Capítulo VII

"Encuentros desagradables"


Amu POV

La luz entró a raudales como cuchillas hiriendo mis ojos entreabiertos haciendo que irremediablemente despertara, pero no que despertara como siempre, no. Mi cabeza martilleaba y parecía una obra en construcción, podía sentir el taladro en mis sienes haciendo un gran agujero.

—Demonios—gemí poniendo con lentitud mi brazo por encima de la cara, ya que intentaba no mover nada de los hombros para arriba.

Y si eso no era lo suficientemente malo, mi estómago parecía una juguera sin tapa, solo quería vomitar y vomitar todo el día.

Con un gemido y el ceño fruncido me volteé en la cama, escondiendo mi cabeza contra las almohadas

—Voy a morir…—lloriqueé apretando los ojos, no soportaba el palpitar de mi cerebro, podía sentir como se chocaba con las meninges, ay Dios mío. Seguramente la piamadre se estaba desintegrando y el líquido cefalorraquídeo iba a matar todos mis sesos y luego las capas de la duramadre se caerían encima de todo, matándome de una forma lenta… ¿Cuánto podía durar el efecto del alcohol? Porque no hacía más que decir idioteces, eso era lo más imbécil que había pensado en mi vida y eso que he pensando unas cuantas.

Maldito teléfono, juro que lo voy a asesinar. Fue todo lo que pensé cuando comenzó a sonar con insistencia y traté de ignorarlo porque dudaba de mi capacidad para levantarme, sin embargo el sonido se tornó apabullante y molestaba de forma increíble a mi huraño cerebro.

Gimiendo en todo momento por lo molida que me sentía, bajé con lentitud cada escalón, poniendo especial cuidado en no tropezar. Mi boca estaba seca y los ojos no podía abrirlos por entero ya que presentía que al hacerlo la presión en mi cráneo aumentaría. Debía apuntar en mi lista de cosas que nunca jamás debía volver a hacer el beber de esta manera.

Cuando llegué al teléfono lo único por lo que rogaba era que se callara

—Diga—contesté apoyando la frente contra la muralla

— ¡Amu! Dios estás bien—quise llorar porque los gritos de Rima aumentaban el dolor

—Ssh Rima no grites… por Dios ten piedad—medio gemí restregándome el rostro

—Ugh ¿Qué te pasó? — Preguntó en un tono más bajito aunque seguía pareciéndome estridente

—Nada… ¿cómo tienes mi número? —Caminé con el teléfono en la oreja, estirando el cable hasta llegar al botiquín de la cocina. Extraje un analgésico para la cabeza y me serví un vaso de agua

—Eso no importa ahora, te estaba buscando ayer— pareció preocupada

Puse la pastilla en mi lengua y bebí del vaso. El agua me cayó bastante bien

— ¿Para qué? —Tenía un vacío respecto al día anterior, supongo que maté muchas neuronas encargadas de mis recuerdos ¡qué estúpida!

—Quería advertirte que…—fruncí el ceño

— ¿Qué? Rima solo dime—me sobé la frente con irritación

— ¿No te pasó nada? Amu estaban preparando una broma y…—entonces el recuerdo de los huevos y la total falta de reacción de Ikuto llegó a mi mente, provocándome el dolor de una herida abierta, demonios, ayer no quería pensar en esto precisamente y por eso bebí como desquiciada y…

—Oh Diablos—gemí cubriéndome la boca.

— ¿Qué? ¿Qué te pasó?—Preguntó preocupada

—Hice una estupidez, una muy grande… mil veces demonios—sin importarme el dolor de cráneo me di cabezazos ligeros contra la pared, castigándome por ser tan tonta

— ¿Qué hiciste…?—Le dije que iba a fornicar como un conejo… ¡le dije que iba fornicar como conejo! Dios mío ¿en dónde tenía la cabeza?

—Ayer lo llamé… y estaba borracha… e Rima le dije cosas tan idiotas y vergonzosas—lloré como niña pequeña en una pataleta

— ¿Te emborrachaste? No pudiste decirle nada tan malo—rió

— ¿Nada tan malo? ¡Le dije ramera! —Exclamé y ella soltó una carcajada— ¿Qué voy a hacer ahora? —Nuevamente volví a castigarme con la muralla

—Nada. Se merece todas las cosas que pudiste haberle dicho, y lo de ramera es la pura verdad—dijo ella con voz firme

— ¿Tú crees? —Me deslicé por la pared para acomodarme mejor, porque las piernas no me aguantarían mucho más

—Sí, lo has hecho muy bien. Te felicito— pude ver su rostro sonriente

—Eres rara Rima Mashiro—sin embargo logró sacarme una sonrisa y entonces recordé que había sido mala con ella—Te debo una disculpa—comencé

