Hola guapas y guapos, gracias por entrar aquí. Hoy les traigo el capítulo 7 de un fic que suelo dejar abandonado, siento mucho no poder desarrollarlo más rápido, ya que cuando me llegan otra ideas a la mente, no puedo dejarlas de lado.

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Como siempre quiero agradecer a todas las personas que leen mis historias, a las que dejan reviews, a las que marcan mis historias o a mí como favorita, y/o siguiendo, y a las que simplemente leen. Para todos ustedes, gracias totales.

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Capítulo dedicado a las lindas personas que me dejaron un review en mi último One-shot: Yi Jie-san, Velmon, Dinosauce99, Shirae, Roronoa Saki, MarFer Hatake y ANABELITA N. Gracias por comentar, les mando un beso y un fuerte abrazo.

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ADVERTENCIA:

Si no les gusta el Kankuten, no lo lean jajajaja, ya que hay lemon.

Hice un lemon Shikatema diferente, digamos algo más… dark jajajaja. Si quieren salvar sus almas, no lo lean; sino, estoy segura que nos veremos en el infierno por pervertidos.

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Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.

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Sin arrepentimientos

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Capítulo 7.- Una candente noche y un exquisito despertar

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POV Kankuro.

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Estaba con los ojos literalmente pegados en la pantalla, cuando de repente el sonido de celular me desconcentró.

—¡Diablos!, ¿quién será? —espeté mirando la pantalla de mi móvil. Era un número que no tenía registrado, sin embargo, decidí contestar en caso que fuera algo importante.

—¿Diga? —pregunté secamente. No podía ser más simpático, ya que estaban interrumpiendo unas de mis sagas favoritas.

—Pe-perdón por interrumpirlo, Kankuro-sama, sólo lo llamaba para disculparme por haberme comportado tan mal la última vez que lo vi —ese tono infantil que usó me prendió, ella sabía muy bien como encender mi libido. La muy condenada aparecía hoy como si nada, después de casi cinco meses de perderle el rastro, pero ¿quién era yo para reprocharle sus actos?

Nadie.

Tenía la intuición que en esta visita a Konoha, tarde o temprano, me la iba a topar. Mal que mal, era la mejor amiga de mi hermana.

—Espera, voy a mi habitación, porque la señal en la sala está muy mala —acoté de la forma más seductora posible. Tenía que demostrarle que mi toque, durante estos cinco meses sin vernos, no había cambiado.

Rápidamente me puse de pie, y me encaminé rumbo a mi habitación. Entré en ésta, y cerré la puerta. Avancé hasta mi cama y me tiré sobre del colchón.

—Tenten-chan dichosos mis oídos de escuchar tu melodiosa voz —sonreí con malicia y proseguí—. Tú sabes que no soy rencoroso, incluso no sé por qué te disculpas tanto —mentí descaradamente—. Dime, ¿para que soy bueno?

No pude evitar sonreír, al decir esa última frase.

—Ya dejémonos de estupideces, Kankuro, por qué mejor no levantas tu perezoso trasero de la cama, te arreglas y sales del apartamento —el encanto infantil de voz se esfumó, mostrando como siempre su verdadera personalidad —. Te pasaré a buscar dentro de quince minutos.

—¿Cómo diablos sabes que estoy acostado? —repliqué curioso. Esta mujer, al parecer, era una bruja al igual que mi hermana.

—Te conozco Kankuro, así que mejor prepárate —volvió a cambiar el tono de su voz a uno más pecaminoso—, porque dudo que esta noche quedes vivo.

—Jajajaja, no me provoques, Tenten, porque la terminará pidiendo agua serás tú —respondí con suficiencia

—Eso está por verse, galán de pacotilla —espetó con sorna. —Salgo en cinco minutos, nos vemos.

Se despidió y cortó la llamada.

Dejé mi móvil sobre la mesa de noche, y me senté en la cama.

Esa llamada no fue mera casualidad, aquí está metida la mano de mi hermana —susurré sonriendo al final —. Te felicito Temari, lograste sacarme del apartamento.

Rápidamente me puse de pie, y me fui a bañar.

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Una vez que salí del baño, me vestí y acicalé velozmente, para luego salir de la habitación. Caminé sigilosamente desde el pasillo a la sala, cosa de no interrumpir a mi hermana que seguramente se estaba comiendo a mi cuñado en el sillón, conclusión a la que había llegado, luego de escuchar extraños ruidos al pasar por ahí. Estaba llegando a la puerta principal, cuando recordé que no llevaba mi billetera.

La dejé sobre el mueble que está cerca del sillón.

Tragué duro.

No me quedó otra que acercarme.

