Disclaimer: Los personajes son de S.M, la historia es mía, y cualquier parecido con otra es mera coincidencia. Esta historia está registrada en SaveCreative, absténganse de plagios.


Summary: -¿Qué quieres, Cullen? -Saber -contestó como si fuese obvio. -¿Saber qué? -le seguí el juego al final. -Cómo es que Nerdbella Swan tiene tanto genio y no lo había presenciado hasta ahora. /Porque si algo no era Bella Swan, era ser una niña buena./ AU TH


Este capitulo está dedicado a mi hermosa Beta, Arya_Sennel, que estuvo ayer de cumpleaños. ¡Felices 17, no-tan-pequeñita! :D Te quiero (L

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Capítulo 6.

-Oasis. Whatever-

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Podía escuchar caer el agua de la ducha desde dónde me encontraba tumbada en la cama. Daba gracias a mi suprema inteligencia por tener la idea de ducharme primero. Cullen era peor que Rose en cuestiones de imagen personal, y la ducha que a mí me había llevado cinco minutos, él ya llevaba en ella quince. Estaba segura de que agotaría el agua caliente de todo el motel. Porque sí, estábamos en un jodido motel.

La cuestión era ¿cómo demonios me dejé convencer? ¿Fue su puchero, o tenía tantas ganas de pegarle para que se callase que accedí? Probablemente la segunda. Sus constante quejas y lloriqueos habían logrado provocarme dolor de cabeza.

Bufé, recordando como mi idea de dormir al lado del lago en un banco le horrorizó. Ya le había avisado, ¿acaso creía que íbamos a dormir y comer todos los días de hotel? Me había hecho perder 50 dólares en la habitación de hoy. No pensaba gastar esa cantidad todas las puñeteras noches. No señor, que se joda Cullen y su sentido de la comodidad.

Aunque tenía que admitir que en el banco no podría estar como ahora. Me encontraba tirada en el medio de la cama, boca abajo y con los pies colgando fuera, ya que no era demasiado grande. Lo jodido era que iba a tener que compartirla. Y odiaba compartir sábana, siempre acababa sin ella porque Jaz era un mariquita y se resfriaba por nada. Con lo cual, me quitaba la manta y yo me moría de frío.

Suspiré recordando las pijamadas con mi amigo, melancólica. Necesitaba distraerme. Rodé hasta el final de la cama, sin ganas para levantarme, alargué el brazo tanto como pude para coger la mochila de Cullen. Me lo debía, después de todo había sido yo quien había impedido que lo atacase un perro. Un perrito. Un proyecto de perrito, porque era tan pequeño que me extraña que no lo hubiesen pisado ya. Pobrecito él.

Agucé el oído para comprobar que Cullen seguía ocupado en su ducha-de-veinte-minutos y saqué su iPod del bolsillo. Yo no tenía el mío, y bueno, teníamos casi los mismos gustos. Me giré hasta quedar boca arriba, me coloqué los cascos en los oídos y lo encendí. Cuando la música de Oasis inundo mis oídos dejé de escuchar el agua caer o el ruidoso ventilador del techo que no paraba de dar vueltas y que, según el recepcionista, era imposible de apagar.

I'm freee, to be whatever I, whatever I choose and i'll sing the blues if I want. I'm freeee, to say whatever I, whatever I like if it's wrong or right it's alright...

Sonreí. Oasis siempre me ponía de buen humor. No era lo mismo que AC/DC, ya que aunque idolatraba a ese grupo me hacía recordar Phoenix y me deprimía al mismo tiempo que cantaba y bailaba en la ducha. No, Oasis era como el paraíso de la felicidad.

Always seems to me, you only see what people want you to see...

Cerré los ojos y comencé a recordar mi primera tarde de libertad. Había sido... terriblemente agotadora. Después de llegar al lago, Cullen no paró de quejarse de que tenía hambre. ¿Y entonces a dónde quería ir el señorito? ¡A un restaurante! Fui a comprarle un bocadillo al súper y fue cuando comenzó a hablar sobre la comida y toda la mierda que su padre el doctor le metió sobre comer alimentos envasados. Le callé con 'la mirada' y le obligué a tragar el sándwich o le zurraba con la guitarra.

How long's it gonna be, before we get on the bus, and cause no fuss, get a grip on yourself, it don't cost much...

