Aviso: Habrán algunas escenas de sexo explícito, pero NO vulgar, así como también algunas palabras altisonantes en momentos requeridos durante la trama, pero NO serán frecuentes, si entiendes que esto es un inconveniente para ti, tienes la libertad de abandonar la lectura cuando gustes.


Inocente

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 7


La deseaba a rabiar, era demasiado. Mientras más decía o sentía odiarla, más quería tenerla para él, por alguna razón, quería poseerla, ¡cuanto antes!

Pero había algo que lo alentaba a continuar. Eran las ganas no directamente expresadas de Candy por ser poseída. Él se esforzaba por asustarla, quería que le temiera, porque disfrutaba de su temor, pero a pesar del miedo, ella tenía una tenacidad inquebrantable, era una virtud que él admiraba en los negociantes, aunque la odiaba en los Andrew, pero en ella, lo amaba.

Los besos dejaron de ser violentos poco a poco, pero no menos desesperados, no menos ansiosos. Era como si sus cuerpos clamaran por unirse. En el espacio pequeño e incómodo del auto de Terry, ella estaba sobre su regazo, a horcajadas, pero su trasero rozaba el volante mientras que las manos de él habían desabrochado su blusa y acariciaban sus senos. Ella no tenía mucha experiencia, tenía miedo de tocarlo, se dejaba hacer, limitándose a acariciarle el cabello, la cara y los brazos fuertes de vez en cuando, pero todo se descontroló cuando Terry comenzó a besarle los senos, a humedecerlos con su boca ardiente.

—Jack...— su nombre le salió tan falto de aire y arrastrado, como si no fuera a penas de una sola sílaba.

—¿Qué pasa, Candy? ¿A caso no querías esto, eh?— Le bajó la cremallera al jean de ella para introducir su mano dentro de sus bragas.

—Sí... pero...

—¿Pero?— Sus dedos la torturaban sin piedad, tan suaves, pero tan expertos y ardientes.

—¿Lo vamos a hacer aquí?

—¿Y por qué no?

La besó, de esa forma tan cruel, tan violenta y tan divina para ella. Comenzaba a ver el amor de otra manera, que sentirlo no sólo estaba en la ternura de un acto, sino también en la agresividad del mismo cuando era mutua y permitida.

—Es que...— Le costaba respirar.

—¿A qué le temes, princesita Andrew, eh?

Acomodó su miembro que se había desviado hacia el lado derecho y lo centralizó, de modo que ella pudiera sentirlo.

—No es que tenga miedo...

—¿Y qué es?

Ella tuvo que echar la cabeza hacia atrás para que él besara su cuello, lo marcara, lo cual fue divino para ella, nunca se lo habían hecho. Sintió su boca apretarse en esa carne tierna y blanca, una leve punzadita de dolor hasta que consiguió su objetivo, dejarle la cicatriz temporera de su deseo. Más adelante, su cabeza se enterró en los pechitos pequeños y tupidos que ya estaba amando. Se bajó la cremallera y liberó su erección, bajándole el jean a ella.

—Me gusta lo que me haces, pero... no quisiera mi primera vez en un coche...

Se detuvieron las caricias, los besos, las palabras, todo. Hasta las hojas de los árboles se dejaron de mover. No contaba con eso. Bien sabía que la chica era algo ingenua, que no tenía una vasta experiencia, pero...

—¿Eres virgen?— Su voz sonó inesperadamente áspera.

—Sí...— Admitió desconcertada ante su asombro.

—¿Y en ningún momento se te ocurrió decírmelo?

—No pensé que fuera importante...

—¿No pensaste que fuera importante?— Su retórica llevaba coraje y un reclamo que ni él comprendía.

—Es decir... pensé que era obvio... ¿por qué no iba a serlo?— Fue ella quien alzó la voz y se abotonó la blusa, se acomodó toda la ropa, presintiendo que el momento de pasión había culminado.

Terry no supo qué contestar a su pregunta. ¿Por qué había pensado que ella no era virgen? Tal vez por su actitud prepotente, por su manera provocativa de vestir, por la forma en que se había encaprichado con él y porque... alguna vez, él también tuvo dieciocho años...

En sus tiempos, con los compañeros que se codeaba entre el privilegiado vecindario y la escuela, jamás conoció una chica que a la edad de Candy fuera virgen y él jamás había estado con una. Él mismo había perdido su virginidad a los dieciseis. Tuvo compañeras que estaban iniciadas sexualmente desde los trece y Candy Andrew, que había crecido sin duda en el mismo ambiente, de chicos ricos, caprichosos y promiscuos, era virgen. Según ella, pensó en su necedad.