— ¿Eh? ¿Por qué? —Pareció extrañada

—Si, te la debo. Me comporté muy mal el otro día y todos los otros a partir de ese… te evité y lo lamento, de verdad. Me siento muy avergonzada—fui sincera y eso me hizo sentir mejor

—Ay Amu, yo estuve mal. No debí arrastrarte así. Además todos tenemos derecho a decir basta o explotar. No tienes de que preocuparte, sin resentimientos totalmente—contestó con voz risueña

— ¿De verdad? —Realmente era una chica muy simpática

—Claro—

—Me podrías responder ahora cómo es que tienes mi número—argumenté de nuevo

—Hm— dudó—temo que te enojes—contestó por fin

— ¿Por qué? —

—Promete que no te enojarás y yo te cuento, ¿vale? —Fruncí el ceño

—Ehm… está…bien—prometí dubitativa

—Bien… Ikuto me lo dio—quedé sin expresión

— ¿Y por qué eso debería molestarme? —No comprendí por qué me hizo prometerle que no me molestaría.

—Porque… yo quería llamarte y él me dijo que me lo daba si yo luego lo telefoneaba para decirle cómo te encontrabas—apreté el teléfono ya que al apretar mi mandíbula, el dolor de cabeza aumentaba

— ¿Qué? No lo hagas. Me alegra que me llamaras pero no le cuentes nada sobre mí a él. Es un idiota y no quiero que tenga nada que ver conmigo—le contesté tratando de no molestarme

—Te has enojado—afirmó

—No, solo estoy muy extrañada y si, la verdad si—me masajeé con una mano la sien—no necesito un maldito niñero y menos a él—suspiré cerrando los ojos con fuerza

—Lo sé… de todas maneras no pensaba hacerlo—soltó una risita

—Te lo agradezco… ayer… le dejé las cosas muy claras. Fue mi tope Rima, fue horrible— rememoré los momentos vividos y tuve que tragar con mucha dificultad, porque ya no iba a llorar más

—Perdóname… debí buscarte más y…—comenzó a disculparse

—No. La única culpable soy yo, pero de todas maneras… no me arrepiento del todo. Por fin espero que mi cerebro se detenga…—me mordí la lengua para no soltar la gran verdad de mis sentimientos

Hubo un corto silencio

— ¿Quieres saber algo? —Pude adivinar su risa

— ¿Qué? —

—Es sobre Ikuto pero te morirás de la risa, de verdad—su poder persuasivo era increíble

—Uhm… está bien—me rendí con claro signo de aburrimiento

—Cuando le llamé para pedir tu número oí a Saya quejarse, ella no tiene pudor de verdad… escuché claramente como le decía que la había dejado a mitad de no sé qué cosa para contestar tu llamada y que había estado de mal humor después de aquello además de que me confesó luego de hacerla callar, que estaba muy preocupado de algo que no me quiso decir… sinceramente se oía colérico—se rió e imité su gesto

—Eso me sube el ánimo de veras—me reí—Ouch—me toqué la sien y no sabría describir si lloraba o me reía.

— ¿Resaca? —Preguntó con simpleza

—Ajá... ¿siempre es así? —Gemí en una pregunta

—Depende, ¿Cuánto bebiste?—

—No lo sé… mi papá tenía muchas botellas y una en específico era rica y…—

—Solo dime cuántas—rió

—Bebí de unas…seis—me rasqué la nuca avergonzada y ella se largó a carcajadas

—Mi único consejo es que te hagas un café lo más cargado que puedas y un caldito de mariscos o pescado, aparte de que trates de no salir al sol—

—Espera voy por la libreta…—reímos—de verdad muchas gracias, ¿tienes experiencia eh?— Molesté; al parecer el analgésico cumplía su cometido

—Algo—respondió haciendo un sonido con su boca

—Bien… creo que me tengo que ir a dar una ducha… apesto a licor. —Me olisqueé y casi me muero al oler mi aliento, de verdad era repulsivo—muchas gracias por llamar y por no decirle a él. Eres una gran persona—me sentí incómoda ante el término "amiga."

—Cuando quieras Amu, espero nos veamos pronto y que se te quite la resaca. Bye— y colgué.

Respiré un par de veces antes de ir por esa ducha.

Me sequé el cabello con la toalla y la tiré al cesto de la ropa sucia para bajar a servirme algo de comer.

