Capítulo 7

Esa tarde Elena, se fue a entrenar sola. Había quedado con las chicas en el Grill, pero las dejo plantadas, tenía que despejar su cabeza, Stefan y Lexi le habían caído muy bien el día de hoy en la escuela, por no hablar de lo que había sentido en ese beso con Damon no podía… no quería creer que se tratara de vampiros. Stefan y Lexi se veían muy unidos como si hubiera sentimientos fraternales reales entre ellos, por no hablar de la relación y las reacciones que había visto de Stefan y de Damon a los toques y presencia de la chica de la cual no sabía el nombre, como si de verdad se tratara de hermanos con una hermanita menor. No había visto a Damon interactuar con Stefan, pero no dudaba que se trataran como hermanos, que es lo que ella sospechaba que eran. Damon era guapísimo, Stefan no se quedaba atrás, Lexi era una belleza, y la otra chica lucia casi angelical. Dios ¿es que todos los vampiros eran guapos?

Cuando decidió caminar a casa ya era de noche, y entonces para llegar más rápido tenía que hacerlo cortando por un callejón. De repente se encontraba parada a mitad de este, mirando las horribles caras de dos vampiros que le mostraban sus colmillos y estaban determinados a patearle el trasero. Ella sin saberlo, había caminado directo a una trampa.

Bueno, al menos un misterio se resolvió: no todos los vampiros eran guapos. De hecho, el más alto era más que feo. Su nariz era demasiado inclinada hacia arriba, mostrando sus fosas nasales parecidas al hocico de un cerdo. Ciertamente, no tendría ningún escrúpulo en clavarle una estaca, si tenía la oportunidad. Por el momento, esa posibilidad se veía bastante remota.

Elena no necesitaba echar un vistazo detrás de ella para saber que estaba en un callejón sin salida, literal y figurativamente. Se detuvo en uno de los muchos pequeños callejones del sórdido barrio más tenebroso de Mystic Falls. Se percibía un hedor constante de orina, vómito, y alcohol en el barrio. Las aceras siempre estaban llenas de basura.

Agarrando una estaca en cada mano, apretó los dientes. Elena no era ajena a la lucha. Ella era muy ágil y experta en kickboxing, del estilo bajo y sucio, tal como se peleaba en las calles, no en los dojos de los gimnasios de lujo. Había pateado más traseros que Jean-Claude Van Damme en cualquiera de sus películas de segunda categoría. Pero esta lucha no sería igual. Probablemente ella podría derrotar a uno de los chupa-sangre, pero dos al mismo tiempo, era un reto que no estaba interesada en enfrentar.

Las palmas de sus manos le sudaban y los latidos de su corazón eran erráticos, pero no tenía otra opción. Tenía que luchar. Una mirada hacia la única salida del callejón le indicó que si bien había un montón de coches que pasaban por la carretera principal, nadie iba a parar. La caballería no iba a venir.

Ella sabía que tenía que ser inteligente al respecto, usar el cerebro en lugar de los músculos.

— ¿No se ven tiernos? — se burló Elena. Ella no les dejaría ver lo asustada que estaba.

El vampiro más pequeño, dejó salir un gruñido de su garganta — Mm, parece una deliciosa cena.

¿Cena?

No, si ella podía evitarlo —. Más bien como un entremés. Hay apenas suficiente para uno de ustedes, y mucho menos para dos. — Tal vez podía hacerlos luchar entre sí —. Miren, realmente no hay mucho de mí en absoluto.

Estiró los brazos hacia los lados para mostrar su delgado cuerpo, mientras secretamente ajustaba su postura para la lucha.

— Será suficiente — le aseguró Cara de Culo y mostró sus colmillos.

— Ahora, espero que esta noche, se hayan cepillado los dientes. No hay nada peor que un vampiro con mal aliento — censuró. ¿Era inteligente provocarlos? Francamente, cualquier cosa para ganar tiempo, así ella podría elaborar una buena estrategia. Incluso si eso significaba hacer que se enojaran.

— Eres atrevida, te concederé eso. Estoy seguro que tu sangre sabe muy picante. ¿Qué crees tú, Frederik? — Uno de los lados de su boca, se inclinó hacia arriba, convirtiéndose en una mueca petulante.

