Disclaimer: Los personajes pertenecen a SM, la historia es de LyricalKris, yo solo me adjudico la traducción con el debido permiso de la autora.

Capítulo beteado por Yanina Barboza, Beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite . fanfiction)


Bella – Hace tres años

—Eres extraña, Bella. A veces no puedo entenderte.

Bella miró a su mejor amigo con una sonrisa perpleja.

—¿De qué estás hablando?

—Ni siquiera te gusta tu tatuaje. Ahora, de repente, ¿estás tatuando tu tatuaje? —Jake hizo un gesto hacia el artista que estaba trabajando en la pierna de Bella.

El artista alzó la vista y le dio una sonrisa a Jake.

—Oye, hombre, la gente quiere tomar posesión de sus cuerpos por todo tipo de razones, ¿sabes? Sobre todo, quieren olvidarse de alguien que rompió su corazón.

—Sí —dijo Bella. Miró hacia abajo, donde Jacob se frotaba la muñeca, rozando el tatuaje de Paul—. Obtuve la idea de ti.

Jacob se burló, una expresión amarga apareciendo en su rostro.

—Eso es diferente. ¿Crees que es fácil mirar esta cosa? No solo porque Paul es un idiota, y me tomó demasiado tiempo botar su patético trasero. Pero esto… —Sacudió su brazo hacia Bella—. Esto fue el comienzo del infierno para mí. Lo sabes.

—Lo sé —dijo Bella en voz baja. Contuvo el aliento mientras el tatuador tocó un punto sensible en su tobillo—. No sé, Jake. Esta cosa no fue mi elección más que Paul fue la tuya. A lo mejor es una tontería. Quiero ser dueña de esto tanto como tú quisiste que tu tatuaje en la muñeca fuera sobre ti, no sobre él.

—Conocí a una chica una vez. El tatuaje de un idiota apareció en su cara. —El tatuador negó con la cabeza—. Eso sí es una mierda. Ella dijo que él la llamó una perra empalagosa, y no lo ha visto desde entonces. —Negó con la cabeza de nuevo y se inclinó y siguió trabajando—. Si me lo preguntas, el amor está sobrevalorado.

—Solo no le preguntes a Jacob —dijo Bella, bromeando para aliviar la tensión—. Él se enamora muy fácilmente.

Jacob resopló.

—Soy un tipo sencillo. —Se arremangó la camisa, mostrando un tatuaje tribal en la forma de un círculo en un brazo y luego otro en la cadera—. Pero al menos estos idiotas no arruinaron mi vida.

El tatuador se levantó, mirando a Bella.

—¿Qué te parece?

Bella torció la pierna para poder ver mejor y sonrió.

Los tatuajes con los que nacían y los que aparecían cuando se enamoraban realmente deberían llamarse marcas de nacimiento. Algunas formas eran más distintivas que otras, las vides de Bella parecían eso y nada más; mientras que, el lobo de Jacob podría y siempre había sido interpretado como cualquier cosa, desde un perro hasta un tiburón hasta una montaña.

Ahora, sin embargo, las vides de Bella tenían color y definición. El artista había añadido sombras y matices de verde y marrón.

—Es precioso. Simplemente perfecto. —Miró a Jacob—. Ves. No estoy tratando de convertir mi tatuaje en algo más, como tú lo hiciste. Solo estoy tratando de hacerlo mío. Nadie más tendrá este tatuaje. Ni siquiera si se enamoran de mí.

Jacob le revolvió el cabello.

—Bien por ti, chica. Eres tú.

—Así que, soy Embry, por cierto —dijo el tatuador, extendiendo la mano hacia Jacob—. Deberías llamarme si quieres hacer algo con esos otros tatuajes.

Bella tuvo que detenerse de rodar los ojos, viendo a su mejor amigo cogerse con la mirada al tatuador. Los labios de Jacob subieron en una sonrisa y le dio a la mano del hombre una vigorosa sacudida.

—Deberíamos hablar sobre eso.

Bella - Ahora

Bella apoyó sus piernas sobre el escritorio, cambiando a la tablet para continuar con el informe en el que estaba trabajando. Tanya tenía programado asistir a una fiesta organizada por algunas personas importantes. El trabajo de Bella era conseguir algo de información de fondo para que Tanya pudiera establecer contactos con las personas adecuadas.

