro que no. No confío en nadie. – después de una pausa agregó: - Supongo que su padre ha de estar informado de esto, pues fue él quien me comentó de su conocimiento acerca de esto.

–Al menos ten en cuenta de que es un gran apoyo. – Draco no supo si creer en las palabras de su madre, pero para verla más tranquila decidió callar.

Narcissa tomó y acarició la mano derecha de su hijo.

–Pronto tendrás una sortija aquí ¿no es así? – apuntó el dedo anula de Draco. Él la miró a los ojos esperando no contestar nada que la molestase. – Es muy probable que la boda se lleve en un año o más. No veo la urgencia en contraer nupcias, sobre todo ante toda esta situación.

Gracias a dios, lo mismo pensaba él.

–¿Has hablado con los padres de Pansy? – preguntó el muchacho.

–Supongo que Fyodor y Mariah Parkinson tienen también la consideración de que habrá que esperar.

–Como digas mamá. - Draco prefería cerrar el tema, hablar de su compromiso con Pansy es lo que menos quería hablar con ella después de tiempo sin verla. - Volver a verte es como esperar el día a que llegue navidad. – confesó por primera vez el rubio. Narcissa contuvo las emociones de querer sacar a su hijo en ese instante del colegio y llevárselo con ella, bajo su regazo como lo hacía cuando niño."

Draco recordó esto sin dejar de sentir la angustia que ocultaba día tras día. Su madre era el único motivo para seguir con esta lucha entre clases sanguíneas y derechos de magia. Fallar la misión impuesta por el Señor Tenebroso sería lo último que pudiera pasarle.

Entonces si debía de ganarse la confianza de la sangre sucia, no podía llevarlo a cabo con tales métodos bruscos y pedantes que había estado ejerciendo. ¿Cómo ganarse la confianza de la persona que más aborrecida dentro de su grupo social por el hecho de ser sangre sucia y mejor amiga del "Elegido" Potter? Una voz en su interior susurraba «Sé bueno con ella», ni en sueños. Simplemente no podía. Hermione Granger llevaba etiquetado en la frente una estampa de chica ideal para los insultos y toda clase de bromas pesadas. Debía de haber otra forma, debería existir un manual denominado: "Instrucciones para atraer a una sangre sucia".

"Supongo que esta charlatanería me será útil." – pensó sosteniendo el artefacto de metal perteneciente a la muñeca de Hermione.

Se movió de lugar, pues los sillones se habían vuelto incómodos. Miró su mano derecha una vez más sin dejar de pensar en lo que le había dicho Narcissa.

"Usa este anillo, era de tu abuelo Cygnus. – colocó en su palma un anillo con la famosa constelación en su insignia. – No menciones que te lo otorgué. Es un amuleto muy preciado de los Black, nadie supo que pasó con el después de la muerte de tu abuelo, fue a mí quien me lo entregó para que le diera un buen uso. – sus ojos grises lo miraron con seriedad. – Cuando te digo que uses esto, es porque es un artefacto muy valioso, además de que es una pertenencia sucesora de los Black, lleva consigo una magia que sólo es efectiva para aquellos que la merecen. En este momento por ejemplo, es ideal a ti. – Draco preguntó si era una clase de artefacto protector. – Efectivamente, hay muchos más ahora, pero la magia sólo convoca el afecto adecuado cuando el encantamiento sale de la varita de un gran mago."

Durante su charla él se negó a llevarlo pues su madre era quien más lo necesita, sin embargó ella lo refutó hasta dejárselo en el dedo anular.

–Puedo asegurarte que sí soy capaz de llevar a cabo tal cosa…- Pansy entraba en ese momento por la puerta de la sala común junto con Theodore.

–Comienzo a creer que nunca bajás de tu falsa realidad Parkinson.

Draco volteó a ver a su novia, quien con miradas divertidas se alejaba de Nott para llegar a los labios de Draco.

–¿Qué hacías con Nott? – preguntó el rubio extrañado.

–Vine de recoger mi edición de "Corazón de Bruja" de la lechucería y me lo encontré. ¿Por qué? ¿Celoso? – el sólo arqueó inquisitivamente su ceja. – De cualquier modo, mira: - Pansy extendió la portada hacia el rostro de Draco.

