¡Y otra actualización más que se hace a tiempo! Sí señor, llevo una buena racha y no quiero perderla, ¡me niego!
Muchas gracias a las personas que comentaron en su review su decisión para la encuesta, ¡y también a las personas del grupo de la comunidad que igualmente dieron su voto! La opción ganadora fue el viaje de Sinbad, que en este capítulo se llevó un poco de la mitad y en el siguiente será casi todo. ¡Comenzamos la investigación! ¿Qué le pasó a los padres de Judar y Judal?
¡Disfruten la lectura!
Gotas de Agua
Capítulo 7. Despedirse.
— ¿En serio quieres ir?
¿Perder la única oportunidad que ha tenido para salir más allá del jardín y ver a gente nueva?
La gente no le gusta tanto, pero ahora mismo quiere ver caras nuevas, respirar el aire de afuera. ¡Claro que quiere! Asiente con la cabeza, la mueca de Sinbad es tal que no sabe si describirla como una de decepción o una frustrada.
— ¿No prefieres estar aquí un rato más? —Insiste, si cuela pues…
Y es que la verdad Sinbad quería estar tumbados un rato más, retozando en la cama junto al japonés hasta quedarse dormidos y listo, pero se la debe a Judar.
Y sabe que la batalla ya está perdida cuando Judar se aparta de sus brazos para sentarse en la cama.
Estira los brazos hacia el cielo y se estira un poco antes de levantarse. Sinbad se permite un último vistazo al bonito cuerpo de Judar antes de cerrar los ojos y bufar.
— No sé por qué quieres ir.
— No voy a escaparme si es lo que te preocupa.
— No me preocupa… —Bueno, en una pequeña parte sí.
Pero nadie puede culparlo.
Cuando abre los ojos Judar ya no está en frente, acaba de entrar al baño.
— Mrh…
Ni modo, un rey tiene que hacer lo que un rey debe hacer. Con bastante desgano se sienta él también. Mira la ropa en el suelo con ojos ausentes hasta que decide por fin levantarse y buscar ropa más decente.
¿Cuánto han tardado ya? Seguramente más de media hora, quizá una hora.
Saca de su armario un traje italiano de lo más normal.
Claro, de unos miles de dólares. Algo normal.
Ni siquiera se molesta en limpiarse, aunque suene mal se descargó más en Judar que en su propio cuerpo. Tampoco puede decir que hayan hecho algo que lo hiciera sudar como el pequeñito lo hizo.
Mientras que el otro se toma su tiempo en el baño el rey ya está abotonando una suave camisa de algodón. Se inclina y sube con desgano los pantalones. ¿Ropa interior? Inútil, es algo que comparte con Judar.
A ninguno de los dos les gusta usar ropa interior, vaya par.
Abotona el pantalón y luego sube el zipper de forma cuidadosa. Se coloca el saco encima justo a tiempo para ver a Judar salir del baño, todavía desnudo pero limpio y aseado.
— ¿Todavía no has terminado? —Pregunta Judar, secando su cabello con una toalla la cual luego deja sobre la ventana, extendida.
— ¿De qué hablas? —Le contesta el rey. ¿Acaso no está bien presentable? — Ah, ¿quieres que vuelva a la ropa de mujer?
— ¡Nada de eso! Pero si usas un traje es con todo el paquete, ¡eso incluye la corbata!
La mueca del rey es comiquísima.
— ¿Corbata?
— Oh, Sinbad…
— Bien, bien, si quieres ayudarme tienes menos de cinco minutos antes de que pierda el interés y este rey decida salir sin corbata. ¡Anda, vístete también! Ya que me has obligado a levantarme…
— Está bien~
— Eres muy bueno con las corbatas. —Halaga cuando Judar termina de hacer el nudo y la ajusta un poco. — Hey, menos. Vas a ahogarme… Ah, por esto no me gustan las corbatas.
— Lo siento~
Y ya con esto, el rey queda completamente vestido.
— ¿Tienes tiempo haciendo corbatas?
