Actuación sin Libreto: Tsukio Hen
Acto siete
Expiación
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Kaori estaba saliendo con cuidado y bastante agotada de la furgoneta que la había traído hasta aquella zona rural en las cercanías de Kyoto. Satori, su amiga, la miraba con preocupación saliendo apresuradamente del vehículo. Había dejado a su bebé en casa de sus padres.
Kaori se veía bastante mal, muy cansada y ojerosa pero empeñada en llegar al final de todo eso.
Durante la noche habían recibido una llamada de Midori que dejó a Kaori bastante afectada. Por eso, se levantó a las cinco y media de la mañana y poniendo en riesgo su embarazo, viajó durante tres horas en tren y luego una más en el vehículo del padre de Ken que éste puso a disposición de las mujeres cuando Satori lo llamó y le pidió que le hiciera ese favor ya que Kaori no pudo hablar de la emoción. A pesar de que Satori había conducido con precaución, no pudo evitar que el furgón saltara un tanto cuando entraron y avanzaron por el camino empedrado al salir de la carretera.
Eran cerca de las once de la mañana cuando arribaron a la posada tradicional. Y apenas Satori empezó a frenar, Kaori abrió la puerta para salir.
Ahora caminaba decidida hacia la entrada del albergue. Tenía que ver a Ken con sus propios ojos. Su amiga la seguía.
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En el cuarto de Ken, Midori recién abría los ojos. Miró a su acompañante nocturno con extraña expresión en su oscura mirada. No se sentía bien haciendo eso, porquese sentía mala e intrigante pero era lo justo. Ojo por ojo…
Se estiró lentamente, sintiéndose vacía, con frío sobre la espalda y recordando que estaba desnuda. Realmente deseaba salir corriendo de allí, pero sabía que Kaori llegaría en cualquier momento, por lo que se obligó a permanecer en el cuarto, en la cama. Kaori tenía que verlos, tenía que identificarlos tal cual estaban, asi que Midori se acomodó cautelosamente en el lecho una vez más para no despertar a su acompañante antes de tiempo, desechando la momentánea idea de vestirse.
Tenía muchas ganas de llorar. No podía creer que después de todo Umeda la hubiese utilizado para su propio beneficio, ni que ahora ella se estuviera comportando así de vilmente, pero no le había quedado otro camino.
Ken la noche anterior había sido tan amable y comprensivo con ella, tan atento, tan dulce… por eso ella ahora hacía lo que hacía.
Por que ella estaba luchando por amor, ¿no?
Por mantener el amor.
Y ante eso, cualquier estrategia era válida.
Sintió unas voces y después unos pasos. Midori intuyó con ese sexto sentido femenino que era Kaori quien se acercaba. Se dio cuenta de que había resultado lo de llamarla.
Lo sentía mucho por Kaori en verdad, por tener que hacer tamaño viaje para sorprenderla a ella con… con su… Midori afinó el oído. Kaori ya estaba casi en la puerta. Midori apretó los ojos para que no se le salieran las lágrimas y colocándose sobre el hombre dormido, aplastando sus suaves senos contra el torso masculino, lo besó, logrando que él despertara y la abrazara medio dormido, ignorante de lo que sucedía.
Midori notó la sombra en la puerta y cerró los ojos nuevamente.
-¿Ken?-llamó suavemente Kaori cuando corrió la puerta. En recepción le había indicado cuál era el cuarto de su esposo y Satori la acompañaba.
La joven madre tardó un poco en acostumbrarse a la penumbra de la habitación, pero cuando lo hizo, quedó atónita con lo que estaba presenciando.
-¡Midori!
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Ken tenía un sueño agradable, en el que Kaori, extendida sobre él, le decía que todo estaba bien, que ella lo comprendía y que no volverían a reñir por causa de Umeda. El sueño era tan real que Ken sintió el cuerpo suave moverse sobre él. De pronto escuchó la voz de Kaori, con ese tono tan dulce que tenía para llamarlo, aunque la sintió un poco lejana. Despertó totalmente cuando escuchó que Kaori nombraba a Midori… Esa voz era real. Muy real.
