Desastre
Con desesperación caminaba de un lado a otro escuchando las palabras del que es uno de sus más cercanos amigos. Se tranquilizaba para no saltar sobre el peliazul y obligarlo a que cumpliera su parte. Yeoj solo explicaba su posición con respecto al avance de la cura que salvaría a Takeru y con el cual lograrían salvar a su gente. Hikari solo escuchaba desesperada, ya con tanto tiempo debería tener un avance, uno positivo y para nada lo que le decía.
— ¿Se lo has dicho a Moht?
— No, te lo estoy diciendo primero a ti — la voz del doctor era quebradiza —, Soy consciente que si se lo dijera no me daría más tiempo, sin mencionar…
— Ni lo digas — Hikari miro molesta al doctor, pero a los pocos segundo aligero la severidad de su semblante —. Promete que no se lo mencionaras.
Yeoj no dijo nada, se lo cuestiono, pero al ver el rostro de súplica de la castaña no pudo evitar asentir.
— ¿Por qué tanto silencio aquí?
Hikari y Yeoj voltearon a ver la entrada del laboratorio para ver como Taichi entraba. El castaño aún conservaba su corte de cabello con la única diferencia de la prominente barba que se estaba dejando.
— Solo charlamos sobre las ecuaciones de Gauss-Jordan.
— Interesante.
Taichi no se tragó la mentira solo disimulo que creyo, Hikari no necesito entrar en su mente para saberlo y es que todos en esos días sabían que ella solo podía mantener un solo tema de conversación. Y no era para menos, todo los Ooda restantes tenían el tema de los ataques constantes de la gente de Nek siendo en especial Takeru. El rubio volvió a ser una máquina de asesinar, y en esta ocasión con mayor fuerza y maldad. Ser despiadado era su mayor atributo.
— Solo he venido a informarles que Moht les requiere en la sala de proyección.
— ¿Un nuevo ataque?
— Me temo que no.
Intrigados la castaña y el doctor salieron tras de Taichi para entrar a un pasillo metálico que daba a la sala común. En esos días tenían la suerte de que el número de Eraba aumentara al triple siendo casi cincuenta; solo en ese lugar. Por suerte, las otras sedes del grupo no sufrió ataques sorpresas, siendo avisados con tiempo para esconderse. Esos últimos meses era la obscuridad en el mundo de su raza.
Bajaron las escaleras, la sala común llena de personas charlando o degustando algún aperitivo creaban un buen ambiente. Siguieron su camino hasta el otro extremo del semicírculo y entraron en la puerta metalica blanca. Dentro les esperaba ya el comité líder de los Ooda. Moht y Aseret les pidieron que tomaran asiento y comenzaron la reunión. Lo primero que se menciono fue que Nek y su gente en esos días han estado muy tranquilos, no han seguido con su caza de Eraba que se opongan al régimen del ahora llamado Señor del todo. O simplemente nombrado en lengua Eraba como: Überall.
— Estos días con poca acción de la gente de Nek no es buena señal — comento Aseret.
— Tememos que ha llegado al siguiente punto de su nueva misión — continúo Moht.
— ¿EL cual es? — Siul fue el que se atrevió a preguntar.
Moht y Aseret se miraron de una manera singular, como quien sabe algo que los demás no, y eso no le agrado a nadie.
— Creemos que Nek revelara a los lyvo nuestra existencia.
— No solo eso, si no que los querrá conquistar.
La risa de Siul hizo que todos lo miraran. Su gesto estuvo por completo fuera de lugar, muchos le miraron molestos y otros tanto intrigados.
— ¿Quieres explicar a que se debió tu risa?
— Es que me da risa cómo es posible que alguien pueda pensar tal cosa — aun cuando Moht y Aseret fruncieron el ceño nadie pareció creer lo contrario —. Es que, enserio, ¿Cuántos Erabas quedamos en el mundo? Ni apenas podremos rebasamos a los mil, contra seis mil millones de Lyvos. Perdón, pero eso me resulta idiota.