—¡Wow!, ¡cuánta pasión! —no pude evitar gritar al ver a mi hermana tan cachonda, menos mal que estaba con ropa.

Mi cuñado rápidamente se sacó a mi hermana de encima, y la corrió bruscamente hacia al lado. Sin perder tiempo, éste se puso de pie.

No pude evitar reírme por la situación.

—Tranquilo hombre, ya me voy —espeté burlesco, mirando a Shikamaru—. El apartamento queda a su libre disposición, pueden hacer las cochinadas que se les antojen.

Esto último lo dije mirando a mi hermana, la cual me miró de forma asesina. Por instinto de sobrevivencia, retrocedí hacia la puerta principal.

—Hermanita no me esperes despierta, porque no sé si llegaré a dormir —acoté irónicamente, girando el pomo de la puerta. Sin embargo, no pude avanzar, ya que recordé que no llevaba mi billetera.

Giré mi cuerpo en dirección a la sala.

—¿Qué mierda se te quedó ahora? —chilló molesta, Temari.

Si las miradas mataran, seguramente ya estaría tirado en el piso.

—Se me quedó la billetera —le respondí con falsa inocencia. Obviamente, yo ni tonto la iría a buscar.

Miré a Shikamaru con mirada suplicante, tal como los perros miran a sus amos.

—Cuñado, ¿me la puedes pasar?, está sobre ese mueble —acoté, señalándole donde estaba mi billetera. Éste sin prisa caminó hacia el mueble que le señalé, tomó la billetera, y se acercó a mí para entregármela.

—Gracias, cuñadito, nos vemos, —me despedí con sorna, tocando su hombro—, que la fuerza te acompañé. Eso era lo único que le podía desear, ya que mi hermana seguramente le iba a succionar toda su energía, y otras cosas más.

No esperé su respuesta, y enseguida, cerré la puerta.

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Quince minutos justos habían pasado, cuando salí del edificio. Caminé unos cuantos metros, saliendo complemente del recinto.

Me detuve en la acera.

No alcancé estar más de dos minutos parado ahí, cuando un automóvil color gris se detuvo en frente de mí.

La ventana lateral descendió.

—Sube idiota acotó como siempre, la mujer que no veía hace meses.

—Me encanta que seas tan dulce, cariño espeté sardónicamente, y me subí al vehículo.

Ella aceleró de inmediato, y rápidamente desaparecimos del sector.

—Tanto tiempo sin vernos, Tenten, no pensé que fueras tú la me buscaría primero acoté sin mirarla, sabía que esa frase la molestaría.

—Jajajaja, tú crees que a mí me nació ir a buscarte replicó con sorna, deteniéndose justo en un semáforo. Giró su rostro hacia a mí—. Sólo le estoy haciendo un favor a tu hermana.

No pude evitar, voltear mi rostro hacia ella.

—¡Cómo siempre tan sacrificada!, ¡Santa Tenten de Konoha!—le respondí con la misma ironía que utilizó ella —. Deberían construirte un altar por tus buenas obras.

No pudo aguantar la risa. Miró hacia el asfalto, y volvió a acelerar.

—Dime, ¿a dónde quieres ir? —inquirió al momento de doblar hacia la avenida principal.

—¿A dónde me quieres llevar? —contraataqué divertido—. Te recuerdo que la idea de salir no fue mía.

—Podemos ir a un Pub a beber algo, y luego podríamos ir a bailar —espetó seria, sin mirarme.

Analicé su propuesta.

—¿Alguna otra idea? —inquirí con la misma seriedad con la que ella me respondió.

—¿Qué sugieres, campeón? —espetó en un tono pecaminoso, provocando inmediatamente que mi miembro se endureciera.

—Ir a tu apartamento, para así follarte duro y parejo —espeté seductoramente, acariciándole el muslo.

En cosa de segundos, viró el vehículo bruscamente en forma de U, y aceleró la marcha.

No cabía duda que mi idea le había encantado.

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Como pudo Tenten abrió la puerta del apartamento, ya que yo, con suerte, la dejaba moverse. La tenía cubierta con mis brazos, y la manoseaba descaradamente por todos lados.

—Tú no cambias, te gusta dar espectáculos gratis a los vecinos —espetó avanzando torpemente por la sala—. Me terminarán echando del edificio por inmoral.

Encendió el interruptor de la luz.

—Me interesa un rábano lo que digan tus vecinos —acoté lascivo, metiendo mis manos por debajo de su falda, para luego agarrarle con mis dedos el elástico de su pequeña braga—, lo único que quiero ahora es sacarte esto, y metértelo ya.

Ella alzó su rostro y me miró con éxtasis.

—Me encanta cuando hablas así, me calientas tanto —su tono libidinoso, endureció aún más mi miembro.

