Bueno, les traigo un capítulo mucho más corto en comparación con los otros. No tenía mucho que narrar en este, así que preferí ahorrarme en descripciones innecesarias y hacerlo simple, con detalles que tienen relevancia (ya lo comprobarán en el siguiente capítulo)
PD: le estoy robando nombres a Shakespeare, suerte que ya no cobra copyright.
Capítulo 6 – Tierra yordle
Transcurrieron dos días antes de que el barco pudiera llegar al continente. La única flota que quedaba de Sycorax había sido saqueada y luego incendiada, según órdenes de la capitana. Luego de aquel combate las aguas habían vuelto a su normalidad y los marineros aún celebraban su victoria, alzando sus cánticos mientras trabajaban. Irelia ocupaba con fidelidad su puesto en la cubierta aunque siempre se le acercaba alguna que otra persona para preguntarle cómo había podido hundir el barco ella sola y salir ilesa; antes de siquiera responder, una gran multitud la rodeaba que luego era sosegada por Anne o, en casos extremos, por Miss Fortune.
Cuando se pudo divisar la tierra, el corazón de la joven dio un gran vuelco dentro de su pecho. Había pasado casi dos semanas en Aguasturbias y en presencia de aquellos marineros, que la sola idea de que volvería a estar sola y a la deriva le produjo un vacío en el pecho. Por un momento quiso clavar sus uñas en la madera de aquel barco para evitar salir de allí… pero la imagen de Zelos volvía a su cabeza y se contenía, con la esperanza de poder encontrarlo.
La flota atrancó en un gran puerto, casi tan grande como el de Aguasturbias, aunque con menos barcos. Sujetaron la embarcación con varias sogas gruesas y se les aproximó el oficial del muelle con quién Miss Fortune se apresuró a hablar y luego, pidiéndole a algunos de sus hombres que cargaran con el cadáver de Sycorax, siguió hasta una gran edificación. Qué sorpresa se llevó Irelia al ver que el oficial del puerto era un yordle, una de esas pequeñas y peludas criaturas con forma de tiernos roedores que caminaban y vivían como seres humanos.
Claro, ahora todo tenía sentido: aquel era el único puerto en todo Valoran que no se encontraba comprendido dentro de los territorios de la ciudad más próxima. Hacía ya cuatro años que Ciudad Bandle había cerrado sus murallas a los humanos, pero muchos yodles vivían de la comercialización con distintas naciones; por lo tanto habían permitido que los humanos embarcaran y zarparan de su muelle, aunque estaban sometidos a una estricta inspección.
Como Miss Fortune se había granjeado una gran reputación y era conocida por atrancar seguido allí no tardó mucho tiempo entre que llenaba formularios, entregaba el cadáver de Sycorax a las autoridades portuarias y cobrase su recompensa. La mayoría de los piratas tenían fama alrededor de todo Valoran, lo cual permitía que la capitana cobrase lo que le correspondía en cualquier parte.
"Escúchenme bien, porque no pienso repetirlo" exclamó cuando regresó. "Permaneceremos todo este día en el muelle, mañana volveremos al mar" anunció, tomándose una pausa para tragar saliva. "Todavía hay un par de idiotas que tenemos que capturar antes de que pueda dividir el botín, entre ellos el repulsivo de Caliván y el imbécil de Trínculo… sabemos bien donde están esos dos, por lo que en poco tiempo volveremos a Aguasturbias."
Un gran vitoreo se alzó entre la tripulación. Tardarían un mes, quizás dos en cazar a todos los maleantes, pero eran marineros y esa era la vida que tanto amaban.
Irelia descendió hasta su camarote, tomó su alforja, volvió a la cubierta y se acercó a la capitana cuando vio que ésta había terminado de hablarle a su tripulación. Anne estaba a su lado, discutiendo sobre algunas coordenadas en un mapa que sostenía cuando la joven llegó hasta ellas.
"Aquí me bajo yo" comentó con una tímida sonrisa. Miss Fortune sólo asintió con la cabeza sin quitarle los ojos de encima, permaneciendo en silencio. "Fueron días muy gratos y agradezco que me hayas traído hasta aquí. Nunca lo olvidaré" concluyó, sintiendo que debía rellenar el espacio que había dejado la pelirroja con su mutismo. Luego dio media vuelta y se dirigió a la escalera lateral dispuesta a descender.
"Irelia" le llamó la capitana, dando dos pasos hacia ella. "Debido a tu formidable participación en la captura de Sycorax me sentí en la obligación de devolverte el favor." Explicó, con una voz cargada de orgullo y solemnidad que conmovió a la joven. Sacó de uno de los bolsillos de su pantalón una libreta de cuero marrón que sostuvo entre sus manos y dudó un momento de entregársela. "No sé bien a qué lugar del continente te diriges, pero para ciertas ciudades te verás en la obligación de ingresar con un pasaporte" concluyó otorgándole aquel cuaderno y agregó: "Calculo que irás a Demacia o quizás a Noxus, pero en ambas exigen esa libreta para poder ingresar. Me he granjeado una gran reputación en todo Valoran, te dejaran entrar en cuanto la vean."
"Muchas gracias" exclamó la joven, sorprendida. No sabía que era necesario un pasaporte, pero lo guardó con gusto en su alforja.
"Espera, ten esto" y le arrojó una pequeña bolsa en cuyo interior tintinearon las monedas al entrechocar entre ellas mismas.
