Bienvenidos. Los personajes de Twilight no me pertenecen, la historia es de mi autoría.
Canciones del capítulo:
Big Jet Plane ― Angus y Julia Stone
Tu boca ― Rosario Flores
DISFRÚTENLO
Capítulo 6 ― Tu boca
.
"Y sigo soñando y sé lo que quiero…,
que tú eres lo último, también lo primero,
tu ser es mi principio, también mi final."
Rosario Flores
.
Estoy más ansioso que nunca, es como si fuera a vivir la faena más grande de toda mi vida, y quizá así es; Mi Chica Protesta se ha convertido en mi motor, además que al parecer ha dejado de un lado su aversión a mi profesión.
Nuestra primera cita. De solo pensarlo me hace traspirar más de lo normal, así que después de quedarme mirando por un tiempo infinito su nota, como puedo, con un solo brazo y con el otro enyesado envuelto con un plástico, me ducho. Cuando termino empiezo a alistarme para mi gran noche.
―¡Helenita! ―grito, frustrado.
―¿Qué sucede?
―Mi corbata, no puedo hacerla con una sola mano ―bufo frustrado.
Ella solo ríe, me gira gentilmente frente a ella y me la anuda.
―Listo. ―Le susurro un suave gracias―. Estás muy nervioso ¿no?
―¿Tú que crees? ―ambos reímos, la mía parece temblar.
―Va a salir bien, ahora déjame ir a hacer mis cosas ―me palmea la mejilla y sale de mi habitación.
5:30 marca mi reloj, así que llamo un taxi, porque obviamente no me van a permitir conducir. Me limpio la mano en mi pantalón y me miro una vez más en el espejo antes de salir.
Le pido al taxista que me espere en una florería que está de paso y le compro a Bella un ramo de tulipanes; solo espero que le gusten. Cinco minutos antes de las siete estoy aquí, frente al edificio donde se encuentra su apartamento. Le digo al taxista que me espere y entro para preguntarle al recepcionista por Isabella Swan, llama por el intercomunicador y me informa que es en el segundo piso, apartamento a la derecha.
Subo rápidamente y mi reloj marca las 6:59, respiro profundamente y cuando son las 7 toco el timbre.
Una sonriente chica, bajita y de cabello corto, me abre la puerta, deduzco inmediatamente que es Alice. Me saluda con un beso en la mejilla, como si me conociera desde siempre, presentándose. Pregunto por Bella y hace su aparición, hermosa y deslumbrante solo como ella puede serlo. Con un vestido estampado, amarrado a su cintura con una correa; su atuendo termina con unas largas botas hasta la rodilla, que hacen que sus piernas se vean aún más largas y perfectas. Su cabello, naturalmente ondulando enmarca su perfecto rostro. Amo que sea tan natural, tan ella.
Inmediatamente me siento muy elegante y me pateo internamente por no haber venido más casual… sin corbata, me hubiera ahorrado que Helena me arreglara como mamá lo hacía cuando era un niño.
Nos quedamos prendados el uno del otro, por al parecer bastante tiempo, porque Alice carraspea.
―Bien, me largo y les doy espacio, Jasper me está esperando. ―Le guiña un ojo a Bella y agarrando su bolso se va.
―Toma, son para ti ―le digo, tendiéndole el ramo. Ella lo acerca a su respingada nariz y sonríe al olerlas.
―Tulipanes Jaspeados ―susurra antes de sacar la pequeña tarjeta que le escribí.
"Tienes unos ojos preciosos"
Edward Cullen.
Sonríe y las vuelve a acercar a su rostro.
―¿Sabías que cuando regalas tulipanes estás declarando amor sincero?
―Lo sé, lo averigüé por internet ―contesto. Ella suelta una carcajada y sus ojos brillan, haciéndolos aún más hermosos.
―Gracias.
―No hay de qué.
―Espérame un momento, voy a dejarlas en agua. ―Asiento y la espero. Cuando sale me vuelve a sonreír y murmura―: ¿Vamos?