—Cariño, tú con todo te calientas —le susurré lascivamente mientras besaba su cuello—, por eso me encanta estar así contigo, porque eres igual que yo.

Inmediatamente mis dedos bajaron su ropa interior hasta más abajo de sus rodillas. Ella por inercia levantó sus piernas, una a una, y la prenda cayó al piso.

Guió sus manos sobre mi cinturón, el cual desabrochó como toda una experta, para luego continuar con el pantalón.

Sacó mi billetera del bolsillo trasero.

—Kankuro-sama… entonces me va dar duro contra el muro —musitó la muy condenada en ese tono infantil que tanto me calienta, sacando de mi billetera un preservativo, el cual enseguida me pasó.

Rompí con los dientes el envase del látex.

—Sí, Tenten-chan, ese será tu castigo por alejarte tantos meses de tu mentor —acoté de forma ronca y pecaminosa, colocándome rápidamente el condón.

La empujé con mi cuerpo hasta la pared más cercana, y una vez que ella chocó contra ésta, comencé a succionarle extasiado su lóbulo derecho, a su vez, que mis dedos ávidamente desabrochaban los botones de su falda.

La prenda cayó al piso.

A continuación, le saqué la blusa, para luego desabrochar el sostén de encajes que cubría sus deliciosos senos.

Los amasé y se los pellizqué.

Ella no se quedó atrás, y como pudo, terminó de bajarme el pantalón y la ropa interior hasta cierta altura, continuando yo con el resto. Me desabotonó rápidamente la camisa, y enseguida me la quitó.

Al tenerla sin ninguna prenda encima, la empotré contra la pared.

—Así te quería tener Tenten-chan —susurré con lascivia, restregando mi dura erección sobre su vulva —, como Kami te echo al mundo.

Lamí los pliegues de su oreja izquierda, mientras mis dedos seguían jugando con sus pezones.

—Por favor, Kankuro-sama, no sea tan severo conmigo —rogó en un tono de niña chiquita, que hizo que mi falo se endureciera aún más —, le juro que para próxima vez llevaré puesto mi uniforme escolar.

Debía reconocer que el juego del sensei y de la alumna, me encantaba.

—Demasiado tarde, Tenten-chan —acoté extasiado, alzándola por los glúteos y apegando contra la pared —, tu castigo está por comenzar.

Ella no opuso resistencia, e inmediatamente rodeó mi cintura con sus largas piernas. Sintió mi demanda hacer presión en su femineidad, lo que la hizo gemir por inercia.

Me miró con lujuria.

—Kankuro-sama, lo tiene tan duro —susurró con voz infantil.

Ese tono inocente que utilizó, me encendió, y me instó a hundirme en ella de golpe.

—¡Ahhh… qué rico! —gimió al sentir mi duro miembro abrirse paso por sus húmedas paredes.

—Hasta el fondo, tal como te gusta a ti, pequeña desvergonzada —musité de forma lujuriosa, y luego le mordí la boca. Saqué mi erección casi por completo de su ardiente guarida, y volví a enterrarme fuertemente en ella, comenzando enseguida un rápido vaivén de caderas que con prontitud la hizo perder el juicio.

—Sí, sí, sí… Sígueme follando duro, Kankuro-sama —acotó con la respiración acelerada, enterrándome sus uñas en mi espalda. Estaba tan mojada y caliente la condenada, que mi hinchado miembro entraba y salía de su interior como si nada—. Castígame para ver si alguna vez aprendo.

Cada palabra que salía de su boca me calentaba una enormidad, por lo que instintivamente aceleré el ritmo de mis estocadas, logrando que sus gemidos se incrementaran, y a la vez, se hicieran más audibles.

—¡Ayyy… me encanta!

—Eres muy porfiada Tenten-chan, nunca aprenderás —espeté completamente extasiado, mientras la seguía embistiendo bruscamente contra la pared—. Te gusta que siempre te esté dando duro y parejo, aunque debo reconocer que no tengo problema en corregirte.

Hundí mi rostro en el valle de sus senos, mientras continuaba ingresando y saliendo de su sinuosa cavidad.

Atrapé uno de sus pezones.

—¡Ayyy Kami! —gimió con frenesí. Parecía que la estaba torturando, aunque era una tortura placentera y pecaminosa que ella solita se había buscado.

Me excitó.

Solté su pezón, y apreté fuerte los dientes, intensificando nuevamente el ritmo de mis arremetidas.

La fricción que produje con mis frenéticos movimientos, rápidamente nos hizo delirar. Ella gimió extasiada, y yo no me quedé atrás.

—Más fuerte, Kankuro-sama —gimió con frenesí, aferrada fuertemente a mis cabellos.