"No puedo aceptarlo"
"Es tu parte, has sido de mucha ayuda" y la capitana sonrió. "No los despilfarres y recuerda: La fortuna no sonríe a los necios".
Irelia asintió con la cabeza y luego bajó del barco. Estaba más que conmovida por la actitud de Miss Fortune y por los recuerdos de aquellas dos semanas que había pasado con esos marineros. Dio un profundo suspiro y se prometió a si misma que nunca olvidaría aquellos días.
Caminó un par de pasos hasta que se cruzó con las impotentes e inquebrantables murallas de Ciudad Bandle. A pesar de que eran criaturas pequeñas, aquel muro de piedra, metal y quién sabe que otro material se extendía como diez metros hacia el cielo, o quizás aún más. Miró hacia las grandes puertas que se encontraban custodiadas por numerosos yordles y, por un momento, pensó en correr hasta ellos, enfrentarlos y luego entrar en la ciudad. Corrían rumores que eran expertos ingenieros e incansables trabajadores, convirtiendo a Ciudad Bandle en la nación con mayores avances tecnológicos de todo Valoran.
La joven rodeó las murallas y se sorprendió al encontrar una pequeña villa que se había armado a un costado de la ciudad. Constaba de tres tabernas y cinco o seis tiendas más, pero aun así estaba abarrotado de personas y yordles. ¡Claro! Considerando la cantidad de personas que iban y venían del puerto, algunas de esas criaturitas habían armado posadas para que pudieran albergarse.
Ingreso a la primera taberna que encontró, las tres se encontraban colmadas por igual, y se sorprendió al encontrar a todos atentos a una competencia de fondo blanco que realizaban una joven y un yordle, alentados por los vitoreos de los demás. Irelia se aproximó a la barra y pidió una habitación al mozo, quien le entregó una pequeña llave dorada.
"Habitación 57" anunció el pequeño yordle, con una voz aguda y tierna que dieron ganas a la joven de abrazarlo.
"¿Quiénes están bebiendo allí?" preguntó, señalando a los dos competidores. El público gritaba tan enardecido que apenas se escuchaba a sí misma.
"Una humana viajera y el especialista en reconocimiento del equipo de inteligencia de Ciudad Bandle" explicó el pequeño, mientras limpiaba un vaso con un trapo. "No hay quién lo supere en beber ron, no entiendo cómo todavía hay criaturas que aún lo reten". Terminó de pulir el cristal y luego clavó sus diminutos ojos en la joven. "¿Vienes de Aguasturbias?"
"Si, pero soy de Jonia." Pese al estruendo de fondo, varias personas se voltearon a mirarla con suma atención.
"Guau. Hacía mucho que no venía un jonio por estos lugares" comentó el yordle, mientras quienes les rodeaban asentían con la cabeza, de acuerdo con lo que había dicho. "Me alegro que hayan triunfado, esos malditos noxianos se lo tenían bien merecido."
Irelia asintió con firmeza, completamente de acuerdo con aquel pequeñín. Éste le tendió un vaso con hidromiel y, mientras bebía varios sorbos, comprobó que la atención se había desviado de la competencia hacia ella. Hasta los mismos competidores le miraban expectantes, como esperando que comentara o dijera algo. Se preguntó si no había hablado de más.
"Oye, ¿y tu has combatido por Jonia?" preguntó una voz gruesa, detrás de varias personas que obstaculizaban su visión.
"Por supuesto que si" contestó la joven. Tragó un buen sorbo de hidromiel y comentó: "Oigan, no soy la única jonia que pasó por aquí, ¿tanta sorpresa les causa mi presencia?"
"No has tenido muchas noticias de lo que ocurría aquí con respecto a la invasión de la isla, ¿verdad?" preguntó el mozo, mientras llenaba los vasos vacíos que les acercaban. "Estaban seguros que Jonia iba a ser extinta y aún su victoria nos conmocionó. Tenían muchos factores a su favor… incluso varios piratas de Aguasturbias prestaron sus servicios para saquear y transportar alimentos para abastecerlos…"
"Eso poco importó porque, como pudieron comprobar, logramos expulsar a esos malditos de Jonia" concluyó, alzando su copa en el aire. Para su sorpresa, todos también alzaron la suya junto con ella.
"Bien dicho" exclamó la joven que había estado compitiendo con el yordle. Se aproximó a Irelia y chocó su copa con la de ella. Tenía el cabello corto y plateado, vestía un vestido blanco ajustado y una armadura rota que cargaba sobre su espalda. La jonia detectó el fuerte hedor de alcohol en su aliento producto de la competencia. "¡Al diablo con los noxianos!"
"¡Al diablo con los noxianos!" exclamaron todas las voces, tanto agudas como graves, tanto humanos como yordles.
La joven brindó con todos aquellos ahí presentes y luego se retiró a su habitación. Había metido la pata, había llamado demasiado la atención y sabía que pronto se extendería el rumor de que los jonios remontaban la isla y volvían al continente, empezando por ella, la persona que había cambiado la balanza a su favor... bah, en realidad había sido aquel Aatrox quién lo había hecho, convirtiéndola en no se qué monstruo.
Se recostó sobre la suave cama y se refregó entre las sábanas. Aquellas dos semanas había dormido sobre una hamaca colgada en el camarote, compartida con otros dos marineros. Ahora sí podía desnudarse con comodidad y dormir, olvidándose por un momento de todas aquellas dudas que la embargaban.