―Vamos. ―Toma su bolso y cierra la puerta, pero cuando está a punto de bajar un escalón la detengo, tomándola de la mano. Me mira confundida―. ¿No me vas a saludar como se debe? ―Desde que me dejó en casa, con solo ese besito de despedida, no había dejado de pensar en sus labios, y ahora que la veo, juro que su boca me seduce, me hipnotiza…
Sonríe y con cuidado se acerca, hala de mi corbata y suelta un suave suspiro antes de estrellar sus rojos labios en los míos para darme un profundo beso, que me nubla al instante. Quiero apretarla fuertemente pero mi brazo me lo impide, así que me las arreglo para con mi otra extremidad buena tomarla de la cintura y acercarla todo lo que se me permite, pero no dura tanto como quisiera.
―¿Satisfecho?
―No ―hasta hago un puchero de niño berrinchudo. Definitivamente esta chica hace estragos conmigo.
Suelta una carcajada y con sus dedos limpia el labial que embarró en mi boca y arregla un poco el suyo.
―Pues va a tener que ser suficiente.
Le doy un suave beso más y nos encaminamos a la salida.
.
.
.
Llegamos al acogedor restaurante que resultó ser un lugar típico español. Completamente decorado con objetos antiguos que te hacen sentir en los 30's. Apenas entrar nos encontramos con una amplia barra, con sillas altas de madera rodeándolo, donde me imagino lado a lado con mi chica, tomando una copa de vino. Más allá, el comedor, que queda atravesando una puerta, está lleno de muchas mesas de cuatro puestos.
El camarero nos recibe y saluda a Bella muy sonriente y confianzudo, con un abrazo y un beso, me siento tentando a halarla y ponerla tras mi cuerpo para que sus sucias manos no estén sobre ella, pero me contengo mientras ella le pide la mesa de siempre, que resulta ser la más alejada y privada, cubierta parcialmente por una columna.
―Me gusta este lugar, es cómodo, tranquilo; desde aquí te permite ver la decoración y disfrutar de la cena. ―Miro a mi alrededor y compruebo que así es, aunque el lugar no está muy lleno, salvo por una pequeña familia y tres parejas más.
―Por favor, Paul, dile a Sam que nos sirva del menú especial ―le pide al mesero cuando se acerca a darnos la carta.
―Espero que no te moleste que haya ordenado por ti.
―No hay problema, me encantará comer lo que tú pidas. ―Sonríe y asiente.
―Sam siempre sorprende, preparan cosas muy típicas y deliciosas. ―Simplemente asiento. No puedo dejar de mirarla.
―¿Te dije que estás hermosa? ―Niega―. Te ves divina.
―Gracias ―murmura quedamente―. ¿Cómo sigues con tu brazo?
―Sigue mejorando, extrañó que se preocuparan por él en estas últimas cuatro horas ―digo en broma, alzándolo un poco para enfatizar el hecho.
―Me puedo imaginar ―dice entre risas―. Me alegra que estés mucho mejor, quizá no te lo dije pero me asustaste mucho, creí que estabas muerto, y… ―se detuvo y bajó el rostro, concentrándose en las formas del mantel de la mesa.
―¿Y… ?
―Y temí perderte ―concluye tras un suspiro.
Llevo mi brazo sobre la mesa y tomo su rostro, hago que me mire y me doy cuenta que sus hermosos ojos achocolatados están llenos de lágrimas, reacias a caer. Entonces muevo mi silla para estar aún más cerca y vuelvo a tomar su rostro, esta vez lo acuno con delicadeza.
―Mi muerte aún está muy lejana, aún tengo cosas que hacer..., ―sonrío y atrapo con el pulgar una gota salada que se atrevió a surcar su mejilla―, aún tengo mucho camino que recorrer en esta vida. No me vas a perder Bella, no lo permitiré.
Apenas termino de hablar estampa sus labios en los míos. No hago más que sonreír y devolverle con gusto el beso.