— En el trabajo jamás falta. Los niños a los que enseño en primer grado llevan una en su uniforme también, a veces me piden ayuda. —Explica, y retrocede un par de pasos para verlo.
Era divertido pensar que hace menos de una hora vestía como una mujer, con ese terrible corsé tan apretado…
— ¿Profesor confiable? —Pregunta sin más.
— No quiero presumir, pero soy muy bueno en muchas cosas, entre mis cualidades está el que soy una persona en la que se es fácil confiar.
Tras una sonrisa el rey toma las manos de Judar y las besa.
— Ya lo sé.
Nada más relajante que una buena fiesta por la noche. Se unieron de nuevo al resto al cabo de un rato, con ropa más decente para un evento como este y con sonrisas en los labios de parte de ambos, ¡incluso Sinbad accedió a sentar a Anwar en sus piernas durante la cena! Eso sí que era una sorpresa.
¿Quizá solo necesitaba de un momento en calor con otro cuerpo? No lo sabe, el sexo tampoco era como para sonreír así todo.
Quizá se siente victorioso porque se trata de Judar.
Luego de una rica cena se cumplió la palabra de bajar al pueblo. ¡Fotos llovieron para Sinbad! Por todos lados, incluso tanto flash terminó por dejarlo viendo luces en donde no las hay.
Pero fue divertido, aunque llegó el punto en que Judar no se notaba nada cómodo así que Sinbad evitó lo mejor que pudo a las cámaras grandes de la tv. ¡Y evitó a cinco!
Jamás había negado al público conocerlo.
Finalmente terminaron por apartarse, o mejor dicho Judar terminó por apartarse y subir escaleras arriba de regreso hacia el imperio hasta que Sinbad lo notó y salió corriendo detrás de él.
Y ahora estaban aquí, en un punto medio entre la montaña en que su castillo se alza orgulloso y la plaza del pueblo, de su querida Sindria, solo sentados mientras veían las luces y las personas disfrutar allá a lo lejos y escuchaban la música.
Ni lo piensa dos veces, en medio de una charla el rey decide pasar su brazo por detrás del cuerpo del muchacho y luego abrazarlo, con su cálida mano cubriendo el vientre del japonés.
Luego simplemente lo interrumpe al tomarlo de la barbilla. Judar cierra la boca al instante y lo mira fijamente a los ojos.
Seguramente pensó que iba a besarlo pero no, solo acerca la punta de su nariz a la del japonés y las deja juntas un rato, luego se aparta, todavía sonriente.
— Ahora sabes decir hola. —Nota la mueca confusa del japonés, eso le ocasiona una risa. — Hace tiempo me pediste te enseñara a saludar, haz memoria.
— ¿Cómo? ¿El gesto? —Él no se refería a esto, más bien quería aprender a escribirlo…
De todas formas, funciona igual, ¿no?
— Sí, pegar las narices es una forma de saludarnos entre hombres en mi país. ¿En Japón cómo lo hacen?
— Si lo hacemos es más por educación, y es… normal. —Frunce un poco las cejas, no sabe cómo explicarlo. Después de todo no es fácil cuando es algo tan cotidiano que claramente los otros no hacen. — Solo… nos inclinamos un poco o simplemente decimos "hola, ¿Qué tal están?" o "Buenas noches" incluso a desconocidos por la calle. También es muy normal que nos disculpemos incluso con desconocidos.
— ¿Y eso por qué?
— Desde hace mucho tiempo en mi país está mal visto molestar a las demás personas. Gritar, armar alboroto o hacer cosas inmorales en la calle es excusa para que la sociedad decida excluirte, lo más importante al salir es mantener siempre el respeto hacia los demás.
— ¿Por eso los turistas no les agradan mucho?
— ¡Los turistas están bien! De alguna forma le dan un toque a las calles. A muchos nos da ternura que se emocionen tanto por lo que para nosotros se ha vuelto cotidiano. Cualquiera va a encajar bien mientras no llame mucho la atención, tampoco está bien visto que una persona quiera sobresalir. Los demás lo tomarán como un egocéntrico mimado. Tampoco nos agrada que la gente se queje tanto, nos preguntamos "¿por qué no deja de quejarse e intenta hacer algo por solucionarlo?"