Después de nuestra pequeña discusión, arrastré a Cullen por toda Olympia. Quejándose, haciendo pataletas y todo la demás mierda, juraría que hasta la gustó. Fuimos hasta el Puente de la Quinta Avenida* para ver el salmón nadar hacia el mar. Y aunque el señorito no soportaba el olor, yo me incliné todo lo que pude en la barandilla, viendo los enormes peces correr hacia su libertad como yo misma había hecho.

Free to be whatever you, whatever you say, if it comes my way it's alright. You're free to be whatever you, whatever you please, you can shoot the breeze if you want...

Cuando ya no pude soportar más las quejas de Cullen con respecto al olor de los peces, seguimos caminando hasta llegar al 'Percival Landing'. Mi entusiasmo podía considerarse como incontrolable. Era un lugar tan hermoso, veía a la gente reír y comer en las mesas de picnic y a los niños pequeños jugar en el parque.

Y cuando quise darme cuenta, Edward no estaba a mi lado, sino ayudando a una niña a columpiarse. Sonreí y me dirigí hacia él, ayudando al otro niño. Ellos chillaban de alegría mientras nos pedían que les diésemos más con más fuerza. Nunca antes había vislumbrado aquella expresión en la cara de Cullen, y decidí que era la que más me gustaba hasta ahora. Jugamos con los otros niños hasta que una madre vino a quejarse y casi nos da con su bolso, teniendo que hacer una retirada improvisada.

Pero aún quedaba mucho que ver, por lo que volví a arrastrar a Edward hasta el pequeño puerto que allí había, con los barcos atracados en fila. A él no parecía entusiasmarle la idea, ¿quizá no le gustaba el mar? ¿A qué clase de persona no le gustaba navegar?

Entonces, un señor muy amable, al ver como miraba su barco, nos ofreció dar una vuelta en él. No dudé ni un segundo en lanzar mis cosas dentro y luego saltar. Se presentó como Harry, marinero desde hacía veinte años y padre viudo de dos hijas preciosas. Tuve tiempo de contarle la historia de mi vida mientras Cullen se decidía si subir o no. Cuando perdí la paciencia llegué a la conclusión de que era un mariquita como Jasper. No podían hacer nada si no se les retaba. Así que le llamé gallina. Ni dos segundos tardó en saltar al bote.

It always seems to me, you only see what people want you to see. How long's it gonna be, before we get on the bus, and cause no fuss. Get a grip on yourself, it don't cost much...

Nos sentamos a babor mientras Harry maniobraba para salir del muelle. Saqué mis viejas gafas de sol y las puse, no queriendo que el aire me impidiese ver bien el paisaje. Cullen sacó sus Ray-ban. Que se joda.

Por supuesto, Edward siempre tenía algo que decir. Me preguntó si no estaba preocupada por si mi nuevo mejor amigo no fuese un psicópata violador que quería tirar nuestros cadáveres en alta mar. Le respondí que en tal caso, le dejaría en el barco mientras nadaba hacia la costa. Se enfurruñó en el asiento y conseguí disfrutar del trayecto sin escucharle.

I'm free to be whatever i, whatever i choose, and i'll sing the blues if i want. Here in my mind, you know you might find, something that you, you thought you once knew...

Harry fue un perfecto y encantador guía turístico. Nos contó la historia de Olympia y sus alrededores, algunas anécdotas de su familia y los sitios que teníamos que visitar. Fue realmente divertido, incluso Edward tuvo que admitir que no era un psicópata. El único momento que nubló tan agradable tarde fue cuando Cullen me gritó por tirar su móvil de última generación al mar. Harry no paró de sonreír de vuelta al muelle mientras discutía con el niño mimado y rico a mi lado.

But now it's all gone, and you know it's no fun, yeah i know it's no fun, oh i know it's no fun...

Después de mandar al cuerno a Cullen y de agradecerle mil veces a Harry el viaje en barco, caminé hacia el centro de Olympia, importándome bien poco si Edward me seguía o no. Con la mochila en un hombro y la correa de la guitarra en el otro, los rayos del atardecer golpeaban suavemente mi piel mientras caminaba. Había sido un día completamente soleado y estaba segura de que mi cuerpo agradecía toda la vitamina D que le había suministrado.

Cuando llegamos al corazón de Olympia ya era de noche, y todo pareció cobrar vida de repente. Las calles estaban atestadas, principalmente por adolescentes que habían terminado las clases, pero también niños y adultos. Las tiendas y restaurantes iluminados con farolillos y el calor del día estaba todavía presente en el aire. Por un segundo tuve la sensación de estar en Phoenix de nuevo.