–Joder… - dejó escapar de sus labios secos.

Pansy no quiso escucharlo, mejor alimentaba sus ojos con la portada del mes. La euforia y la algarabía se mezclaban juntas de tan sólo observar la fotografía mágica que movía a personas con sonrisas falsas y diplomáticas. Justo como estaba Draco en ese momento, él y Pansy mirándose mutuamente y tomados de la mano. Y nadie vio como Pansy sonreía al leer el encabezado «Draco Malfoy sí tiene corazón.»

–¿Y bien? – preguntó alegremente la muchacha por el anuncio público de su compromiso.

–Nada, ya está publicado ¿Qué puedo hacer? – dijo secamente.

–Pero cómo que nada. Deberías de alegrarte, sales muy bien de negro.

Pero si él siempre estaba vestido de negro.

«Draco Malfoy sí tiene corazón», esas palabras ilógicas no dejaban de azotar en sus cavidades craneales, era fisiológicamente obvio que tenía corazón. Por supuesto que no se podía esperar nada mejor en una editorial como "Corazón de bruja" sin embargo ¿no pudieron haber puesto un encabezado más inteligente? Era moderadamente insultante que no hubiesen conseguido mejor editorial para publicar su famoso compromiso nupcial. Aquella revista con colores vistosos y notas supuestamente interesantes como «¿Quién besó a quién bajo el muérdago mundial de 1999?», se convertía en los más grandes de los insultos tratándose de una persona tana seria como él. Draco suponía que lo único que escribían en esas hojas -incluyendo el alterado capítulo de su compromiso-sería más que basura. Pero la gota que derramó el vaso fue…

–¡¿«Aún sin anillo»?! – leyó alterada la chica. – ¡¿Cómo pueden escribir estas basuras?! – Volteó a mirar a Draco -¡Me molesta que no expreses nada: ni alegría, ni enfado, ni apatía!

Los gritos de Pansy comenzaron a llamar la atención de los presentes en la sala, Nott y Zabini miraron curiosos a la pareja.

–Si no expreso absolutamente nada de esta mentada de estupideces – señaló a la revista – es porque sé que cuando lo haga estarás divagando en cualquier cosa excepto en lo que tenga que decirte. Lo que por el momento es absolutamente nada.

–Pero…- Pansy trató de interrumpirlo. Sin embargo Draco comenzó a hablar de nuevo de manera totalitaria.

–Sí es por lo que dice esa insulsa revista de tu anillo, de eso no tienes que preocuparte más, pues fue mandado hacerse con los duendes del sur de Irlanda. – Pansy se sobrecogió, hubiera querido escuchar esa noticia en otras circunstancias y con un Draco diferente. – Para tú información, no sé ni que hago aquí parado tolerando nuevamente tus infantiles berrinches.

–¡Porqué eres mi novio! – soltó rabiosa.

–Lo cual no significa que me escupas todo lo que no te parece o te parece de forma absurda. – Dio intenciones de retirarse, pero regresó amenazadoramente hacia Pansy.- te lo advierto, no vuelvas a personificar otra escena de este tipo porque será la última que hagas.

–¡No se te ocurra dejarme hablando sola! – ambos pudieron escuchar la risitas de Blaise.

El rubio dio zancadas hasta respirar aire afuera de la sala común. Por unos momentos los ojos de Pansy permanecieron húmedos mientras miraba los pasos de Draco avanzar hasta la salida, lo odiaba demasiado cuando no le prestaba la suficiente atención ¿Por qué era así todo el tiempo? Se supone que debería ser perfecto.

–Eres tan tonta como para seguir al lado de un tipo como él. – comentó Nott prestando más atención en su libro entre las manos, que en las lágrimas de Pansy.

–¡No me digas así! – Nott no pudo evitar alzar ambas cejas.

Y si Pansy no hubiese salido caprichosa de la escena corriendo directamente a su cuarto olvidando la revista en el sillón, quizás Nott refutaría un poco que no es tan tonta.