Le hice caso a Rima en lo del café… pero con lo otro, prefería que mejor no pues no era muy amante de los mariscos, en fin. A eso de las cuatro de la tarde casi no me quedaban muchas secuelas de la bebida del año que me había pegado, aunque la cabeza me retumbaba a veces ya no era tan molesto como al principio del día y las náuseas habían remitido bastante, de todas maneras evité cosas que requieran salir al sol o demasiada concentración por lo que terminé limpiando intensivamente mis lentes, pasando el paño mil y una vez sobre los vidrios; ahí sentada en el sofá tratando de no pensar y no arrepentirme de todas las cosas que le había dicho al idiota de mi ex amigo. Bufé dejando caer mis hombros, era inútil, por más que tratara de odiarlo me resultaba imposible… eran demasiadas vivencias y buenos recuerdos, tantos que no podía simplemente ignorarlos porque se encontraban en cada pequeña cosa. Me restregué el rostro con molestia. ¿Por qué no me lo cuestioné antes? ¿Acaso era normal tanta dependencia? Obviamente no, ovejas santas.

-o-


Tsumugu llegó aquella tarde, alegando que estaba muy cansado para cenar o para cualquier cosa, porque lo que sin saludarme ni nada subió hasta el baño y unos minutos después oí claramente el portazo de su habitación, dejándome nuevamente sola y sin nada que hacer, claro, evitar pensar en él pero ya sabemos que es un cuestión imposible de realizar para mi dependiente y poco digna mente.

Lo que si me pesaba y mucho el día lunes al amanecer era la enorme cara de vergüenza que ostenté. Por Dios le había dicho que fornicaría como conejo y no, todavía no lo superaba, ese hecho me atormentó incluso cuando hacía mis deberes o intercambiaba frases con mi padre, el cual, a propósito ni cuenta se dio de que su hija se embriagó y bebió de todas sus reservas alcohólicas. Suspirando y bufando cosas sin sentido me levanté para tomar una ducha que esperaba ayudara a mi mente a destensarse.

No lo consiguió y casi con ataque sicótico conduje al instituto en completo silencio y solo interrumpiendo mis movimientos para acomodar mis lentes, estaba muy nerviosa y el hecho de que uno de los adornos de mi destartalada camioneta fuera un conejo no ayudaba demasiado. Sentía sus penetrantes ojos rojos entrando en mi mente, haciéndome sentir muy nerviosa y culpable. A menudo desviaba la mirada de la carretera al animalito esponjoso y con tan mala fama…

—Dios santo—gemí en un semáforo y como boba coloqué mi mano frente al sticker y así manejé lo que me faltaba hasta el instituto.

Estacioné y con la vista centrada en uno de los estampados que decía I love 80's el cual comenzaba a salirse muy despacio de su lugar me eché a caminar al instituto

—Hermoso—mascullé sarcástica cuando se desprendió al jalar uno de los hilos delgados. Con un suspiro alcé la mirada para abrir las puertas y nuevamente la dirigí a mi bolso para abrirlo y meter dentro de un bolsillo el estampado. Tendría que volver a ponerlo, suspiré frente a mi casillero.

Por suerte ni las narices le había visto a él y todo resultaba mucho más fácil de lo que planeé en mi mente y casi sin darme cuenta comencé a tararear una canción a la par que sacaba mis libros.

—Amu—me llamó y dejé caer el libro que sostenía al suelo mientras exclamaba un patético ¡Jesús! Colocando mi mano donde debería estar mi corazón que podía sentir en la garganta

Mis latidos se aceleraron hasta hacerme creer que tendría un infarto, estas taquicardias iban a acabar con mis nervios y con mi vida. Sin embargo me obligué a normalizar la respiración y mantener mi postura, por ello sin prestar atención a la voz que me llamaba me agaché para recoger el cuaderno, pero sus manos fueron más veloces y me lo ofrecieron.

Alcé la mirada para observar esos ojos zafiro que antes me hacían sentir segura, que ahora se acompañaban de una media sonrisa en los labios. Apreté los dientes tragándome el juramento que se me quería escapar.

Tomé con brusquedad el texto escolar y de un fuerte portazo cerré el casillero para alejarme lo más rápido que pudiera, sin embargo no contaba con que algo o mejor dicho alguien me tomara de la muñeca.

No podía dar crédito a la cantidad de emociones y sensaciones que me transmitió ese simple roce, fue como dar vuelta atrás en el tiempo a aquellas risas, sus ojos, nuestros juegos… jaloneé con rudeza para zafar mi mano y alejar mi mente de esos pensamientos nocivos y lacrimógenos.

—Déjame en paz—gruñí antes de caminar lejos de él. Lo vi seguir mis pasos y rápidamente me metí dentro del baño de mujeres, encerrándome en un cubículo. — Tranquila—respiré con lentitud inhalando y exhalando muy despacio. Solo debía calmarme un poco, por ello una vez que lo conseguí — que para mi mala suerte fue después del toque del timbre— me levanté con fluidez del inodoro cerrado y salí a la soledad y quietud del pasillo.

