DISCLAIMER: Los personajes originalmente pertenecen a Steph, pero yo aquí juego con ellos un poquito y la historia es cien por ciento mía :)


-Vamos señoritas, comiencen a moverse- Bella terminó de abrochar sus zapatillas de ballet y se levantó rápidamente.

Una de las mujeres que Bella más admiraba era su profesora de Ballet, Sue Clearwater. Ella era una mujer de unos cincuenta y tantos años que llevaba bastante tiempo haciendo clases de Ballet a jóvenes de todas las edades y llevaba enseñándole a Bella todos sus conocimientos sobre el Ballet desde que ella era solo una niña. Sue tenía un físico envidiable para su edad y Bella le tenía mucha estima, a pesar de sus altas exigencias.

Las clases en la Academia de Ballet Clásico de Seattle estaban funcionando tal cual lo harían un viernes normal por la tarde, donde Charlie la iba a dejar desde hace ya varios años. Todavía recuerda el momento en que le contó a su madre que quería participar y que quería convertirse en una bailarina profesional.

Renée no estaba muy de acuerdo con esa idea, pero imaginó que su pequeña hija de doce años en algún futuro olvidaría ese loco sueño. Pero nadie se imaginó que la dulce Isabella terminaría siendo la alumna estrella de la academia. La profesora Clearwater era su admiradora número uno. Fue la primera en notar su tremenda habilidad para el baile y su prometedor futuro. Ella siempre decía que antes de morir, quería ver a su alumna estrella en las famosas obras de Ballet en Europa o interpretando El Cascanueces.

-¿Cómo has estado, Bellita?- preguntó cariñosamente la profesora Clearwater mientras se acercaba a ella. Bella se encontraba realizando unos ejercicios de elongación junto a la barra.

-He estado muy bien, profesora Clearwater. Esperaba ansiosamente las clases de hoy- respondió sonriente. Comenzó a practicar unos pliés repetidas veces y siguió con su estiramiento.

-Me alegro, Bella, pronto comenzarán las inscripciones en el Instituto Nacional de Ballet de Washington y quiero que mandes una aplicación cuando termines la escuela, lo antes posible, jovencita- la animó emocionada.

Sue Clearwater había mandado millones de recomendaciones a dicho instituto para que aceptaran a Isabella Swan el próximo año. Estaba realmente comprometida con su alumna y quería que cumpliera sus sueños. Podía ver mucho de sí misma en Bella y eso la alentaba.

-¡Sí!, me llegaron unas notificaciones a la casa y he estado muy emocionada- respondió Bella- Espero que la secundaria termine pronto para poder dedicarme a entrenar para las inscripciones-

-Te irá excelente, Bella… sabes que cuentas con mi apoyo para cualquier cosa- le comentó mientras ella le sonreía entusiasmada, asintiendo.- ¡Muy bien chicas!- llamó la atención de todas las niñas presentes en sus mallas color marfil y las reunió en el salón.- Comencemos retomando la secuencia de la semana pasada-

Durante las siguientes dos horas Bella se dedicó a ensayar y a ejercitar los números que tenía que realizar en la próxima obra que se estrenaría en unos meses. Sue le exigía mucho más que a las otras chicas, debido a que ella tenía el papel principal, y eso a ella le gustaba. Sentía que alguien confiaba en ella y que luchaba por sus sueños con la misma intensidad que ella.

-Vamos, Bella, esa secuencia es muy fácil, debería salirte ya- Sue le estaba demandando más de lo que ella pensaba que podría soportar por un día. Había un paso de la rutina que le estaba costando en demasía y estaba comenzando a frustrarla. Su frente estaba perlada de sudor y le dolían los pies, no pensaba que podría lograrlo hoy.- ¡Otra vez, Isabella!- Nada bueno podía ocurrir cuando su profesora de ballet la llamaba por su nombre completo…

Lo intentó unas diez mil veces más y nada.

-Creo que hoy no es mi día- susurró para sí misma.

-Tómense unos minutos de descanso- decidió la profesora Clearwater luego de unos momentos. Todas las chicas comenzaron a dispersarse y aprovecharon para beber agua y descansar unos segundos.

-¿Estás bien Bella?- preguntó una de sus compañeras de la academia, Leah Clearwater, quien resultaba ser sobrina de la profesora.