–Esta foto es de la navidad pasada. – comentó Zabini recogiendo la revista. – Lo sé porque ese día fue cuando Draco decidió que sí se uniría a los mortífagos.

–Entonces también fue el día en que tú decidiste seguirlo como su perro faldero – burló Nott.

–De verdad que no tienes tacto con nadie. – dijo Zabini. Nott lo apuntó con una mirada que ciertamente le recordó mucho a Draco. – Sólo espero el día en que acabes con la paciencia de Malfoy y obtengas lo que mereces.

–¿Crees que me importa? – respondió Nott sin retirar su vista de las páginas del libro.

–Como sea.- chasqueó Zabini para después retirarse.

"Todos en Hogwarts son unos imbéciles" pensó Nott. "A excepción de una lunática azul."

Bendita fue la paciencia que tuvo para esperar a que llegara la noche, entrar a la sección prohibida y matar el tiempo a lado de los libros malditos. Cuando entró no había nadie, más bien, no estaba Granger, él había llegado más que temprano.

La rejilla de la biblioteca sonó anunciando su llegada, y así pasó. Hermione entró distraída con la nariz demasiado roja y con la boca balbuceante.

–¡Por Merlín y toda la orden! – exclamó ella llevándose una mano al pecho. Encontrarse con un Draco serio sentado encima de una estantería la desubicó por completó.

–Buenas noches también Granger.- Hermione lo miró confundida unos instantes. - ¿Qué?

–Nada…es sólo que… no, olvídalo.

Por segundos pensó en insistir para que hablara, pero desistió al presentir que quizás ella le reclamara porqué no había ido ayer. Hermione no dijo nada, se acomodó lo cabellos atrás de su oreja y caminó hacia su lugar de trabajo.

–¿Feliz en la clase de pociones no es así Granger? – dijo mientras se bajaba de la estantería que contenía los libros que anteriormente había ordenado.

–¿A qué viene eso? – ella se acordó del rostro acalorado del rubio.

–Creo que porque después de que Potter te superara en una asignatura tan fácil, estar entre las consideraciones del profesor Slughorn ha de ser reconfortante. – vaciló.

–Si dices que es una asignatura fácil ¿Por qué tu rostro aglomeraba lo mal que la estabas pasando hoy en clases? – por un momento Draco se desubicó.

–No sabía que tenías tanto interés en mí Granger.

–El interés que tengo por ti es como el que tuviera en una plática con la chica más superficial de Slytherin.

–Con mi casa no te metas.

–Entonces no digas incoherencias.

–Vaya que no, pero no puedo encontrar otro motivo para razonar porqué aquella atención. No es normal de tu parte Granger.

Mientras hablaba Draco se acercaba junto con sus libros a lado de Hermione.

–¿Qué supones Malfoy?

–Cosas. – respondió traviesamente. Ella entornó los ojos.

–Falacias… - por un momento lo pensó y dijo: - Mejor me mantengo callada; una Gryffindor no va caer en las provocaciones de un pretencioso Slytherin.

–Si dejaras a un lado todo eso que les han sobrepuesto, seguro a que te encantaría ¿o me equivoco Granger?

–No tienes idea… - Hermione alzó un libro a la altura de su rostro y sopló para retirar el polvo de la pasta.

–¡¿Qué rayos te pasa?! – Draco se quejó por el polvo que cayó en sus grises pupilas.

La mirada vacua de Hermione representó ningún remordimiento o culpa por Malfoy.

–No esperes una disculpa. – y volvió a soplar en otra dirección.

–¿Para qué quisiera una de tus inherentes palabras?

–Porque yo sé cuanto adoras que lo haga. – dijo Hermione mientras volteaba a verlo incrédulamente.

–Oh entonces quieres decir que no sólo para mí la manera de humillarte es placentera, sino que también lo estás disfrutando.

–Sí Malfoy, seguramente he de disfrutar tanto de tus groseros halagos así como a ti te encanta meterte en mis asuntos como lo has estado haciendo últimamente. – dijo Hermione enfrentado el rostro del rubio.

–Desde luego. – Draco decidió sacar otro tema al aire. - Seguramente ayer me extrañaste como a nadie, Granger.