Llevaba por lo menos unos tres minutos de retraso, el primero en años ¿Alguna vez tuve un retraso? Me sentía mal. Y tan concentrada en estos pensamientos iba que no noté a mi ex amigo hasta que fue demasiado tarde.

—Necesito hablar contigo—dijo en un tono bajo y sin lugar a bromas. Tenía atrapado mi brazo con tanta fuerza que casi me hacía daño, no me gustaba nada su actitud. Él siempre había sido delicado conmigo a pesar de todo y no estaba acostumbrada a ese gesto malhumorado en su rostro.

Me intenté zafar jaloneando bruscamente obteniendo como resultado solo más presión

—Ay—me quejé en un silencioso gemido y él aflojó su agarre, sin liberarme aún

—Lo siento—se disculpó relajando el ceño

—Voy tarde, déjame—pedí acomodando mis anteojos y tratando por todos los medios no sonrojarme en su presencia, si existía alguien más tonto que yo sería un récord guiness

—Necesito hablar contigo, eso es todo—habló con un tono conciliador e increíblemente persuasivo. Sí, mi amigo ya no era más el mismo.

—Repito que estoy atrasada y a mí por lo menos, no me gusta faltar ni perder clases. Deja esto ya—tiré de mi brazo con brusquedad sin conseguir mi propósito.

—Yo también estoy perdiendo clases—argumentó en un tono perplejo

—Pero a ti ya eso ya no te importa—solté sin pensar

—Si me importa…pero me interesa más hablar contigo—me reí sin humor

—Ajá, claro. El maravilloso y deseable animador asquerosamente popular desea hablar con la detestable sosita, ¿qué necesitas? ¿Qué haga tu tarea o qué? —Casi no me había dado cuenta de lo sarcástica que soné, a pesar de que no era más que la verdad me hacía daño hablar así. Bajé la mirada y tragué el nudo en mi garganta. Yo no quería cambiar—déjame en paz por favor, esto… esto… solo suéltame—pedí con voz temblorosa

—Amu…—hizo el amago de tocar mi mejilla como tantas otras veces hacía cuando se daba cuenta de mi estado de ánimo pero atajé su mano y la alejé con coraje de mí

— ¡Ya déjame tranquila! ¡Esto no me gusta ni me hace bien! Entiende que no fui yo quien cambió y que destruyó todo, y tampoco quiero ni voy a ser yo quien lo arregle porque sinceramente ya no me importa. —Estallé logrando que me soltara y me mirara con un gesto dolorido en el rostro como si le hubiese abofeteado. Me enfureció— ¡Ash! Deja de poner esas caras ¡Santas ovejas! Tú me irritas y…y… ¡te detesto!—Le grité cuando comenzó a reír despacio. No esperé que me dijera nada y simplemente me fui de ahí. Me pasé las manos por la frente mil veces tratando de controlar los sentimientos encontrados en mi interior sin conseguir nada en absoluto.

Era demasiado tarde para entrar a mi clase y me encontraba excesivamente inquieta, por lo que con precaución de no ser pillada me escabullí al patio trasero y atravesé en grandes zancadas el área para internarme en el bosque que colindaba con el instituto.

Me adentré unos cuantos metros hasta que las copas de los árboles nublaban mi visión del cielo y oía el tenue gotear de las hojas colmadas de agua de lluvia. Me senté en un viejo y musgoso tronco caído por los años a esperar no sé qué cosa.

Permanecí inmóvil observando el perezoso movimiento del viento filtrándose en las lánguidas ramas que formaban una jaula sobre mi cabeza y después de unos minutos sin saber que hacer me quité los lentes y cerré los ojos, esperando que todo dentro de mi mente se aclarara y calmara.

—Te puedes resfriar—la última voz que quería oír en ese momento me hizo dar un brinco. Lo busqué con mi limitada visión hasta encontrarlo recostado sobre un tronco anchísimo con enredaderas trepando por todos lados. Lucía despreocupado observándome con atención… ovejas benditas, ¿por qué tenía que ser tan guapo? Gemí

Me ruboricé al pensar aquello y sin darle más vueltas al asunto me puse de pie y me dispuse a volver

—Espera Amu, de verdad necesito hablar contigo—me tapó el paso y suspiré con frustración

—Escucha… no me hace ningún bien hablar contigo ni tenerte cerca. Tienes razón tú eras quien siempre aceptaba la realidad por mí y yo soy una cobarde, pero, como no tengo nada que demostrarle a nadie no me interesa serlo. Simplemente déjame afrontar mi realidad de la manera en la que yo estime conveniente—expliqué mirando su rostro que no dejaba de escrutarme—y si es sobre lo que ocurrió el viernes, está bien… yo no quiero hablar de eso y es el punto final del asunto. — Aclaré con voz fría. Total contraste a los sentimientos alborotados en mi interior.