El silencio se apropió de la sala, lo dicho por el pelirrojo no estaba fuera de la verdad. La superioridad numérica de los humanos era abismal a los pocos de su raza que quedaban, ilógico era pensar en que pocos los pudieran conquistar. Y ese era un pensamiento lógico.
— Nek no es un sujeto cuerdo — hablo la castaña que se ganó toda la atención —. Yo tengo más tiempo de conocerlo que todos los aquí presente, y créanme cuando les digo que el puede estar pensando esa locura.
Hikari espero que Siul debatiera, pero solo se quedó callado mirándola como esperando que siguiera explicando su punto.
— Quizás aún tenga en mente el ser el único Eraba del planeta — siguió al ver que nadie decía nada —. Y con crear una guerra entre los nuestros y los humanos sea la mejor manera para eliminar a su objetivo verdadero.
— Nunca sabremos lo que pasa por su mente — Aerna fue quien ahora tomo la palabra —. No mientras no lo capturemos.
— Eso será difícil — los pelirrojos se miraron —. Nek tiene doscientos cincuenta Grovers, nosotros apenas y llegamos a los cien.
— Aun cabe una posibilidad.
— Eso ya lo pensamos, Aerna, pero Adreb no responde nuestro llamado — la voz de la líder sonó preocupada.
De nuevo un silencio se apodero del recinto donde nueve Erabas se mantenían envuelto en sus propios pensamientos. En los de Hikari por primera vez no estaba Takeru, en esta ocasión rondaba en lo que deparaba el futuro de los suyos y en la locura que se desato tiempo atrás con la muerte de su padre. Quien diría que terminaría de Japón hasta Estados Unidos, pasando por partes de Asia y Europa llevando consigo el mal. No podía evitar sentirse mal, creer que todo era su culpa.
Recordó la decisión que desato todo este desastre. Dos semanas después de huir de su casa, y ver morir a su padre, se encontraba en un pueblo cerca de una ciudad de Japón. En ese lugar charlaba con un conocido, una joven algo loca y muy carismática, una prodigio que su padre estaba por visitar para que trabajara con él y Nek. La joven le dijo que debían destruir la pulsera de su padre, le incisito que eso traería más mal que bien. No le creyó y por tal motivo huyo dejando a la joven a su suerte. Nek la asesino.
No dejaba de pensar que si ese día hubiera hecho caso a la joven nada de lo que estaba sucediendo ahora ocurriría. Se negó por sus adentro, haber destruido la pulsera significaría dejar a su raza morir; desaparecer. Nunca dejaría que ese legado de su padre desapareciera y no importaba que muriera en el intento, lograría salvar a los suyos.
— Veo que tenemos complicada la situación — Aerna rompió el silencio.
— Propongo que mandemos un grupo a Nueva York en busca de Adreb — Aseret miro a sus allegados —. Es el último lugar donde la vieron, sin mencionar que ahí se encuentra su cede.
— Me parece bien — comento Yeoj lo que se ganó que los lideres le vieran.
— Por cierto — Moht se le acerco — ¿Cómo vas con la cura?
Hikari se giró a su amigo nerviosa de que por la presencia del peliblanco pudiera decir lo que momentos atrás le platico.
— Bien, estoy cerca de conseguir lo que necesitamos.
— El tiempo se agota, Yeoj.
— Lo sé.
Ambos se quedaron quietos sin perder al otro de vista.
— Bueno, yo seré quien viaje a Nueva York — Aseret aligero el ambiente —. Quiero que Siul, Hikari, Olrac y Romin vengan conmigo.
Todos asintieron y con eso se acabó la asamblea. Yendo cada quien para su lado, Hikari espero a que nadie la viera abordar a Yeoj para hacerlo. Tuvo que esperar hasta que el doctor se perdió en un pasillo al fondo de la sala común, aquel que daba a los dormitorios. Lo alcanzo justo cuando estaba por entrar en el que se le designo, Yeoj no quería seguir hablando del tema, se notaba en esas ojeras las noches en vela y lo único que deseaba era descansar. La castaña le comprendió por lo que solo agradeció que mantuviera el secreto, el doctor solo asintió y se adentró a su habitación la que compartía con otras dos personas.
