Hola! Aquí de nuevo con un capi nuevo! Gracias a todos los que han leído, espero que sigan disfrutando de la historia y que pronto más gente se anime a dejar comentarios; es muy inspirador saber que hay gente que gusta de este Fic.
Estuve pensando acerca de la habilidad que me falta por hacer patente en la historia. Agradezco a NimCastleGrey por dar un voto entre lo del canto y los duelos, a favor de este último. Ya en el próximo capi que suba debo tener decidido aquello. Si hay alguien que aún quisiera opinar al respecto, o solo manifestar su preferencia por alguna de las dos habilidades, bienvenid sea.
Gracias a Fasp por su review, me alegra mucho que te guste como va el Fic.
Ya saben, disfruten de leer y si pueden/quieren, dejen un comentario para ver que sigo haciéndolo bien :)
Saludos!
Capítulo 6.
A la mañana siguiente, la cicatriz de la mano de Harry se hallaba abierta y sangrando nuevamente. Pero no se quejó ni una sola vez mientras escribía, la noche anterior, una y otra vez la frase "no debo decir mentiras". Pero ciertamente lo peor había sido la reacción de Angelina, cuando lo abordó durante el desayuno de aquella mañana. Le había gritado con tanta fuerza que la profesora McGonagall se había acercado y le había quitado cinco puntos a Gryffindor por el estruendo, y tras enterarse de que Harry estaba nuevamente en detención con Umbridge, incluso después de las advertencias que le había hecho la profesora White durante la detención que había tenido con ella (Harry supuso que la misma profesora White le había dicho a su Jefa de Casa), descontó a Gryffindor cinco puntos más, argumentando que ya que las detenciones no parecían tener efecto para que él controlara su temperamento, aquello tendría que servir.
Aquel día Umbridge inspeccionó la clase de Transformaciones, y Harry perdió todo sentimiento de enojo contra la profesora McGonagall al ver como se enfrentaba directamente a la Gran Inquisidora, sin permitir que ella interrumpiera su clase con sus preguntas de inspección. Más tarde, durante su clase de Cuidad de Criaturas Mágicas, Umbridge inspeccionó a la profesora Grubbly-Plank, y para desasosiego de Harry, la evaluó muy bien, aparentemente. Incluso aprovechó la oportunidad para intentar obtener información sobre el paradero de Hagrid, cosa que no pudo conseguir. Al final de la inspección, como queriendo evaluar negativamente de antemano al profesor semi-gigante, le preguntó a los Slytherin sobre el incidente con el Hipógrifo ocurrido en Tercer año. Naturalmente, Malfoy respondió y relató lo sucedido con gusto. Y Harry, queriendo defender a su amigo profesor, intervino. Se ganó otra tarde de detención por haber insultado a Malfoy frente a Umbridge.
Eran veinte minutos para las cinco de la tarde cuando Harry abandonó el Gran Comedor, luego de haber ido a comer algo antes de su detención, que se encontró con la profesora White esperándolo en el camino.
- Buenas tardes, señor Potter. – saludó la profesora.
- Buenas tardes, profesora. – dijo Harry, y se sintió avergonzado de pronto, incapaz de mirarla a la cara luego de no haber sido capaz de controlarse cuando ella se lo había pedido tan amablemente.
- Quisiera hablar un momento con usted, por favor. – le pidió la profesora, en tono neutral. Harry asintió, cabizbajo. – Venga conmigo.
Y Harry la siguió, casi arrastrando los pies, en silencio durante los primeros minutos, hasta que llegaron a la puerta de su salón de clases. La profesora le abrió la puerta y lo invitó a pasar, y luego entró detrás de él.
- Quisiera hablarle acerca de mi inspección. – le dijo la profesora, una vez hubo cerrado la puerta.
- Lo siento, profesora. – se disculpó Harry, levantando la cabeza. La joven mujer lo miró con curiosidad.
- No entiendo.
- Perdí los estribos nuevamente y eso afectará su inspección. – explicó Harry. – No pude controlarme. ¿No habrá recibido sus resultados ya, cierto?
La profesora le sonrió con simpatía.