— Parecen ser algo estrictos, son muchas normas sociales…
— Quizá. Pero funcionan. Gracias por enseñarme, Sinbad.
— No eres el único que está aprendiendo cosas nuevas, considéralo un intercambio~
Además, la información le va a ser de mucha utilidad.
— Cuéntame más, ¿la comida de tu país es buena?
La charla se alargó lo necesario hasta que Judar bostezó y luego de eso se le acurrucó, apoyando su cabeza contra el hombro del rey. Lo ve con interés, y luego con otra sonrisa.
— ¿Demasiado tarde para ti? —Duda si quiera sean las dos. La fiesta todavía parecía igual de animada. Escuchaba las charlas altas de todos sus generales y de la servidumbre que quedaba de pie aun con la distancia en la que se encontraban y también la música alta que tenía su pueblo ahora mismo, disfrutando de la comida y de las bebidas que habían sobrado.
Seguramente ese día era el mejor día en la vida de muchos de sus turistas, y en un día tan importante el rey estaba simplemente sentado manteniendo una charla al lado de su nuevo amante. En cierto modo era extraño.
— Eso creo. ¿Qué hora es?
— No me traje el celular, lo siento.
— No importa…
Judar alza la vista al cielo y busca la luna, maravillándose una vez más con la cantidad de estrellas que alumbran la noche. Encuentra la luna pero suspira al verla. No es luna llena.
Oh, sí, el japonés sabe leer la luna para adivinar la hora. Pero solo si es luna llena.
Vuelve a bajar la cabeza y restriega débilmente la mejilla contra el hombro del rey.
No quiere que llegue la mañana, significa que Sinbad se irá de viaje y él… sin el rey detrás todo el tiempo, ¿podrá encargarse apropiadamente el jardín?
Sinbad aprecia el silencio pero no tan feliz, él quiere seguir hablando. Digamos que cuando comienzas a tener una charla tan interesante y amena solo quieres seguirla. Judar era muy bueno con eso. Siempre tiene algo interesante qué decir.
— ¿Puedes hablarme más?
— ¿Sobre qué… quieres hablar?
El segundo bostezo hace que Sinbad se sienta un poco culpable, ya es evidente que Judar tiene sueño.
— No sé, ¿lo que te gusta? Háblame de más cosas de las plantas. Ya sé que pueden ahogarse con mucha agua, ¿algo más?
— Las plantas, específicamente las plantas de guisantes y sus flores, crearon junto a un naturalista la materia llamada genética. —Comienza a contar, con voz suave y casi apagada. — Se llamó Gregor Mendel. ¿Has oído hablar de él?
— ¿Me ves cara de listillo o de leer algo que no sea por política?
Un buen punto. El de los negocios era Sinbad, pero el científico y biólogo aquí era Judar.
— No quieres saber de qué te veo cara. —Susurra con un ligero toque de picardía, y se siente contento cuando Sinbad le guiña un ojo, entendiendo la broma. Más tranquilo, continúa hablando. — Pues… fue un monje. Estudió por años las semillas y flores de los guisantes. Él fue quien descubrió que la mayoría de plantas eran hermafroditas…
Alcanza a sentir que Sinbad se sobresalta, y con la somnolencia encima levanta la cara para verlo.
— ¿¡Las flores son hermafroditas!?
— No todas, solo algunas. Incluso entre ellas existen las dominantes. Una planta puede tener tanto óvulo como filamentos masculinos dentro de la flor, algunas incluso se autopolinizan y así traen más semillas, a esas las llamamos Raza pura. También hay híbridas, y las dominantes y recesivas… en realidad todo es muy parecido a las características de los humanos. Las plantas también heredan rasgos aunque no tantos como un humano los puede heredar de sus padres y abuelos. Cosas como el tamaño de la planta, de sus hojas, el color…
— Wah, es tanta información~
Así que esto era un profesor que ama su materia, huh. Sinbad estaba dispuesto a escuchar todo lo que tuviera para decirle, mientras en Judar estuviera la pasión por lo que dice su charla va a ser interesante siempre, no es de extrañar que Judar también extrañe ser maestro. Aunque a esta altura seguramente su trabajo…
No se siente culpable de nada.