Me olvidé de que Cullen estaba enfadado conmigo y le cogí de la manga para tirar de él y llevarlo junto a un hombre que hacía imitaciones en la calle. Me abrí paso entre el grupo de gente que le rodeaba para conseguir ver mejor, y estuve riendo hasta que terminó el espectáculo. Le dejé una gran cantidad de monedas, y, para mi sorpresa, Cullen dejó caer un billete en el sombrero. Me lanzó una cálida sonrisa cuando le miré con las dos cejas alzadas, dejando claro que el asunto del móvil se había olvidado. No pude hacer menos que devolvérsela.

I'm free to be whatever i, whatever i choose, and i'll sing the blues if i want. I'm free to be whatever i, whatever i choose, and i'll sing the blues if i want...

Decidí que, a modo de hacer las paces, podíamos cenar algo más que un bocadillo del súper. Así que fuimos a una pizzería y nos comimos dos pizzas familiares de bacon y sin anchoas en menos de quince minutos, riéndonos mientras nos contábamos anécdotas de cuando éramos pequeños. Era increíble, pero además de en música también teníamos los mismos gustos respecto a lo que podía o no llevar una pizza. ¿Champiñones? Sep. ¿Orégano? Sep. ¿Pimientos? Nop. ¿Piña? Arg, nooooo.

Whatever you do, whatever you say, yeah i know it's alright. Whatever you do, whatever you say, yeah i know it's alright...

Ni siquiera me di cuenta de en que parte de mis recuerdos había comenzado a sonreír, pero voilá allí me encontraba yo, tumbada en la cama sonriéndole al ventilador. Fue entonces cuando una gota cayó sobre mi rostro. Arrugué la nariz mientras más gotas comenzaban a caer. ¿Agua? Oh dios, el maldita motel era tan malo que tenía goteras.

¿Pero qué mierda...? Abrí los ojos y le vi. Cullen. Recién salido de la ducha, alborotándose el pelo encima de mí apropósito, sólo vestido con unos boxers y con esa sonrisa arrogante que le hacía parecer un poltergeist. Y riéndose. Riéndose de mí.

-¡Ug! -chillé mientras me levantaba de golpe y me ponía de pie en la cama, sacándome los auriculares de las orejas y dejando caer el iPod. La música seguía sonando, pero no me molesté en apagarla-. ¿Qué mierda te pasa, mariquita? -le grité, secándome la cara con las manos.

Cullen no paraba de carcajearse, doblándose sobre sí mismo.

-Eres tan divertida, Swan -me dijo, pasándose una mano por el pelo.

-¿Por qué has hecho eso? -le recriminé, cerrando los puños con fuerza. Sólo tienes una oportunidad, di la respuesta correcta o te haré mi saco de boxeo.

Él no pareció escuchar mis pensamientos. Duh, ojalá fuera telépata.

-Eso fue por coger mi iPod sin permiso, señorita -sonrió con burla, poniéndose las manos en las caderas como si me estuviese echando la bronca. Já, igual que Renée, sólo que ella imponía mucho más respeto que aquel espécimen de hombre con abdominales que estaba delante de mí.

Céntrate, Bella, me recordé, obligando a mis ojos a permanecer enfadados y en su rostro burlón, no en su perfecto torso o en sus musculosas piernas o en su... ¡Céntrate, Bella! Ajá, vamos a ver, él no dijo la respuesta correcta.

Me agaché lo más rápido que pude y agarré la almohada. Caca podrida, necesitaba algo más duro, pero por ahora serviría. Así que mientras él se descojonaba y se reía, lancé el brazo hacia atrás y le golpeé en la cara con todas mis fuerzas. No le dolió, pero se volteó por el impacto y fue entonces cuando le salté encima.

-¡Kiaaah! -grité, imitando a Rose. Ella también me utilizaba de saco de boxeo, por lo que sabía lo que sentía Cullen al ser reducido y golpeado, pero se lo merecía.

Comencé a golpearle con la almohada, gruñendo cuando él se giró entre mis piernas para quedar boca arriba y poder defenderse con los brazos. Sentada sobre su estómago, tuve la oportunidad de darle un puñetazo en el pecho después de que intentara agarrarme por el culo para sacarme de encima suya. Ah no, volví a golpearle con la almohada y aparté las manos que comenzaban a hacerme cosquillas.