—Como siempre tan caliente, Tenten-chan —susurré jadeante antes de succionarle bruscamente el cuello.

El éxtasis seguía aumentando, seguramente, estábamos cerca de acabar este asalto.

La embestí desaforadamente una, dos, tres y cuatro veces, hasta que su cuerpo se estremeció. Sus húmedas paredes se contrajeron de forma exquisita alrededor de mi duro miembro, provocando una punzada fuerte en mi bajo vientre que hizo que rápidamente me corriera.

Apoyé todo el peso de mi cuerpo sobre ella. Necesitaba normalizar mis latidos cardiacos al igual que la respiración.

—Este polvo estuvo genial —acoté aún con voz entre cortada, varios segundos después de acabar. Poco a poco saqué mi miembro de su interior, y la bajé al piso.

—No estuvo tan mal —espetó de forma despectiva, arreglándose el cabello.

Me sequé el sudor de la frente con el dorso de la mano.

—Jajajajaja, seguro que «el cara bonita de tu ex novio» era más caliente que yo —señalé con sorna, mirándola fijamente—. No me puedes comparar con él, ya que yo provengo del candente desierto de Suna.

Sonreí al final, y me saqué el preservativo.

—No hablemos de personas que no están presente, y que no pueden defenderse —me respondió con seriedad, aunque yo no se la creí.

—¿Y tú como su ex novia ni siquiera lo vas a defender? ¿Entonces no sólo era un cubo de hielo por fuera? —continué fastidiándola.

—Kankuro, yo no sé cuál es tu afán de molestarme siempre con él, si mi noviazgo con él acabó hace casi un año.

—Porque desde siempre yo fui tu pañuelo de lágrimas querida.

—Jajajajaja, eso no te da derecho a nada, cariño —su semblante serio cambió a uno más divertido.

—Bueno siempre estaré agradecido del Hyuga por el quiebre que tuvieron hace más de dos años, ya que por esa razón, Temari te invitó a pasar el Año Nuevo en Suna.

Ella sonrió, y giró su cuerpo en dirección a la cocina.

—Ahí fue cuando cambié la percepción que tenía sobre ti, ya que para mí, tú siempre habías sido un payaso mujeriego —giró su rostro hacia atrás y me miró burlesca—, pero desde ese momento te convertiste en el payaso mujeriego que me empecé a comer.

—Te faltó simpático y encantador —acoté con sorna, acercándome a ella.

Ella volteó el rostro hacia el frente y comenzó a avanzar.

—Jajajaja, idiota.

—No puedes negar que ese Año Nuevo lo pasaste bien —espeté caminando detrás de ella.

Ingresamos a la cocina. Me acerqué al basurero y boté el condón.

—Estuve ebria los tres días que estuve allí —abrió el refrigerador, y sacó un par de cervezas.

Me pasó una.

—Eso es un detalle, yo esa semana nunca estuve sobrio —abrí la cerveza, y le di un gran sorbo.

—Tú estabas con vacaciones —respondió al cerrar el refrigerador, y giró hacia mí abriendo su cerveza —. Temari, cada vez que puede, me pregunta que pasó exactamente entre nosotros después de la cena de Año Nuevo.

Tomó un trago de la amarga bebida.

—Fuimos a bailar a un antro, o una discoteque como le dices tú, ¿cuál es el problema? —sonreí burlesco sabiendo muy bien a lo que se refería.

Bufó ante mi comentario.

—Eres un idiota, Kankuro, pero me agradas que seas así, haces que mis días sean más divertidos.

—Y tu noches, cariño, no olvides tus noches —sonreí con suficiencia, dándole enseguida, unos tragos a mi cerveza.

Negó con el rostro y me sonrió.

—Vamos al sentarnos al sillón —señaló relajada, caminando hacia la sala —. Mañana no me quedará otra que reconocerle a Temari, lo que siempre quiso escuchar.

—Yo nunca le he dicho nada a mi hermana, he cumplido con nuestro pacto de silencio hasta el final —acoté caminando detrás de ella.

—Creo que llegó el momento de confirmar sus sospechas, lo triste es que tendré que reconocer todas las demás —se sentó en el sillón, volviendo a beber de su cerveza.

—Jajajaja, dile que solamente fue esa vez —le respondí divertido, y luego me senté a su lado.

—No me creerá, sobre todo porque hoy dormirás acá —espetó dejando la lata cerveza en la mesita de centro, para luego dejar caer su espalda en el respaldar.

—¿Me estás invitando a quedarme? —inquirí con falsa curiosidad, mirándola lascivamente.

—Obvio, si tu hermana me pidió un favor tengo que hacerlo completo —acotó de forma seductora, inclinándose sobre mi torso.