–No puedo creerlo – exclamó razonando el comentario de Draco- ¡¿pensabas dejarme plantada?

–¿Pensabas? Es decir que tampoco fuiste.

–No me cambies el tema, si no asistí fue porque se me presentaron ciertos… asuntos. – dijo por no mencionar a Ron. - Pero el punto es que diste la muestra muy clara de dejarme plantada.

–¿Y eso te molesta tanto? – Dijo evitando dar excusas.- supuse que te vendría sufrir un poco sin mi presencia.

–No tienes ni idea cuanto. – vaciló.

–Además, tampoco fuiste. No tienes derecho alguno a reclamarme.

–Ya te dije que tuve otros asuntos. – se excusó la castaña sin necesidad.

–¿Cómo cuales? – Draco se cruzó de brazos. – déjame adivinar… encerrarte en tu cuarto leyendo cualquier libro aburrido.

–No, por supuesto que no tengo que darte explicaciones…

–Comienzo a creer que no practicas el verdadero término de leer Granger. – dijo mirándola fijamente. – es sólo tu excusa para ocultar que no tienes nada que hacer.

–¡Tú que sabes! – Respondió verdaderamente ofendida – ni siquiera me conoces.

–Enséñame entonces – se recargó sobre la pila de libros de Hermione. – Cuáles son aquellas interesantes lecturas que supuestamente lees, las académicas no cuentan. – La preguntó desubicó inoportunamente a Hermione haciéndola balbucear. Draco imitó sus palabras inentendibles. – Lo ves eres pura estampa.

–Claro que no, es sólo que no me había preguntado antes que me gustaba hacer.

–No te sientas tan especial Granger, ya sé que un Malfoy puede despertar anomalías dentro de tu sistema endocrino, pero controla esas hormonas que reflejan tu nerviosismo.

–No digas incoherencias…

–Retomando el tema. – la interrumpió. – No me has contestado aún. Seguramente eres subscritora mensual de "Corazón de bruja".

–Ni en sueños. Es la revista con un insulto excesivo de la inteligencia femenina, adquiere demasiada importancia entre la sociedad como para no ser explotada de la manera adecuada – apenas comenzó a hablar, Draco llegó a la irrefutable conclusión de que Hermione nunca sería capaz de dar una respuesta escueta a las cosas, siempre tenía que extenderse en todo tema que tocaba.

Inconscientemente, Hermione habló y no paró hasta haber expresado lo suficiente, su labios rosas se abrían y cerraban recibiendo suspiros de aire para tomarlo. Hablar con Hermione era demasiado arriesgado cuando no sabías lo que decía, Draco evitó no sorprenderse demasiado cuando se dio cuenta de lo extraña que ella era. La única chica que no tenía gustos por completo femeninos, la chica que se pasaba leyendo en donde encontrara espacio, al extraño personaje de Voltaire, o los pensadores en materia política como Montesquieu.

–Señalas demasiado aquellas ideas escuetas e ilustradas, supongo que buscas en ellos tu soporte en contra de la tiranía. – dijo Draco.

–Más bien busco en ellos la garantía de nuestras libertades y derechos que tenemos como individuos. – aclaró la castaña. – Claro que esto contrasta contra tus percepciones ideológicas fascistas.

–No te atrevas a suponer que sabes demasiado como para prejuzgarme Granger.

–Tus acciones han dado por entenderte a la perfección. ¿No es acaso esa medida totalitaria que siempre intentas practicar conmigo?

Si un reloj de conversación estimulante estuviera en la habitación, seguramente su detenimiento sería un suceso demasiado increíble para ambos. Sin siquiera mencionarlo, Draco comenzó a sentirse atraído hacia los diálogos de Hermione, se sentía extraño hablando por primera vez con ella de algo poco superficial, sin ni siquiera existir insultos directamente. Y si bien concordaba con ella en ciertos puntos, por puro orgullo no se lo haría saber.

–Bien Granger, supongo que debo de retirar el comentario que originó esta conversación.

–¿Es decir que te rindes?

–No, simplemente admito que mi falta de argumentos hicieron comprobar tu práctica tan antisocial para saber más que las otras personas en este matadero.