-¡Swan, joder! -gritó él, agarrándome rápidamente por la cintura y levantándome en el aire.

-¡Jódete, Cullen! -logré chillar antes de que me obligara a desenroscar las piernas de su cintura y me tirara encima de la cama. Reboté un par de veces antes de girarme para coger mi improvisada arma que había soltado, pero Edward me agarró por los pies antes de lograr estirarme lo suficiente-. ¡Mierda! -gruñí, comenzando a patalear para que me soltara.

En aquel punto los dos nos encontrábamos lo suficientemente enfrascados en la batalla para que él se dejase de reír y yo de querer comérmelo con los ojos. Ahora mismo, Cullen quería agarrarme y yo quería zurrarle. Con cualquier cosa. Me servía incluso el iPod, podía darle latigazos con los auriculares.

Sentía como mis piernas se entumecían por el esfuerzo de intentar liberarlas de sus garras. Con un brusco movimiento logré que me soltara un segundo, y no necesité más para lanzar una patada certera a su barriga. Cullen se dobló sobre sí mismo, sin aire, y cayó al suelo.

-¡Si! -chillé extasiada al verme libre. Salté fuera de la cama y caí con pies y manos sobre el suelo. Huh, un poco más y me parto la cabeza contra el armario. Maldita habitación tamaño 4x4 sin espacio para maniobrar.

Me incorporé rápidamente al mismo tiempo que mi oponente se agarraba a la cama para intentar levantarse. Duh, puede que lo hubiese golpeado demasiado fuerte. Es decir, era un tío y estaba cachas, pero incluso Jaz saltaba y chillaba cuando le pellizcaban.

-¿Estás bien? -pregunté, preocupada -ligeramente preocupada, nada más. Y de repente un objeto-volador-no-identificado iba directo hacia mi cabeza. Me agaché justo cuando la Biblia se estampaba en el armario de mi espalda y caía al suelo de un golpe seco.

Caca de vaca. Gracias a las clases de auto defensa de Charlie que tenía tan buenos reflejos, o eso me hubiese dejado la cara plana.

-¿Acabas de lanzarme la Biblia, pedazo de imbécil? -chillé, sintiendo como el calor subía a mi rostro y mis puños se cerraban de la rabia. Cullen sonreía arrogante, pero sus ojos chispeaban con la misma ira que ahora sentía yo.

-¡Estás jodidamente chiflada, Swan! -se defendió pobremente.

Lancé un grito de pura rabia mientras iba hacia la mesilla de noche y cogía la lámpara.

-No te atreverás -exclamó Cullen antes de agacharse justo a tiempo para que no le diese en la cabeza. Huh, buenos reflejos pero mala puntería. Mi padre tenía razón con eso.

Edward se incorporó y yo me lancé hacia lo primero con la suficiente consistencia para dejarlo K.O. Cogí un estuche que Cullen había estado cargando todo el día. Era jodidamente perfecto, pesado y rectangular.

-¡Eso no! -gritó él con desesperación. Distinguí unas teclas cuando lo agarré con las dos manos para alzarlo por encima de mi cabeza. ¿Un teclado?

Lo lancé con todas mis fuerzas dejando aquel pensamiento de lado y le dio de lleno en el pecho, haciéndole retroceder unos pasos mientras lo sostenía como si fuese de cristal.

Unos fuertes golpes en la puerta interrumpieron nuestra pelea. Nos quedamos congelados en el sitio, jadeando mientras intentábamos recobrar la respiración normal y mirándonos fijamente a los ojos. Estaba enfadado. No, estaba furioso conmigo. Y yo sentía como la rabia de hace unos instantes disminuía. Caca.

Los golpes se repitieron, y como era la que estaba más cerca de la puerta fui a abrir.

-¿Qué? -gruñí. En el rellano se encontraba el recepcionista que antes nos había atendido, un señor gordo y bajito, medio calvo y de unos cuarenta años. Sus ojos saltones me recorrieron entera antes de ir hacia dentro de la habitación, evaluando los daños.

-Mire, señorita -su voz era increíblemente aguda para un hombre de su edad-, me da igual si su novio tiene problemas en la cama y no la satisface. Permitimos que follen y que griten lo que quieran, pero sin golpear en la pared ni destrozar objetos de la habitación.