Un carraspeo nos hace separar y gruño de frustración. Mis instintos asesinos aparecen cuando me doy cuenta que es el mesero, quien cuando se da cuenta de mi mirada de odio no hace más que colocar nuestros platos en la superficie frente a nosotros y después de susurrar un vergonzoso "permiso" se va.
Bella solo ríe, y aunque me parece hermosa no entiendo su actitud.
―Qué…
―Nada ―ríe de nuevo y me hace un gesto con la mano al plato frente a mí ―Salmorejo, espero te guste.
―Sabe delicioso ―respondo después de la primera cucharada.
Mientras comemos mis ojos saltan del plato a ella, quien me ofrece una escena magnífica..., es espectacular verla comer. Cuando después de dos exquisitos platos llega el postre de peras al vino, tomo en mi cucharita una porción y se la tiendo a Bella, quien la recibe con gusto. Repite mi gesto y prácticamente comemos el postre del otro. Pero a estas alturas Mi Chica protesta tiene las mejillas sonrojadas, debido al efecto del vino, no solo el de las peras, por supuesto; está chispeante y atrevida, tanto que no me permite darle la última cucharada de postre cuando me toma de la mano y se pone en pie para arrastrarme hacia el bar, haciendo alusión a que me tiene que ayudar porque aun soy un enfermo grave y convaleciente; la verdad creo que quiere tomar un poco más. ¿Y quién soy yo para no complacerla?
Pero de pronto trastabilla con sus propios pies y la agarro a tiempo, con fuerza de la cintura, ayudándola a mantener el equilibrio mientras empieza a soltar risitas tontas y divertidas contra mi pecho.
―Esto no debería pasar, se supone que eres el enfermito ―hace un puchero y no puedo evitar reírme y acercarme para besarla, es demasiado tentadora para su propio bienestar. Saboreo el sabor dulce mezclado con alcohol de su boca y me hago la nota mental de regalarle una botella para poder volver a sentir la exquisita fusión del sabor del vino con Bella.
Succiono finalmente su labio inferior y me aparto después de morderle levemente el mismo, suspira y abre los ojos, me mira aturdida y finalmente sonríe.
―Bésame así, siempre. Pero cuando estemos a solas y no debamos detenernos ―deja un beso más, rápido y devastador en mis labios y se encamina al bar, dejándome como una vil estatua de yeso, en medio del salón, con la incredulidad escrita en mi rostro ante sus lanzadas palabras.
La sigo después de un momento y la encuentro sentada cómodamente en una de las sillas altas frente a la barra, con un margarita en su mano mientras charla alegremente con el barman. El tipo está detrás de la barra, por supuesto, pero parece que esa frontera no le importa, pues está casi sobre Mi Chica, hablándole y riendo con ella.
Me acerco furioso hasta estar posicionado detrás de Bella y paso mi brazo, posesivo, por su cintura. Ella se sobresalta un poco, pero cuando se da cuenta que soy yo se rinde.
―Alejandro, te presento a Edward ―dice felizmente.
―Oh, ¿Edward Cullen?
―Ese mismo ―le respondo serio, apretando con fuerza la mano que me tiende en saludo y regresándola a su sitio: el abdomen de Bella. Alejandro hace una mueca pero su sonrisa no desaparece.
―Hombre, pero si eres el torero promesa más importante del país ―contesta sonriente. ¿Cree que no lo sé? Solo asiento―. Cómo te lo tenías guardado, Bellita ¿eh? He visto todas tus presentaciones. Me alegra que estés mejor, espero pronto estés listo para darle a ese toro su merecido...
―Ok, ok, está bien, basta de hablar de toreros, de toros, de ases... basta de hablar de eso. ―Bebe de un solo trago su copa, aleja súbitamente mi mano de su cintura y le pide otra copa al chico, quien se queda mirándola sorprendido por un momento antes de atender a su pedido y servirle otro margarita con hielo extra.
Respiro profundo y me siento a su lado, esperando a que ella dé el primer paso, porque sinceramente no sé cómo actuar. ¿Siempre será así? ¿Siempre mi profesión nos va a poner en este tipo de situaciones?