¿Midori?... ¿Qué pasaba con Midori?
¿Y por qué estaba Kaori allí?
Ken abrió los ojos sorpresivamente. Tanto así, que Smokin Neko se asustó y desde el pecho de Ken saltó al otro lado de la habitación y el pelirrojo se incorporó rápidamente para ver a Kaori. Tenía que comprobar que era ella… su esposa… Kaori…
Corrió la puerta de su habitación y la descubrió frente a él, de espaldas, mirando en la que era su habitación… y que él le había cedido a Midori.
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Midori sentía el color y el ardor subir a sus mejillas, pero no podía detenerse. Cuando Kaori la nombró, Midori alzó el rostro.
Umeda la atrajo una vez más sobre él. Besaba de dioses la mujer de sus sueños. Si hasta hablaba como Kaori, pensó tomándola por la cintura, pero…
Un momento… ¿por qué Kaori nombraba a Midori?
¿Por qué Kaori se oía tan lejana? ¿No estaba sobre él, besándolo?
Abrió los ojos y deseó no haberlo hecho.
-Kaori… amiga… disculpa… estoo… -Empezó a disculparse Midori fingiendo una sonrisa satisfecha.- Anoche no nos dimos cuenta de lo que hacíamos… Ken está en la otra habitación…- Midori notó a Ken tras Kaori y se obligó a proseguir a pesar de la vergüenza.- Espero que arreglen sus diferencias, pero… si me disculpas, con Ume tenemos un asunto pendiente.-
Umeda miraba sorprendido a Kaori. Trató de tomar los brazos de Midori para quitársela de encima porque tenía que decirle a Kaori que todo eso era una farsa, que no estaba bien, que él solo la quería a ella y que no tenía ni maldita idea de qué era lo que planificaba Midori. Pero Kaori murmuró una disculpa y tan cohibida como Satori, corrieron la puerta nuevamente.
Midori observó la puerta cerrada durante unos momentos. Ya lo había hecho.
Esperaba que ahora que ella misma estaba vengada, el sacrificio valiera la pena y el amor de Ken y Kaori pudiera seguir adelante, sin terceros tratando de involucrarse.
-¡Pero qué demonios!- dijo Umeda en tono bajo, tomando a Midori de los brazos que la sostenían sobre él, haciéndola caer de espaldas esta vez bajo su enorme cuerpo. - ¡Explícame ahora qué significa esto!-
Midori se había pasado gran parte de la mañana ensayando mentalmente un parlamento que había planificado, previendo esa situación. Conteniendo nuevamente sus ganas de salir corriendo y perderse, esbozó una sonrisa y entrecerró lo ojos seductoramente. Enseguida se abrazó al cuello de Umeda.
-Oh, Umeda… ha sido maravilloso. Nunca pensé que usted pudiera ser tan gentil conmigo, tan caballero. Nunca pensé que me amara de esa forma. Me siento muy afortunada.-
Umeda no entendía ni cuerno. ¿Qué le había pasado a Midori?
Pero ella seguía hablando.
-Nadie nunca me había asaltado de esa manera en medio de la noche ni me había seducido de aquella forma… ni me habían dicho esas cosas tan lindas… Umeda… mi amor.-
Umeda se tomó la cabeza. Anoche… anoche…
Anoche él había bebido hasta perder el sentido…
De hecho, esperaba que a esas horas Midori estuviera revolcándose sobre el futón con Ken.
Pero por lo visto, se había revolcado… ¡Con él!
Santo Cielo…
-¿Y qué pasó con Ken?-preguntó estúpidamente el hombre, arrepintiéndose de haberlo hecho en cuanto las palabras salieron de su boca.
-No lo sé… ayer hablamos un rato y él fue a buscarme unos analgésicos. En eso llegó usted, entró a este cuarto amenazando con matar a Ken si me ponía un dedo encima y luego… luego… oh, Umeda… me da pena decirle.- ella sonrió de manera encantadora y Umeda de pronto hasta disfrutó tenerla en esa posición bajo él. Pero la sensación le duró unos segundos.
