u_u
Sí, lo sé. Podéis reñirme todo lo que queráis. Sé que he sido una mala chica y no he actualizado el domingo, como prometí. Pero es que... uf... ¿no os ha pasado que cuando llegan las vacaciones tenéis menos tiempo que cuando no hay vacaciones? Parece como que lo quieres hacer todo a la vez, y de pronto te falta el tiempo por todos lados. Sé que no es excusa, pero bueno, es lo que me ha pasado.
Ayer y antes de ayer me pasé el día entero horneando galletas de Navidad, y también haciendo una tarta de manzana para el postre de Nochebuena (yo soy la que se encarga de la repostería en casa... xD Me encanta la repostería. Y cocinar, pero de eso se encarga más mi madre porque lo hace mejor. Pero yo soy la que hace los dulces, jejeje...).
Además, yo soy la que lleva el blog del Movimiento Pro-Taylor, y con eso de que hay que escribir en bilingüe y tenerlo actualizado, pues la verdad es que me quita muchísimo tiempo. Por cierto, y hablando del blog, por favor, visitadlo y corred la voz. Y mandad carta, que es importante que luchemos para conseguir que no echen a Taylor. Y menos para coger al egocéntrico de Michael Copon, que entre lo mal actor que es y lo chulo que se comporta en cada entrevista, lo único que puede pasar es que estropee a Jacob.
¿Habéis visto la entrevista que le hicieron a Copon hace unos días? Conforme la leía me iba pareciendo tan súmamente poco profesional, tan inmaduro y tan chulo, que os juro que si lo cogen para hacer de Jacob no voy a ver la película. Ni siquiera bajándomela de internet. Nada. No me cabe en la cabeza como puede ser que un chaval de 16 años se esté comportando de forma más madura y más profesional que un hombre de 26. Me parece muy fuerte que Taylor se esté comportando de forma adulta, y que el tal Copon parezca un crío cada vez que abre la boca.
En fin, dicho todo ésto, os dejo que leáis. ¡Espero que os guste el capítulo! ^^
CAPÍTULO 6: Jacob
Pude oír los jadeos de sorpresa que se levantaron a mi alrededor ante la mención de ese nombre, pero no me volví. No podía dejar de mirar por la ventana. Todo mi ser me empujaba a salir al bosque, a seguir buscándola, y la oscuridad entre los árboles atraía mi mirada de forma casi irresistible.
- ¿Qué? – escuché la voz débil de Bella cuando se recuperó de la sorpresa.
- ¿Demetri? – jadeó Esme.
- ¿Estás loco? – preguntó Sam.
Podía entender la sorpresa de todo el mundo. Los Volturi casi habían sido un tema tabú desde aquél día hacía ya 7 años en que casi nos enfrentamos a ellos, y obviamente a nadie se le había ocurrido pedirles ayuda. También debía sorprenderles que hubiera sido precisamente yo, quien los odiaba a muerte, el que sugiriera ponerse en contacto con ellos. Pero realmente no había otra opción. No había otra forma de encontrarla.
Y yo tenía que encontrarla.
- No creo que involucrar a los Volturi sea una buena idea… - razonó Carmen, y su negativa me envaró.
- Ese tío tiene un don para encontrar a la gente, ¿no? – pregunté, a la defensiva. Pude notar cómo la idea me devolvía la esperanza de encontrarla, y esa esperanza me llenó de fuerzas para argumentar a favor de mi sugerencia. – Él puede encontrarla.
- Sí, pero… - protestó Carmen. – Los Volturi no son una opción segura. Todavía estarán rabiosos por lo que pasó hace 7 años. ¿Quién sabe lo que acarrearía atraer su mirada de nuevo hacia nosotros?
- Jake, ¿de verdad quieres involucrar a esas garrapatas? – preguntó Sam. - ¿Has olvidado que hace 7 años intentaron matar a Nessie? ¿A todos nosotros?
- No, no lo he olvidado, gracias, Sam. – dije sarcásticamente.
- ¿Y aún así quieres atraer su atención? – siguió preguntando Sam con un ligero tono de incredulidad manchando su habitualmente neutra voz.