- Señor Potter, ambos sabemos que el resultado de mi inspección será malo. No creo que mejorara ni aunque usted se hubiera arrodillado frente a la Inquisidora y declarado que todo lo que ha dicho es falso y solo una manera de llamar la atención. – negó la profesora White. – Le pedí que intentara controlarse para que no volvieran a castigarlo, nada más.
Harry se sintió mejor al saber que no estaba enojada con él.
- Lo traje aquí para hablar, como ya le adelanté, sobre mi inspección. Y como adelanté también, debemos suponer que debe haberme ido horrible. – se encogió de hombros la mujer, como si no le importara. – No sé qué irá a significar aquello, pero lo más probable es que, tras algún período de prueba, si no cumplo con las expectativas de la Inquisidora, me despidan.
Harry asintió, aunque la idea no le gustó nada.
- Sería muy injusto, profesora. Usted es de las mejores maestras que hemos tenido.
- Me halaga, señor Potter. Pero como seguramente ya entiende, eso a Madame Umbridge y al Ministro no les agrada mucho.
Harry notó que la profesora se había sonrojado ligeramente.
- El tema que me preocupa es lo que pasará con ustedes, los estudiantes, una vez y si es que me despiden. – la profesora se apoyó contra un pupitre. – El profesor Dumbledore tiene la idea fija de que, una vez que Umbridge logre sacarme del puesto, será ella misma la que lo ocupe. Y ya sabemos cómo irá aquello.
- Seguir ese estúpido libro.
La profesora asintió.
- Exactamente. Pero, señor Potter, hay algo que ella, incluso aunque se niegue a enseñarles bien en clases, no puede evitar completamente.
Harry alzó una ceja.
- ¿Qué cosa?
La profesora sonrió.
- Que ustedes aprendan por su cuenta. – declaró la joven. – Los magos y brujas, antes de que existieran colegios de magia, aprendían mayormente practicando ellos mismos. Pienso que esas prácticas podrían utilizarse nuevamente, en caso de extrema necesidad.
- Pero aun así sería necesario alguien que nos guiara, no podríamos aprender todo nosotros mismos, especialmente los más chicos.
La profesora asintió.
- Cierto. ¿Pero no se le ocurre nadie que pueda hacer de maestro?
Harry pensó en muchos nombres, cada uno tan imposible como el anterior. La joven profesora se quedó mirándolo y sonrió otra vez.
- Dejaré que piense en ello. – le dijo, caminando hacia la puerta y abriéndola. – Consúltelo con el señor Weasley y la señorita Granger, quizás puedan ayudarlo. Pero será mejor que se apresuren, no creo que mi tiempo aquí en el castillo llegue a ser mucho más largo.
Lo dejó salir y salió detrás de él.
- Nos vemos en clase, señor Potter. – se despidió ella, y se encaminó hacia el Gran Comedor.
Harry fue directamente hacia el despacho de Umbridge.
Casi a medianoche Harry abandonó la oficina de la Inquisidora. Su mano sangraba severamente, manchando en totalidad la bufanda que había usado para envolverla. Esperaba que la Sala Común estuviera vacía cuando volviera, pero Ron y Hermione estaban esperándolo. Se alegró al verlos, especialmente cuando Hermione se mostró dispuesta a ser comprensiva en lugar de criticar.
- Aquí. – le dijo con ansiedad, empujando un pequeño tazón con un líquido amarillo hacia él. – sumerge tu mano en esto, es una solución de tentáculos de Murtlap, tensos y conservados en vinagre, debería ayudar.
Harry colocó su sangrante y dolorida mano en el tazón y experimentó una maravillosa sensación de alivio.
- Gracias. – murmuró con gratitud.
- Todavía considera que deberías quejarte sobre esto. – dijo Ron en voz baja.
- No. – negó Harry, rotundamente.
- McGonagall se volvería loca si supiera.
- Sí, probablemente lo haría. – dijo Harry. - ¿Y cuánto tiempo le tomaría a Umbridge crear otro decreto que diga que quien quiera que se queje frente al Gran Inquisidor será echado inmediatamente?
Ron iba a responder, pero no se le ocurrió nada que decir al respecto.