—Eres muy sacrificada, Tenten, de seguro ya tienes ganado un lugar en el cielo —estiré mi brazo, como pude, para dejar mi lata de cerveza en la mesa de centro, y enseguida la atraje hacia mí, quedando su cuerpo sobre el mío —, pero antes de volver a hacer cochinadas, quiero hacerte una pregunta.

Ella me miró divertida, seguramente pensaba que le iba hacer una pregunta pecaminosa.

—¿Qué me puedes decir de Ino? —su semblante cambio drásticamente del cielo a la tierra.

Frunció el entrecejo.

—¡No me digas que ahora te gusta esa flacuchenta! —respondió algo molesta, separando su cuerpo del mío.

Yo quedé semi extendido sobre el sillón.

—Acaso estás celosa, cariño —acoté sardónicamente, pero enseguida, me puse serio —. No me malinterpretes, Tenten, sólo te consulto por ella debido a la relación que mi hermana mantiene con Nara.

Ella volvió a sentarse, y me miró con detenimiento.

—Explícate —espetó con curiosidad.

—Iré directo al grano, creo que uno de los colaboradores de Yamanaka es su amante.

La seguridad de mis palabras debió haber llamado su atención, ya que su semblante se tornó serio.

—¿Por qué estás tan seguro de eso?

—Porque Yamanaka se queda hasta el final de cada evento que organiza, ¿no se te hace raro que la dueña de la productora se quede hasta el final?

—Bueno, Ino siempre se ha destacado por organizar eventos preocupándose hasta el último detalle, no me extraña que se quede hasta el final.

—¿Descuidando al novio?, perdón Tenten, pero eso no es el estilo de Yamanaka.

—Bueno, al comienzo de su noviazgo, Ino siempre andaba pendiente de cada pisada que daba Shikamaru, pero después que comenzó con su empresa, bajó un poco las revoluciones. Al principio, él la acompañaba en su trabajo, sin embargo, al tiempo, Shikamaru se aburrió de acompañarla, por lo que acordaron que ella se quedaría en los eventos hasta cierta hora, y él después la pasaría a buscar. Aunque ese acuerdo duró sólo un tiempo, ya que…

Tenten quedó pasmada por unos segundos.

—¡Ya qué! —alcé la voz, sacándola de sus cavilaciones.

—Ya que de la noche a mañana, Ino decidió que como dueña de la productora era su deber quedarse hasta el final de cada evento —me miró sorprendida, y luego prosiguió —. Desde ese momento, ella bajó notablemente la presión sobre Shikamaru, y eso ocurrió dos semanas antes de mi cumpleaños, es decir, justo cuando volvió Temari a Konoha.

—¿Ves que no tengo un pelo de tonto? —la miré con suficiencia, sonriendo al final.

—Sinceramente, me has sorprendido —espetó impresionada—, pero… ¿cuál es tu plan?, mostrarle a Shikamaru que Ino lo engaña, para que después pueda andar libremente con Temari.

Al terminar su frase, me miró expectante.

—¡Bingo! —acoté divertido—, ya que es una estupidez que esos dos anden escondidos.

—Me gusta la idea, Kankuro, puedes contar conmigo —señaló con convicción. Enseguida, cambio su semblante a uno más lascivo, y se inclinó sensualmente sobre mi torso —. ¿Con cuántos días cuentas para lograr tu propósito?

Me miro pecaminosamente.

—Vine a Konoha por cuatro semanas —acoté de forma seductora.

—Un mes —sonrió de forma libidinosa.

—Eres muy rápida, Tenten, exactamente 31 días.

—Temari se va querer morir —me miró con complicidad.

—Le dije a Temari que me quedaría tres semanas —le respondí comenzando a sobajearle descaradamente los glúteos.

—Bueno, no hay mucha diferencia entre tres y cuatro —susurró con sensualidad, comenzando a frotar su vulva contra mi hombría.

—Le dije al parecido a mi hermana, y ella se molestó —musité en un tono ronco, mordiéndole el labio inferior.

—En su situación, yo también me hubiese molestado —acotó, devolviéndome el mordisco —; pero cambiando de tema, ¿cuál será mi premio por haber acertado a tu plan?

Deslicé mi mano derecha por la cara interna de uno de sus muslos, hasta alcanzar su femineidad.

Al instante, dio un respingo.

—¿Tú que crees, pequeña desvergonzada?

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POV Temari

La claridad del día había invadido mi habitación, lentamente comencé abrir los ojos. Tenía algo de flojera, ya que con Shikamaru habíamos estado hasta altas horas de la noche buscando el mejor lugar para hacer el amor. Pese a que probamos varios, no llegamos a consenso, ya que todos tenían su encanto.

