Él se despertó antes que ella. La abrazaba por la espalda, algo separado, lo que le permitía observar su desnuda piel. Acercó su nariz y aspiró su aroma. No pudo resistirse a trazar un largo camino de suaves besos por ella. Era cálida, sedosa, embriagadora…

Ella se estremeció ligeramente, apenas cambiando el ritmo de su respiración. El sonrío. No iba a despertarla, habían tenido una noche muy larga y él se encargaría que ella descansase durante todo el día, otra cosa sería la noche…

Se giró despacio saliendo de la cama y dio la vuelta a la misma, agachándose frente a ella y la cubriéndola con el edredón hasta el cuello. Cerró con cuidado las cortinas y se vistió con un gastado jeans y una camiseta de manga larga, con tres desabrochados botones en el cuello y salió de la habitación, cerrando la puerta con cuidado y atravesó su despacho, cerrando también la puerta para que hiciese de aislante acústico y ella no despertase.

Miró la hora. Las once de la mañana. Tenía tiempo, pero iba justo. Abrió la nevera y fue sacando todos los ingredientes necesarios para preparar el plato que había pensado desde la semana anterior: cebollas, zanahorias, bacón, tomates, jugo de carne... Él ya tenía claro que iba a invitarles a todos a comer un día. Seguía dolido con Javi, y lo que más le fastidiaba es que el detective ni siquiera le había pedido disculpas. Busco en los armarios de la cocina, aceite de oliva, pimienta, vinagre, ajos, sal gorda...

Sacó el enorme trozo de carne de la nevera y lo dispuso sobre la encimera. Sacó la bandeja del horno y le puso aceite, extendiéndolo por toda ella. Encendió el horno a tope y empezó a preparar la carne, salpimentándola y cubriéndola con lonchas de bacón que sujetó con una malla de cuerda para asar. La puso sobre la bandeja y ayudándose de una brocha de cocinar, fue "pintándola" con aceite de oliva. Lavó y peló las zanahorias, cortándolas en rodajas gruesas, al igual que hizo con las cebollas y los tomates y los fue colocando alrededor de la carne, fileteó un par de dientes de ajo, uniéndolos al resto. Esperó a que el horno estuviese preparado y mientras mezcló los ingredientes para la salsa que iría incorporando poco a poco al asado: jugo de carne, un par de cucharadas de vinagre, aceite de oliva y… vino blanco de su vinoteca.

Metió la bandeja en el horno, ajustando el temporizador del tiempo y la temperatura y se preparó un café mientras miraba su reloj: las once cuarenta y cinco.

Volvió a la nevera: calabacines, espárragos, pimientos verdes, amarillos y rojos. Lavó y corto todo en rodajas, dejándolo preparado en un recipiente para utilizarlo más tarde. Buscó una bolsa con pequeñas patatas y después de lavarlas las puso sobre el fuego a cocer con agua y sal. Sacó de la nevera varios paquetes con mazorcas de maíz y troceó cada una en tres partes, y al igual que las patatas las puso en un recipiente lleno de agua sobre el fuego. Miró de nuevo el reloj: las doce y veinte.

- Buenos días papá – le dijo Alexis

- Hola cariño.

- ¿Qué estás preparando? – preguntó levantando las tapas de las ollas en el fuego.

- Carne asada – contestó - ¿quieres que te prepare algo de desayunar?

- Hum… tu famosa carne asada – le dijo – que rica. Creo que tomaré un zumo y algo de fruta.

- Bueno, eso te lo puedes preparar tu misma – le dijo

- Claro ¿quieres que te ayude?- preguntó mientras abría la nevera y sacaba varias piezas de fruta.

- No, cariño, lo tengo todo bajo control.

- ¿Y Kate? – preguntó - ¿aún duerme?

- Si, y no quiero despertarla – le aseguró – ha sido una semana dura para ella – Alexis sonrió.

- ¿Qué? –preguntó su padre.

- Ayer Julia me preguntó si ibais en serio – le dijo sonriendo.

- ¡Vaya! – le dijo - ¿desde cuando mi vida amorosa les importa a tus amigos?

- Papá, eres un escritor de éxito, tu vida amorosa le importa a mucha gente – aseguró.

- Y… ¿Qué le dijiste? – preguntó curioso

- Le dije que ibais muy en serio – le contestó – así su madre te dejará en paz – dijo riendo.

