Día 6-Vinneta escrita en menos de 5 minutos
Harry se levantó temprano en la mañana, ese día tenía una conferencia muy importante fuera de la ciudad, así que se esmeró todo el día anterior en dejar preparado hasta el más pequeño detalle para no tener inconvenientes luego. Bajo a tomarse su taza de café habitual y a preparar el desayuno para su esposo y su querido hijo, Nathan.
Cuando dieron las siete, Tom y Nathan bajaron coordinados ya listos para irse, uno al trabajo y el otro al colegio.
-Tom, hoy Nathan asistirá a su entrenamiento de básquet y como yo no podré, tú tienes que pasarlo a recoger.
-¿A qué hora estarás de vuelta?
-Más o menos como a las ocho de la noche, si puedo antes.
-Está bien. Nathan me envías un mensaje cuando salgas de tus prácticas.
-No hay problema.
Y así se coordinaron para cada quien irse por su lado y atender sus correspondientes labores. Como se decía anteriormente, Harry asistiría a una conferencia sobre temas bio-degradables. Él era profesor de ciencias biológicas en la universidad y lideraría la reunión como invitado especial.
Tom, por otro lado, era dueño de una empresa de telecomunicaciones y pasaría todo el día encerrado entre reuniones, hasta que fuera la hora de salida.
Nathan, el hijo adoptivo de los dos, tenía catorce años y estaba en la secundaria. Después de sus clases asistiría a las prácticas de básquet porque el campeonato nacional se acercaba y aunque no era muy bueno, se esforzaba por mejorar.
Ese era un día normal, como cualquier otro en la familia Riddle-Potter.
…
Cuando Harry regreso a su casa, demasiado cansado pero satisfecho, lo primero que hizo fue a buscar a su marido, que sabía lo encontraría metido en su estudio leyendo algún libro relajándose, olvidando a todos los incompetentes que tenía por empleados.
Y así fue como lo encontró, Tom ni siquiera se había dado cuenta de que había llegado de tan absorto que estaba en la lectura. Se decidió por sorprenderlo. Colocándose detrás de él, puso sus manos sobre los hombros y comenzó a masajearlos sugerentemente, acercándose poco a poco hasta que sus labios estuvieron alineados con su mejilla.
-Hola, amor –hablo la demasiado sedosa voz de Harry -¿Me extrañaste? –Tom solo gimió al sentir los labios de su querido esposo sobre su cuello.
-No tienes idea. –Girándose hacia Harry lo tomo de los hombros y lo jalo hacia él, para finalmente sentarlo sobre su regazo y besarlo.
Esa si es una bienvenida, se dijo Harry mentalmente. Así siguieron un buen rato, besándose y acariciando, pero sin llegar a más, solo necesitaban ese pequeño momento, juntos, olvidándose de todo, el trabajo se dejaba afuera, y la paternidad volvería una vez se sirviera la cena.
En la mente de Harry algo hizo clic al recordar lo de paternidad, se preguntó por qué tanto silencio a esa hora, si era cuando Nathan más se entretenía poniendo su música a todo volumen, a Tom no le importaba mucho (en secreto compartía los gusto de su hijo, solo que no le gustaba decirlo, algo sobre que los adultos no escuchan música de jóvenes, había escuchado decirle una vez), así que se preguntó qué estaría haciendo Nathan, y le hizo saber su intriga a su esposo.
-Amor ¿Dónde está Nathan?
-¿Quién? –Tom seguía medio baboso por los besos que ni siquiera escucho bien la pregunta de su esposo.
-¿Tu hijo? ¿Dónde está? Quiero saludarlo. –Harry le sonrió, pareciéndole gracioso como su esposo perdía la razón con unos cuantos besos.
-¿No lo fuiste a recoger tú? –preguntó desconcertado. Harry, sin embargo lo vio con un tic en el ojo.
-Tom… -alargo un poco más las palabras, lo que puso en alerta al hombre frente a él. –De casualidad ¿Escuchaste algo de lo que dije esta mañana?
Tom sudó frio, esa mañana estaba tan desvelado por quedarse la noche entera trabajando y fastidiado con las reuniones a las que debía asistir después, que prácticamente se movía en automático. A penas y si había tomado su desayuno. ¿Qué le había dicho Harry?
Vio como Harry saltaba de sus piernas y poniéndose de pie salía corriendo. En serio ¿Qué le había dicho?
Sintió entonces su bolsillo vibrar y al revisarlo se quedó espantado, ahora si recordaba. Mierda, estaba en problemas. Tenía unas cincuenta llamadas perdidas y como veinte mensajes de su hijo. Se fijó en la hora que era: las 9:40 pm. ¡Mierda! Fijo Harry le haría la ley del hielo todo el mes, y no quería pensar en el sermón que le esperaba. Harry daba miedo cuando se enojaba. Y la venganza, esa era la peor parte. Definitivamente, estaba muerto.
-….-….-…-
Mientras tanto, en el instituto…
-Es la última vez que le digo a padre que me venga a traer. A la próxima, me voy caminando.
Refunfuñando fue como lo encontró Harry, quien le ofreció una disculpa y lo invito a comer en McDonald. Se pusieron al tanto el uno al otro sobre los hechos relevantes de su día, ignorando a Tom, quien no dejaba de dar vueltas en su estudio como león enjaulado.
-¿Y padre? –pregunto al fin Nathan.
-Mortificándose en casa, posiblemente pensando en lo que le hare por haberse olvidado de ti.
-¿Y en verdad piensas hacerle algo?
-En realidad, no. Es más divertido viéndolo pasar alerta todo el mes, esperando el posible ataque. –Harry sonrió como el gato de Alicia, y su hijo solo pudo sentir como un escalofrió recorría su espalda. Definitivamente, el mundo al ver a sus dos padres, pensaban ingenuamente que su padre Tom era un ser de hielo sin corazón y su papá Harry era hojuelas con miel, sin embargo ahora, como tantas otras veces, el solo confirmaba que el demonio vestido con alas no era otro que su querido papá Harry. Esperaba nunca hacerlo enojar. Harry mientras tanto seguía comiendo papitas embadurnadas con helado, una extraña costumbre, pero le daba igual.
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XD Lo escribí como en diez minutos, sin fijarme en puntos, comas o acentos. Hasta después le hice las correcciones. De verdad, esto me hizo mucha gracia y quería poner algo de vida familiar. En este fic no magia, solo son personas normales, o lo más normal que se pueda ser.
Espero que les haya gustado. Nos leeremos pronto. Hasta la próxima.