-Estoy bien, Leah, solo un poco desconcentrada- respondió tranquilizándola. Estaba exhausta a estas alturas.

-Vamos a dejar hasta aquí la práctica de hoy- expresó la profesora hacia sus extenuadas alumnas. Bella pudo volver a respirar de nuevo sabiendo que se había terminado, pero terminó desanimada debido al incidente.

Todavía tenía que tomar el bus para ir casa, ya que Seattle queda a casi una hora de Forks y su padre estaba de turno en la estación. El tiempo le serviría para relajarse y para olvidar los recientes hechos…se preguntaba que estaría haciendo Edward…

No podía evitar traerlo a sus pensamientos todo el tiempo. Tenía bastante claro el porqué estaba tan desconcentrada durante sus clases, si no podía dejar de sonreír y repetir en su mente el día de ayer.

Mentiría si decía que casi no había podido dormir durante la noche debido a las maripositas… no podía evitar suspirar de vez en cuando. Pero su semblante acaramelado rápidamente cambió.

Riley la estaba esperando a las afueras de la academia, estaba en su BMW recostado sobre el manubrio, al parecer dormido. Por un momento pensó en dejarlo ahí e irse sin despertarlo, pero no tuvo corazón.

Se acercó sigilosamente hasta su ventanilla y la golpeó levemente. Riley saltó de su asiento sobresaltado. Bella no pudo evitar soltar una risita.

-¿Qué estás haciendo aquí, Riley?- preguntó alzando su ceja, inquisitivamente.

-¡Bella! Vine a recogerte para que hablemos… No podemos seguir así- Ella no sabía realmente que decir…- Ya he avisado a tu madre- dijo él decidido encendiendo el motor. A Bella no le quedó de otra.

Riley manejó hasta una heladería cercana en el corazón de Seattle y aparcó a unas cuadras. ¡Aquí vamos!, pensó ella.

Ya sentados en la tienda con una copa de helado para compartir, como la tierna y normal pareja que se suponía que eran, se encontraban en un incomodo silencio, bueno, al menos para Bella, ya que Riley no se daba ni por enterado de que algo andaba mal. La verdad era que ella no estaba con ánimos de discutir y tampoco sabía que decirle, así que optó por tomar silencio y esperar a que él sacara el tema a colación.

-No me gusta que nos enfrentemos así y que terminemos en malos términos, Bells. Yo solo quiero lo mejor para ti- aclaró Riley mientras tomaba su mano cariñosamente. Bella puso los ojos en blanco e intentó no alterarse. Se suponía que venía en son de paz, pero él se lo estaba poniendo difícil con su actitud tan buena y respetuosa. Bella estaba hecha un lío.

-¡Ese es el problema, Riley!- refutó tratando de no levantar la voz- ¡No quiero que quieras lo mejor para mí!- argumentó un poco confundida con sus palabras… ya ni ella se entendía.- Me refiero a que… se supone que eres mi novio, ¡no mi padre!-

-Pero, ¿Bella? ¿Qué estás diciendo? Por supuesto que soy tu novio y siempre voy a querer que nada malo te pase- Bella tomó una postura resignada, cruzándose de brazos.

-Ya sé que quieres eso… pero yo necesito más…- agregó con una mueca molesta.- ¡No quiero esto que tenemos!, ¡tan normal y aburrido!, ¡quiero algo más extraordinario!-

-¿A qué te refieres, amor?- inquirió confundido.- Yo te doy todo lo que me pides-continuó.

-¡Pero si yo no nunca te he pedido nada!- Bella lo miraba sorprendida y casi enojada… realmente no había mucho que hacer en esta relación… Riley no tenía hambre de más como ella… para él era suficiente.- Necesito tiempo- sentenció decidida.

-¿Tiempo?... ¿Cómo tiempo?- preguntó un poco temeroso.- ¿Quieres terminar conmigo?- Riley parecía realmente asustado, Bella no anticipó su reacción.

-Ehh… no… solo necesito pensar las cosas, alejarnos un poco…- complementó sin saber que más decir.

Pensó en su madre.

Si terminaba con Riley probablemente ella la mataría. Pero no sentía como si fuera una mala consecuencia, su madre podría superar esa ruptura, pero Bella no podría soportar seguir con alguien a quien no quería realmente y vivir una farsa. Justo como Edward había dicho.

