Algo más
Colgó el teléfono de un fuerte golpe y cogiendo la fregona que estaba a su lado salió por la puerta y se encaminó a paso rápido a la casa vecina, que desde hacía un año que estaba vacía, aunque sabía de mano de Hakuba que ya no lo estaba.
Llegó rápidamente y comenzó a golpear con fuerza la puerta esperando a que la persona que estaba dentro abriera rápidamente para darle un buen golpe con su confiable arma mortal.
¿¡Cómo diablos se atrevía a volver y no avisarla!? Se había tenido que enterar por Hakuba de algo que se supone que le debería haber dicho él. Ese mago era definitivamente un idiota que no valoraba su vida…o su cabeza.
Vio que la puerta se abrió y sin dudarlo atizó a la persona que estaba tras ella con todas sus fuerzas, escuchando un pequeño grito más común en una niña que en un chico de diecinueve años. No pudo evitar reír.
— ¿¡A qué ha venido eso!? Duele — manifestó el herido, que no era otro que el ilusionista provocador de su enfado.
— Eso es por volver y no decirme nada — aclaró la castaña pasando a la casa — Llevamos un año sin vernos y no me dices que vienes. Eres definitivamente idiota. La próxima vez que hagas una tontería así hazte un seguro médico.
El ojiazul después de frotarse el golpe se acercó a la chica y la abrazó por detrás, sorprendiéndola.
— Yo también te extrañe, tonta — habló haciendo que las mejillas de la joven de tiñeran de rojo, a la vez que con fuerzas renovadas se daba la vuelta para volver a golpearle.
Pero no pudo hacerlo, ya que los labios del chico atraparon los suyos en un beso lleno de sentimiento. El primer beso que le daban a pesar de tener ya diecinueve años.
Lentamente el castaño se separó de ella sonriendo dulcemente.
— Te extrañe Aoko — confesó tomando las manos de la chica entre las suyas — Estar todo este tiempo lejos de ti me ha hecho darme cuenta de algo.
— ¿De qué? — interrogó aún paralizada por su anterior acto.
— Que quiero que seamos algo más que amigos — reveló dejando boquiabierta a la ojiazul — Sé desde hace tiempo que te amo, solo que no me atreví a decírtelo. Por eso te quería preparar una sorpresa para hacértelo entender, pero…Tu fregona me lo ha impedido — rió acariciando el rostro de la chica — Por eso Aoko…¿Quieres ser mi novia?
— Etto…Yo Kaito…— pronunciaba sin poder decirle lo que realmente sentía, por ello harta de su vergüenza tomó el cuello de la camisa del mago, lo acercó a ella y lo besó.
— ¿Eso es un sí? — cuestionó sonriente.
— Que sí tonto. Yo también te amo, y-y te extrañe — dijo sonrojada.
Ese sería el principio de todo, de aquella relación entre ambos como algo más que amigos, cosa que deberían de haber sido desde hace tiempo atrás.