-Dime, Midori… dime qué pasó.- la urgió el aludido con cuidado de no herir los sentimientos de Midori hablándole en un tono afectuoso.
-Que usted me abrazó… me dijo que no deseaba que yo fuera de Ken si él ya tenía una mujer… que usted… sentía cosas por mí. Cosas muy intensas… me dijo… me dijo que yo soy bonita y que le gustaba. Que se moría de hacer el amor conmigo… y a mí de pronto se me olvidó que existía Ken, Umeda. Fue maravilloso… realmente Ken no me interesa. No después de esto, no después de saber que usted… ahora lo sé, Umeda… es usted, usted el hombre al que yo esperaba.- terminó Midori con una lágrima resbalando por su mejilla y mirando a Umeda con emoción, buscando su boca.
Umeda le iba a decir que no se acordaba de eso, que no estaba seguro, que eso no estaba bien. Quería gritar que a quién el quería era a Kaori. Pero mirando a Midori relatarle con una mirada soñadora lo sucedido en la noche, al notar la ilusión en su voz, no tuvo valor para contradecirla.
Midori por su parte hacía la mejor actuación que recordaba en su vida. Porque si alguien hubiera sacado su alma de su cuerpo para verla, habría sacado muchos pedacitos transparentes que difícilmente se podrían volver a pegar.
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La noche anterior, Umeda había llegado borracho hasta el punto de la inconciencia, porque lo habían traído entre cuatro compañeros y lo habían soltado sobre el futón… Midori en esos momentos y siguiendo un impulso, hacía una llamada a Tokio, con el fin de que viniera Kaori… aunque sin pedírselo explícitamente, y se percató de lo que sucedía.
Al terminar la llamada, se secó las lágrimas y fue a investigar un poco. Entró a la habitación de Umeda.
-Hey… hey… despierta, hombre.- le había dicho ella cambiando su voz por una versión ronca y con acento. Umeda entreabrió los ojos, pero como la habitación estaba a oscuras no la distinguió. Pero Midori a él si.- Kaori está buenísima, ¿no? Ken no se la merece.
-No, no… clarrrrro que no se la merrrrrece… ella es demasiado para él.-
-Peroo… pero un hombre como tú tampoco la merece.- dijo Midori entonces.- porque tú usas a las personas.-
-Bah… en la guerra y en el amor todo se vale, amigo… toooooodo… además… esto es por el bien de Kaori… ella merece un hombre como yo.-
-¿Y Midori se merece a Ken?-
-Jejeje… si a Midori le gusshta Ken… es su problema. Al menos eso a mí me sirve mussho… jajaja… -
-Pero Ken no la quiere…-
-Claro que no la quiere, amigo. Pero ella debe creer que él está interesado en ella… ajajaja… es soñadora la pobre. Y está bastante buena y la he motivado bastante en esta ssssshemana inventándole… un par de mentirasssss piadossssssssas; si Ken la resssshaza essshta noche, es que es maricón…-
Midori entonces había reparado en una botella al lado del lecho. Seguramente Umeda la traía en la mano cuando lo dejaron allí. Midori la tomó con la firme idea de darle un botellazo en la cabeza a Umeda… sus sospechas estaban más que confirmadas.
-… al menos si a mí, Midori se me insinuara tanto como ella pensaba hacerlo con Ken… amigo, te aseguro que yo no la dejaría pasar. Ni por veinte Kaoris… ajajajaja…-
Midori al oír eso sólo había sentido asco.
Ken la había tenido entre sus brazos y sin embargo la había rechazado por su esposa. Y le dejó en claro que aunque Kaori no le volviera a hablar, él de todas maneras le sería fiel.
Pero este Umeda… no veía esa posibilidad. Sus sentimientos eran más ligeros… caprichosos, por decirlo de algún modo. Y por un capricho la había manipulado. Quizá hasta el afecto que parecía tenerle era fingido. Y pensar que ella llegó a creer que por fin un hombre podía respetarla.