Su compañero sonrió —. Creo que tendríamos que hacérselo primero. — Movió su pelvis de una manera que dejaba poco a la imaginación.

¡Genial! Ahora querían hacérselo.

¿Por qué los hombres siempre tenían que pensar en sexo, cuando no pueden controlar a una mujer de otra manera?

— ¡Típico de un hombre! No pueden derrotar a una mujer con su inteligencia, así que tienen que sacar a relucir su pene. Oh, eso es muy varonil. — Ella les agitó su dedo medio.

Frederik dio un paso más cerca, pero Cara de Culo lo detuvo —. El jefe dijo que sólo nos deshiciéramos de ella, así que eso es todo lo que vamos a hacer. —Hizo una pausa e inclinó la cabeza, como si la estuviera evaluando por primera vez —. Bueno, no tiene sentido desperdiciar una buena merienda. — Chasqueó los labios en un gesto inequívoco.

A Elena no le gustaba como sonaba. Alguien estaba detrás de ella. Y ella tenía una idea de quién había enviado a esos matones. Damon obviamente se había dado cuenta después de su encuentro de la otra noche, que ella sabía que él era un vampiro y ahora había tomado medidas.

Si no se hubiera perdido completamente durante el beso, tal vez su mano no hubiese temblado y no habría perdido accidentalmente la estaca. Él probablemente la escuchó caer al piso y la encontró. No era tan difícil darse cuenta de eso. No podía pensar en ello. Su plan de medida para distraerlo con un beso había fracasado, y ahora iba a pagar por ello. Muy caro.

Si iba caer, por lo menos iba a tratar de llevarse a uno con ella. Aparte de su vida, ella no tenía nada más que perder.

— Les falle, papá… mamá — susurró para sí misma. Un segundo más tarde, levantó la cabeza y cerró la mandíbula. Una respiración profunda llenó sus pulmones de oxígeno, y estaba lista para su última pelea.

Elena se echó a correr, cobró impulso y saltó, golpeando con el pie el pecho de Frederik, al estilo de Bruce Lee. El vampiro fue tomado por sorpresa y se tambaleó hacia atrás. Sin tomar un respiro, ella aterrizó firmemente en ambos pies y de inmediato se volvió de cara al segundo vampiro.

Cara de Culo se burló. Su gancho derecho se conectó contra su hombro, antes de que ella siquiera lo viera venir. Su cuerpo se sacudió hacia atrás, mientras el dolor se extendía hacia abajo. Por un momento, puntos negros nublaron su visión. Sus pulmones se esforzaban por respirar, luchando contra el ardor que se propagaba por sus células.

¡Maldita sea, el bastardo era rápido!

Un sonido detrás de ella le advirtió que Frederik estaba de pie otra vez. Adivinó lo que vendría, ella se hizo a un lado, antes de que sus manos pudieran sujetarla. No la salvaría por mucho tiempo. Cara de Culo esquivó su cabeza y saltó hacia ella.

Elena se lanzó a la basura y escapó de su alcance saltando hacia el otro lado.

— Rodéala, ve por el otro lado — ordenó Cara de Culo a su compañero.

Ahora se acercaban a ella, uno por la derecha y el otro por la izquierda. Ella recordó su entrenamiento como porrista del instituto, hizo una voltereta y se acercó a los contenedores por segunda vez. Su zapato se atascó en el basurero y se resbaló, aterrizando fuertemente en su costado.

Un punzante dolor la desgarró. Sintió sus costillas mal heridas. Tendría suerte si no se habían roto. Pero no tenía tiempo para comprobarlo. Sus atacantes ya estaban sobre ella. Una garra se incrustó en su hombro y la tiró hacia arriba, levantándola del suelo.

— Ahora te tenemos — dijo Frederik con tono de triunfo en la voz.

— ¡Bastardos! — gritó ella a todo pulmón y dio patadas hacia él, aún suspendida en el aire. Con el brazo trató de alcanzar cualquier parte de su cuerpo para hacerle daño, pero sólo entonces se dio cuenta, que había perdido una de sus estacas con sus maniobras evasivas. Su mano izquierda aún tenía la segunda estaca, pero Frederik la había inmovilizado sujetándole el hombro dolorosamente.