-¿Entonces quieres alejarte de mí? ¿He hecho algo malo?- prosiguió inseguro.

-No es eso Riley, simplemente necesito tiempo para mí- contestó paciente.- ¿Crees que puedes llevarme a casa, ya?- preguntó temerosa. Riley asintió, después de todo seguía siendo su novia y el jefe Swan lo mataría si la dejaba ir por su cuenta.

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Se encontraba en su habitación encerrado como usualmente lo hacía. Todos en la casa lo ignoraban y Alice no se encontraba alrededor para molestarlo. Así que Edward estaba solo con sus pensamientos. Ya llevaba en el cuerpo casi una caja de Marlboros y ni siquiera estaba hambriento. No ha comido desde la mañana y puede observar por el gran ventanal de su pieza que el sol ya está bajando y que la noche se acerca.

La casa de Edward era bastante grande para las cuatro personas que vivían en ella. Contaba con dos habitaciones en la primera planta y con cinco en la segunda, había un baño por cada habitación y la sala era casi un museo. A su padre le gustaba coleccionar ciertos objetos preciosos y pinturas costosas. Edward pasaba poco tiempo en su casa y cuando lo hacia la mayoría era encerrado en su habitación.

Bajó las escaleras que lo llevaban al comedor apoteósico que mantenían a un lado de la cocina y observó que Esme estaba ordenando por todas partes. Tampoco se le escapó el hecho de que en la mesa había cinco puestos, a pesar de que ellos eran tres, sin contar a Alice.

-¿Esperamos a alguien para cenar, Esme?- preguntó ceñudo mientras se dirigía a la cocina y destapaba una cerveza del refrigerador. Su madrastra parecía de buen humor.

-Tu padre tiene invitados esta noche para cenar- respondió siguiéndolo a la cocina.- No deberías tomar alcohol si no has comido nada- comentó mirándolo reprobatoriamente. Edward simplemente se encogió de hombros y siguió bebiéndola.

-¿Dónde está Carlisle?-cuestionó ceñudo. Esme apuntó al techo mientras se ocupaba de terminar la cena. Asumió que su padre estaba en su despacho y subió a su encuentro.

La relación entre ellos estaba bastante deteriorada para él. Carlisle Cullen era un abogado reconocido y con una reputación muy honrada, pero en cuanto a calidad de padre, era una mierda.

Edward no recuerda ni una sola vez en que él le haya felicitado durante toda su etapa de secundaria. Porque hubo un tiempo en que él era un chico bueno que se preocupaba por que su padre se sintiera orgulloso, pero ya hacía mucho tiempo de eso…

A su padre no le importaba lo que le pasara. Es más, a veces Edward llegó a pensar que era un estorbo para él, luego cuando Alice creció y la trataba de la misma forma, supo que simplemente Carlisle no tenia espacio en su "apretada" agenda para dedicarle a sus hijos. Le dolía que lo haya dejado de lado durante toda su vida, pero le enfurecía que lo hiciera con su media hermana.

Alice se merecía su atención y merecía más. A pesar de ser una chiquilla molesta, la quería de todas formas. Y Esme…, bueno ella era otro tema. A veces se odiaban, otras se ignoraban… otras se querían matar el uno al otro, pero ella ha estado ahí desde que él tenia memoria… y aunque no la consideraba bajo ninguna circunstancia como su madre, le tenía cierta estima. No entendía como estaba con un hombre como Carlisle…

Pero no valía la pena hablar de él, ya que para Edward su procreador no era más que un idiota sin remedio y Carlisle siempre le daba la razón, como en estos mismos momentos.

Edward abrió sin previo aviso la puerta del estudio de su padre y lo encontró enfrascado en unos papeles, ni siquiera levantó la mirada cuando la puerta se abrió.

-¿Quiénes vienen esta noche?- objetó con un volumen más alto de lo normal para poder llamar la atención de su padre. Se plantó frente al escritorio y lo observó expectante- ¿Carlisle?-

-¿Qué necesitas, hijo?- inquirió sin siquiera darle una mirada de soslayo.

-Esme dijo que tendrías invitados…-

-Ah si... Con respecto a eso necesito que salgas por esta noche- ¿Qué?

-¿Por qué?- cuestionó comenzando a molestarse. ¿Acaso lo estaba echando de su propia casa?