Midori se levantó y salió del lugar. Estaba tratando de calmarse cuando vio a Ken que venía por el pasillo y aceptó gentilmente hablar con ella. Midori le pidió que le contara su historia con Kaori.
Y eso hizo él.
Le habló de sus sentimientos por ella y Midori notó el brillo en su mirada. Brillo que se apagó al recordar que su esposa no deseaba hablarle. También le habló de su temor de que Kaori finalmente decidiera quedarse con Umeda, ante lo cual él solo podría hacerse a un lado. Sabía que a Kaori no le gustaban las confrontaciones y si esa era su decisión… él no la haría sufrir tratando de despedirlo de su vida.
Midori entonces tuvo una idea no luminosa, pero muy buena.
Mandó a Ken a prepararle un agua de cierta hierba. Fingió un fuerte dolor de estómago y sabía que Ken, con lo amable que era, le haría ese favor. Mientras, se fue a la habitación de Umeda que era la que quedaba frente a la de Ken, ingeniándoselas de alguna manera para lograr que el borracho se levantara y se arrastrara hasta el lecho del pelirrojo… y antes de que Ken regresara, Midori vació la botella de licor en la boca de Umeda, asegurándose de que bebiera todo su contenido.
Cuando Ken se apareció con una taza en las manos y bostezando del sueño, miró con expresión desvalida al enorme hombre en coma etílico que roncaba sobre su futón. Midori escondió discretamente el envase vacío.
-Lo siento… no pude evitar que se tendiera aquí. Acaba de llegar.-
-¿Te sientes mejor, Midori?... eso es lo que importa ahora. Tómate este té de hierbas. Ya veré cómo sacar a Umeda de aquí… si hasta mi lecho quiere quitarme este infeliz.- Remató Ken cansado.
Midori bebió de la taza mientras Ken inútilmente trataba de levantar a un inconsciente Umeda.
-Duerme en el cuarto de Umeda, Ken… está vacío. Yo me retiraré al mío. Estoy bien… gracias por el té. Pero antes, tengo algo que pedirte… -
-¿Si?-
-Prométeme algo.-
Ken la miró a los ojos. Esperaba que no fuera algo malo.
-Dime.-
-Prométeme que pase lo que pase de aquí en adelante, tú no comentarás nada.-
-¿Nada?... ¿Nada de qué?-
-Nada de mi comportamiento. No quiero que comentes lo que ha sucedido esta noche que ha sido un error, pero tampoco quiero que comentes lo que yo haga de aquí en adelante. No me juzgues y confía en mi.-
Ken no la comprendía, pero asintió, tomándole la mano.
-Está bien.-
Midori, emocionada, le tomó la otra mano.
-Prométeme Ken, que pase lo que pase, tú… tú serás siempre mi amigo. Serás sincero siempre.-
-Te lo prometo, Midori. Y reitero además que te cuidaré.-
Se abrazaron con afecto, en tanto Midori sentía una lágrima asomarse amenazadora a sus ojos. Se despidió y recomendó a Ken acostarse luego.
Ken le había sonreído entre bostezos y le hizo caso a Midori sin pensarlo demasiado. Midori se fue a su cuarto y a las seis de la mañana ella regresó de puntitas al cuarto donde estaba Umeda y se quitó la ropa, desparramándola por ahí, tendiéndose al lado del borracho después de desnudarlo con mucho trabajo.
Acapararía a Umeda para sí, con el único propósito de fastidiarle su plan con Kaori. Sin importar lo que tuviera que hacer, ella se vengaría…
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Cuando Kaori cerró la puerta después de descubrir a Midori y Umeda juntos, con la cara un tanto roja se volvió y descubrió a Ken parado tras ella.
Satori los miraba expectante… Ken no se veía demacrado ni al borde del suicidio como les dijo Midori durante la noche, aunque tampoco se veía tan bien.