Con esfuerzo, desvié la mirada del bosque y me volví hacia Sam, fijando mis ojos sobre los suyos.
- Tengo que encontrarla. – señalé en voz baja, y sin apenas percatarme de ello, mi tono de voz rezumó autoridad. La autoridad del legítimo Alpha. – Y él puede encontrarla. Es el único que puede encontrarla sin rastro. ¿Qué harías tú si fuera Emily?
Las órdenes de un Alpha no funcionaban en forma humana, y menos si la otra persona también era un Alpha, pero Sam tuvo que agachar la mirada de todas formas. Paseé mi mirada por el resto de mis hermanos, y ninguno esbozó ninguna queja. Quil y Seth incluso asintieron levemente, y supe que tenía su respaldo.
- Involucrar a los Volturi es demasiado arriesgado. – volvió a decir Carmen, y su voz contenía un deje de ruego y miedo.
- Es la única forma de encontrarla. – susurré, y mi voz sonó dolorida.
- ¿Y si el don de Demetri tampoco funciona? – preguntó Carmen entonces.
- ¿Y si funciona? – contraataqué, y mi voz adquirió un ligero tono de súplica conforme mi desesperación aumentaba. ¿Es que no se daban cuenta? ¿No entendían que era nuestra única oportunidad de encontrarla? ¿Que era mi única oportunidad de tenerla de nuevo a mi lado?
- Tiene razón.
Me volví hacia Edward algo sorprendido. Irónicamente, en los peores momentos de mi vida él y yo siempre parecíamos estar en sintonía.
- Tiene razón. – repitió. – Demetri es el único que puede encontrarla dadas las circunstancias.
- Edward… - susurró Bella, y su voz sonó aterrorizada.
Entré en pánico. Si Bella se oponía, Edward acabaría oponiéndose también. Y yo no podía permitirlo, porque si lo hacía… si lo hacía, entonces… jamás podríamos encontrarla solos. No así. Prefería tener a los Cullen conmigo, pero en ese momento supe que si hiciera falta iría yo solo. No perdía nada por intentar convencerlos, claro.
Tragué saliva con dificultad, y me acerqué a donde Bella estaba sentada junto a Charlie. Ella levantó la vista hacia mí, y no sé que vio en mis ojos, pero los suyos se llenaron súbitamente de tristeza. Me dejé caer de rodillas delante de ella, y le cogí ambas manos.
- Bells… - susurré, comenzando a respirar de forma irregular. El miedo y el dolor que estaba sintiendo eran tan fuertes que cada inspiración me costaba un gran esfuerzo. No iba a volver a respirar con normalidad hasta que tuviera de nuevo a Renesmee entre mis brazos. – Bells, dime qué más puedo hacer. – supliqué, con voz temblorosa. – Dime que otra cosa puedo hacer para encontrarla, y lo haré. Yo tampoco quiero involucrar a esos… - me interrumpí rápidamente, respirando hondo para calmar la súbita ira que había nacido en mi interior ante el recuerdo de esas garrapatas. – Pero, ¿qué otra cosa puedo hacer por ella ahora?
Mi mejor amiga cerró los ojos en un gesto de dolor, y apretó mis manos con suavidad. Se hizo un silencio absoluto. No se oía ni una respiración.
- No hay nada más. – susurró Bella al cabo de unos momentos. – Sólo Demetri.
Respiré aliviado, y bajé la cabeza hasta apoyarla sobre su regazo. Ella comenzó entonces a acariciarme el pelo, tal y como hacía cuando yo estaba en forma de lobo y ella todavía era humana. Con una ligera sorpresa, descubrí que ese simple gesto me había traído más consuelo que ninguna de las cosas que me habían dicho, que ninguno de los gestos que mis hermanos o mi familia me habían ofrecido. El dolor que ambos compartíamos nos convirtió de nuevo en Bella y Jacob a secas. En esos dos muchachos que una vez habían dependido el uno del otro simplemente para respirar. Entendí que ni Edward ni Nessie podrían cambiar la forma en que Bella y yo nos comprendíamos el uno al otro, la forma en que conectábamos, la forma en que, cuando no había consuelo posible, nos las arreglábamos para ayudarnos el uno al otro. El consuelo que ellos nos brindaban era distinto. Consolaba, por supuesto que sí, al fin y al cabo Nessie y Edward eran nuestras almas gemelas. Pero era… distinto. Y Bella sabía exactamente lo que yo estaba sintiendo, pues no era un sentimiento nuevo para ella. Yo lo había visto pasar por sus ojos años atrás.