Finalmente, mientras Judar continua hablando en voz baja del tema, su cuerpo comienza a ceder y se deja caer hacia atrás sobre el césped.
Alcanza a cargarlo antes de que su cabeza toque la tierra y se lo echa encima, sobre su regazo. Y el japonés ya no pudo resistir más.
Hizo un buen trabajo, resistió buena parte de la fiesta y no habló de más ante ninguna cámara. Y ahora nuevamente lo tiene sumiso en sus brazos, completamente agotado.
Tomándolo con firmeza, se levanta y sin más camina de regreso hacia el castillo. No se detiene a despedirse de su madre todavía, sabe que lo hará por la mañana.
Con una mirada un guardia se acerca rápidamente a abrirle la puerta principal y pasa con cuidado de no golpear la cabeza de Judar contra alguna pared, luego emprende la caminata escaleras arriba hasta su habitación.
Es hora de dormir.
Si había algo que a pocos les gusta son las despedidas. Aunque pudieran ser tan cortas como largas siempre causaba un sentimiento bastante deprimente. A Sinbad no le gustaban las despedidas, y menos lo quería por lo poco que iba a durar su viaje. No puede descuidar su trabajo por tanto tiempo. Pero esta vez había algo diferente.
No quería soltar el cuerpo entre sus brazos.
Judar todavía dormía y Sinbad ya estaba despierto y bien vestido, con todas las maletas en el auto y con su madre esperándolo para ir juntos hasta el aeropuerto. A menos de una hora para su viaje el todavía continuaba en la habitación, solo acariciando el cabello de Judar y grabando cuanto podía de él en su memoria y en sus manos.
Rogaba, sin darse cuenta, porque su viaje fuera fructuoso y pudiera regresar pronto. ¿Miedo a que Judar intente escaparse? Muy posiblemente.
Pero ya era hora de irse. Muy a su pesar termina dejando la cama, pero saca del bolsillo de su pantalón una hoja doblada y una caja rectangular un poco pesadita, había papel forrando la caja así que el contenido todavía es un misterio. Los deja sobre la mesita de noche y se gira, dispuesto a irse, pero termina dándose la vuelta de nuevo y regresando en sus pasos hasta la cama una vez más.
No quiere irse sin despedirse apropiadamente, pero Judar sigue dormido y se ve tan cómodo que le da pena despertarlo. Le toma la mano izquierda y le da un apretón.
Tiene que irse antes de que pierda el vuelo, aunque está a tiempo todavía y quizá alcance a…
No, solo está pensando de más. Ahora mismo solo debería irse y ya, no sentirse tan interesado por despedirse o por robarle un beso más antes de irse.
Le molesta mucho esta sensación de dependencia, ¿desde cuándo ha comenzado a sentirse así?
Atrae esa mano a su boca y besa los nudillos, con la vista pendiente del rostro del japonés. Un último vistazo no hace mal a nadie.
— No te escapes todavía, ¿okay?
No hay otra despedida más que esa. El rey finalmente se aleja y se va de la habitación. Un largo viaje le espera.
El vuelo fue de lo más aburrido. En un principio tuvo que apagar el móvil pero en cuanto fue seguro volverlos a encender no perdió más tiempo y comenzó a leer archivos de su país para entretenerse, incluso una corta charla por mensajes y luego una siesta.
Cuando Judar pudo despertarse al fin era ya tarde, Sinbad no estaba a su lado y sentía frío, claramente tenía ya rato desde que se fue. Se sienta sobre la cama y se talla los ojos. Se siente frío.
Eso estaba bien, a Judar no le gustaban mucho las despedidas pero le habría gustado al menos verlo subir al avión. O simplemente despedirlo con la mano. Toma aire y tras unos segundos lo suelta en una exhalación silenciosa.