Mi boca se abrió de la incredulidad. Otra vez no, por favor. Pero sí, ya era la segunda persona en menos de veinticuatro horas que nos confundían con una pareja y pensaban que follábamos y nos peleábamos -no teniendo que ser en ese orden. Jodida mierda.

-Cualquier pelea que quieran hacer tendrá que ser fuera del recinto -siguió diciendo el recepcionista, con sus ojos clavados en la Biblia que me habían lanzado-. Y los objetos dañados se les sumarán a la factura.

Intenté hablar, decir cualquiera cosa y ponerme a discutir allí con él para convencerle de que no me follaba a Cullen. Pero me limité a asentir y a bajar la cabeza con arrepentimiento. Fue entonces cuando me fijé en cómo iba vestida. Mierda, llevaba una camiseta de tirantes y unos calzones que era lo que utilizaba para dormir cuando hacía calor.

Sentí mis mejillas enrojecer y levanté la vista hacia el recepcionista que seguía allí parado.

-Humf, lo sentimos mucho. No volverá a suceder -prometí antes de cerrarle la puerta en las nariz. Estaba mortificada, es decir, ¿por qué mierda no me había puesto unos pantalones?

Me giré y Edward seguía en el mismo sitio que antes, todavía respirando irregularmente, con el teclado en sus manos y los ojos fijos en mí. Le ignoré mientras caminaba hacia mi mochila y sacaba unos vaqueros. Me los puse lo más rápido que pude, enredándome con ellos y cayendo al suelo de culo. Ni siquiera había logrado subirlos a las pantorrillas. Mis mejillas enrojecieron más y levanté la cadera para poder ponérmelos decentemente, con la poca dignidad que me quedaba.

Me levanté de golpe y, ya vestida, reuní el suficiente valor para enfrentarme a Cullen.

-Tú pagarás la lámpara -su voz cortó el silencio, fría como el témpano. Apreté con fuerza la mandíbula para no volver a gritar.

-Eso haré -contesté, fijándome por primera vez en su rostro, tenso y sin emociones. Dejó el teclado en la cama, y se giró hacia la pequeña ventana que había allí.

Respiré bruscamente y me volteé para buscar mis Martens. Necesitaba salir de la habitación. El ambiente era tenso, el silencio asfixiante y mis ojos se estaban llenando de lágrimas rápidamente. No, Bella, no llorarás.

-¿Te vas? -preguntó Edward, viendo como me colocaba los zapatos e intentaba atarlos sin conseguirlo. Por suerte estaba sentada en el otro lado de la cama, dándole la espalda.

-Sí -respondí, exhalando el aire de golpe y sonando como un medio lloriqueo-. Lejos de ti -farfullé por lo bajo.

-¡Pues entonces vete! -gritó él. Al parecer no había sido lo suficientemente bajo-. ¡Si tanto te cuesta permanecer a mi lado y estar conmigo VETE!

Encogí los hombros ante la dureza de sus palabras. Nadie me había hablado así nunca, ni Renée, que había sufrido mi transformación de patito feo a cisne torpe y rebelde, ni siquiera Charlie, con el que había convivido dos años en el mismísimo caos. Nadie. Y nunca otra cosa había dolido tanto.

Cogí mi chaqueta rápidamente y salí de allí dando un portazo. Corrí por el pasillo y bajé las escaleras de dos en dos, con una opresión en el pecho a causa del aire que seguía conteniendo. No me preocupé por mis cosas, ya las recogería más tarde.

Pasé por delante de recepción, ignorando al hombre y a sus ojos saltones que me siguieron con la mirada mientras salía a la calle. Y allí, fue entonces cuando dejé salir todo lo que llevaba dentro. ¿No había dicho que fuera del recinto? Pues ya estaba.

Grité con todas mis fuerzas, grité de rabia, de dolor, de frustración. Grité por el imbécil de Cullen que me ponía de los nervios, que conseguía hacerme reír y enfadarme en menos de dos minutos. Ese estúpido niño rico y mimado que se había empeñado en meterse en algo que le iba grande.

Llevé una mano a mi rostro sólo para sentir lo húmedo que estaba. Mierda, las lágrimas caían sin control y no lograba controlarme. Mi cuerpo temblaba, sentía como si en cualquier momento mis piernas fuesen a ceder y caería al suelo. Sorbí mi nariz antes de frotarme los ojos para despejar la vista.