Mi cuerpo se sacudió, y con mayor sorpresa me descubrí sollozando en el duro y frío regazo de mi mejor amiga. No había sido capaz de dejarme llevar por todo lo que me estaba pasando por dentro hasta ese momento, pues parecía que mis ojos se habían secado para siempre. Y ahora, con un simple gesto de Bella, ya no había vuelta posible, pues todo el torrente de terror, dolor, pérdida y nostalgia se había desatado. Era imparable. Sentí el cuerpo de Bella sacudiéndose bajo el mío, y supe que, si ella todavía tuviera lágrimas que llorar, sus sollozos serían tan violentos como los míos.
Pasó un tiempo antes de que ambos pudiéramos tranquilizarnos. Cuando por fin levanté la mirada descubrí que todos los demás habían dejado el salón, seguramente para concedernos un poco de privacidad. Bella y yo nos miramos a los ojos, esos ojos que, aunque eran dorados y no del color marrón chocolate que había tenido cuando era humana (el mismo color que había heredado Nessie), seguían siendo cien por cien Bella.
- Oh, Jacob… - susurró ella, poniéndome una mano fría en la mejilla.
En ese momento sonó el teléfono, y ambos nos levantamos de golpe. Edward, haciendo gala de su gran velocidad, entró al salón y lo cogió en un instante, sin dejarlo sonar apenas un tono. Escuché la voz al otro lado del teléfono en cuanto Edward saludó.
Era Carlisle.
- En Egipto no saben nada. – dijo el doctor, con voz derrotada. – He llamado a los demás, y excepto Alice, que todavía no ha encontrado a Nahuel y su tía, tampoco han descubierto nada nuevo. Pero todos nuestros amigos están sobre aviso.
Edward suspiró.
- Habéis sido muy rápidos. – murmuró. – Carlisle, escucha... – durante unos minutos, Edward se dedicó a resumirle todo lo que habíamos hablado en nuestra pequeña reunión. Pronto, llegó al tema en cuestión. - Hemos considerado la idea de involucrar a Demetri. Él podría encontrarla en un segundo, y…
- ¿Quieres involucrar a los Volturi? – me llegó la voz alarmada del doctor.
- ¿Hay alguna otra opción? – preguntó Edward lentamente.
Carlisle no contestó, y Edward guardó silencio, dándole tiempo para considerarlo.
- Tienes razón. – dijo Carlisle al fin, y su voz sonó derrotada. – Llamaré a los demás. Nos vemos en Italia. Coged el primer avión que podáis.
- No hace falta que vengan todos. – dijo Edward. – Iremos Bella, Jazz, Em, Jacob, tú y yo.
- No creo que Jacob fuera muy bienvenido en Volterra. – dijo rápidamente Carlisle con tono dubitativo.
La mirada de Edward se encontró con la mía durante un segundo. Ni siquiera le hizo falta leerme los pensamientos.
- No se va a quedar atrás. – sentenció.
El suspiro de Carlisle sonó muy cansado.
- Está bien. Dejaremos claro que está bajo nuestra protección.
Torcí el gesto. No me gustaba eso de estar bajo la protección de nadie. Pero seguramente sería lo más correcto. Al fin y al cabo, el odio que yo sentía hacia esas sanguijuelas sanguinarias era totalmente recíproco. Me dejé caer en el sillón con cansancio mientras Edward pulía los detalles con el doctor.
- Nos veremos allí. – dijo Edward entonces. – Manda a los demás a casa. Que ayuden a los lobos a seguir buscando. Y en cuanto a Alice, si no los encuentra durante el día de hoy, que vuelva a casa.
- De acuerdo. – accedió Carlisle.