El rey no está.
Si quisiera podría intentar escaparse. Luego de un mes incluso conocía el nombre de sus dos guardias y seguramente Anwar era una grandiosa oportunidad para salir al pueblo. ¿La reina? Ni siquiera tenía la confianza de Sinbad y mucho menos iba a tener la de la señora Esra pero seguramente no se le ocurrirá revisar las personas que buscan vuelo a Japón, ¿verdad?
Aunque ahora que lo recuerda, sin su pasaporte… ¿Estará?
Ve con algo de ganas su maleta. Sabe que está ahí porque lo ha visto, sabe que Sinbad no se ha metido con nada de sus pertenencias personales y quizá sigue con su dinero así como con su pasaporte.
Si quisiera podría…
Agh, sería tan sencillo.
Pero no siente deseos de irse. Simplemente… está viviendo.
Si ahora se dirige hacia la maleta es para buscar otro conjunto para luego de la ducha que piensa darse.
— ¿Judar?
— … —Mira la puerta, curioso.
Esa es la voz de uno de sus dos guardias, lo sabe. Sinceramente no esperaba que Sinbad les diera la orden de dejarlo, no lo sorprende.
Ante la falta de respuesta, el guardia al otro lado de la puerta decide seguir hablando.
— Las cosas que pidió el rey Sinbad ya llegaron.
— ¿Qué cosas? —Pregunta, curioso.
— Veamos… —Escucha el sonido de un papel, seguramente alguna hoja doblada. — Pintura, peluches, almohadas, entre otras cosas. La princesa Anwar está esperándote en su habitación.
Es de mala educación dejar esperando a una princesa, ¿no?
Dejará el baño para después, y también el cambiarse de ropa. Total, si va a pintar se va a ensuciar más. Ya más tarde tendría tiempo de emocionarse por su celular nuevo y la despedida de Sinbad en la carta.
Japón era más transitado de lo que pensaba. Salir del aeropuerto no fue lo difícil, lo verdaderamente difícil comenzó cuando su transporte, un auto amarillo entre tantos, comenzó a avanzar y luego a detenerse y así un rato más.
El tráfico era terrible, y mucha gente pasaba incluso segundos luego de la luz roja y eso detenía los autos unos segundos más. Cualquiera que entienda algo de vialidad sabe que unos segundos más son importantes en sitios muy transitados.
Pasaron minutos hasta que las calles dejaron de verse tan llenas de personas, ¿quizá turistas? No lo sabe. Mientras veía el camino iba silbando con toda tranquilidad en la comodidad que el asiento trasero de piel le daba. El chofer de tanto en tanto lo miraba por el retrovisor.
Quizá nunca pensó que iba a transportar a un rey. No al hotel, no era su intención encontrar en dónde dormir sino resolver un asunto importante.
Finalmente, tras unos minutos, las calles ya se veían prácticamente vacías a excepción de algunos cuantos vecinos curiosos que los miran, y una bonita peliazul que está revisando algo en su celular. El conductor le hace una seña con la mano y luego le indica algo mientras detiene el auto. Parece que han llegado.
No lo sabe, ¿tiene cara de entender japonés? ¡Pues bastante poco en realidad! Solo saca un par de billetes de su cartera y se los deja en la mano. ¿La cantidad? La suficiente para hacer que el conductor se sienta feliz de su trabajo y que piense que este es un buen día.
Sale del auto y cierra la puerta, el conductor sale para abrir la cajuela y ayudarle con sus maletas. No metió mano ni ofreció ayuda, recuerda que Judar le dijo que para un japonés nativo su trabajo era muy importante y recibir ayuda era como una indirecta a que no sabe hacer su trabajo, no quiere comenzar ofendiendo a alguien.
¿Habrá sido una buena idea venir aquí sin el consentimiento del gobernador?
Supone que sí. No pasa nada tampoco. No viene aquí a armar un alboroto.