Ken por su parte no esperaba ver a Kaori allí… esperaba verla más tarde, en Tokio a donde él viajaría para pedirle perdón, prometerle cualquier cosa y jurarle amor eterno.
Ninguno de los dos habló. Sólo se miraron. Kaori no fue capaz de sostenerle la mirada a Ken y bajó la cabeza. Enseguida la levantó de nuevo.
-¿Estás bien?-preguntaron los dos a un tiempo. Ken inconscientemente había tomado las manos de Kaori entre las suyas, con cierta desesperación. Satori solo esbozó una sonrisa y se retiró discretamente de allí. Lo mejor era dejarlos solos.
Además, por allí andaba su esposo también y quería darle un par de besos. En un lugar tan lindo como ese se sentía motivada, sin escuela, trabajo ni presiones. Ni Shinya que les dejaba poco espacio para ellos dos.
Ken arrastró a Kaori hasta la habitación que él ocupaba y la hizo tenderse sobre el futón. No sabía si regañarla por haber viajado hasta allí, interrogarla sobre sus motivos para estar en ese lugar o besarla hasta perder el sentido.
-Perdóname, Ken.- dijo ella, sentada.- Me comporté arrogante y no quería contestarte al teléfono. Perdóname… me siento muy mal contigo…-
Ken no la besó ni la interrogó. Simplemente la recibió entre sus brazos cuando ella se inclinó hacia él.
-Está bien, Kaori… no importa. Está bien.-
Y sin decir más, supieron que todo estaba arreglado.
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Aoshi despertó especialmente alegre en ese día. Básicamente porque su joven y exquisita esposa se había escapado de sus sueños nocturnos y materializándose, lo besaba de una manera que lo hacía bastante feliz, a pesar de que se sentía un poco mal por beber durante la noche.
-Es el colmo, Aoshi. Vinimos con Kaori porque alguien nos dijo que Ken había estado bebiendo y que se había puesto como loco y resulta que él está como una lechuga y en cambio quien tiene resaca eres tú.-
Aoshi sólo la miraba desde sus ojeras y la besaba tan tranquilo y despreocupado.
-Aunque no fue del todo malo venir, creo que era la excusa que Kaori necesitaba para olvidarse de su orgullo y resolver las diferencias con Ken.-
Aoshi seguía besándola y pensando en una tarde prometedora.
-Además, hemos visto algo gracioso. Creo que como en los mejores días de la serie de Kaneda, se están formando parejas en el elenco. -
Si a Aoshi Satori le hubiera dicho que estaban aterrizando marcianos o que estaba ardiendo la bodega con las cintas grabadas, a él no podría haberle importado menos. Porque esa mujer estaba de comérsela con zapatos, carteras y todo; asi estaba de buena y así estaba él de loco por ella.
Incluso escucharla hablar le fascinaba.
-Serías tan amable de bañarte, Aoshi. Apestas a alcohol.-
Pero como en los viejos tiempos, más le gustaba hacerla enfadar. Enseguida la tendió bajo él y se dispuso a quitarle la ropa como si no tuviera otras cosas que hacer.
-Miyasaki… "te estoy advirtiendo"…-
Aoshi la miró durante unos momentos un tanto desconcertado, porque ella le estaba hablando en español, idioma que estaba estudiando en la universidad.
La tomó en brazos y salió de allí directo al cuarto de baño.
-Dirás lo que quieras en el idioma que quieras, pero también te morías por verme, Satori. Asi que te complaceré y me verás completo.- dijo cerrando la puerta con ella adentro y quitándose el guiñapo que tenía por corbata, sonriendo como un tigre a punto de atacar a su presa.
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Esa tarde, Ken se reía a carcajada limpia así como Satori, sobresaliendo sus risas. Kaori en tanto era un poco más discreta, como el resto del equipo al burlarse.
Midori, vestida de kimono, terminaba de acomodar la peluca negra con adornos sobre la cabeza de Umeda. Y una de las maquilladoras le retocaba la nariz para que se viera blanca.
Alguien le pasó una sombrilla y salieron al pueblo a caminar.