-Porque tendré una cena de negocios muy importante, por eso y necesito que todo esté perfecto- comentó mientras volvía su atención a los papeles. Edward echaba humo por las orejas. ¿Cómo se atrevía a hacerle eso? ¿Perfecto?

-Eres un imbécil- dijo mirándolo con odio.

-Vamos, Edward, no te lo tomes a pecho- Su hijo le dio una última mirada recriminatoria y salió del despacho como alma que lleva el diablo. Agarró las llaves de su motocicleta, su billetera y cigarrillos y salió a toda rapidez. No podía seguir ni un segundo allí.

Aceptar el hecho de que le dolía que su padre lo tratara así, lo hacía sentirse más miserable aun. ¿Qué derecho tenía a ser así con él? ¿Con su propio hijo? Odiaba que siquiera le preocupara, él no merecía ni siquiera su desprecio.

Se montó en la moto y no volvió a mirar atrás. A toda velocidad se alejó de Forks con un objetivo concreto, la única cosa que lo hacía sentir bien y lo ayudaba a olvidar los problemas; las drogas.

Llegó a la casa de su amigo Jasper Hale, quien vivía en Port Ángeles con su hermana pequeña, Rosalie. Sus padres habían fallecido en un accidente de tráfico hace muchos años y le habían dejado toda la herencia familiar a los pequeños Hale. Edward envidiaba su vida libre de estúpidos padres y de estúpidas familias.

A pesar de que Rosalie era una quinceañera molestosa que se le pegaba como lapa, Jasper si que sabía cómo divertirse y Edward necesitaba una liberación en estos momentos. Ni siquiera tuvo que llamar dos veces a la puerta antes de que una gratamente sorprendida Rosalie le abriera. Ella siempre había querido meterse en sus pantalones, pero Edward tenía por principio prohibido colarse con las hermanas de amigos y tampoco le interesaba realmente la rubia.

-Vaya, vaya…- comentó la chica- Mira Jasper quien trajo la marea- Rosalie le sonreía coquetamente. Llevaba puesto unos shorts extremadamente cortos y una camiseta de Nirvana. Edward sin importarle, se adentró en la casa y buscó a Jazz con la mirada.

-Pensamos que no te volveríamos a ver desde esa noche, amigo- comentó divertido mientras Jasper se acercaba a saludarlo con un típico choque de nudillos. Edward guardó las llaves de la motocicleta en el bolsillo de su chamarra y saco sus Marlboros.

-Eres un cobarde hijo de puta- respondió riéndose de su rubio amigo.- Si no te hubieras ido arrancando como una nena, hubiéramos podido contra esos indios mal nacidos- sentenció blasfemando.

-Ya sabes Eddie, que no tengo tiempo para las peleas y menos si Rosalie se encuentra ebria y suelta por ahí, primero soy un hermano mayor responsable- comentó fingiendo prudencia mientras le daba un sorbo a una botella de vodka. Luego se la acercó a Edward.

-No necesito de tu ayuda, idiota- gritó desde la cocina su hermana. Todavía podía recordar esa resaca de los mil demonios y juró que nunca más bebería nada menos que agua. Jasper rio secamente.

-No me llames Eddie, imbécil, por tu culpa casi me desfiguran el rostro…- alegó ignorando a Rosalie. Aunque sabía que gracias a eso, había conocido a su ángel… resignado bebió otro gran trago de la botella, no quería llevar su mente a esos lares.

-Hablando de hermanas… ¿Cómo está la tuya?- inquirió inocentemente. Edward volteó los ojos.

-Olvídate de ella, Jazz, sigue con el tarado de James- respondió calando su cigarro y dándole una mirada a la televisión, parecía que estaban dando una repetición de un partido de beisbol. Jasper levantó las manos rápidamente.

-Solo preguntaba, hermano- contestó volviendo a beber un trago de vodka.- Espero que no te moleste, pero llamé a las chicas…- comentó despacio. Edward lo miró enojado. La última de sus prioridades era tener que soportar a una chica en este momento.- Se ve que necesitas un par de tetas-replicó Jasper divertido.

-Cállate, Jazz- vociferó molesto.

Edward lo único que quería era perderse y pronto. Asumió que alguna de las chicas traería algo así que se resignó. Además de que si el efecto se le daba bien, un par de tetas, en realidad, no estarían tan mal.