Había llegado al trabajo a las seis y media ese día, necesitando ir con Tanya para ayudarla durante una presentación que estaba dando para obtener financiación. Eran casi las seis ahora, y el cerebro de Bella estaba amenazando con rebelarse. No quería concentrarse más.

Su mente vagó hacia su pierna cubierta por el pantalón, y sonrió. Una de las cosas que más amaba sobre la transición hacia la vida adulta; salir de la escuela, trabajo, cuentas que pagar, apartamento; era que las cosas menores ya no importaban más. Incluso en la universidad, los tatuajes eran una de las cosas que la gente primero preguntaba.

En el mundo laboral, a nadie le importaba. Casi todas las mujeres que trabajaban con Tanya, y la misma Tanya, vestían pantalones de traje o vaqueros informales, por lo que los tatuajes personales rara vez eran visibles. Había una mujer, una de las fotógrafas, una chica amigable llamada Angela, que usaba faldas, mostrando su tatuaje y el de su esposo en el tobillo contrario, pero no era tan frecuente como lo había sido en los años escolares de Bella.

Le gustaba la idea de que las personas querían saber más sobre ella que sobre su vida amorosa. Como esa mañana, cuando la reunión hubo terminado y estuvieron conversando educadamente, a Bella le habían preguntado por su experiencia, su educación, y cómo era trabajar para Tanya Cullen. Nadie ni siquiera dio un vistazo hacia su pierna o preguntó en voz alta si el tatuaje de su amado no estaba a la vista.

Lo que no significaba que los tatuajes no eran considerados. Bella era tan curiosa como cualquier otra persona. Ella sabía que Tanya tenía un tatuaje detrás de la oreja. ¿El tatuaje de Edward? Bella con frecuencia se preguntaba. Tenía sentido. Edward le había dicho que ellos habían estado casados desde siempre. Bella se preguntó si el tatuaje de Edward era tan grande como el de ella. Se imaginó la llama lamiendo la parte posterior de su pierna.

—Traigo comida china.

Hablando del diablo. Bella puso sus pies en el suelo, irguiéndose cuando Edward entró campante en la habitación.

—Hola, Edward.

—Hola —dijo él, colocando la bolsa en su escritorio. Él le dedicó una sonrisa.

—Un regalo especial para usted, señorita Swan.

Bella hizo un ruido feliz cuando abrió una caja de cartón para revelar cerdo mu shu. Le encantaba. Edward y Tanya lo odiaban.

Edward hizo una mueca, viéndola untar la mezcla con la cuchara sobre la tortilla.

—Uf. ¿Por qué te gusta tanto?

—Me gustan las cosas con huevos, y me gustan las cosas con bambú. Ah, y los champiñones. —Ella roció la salsa hoisin sobre la mezcla, mirando hacia él mientras lo hacía—. Todo esto tiene buen sabor.

—Los huevos deben ser para las tortillas y nada más.

—Hay huevos en tu arroz frito.

—Eso es diferente.

—Por supuesto que lo es.

Él se rio y agarró las bandejas que no eran de ella.

—Volveré, estoy seguro —dijo con sequedad y se dirigió a la oficina de su esposa.

Edward

Bella trajo su trabajo a la sala de conferencias cuando se acomodaron para ver sus programas. Edward estaba vagamente molesto hasta que quedó claro que Bella no se sumergía en ello de la manera en que Tanya lo hacía. Ella todavía comentaba sobre el programa y continuaba discutiendo mientras sus dedos volaban sobre el teclado.

—¿Cómo haces eso, de todos modos? —preguntó Edward, asintiendo hacia la tablet que había conectado al teclado portátil—. Concentrarte en ambas cosas.

Ella parecía perpleja.

—¿Eres una de esas personas que no puede hacer dos cosas a las vez?

Se burló.

—Créeme, puedo hacer muchas cosas al mismo tiempo. —Su voz tenía un tono más bajo de lo que pretendía. Se aclaró la garganta—. Solo digo que me está distrayendo.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Las cosas que estás escribiendo sobre esas personas. Es ingenioso. Puedo escribir un reporte y ver la televisión al mismo tiempo, pero no será ingenioso.

Ella parecía divertida.