―¿No vas a servirte una copa? ―pregunta Alejandro, después de que Bella se tomara de sopetón su margarita y pidiera otro.
―No, gracias. Estoy con medicación. ―Asiente y después de servirle a Bella se va a atender a otro cliente.
―Bella, yo…
―Shh, no digas nada. ―Pone torpemente uno de sus dedos sobre mi boca para detenerme―, no quiero tocar ese tema, mucho menos en este momento, no quiero dañar la noche.
La música sigue sonando y Bella continúa con su vista fija hacia enfrente. Quiero tocarla, abrazarla y volver a besarla, pero no me atrevo, así que solo espero y observo, a Mi Chica protesta, claro, cómo cierra sus ojos y empieza a moverse al ritmo que suena de fondo. Bebe a pequeños tragos de su copa hasta que los acordes finales de la canción terminan. Se acaba su trago y regresa a mirarme para regalarme una sonrisa apagada.
―¿No es esto gracioso? Después de haberte acosado por tanto tiempo, de haberte llamado asesino infinidad de veces, de haberte repudiado…, ¿No te parece irónico que estemos aquí, sentados tranquilamente, en una cita, la cual me prometí nunca darte, deseando con toda mi alma un beso más, solo uno más para ponerle fin a esto?
Estiro mi mano y acaricio con suavidad su mejilla.
―A esto, Edward… ―su mano nos señala a ambos y ríe con cansancio―, que ni siquiera sé que es.
―Bella, no quiero que esto tenga fin… ―intento continuar pero me detiene.
―¿Cuánto tiempo que nos conocemos? Si es que esto se lo puede llamar así. ¿Más de dos años? ¡Por Dios! Años… ¿sabes cuánto tiempo es eso? ¿Cuánto tiempo odiando y amando a una persona al mismo tiempo sin poder declararle más que tu odio porque eso es mucho más sencillo volcarlo a los cuatro vientos? ―calla y sus ojos caen hacia la barra, alejándose de mí. A pesar de estar a su lado la siento tan distante.
No puedo soportar verla así pero me siento tan impotente. Me bajo del taburete y le tiendo la mano para ayudarle a bajar, me mira con confusión pero eventualmente me da la mano mientras que con la otra agarra su copa, nuevamente llena. La llevo hasta el sillón que está justo tras nosotros, pegado a la pared, así que me siento primero y me recuesto contra la superficie acolchada que hace parte del mismo y la invito a que lo haga en medio de mis piernas, lo acepta sin rechistar, teniendo cuidado de no lastimarme el brazo.
―¿Te duele? ―pregunta sobre su hombro.
―No, mi brazo no duele ―le respondo, pensando que se refiere al brazo, pues es verdad, el brazo no, pero el pecho si, aunque sé que no se debe a ningún problema médico.
Apoyo mi mentón sobre la coronilla de Bella y nos quedamos ahí, simplemente abrazados, escuchando la agradable música. Y en mi cabeza retumba continuamente el hecho de que ha confesado amarme. Dicen que los borrachos y los niños siempre dicen la verdad, y le creo, me ha hecho el hombre más feliz con sus palabras, pero quiero confesarle mi amor también, estando cuerdos... ella de margaritas y yo de la magnificencia de su declaración. Así que la abrazo más fuerte y le tarareo big jet plane, ella recuesta aún más su cabeza en mi pecho y con los ojos cerrados sonríe.
―Be my lover, my lady river. But can I take ya, take ya higher… (1) ―sonríe aún más y me mira de reojo, beso detrás de su oído y respiro de su aroma―. Gonna take her for a ride on a big jet plane. (2)
Cuando termino su brazo se alza y su mano hala mi cabeza para acercarnos y atrapar mis labios. Nos besamos hasta que el aliento nos hace falta o hasta que empieza a sonar Tu boca, no estoy seguro, Bella se pone en pie de un salto, y después de tomar un poco de su margarita y dejar la copa encima de la mesa empieza a bailar frente a mí, aplaudiendo inicialmente al ritmo de los acordes de guitarra, la voz de la cantante le da pie para empezar a mover sus manos en círculos, estilo flamenco, mientras sus pies dan pequeños pacitos. Agarra de repente el filo de su vestido y lo sacude mientras da una vuelta y continua con las palmas y los pies.