—¿Y quieres perder la virginidad conmigo?— Se señaló a sí mismo.

—Resulta que te he conocido siendo virgen, ¿qué quieres que haga?— Alzó los brazos, sin más explicación.

—¿Por qué?— Tomó suave su mentón y la miró a los ojos.

Lo que ansiaba era que ella le diera una buena razón para arrepentirse y dejarla fuera de sus verdaderas intenciones, sólo una razón para que ese lobo no la devorara.

—No es que te haya escogido para... para que me desvirgues únicamente... es que... creo que me enamoré de ti... y desde entonces he estado soñando con este momento...

"Cree que se enamoró". ¡Vaya razón! Él no creía en esos sentimientos. No era más que su capricho del momento. Una niña curiosa que quería experimentar. Entonces, ¿él era su maldito conejillo de Indias? No iba a ser utilizado por ninguna otra mujer, fuera de la manera que fuera y mucho menos por una niñata babosa como Candy Andrew que jugaba a ser mujer.

—¿A caso para estar contigo era necesario tener experiencia previa?—Le soltó con prepotencia.

Entonces la imaginó con otro, entregándose a otro, gozando de "experiencia" en otras camas. Se enfureció con sólo pensarlo.

—Muévete a tu asiento y ponte el cinturón.

—Pero...

—¡Hazlo!— Le ordenó molesto, aunque no tuviera razón para estarlo.

—¡No!— Se negó desafiante, provocando su ira.

—¿Por qué siempre tienes un maldito problema para hacer lo que se te dice?— De mala forma, él mismo la movió a su asiento y le puso el cinturón.

—¡Porque siempre haces lo mismo! Está todo perfectamente y de pronto decides que nos vamos, sin razón alguna, sólo porque tú lo dices.

Lo desafiaba. Candy no era chica de tragarse algo que no le gustara y de eso Terry se iba dando cuenta, y aunque en parte le gustaba, por otra parte le molestaba no poder tener el control pleno y absoluto.

—¿A dónde vamos?—Preguntó al ver que él había acelerado veloz y furioso.

—A donde tú quieres. Voy a complacerte, Candy.

...

La llevó a su apartamento. No supo exactamente por qué lo hizo, seguro no era una decisión inteligente, pero lo hecho, hecho estaba.

—¿Es aquí donde vives? Es decir... ¿es tuyo este apartamento?

—Eso dice el título de propiedad.— Se encogió de hombros y le sonrió, parado en el marco de la puerta mientras ella curioseaba.

—Es bonito aquí, muy varonil, eso sí, pero... me gusta...

Ella seguía caminando y él iba detrás. Candy se fijó en la moderna cocina, pocas veces utilizada, sus gavinetes de granito, la nevera en acero inoxidable, la estufa de tope de cristal. Luego el amplio salón, sofás modernos en piel, negros y blancos, cortinas blancas, un enorme televisor con sus equipos, la costosa alfombra. En otro lado apartado estaba el juego de comedor, una mesa cuadrada con tope de cristal y seis sillas en piel, blancas. Era un quinto piso, Candy divisó el balcón y se asomó, sintió la fresca brisa de octubre en su rostro, en su piel y el cuerpo caliente de Terry que la abrazó desde atrás.

—¿Quieres ver el resto?

Habían tres habitaciones, una de ellas vacía, amplia. Recorrió otra, el estilo impersonal en la decoración le decía que debía ser de huéspedes. Se topó con el baño, enorme también, pulcro, el juego de toallas blancas y azúl marino, la tina limpísima, el azulejo no tenía ni una mínima mancha. Y más adelante, estaba el cuarto de Terry. La puerta estaba cerrada, ella tras vacilar un momento se decidió a abrirla.

Estaba pintada de blanco y crema, una enorme cama de plataforma en caoba, el edredón negro y los almohadones blancos, una lámpara. El buró varonil e imponente y un amplio armario. Candy fue a girarse hacia él, que estaba detrás suyo y se chocó directo con su cuerpo.

—Aún estás a tiempo, Pecosa...— Le susurró tras un beso traicionero.

—Estoy lista...— Su voz y su cuerpo temblaron.

La miró a los ojos por un instante, buscando un indicio que lo llevara a retractarse. Eso de odiarla no se le estaba haciendo tan fácil, no podía decir que la amara, sabía que no la amaba, pero... ¿la odiaba? Iba a arrebatarle su virginidad, sin amarla, sin promesas, sin nada... ¿por venganza? ¿Y por qué? Si bastaba con dejarla en la calle para que la niña rica deseara no haber nacido, pero... ¿por qué no tomar algo más? Algo que ella jamás recuperaría después de esa noche.