–Que bueno que lo tengas muy en claro. – dijo Hermione.

–Disminuye un poco tu arrogancia. – una sonrisa identificada se asomó en el rostro del rubio.

–Y me lo dice el "señor arrogancia"…

–Al menos yo no lo niego. – Hermione oscureció su mirada. – Ya sé lo que me vas a decir: "Un Gryffindor no se deja llevar por las provocaciones de un Slytherin" – imitó la voz de Hermione.

–¡Yo no hablo así! – se quejó.

–Tienes toda la razón, no hablas así – dijo Draco – tu voz es inclusive dos niveles más irritante.

–Por supuesto que no, un Slytherin siempre admite lo que es. – soltó la castaña mientras se sentaba en la estantería.

–¿Quieres no meter a las casas en esto? A nadie le importa lo presumido que es Gryffindor.

–Gryffindor no es presumido, simplemente resalta en cualidades. – Draco entornó los ojos.

–Con alumnos como Ron Weasley – vaciló el rubio. – seguramente.

–Con alumnos como Draco Malfoy en Hogwarts…- vaciló Hermione. – insultar a Ronald no funcionará en mí.

–Vaya que Merlín no lo diría, estás cediendo a mi provocación. – Draco recargó su codo en la pierna de Hermione. – ella reaccionó y lo retiró.

–Retira tu brazo antes de que pagues las consecuencias. – sus ojos fulminaron al rubio. Draco alzo ambas cejas inquisitivamente y fue retirando lenta y firmemente su brazo.

–¿Acaso es por la ardiente sensación que causó sobre tu piel? – Hermione dejó escapara y quejido de ironía.

–Más bien es por la desagradable repulsión de tu tacto.

–Auch. Aunque no lo creas Granger, me duele que digas esas palabras. – La sonrisa cínica de Draco se escondían bajo la máscara fingida de un patán.

–Lo que no crees es que a mí me duela que no sepas otra cosa que decir más que sobresaltar tus falsos e hipócritas cumplidos.

–Déjate de tanta dureza Granger. Créeme que por eso Weasley aún no te ve. – Draco cometió la imprudencia de soltar tan erróneas palabras para dejar fluir el rencor de Hermione.

Draco se incorporó y por su seguridad caminó hacia su lugar favorito en la biblioteca, a una distancia en donde Hermione se abalanzara con maldiciones o conjuros.

La burbujeante sangre abochornaba las mejillas de Hermione, no supo que contestar a eso. Draco Malfoy siempre la tomaba por sorpresa con sus comentarios, pero eso no es lo que le molestaba sino el mero hecho de que el chico con los cabellos rubios hubiese deducido la fuerte atracción que tiene por Ronald. No es que Hermione fuera la persona más misteriosa y arduamente de descifrar con sus sentimientos, sino que Malfoy, mucho antes que otras personas como por ejemplo Ronald, pudiera ver la llamita que no se apaga en los ojos de la castaña si mira al chico de Gryffindor.

–¿Y me lo dices tú? – dijo Hermione intentando ocultar sus nervios. – alguien que se cree, porque no lo es, un ser divino con aura celestial a su alrededor capaz de llamar y someter a cualquier inocente que se le atraviesa por el camino.

–Si tú crees que tengo un aura celestial… - sacó la varita de sus pantalones. – que así sea, jamás ha salido eso de mi boca, mejor si lo dices tú. -Hermione abrió la boca de indignación, presenciar a un cínico arrogante bañaba sus cabellos de sudor que lo alborotaban. – Deja poner un punto en claro. Podré ser todo lo que tú quieras, pero lo que sí tengo es la suficiente fuerza como para decirte que al contrario de ti, yo sí llevo conmigo a alguien que no me utiliza como recurso para pasar las materias o matar el tiempo cuando ya no hay más que hacer…

Draco no se mordió la lengua para pronunciar tales palabras ante la cara de Hermione, ni siquiera dudó en caminar pasos hacia la figura de la chica y colocarse justo en frente de sus caderas. Y si Hermione ya se sentía por estallar, fue extremada la paciencia que tuvo por tal inconveniente cercanía. Lo que sorprendió a Draco fue que ni una palabra de sus bellos labios saliera con la intención de refutar, discutir o rebatir lo que sus oídos habían escuchado.