―Sí, sí, sí, sí, que lo que quiero es que me bese tu boca. Ay, ay, ay, ay, porque contigo yo me vuelvo loca ―canta y baila para mí, batiendo su vestido con las manos, ondeándolo y él, obediente, vuela al ritmo del estribillo y de las caderas de Bella, dejando expuesto un poco más de piel de sus cremosas piernas.
―Oh Dios mío ―es lo único que puedo articular, pues me he quedado estupefacto ante tanta osadía y belleza de mi chica protesta. No puedo más que sonreír.
Me enderezo en el mueble y sigo contemplándola bailar. Sus hombros se mueven a la perfección, y cuando empieza nuevamente el estribillo alza sus manos y se agarra el cabello, despeinándolo y haciéndolo bailar también, sin dejar de mirarme continúa moviéndose al ritmo alegre de la canción.
La poca gente que se ha congregado en el lugar ahora está mirando el hermoso espectáculo de mi chica, y empiezan también a aplaudir y a bailar. Me quedo embobado mirándola y sonriendo como idiota, ella no hace más que mover su vestido al ritmo, cosa que maldigo cuando casi al final de la canción me percato de un grupito de cuatro tipos que miran a mi chica descaradamente. Los celos hacen que mi cuerpo se ponga rígido mientras espero con ansias a que Bella termine, solo yo quiero tener el privilegio de admirarla.
Termina con una mano arriba y con los aplausos de los presentes, ella solo ríe como loca y salta nuevamente a mi lado.
―Gruñón ¿no te gustó? ―dice mientras deja suaves besos detrás de mí oído, haciéndome estremecer y olvidar momentáneamente de que tengo la capacidad de hablar.
―Sí, me encantó, pero la próxima vez eso solo lo vas a hacer cuando estemos solos tu y yo. ―Suelta una carcajada y acerca sus labios para besarme, haciéndome olvidar inmediatamente de todo menos de ella
―Llévame a casa ―susurra después de un rato de besos y arrumacos.
Pago la cuenta después de una gran discusión con una borracha Bella, pues quería hacerlo ella, al ser quien eligió el lugar, pero ¿qué clase de hombre sería si la dejaba pagar? Yo fui quien la invitó. Al final se rindió pero me hizo prometer que la próxima vez pagaría ella. Por supuesto no me negué, porque ya gané otra cita y eso me tiene feliz. Pido un taxi y ayudo a Bella a subirse para después hacerlo yo, inmediatamente acorta el espacio y se acurruca en mi pecho, beso su frente y la aprieto contra mí, se siente maravilloso el tenerla entre mis brazos. La idea de un para siempre así surca mi cabeza.
―La pasé genial, gracias Edward ―susurra y seguidamente estira el cuello y los labios. Sonrío y la beso con cariño, podría pasar toda la vida así―. ¿Y tú, te divertiste? ―La beso una vez más antes de responder.
―Mucho, gracias por salir conmigo. ―Asiente y sonríe mientras se acurruca más y en poco tiempo se queda dormida, beso el tope de su cabeza y suspiro encantado.
Esta noche podría catalogarla muy fácilmente como la mejor de mi vida, si no fuera consciente de que quiero muchas más con Bella, y sé que cada una será más sorprendente que la anterior.
(1) Sé mi amante, mi dama del rio. Te puedo llevar, llevar más alto…
(2) La llevaré de paseo en un gran Jet planeador.
Hasta aquí llego, por hoy :3 ¿qué tal la cita? Espero sus opiniones con ansias.
Muchas gracias por sus favoritos, alertas y reviews, son un pago grandioso.
Invito a que se unan a mi grupo en Facebook (link en mi perfil)
Nos leemos pronto.
Beijos
Merce