Sería tan fácil tumbarla en su cama, desnudarla, hacerla suya en minutos y devolverla a su casa... eso era lo que había planificado, pero... su rostro ingenuo mirándolo expectante, su boquita inocente mordiendo sus labios por nerviosismo, por miedo, más allá del deseo. Ese cuerpo pequeño y delicado, incluso esas pecas, era una pureza que él quería poseer y a la vez, era una fuerza sobrehumana que lo poseía a él... su primera vez... eso no podía tomarse a la ligera, iba a disfrutársela, Candy era una tentación vestida de azúcar.

—Voy a desnudarte...

Ella asintió para luego dejarse poseer por sus besos y sus manos que la despojaban de toda la ropa. Para él fue mágico y totalmente nuevo que ella temblara de pudor... pudor... no había conocido eso, ella temblaba y ardía ante cada pieza que caía. Hasta que estuvo desnuda en su totalidad.

—Qué preciosa eres, Candy Andrew...

A ella se le escapaba la vida, pues él no estaba tocándola, bueno, no con las manos, pero sus ojos zafiro se clavaban en cada rincón de su figura, sólo apreciándola, ella no pudo evitar mirar la erección que guerreaba en sus jeans y tragó grueso.

Quiso cubrirla entera de besos, como un delicioso bombón, saborearla de a poco. Se comenzó a desvestir, porque a pesar del aire acondicionado, el fuego de su cuerpo era muy intenso. Candy lo miraba desvestirse con la mirada fija, con el corazón en un hilo, el cual casi se detuvo cuando por fin se bajó los pantalones, quedando en calzoncillos, más notoria y pronunciada la erección.

Se le acercó para besarla. Fue maravillosa sentirla tan pegada a él, sus pechos desnudos pegados a su cuerpo, su miembro rozándola en el vientre, tan duro y suave a la vez. En él beso, ella le bajó los calzoncillos.

—¿Estás ansiosa?

—No pude evitarlo...— Se mordió el labio con travesura, pero no se atrevía a encararlo.

—Si quieres puedes tocarlo.— Le llevó las manos justo ahí.

Con las manos temblando, con todo temblando y sin atreverse a mirarlo, comenzó a explorarlo, con abierta curiosidad. Se sentía duro, pero cuando pasaba su palma, se sentía suave. Su mano se humedeció del líquido traslúcido que la punta vertía. Miraba las venas que tenía y el suave vello del glande.

¡Era demasiado! Terry estaba sintiendo de todo, menos morbosidad. Estaba excitado a mil, eso no lo podía negar, pero más que eso, estaba fascinado con ella, con sus torpes caricias, una chica así jamás había pasado por la cama de Terry, había creído lo que había oído, que eran latosas, pero no Candy... ella lo había mantenido al borde del deseo por un tiempo muy prolongado y aún no le hacía nada.

—Candy, yo también te quiero tocar... quiero tocarte toda, besarte toda...

Su voluntad se hizo agua escurridiza entre sus dedos, sólo con eso, sintió el subibaja en el estómago, su sexo mojarse y doler. Terry se arrodilló ante ella, besando sus pies. Tenía algo con ellos, los encontraba hermosos, pequeños, limpiecitos y delicados, las uñitas cuidadas y pintadas de violeta. La recorrió a besos y de pronto la cargó, sorprendiéndola.

—¿Ya? ¿Ya va a pasar?

—Tranquila, niña. Relájate, esta noche te va a pasar de todo.

La colocó en la cama, de espaldas, admirando la silueta perfecta, besando el pequeño y respingado trasero. Su melena era una cortina dorada que cubría su espalda, era tan hermosa, tan delicada... sentía que sus manos en cualquier momento podrían romperla.

—Voltéate, pequeña.

—¿Ahora sí? ¿Ahora sí va a pasar?

—Linda, ¿cuál es el afán? Déjate llevar...— Tomó sus senos en sus labios, aniquilándole todas las neuronas y la voluntad.

—Es que no quiero que el dolor me tome desprevenida...

—No pienses en el dolor todavía, aún no te lo haré...— Le dio un beso en los labios.

No quería penetrarla aún y que el encanto se acabara. Estaba prolongando el momento. Su boca la besaba entera y se maravillaba, sus senitos tenían pecas, pecas que él se estaba memorizando, también las tenía en el pecho.

—Estas pecas son divinas...— Succionó su seno, su cálida humedad y su aliento la hicieron gemir.

—Pensé que eran horribles...

—Estas no.— Tomó su otro seno y lo chupó, a la vez que abarcaba el otro en sus manos y con su dedo rozaba el pezón.

