Hola les traigo el 3 capitulo
Capitulo 6 el emblema de la amistad
Después de haber atravesado el bos que los chicos deciden des cansar una poco todos platicaban y mucho eran amigos exto cristobal que siempre era muy apartado de todos los demás mientras ellos encedieron una fogata cantaron y contaron historia de terror la primera fue Nicole
Fin de año de terrorMario festejó el fin de año a su manera, en una cantina junto a borrachos solitarios
y melancólicos. Durante la madrugada, se levantó de su asiento y se despidió de
sus camaradas, que a esa altura de la noche se desparramaban sobre las mesas, y
algunos soñaban inquietos, agobiados por los fantasmas del alcohol.
El aire frío de la noche lo despabiló un poco. En la cuidad sonaban sirenas y se
escuchaban detonaciones. Como pensó que eran fuegos artificiales siguió caminando
tranquilamente, tratando de no chocar contra los tachos de basura, las columnas, y
cualquier objeto que se interpusiera a su andar en zigzag.
Divisó a una mujer parada en una esquina, en la otra vereda de la calle.
Al estar bastante fría la noche, y como las ropas de la mujer eran escasas, Mario
dedujo cual era su oficio. Echó mano a su billetera y calculó cuanto dinero le
quedaba. Concluyó que era suficiente para terminar la noche acompañado.
Se acercó a la mujer, que estaba de espaldas a él y saludó:
- ¡Hola preciosa!
Ella volteó, Mario trastabilló al irse hacia atrás, al ver que a la mujer le faltaba el
labio inferior, parecía que se lo habían arrancado, y su ojo izquierdo colgaba de
un hilo de carne. Sus dientes inferiores asomaban entre el hueco ensangrentado
de su boca. La mujer lanzó un gemido y se abalanzó hacia él. Para el bien de Mario,
el susto lo había terminado de despabilar, y pudo evadirla, con un empujón la tiró
al suelo y corrió.
Al cruzar la otra esquina, casi lo atropella una patrulla policial, el auto frenó a un
metro de él. Los policías bajaron rápidamente y le apuntaron con escopetas.
Mario levantó sus manos en alto.
- ¡No me tiren, yo no hice nada! - les dijo.
Los policías bajaron las armas - Este está bien, no está infectado - dijo uno de
ellos. Otro buscó en el interior de la patrulla y sacó un cinturón con una pistola y
municiones. Se acercó a Mario y se las ofreció.
- Va a necesitar esto, tómelas - le dijo - Trate de juntarse con otra gente, que
estén bien, y atrinchérense.
- Pero…pero ¿Qué está pasando? ¿Estamos en guerra? - preguntó Mario.
- ¿No lo sabe? Los muertos revivieron, y cada vez son más - le contestaron.
- Apunte a la cabeza - agregó el policía. Se subieron al auto y se marcharon.
La mujer de la esquina se le acercaba corriendo por la calle. Mario gatilló el
arma y le apuntó a la cabeza, antes de disparar dijo:
- ¡Que año de m…a va a ser este 2012!
Al ultimo fue Frida
No sabía explicar la sensación, no se atrevía a contárselo a nadie. Pero la idea persistía en su mente, le obsesionaba. Estaba convencido que aquellos personajes diminutos, negros, enjutos, desfilando sin desfallecer día y noche, creía con firmeza que los transportaba en su mente.
Fue el día que visitó el museo de arte contemporáneo. En la quinta sala, dedicada a un pintor argentino llamado Juan Alberto Arjona, vio un cuadro que le llamó mucho la atención. Se titulaba "Girando alrededor de un mismo tema" y representaba a unos pequeños seres oscuros, portando cada uno de ellos una banderita, que daban vueltas en torno a una rueda en el centro del lienzo. El fondo era colorido y acentuaba aún más a los minúsculos entes. Edgar estuvo mucho tiempo mirando el cuadro. No entendía qué podía atraerle, qué significaba. Se dio cuenta que había pasado media hora sin moverse, observando, buscándole un sentido al óleo. Como despertando de un sueño, se giró y siguió visitando las otras salas, pero su mente divagaba, ya no le interesaba el resto de la exposición y pasaba de una sala a otra sin detenerse más que unos segundos. Antes de que cerraran volvió a la sala quinta y siguió contemplando el cuadro hasta que lo devolvió a la realidad un guardia jurado.
Esa noche durmió mal. Tuvo pesadillas y al despertar un dolor de cabeza le persiguió por el cráneo todo el día. La idea parecía absurda en un principio pero cuando a los tres días empezó a hablar cambiando las letras, el significado, las palabras, se convenció que ellos estaban allí. Los sentía girar en sus pensamientos, trajinando neuronas del módulo frontal al occipital, serrándole el tálamo, destruyendo sus conocimientos, avanzando uno detrás de otro, conquistando masa encefálica, desconectando axones.
Desesperado, intentaba memorizar listas de palabras, columnas de números, pero todo era inútil. El dolor de cabeza remitía y volvía con redoblado furor, mientras él seguía perdiendo recuerdos de su infancia, de su familia y de su vida.
Volvió al museo una semana después. Se acercó al cuadro lentamente, veía como los muñecos pintados se acercaban despacio, creciendo hasta que los tuvo frente a sus ojos. Se acercó todo lo que pudo e intentó verles la cara pero estaban de espaldas. En un segundo todos se giraron y le miraron a los ojos. Les vio el rostro con unos ojos inyectados en sangre, sonrisas cínicas en bocas diminutas, abiertas, hambrientas, de pequeños dientes afilados. Edgar dio dos pasos atrás, tambaleándose y un relámpago alumbró su mente y entendió que el cuadro mostraba la psicosis del artista. Y empezó a chillarles, «¡salid de mí!», les gritaba, «¡salid de mí, salid de mí!», una y otra vez.
Acudieron dos vigilantes y lo sacaron del edificio mientras él seguía gritando. Sentía esos dientecillos como le mordían el cerebro, arrancando trozos a dentelladas, escupiendo la masa arrancada y riendo. Los guardias intentaron calmarle mientras llegaba la ambulancia pero Edgar se deshizo de ellos y empezó a correr enloquecido calle abajo, chillando y golpeándose la cabeza con las manos. Los peatones se apartaban asustados, nadie le detuvo y Edgar corrió y corrió hasta que no pudo más.
Se detuvo en un sucio callejón, agotado. No sabía qué hacer, ni a dónde ir porque ellos seguían allí, y seguirían con él allá donde fuera, seguirían dando vueltas alrededor de su cabeza, dando vueltas alrededor de sus pensamientos y arrinconándole en ese miedo que le envolvía, ese miedo que hizo que se acurrucara en un rincón, escondido. Ese miedo que imposibilitó que nadie lo encontrara. Ese miedo que acabó por llamarse Edgar.
Des pues de eso todos decidieron ir a dormir mientras dormían un digimon los ataco llamado puppetmon
Puppetmon tiene la mentalidad de un mocoso malcriado y un temperamento ardiente: divertirse y jugar es todo lo que quiere hacer, pero el tipo de juegos que lo divierten incluyen muerte y destrucción, e incluso sus juguetes son capaces de infligir dolor en las personas. Puppetmon no tiene un verdadero concepto de amistad, sólo piensa que la gente debe hacer lo que les dice. De hecho, la mayoría de sus secuaces se quedan junto a el porque tienen temor de que los mate
Quien a ver que atacaba a Nicole decide enfrentarlo con gilmon al derro tarlo a parece el emlema de la amistad ya que decidió pro tejer a una amiga en ves de dejarla
Ter mine