- Es una mujer horrible. Si sigue así no pasará mucho tiempo antes de que se haga con el control de Hogwarts. – declaró Hermione en voz baja. Harry recordó su conversación con la profesora White.
- Escuchen, la profesora White vino a conversar conmigo.
Y les contó lo que la joven profesora le había dicho, respecto a su posible pronto despido, a que teóricamente sería Umbridge quien tomaría las riendas de Defensa Contra las Artes Oscuras.
- Tendremos que hacer algo al respecto. – dijo Hermione.
- Sugiero veneno. – gruñó Ron.
- No, me refiero a lo terrible que sería como profesora. – dijo Hermione. – No aprenderíamos nada de Defensa Contra las Artes Oscuras. Tenemos que hacer algo…
- Bueno, ¿qué podemos hacer sobre eso? – preguntó Ron. – Es muy tarde, ¿verdad? Ella trabaja aquí, y Fudge se asegurará de que así siga.
- La profesora White opina lo mismo. – dijo Harry. – Que ambos. Umbridge va a quedarse, y nosotros no podemos permitir que eso impida que aprendamos a defendernos. Ella me dijo que Umbridge puede impedir que aprendamos en clases, pero que no puede evitar que aprendamos por nuestra cuenta.
Y les dijo lo que le había dicho acerca de practicar ellos solos, y que había alguien que podría hacer de maestro para ellos, aunque no le había dicho directamente quien.
- Vamos, - gruñó Ron. - ¿Quiere que tengamos trabajo extra? ¿Cuándo tú y yo apenas hemos podido con todo y estamos apenas en nuestra segunda semana?
- ¡Esto es mucho más importante que la tarea! – exclamó Hermione. Harry y Ron la miraron desconcertados.
- ¡No pensé que hubiera en el mundo nada más importante que la tarea! – ironizó Ron.
- No seas tonto. Por supuesto que lo hay. – dijo Hermione. – Se trata de estar preparados, de aprender a enfrentar lo que nos espera allá afuera. Si la profesora White es despedida, no podremos seguir aprendiendo de manos de Umbridge.
- No podremos hacer mucho por nuestra cuenta. – dijo Ron. – Claro, podríamos ir a la Biblioteca y buscar algunos maleficios e intentar practicarlos pero…
- No. Ya superamos la etapa en la que solo podemos aprender de los libros. – dijo Hermione. – La profesora White tiene razón, necesitaremos un maestro, uno apropiado que nos pueda mostrar cómo usar los hechizos y corregirnos si lo estamos haciendo incorrectamente.
- Si estás hablando de Lupin… - dijo Harry.
- No, no estoy hablando de Lupin. – lo interrumpió Hermione. – Está muy ocupado con la Orden, y en todo caso solo podríamos verlo en Hogsmeade y esa no es ni de cerca la frecuencia suficiente.
- ¿Quién entonces? – preguntó Harry, con el ceño fruncido. – Me pasé todo el castigo con Umbridge intentando pensar en quien podría haber sido la sugerencia de la profesora White y no se me ocurrió nadie.
- ¿No se te ocurre nadie? – preguntó Hermione, mirándolo. – Harry, es obvio que la profesora White estaba hablando de ti.
Hubo un momento de silencio. Una ráfaga de viento hizo vibrar los cristales de las ventanas.
- ¿Qué pasa conmigo?
- Estoy segura de que la profesora White estaba sugiriendo que tú nos enseñes. – dijo Hermione.
Harry clavó la vista en ella. Luego se giró hacia Ron, listo para intercambiar la exasperada mirada que compartían cuando Hermione elaboraba alguno de sus exagerados planes como el de los TIMOs. Sin embargo, Ron no lucía exasperado. Tenía el ceño fruncido, pensando. Luego comentó:
- Esa es una idea.
- ¿Qué es una idea? – preguntó Harry
- Tú. – dijo Ron. – Enseñándonos Defensa Contra las Artes Oscuras.
- Pero…
Harry ahora sonreía abiertamente, seguro de que sus amigos estaban tratando de tomarle el pelo.
- Pero yo no soy profesor, no puedo…
- Harry, eres el mejor de todos en Defensa Contra las Artes Oscuras. – declaró Hermione.