Se despide del chofer con una mano y un agradecimiento, luego toma sus maletas con ambas manos y se dirige hacia una dirección que ya hace dos lunas se grabó en la memoria.
Los departamentos están pegados pero parecen de un buen tamaño, perfecto para cualquier soltero. Esto le gusta, le recuerda a su juventud, cuando vivía solo y nunca se preocupó por ser el rey del reino de su padre, en donde solo era él y su propia privacidad.
De eso le queda poca. Pero no puede quejarse.
Se detiene frente a una puerta y deja un momento las maletas en el suelo. Luego toca y espera un momento.
Y vuelve a insistir luego.
— ¡Ahora mismo voy!
Escucha el cerrojo al abrirse y luego la puerta se abre. Quien lo recibe es exactamente la misma chica que había visto ya en unas fotos de Judar. Su nombre era…
— Señorita Kougyoku, un placer conocerla en persona. He venido aquí de un momento a otro así que no pude avisar. Soy el rey de Sindria, Sinbad.
Cierta peliazul parece prestar atención de más a ese hombre, y luego se cubre la boca con las manos.
— ¿El rey de… el rey de… Sin… dria…?
— ¡El mismo! —Alarga la sonrisa, y tiene primera fila para ver cómo el sonrojo se adueñaba del rostro de la chica, y de cómo entierra las uñas falsas en la madera de la puerta.
— Vengo a hablar sobre Judar, ¿puedo pasar?
— ¿Ju-Judar? Haha~ Ese nombre me suena mucho…
¿Acaso tiene tanto poder sobre el género opuesto? Sabe que no es nada feo, pero qué halagado se siente. Esta señorita era muy linda.
— Claro que te suena, es tu amigo. ¿Sabes? Él me pidió que viniera aquí para hospedarme tres días. ¿Puedo pasar?
— ¿Qué si puede pa-pasar? ¡Claro que sí! ¡Por favor, entre!
Y estaba a punto de hacerlo, volviendo a tomar sus maletas…
— ¡ESPEREN!
A punto, pero no.
Una tercera voz llama la atención tanto de Kougyoku como de Sinbad, quienes voltean hacia el mismo lado en busca de la dama que les gritó.
— ¡Lo siento mucho! —Con las mejillas rojas, Yamuraiha se abraza el generoso busto y corre hacia ellos, cuando llega muestra el papel con manos temblorosas a la pelirrosa, luego mira fijamente al rey. — ¡Lo siento mucho, rey Sinbad! No quise interrumpir así, señorita. —Hace una reverencia rápida para Kougyoku y luego abraza el papel contra su pecho, parece a punto de llorar. — Pero escuché el nombre de un conocido con el que no he podido contactar. ¡Por favor, díganme todo acerca de Judar! ¿En dónde está?
Judar estará feliz, tiene a dos amigas tan hermosas. Sinbad no sabe si debe sentirse celoso…
Claramente por Judar, no por las dos mujeres.
Estaban ya los tres sentados alrededor de una pequeña mesa redonda. Tienen rato solo conversando sobre el mismo sujeto, incluso la bonita pelirrosa les ofreció té.
Mientras más normal fuera esto, mejor para Sinbad.
— Entiendo, así que Judar ha conseguido un nuevo empleo allá en su país…
— Así es, es mi jardinero. Tiene casi un mes en mi reino y puedo decir que hace un trabajo estupendo.
— ¡Pero pudo avisar!
El tono alto que Yamuraiha usó hace que se lleve una mirada reprobatoria de parte de Kougyoku, y una sonrisa de Sinbad. Esta mujer estaba muy nerviosa. ¿Cuánto tendrá de conocer a Judar? Parece tenerle un gran cariño.
Qué celos.
— Lo siento… ¡Lo siento! He estado tan preocupada por él, no me contesta llamadas desde hace mucho tiempo y tampoco ha contestado mensajes en su Facebook. Me preocupé mucho este tiempo por lo mismo y al final resulta que se quedó en Sindria como su jardinero… —Incluso la mano que sujeta una taza de té está temblando, es evidente para todos. — Pensé que algo malo pudo haberle pasado. Eso es todo. Por favor, continúe.