Sola en el pasillo poco iluminado la joven se recargo en la pared conjunta a la puerta por donde desapareció el doctor. La situación no iba como esperaba, necesitaban tiempo el que no poseían. Nek avanzaba mientras ellos seguían escondidos bajo tierra solo esperando, pero, ¿Qué esperaban? El tener la cura no significaba que ganarían, aun debían derrotar a Nek y su gente. El nombre Adreb hizo su aparición en su mente, no la conocía y solo sabía que era la mujer que tiempo atrás — cuando buscaban a Yeoj y antes de unirse a los Ooda —, le interrogo. ¿Quién sería en verdad esa mujer? No parecía que fuese parte de la organización, y estaba claro que Moht y Aseret la respetaban.
Cual fuese el secreto tras aquella mujer estaba segura que cuando viajara a Nueva York lo sabría. Mientras tanto lo que necesitaba era dormir, que no teniendo el trabajo del doctor ella por igual había tenido noches de insomnio. Su dormitorio se encontraba en la parte de arriba, en otro pasillo similar al que se encontraba. Se giró hacia la salida y recorrió el trazo que le separaba de la sala común. Al llegar a la sala común ya le esperaba Taichi, quien le pidió que lo siguiera. Sin oponerse lo siguió hasta una habitación sola, un cuadrado de puro concreto.
— ¿Cómo te sientes? — pregunto una vez cerrada la puerta.
— Bien.
— No mientas, por favor.
Hikari suspiro largo y tendido, le gustaría que en esos momentos aquel castaño no le conociera como lo hacía. Eso le evitaría sacar sus verdaderos sentimientos. Sin esperarlo le tomo de la mano, la acaricio y la atrajo hacia él para envolverla en un tierno abrazo. No le era de extrañar, sabia los verdaderos sentimientos del profesor. Se lamentaba que no pudiera devolverlos, pero su vínculo, su corazón era para alguien más.
— Tai yo quiero…
— Lo sé — la tristeza no la pudo disimular —. No importa, yo siempre estaré a tu lado para ayudarte en lo que pueda.
— Soy tan afortunada de haberte conocido.
El castaño de casi cuarenta años ajusto el abrazo sintiendo la silueta de la castaña. Esos momentos revitalizaban a la joven, y en verdad que estaba feliz de poder contar con el apoyo y amor del catedrático. De nuevo se lamentó. Terminado el abrazo se vieron por unos segundos antes de que el castaño pudiera hablar de nuevo.
— Ten mucho cuidado en Nueva York.
— No te preocupes, solo vamos y regresamos.
— Sé que parten mañana.
— Eso dicen.
Tai se dirigió a la puerta y tomo el picaporte.
— En verdad ten cuidado, tengo un mal presentimiento.
— Lo tendré.
Dicho esto abrió la puerta para encontrarse con una sala común alborotada. Los camaradas en el lugar se amontonaban cerca de la entrada principal, el murmullo de las voces hacían perder cualquier palabra creando solo un ruido inentendible. Intrigados los castaños salieron del pequeño cuarto para acercarse al grupo de Erabas que miraban atentos la entrada. Hikari se abrió paso para poder quedar enfrente, lo primero que diviso fue a Moht ayudando a una mujer de cabellera larga que se notaba débil, otros ayudaban a otros extraños a poder mantenerse de pie. Los llevaron a los sofás donde los dejaron reposar, se veían demacrados y en su piel muchas magulladuras.
Pudiendo ver mejor a los nuevos huéspedes pudo distinguir mejor a la mujer de largaba cabellera. La reconoció como la que la interrogo, Adreb. El presentimiento de Tai se hizo realidad, por fortuna ó no la situación les evitaba viajar hasta Nueva York.
— Hagan espacio, déjenlos respirar — ordenó Moht al momento que llegaba Aseret.
— ¡Adreb! — Exclamó al verla — ¿Qué ha sucedido?
La mujer solo se quedó sentada en la comodidad del sofá rojo, no parecía nada más que descansar.
— ¿Moht?
— No lo sé, acaban de llegar y no han dicho nada.