Al cabo de un rato, aparecieron Tanya e Irina, unas chicas con las cuales se juntaban algunas veces cuando salían de juerga. Además eran buenas consiguiendo narcóticos gratis, lo cual las hacía más que bienvenidas.

Tanya e Irina eran primas, ambas de descendencia Rusa. Eran bastante atractivas y llamativas, con un físico envidiable por cualquiera y con más dinero del que probablemente uno gasta en una vida. Los padres de Irina eran muy buenos amigos de Carlisle, lo cual hacia que Edward tuviera un cierto rechazo hacia ella. Por eso él solo se inmiscuía con Tanya, lo cual era tolerable, suponía.

Tanya era muy buena en la cama.

Se habían revolcado unas cuantas veces, pero siempre después de eso cada uno seguía por su lado, lo que Edward agradecía. Eran igual de discretos.

-Muy buenas noches, chicas, que alegría contar con su presencia- saludó Jasper afable. Las mujeres los saludaron y todos comenzaron a beber y a fumar en conjunto. Edward se mantenía en silencio, pero sin llegar a estar totalmente apartado.

Cuando todos ya estaban borrachos, Irina comenzó a repartir unos trozos de una pastilla blanca. Edward ni siquiera preguntó que era, simplemente se la bebió de un golpe con el vodka y volvió a respirar tranquilo. Podía sentir como en los minutos que pasaban, el efecto comenzaba a surtir en él y veía todo más borroso. Se estiró en el sillón y dejó su cabeza colgando por el lado.

Al fin se sentía libre.

Casi podía apreciar como la sangre fluía por sus venas, estaba en un estado de desconexión total. Se sentía en el paraíso, ni siquiera podía escuchar sus pensamientos.

No existía Carlisle, ni Esme, ni Alice, ni… ni ¿Bella?.. ¿Quería que Isabella no existiera?

Justo en esos precisos instantes podía sentir unas manos desabrochando su pantalón y él no tenía las fuerzas para detenerlo. En su estado de paz, nada lo perturbaba…

Tanya lo observaba desde el otro lado de la habitación. Jasper y su prima ya se habían ido del salón y no pudo evitar observarlo. Cada vez que lo veía era más hermoso y más lejano. Sabía los problemas que él tenía, a veces cuando estaba lo suficientemente borracho o después de un polvo, Edward se abría sin que nadie se lo pidiera y comenzaba a hablar de sus asuntos. Tanya pensaba que era por ella, de que era porque era especial. Pero nunca se ilusionó ni demandó más, ella solo tomaba lo que él le ofrecía. Como ahora. Tampoco pudo evitar acercarse a ese ser extraño y sentirse excitada con solo mirarlo. Con solo observar esos tatuajes en su brazo… ni siquiera quería recordar el de la espalda, ese la volvía loca…

Cuantas veces había estado sobre su cuerpo sudoroso, disfrutando de su placer compartido…siempre sorprendida por el hecho de que quería más y más de él. No pudo evitar agacharse frente a él y abrir su pantalón, no tenía pudor. Aprovecharía la oportunidad que le ofrecían en bandeja de plata y la tomaría, siempre la tomaría.

Edward por su parte estaba embarcado en un viaje donde no había retorno… al menos durante unas horas. No podía dejar de pensar en Isabella, en sus labios, en sus ojos, en su cuerpo puro y casto. Ella no era como las otras chicas, no era como Tanya ni Irina, era otra cosa… era más…

Cuando sintió algo mojado en su entrepierna, despertó brevemente de su ensueño. Algo no estaba bien. ¿Cómo paso de pensar en su Bella a esto? Se frotó arduamente los ojos y observó a Tanya hincada frente a él. Con el peso del éxtasis encima ni siquiera podía sentir placer, no había nada.

La separó sin problema alguno y la miró extrañado.

Nunca la había mirado así.

Tanya supo que algo estaba mal. Se limpió la barbilla rudamente y se levantó. Se sentía humillada y pisoteada. Edward no sabía qué hacer.

Sabía que no estaba en condiciones de manejar, así que tomó su campera y sus cigarros y salió de la casa, sin decir ni una palabra…


!Hola chicas!

!Disfruten el cap! Cada vez se vuelve más interesante...

¿Qué opinan de la actitud de Carlisle? ¿Lo odian tanto como yo?

!Besos a todas!

Cami

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