—Amu es que tú no lo entiendes eso me hizo sentir fatal—me tomó por los hombros agarrándome por sorpresa—pero no es de aquello de lo que quiero hablar, es sobre tu llamada—me tensé y sé que me sonrojé porque sentía las mejillas ardiendo aunque de todos modos no bajé la cabeza y mantuve lo mejor que pude mi postura—no tienes que ponerte nerviosa…creo—. Frunció el entrecejo

—No estoy nerviosa—repliqué

—Sí, si lo estás. Muerdes tu labio cuando te pones nerviosa—señaló mi boca y efectivamente lo mordía. Molesta me alejé unas trancadas, tratando de buscar otra salida—no creo que encuentres otra alternativa—cruzó los brazos sobre el pecho caminando hacia mí

— ¡Ay demonios! ¿Qué quieres? —Exhalé el aire molesta y mesándome con histeria los cabellos. No quería hablar con él ni tampoco quería recordar el ridículo que hice ese día

—Hablar sobre tu llamada—repitió acercándose pero puse mis manos frente como si quisiera detener el tráfico

—No te me acerques y veré si contesto tus preguntas aunque… dentro de todo creo que te lo dejé claro el otro día—vacilé y mantuve mis manos en el mismo lugar

Sonrió de lado, detesté que hiciera aquello, no eran las sonrisas de mi Ikuto, ¡por las cabras del abuelo de Heidi! Él nunca fue mío, debía empezar a creerlo.

—Está bien, está bien—alzó también sus manos en claro signo de inocencia y yo relajé mis brazos, acomodé mis anteojos y corroboré que mi coleta estuviera bien hecha— ¿Por qué me llamaste? —Inició el interrogatorio, pensé.

Suspiré con cansancio—creo que es obvio ¿no? Estaba borracha y enojada, por Dios—respondí pasando el peso de mi cuerpo a mis pies, alternándolos.

— ¿Y por qué decidiste beber? —Se acercó un paso que yo retrocedí

—Eso no es de tu incumbencia, pertenece a mi vida privada y no tengo ningún deseo de compartirla contigo. —Finalicé cruzándome de brazos

Suspiró apretándose el puente de la nariz

— ¿Seguiste mi consejo? —Preguntó en apenas un susurro débil, permanecía con los ojos cerrados y el ceño fruncido. Yo me ruboricé al saber perfectamente a qué se refería

—Eso también es parte de mi vida privada y no… no voy a responder eso. Ahora, me iré—anuncié emprendiendo el regreso al instituto. Traté de seguir el sendero y pronto lo sentí caminar a mi lado—de verdad, ya cánsate, deja de perseguirme ¿qué dirían tus amigos? —Pregunté permitiéndole de forma inconsciente que anduviera junto a mí y que se diera cuenta de lo despechada y molesta que estaba.

— ¿Mis amigos? Tú eres mi amiga—me detuve con la ira a flor de piel. Lo encaré con deseos fervientes de estrellar mi puño en su rostro pero me contuve tensando mis manos

—Era. Era tu amiga—aclaré entre dientes

— ¿Rompes nuestra amistad?—

— ¡No puedes ser tan cínico! ¡Estúpido! —Me cubrí la boca con ambas manos arrepentida de haberle dicho eso, pero después de analizarlo torpemente decidí que no debería estarlo—tú fuiste quien me apartó, tú me dejaste y tú quisiste lanzarme un huevo y no me defendiste, no te hagas el tonto ahora—gruñí desde lo más profundo de mis entrañas dejando que la rabia hablara ahora. Él parecía perplejo y odié que pusiera esa cara de idiota.

Acomodé con brusquedad mis anteojos esperando su contestación

— ¿Yo te aparté? Tú fuiste quien me dio todo un discurso sobre la virginidad ¿qué esperabas que hiciera? Hay personas que no podemos estar en esa condición porque es mal visto pero a ti no te va ni te viene ¿no?—Sus palabras me hirieron corroborando mi hipótesis de que hablar con él supondría solo más daño para mi persona

—Eres un superficial. — Sonreí sin humor y comencé a caminar nuevamente, manteniendo mis brazos cruzados sobre el pecho, como si eso fuese a servir de algo, me recriminé con voz amarga, mis manos no podrían contener ese dolor tan grande.

—No soy un superficial, no he cambiado. Aunque quizá estés celosa de que al fin la gente me nota y me acepta, ya no soy un rezagado social y he madurado en estos meses más de lo que he hecho en años—apreté los dientes.