Quise girar mi cuerpo para posar mi espalda sobre el colchón, pero no pude, ya que Shikamaru me tenía abrazada por la cintura. Mi espalda estaba apegada a su torso, y una de sus piernas estaba sobre las mías.

Definitivamente, no podía moverme sin despertarlo.

Pasé mis manos por mi rostro, y luego me desperecé. Traté de correr mi cuerpo lentamente para no despertarlo, pero mis esfuerzos fueron en vano, ya que Shikamaru, al sentir que me había separado de él, volvió atraerme por la cintura para apegarme a su pecho.

—Ya debe ser cerca del mediodía, déjame levantarme —hice un esfuerzo por alejarme de él, pero éste volvió a jalarme por la cintura.

—Sigamos durmiendo, mujer —musitó con pereza, apegándome otra vez a su cuerpo.

—Ya dormí suficiente, Shikamaru —espeté tratando de convencerlo—. Tú sabes que no puedo seguir durmiendo después del mediodía.

—No duermas, mujer, simplemente quédate a mi lado —susurró cansinamente cerca de mi nuca, para luego posar su boca sobre mi cuello. Lo besó con suavidad, y lentamente soltó mi cintura.

No me quise levantar, ya que si él me lo pedía de esa forma, era obvio que tampoco seguiría durmiendo.

Sonreí sutilmente.

Deslizó la mano que me tenía, hace un rato atrás, aprisionada, desde mi cadera hasta mi muslo izquierdo. Acarició mi piel con sutileza, mientras sus labios ascendieron por mi cuello hasta succionar el lóbulo de mi oreja.

Me estremecí.

Él conocía muy bien todos mis zonas erógenas, y eso me fascinaba. Moví mi trasero con el fin ubicarlo sobre su miembro, el cual para mi sorpresa, ya estaba erecto.

Me mordí el labio inferior.

Guió su mano hacia la parte posterior mi muslo, y la introdujo entremedio de mis piernas, buscando con sus dedos mi intimidad. Di un respingo cuando las yemas de sus dedos comenzaron a frotar mi clítoris, e instintivamente, empecé a seguir el ritmo su sobajeo.

Me excitó.

Llevaba unos cuantos segundos disfrutando de esa exquisita atención, cuando de pronto deslizó sus dedos hasta mi cavidad. Dos de éstos, rápidamente, los introdujo en mi ardiente hendidura, la cual con el anterior sobajeo, ya estaba más que húmeda. Comenzó a hurgar.

Jadeé.

Siguió moviendo sus dedos repetidas veces, de lado a lado, en forma de gancho y de forma circular, haciendo que me fuese imposible quedarme callada.

Gemí.

Sus movimientos se hicieron más fuertes, y yo rápidamente me tensé. El éxtasis comenzó a embargarme por completo, hasta que de un momento a otro, colapsé.

Me estremecí.

Gemí al instante, y enseguida, me corrí. Había alcanzado un orgasmo exquisito, no pude evitar sonreír.

Mientras regulaba mi respiración, él sacó los dedos de mi interior, untados con mi esencia, y los trasladó hasta mi ano.

Enarqué una ceja.

—Eso no será suficiente para lubricarlo —acoté conociendo muy bien sus perversas intenciones—. No resultará.

—No seas problemática, mujer —insistió, llevando nuevamente sus dedos a mi cavidad, para luego volver al otro orificio, —intentémoslo una vez.

—Que no resultará —volví a repetir. Él sabía lo que tenía que hacer, pero no sé por qué en momentos como éste, pensaba con la otra cabeza.

Rápidamente, me escabullí hasta la orilla de la cama.

Chasqueó la lengua.

—Problemática, ¿por qué te gusta hacer todo a tu manera? —espetó con un deje de molestia.

Inmediatamente, contraataqué.

—Porque es a mí a quien le meterás algo que normalmente no se mete por ahí —repliqué con convicción, mirándolo fijamente.

Dulcificó la mirada, y sonrió de lado.

—Tú ganas, problemática.

En un santiamén, se acercó a la mesita de noche, y abrió el cajón.

—Sabor frutilla —me miró divertido —, te gusta sorprenderme, mujer.

Solté una carcajada, y giré mi cuerpo al centro de la cama, volviendo a mi posición inicial: acostada de lado, dándole la espalda. Sin embargo, él no se movió con la prontitud que yo esperé. Seguramente era porque me miraba como idiota.

—¡Qué esperas para comenzar, Shikamaru! —alcé la voz para despabilarlo.