Kate abrió los ojos. Se giró en la cama y él no estaba a su lado. Alcanzó el Iphone de Castle sobre la mesita: la una y diez. No estaba acostumbrada a estar en la cama hasta tan tarde, aunque realmente tampoco había dormido tantas horas. Se quedó un rato mirando al techo. Volvió a coger el móvil y abrió la carpeta de las fotos para volver a mirar la que les había hecho Alexis la noche anterior. Sonrío al verla y siguió mirando entre las fotos de Castle, sabía que no estaba bien curiosear en algo tan personal como su móvil, pero esa idea se le borró de la mente en cuanto comprobó la cantidad de fotografías que él había tomado de ella sin que se enterase. Le daban ganas de matarle, aunque… no podía, simplemente no podía. Ni siquiera podía regañarle…

Volvió a dejar el móvil sobre la mesita y se sentó en la cama, buscando su camiseta. La encontró y se la puso junto al pantalón del pijama y fue a buscarle, seguro que estaba en la cocina. Quería ir a abrazarle, a besarle…

- Huele muy bien – les dijo acercándose – buenos días.

- Hola Kate – contestó Alexis mientras quitaba la piel a las patatas.

- Hooola – dijo él atrayéndola por la cintura y dándole un rápido beso en los labios - ¿has descansado?

- Si. Si – contestó – he dormido bastante

- ¿Quieres café? – le preguntó soltándola - ¿se puede saber que haces descalza?

- Bueno, sólo quería saber donde estabas – contestó ella – voy a ir a ducharme y vendré a ayudaros.

- Kate – le dijo – ve a ducharte, pero no aparezcas por aquí a no ser que quieras desayunar. Es tu día libre. Hoy te toca descansar.

Kate volvió a la habitación, abrió la ventana y guardó en el armario la ropa que habían utilizado para ir en moto. Acarició la chaqueta de cuero sonriendo.

- ¿Va todo bien? – le dijo él a su espalda

- Claro ¿Por qué? – preguntó

- No lo sé – le dijo abrazándola – me pareció que pasaba algo.

- Bueno. Me desperté y no estabas – le dijo - ¿es suficiente?

- No estaba tan lejos – dijo besándola – ve a ducharte, yo recogeré aquí, tienes que descansar.

- Castle –protestó – no estoy cansada.

- Vamos Kate, déjame cuidar de ti – suplicó – mañana será un día duro.

- Lo discutiremos cuando salga de la ducha – le dijo besándole.

Él recogió la habitación, haciendo la cama y cerrando la ventana, el aire era más intenso que el día anterior. Volvió a la cocina, y comprobó que la carne ya estaba en su punto. La retiró del horno y miró la hora. La una y treinta y cinco. Colocó las verduras que había cortado anteriormente y las metió en el horno. Lo programó y fue a su habitación.

- Al final has recogido tu todo – le dijo Kate mientras se ponía unos jeans y una camisa

- ¿Me harás un favor? – le preguntó

- ¿Qué necesitas?

- Mi madre y tu padre aún no se han despertado, y los chicos estarán aquí dentro de un rato. ¿Les despiertas? Alexis ha subido a ducharse, y yo huelo a carne asada – dijo acercándose y dándole un beso.

Kate fue hacía la sala para subir a despertar a su padre y a Martha. Pero no hizo falta. Se encontró a su padre en la cocina, recién afeitado y con una taza de café en la mano, observando la carne que Castle había dejado sobre la cocina.

- Hola papá.

- Katie cariño – le dijo sonriendo – esto tiene una pinta estupenda, no necesita ninguna ayuda.

- A Castle se le da bien la cocina – respondió.

- Si, ese novio tuyo es toda una caja de sorpresas – le dijo riendo.

- No lo sabes bien – río ella.

- Pero la mayor sorpresa es ver lo bien que estas a su lado hija – le dijo cogiendo sus manos.

- Papá…

- Hacía mucho tiempo que no te veía tan feliz – cortó – y me tranquiliza ver como se ocupa de ti.

Jim la abrazó dándole un beso en la frente.

- Voy a subir a despertar a Martha – le dijo separándose y besándole la mejilla – es bastante tarde.

Kate subió por la escalera, oía el secador de pelo en la habitación de Alexis, fue hasta la habitación de Martha. Llamó con los nudillos un par de veces y al no obtener respuesta decidió entrar. Las persianas estaban subidas y la luz entraba por las ventanas. Vio a Martha tumbada en su cama, con un antifaz para dormir y sonrío al comprobar que era algo que no la extrañaba en absoluto. La llamó pero Martha no reaccionó. Se sentó junto a ella sobre la cama y la movió el hombro. Martha llevó una mano a su oído y se quitó un tapón de espuma

- ¿Qué ocurre querida? – dijo mientras se retiraba el antifaz de los ojos.