Sin más dilación, Edward colgó el teléfono, y volvió a descolgar para llamar al aeropuerto. En ese momento, escuché los pasos de Leah en forma humana acercándose a la puerta. Sabía que a Leah no le gustaba entrar en la casa de los Cullen, así que me levanté con cansancio y me dirigí al vestíbulo. Leah me esperaba en el porche.
- ¿Los demás? – pregunté suavemente.
- Recorriendo el bosque. – me contestó. – Hemos hecho varios perímetros, y nos hemos repartido. Si algo cruza, si algo ocurre, no se nos pasará por alto.
Asentí, agradeciendo el esfuerzo con la mirada. Nos quedamos unos segundos en silencio.
- He oído que te marchas a Italia a buscar a esos dráculas asesinos. – comentó entonces, sin mirarme.
- Ahá. – respondí con desgana. – El tal Demetri tiene un don con el que puede encontrar a Nessie.
- Voy a ir contigo. – susurró ella entonces, todavía sin mirarme.
Eso me sorprendió tanto que me quedé instantáneamente sin habla. Cuando, tras unos segundos, pude volver a hablar, sólo una palabra salió de mis labios.
- ¿¡QUÉ!? – pregunté.
- Voy a ir contigo. – repitió Leah, con voz más fuerte, esta vez mirándome a los ojos con seriedad.
- No. – me negué. – No voy a ponerte en peligro. Tienes que quedarte con la manada.
Leah entrecerró los ojos de forma amenazadora, pero no me amedrenté. Yo no estaba en condiciones de ocuparme de nadie, y no me cabía espacio en mi mente para preocuparme de ella. Lo único que me importaba de verdad en esos momentos era Nessie.
- Voy a ir contigo, Jacob Black. – murmuró. - ¿Crees que te voy a dejar ir solo a la guarida de esos monstruos?
- No voy a ir solo. – señalé con cansancio. – Voy con los Cullen.
Leah enarcó una ceja.
- Cuando dije "solo" me refería a ti como parte de las manadas. – aclaró con voz dura cruzando los brazos sobre el pecho. – Tú no eres un Cullen, Jake. Eres uno de nosotros.
- Leah… - comencé, una oleada de cansancio ciñéndose sobre mí. Me apoyé en la pared junto a la puerta, dejé caer la cabeza hacia atrás y cerré los ojos, agotado. No podía lidiar con eso. No tenía fuerzas, ni energías, ni mentalidad para enfrentarme a una discusión con Leah. – Por favor.
- No, Jake. – susurró ella. – Si quieres que me quede, tendrás que ordenármelo.
Ante eso, abrí los ojos y la miré a la cara. Su expresión se había suavizado, y un insólito gesto de preocupación le aniñaba el rostro. Instantáneamente, mi expresión también se suavizó.
- Jake… - susurró ella de nuevo, acercándose a mí y poniéndome una mano sobre mi brazo derecho. – Que conste que esto que voy a decir se queda entre tú y yo, y si se lo repites a alguien te arranco la cabeza. – comenzó, amenazante, aunque su voz sonaba insegura. Me pregunté qué me iría a decir que fuera tan importante. Tras suspirar profundamente, Leah levantó la vista hacia mí y estableció contacto visual. – Jake, tú eres el mejor amigo que he tenido nunca. Después de mi hermano y mi madre, tú eres la persona más importante para mí. – la sorpresa me dejó paralizado por unos instantes, pero Leah no se detuvo ahí. - Déjame acompañarte… por favor. Tú siempre estás ahí para mí. Déjame estar ahí para ti ésta vez.
Por una vez, sus ojos no mostraban más que una sinceridad absoluta. De pronto, me sentí muy conmovido ante sus palabras. Mi resolución comenzó a flaquear.
- No quiero que te pase nada. – protesté débilmente.
Su siguiente sonrisa fue socarrona.
- No me va a pasar nada.
Respiré hondo. Una. Dos. Tres veces.
- Si vienes… - comencé, y los almendrados ojos de Leah se abrieron con esperanza y expectación. – Si vienes, primero tengo que ordenarte oficialmente que me obedezcas en todo momento y que no hagas ninguna locura.
- De acuerdo. – accedió ella rápidamente.