Pateó una vez más, ganándose un golpe de sus manos con uñas afiladas como garras sobre su pecho. Una sensación de ardor le atravesó. El muy cabrón había cortado a través de la blusa y la piel. Ella podía sentir la sangre saliendo de lo profundo de su pecho. Dolía como los demonios.

Por un instante, temió que las náuseas la abrumaran y la dejaran inconsciente. Pero logró detener esa sensación.

— Esto huele bien — dijo Frederik y movió la cabeza hacia su herida abierta.

Elena lo golpeó más fuerte, pero él la apretó aún más fuerte. Él la dejaría seca, y no había nada que ella pudiera hacer. No tenía ninguna posibilidad de zafarse de su control. El pánico invadió su cuerpo, su corazón latía tan rápido como un tren de alta velocidad.

Una fracción de segundo antes de que sus colmillos se clavaran en su pecho, él fue apartado de ella. Un momento después, ella aterrizó de bruces. Se quedó mirando la lucha, esperando ver a Cara de Culo luchar con su amigo vampiro. En lugar de ello, vio la espalda ancha de un hombre que llevaba una cazadora de cuero negro. Incluso sin ver su cara, ella reconoció quién estaba luchando contra sus dos asaltantes.

Elena se puso de pie rápidamente. Incrédula, vio cómo Damon tiraba patadas y puñetazos contra los dos vampiros, manteniéndolos a raya. ¿Por qué estaba peleando con los dos vampiros que él mismo había enviado a matarla? Esto no tenía ningún sentido.

— ¿Me vas a ayudar o qué? — dijo Damon. ¿Estaba hablando con ella? — Elena — la insto.

Así que él le estaba hablando a ella. Después de todo, ella era la única persona que respondía al nombre de Elena en el callejón, y dudaba que Cara de Culo se llamara de ese modo.

Ella corrió a su lado.

—Ya era hora —le reconoció con una mirada de reojo.

Con una rápida patada alta, luchó contra Frederik para darle a Damon y la oportunidad de reventar a Cara de Culo. Sin embargo, Frederik volvió al instante, aún más feroz que antes. Cuando ella trató de darle otra patada, él fue más rápido y la agarró por el pie. Ella giró, pero perdió el equilibrio, cayendo de espaldas contra Damon.

—Agáchate —gritó. En el mismo instante, él giró detrás de ella. Instintivamente se agachó, y alzando la mirada, vio a Damon darle un fuerte gancho derecho a su atacante, arrojándolo hacia la pared a un metro de distancia.

—Gracias —dijo jadeando.

—No hay de qué. —Se volvió hacia su propio atacante. Elena capturó el momento en que las garras de Cara de Culo golpeaban a Damon, empujándolo al suelo. Haberla ayudado lo distrajo y eso le costó la ventaja. El atacante lo inmovilizó y levantó su brazo.

—¡No! —Escuchó gritar a Damon y vio la estaca destellar en la mano de Cara de Culo con la tenue luz proveniente de una de las ventanas que daban al callejón. Sin pensarlo, Elena saltó detrás del asqueroso vampiro cayendo sobre su espalda. Mientras la punta de la estaca que llevaba el vampiro alcanzaba el pecho de Damon, ella le incrustó la que le quedaba en la espalda del vampiro, esperando haber encontrado el lugar exacto donde se encontraba su maldito corazón.

Mientras el bastardo se quedaba tieso como piedra, ella aterrizó justo en Damon, con una pierna a cada lado. Él tenía su cazadora negra de cuero a abierta, y llevaba pantalones de mezclilla negros que se le ajustaban al cuerpo como una segunda piel y una camiseta, lo que la llevó en contacto mucho más cercano con su cuerpo en comparación a la noche anterior, cuando él había tenido puesto un abrigo largo. Por un momento, el calor de su cuerpo la sobresaltó. ¿Cómo podía estar tan caliente? Él era un vampiro… se suponía que los vampiros eran fríos.

— Eres cal…

Su mano se enrolló alrededor de su muñeca, que todavía mantenía la estaca. Él apartó el ofensivo artículo, lejos, mientras la inmovilizaba con una mirada sorprendida.

— Cuidado, podrías herir a alguien con eso — sonrió él de medio lado.

¡Sabelotodo!