— ¿Madurado? ¿En serio? ¿Entonces la gente madura corretea a los impopulares por los pasillos lanzándoles cosas y diciéndole palabras realmente feas? Porque sinceramente, en eso te has convertido, además de un promiscuo… ¡todo el mundo habla de tu cosa! —Grité exasperada casi al punto de sacarme a jalones los cabellos. Él me miró con el ceño fruncido y luego se comenzó a reír—excelente, me encanta saber que al popular Ikuto Tsukiyomi le causo gracia—dije claramente irritada antes de forma definitiva empezar a dejar la espesura del bosque, ojalá se lo tragara, que lo desapareciera y así yo no sufriría más con sus carcajadas. Que se riera de mí de esa manera me había roto el único pedazo intacto del corazón. Es un idiota ahora...

Se me arrugó el ceño y advertí que me iba a echar a llorar pero me negué rotundamente a hacerlo. Respiré profundamente y cerré los ojos un minuto

— ¡Amu! —Gritó llamándome y continué caminando

Volvió a llamarme y luego solo fue silencio. Lo que necesitaba, ojalá y se haya aburrido de mí y no me busque más.

—Espera, Amu—sentí sus manos firmes en mis brazos, deteniéndome en el acto y haciendo que irremediablemente quedara muy cerca de su cuerpo y rostro. Por más que traté de controlarme, terminé ruborizándome de igual manera.

—Por favor ya déjame—pedí mirándolo con intensidad, perdiéndome en sus ojos verdes que ahora me parecían distintos

—Solo contesta mi pregunta, ¿te acostaste con alguien el fin de semana? —Su pregunta tan directa me hizo tragar con rapidez y a mis mejillas arder intensamente, avergonzándome.

—Ya te dije que eso es parte de…—

— ¡Solo contesta la maldita pregunta!—Gruñó en respuesta, sosteniéndome nuevamente duro de los brazos, y el estupor me duró solo unos segundos, luego me enfurecí.

— ¡No me grites ni me ordenes! —Forcejeé con él y me mordí el labio cuando me presionó fuertemente—me estás lastimando—dije tratando de no temblar, empezaba a tener nervios y miedo. Nunca había visto en su rostro un gesto tan huraño y colérico— ¡Suéltame!—Jalé con brío mis brazos hacia abajo y me zafé, sin embargo por la brusquedad del movimiento me desestabilicé cayendo hacia atrás y el muy idiota me intentó sostener, perdiendo el equilibrio, aterrizando sobre mí en un charco de barro. Creí que me iba a reventar cuando apoyara todo su peso en mi cuerpo, pero eso nunca sucedió puesto que colocó sus palmas a tiempo en el lodo, claro que salpicándome entera.

Me quedé inmóvil sintiendo su calor irradiar tan intensamente, además de su rostro tan cercano, y a pesar de que mis lentes estaban sucios lograba adivinar esos rasgos tan familiares que no me lo parecían tanto en este momento. Sus ojos se fijaban en los míos y un sentimiento diferente afloraba en esa cara tan expresiva suya. Mi corazón tronó en mis oídos cuando percibí que lentamente descendía su cabeza, manteniendo su mirada fija en mí.

Me humedecí sin tener una verdadera razón los labios, quizá inconscientemente anhelaba esto… ¡Claro que lo hacía! Él era tan guapo aún todo embarrado que no sentía que tuviera el derecho a siquiera tocarlo y sobre todo… yo le quería incluso cuando sabía que era estúpido hacerlo y que no valía la pena.

Sonrió y desperté de mi letargo, recordando mi furia y ahora mi autoestima destruida. ¡Ikuto se burlaba de mí! Mis ojos comenzaron a escocer con futuras lágrimas de rabia

— ¡Eres un imbécil!—Le di un fuerte empujón que lo sacó de encima de mí. Probablemente ese era su plan, de seguro apostó un beso de la antisocial y por eso me siguió hasta aquí, porque pensando fríamente ¿Qué le importaba a él si yo había tenido relaciones? ¡No le importaba de nada! Me quise reír de mí misma y a la misma vez golpearme, así ocurría en mi mente. Una tonta, no, una tonta patética e insulsa Amu riéndose histéricamente y golpeándose como loca.

Me incorporé rápidamente tomando mi sucia mochila y sin importarme lo idiota que debía verme, corrí hacia el instituto ignorando su voz vociferando mi nombre.

Eres una tonta Amu, una verdadera tonta, me reproché todo lo que me demoré en llegar a mi camioneta. Me pasé las manos por el rostro y cabello tratando de serenarme y recién entonces noté que lágrimas escapaban a mis ojos. Las restregué irritando mi piel y me sorbí la nariz previamente a emprender la marcha hacia mi casa.