Umeda se arrepentía de haber hecho la apuesta con Ken sobre vestirse de Geisha si alguno perdía con los dados y después con los naipes. Si él estaba seguro de que Ken jugando a esas cosas daba lástima.
Pero le había ganado el muy maldito pelirrojo.
No solo a los naipes. Kaori no se había despegado del brazo de Ken y enseñaba a todos su sonrisa y su barriga conteniendo a los condenados pelirrojitos en gestación…
Porque si de algo estaba seguro Umeda en ese día, es que los mocosos serían pelirrojos.
Al menos Midori le había hecho compañía durante buena parte del día, por lo que al menos no se había sentido tan miserable teniéndola al lado. Y ahora salía a pasear con él.
"En las buenas y en las malas"
Recordó de pronto una de aquellas frases favoritas de su padre. Cuando él hablaba sobre su esposa, resumía su relación con esas palabras.
Después de pasearse por el pueblo vestido de Geisha, Umeda reconoció que no había sido tan malo después de todo… todos se habían reído bastante de él, pero ni le importaba. Porque con Midori al lado, realmente no había sido tan malo.
Incluso aquella mañana, después de los besos recibidos, a pesar del caos que había en su vida, que Kaori creyera que él estaba comprometido, que volviera al lado de Ken y que tuviera hasta quince pelirrojos no podía ser tan malo.
Y todo porque aquella otra chica le había sonreído. Y lo había besado… y se había acostado con él aunque él no recordara nada, lo que más rabia le daba.
¿Rabia por no acordarse?
Debía reconocer que en el último tiempo Umeda sentía bastante a menudo la rabia… contra él mismo, por decirle tantas mentiras a Midori.
Llegaron a la posada de regreso y aunque Kaori salió a recibirlo, acompañada de Satori y del médico del equipo que la revisaba, Umeda de pronto sintió que conquistar a esa mujer era imposible después de todo.
Además, ¿para qué la quería si tenía a Midori sólo para él?
Después de la sorpresa inicial, la idea cada vez le gustaba más.
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Ken había observado todos y cada uno de los movimientos de Midori discreta y suspicazmente.
Había sumado uno más uno y le había resultado lo que estaba presenciando.
Durante la tarde, después del paseo, Midori anunció alegremente a todos que ella y Umeda eran pareja. Ken notó el semblante desencajado del actor durante unos segundos antes de retomar esa postura arrogante que le caracterizaba y sonreír un poco forzado.
-Se ven muy lindos, ¿no, Ken? Me alegro mucho que Umeda tenga una nueva oportunidad de amar junto a Midori que es muy buena.
Ken miró a Kaori sonriendo complacida.
-¿En verdad lo crees así, Kaori?-
-Claro que sí, Ken. Debe ser algo tonto, pero he sido tan feliz contigo que a veces pienso que me gustaría que mis amigos fueran así de felices también. Mira a Midori. Está radiante. Umeda se ve un poco nervioso, pero debe ser normal… no todos los días encuentras a la mujer de tu vida.-
Esa noche, Umeda estaba listo para regresar a Tokio, con el gato en brazos. Midori sabía que el martes Kaori también regresaría a la capital, por lo tanto ella debía actuar rápido. Tenía poco tiempo para lograr que Umeda babeara por ella y se olvidara de quedarse a Kaori hasta que Ken volviera a la capital.
Aoshi que estaba ocupado grabando unas escenas entre Kenshin y un atacante nocturno, le concedió el ausentarse durante tres días para que ella ensayara cierta obra de teatro, asi que Midori recogió algunas de sus ropas y se preparó para irse. Estaba saliendo cuando se encontró con Ken que regresaba a beber algo. Se veía tan dulce personificando a un chico…
Se detuvieron el uno frente al otro. Ken miró intensamente a la joven.