— No te preocupes, creo que yo también estaría preocupada, pero este mes me llegó su parte de la paga y una nota. De no ser por eso yo también buscaría bajo las piedras para encontrarlo. Estaba como tú.
Qué putos celos.
— ¿Parte de la paga? ¿Judar vive aquí? —Yamuraiha le da una mirada al lugar por fin.
Era un bonito departamento, muy ordenado, muy…
— Este sitio tiene todo el aire de Judar. —Admite Sinbad en voz alta. Todo eran colores neutros, un sitio espacioso y con poco amueblado pero aun así, bonito. En cierta manera tiene un toque elegante. — ¿Sabe, señorita Kougyoku? Judar me ha hablado mucho de usted.
Al dirigirse especialmente a Kougyoku nota una reacción similar al primer vistazo. Kougyoku se pone recta y vuelve a sonrojarse, evitando ver al rey a los ojos. Estaba muy avergonzada, era evidente, y Yamuraiha todavía tenía una cara muy tensa.
— ¿En-En-En serio?
— Me ha dicho que trabaja en una florería. ¿Es eso cierto?
Miente, Judar no se lo dijo. El propio rey buscó esa información.
— ¡S-Sí, es verdad!
— Oh. —Finge un rostro de interés, la verdad n sabe por qué. — ¿También le gustan las plantas?
— ¡Bastante, las amo!
— Pues yo no. —Su sonrisa pierde cierto encanto luego de decir aquello, y su gesto se vuelve duro de repente. — ¿Puedo quedarme aquí durante mi viaje, cierto?
— Umh… —Parece que su cambio de cara rompió el encanto. No le interesa mucho. Todavía algo tímida, Kougyoku asiente con la cabeza. — Claro que puede, si Judar le dijo que se instalara aquí es bienvenido.
Yamuraiha, disgustada por ser ignorada, deja la taza de té sobre la mesa y carraspea.
— ¿Sabe del nuevo número de Judar? En verdad quiero hablar con él.
— Nop, no me lo sé~ —Otra mentira más, que no falten.
Preocupada, Yamuraiha curvea las perfiladas cejas y se muerde el labio. Hey… Sinbad encuentra cierto parecido a los gestos que suele hacer Judar cuando está nervioso y sin querer, su mirada se vuelve más amable, cálida.
— ¿Pero él está bien?
— ¡Por supuesto, bastante feliz!
— ¡Ah, pero el trabajo en la facultad ya reanudó y Judar se lo está perdiendo! —De repente, Kougyoku hace memoria de ese hecho. — No puede estar más tiempo sin asistir a dar clases, su sustituto no está capacitado para manejar a un grupo todavía. Por favor, debe decirle que regrese al menos para aclararlo. Además, el trabajo en la primaria se reanudará pronto también.
Bien, primero debe arreglar eso.
Y hacer que esta peliazul se sienta mejor.
No sabe si fue un primer día fructuoso o una completa pérdida de tiempo.
Luego de aquella charla, y de prometerle a Yamuraiha una oportunidad para ver a Judar, había ido junto a Kougyoku a la facultad en donde Judar impartía clases para aclarar el asunto con el director. No pudo conseguir más que tres meses aun ofreciendo generosas cantidades de dinero. Parece que el papel que Judar impartía aquí era muy importante, muchos alumnos ya preguntaban por su profesor e incluso el sustituto había amenazado con renunciar al sentirse incapaz.
Lo siguiente había sido la primaria. Lo habló largo y tendido con una maestra, compañera de Judar, y la propia directora de la institución. Esta fue más fácil, luego de explicar el asunto sin ahondar demasiado o dar detalles que puedan perjudicarlo ambas entendieron, aunque aclararon que no iban a pagarle los días ausentes hasta que regresara y que puede hacerlo cuando esté todo en orden.
Luego por fin de un largo día puede ver lo que le interesaba. Bueno, una de las cosas que le interesaba: el cuarto de Judar.