Tuve que detenerme a mitad de la carretera porque el lodo en mis anteojos no me dejaba ver, además sentía que no podía respirar bien por los sollozos que me tragaba en silencio. ¿Por qué ahora me detestaba tanto? ¿Por qué? Preferí dejarlo y no rebajarme más, por lo que consciente de que me fugaba de una clase, manejé hasta mi casa.

Lo primero que hice fue darme un baño y quitarme todo el lodo y rastro del encuentro con Ikuto en el bosque del cuerpo, más tarde procedí a lanzar las prendas a la lavadora, y después de desenredar mi cabello, bajé nuevamente por las llaves y emprendí la marcha de regreso al instituto. Después de todo yo no tenía de qué avergonzarme y tenía que dejar de comportarme como una estúpida, por Dios ¡dignidad! Si, es cierto que Ikuto intentó llevar a cabo sus planes maquiavélicos y que destrozó mi corazón pero no por eso me iba a echar a morir. Después de todo lo vi venir antes.

Manejé casi con enfado a mi destino y aparqué en el mismo lugar de antes, nada parecía haber cambiado desde que huí así que suspiré con alivio sacando mi mochila.

Según mi reloj faltaban dos minutos para que la hora terminara y me senté en una banquita a esperar. Me dediqué en los ciento veinte segundos que tenía a ordenar mi cabello húmedo, con el apuro de volver no me lo sequé y ahora solo me quedaba aguardar el desastre en el que seguramente se convertiría. Gemí de pura frustración inflando las mejillas.

Finalmente el tiempo avanzó y el timbre retumbó con dureza en mis tímpanos.

— ¡Amu! Hola—saludó la voz cantarina de Rima sentándose a mi lado

—Eh… hola—sonreí ligeramente y ella frunció el ceño

—Te ves terrible, ¿te sucedió algo? —Preguntó apartando unos mechones de pelo de mi frente, retrocedí a su tacto y acomodé mis lentes

— ¿A mí? No, pues nada—apreté el bolso sobre mis piernas y miré al otro lado

—Amu. No sabes mentir—me obligó a observarla de nuevo y su mirada era tan fuerte que no podía parar de morderme el labio

—Ash Rima…—mascullé por lo bajo y dejé caer la mirada, demonios. Seguía doliendo tanto como al principio—es algo que no puedo contarte porque… me duele—admití sintiéndome derrotada. Mi brillante armadura solo tenía eso, porque resistente no era.

-o-


Rima me acompañó ese día e incluso se sentó junto a mí en el almuerzo conversándome de temas superficiales y que no complicaban mi mente, hasta que…

—Amu, de verdad pareces un zombie—murmuró casi molesta porque me había ido a un oscuro lugar en mi cabeza y no la había tomado demasiado en cuenta.

—Bueno… quizá sea uno, ¿quién sabe? —Me encogí de hombros restándole importancia y repantigándome en mi silla

—Hablo en serio—me miró a través de sus gruesas pestañas azabache

—Solo puedo decirte que en mis intentos por odiar a cierto personaje… voy de maravilla—hice un gesto de aprobación con mi pulgar

—De puta madre—dijo repentinamente haciéndome fruncir el ceño

— ¿Qué?—

—Que queda mejor si dices "solo puedo decirte que en mis intentos por odiar a cierto personajes… voy de puta madre" ¿ves? —No pude evitar el reír ligeramente por su cara de así son las cosas

—No, yo creo que no. No me gusta decir groserías—negué con la cabeza

—Se nota—me guiñó un ojo y yo simplemente alcé las cejas— ¿Qué hizo ahora? —Suspiré dejando caer la fuerza de mi mirada sobre ella

—De verdad no quiero hablarlo. Es un cretino—desvié mis ojos hacia otro lado porque comenzaron a escocerme con lágrimas de ira e impotencia

—Solo espero que luego no sea demasiado tarde—suspiró tan bajito que me dio la impresión de que no quería que la oyera y aunque quise preguntárselo sonó el timbre.

Salimos juntas y caminamos por los pasillos que poco a poco comenzaban a llenarse de gente

—Me toca español—susurró

—A mí cálculo—respondí mirando al frente y acomodando mis anteojos

—Bien, entonces no veremos mañana o a la salida—me guiñó un ojo y se despidió agitando su mano, respondí como robot y luego me dispuse a ir a mi salón, pero, al ver la silueta de aquella persona a la que no deseaba ver, huí como una cobarde y tomé un camino alterno.