—Supongo que todo el mundo necesita un talento inútil.

—No es tan inútil. —Apoyó la cabeza en el respaldo del sofá, inclinándola para que pudiera ver las palabras que aparecían en la pantalla. Había un patrón en lo que ella estaba haciendo con cada persona, subiendo una imagen, cambiando el tamaño para que se adaptara a la plantilla que había creado, agregando tres cositas inteligentes para darle a Tanya puntos de conversación.

Bostezó, y Bella lo miró con una pequeña sonrisa.

—Te ves muy cansado hoy.

—Comencé temprano. —Volvió a bostezar—. Pero, claro, tú ya lo sabes. Te tuviste que haber levantado más o menos al mismo tiempo que nosotros.

—Levantada desde las cinco —dijo.

—¿Cuál es tu secreto? Te ves despierta.

—Café. Café fuerte. —Inclinó la cabeza en dirección a la cocina que estaba en la esquina—. Puedo prepararnos un poco.

—No, voy a estar bien. —Hizo un gesto hacia la pantalla—. El programa se está poniendo interesante.

No pudo haber estado tan interesante, o estaba más cansado de lo que había pensado, porque lo siguiente que supo, Bella lo estaba llamando.

—Oye, despierta.

Sintió un toque suave en la mejilla. Abrió los ojos lentamente, una sonrisa en su cara cuando Bella apareció a la vista.

Entonces, se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Se había dejado caer completamente, su cabeza recostada en el hombro de Bella.

Se sentó con la espalda recta.

—Lo siento. —Se rio, frotándose los ojos—. Lo siento. Supongo que debería haberte aceptado ese café. No era mi intención usarte de almohada.

—En realidad no me molesta. —Parecía ligeramente tímida, agachando la cabeza y encontrando su mirada furtivamente—. Casi me sentí mal por despertarte.

Sonrió, con la cabeza apoyada en el respaldo del sofá, más lejos de ella esta vez. La estudió por un momento.

—¿Qué? —preguntó ella, sus mejillas volviéndose de color rosa.

—Lo siento. No estaba tratando de incomodarte. —Bostezó, y giró la cabeza para mirar hacia el techo—. Estaba pensando que es extraño. Tú y yo no nos conocemos desde hace mucho tiempo. ¿Cuánto ha sido? ¿Unos días a la semana por las últimas seis semanas? Pero me siento cómodo contigo. Como si te conociera desde siempre.

Ella guardó silencio tanto tiempo que Edward comenzó a pensar que la había descolocado. Pero cuando la miró, vio que ella se veía más contemplativa que cualquier otra cosa.

—El novio de mi mejor amigo tiene una teoría sobre eso —dijo Bella, dándose cuenta de su mirada—. Él cree en la reencarnación. Piensa que cuando dos personas sienten que se conocen de esa manera casi al instante, es porque se conocían de antes. Así que no es tanto que conozcas a esa persona, como es ahora. Es que sus almas se reconocen entre sí.

Edward consideró esto.

—Esa es una idea interesante. —Sonrió—. ¿Dónde nos conocimos en esta otra vida, Bella Swan?

Bloqueó la tablet y la puso en el brazo del sofá, estudiándolo un momento.

—Inglaterra. Creo que yo era una reina y tú eras un campesino.

Sonrió.

—Los campesinos no suelen asociarse con las reinas.

—Ah, mira, yo era una de las benévolas. Tuve piedad de ti, humilde campesino.

—Eso suena como algo que tú harías. Bueno, no es de sorprender que me cayeras bien de inmediato. El humilde campesino en mí no conocía nada mejor.

Ella se rio, pero antes de que pudiera responder, la puerta de Tanya se abrió. Ambos se pusieron de pie, encontrándola en la antesala.

—Necesito vino y una larga siesta —anunció Tanya.

—Eso normalmente se llama dormir toda la noche —dijo Edward, sacudiendo la cabeza—. Vamos, esposa. —Se volvió hacia Bella y le dio una dramática reverencia—. Tenga una buena tarde, Su Majestad.

Tanya parecía divertida mientras se dirigían hacia la puerta.

—¿Qué fue eso?

—Te diré después.


Me alegra que les esté gustando la historia, gracias por sus alertas y favoritos.

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Nos leemos el viernes.

Sarai