-¿Me podrías explicar qué…?-
-Prometiste no juzgarme y ser mi amigo. No digas nada más, Ken.-
-Pero Midori… esto no es bueno para ti… tú…-
-Dije que no quería oír ninguna palabra al respecto. Tú encárgate de ser feliz con Kaori que yo veré como me las arreglo.-
-Pero… Midori, entiende… no puedo dejar de preocuparme.- Midori lo ignoró y pasó por el lado de él. –Midori… -Ken se volvió para mirarla.- No me pidas que no me importe… yo… yo te quiero mucho y no puedo evitar sentir que te haces daño.-
Midori sintió algunas lágrimas deslizarse por sus mejillas. Ella sabía que Ken la quería mucho, pero no de la manera en que ella deseaba. Por lo visto ella no podía ser amada como tantas veces soñó cuando era niña. Primer hombre sincero que encontraba y el Cielo no consentía en dárselo porque ya era de otra. Kaori tenía mucha suerte después de todo.
Midori aún se sentía mal por intentar seducir a Ken la noche anterior y le parecía que todo eso era lo menos que podía hacer por tratar de enmendar su error. De espaldas a él, Midori avanzó hacia el furgón que la llevaría junto a Umeda hasta Tokio. Haría todo lo que fuera necesario para enamorarlo. Y al pensar en todo, es que realmente era TODO. Sexo incluido.
-No me digas nada ahora, por favor. Después, Ken… te prometo que después… permitiré que me digas lo que piensas.-
Midori se acercó al furgón y sentándose junto a Umeda, se acurrucó contra él, aprovechando que él dormitaba. No quería que notara sus lágrimas e intentaba calmarse. Ya vería el modo después de enderezar su vida y tratar de ser digna del amor de alguien.
Ken, de pie, miraba el vehículo desaparecer por el camino, muy triste.
-Gracias, Tendo Midori… nunca olvidaré lo que estás haciendo por mí. Nunca nadie... había…-
Ken bajó la cabeza y regresó a las locaciones que estaban cercanas. Momentos después, Kenshin asesinaba a un enemigo.
Umeda por su parte despertó con Midori durmiendo a su lado. Bostezó y acaparándola la abrazó.
Debía reconocerlo…
Le gustaba mucho estar así.
Y sonriendo, se volvió a dormir.
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Fin acto siete
Expiación.
Julio 1, 2005
Hola:
Bien, una entrega más de Actuación sin Libreto Tsukio Hen… espero que disfruten de este episodio.
Se invirtieron los papeles, sin duda. Pienso en Midori y me da bastante pena, pero ella decidió jugar con fuego. Pero quedan dos capítulos más. Tres cuando mucho.
Sobre mí, no hay nada que contar, fuera de que el miércoles 6 de julio tengo una sorpresa en fanfiction… no sé como se lo tomarán después de todo, pero espero que les guste. Quizá ese día haga algo radical, me aísle de la población y suba el Cerro San Cristóbal para tratar de encontrar lo que me falta para ser mejor persona en este nuevo año.
Por ahora, mis más sinceros agradecimientos a:
Tsuki-Ra: En efecto, ya se ve que yo actualizo más o menos cada tres semanas mis historias y te agradezco el mensaje. Sobre Midori, como habrás visto, no es mala… es cierto que enloqueció, pero temporalmente y ahora se entregará nuevamente en sacrificio, por decirlo de alguna manera, para recompensarle a Ken el mal rato pasado. Asi que al final creo que ella es muy noble. Yo creo que entiendo a Midori, porque cuando me ha gustado alguien… aunque ese alguien no me de mucha atención, me cuesta mucho asumir que no soy correspondida… y sueño bastante. ¡Aunque nunca me he atrevido a robar un beso! Pero creo que está bien por Midori, porque ella se atrevió… o sea… ¿uno siempre se arrepiente más de lo que no hace, verdad?
Tienes razón con Umeda… cuando lo metí en actuación como el antagonista de Ken, jamás pensé que iba a tener este arrastre ni menos ser protagonista de esta secuela! Asi que Umeda no sé si es mi más grande fracaso como villano o bien uno de mis mejores personajes… y sobre tu pedido especial, ten por seguro que lo habrá.
