Capítulo 7.

El corazón de Candy empezó a palpitar a gran velocidad, pero cada palpido era de felicidad. Después de haber escuchado las palabras dichas por los labios de Terry. Él le había hecho el amor... su primer amor... su único amor.

Candy pensó que todo estába mal, pero lo quería. Seguramente mañana lo iba lamentar pero está noche la disfrutaría con Terry.

Y en ese momento después de cinco años. Él volvía a llevarla a otro mundo, ese lugar donde sólo dos personas que se aman llegan, donde los paisajes más hermosos están formados de besos y caricias, donde el tiempo se detiene cuando se toca el cielo, donde el dormir juntos y abrazados, deja paz y tranquilidad...

El ruido de la alarma despertó a Candy, apenas sí podía abrir los ojos. Los rayos del sol iluminaba la habitación, pero el aroma de Terry había desaparecido. De golpe abrió completamente los párpados, dejando expuestas a sus pupilas verdes que ahora temblaban de miedo, cuando los recuerdos de lo ocurrido el día anterior llegaron a su cabeza, luego sintió que el corazón dejó de latir al recordar los recuerdos de la noche anterior.

—¡Terry! —Candy se giró pero no lo vio, buscó debajo de las cobijas. Pero no lo encontró. ¿Deverdad ella...? Dios... que había hecho.

De un salto salió de la cama. Estaba desnuda. Si por un segundo pensó que todo había sido un sueño, pues bien aquí estaba la prueba de su pecado. Ella no dormía Desnuda. Cubrio su desnudez con la sábana blanca.

—Terry... —susurro con un hilo de voz, pero no escuchó respuesta.

Candy busco en el armario algo de ropa y con manos rápidas se vistió. Salió de su habitación topandose con la empleada de limpieza.

—¡Buenos días señora!— Candy detuvo sus pasos.

—Buenos días... ¿Hay alguien más en casa?— preguntó con vergüenza.

—Sí señora— el corazón de Candy empezó a acelerar su ritmo—. El Señor está desayunando con el niño en la barra de la cocina. —Candy agradeció a la empleada, y se giro con el corazón ya agitado. Se dirigió a la cocina donde la mujer que hacía la limpieza le había dicho que estaba su hijo. En el camino pensó en lo que había hecho con Terry. ¿Cómo podía ella mirarlo a los ojos sin sentirse como una cualquiera? ¡Oh no! ¡¿Y que pensaría Terry de Ella?! Estúpida, tonta, tonta, Candy. ¿ por que tenía que dejarme llevar por mis sentimientos? Un descuido Y pondría en peligro todo lo que me importa.

El cuerpo se le tenso Cuando miro a su hijo sentado en su silla y con una mano en la puerta del refrigerador estaba Clyde.

—Buenos días dormilona.

Candy estaba inmóvil, de repente todo su cuerpo dejo de funcionar, su lengua no podía formar palabras. Había imaginado que encontraría a Terry. Estupida ella por pensarlo, y más estupida por imaginarlo. Aunque fue lo mejor.

—¿Mami estás bien? —La voz de su hijo fue su remedio a su estado de shock.

—Sí... sí cariño.

—¿Qué haces aquí tan temprano, Clyde?—Él río de una manera que a Candy le hizó sentir un escalofrío subirle de los pies a la cabeza.

—Quiero estar más tiempo con mi hijo

¿Acaso no puedo? Recuerda que soy su padre y tengo derecho.

Candy se acercó a su hijo y le dio un beso en su mejilla. El pequeño estaba entretenido con su avena y su plato de fruta.

—Quién ha dicho lo contrario —respondió a su irónica pregunta pasando por un lado de Clyde, pues era el único camino para llegar al refrigerador, y ella quería un vaso con leche. Pero Clyde la detuvo por la muñeca presionando su agarre. Candy cerró sus ojos.

—¿Dónde está mi beso de los buenos días?—Ella tragó saliva pero no se movió, y él tuvo que tirar del brazo de ella, haciendo qué Candy se inclinara. Y con dedos largos y fuertes la sostuvo por la quijada, fue un besó brutal, y Candy apretó los labios para evitar contacto. —Se escucharon plamaditas de una manitas pequeñas. Era su hijo festejando.