Con saltos delicados, las pupilas de Draco miraban el inexpresivo rostro de Hermione, no tenía menor en interés en los pensamientos de Hermione porque su boca marmórea le decía entre silencios que algo andaba mal. Hermione se reservaba a tolerar la cercanía de su compañero, pero su mirada decía lo contrario, esos ojos castaños brillaban un odio intenso y doloroso en su interior, con tal intensidad de querer mutilar a su receptor. Hermione lo miró más hasta llegar a la conclusión de lo que pasaría, su corazón comenzó a latir nervioso y momentáneamente dubitativo.

–Lo ves… - dijo Draco colocando su mano en la mejilla izquierda de Hermione. – Ni siquiera lo más bajo como tú se puede resistir. ¿De verdad pensaste que alguien se podría fijar en ti?

"Tú lo pediste Draco Malfoy", pensó la castaña. Hermione llevó su mano a la altura del rostro de nuevo como anteriormente lo había hecho, el golpe hubiera resultado si no hubiese sido porque Draco interceptó su puño y sostuvo rígido la mano de Hermione.

–Ni se te ocurra Granger – Hermione forcejeaba para liberar su mano, pues la fuerza masculina comenzaba a lastimar su piel. – te perdoné la primera, pero otra vez que lo hagas vas a pagar muy caro.

Casi imperceptible pero importante, Draco sintió un latido punzante en el interior de su bolsillo después del tacto con el brazo Hermione. Reacción que fue suficiente para desubicarlo, llevó a cabo de tres segundos para recordar el brazalete que se escondía entre sus ropas, había olvidado guardarlo en su sala común.

–No creo que más que esto. – dijo Hermione mientras seguía forcejeando. - ¡Ya suéltame! – gritó finalmente y Draco lo hizo.

–¡¿A dónde crees que vas?! – Draco intentó regresar a Hermione. – La hora de tu trabajo aún no termina.

–¿Crees que me importa? Cualquier lugar es mejor que estar cerca de ti.

Draco se interpuso como barrera para evitar que Hermione saliera, era demasiado divertido discutir con ella, pero era más que ella fuese la única que encolerizara.

–Muévete. – amenazó la castaña.

–Oblígame.

Y lo hubiera hecho, si no fuera por Draco se movió de su lugar por un suceso singular al otro lado de la estantería. Los libros que anteriormente estaban apilados yacían regados a excepción de un tomo que gustaba de lanzar llamas sin quemar el papel que residía a su alrededor.

–Qué demonios…-murmuró. Volteó instintivamente hacia Hermione pero ella ya no estaba. – Maldita sangre sucia como se atreve a largarse.

Con Hermione o sin ella tendría que apagar el fuego de ese libro, se acercó prudente, sin embargo las llamas lograron alcanzar el borde de la manga de su túnica.

–¡Maldición…! – sacudió el brazo y apagó las llamas con hechizo extintor. – Va a quedar marca.- dijo, pues las llamas que apenas habían alcanzado su piel fueron suficiente para hacer daño en la delgada membrana cutánea. - ¡Granger vuelve acá!

Muy tarde, la castaña había avanzado los treinta y dos pasos para escapar de la tórrida situación que estaba pasando Draco, y para escapar de él principalmente.

"¿No puede haber persona peor en este lugar?" –pensó alejándose de la torre de Gryffindor. – "Seguramente apagará el fuego que causó con el mismo frío que lleva dentro."

No hacían más que pelear, insultarse el uno al otro hasta acabar heridos. Cuando Hermione creía comenzar una cosa bien, Draco finalizaba con ella de manera peor. Sin embargo, lo que más molestaba a la chica de cabellos castaños fue que él siempre buscase ganar la discusión, y lo conseguía. Sin mencionar los humillantes comentarios que soltaba de su podrida boca. Era demasiado lo que tenía que tolerar cada noche, era pesado y fastidioso, capaz de enfermarla con su propia bilis. Pues bastaba decir que la única manera en que Hermione conocía el fracaso era a lado de Draco Malfoy.