Elena no tuvo la oportunidad de responderle. De reojo, vio acercarse a Frederik, que llevaba un cuchillo en sus manos. Alzó el brazo y apuntó directo hacia ella, listo para soltarlo con un movimiento rápido de su muñeca.

Antes de que pudiera moverse, Damon se movió debajo de ella, envolviéndola con sus brazos y volteándola. En lugar que el cuchillo la impactara en el pecho, le rozó el hombro, cortándole superficialmente la piel. El dolor fue anulado por la adrenalina que emanaba su cuerpo.

Se dio cuenta de la mirada furiosa de Damon antes de que él la dejara caer bruscamente al suelo y se levantara. Era evidente que Frederik había visto también la misma mirada e instantáneamente se echó a correr.

Cuando el peligro inmediato había pasado, el dolor de sus heridas de repente se intensificó, y dejó escapar un gemido frustrado. Damon regresó de inmediato hacia a ella en lugar de perseguir al otro vampiro.

— ¿Estás bien? — ¿Había preocupación en su voz?

Se agachó junto a ella con una mirada de preocupación en su rostro. ¿Era una buena idea estar tan cerca de un vampiro, cuando ella era un anuncio ambulante de su comida favorita?

— ¿Qué parece? — Ella pensó que era mejor no mostrarle que estaba preocupada por el hecho de que chorreaba sangre como una fuente de soda de autoservicio. ¿Trataría de morderla ahora que sin duda podía oler su sangre? Incluso su propia nariz olfateaba el olor metálico de la misma.

— Yo te veo bastante golpeada. Vamos a curarte.

La tomó del brazo para levantarla, pero ella se libró de él tan pronto como se puso de pie.

— No me toques. — Un instante después, su postura se tambaleaba, y el mareo la abrumaba.

— No puedes sostenerte por ti misma — comentó con un tono arrogante en su voz, y la levantó como si fuera tan ligera como una bolsa de comestibles —. Tú te vienes conmigo.

— ¡No! — protestó Elena y trató de zafarse de los brazos de Damon, pero su fuerza estaba agotándose rápidamente —. Yo no me voy con un vampiro.

— Mala suerte… soy el único aquí. Y no voy a dejar una mujer herida en la calle, donde pueda ser atacada de nuevo. — Su voz sonaba firme e inflexible. Grandioso, no sólo era un vampiro, también era un hombre de Neandertal con esteroides.

Tú Tarzán, yo Jane.

— Entonces, ¿Elena? — preguntó, llevándola sin miedo a través de la noche.

— Mm — gruñó. Él no obtendría ni una mirada de ella.

—Está bien. Por cierto, buen beso. ¿Se va a repetir pronto? Porque sin lugar a dudas, yo podría tener más ideas. — El exagerado movimiento de sus cejas, era casi cómico, si hubiera estado con humor para reír.

El hombre era un dulce. Pero ella no quería que le recordara ese beso a cada minuto. Iba a ser bastante difícil, estando apretada contra su fuerte pecho. Con cada paso que daba, sus músculos se movían frotándose contra ella, enviando las más deliciosas sensaciones a través de su cuerpo adolorido. Era realmente irritante.

— Elena Gilbert — finalmente admitió —. Y de nada. — Levantó su barbilla y apretó la mandíbula.

Él arqueó una ceja.

— Hey, yo salvé tu trasero ahí — dijo ella. La memoria de él claramente necesitaba ser refrescada.

— Sólo después de que yo salvé el tuyo, por lo que en cuanto a mí estamos a mano.

Tenía razón, pero ella prefería morderse la lengua antes que admitirlo.

— Puedo decirte gracias, si tú lo haces. — La miró retándola.

— Tú primero. — Ella no caería en el truco de darle las gracias, si él no lo hacía primero.

— No, tú primero — replicó él y siguió caminando, cargándola como si no pesara nada.

Una pareja de jóvenes que pasaban por la acera, los miraron perplejos. Elena se contuvo en decirles que se metieran en sus malditos asuntos.

— Olvídalo.

— ¡Malcriada!

— ¿A quién llamas malcriada? ¡Mírate a ti mismo, tremendo idiota!

Un tremendo idiota grande, guapo, y sexy.