—Papi quiere a mami...—Candy ardio en rabia y el labio inferior le tembló por la ira, mientras Clyde le sonreía.

—Todo por nuestro hijo, Candy. No lo arruines, o te vas a arrepentir —susurro él contra los labios inmóviles de Candy, porque ella no correspondio a ninguna manera en el beso.

—Llevaré a mi hijo con tu padre, me lo ha pedido. —Candy Ahora sí pensó que ya no podía aguantar más y estalló.

—Lo llevaré yo —respondió con voz firme y agradeció al cielo que su voz sonará también fuerte y dura.

—¿Está todo bien?— Preguntó Clyde fingiendo estar tranquilo pero Candy sabía que era todo lo contrario.

—Sí. ¿Porque?. —Clyde arqueo una ceja mientras daba un sorbo a su taza de café negro.

—Estás muy extraña, y más extraño que quieras llevar a mi hijo tú misma con tu padre

Él tenía razón— pensó —Se sentía diferente, más segura de si misma. No dejaré que mi hijo salga solo contigo quiso decir ella—. Si mi padre quiere ver a su nieto lo correcto es que lo llevé yo. En ese momento una joven entró a la cocina y Candy le agradeció mentalmente a Anna la niñera de su hijo.

— Ana puedes llevar a vestir al niño, saldremos en media hora —-pidió Candy amablemente a la joven niñera.

—Sí señora. White.

—¡Turner Maldita sea! ¡Cuántas veces te lo tengo que repetir! ¡Estupida! ¡Es la señora Turner!. exclamó Clyde asustando al pequeño.

— ¡Basta! —grito Candy —Ana vamos lleva al niño a su habitación y tenlo listo por favor. —La joven niñera que todavía estaba en shock, asintió con un movimiento de cabeza. Agarró la manita del niño y en completo silencio aabandono la cocina, llevándose al pequeño con ella.

Candy tomó aire profundamente, sabía lo que seguía antes de que Clyde se fuera de su casa, sólo esperaba que no le pegara.

—¡Eres Turner! Qué no se te olvide, Candy.

—Recuerdas que ya no va a ser así —dijo Candy en el mismo tono de voz que él.—Clyde pasó ambas manos por su rostro cargado con frustración. —Sigues pensando en el maldito divorcio —escupió furioso.

—Ya lo he decidido, y creo que te lo he dejado claro miles de veces. Quiero el divorcio, o el acta que está en tu contra se hará presente en la estación de policía, recuerda que hay pruebas.

—Sabes lo que va a suceder— él se acercó tanto que Candy pudo ver llamas en la mirada de Clyde, y por primera vez ella no le tuvo miedo —. Te te haré la vida un infierno si nos divorciamos, Candy.

—¿ Más?— se atrevió a decir Candy y se preguntó qué demonios le pasaba. Estaba jugando con fuego. Pero por algo que no comprendía. De repente se sentía valiente.

—Te voy a quitar a mi hijo—siguió Clyde—No necesariamente por la via legal. Y sabes que tu padre me apoyará.

—¡No puedes hacerlo! Es mi hijo.

—Y mío Candy. Estas advertida,

El terror la embargo por completo. Clyde estába frente a ella, puso una mano en la nuca de ella y apretó su agarre. Las lágrimas cayeron y Candy tuvo que morder su labio para aguantar un sollozo.

—Escúchame bien Candy, si tú padre s entera de nuestro secreto. Él lo borrara del mapa y sabes que con tu padre no se juega. Tu padre no dejará vivo al hombre que te embarazo hace cinco años.

—¡Basta...! Por favor. —suplicó.

—Quiero que te grabes en la cabeza que él es mi hijo, sólo mío, al igual que tú. Y ya haré valer mis derechos —Clyde se acercó más a Candy aspirando su aroma. Y luego hizo un gesto de asco.

—Todavía hueles a él... pero no la soltó ¿Sabes que día es hoy?— Candy no contestó. Su mano de él la apretaba más. Además si lo hacía terminaría peor, ella lo sabía—. Esta noche es la cena anual de industrias GrandChester. Así que te quiero perfecta para mi...

—Yo no... — quiso decir pero él la apretó con más fuerza que él aire ya comenzaba a faltarle.

—No es una opción, es una orden.

Continuará...