Volví a respirar hondo, y me enderecé, dejando el apoyo de la pared.
- Edward. – llamé en voz baja. Sabía que me oiría, y también que había escuchado la conversación.
No tardó en aparecer en la puerta, junto a nosotros. Leah retrocedió varios pasos en cuanto lo vio, lo que me hizo poner los ojos en blanco.
- Todo arreglado. – me dijo Edward entonces antes de que le preguntara. – Tenemos los billetes, incluido el de ella.
Enarqué las cejas con sorpresa. ¿También tenían el de Leah? ¡Pero si acababa de decirle que sí!
- Desde que ella lo dejó caer supe que acabarías diciéndole que sí. – me aclaró Edward con rapidez. Asentí con la cabeza y rodé los ojos. Ese era Edward… siempre creyendo que lo sabía todo.
Edward sonrió un poco ante mi pensamiento.
- ¿Cuándo salimos? – pregunté entonces suavemente.
- En cuatro horas. – me contestó. Fui a protestar, pero me cortó con un gesto. – Son los únicos que he podido encontrar que salgan hoy.
Suspiré.
- De acuerdo. – accedí, volviéndome hacia Leah de nuevo.
- Y otra cosa… - me llamó Edward. Lo miré por encima de mi hombro, y él señaló a Leah. – Ella está bajo tu responsabilidad. – me dijo. – Bastante problema puede haber sólo con que vengas tú.
- Vale, vale. – contesté con cansancio, torciendo un poco el gesto. Eso era lo último que quería, tener a alguien bajo mi responsabilidad en esos momentos en los que estaba lo bastante desesperado como para sugerir ir a ver a los asesinos italianos. Pero Leah iba a venir sí o sí, la muy cabezota.
Nada más aceptar, sentí la brisa que me avisaba de que Edward había vuelto al interior de la casa, así que me acerqué a los escalones del porche y me dejé caer de golpe, mis pensamientos huyendo lejos, buscando a Nessie a través del vínculo que compartíamos. De nuevo, no había nada al otro lado. Sólo vacío. Me estremecí, y escuché a Leah sentarse a mi lado.
- Deberías dormir un poco. – me aconsejó. – Al menos un par de horas, antes del viaje.
- No podría dormir aunque quisiera. – contesté. Y era cierto. Mi mente no podría dormir. No cuando ella estaba en peligro, o a saber cómo.
- Inténtalo al menos. – me urgió ella.
- Leah… - amenacé entre dientes.
- Vale, vale. – se rindió ella, usando mi coletilla. Una coletilla que parecía habérsele pegado a todo el mundo.
- ¿Por qué no vas a tu casa y coges lo que sea que las tías necesitéis para viajar? – le sugerí entonces, sintiendo la súbita necesidad de estar solo.
- No necesito nada, Jacob Black. No me compares con esas tías superficiales que necesitan llevarse el maquillaje a todas partes. – me espetó ella. Luego, su tono se suavizó. – Pero quizás pase por casa para comer algo.
- Y de paso coge ropa, o lo que sea. Nunca se sabe lo que podrías necesitar. – le aconsejé.
- Vale. – repitió ella, levantándose sin esfuerzo. – Nos vemos en un par de horas.
La despedí con un gesto, y apoyé la cabeza contra una de las columnas que sujetaban el gran porche de la casa principal. Volví a buscar el vínculo, deseando desesperadamente encontrarlo y volver a sentir a Renesmee cerca de mí. Me sentía vacío, perdido, incapaz de funcionar. La necesitaba. La necesitaba más que el propio oxígeno que me mantenía con vida. Necesitaba tenerla entre mis brazos, oler su aroma, sentir su calidez, oír su voz, su risa, volver a sentir eso tan especial que sentía cada vez que ella me mostraba sus pensamientos mediante su don. No podía funcionar sin ella, y sentía que me estaba volviendo loco, poco a poco. Sin ella estaba perdido. Sin ella, mi existencia no tenía alrededor de quien gravitar, y yo era como un planeta sin su sol. No podía vivir sin ella.
Pasó mucho tiempo antes de que nadie saliera a buscarme.