— Bueno, este tremendo idiota fue muy útil hace unos minutos, ¿no crees? Y además, no creíste que fuera tan idiota, cuando me besaste la otra noche. Recuerdo claramente cómo estabas sobre mí.

La vergüenza se apoderó de ella, haciendo que sus mejillas se ruborizaran. Ella no necesitaba un recordatorio de su conducta desenfrenada de aquella noche. No era la manera en que normalmente reaccionaba hacia los hombres. Normalmente cuando se veía frente a un hombre, ella no tomaba la iniciativa. Normalmente los dejaba ser los caballeros que querían pretender ser. Además estaba acostumbrada a hacerlos guardar su distancia, ella no abandonaba su buen sentido, bueno, no de la forma en que había sucedido la noche anterior. Fue simplemente un error, se dijo a sí misma. Incluso el alcohólico más decidido caería en tentación de vez en cuando. Ahora todo lo que tenía que hacer era volver a ello y olvidar lo ocurrido.

Como si fuera tan fácil con la forma en que su cuerpo le cosquilleaba ante su toque. Tan solo su olor a cuero y especias producía espasmos en su estómago, y no hablaba precisamente de dolores menstruales, no, ella estaba hablando de espasmos orgásmicos. Le haría bien mantenerse alejada de él.

— ¿Necesitas un recordatorio? — Damon bajó su cabeza.

¡Diablos, no!

Ella lo recordaba todo muy bien—. ¡No te atrevas! — gritó Elena, más para sí misma, que para él. Si le permitía volver a besarla, se derretiría por completo y se convertiría en un trozo de masilla. No podía permitirse que esto sucediera otra vez. Una sola vez, había sido suficiente, muchas gracias.

Él le sonrió con su encanto de chico malo que convirtió a su interior en puré.

— ¿Tal vez más tarde? — él preguntó y continuó caminando, aparentemente sin haberse alterado por su respuesta.

Elena miró a su alrededor, tratando de orientarse. Estaban a las afueras de la ciudad, a sólo una cuadra de la casa de él.

— ¿A dónde me llevas? — Ella casi podía adivinarlo, pero quería su confirmación.

— A mi casa. Dudo que quieras ir al hospital. ¿Estoy en lo cierto?

El hospital no sería una buena opción. Con sus heridas, estaba segura que involucrarían a la policía. No sólo no podría ser capaz de explicarles por qué había estado en una pelea con vampiros, también su pasado saldría a la luz.

— ¿Te importaría explicarme qué estaba haciendo una chica como tú luchando contra dos vampiros?

— ¿Qué tal si tú lo explicas?

Su mirada parecía genuinamente aturdida y la sorprendió—. ¿No estarás sugiriendo que yo tuve algo que ver con eso?

— Bueno, ¿lo hiciste?

Damon movió lentamente la cabeza de lado a lado—. Yo no soy la clase de hombre que envía a dos matones tras mujeres indefensas como tú.

— Yo no soy indefensa.

Levantó una ceja burlonamente —. Lo que sea. Yo hago mi propio trabajo sucio. No contrato a otros para que lo hagan por mí.

— Ya veo.

— No veo cómo podrías. — Hizo una pausa —. Yo estaba buscándote. Al parecer otra persona te encontró primero. ¿Quieres explicarme lo que querían de ti, además de lo obvio?

¿Qué parte de la lucha había escuchado antes de que él interviniera? ¿Estaba consciente de que Frederik había querido tener sexo con ella? — No lo sé. Estaba tan sorprendida por los dos matones, como tú.

— Créeme, los vampiros no atacan indiscriminadamente. Siempre hay una razón.

Él no podría estar en lo cierto. Los vampiros atacaban cada vez que les daba la gana o cuando encontraban un blanco fácil. Como si necesitaran una razón para hacer daño. ¿Pensaba que era lo suficientemente ingenua para creer que los vampiros tenían una especie de código moral por el cuál se regían?

— Dado que ellos eran los que me atacaban, tal vez deberías preguntarle a ellos.

— Los vampiros muertos no hablan.

— Uno sigue vivo. ¿Qué tal si vas tras él, en lugar de secuestrarme?

— Me haré cargo de ti primero, te guste o no. ¿Puedes agarrar las llaves de mi bolsillo derecho de la chaqueta, por favor?