—Tsk, te gusta fastidiarme, mujer —susurró con malicia, comenzando a echarme gel lubricante en mi pequeño orificio. Masajeó la entrada de éste con dos de sus dedos, y lentamente, insertó éstos con delicadeza —, pero pronto vendrá mi dulce venganza.

Luego de unos segundos, sacó los dedos de mi interior, y se acostó a mi lado. Sentí que tiró el envase del lubricante al piso, lo más seguro era que, en este momento, se estaba echando gel en su erección. Puso una de sus manos en mi nalga izquierda, la cual alzó un poco para abrir el pequeño orificio.

—Prepárate mujer, porque se viene lo mejor —musitó con lascivia, presionando su hinchado glande en la entrada de mi pequeña abertura. Ésta lentamente comenzó a ceder, y poco a poco, la erección comenzó a entrar.

Sentí como paulatinamente su duro miembro ingresó por mi estrecho canal. A medida que se iba abriendo paso, un leve ardor apareció en mi interior, era una sensación excitante que me instaba a querer sentir más, que me calentaba una enormidad.

—Aaayy —gemí extasiada, y contraje el rostro.

Shikamaru sacó su erección de mi dilatado orificio, para luego volver adentrarse en éste con más fuerza, logrando hundirse por completo en él, lo que me provocó nuevamente un ligero ardor, que se mezcló con el placer de sentir toda su hombría en mi interior.

—Aaayy —gemí con frenesí, y apreté fuerte los dientes.

Sus movimientos no se hicieron esperar. Comenzó a ingresar y salir de mi interior a un ritmo acompasado; una sensación tan exquisita, pero diferente, lo que rápidamente hizo que me extasiara sobremanera.

—Aaayy, Kami —jadeé, y cerré fuerte los ojos.

La postura era favorable para ambos, por lo que Shikamaru, con prontitud, aceleró la velocidad de sus estocadas.

—Aaayy, qué rico, mujer —acotó extasiado con la respiración irregular —, si entra tan apretadito.

Yo no me quedé atrás, e instintivamente, comencé a seguir el ritmo de sus embestidas. El placer iba en aumento, tal como nuestros gemidos y nuestros jadeos. Separé mi espalda de su torso y eché mi tronco hacia adelante, con el fin de incrementar la velocidad, y lo logré. La sensación eléctrica que comenzó a recorrer mi espalda era indescriptible.

—Aaayy, mujer caliente… si sigues así…. pronto me voy a correr —habló entre jadeos, tomando firme de la cadera.

No hice caso a lo que él me decía, y seguí acelerando el ritmo. Shikamaru por su parte, hizo lo mismo, ya que yo, como la mujer problemática que soy, pasé por alto sus indicaciones.

—Aaayy, Shika.

—Aaayy, mujer.

Con frenéticos movimientos por parte ambos, rápidamente llegamos al tan ansiado clímax. Mi cuerpo se tensó exquisitamente, al sentir esa electricidad ascender por toda mi columna vertebral. Me estremecí.

Jadeé exhausta.

Aferrada a la sábana que cubría el colchón, percibí cuando mi hombre acabó. Sus quejidos y jadeos lo delataron, seguramente había vertido su simiente en mi interior.

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Luego de varios segundos recuperando energías, deslicé mi cuerpo hasta donde estaba Shikamaru. Él ni siquiera se había movido, y eso que la posición que habíamos practicado no es tan desgastadora. Se supone que cucharita es bastante inofensiva.

—Eres un vago de primera, no es ni mediodía, y tú ya estás mal —espeté colocando mi cabeza sobre su torso.

—Es tu culpa, «asesina» —acotó cansinamente, acariciándome el cabello—, seguirte el ritmo, a veces, es terrible, sobre todo si lo hacemos por el otro lado. Es un desgaste mentalmente, más que físico. Sinceramente, no creo que me entiendas, ya que eres mujer.

—Jajajaja, los hombres tienen una mente muy retorcida —alcé el rostro para reírme en su cara.

—No te rías, mujer —susurró con su típica pereza, y me besó la frente.

—Mejor levantemos para ir a tomar desayuno —acoté, sentándome en la cama.

—¿Qué hora es? —me preguntó; y yo rápidamente estiré mi brazo para tomar el celular que estaba sobre la mesita de noche.

—Faltan quince minutos para el mediodía —le respondí girando el rostro hacia él.

Su semblante cambio a uno pensativo. Frunció el entrecejo.

—¿Qué pasa? —inquirí curiosa, aunque el fondo sabía lo que me iba a responder. Seguramente tenía algún compromiso con Ino o con su familia.

Se sentó en la cama, y se deslizó a la orilla.