- ¿Jacob? – la voz de Esme me hizo levantar la vista hacia ella. Su rostro reflejaba tristeza y compasión. – Te he preparado unos sándwiches.
Intenté sonreír con agradecimiento, pero mis labios no se movieron.
- Gracias, Esme, pero… no tengo hambre. – contesté.
Un suspiro casi imperceptible se escapó por entre sus labios, y se acercó para sentarse a mi lado.
- Tienes que comer algo, Jacob. – me suplicó. – Si algo he aprendido de todos estos años en los que Carlisle ha estado ejerciendo la Medicina es que las necesidades humanas no hay que tomárselas a broma.
- Es que… - susurré. – Es que no creo que pudiera comer nada, aunque lo intentara.
Su mano fría y de consistencia pétrea se apoyó sobre mi brazo en un movimiento cuidadoso.
- Lo sé, pero tienes que hacerlo. – me dijo. – Llevas más de un día sin probar bocado. Si te pasa algo no darás más que problemas. – se interrumpió para fijar su mirada con la mía. – Hazlo por ella, al menos. Nessie no querría que te mataras de hambre.
Solté mi brazo de su mano con suavidad y me levanté lentamente.
- Supongo que puedo intentarlo. – susurré, no queriendo discutir con ella.
No veía el momento de montarme en ese avión. No veía el momento de ver a los Volturi. No veía el momento de encontrar a Nessie y estrecharla entre mis brazos. Pero por ahora, tenía que sobrevivir. Tenía que seguir fuerte por ella. Tenía que estar preparado para ayudarla cuando la encontráramos. Y si tenía que meterme sándwiches triturados por un embudo, lo haría.
Porque por ella lo daría todo.
Hasta mi vida.
(Leed la nota de autor a continuación. Es importante).
En el próximo capítulo... ¡Nos vamos a Volterra! ¡Bieeeeennn! ^^
Por cierto, es posible que éste sea el último capítulo que suba hasta después de Navidad, porque me voy de vacaciones, y en el pueblo no tengo internet. Quizás me de tiempo a subir un capítulo antes del domingo (que es cuando me marcho), pero si no me da tiempo, quiero desearos a todos una muy Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo.
Muchas gracias por acompañarme cada capítulo, por vuestros comentarios y críticas, por vuestras adulaciones y ánimos. No sabéis todo lo que significa para mí, para una escritora en sus tiempos libres, que la gente lea sus historias y que además les gusten. Muchas gracias, de verdad.
Y, por si no nos leemos hasta después de Navidad, ¡que paséis unas felices fiestas y que os traigan muchos regalos!
Un beso muy grande.
Contesto anónimos:
Ardi_Bea: Me alegro muchísimo de que te esté gustando. Sí, tiene unas ideas muy de bombero... pero bueno, Jacob siempre ha sido así. Sus ideas siempre son a lo grande, jeje... Perdona el retraso, y un beso muy grande.
Forks Vampire: ¡Hola, guapaaaaa! No veas qué ilusión me hizo ver tu review, jejeje... Aunque me da rabia saber la mala impresión que te habré causado al no actualizar. Quiero que sepas que es la primera vez que no actualizo a tiempo. Un día actualicé lunes por la mañana en vez de domingo por la noche, pero eso no fue muy grave. Lo grave ha sido ésta vez. En fin...
Me alegro de que te esté gustando la historia, de verdad. Y muchas gracias por tus palabras. Me esfuerzo mucho por hacer que los personajes sean capaces de mostrar todo lo que están sintiendo a través de la pantalla del ordenador, y siempre ayuda que me digáis que lo estoy consiguiendo. ¡Un besoooo!
Lauris_29: ¡Hola! Muchas gracias por tu review y por tus palabras. ^^ Espero que el fic sea largo, pero mujer, alguna vez se tendrá que terminar. ;-) ¡Un beso!
Larika: Lo de Demetri ya lo verás, jeje... xD Me da la impresión de que no es a Demetri a quien tienen que convencer, sino a sus superiores... Aro, Marcus, Caius. Esos son los que mandan. ;-) ¡Un beso muy grande! Y perdón por la espera...
¡Gracias a todos, y un besazo!