- ¿Yo? – preguntó Harry, sonriendo más ampliamente que nunca. – No, no. Tú me has vencido en cada prueba, Hermione.
- En realidad no. – dijo ella, serena. - ¡Me ganaste en tercer año! El único año en que hicimos la prueba y tuvimos a un profesor que sabía de verdad la materia. Pero no estoy hablando solo de los resultados de las pruebas, Harry, piensa en todo lo que has hecho.
Y siguieron insistiendo, recordando todo lo que había hecho desde su primer año. Salvar la Piedra Filosofal, mata a un Basilisco y destruir el Diario de Tom Riddle, repeler a un centenar de Dementores, ganar el Torneo de los Tres magos y luchar y escapar con vida de Lord Voldemort. Tanto así fue, inclinados cien por ciento a que Harry era el mejor para enseñarles, que el muchacho perdió la paciencia y se enfureció cuando no quisieron escucharle cuando les dijo que solo había tenido suerte, que había actuado sin pensar y que de milagro se había salvado. Sus amigos siguieron argumentando que el hecho de tener toda esa experiencia, de saber cómo era enfrentar a la muerte cara a cara, lo que lo hacía perfecto para enseñarles.
- Bien… piensa acerca de esto. – pidió Hermione quedamente. - ¿Por favor? Necesitamos estar listos para cuando la profesora White deba marcharse.
Harry asintió sin saber en realidad lo que estaba aceptando. Y luego los tres se fueron a la cama. Harry tuvo sueños plagados con corredores largos y oscuros y puertas cerradas, y despertó al día siguiente con la cicatriz incomodándole otra vez.
Habían pasado dos semanas desde que Claire White hablara con Harry Potter, para sugerirle muy de pasada que él tenía lo que se necesitaba para enseñarle a sus compañeros a defenderse cuando ella, irremediablemente, fuera despedida. Había recibido ya el resultado de su inspección, y como esperaba había sido mala.. Así que, desde el momento en que el aviso de la Gran Inquisidora, se encontraba en probatoria hasta nuevo aviso. Y claro, si no mostraba mejoría en su manera de enseñar, "tristemente" (así decía el aviso de Umbridge) el colegio se vería forzado a prescindir de sus servicios. Les había informado a algunos estudiantes, de quinto, acerca de aquello. A Claire le daba igual lo que Umbridge pensara de su manera de dar las clases, aunque estaba claro que si se empecinaba tanto como lo estaba haciendo en removerla del cargo, era porque estaba haciendo un trabajo demasiado bueno al enseñar a los muchachos a usar hechizos de defensa y ataque, como para el gusto del Ministerio. Sin embargo, lo que seguía preocupándole era lo que harían los estudiantes cuando se vieran obligados a seguir el programa de enseñanza de Umbridge. Y por eso, cada noche pasaba al menos dos horas escribiendo en un pergamino algunas instrucciones útiles que Harry Potter, si es que éste tomaba su consejo de aprender por su cuenta, pudiera usar para enseñarle a quienes quisieran aprender de él.
Aquel día, luego del desayuno, tenía clases con estudiantes de tercero, quienes rendirían su primera prueba aquella mañana. Era algo fácil, así que sería estricta al corregir. Mayormente se trataban de preguntas de alternativas, pero incluía un par de preguntas para las cuales debían desarrollar respuestas. Al igual que como hacía para tomar exámenes a estudiantes de pregrado y doctorado en la universidad, llegó antes de la hora de inicio al salón de clases para esperar a los chicos.
Poco a poco, un poco antes de que sonara la campana, el salón se llenó de estudiantes, así que cuando la hora de clases hubo oficialmente iniciado, la profesora llamó la atención de los alumnos.
- Buenos días, chicos. – saludó, sonriente. – Hoy tendremos nuestra primera prueba del año, espero que todos hayan estudiado.
Hubo un asentimiento en general.
- Me alegro. – la profesora recorrió los pupitres, entregando un pergamino enrollado a cada uno de los estudiantes. – No desenrollen sus pergaminos hasta que todos tengan uno. La prueba, en general, es muy fácil si estudiaron, así que espero ver que todos aprueben. Tienen cuarentaicinco minutos para esta primera parte, si sorprendiera a alguien intentando copiar, retiraré su prueba y la calificaré con la nota mínima.