—Debo ir a un almuerzo donde los tíos de Ino —espetó con fastidio, llevándose por inercia su mano derecha a la nuca—. Celebran un cumpleaños, no sé de quién. Tengo que pasar por ella en una hora y media más.

—¿Entonces no desayunaras? —el tono de mi voz cambió a uno más serio, fue algo que no pude evitar.

—Sólo me tomaré un café —me respondió, regalándome una sonrisa ladeada al final—. Ahora me iré a bañar.

—Está bien, te espero en el comedor —le respondí lo más amena que pude, sin embargo, por dentro me sentía cínica.

Se puso de pie, y fue directo al baño. Cerró la puerta.

Me quedé pensativa. Esa era la parte triste de ser la otra, que cuando uno quieres compañía, ellos te dejan sola.

Sacudí mi cabeza tratando de sacar esas absurdas ideas de mi mente, e inmediatamente me puse de pie. Saqué una bata del armario, me la puse, y me fui directo a la cocina.

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Habían pasado casi cuarenta minutos desde que Shikamaru se había ido, y yo no sabía qué hacer. Había lavado la loza, limpiado la cocina, la sala, el comedor, sólo me faltaba ordenar los dormitorios y limpiar los baños, lo que significaba que en menos de media hora más ya estaría desocupada.

Me senté en el sillón.

—Y ni siquiera está Kankuro para que me alegre el día —espeté en un tono aburrido, pero a los segundos, sonreí—. Imposible, si anoche prácticamente lo eché del apartamento.

Tomé mi celular que estaba sonbre la mesita de centro, y miré si había algún mensaje de Tenten.

—Nada —acoté con un deje de fastidio, y apoyé mi espalda en el respaldar del sillón.

A los pocos segundos, reaccioné.

—¿Y con quién voy a almorzar? —exclamé preocupada—. Mi hermano seguramente se adueñará de mi amiga, eso no lo puedo permitir.

Llamé a Tenten, sin embargo, no me respondió.

No me quedó otra que llamar a Kankuro, enseguida, éste me contestó.

—Hermanita, ¿y eso que me llamas?, pensé que me querías lejos de tu vida.

—Hola Kankuro, quería saber si vas a venir a almorzar —espeté humildemente, esperando un respuesta favorable.

—No, porque voy almorzar con Tenten. Acabamos de llegar del supermercado, voy a mostrarle mis habilidades culinarias. Temari, saluda a Tenten, tengo el celular en alta voz.

No alcancé a hablar, ya que mi amiga habló primero.

—Temari, tu hermano dice que sabe cocinar. Fuimos de compras, y yo le cedí la cocina. Dice que si se hubiese presentado en Master Chef, de seguro, hubiese ganado.

Me reí con su comentario.

—Tenten, tú sabes que mi hermano es un fanfarrón —acoté con sorna.

—Hermanita no te rías, tú sabes muy bien que yo cocino mucho mejor que tú —se defendió, Kankuro, rápidamente.

—En eso tienes razón —espeté divertida. —Tenten, no puedo negar que mi hermano se defiende bastante bien en la cocina.

—Me alegra saberlo, amiga, ya que no quiero enfermarme del estómago —acotó en un tono divertido, Tenten—. Temari, ¿te gustaría venir a almorzar con nosotros?

Esas palabras eran las que quería oír, ya que no quería almorzar sola.

—Bueno —le respondí enseguida, pero luego, me entró la duda —, ¿segura que no molesto?

—Hermanita, donde comen dos, comen tres, pero no olvides traer un buen vino —acotó, Kankuro, alegremente.

—¿Tú no puedes estar sin beber un rato? —chilló molesta, Tenten —Ni salíamos del supermercado, y ya te estabas tomando una cerveza.

—Pues no, soy un bebedor empedernido —fue la respuesta de mi hermano a mi amiga —. Temari, te esperamos, no olvides traer un buen vino blanco. Nos vemos.

—Nos vemos —le respondí, y corté la llamada.

En un santiamén, me puse de pie, y me fui directo al baño. Tenía que bañarme y arreglarme para ir almorzar con mi amiga y mi hermano. Al regreso terminaría con el resto de los quehaceres.

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CONTINUARÁ…

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Gracias por leer, espero que les haya gustado el capítulo :D

Cualquier cosa que quieran decirme, pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos. Recuerden que los reviews siempre motivan al escritor (Yo los amo).

Este capítulo tiene casi 5.500 palabras, espero compensar con esto el tiempo de espera. Tenía pensado subir este capítulo la última semana de Abril, pero por motivos de fuerza mayor, no pude hacerlo. Gracias por su comprensión.

Disculpen las posibles faltas de ortografías, apenas tenga tiempo las corregiré.

Que tengan un buen domingo, y una mejor semana. Saludos, los quiero.