Su cuerpo era tan divino, tan amazónico que incrementaba el deseo. Era como una isla inhabitada, recién descubierta, virginal. Ella estaba tan ansiosa, ofreciéndose a él como una florecilla que acaba de abrirse al mundo, ante una lluvia tormentosa que amenazaba con desojarla... no volviendo jamás a ser la misma.

—Ahora sí, preciosa.

Entrelazó sus manos con las suyas, su boca hambrienta se nutría de sus pechos, con su pierna separaba las suyas y poco a poco la fue penetrando. Ella se quejaba bajito y jadeaba, lo abrazaba, él le daba estocadas suaves y precisas. Era divino, su estrechés era divina, cubrir su cuerpo pequeño con el suyo y hacerse uno...

—Jack...

—¿Sí?— No podía detenerse, ¡por Dios que no!

—Me duele...— Confesó.

Se detuvo un instante renuente, luego miró su rostro bellísimo, con un par de lágrimas y lo que sintió fue tan grande y tan profundo que no hubo descripción. No, no era amor, él la deseaba, sólo eso. Y además, la odiaba. Eso no había cambiado. ¡No podía cambiar!

—No quisiera lastimarte, Dulce Candy, pero no está en mis manos...

Le habló con la verdad, aunque detuvo las embestidas para limpiar sus lágrimas con sus besos, para acariciar su cuerpo y encenderlo nuevamente, de modo que ella volviera a desearlo y que el deseo se llevara el dolor.

—No pienses que te duele, piensa en esto...— Sus besos eran tan reconfortantes, sus manos la acariciaban y jugueteaban con sus senos hasta que su llanto se convirtió en jadeos y en vez de embestirla, Terry rozaba su clítoris con su miembro, sin dolor, sólo placer.

—Ahora sí... ya no me duele, Jack... ¿puedes quedarte haciendo sólo eso?

—Shhh. Disfrútalo. Así... cierra tus ojos y sólo siente...— La punta la seguía rozando ahí, rítmicamente, cuando la vio a punto de irse, lo hizo un poco más rápido y aunque ella ahogó su grito, posiblemente por vergüenza y pudor, él pudo sentir que había terminado, aprovechó su éxtasis para volverla a penetrar.

Lo hizo fuerte, entrando de una sola vez y arrebatándole al fin la barrera que puso fin a la niña y entre dolor y placer la hizo mujer.

...

Terminó y su cuerpo se quedó desplomado por el suyo. Jamás había tenido un clímax de esa manera. Ahora ella lo abrazaba. Lo abrazaba y lo besaba y a él le estaba gustando. Eso no estaba bien. Estaba disfrutando de su calor, de su cariño, de su inocente y desinteresado cariño. Eso no estaba en sus planes, no quería quedarse ahí, refugiado en su cuerpo, pero no podía moverse. Se sentía bien con ella, sentía de alguna manera su amor, sus ganas de retenerlo, se sentía amado y deseado.

¡No! No era amor. Él no la amaba y ella no lo amaba a él. Era sólo la parte más grata de su venganza, no se había enamorado... debía ser la emoción del momento. Las mujeres como ella no amaban... tenía que sacarla de su cama y de su vida... ella no iba a desviarlo de su objetivo y por nada del mundo, por nada, él desistiría de odiarla. Porque... ¡la odiaba!

—Candy...

—¿Sí?— Ya estaba por quedarse dormida bajo su cuerpo.

—Tienes que irte.

Continuará...


¡Hola! Sé que la mayoría de ustedes no leerán esto hasta mañana por la hora, pero aproveché la inspiración y aquí está, espero que les haya gustado. Ya imagino todas sus especulaciones jajajajaja.

Comoaguaparachoc: Tu petición será algo inevitable e inminente, pues la trama lo ameritará tarde o temprano.

Mako: "Jack Smith" es un elemento sorpresa jejeje.

Gracias por comentar:

Alesita77, Goshy, jhaly baeza, norma Rodriguez, Gina MC, Guest, Yomar, CONNY DE G, AcuaMarine, Maquig, Zucastillo, sofia saldaa, Dulce Lu, Maride de Grand, Loca x Terry, Claus mart, olgaliz, vianyv07, luz rico, myrslayer, ELI DIAZ, Comoaguaparachoc, XOCHITL, Dylan Andry, Mirna, Ana, Dali, LizCarter, Zafiro Azul Cielo 1313, Becky70, gatita, Soadora, Mako, thay, elisablue85, Iris Adriana, skarllet northman, Luisa

Hasta pronto!

Wendy