La profesora revisó que todos tuvieran una prueba.
- Pasada la parte teórica, irán uno por uno al salón anexo para la sección práctica. – se sentó sobre la mesa de su escritorio al frente de todos los pupitres para vigilar. – Pueden comenzar.
Los estudiantes desenrollaron sus pergaminos, cada uno con un frasco de tinta y algunas plumas sobre sus pupitres, y comenzaron a leer las preguntas. Para gusto de Claire, varios sonrieron al leer las primeras preguntas, seleccionando claramente la opción que ellos creían era la correcta. Dada su experiencia, solo un estudiante confiado en que sabía respondía tan rápido, y si tenía confianza era porque había estudiado.
Y así pasaron los cuarentaicinco minutos, sin ninguna circunstancia sospechosa ni ninguna palabra, de hecho. La minoría de los estudiantes había entregado ya cuando revisó su reloj y se dio cuenta de que el tiempo se había agotado.
- Eso es todo, chicos. – anunció. – Plumas a un lado y pasen sus pruebas hacia delante, por favor.
Los pergaminos fueron pasando de mano en mano, hasta que llegaron todos a las manos de la profesora.
- ¿Qué tal ha estado? – quiso saber, una vez hizo desaparecer los pergaminos.
Hubo de todo un poco, desde gente que la había encontrado muy fácil hasta otros que comentaron que deberían haber estudiado más.
- Muy bien, ahora a la parte práctica. – dijo. – ¿Algún voluntario que quiera pasar primero?
Hubo unos pocos que levantaron las manos, así que la profesora seleccionó a una chica de Ravenclaw, quien fue la primera en alzarla. La prueba práctica tendría lugar en privado, las mismas preguntas para cada uno de los estudiantes, y claro, una vez rendida la prueba debían quedarse dentro del salón anexo hasta que todos estuvieran listos.
Fueron otros cincuenta minutos de prueba, terminando justo a tiempo antes de que la campana sonara y les indicara que los módulos de clase habían finalizado.
- Listo, chicos. Es todo por hoy. – dijo la profesora. – En honor a su desempeño de hoy, no les dejaré deberes. Tendrán sus notas la próxima semana. Pueden retirarse.
Y tras unos minutos de ruido y conversación, la profesora quedó sola en el salón. No tendría más clases hasta después de la hora del almuerzo, lo que le dejaba bastante tiempo para finalizar con las correcciones de trabajos de los estudiantes de sexto. Aquello si era mucho más que básico, y eran menos estudiantes. Al llegar a Hogwarts se le había indicado que era ella quien podía elegir la calificación de corte para aquellos estudiantes que hubieron rendido el TIMO de Defensa Contra las Artes Oscuras el año anterior. Aquellos que a esas alturas de la educación les interesaba seguir aprendiendo a defenderse estaban interesados en conseguir un trabajo que estuviera directamente ligado a la materia, por lo que consideró adecuado aceptar en su curso de EXTASIS solo a aquello que hubieran obtenido una calificación de Supera las Expectativas o superior.
En general, el nivel de los estudiantes de EXTASIS estaba muy bien, de hecho se divertía leyendo sus ensayos. Su nivel de exigencia era muy alto a esas alturas del curso, y los estudiantes lo habían notado desde un comienzo, así que ninguno se dejaba estar y entregaba trabajos mediocres o incompletos; ella había dejado bien claro desde el inicio del curso que no esperaran puntos por lástima o algo parecido. Sus notas serían acorde a la calidad de sus trabajos.
Claire se estiró y subió a su despacho, donde se quitó la túnica negra y la colgó en su perchero. Por fin pudo desabotonar los primeros dos botones de su blusa, y subirse las mangas para mayor comodidad. Aquella noche corregiría unas tareas de los alumnos de segundo, también, y así estaría libre para aprovechar de Hogsmeade aquel fin de semana. La joven profesora trabajó, sin saber que en uno de los pasillos cercanos a su salón de clases, Umbridge abordaba a varios estudiantes que acababan de rendir prueba con ella, para preguntarles cómo había sido la evaluación.