Sería más fácil si la bajara de sus brazos, pero él parecía no tener intención de hacerlo. Elena se inclinó hacia su lado y estiró el brazo para alcanzar el bolsillo. La acción puso su cabeza más cerca de la él. Ella lo sintió inhalar con fuerza. ¿Estaba oliendo su cabello?

Rápidamente sacó las llaves de su bolsillo y se acercó a la puerta. En cuestión de segundos frente a la puerta abierta y se disponían a entrar. Elena vio la gran mansión por adentro. Los techos eran por lo menos de tres metros de altura, y el estilo le recordaba la década de 1900, que era probablemente cuando el edificio fue construido.

Entraron en la gran mansión que en otros tiempos había funcionado como casa de huéspedes, y sin esfuerzo, Damon la llevó por las escaleras, hasta el piso superior.

Había muchas puertas y se podía ver claramente una pequeña oficina y la sala de estar. Damon se paró delante de una de ellas dio un empujón con el pie y entraron a lo que parecía ser su habitación. ¿Pero es que no podía curarla en la sala de estar? La habitación era grande, un escritorio, un gran librero y un sofá. En una esquina vio un saco de boxeo colgado del techo, algo que esperaría ver en un gimnasio de boxeo, no en la habitación de un vampiro. No es que ella hubiera estado en la guarida de un vampiro alguna vez.

Damon la se sentó en el sofá. Cuando sus brazos la soltaron, ella se sintió extrañamente fría y se estremeció al instante. Confirmó lo que había sentido cuando cayó sobre él antes: su cuerpo era tibio. Y ahora que lo pensaba, cuando la había besado la noche anterior, sus labios y su lengua habían sido completamente calientes. ¿Cómo puede ser? Siempre había asumido que el cuerpo de un vampiro era frío, de hecho, ella sabía eso por las películas. Pero de ninguna manera le preguntaría por qué. Por lo que sabía, él estaba demasiado seguro de sí mismo y pensaría que ella estaba interesada en él, ¡cuando no lo estaba en absoluto!

— Has perdido un poco de sangre. Ten. — Le entregó la manta que había sido colocada descuidadamente sobre el respaldo del sillón.

— Gracias. — Ella tomó la manta con dedos temblorosos y se cubrió la parte inferior del cuerpo con ella. El nerviosismo invadió su cuerpo al saber que estaba sola con él y nada menos que en su habitación. Este era su terruño… tenía toda la ventaja que él pudiera desear.

— Ves, sí tienes buenos modales. — Caminó hacia una puerta y desapareció detrás en lo que ella supuso era el cuarto de baño.

— ¡Zoquete! —gruñó en voz baja. El hombre era exasperante. La trataba como a una niña, cuando no lo era en absoluto.

Perder a sus padres a temprana edad. Ver la casa de sus padres ocupada por una familia de acogida con quienes, su tía dos años mayor, ella y su pequeño hermano tuvieron que vivir, para después tener que huir de ahí porque quisieron violar a su tía había asegurado que ellas crecieran rápidamente. El robar, engañar, y luchar para recuperar lo que era suyo durante su adolescencia, habían hecho el resto. Ellas habían madurado temprana edad. A sus diez y siete años era una mujer autosuficiente. ¡Definitivamente no era una niña!

— ¿Qué estás murmurando?

Él la había sorprendido al regresar tan rápidamente, con un recipiente con agua y una toalla en la mano.

— No estoy murmurando nada.

— Muévete — él ordenó—. Voy a limpiar tus heridas.

— Puedo hacerlo yo misma. No te acercarás a mi sangre. —¿Acaso ella tenía la palabra ingenua tatuada en la frente? Como si no supiera lo que él quería.

— Ah, ya veo el problema. ¿Estás preocupada que te muerda? Si esa hubiera sido mi intención, lo habría hecho donde te encontré. Confía en mí, normalmente no tomo mi comida para llevar. Me alimento al paso.

¿La había comparado con comida para llevar?

— Tus colmillos no se acercarán a mi piel. — Hizo hincapié en su respuesta con una mirada de advertencia que el vampiro feroz ignoró completamente.

— Y yo que pensé que te gustaba, teniendo en cuenta ese beso…

Él tuvo el descaro de sacar a relucir nuevamente el tema en su cara.

¡Imbécil!