¡Y era justo como se lo imaginó!
El suelo no se veía como tal, pues estaba cubierto por una alfombra negra que se sentía suavecita en los pies desnudos. Luego estaba la pared, ¡qué limpio! Era una habitación completamente blanca a excepción por el techo, que era de madera y no estaba pintado. Las largas cortinas café escondían una ventana con un marcho tan ancho como para sostener a una persona y una extensión en donde hay una lámpara. Además, hay algunas almohadas ahí, seguramente era una ventana pensada para la lectura. Como era de esperarse, hay un par de plantas en esa misma ventana, plantas de interior.
Judar era tan…
También hay una librería y al leer título a título descubre no solo libros en japonés sino en inglés y en español. ¡Ay, ay, ay! Por alguna razón, al ver uno en español se sintió orgulloso, ¿acaso Judar podía leerlo?
La mayoría iban de botánica, genética, ciencia en general, incluso habían biografías de científicos y filósofos famosos, y uno especialmente dedicado a los sofistas de Sócrates… había otros más de filosofía también, parece que a Judar le gusta la filosofía renacentista y la clásica y que es gran fan de Erasmo y Petrarca. No los conoce, pero en la portada se ven graciosos.
También hay novelas y la mayoría de estas ya están en japonés, excepto por algunos pocos títulos en inglés. Era una biblioteca personal muy variada, aunque descubre también varios huecos. Seguramente el japonés se llevó algunos títulos en su viaje, o quizá la misma Kougyoku ha leído unos cuantos y no los ha regresado.
No le gusta mucho la idea de que una chica entre en la habitación de Judar. La ensucia…
No tenía clave así que se sintió libre de tumbarse sobre la cama y explorar el contenido. Nada del otro mundo. Aplicaciones comunes de la tienda, algunos juegos, una aplicación para ver videos… y una carpeta entera de aplicaciones de lectura online. Probó con una al azar, pero mientras va leyendo se queda un poco… extrañado. En físico tenia títulos bastante serios e interesantes hasta cierto punto, pero aquí en digital tiene novelas sobre…
¿Alfas y omegas? ¿Betas? ¿Qué esas no eran letras del abecedario griego? No entiende la novela y decide irse por otra, pero se queda igual de confundido.
Se pregunta si hay novelas de iotas, sigma, ípsilon…*
Pasó una buena parte de la noche solo leyendo hasta que la tableta se terminó descargando, aunque él para ese punto ya estaba más que dormido entre las sábanas de Judar y con la nariz bien enterrada en su almohada. Si se despertó a media noche fue solo para quitarse la ropa y para enredarse más en las sábanas de Judar.
Bien, quizá no fue un día exactamente productivo para su investigación, pero al menos pudo ayudarle a Judar con su trabajo aunque sea un poco.
Mañana será un día más productivo. Con suerte Yamuraiha no regresa para antes de que se vaya de regreso a Sindria, no siente muchos deseos de llevarla a Sindria consigo solo para que vea a Judar y luego mandarla de regreso a Japón.
.
Y así concluye este bonito capítulo. ¡Otro con el que me siento feliz! El avance no ha sido poco, ¡Muchas felicidades, Sinbad! Por fin conseguiste que Judar te aprecie un poquito. ¡Ahora es el turno de Judar por ganarse la confianza de Sinbad? ¿Pero podrá resistir tres días sin intentar escaparse? ¿Y en dónde está Judal? ¡Ha pasado un mes de cuatro!
Judar, mantente determinado.
Para aclarar, el papel que Yamuraiha les mostró a Kougyoku y a Sinbad era la dirección a la casa. Solo estaba medio perdida(?
* Otras letras del abecedario griego.
Me sorprende que tantas personas hayan decidido leer por fin mi fanfic el mismo día. Osea, ¿en dónde estaban, hola?(? Y como la opción ganadora de la encuesta fue el viaje de Sinbad el siguiente capítulo será un gran avance de los primeros tres días. ¡Un gran misterio lo espera!