El ver aquellos hombres y mujeres recostados o sentados en por toda la sala común solo provoco que en los integrantes de Ooda miedo y preocupación. En la mente de los presentes, la idea lógica de que el aspecto de sus invitados se debía a Nek y su gente rondaba como una alerta. Hikari curiosa se acercó a sus amigos, esperaba que pronto hablaran o la tentación de usar su telepatía incrementaría.
— Estamos en peligro — hablo de pronto Adreb.
— ¿Cómo?
— Nek y su gente… — la voz entrecortada de la mujer solo producía en la gente de su alrededor desesperación —. Sospechan… es cuestión de tiempo.
Un escalofrió helado recorrió la espalda de los líderes que no pudieron ocultar su miedo. Su piel perdió color tornándose de más blanca, y por el escalofrió irguieron la espalda quedando por exagerado recta.
— Tranquila.— Moht le coloco una mano en el hombro a la mujer herida que se comenzaba alterar.— Debemos llevarte a una cama enseguida.
— A los demás igual — Aseret miro algunos de sus camaradas que entendieron la orden no verbal— ¡Vamos!
Tan pronto como pudieron se llevaron a todos a las habitaciones de abajo para que reposaran. Yeoj fue despertado para que junto a los otros tres médicos comenzaran a tratar las heridas de sus nuevos camaradas. Hikari quiso entrar en la habitación donde reposaría Adreb, pero Moht no la dejo entrar. Esto la irrito, era parte del comité por lo que supondría que pudiera entrar para saber lo que aquella mujer les revelaría.
Sentada sola en la sala común se quedó pensando en lo poco que dijo la conocida como Adreb. Nek ya sospechaba sobre la verdadera misión de los Ooda, el resguardar el poder absoluto oculto en algún lugar de Boston. Y por lo que suponía estaban cerca de conocer todo lo relacionado de aquel secreto. Abrió los ojos como plato cuando armo el rompecabezas. La reunión de la mañana y lo ocurrido ese día solo significaba una cosa. En verdad Nek pensaba subyugar a su pueblo y a los humanos. No teniendo números a su favor con el poder absoluto equilibraría la balanza a su favor.
Si sus pensamientos eran correctos estaban frente a un desastre nivel cataclismo. Si es que Nek lograra hacerse con aquella energía prohibida los sucesos de los tiempos milenarios volverían a ocurrir y esta ocasión podría significar el final de toda la vida en el planeta. Debían detenerlo y ya, sin importar nada dejando todo por la salvación. Al ver como Aseret salía del pasillo y se adentraba a la sala común se levantó de su lugar, pero antes de que pudiera dar un paso su amiga se le adelanto.
No es momento, Aria. Hablo por telepatía la joven de cabellera obscura.
Solo dime, ¿Nek va tras el poder absoluto cierto?
No, aun no. Aseret se quedó estática viendo al suelo. Capturo a dos de los más importantes miembros de los Ooda… seguro los están torturando para sacarles información…
Pronto hablaran.
Esperemos que no. Dicho esto la líder de los Ooda se fue en dirección a la cocina.
Para la castaña esas últimas palabras solo fueron para evitar la verdad, Nek pronto sabría del poder absoluto, su ubicación y como obtenerla. Todo iba de mal a peor, el desitno de su gente ya no era lo único en juego. Toda la vida en el planeta corría un grave peligro, el momento de ocultarse había terminado. El destino de todos se decidiría en los siguientes días, y lo peor de todo… Yoej aún no tenía la cura para detener a Takeru. Todo estaba en contra.
¡Séptimo Capítulo!
Ya estamos en el penúltimo capitulo… y se nota no? Ya que en este solo hemos visto la introducción de lo que se viene para el gran final de la trilogía. Ya les había comentado que tenía pensado varios finales, bueno, solo eran dos hahaha… y me gustaría saber cual les gustaría leer… El Impactante ó el de Esperanza… De esa forma los he decidido llamar, ustedes eligen o incluso puedo publicar ambos solo que el que elijan será el oficial… piénselo bien, los nombres que he puesto pueden ser engañosos hahaha.
Bueno nos leemos en el siguiente capítulo, espero sus opiniones y disfruten de la vida n.n
Sin más por decir.
Au Revoir.