Huir. Eso es lo que necesitaba. Sé que normalmente lucharía y me enfrentaría a cualquiera, pero no a Edward. Dolía demasiado, sus palabras, su tono. Quería estar con Rose, con Jaz. Ellos me hubiesen ayudado. Le hubiesen pateado el culo. Quería ir con mi madre, apoyar la cabeza en su regazo y dejar que me acariciase el pelo hasta que me durmiese. Quería estar en Forks, con mi padre comiendo pizza y viendo un partido de béisbol.

Quería estar en cualquier lado menos aquí. Necesitaba escapar.

Así que corrí, de noche y sola, por las calles de Olympia, perdiéndome en ellas.

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.

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No recuerdo en qué momento colapsé y tuve que parar para coger aliento. Me dejé caer al suelo y me arrastré hasta la pared, encogiéndome allí sin importarme estar en medio de la calle. Las lágrimas no me habían dejado ver por dónde iba por lo que no tenía ni idea de dónde estaba. Metí mi puño en la boca para ahogar los sollozos, que en el silencio de la noche sonaban muy fuertes.

Y como si el cielo sintiese mi estado de ánimo, empezó a llover. Después de un magnífico día soleado, grandes gotas de lluvia me mojaron el pelo, la ropa y levanté el rostro para que se llevaran mis lágrimas. Me apretujé más en la chaqueta que llevaba, intentando infundirme un poco de calor. Froté mis manos contra mis mejillas. Estaba comenzando a helarme.

No sé cuanto tiempo permanecí así, llorando bajo la lluvia sin entender muy bien por qué. ¿Por qué me habían afectado tanto las palabras de Cullen? Él era un pedazo de mierda de vaca, un estúpido, un niño rico y mimado, un imbécil, y miles de adjetivos más. ¿Por qué, entonces, dolía tanto?

Sorbí mi nariz y cerré los ojos con fuerza. Sentía que había vuelto a tener trece años y temía hasta la muerte ir al colegio, pero fui. Renée me había obligado. Entonces, una de las que iban a cursos mayores me tiró de las coletas e huí corriendo al cuarto de baño, escondiendo mis lágrimas. Pero una vez allí dejé salir todo, lloré y lloré y sollocé hasta que sentí unos suaves golpes en la puerta.

Y así fue como conocí a Rosalie. Sólo que esta vez ella estaba lejos, muy lejos, y no podía consolarme, secarme las lágrimas y patearle el culo a la estúpida que me había tirado del pelo -o, en este caso, a Edward.

El pelo se me pegaba al rostro y no sentía el trasero de tanto tiempo que llevaba sentada. Sequé mis lágrimas contra la manga de mi chaqueta, pero no sirvió de nada. Estaba empapada.

Escuché un chof, chof viniendo a mi derecha. Me acurruqué aún más, intentando permanecer pequeñita para que quienquiera que fuese no se fijara en mí y pasase de largo, metí el rostro entre las rodillas y rodeé mis piernas con los brazos, haciéndome una bolita. Recé al fabricante de mis chocolatinas favoritas, pero nop, nunca nadie me escuchaba cuando rezaba.

El chof, chof paró justo a mi lado y sentí como alguien se agachaba. Una fría mano se posó en mi cabello, acariciando mis mechas. Levanté el rostro, y enfoqué mis ojos llorosos en aquella figura que tan bien conocía.

Era Cullen. Había venido a buscarme.

Sus ojos, arrepentidos y tan rojos como suponía estaban los míos. Su rostro, contraído en una mueca de dolor al ver el estado en el que me encontraba. Y su boca, perfecta boca, se abrió para formar dos palabras:

-Lo siento.


*(foto en mi perfil)


Hola a todas! Aqui otro cap, que en serio salió de mi alma esta tarde lluviosa de domingo. ¡8 páginas del openoffice en menos de dos horas! Está mal decirlo, pero estoy orgullosa de mí misma.

Gracias a todas las que dejaron review, tanto anónimos como no-anónimos, las alertas y los favoritos, que hacen que escribir esta historia merezca la pena! :) Y a mi nueva Beta, que corrigió mis faltas y me alienta a seguir. Y también a Kathy1000 por su curiosidad por saber como podían hacer un lago artificial de 3 kilómetros! hahahaha :)

Besos a todas mis lectoras, tanto fantasmas como las que dejan review, (y también lectores, si es que hay) Espero que disfruten del capítulo! Edward es un asno no? Aunque Bella tiene muy mal genio.

JC.