Cedrica de Lyrou: Ajajaja… y justo ahora yo estoy subiendo nuevamente y corregidos los capítulos de Actuación sin Libreto: Rurouni Kenshin. Por ahí te das una vuelta. Chau… un besito.
Mangela Kaoru-chan the Tanuki: OOOOhhh... que pedazo de sueño tuviste...
Realmente se me pasó por la cabeza hacer algo así como lo que describiste, pero... espero que las intenciones de Midori en este episodio te hayan gustado más. Al fin y al cabo Midori no es tan malita… solo puso sus oscuros ojos en el hombre equivocado. Y sólo momentáneamente. Pero tu sueño estuvo bueno bueno… si hasta lo pensé seriamente. Gracias por escribirme, de verdad.
Justary-san: Jajaja, gracias Kawai-deshi por tu review… a mi en lo personal y ahora que he releido el capítulo, me gustó el beso entre Ken y Midori… y creo que quedó en claro lo que él siente por ella. Al principio quedó medio descolocado, pero luego reconoció que aunque Kaori jamás volviera a hablarle, él seguiría perteneciéndole y amándola. Y si… si será finalmente un U-M. Sobre Kaori, mi niña… pues que tendrá a su bebé por ahí por el ultimo capítulo… después de todo, después de esta entrega se viene Seisohen y ahí se explicará mejor que fue de cada uno de ellos. Pero antes veré el modo de contentarla con Ken. Sí señor!
Rinsita-Chan: Es cierto… por un lado apoyo la visión de Midori de jugársela por amor, pero por el otro es verdad que los matrimonios son sagrados. Aunque hay casos y casos. Pero este no lo es, aunque, después de todo, Midori, pobrecita, fue manipulada y Umeda recién ahora empezará a pagar sus culpas y probar de su propio chocolate.
Alexandra Shinomori: Sep, los hombres son lentos… a ellos no le puedes ir con indirectas, porque derechamente no las captan a menos que sean gays o fenómenos. A un hombre siempre se le debe hablar claro. Y es cierto, Alexandra, que el ser utilizado por otro es horrendo… pero esperemos que todo aquí sea para mejor, aunque en la vida real eso no pase tan a menudo. Gracias por tu review. Nos leemos.
Dark Shadow: Paso a responder tu inquietud. Midori comprendió no que amaba a Umeda ni a Ken… sino que Umeda la había utilizado. Por su cabeza pasaron las conversaciones que ella tenía con Umeda y todo lo que él le decía… y al compararlo con a versión de Ken, supo que quien mentía aquí era el hombre en quien ella más confiaba y a quien respetaba y defendía. Sobre lo de la llamada que hizo y su motivación para hacerla, no te adelantaré nada. Midori también puede tramar un plan¿no? Y luchar por amor no necesariamente implica luchar por el bien de uno mismo. También se refiere a hacer algo por los demás.
Kao-ryu: Tienes razón, Umeda es bastante tonto por hacerle daño a las personas buenas y además porque al final se está perjudicando él. Es cierto que ya está sintiendo cosas por Midori… huuuuuuuuy, me pregunto cómo te tomarás este episodio…. Nos leemos. Gracias por tu review…un beso.
Gabyhyatt: sep, tienes razón, Kaori es demasiado confiada.
HADA: Huuuuuuuuuy… y ahora más grande quedará la escoba en este capítulo. ¡Que lo disfrutes! Midori seguro que ahora tomará el toro por las astas y será capaz de dominarlo!
Mikomi Shinomori: gracias…. Entendiste a mi pobre Ken… estoy segura que él agradece mucho ese gesto tuyo. Pero creo que Ken demostró que si bien no está hecho de hierro, lo es de un metal muy parecido. El que no está hecho de hierro es el Umeda… pero por eso la pasará… bien rico. Un abrazote, nos leemos.
Naoko L-K: Hola, amiga! Espero que te encuentres muy bien en estos momentos y que todo se esté desarrollando mejor. Un besote.