Me apresuré en tomar la primera escalera y cuando llegué arriba me pegué a la muralla suspirando con pesadez, dejando que mis párpados se cerraran un instante

— ¡Pero que tenemos aquí! —Me incorporé de golpe al reconocer la voz que irritaba mi cerebro

—Ay por Dios—mascullé tratando de seguir mi camino

—No, no tan rápido sosita—me detuvo sosteniéndome por los hombros y me quedé en mi lugar arreglando convulsivamente mis anteojos, aunque, algo diferente al miedo corría por mis venas, comenzaba a enojarme y molestarme. Mi cabeza era como una caja de pandora, cosas malas, realmente malas y que amenazaban la vida en este planeta se hallaban ahí. Todas auspiciadas por mí querido ex amigo y su meretriz. Diablos, no quería decirle meretriz; a ella lo que le quedaba era…

—No me llames sosita—la enfrenté recordando aquellas veces en las cuales ella besaba los labios de él, cuando acariciaba ese cabello suave que nada más yo podía tocar y el simple –y absurdo– hecho de que me arrebató a mi mejor amigo. Sip, la rabia comenzó a rebullir muy dentro de mi interior.

Su rostro de incredulidad no tenía precio además de ser graciosísimo

— ¿Qué? Yo te llamo como se me da la gana, perra—me empujó el hombro pero me mantuve firme, estaba realmente harta. Esta situación sobrepasaba mis cabales de buena persona

—No, y ya detente. No consigues nada más que demostrar tu ineptitud frente a problemáticas con temáticas sumamente fáciles. Es tan simple como que respetes mi derecho a ser quien soy—respondí y pareció atolondrada solo un segundo antes de inflar sus mejillas y acercarse intimidantemente meciendo sus rizos largos en mi dirección

Yo no estaba intimidada. Me encontraba más bien molesta

—No te atrevas a dirigirme la palabra de esa manera. Entiende que yo tengo amigos que tú no—sentenció apuntándome con su dedo

— ¿Cuáles amigos? Yo no veo ninguno tras de ti, ¿Hay alguno cerca? Responde—está vez yo caminé hacia ella y retrocedió solo unos pasos mirando a sus espaldas vacías

—Tú no estás mucho mejor…—defendió de forma muy poco creíble

—Ay por favor Saya, yo no tengo un séquito, nunca lo he tenido y ni lo necesito—respondí con una sonrisa cínica

—No me hables así. No te creas demasiado, entiende que entre tú y yo no hay punto de comparación—afirmó alzando su perfecta ceja. Crucé los brazos sobre el pecho y la miré entornando los ojos

—Si te refieres a lo obvio…—

— ¡Claro que si! —Gritó como una loca

—Entonces si te refieres a que tus meninges no protegen nada y que la piamadre no contiene sesos, oh, claro que si estás bien—sonreí sobradamente al ver su cara confusa y de no entender ni medio—en tu idioma, te estoy diciendo que tienes la cabeza más hueca que una pelota y si, te estoy diciendo además que eres más tonta que una puerta. Obviamente hay una diferencia, en que yo si tengo cerebro y no solo un par de senos perfectos como tú—finalicé alzando un poco la voz y sus mejillas se colorearon de un profundo tono rojo.

— ¡Yo tengo a Ikuto mientras a ti te dejó como a un perro! —Estalló colérica y dolió, Dios sabe cuánto me dolió aquello.

—Probablemente y lo prefiero de ese modo, porque yo tengo los mejores años que puedas imaginar, lo mejor de Ikuto se quedó conmigo porque si, ahora es tuyo y puedes hacer mil cochinadas con él pero jamás, jamás serás algo importante en su vida ¿crees que no te dejará a ti como me dejó a mí? Piensa Saya, haz a tu escasa materia gris funcionar. Le ofreces tu cuerpo y él lo toma como cualquier otro hombre; fueron once años de amistad y aún así se alejó de mí, yo que tú me guardo bien estas porquerías—le señalé el pecho—y me dejo de ofrecer a alguien que sinceramente, ya no vale la pena. —Su rostro no podía estar más rojo

— ¡Conmigo fue hombre! —Me reí

— ¡Felicidades! Lo hiciste hombre, trabajaste una parte de su cuerpo pero te perdiste su corazón, lo enfriaste—se lo dije con intensidad porque realmente lo sentía de esa manera

— ¡Cállate maldita zorra! ¡Él es mío ahora! —Bramó histérica y me dio un empujón tan fuerte que me hizo trastabillar peligrosamente cerca de la escalera y entonces mi torpeza y total falta de equilibrio me envió escalones abajo sin nada de que sostenerme antes. En algún punto dejé de sentir mi cuerpo cayendo llenándose de magulladuras y supuse que había perdido la conciencia…


Fin del capitulo espero que les este entusiasmando las historia tanto como a mi XD

¡no olviden dejarme comentarios!

besos!