- Buenos días Martha – le dijo.

- ¡Kate! – dijo sorprendida – pensé que eras Alexis ¿ocurre algo? – dijo incorporándose asustada.

- No Martha, tranquila – le dijo poniéndole la mano en el brazo – son casi las dos y Castle me ha pedido que te despertase.

- ¡Ah! – exclamó – se nos hizo un poco tarde anoche – se disculpó.

- No te preocupes, yo me he levantado hace un rato…

- Querida – le dijo cogiéndole la mano – espero que no te lo pienses mucho – le dijo.

- ¿El que Martha? – preguntó.

- Vivir en esta casa – le dijo- no recuerdo a Richard tan feliz, salvo cuando nació Alexis, claro.

- Gracias Martha – le dijo levantándose de la cama y notando sus mejillas ardiendo.

- En veinte minutos estaré abajo – le dijo.

Kate salió de la habitación, encontrándose con Alexis que salía de la suya.

- ¿Ya esta despierta? – preguntó – iba a ir a llamarla ahora.

- Tu padre me pidió que les despertase – aclaró.

- ¿Han llegado ya?

- Aún no… ¿bajamos?

- Claro.

Kate se acercó a Castle, que estaba en la cocina, vestido y con un enorme delantal puesto, sacando del horno las verduras.

- Tiene muy buena pinta – le dijo - ¿Qué hago?

- Deberías sentarte, pero te daré un beso si me sirves una copa de vino –le dijo.

Minutos después y mientras Alexis terminaba de preparar la enorme mesa con ayuda de Jim, sonó el timbre de la puerta.

- Yo iré a abrir – dijo Kate acercándose a la puerta.

- Hola Jefa – saludó Ryan cuando ella abrió.

- Hola chicos pasar – les dijo – Jenny ¿Qué tal?

Ryan y Jenny saludaron a Jim, Alexis y Castle y tomaron asiento en la mesa junto a los dos primeros. Kate se acercó a Castle

- ¿Me quieres decir en que puedo ayudarte? – preguntó

- Está bien – le dijo – ayúdame a llevar todo esto a la mesa.

Volvió a sonar el timbre, y Martha, que bajaba por las escaleras, se ocupó de abrir a Espo y Lanie.

Unos minutos después, y sentados todos a la mesa, comenzaron a comer entre risas pues Ryan pidió sales digestivas en cuanto se enteró que la comida la había hecho Castle.

- Vamos Ryan – le dijo Castle - ¿Tu tampoco confías en mí? – dijo riendo – no me lo esperaba.

- De ti si tío, pero de tu comida… no tanto – y todos rieron.

Cuando acabaron de comer, Kate y Castle se levantaron para retirar los restos y preparar el postre, un bizcocho brownie que Castle había encargado unos días antes y que había metido en el horno para darle un golpe de calor. Kate le ayudaba a cortarlo y servirlo mientras él ponía una bola de helado de vainilla en cada plato.

- Deberías estar sentada – le dijo

- No estoy cansada Castle ¿Por qué te empeñas tanto? – le preguntó

- Ya tendrás tiempo de cansarte esta noche – le dijo al oído

- Ey chicos – les llamó Lanie - ¿Qué tal si esos arrumacos los compartís con nosotros?

- Eso jefa – dijo Ryan – se supone que estáis juntos ¿pero alguien os ha visto?

- Vamos chicos – contestó Kate roja dándoles el postre– dejarlo ya.

- De eso nada Kate – dijo Lanie – yo no pienso irme de aquí sin ver un beso.

- Lanie – reprendió Castle mientras les daba a Espo y a Ryan dos botellas de champagne rosado para que las abriesen.

- Vamos escritor – pidió Lanie – llevo cuatro años esperando

- No, no Lanie – protestó Castle – a mi no me lo pidas, es ella la tímida – dijo mirando a Kate mientras se sentaba en su sitio.

- ¿Vais a dejarlo ya? – dijo Kate aún de pie.

- No hasta que le beses chica – le dijo Espo.

- Está bien – dijo inclinándose sobre Castle y dándole un rápido beso - ¿contentos? – dijo ante un ¡oh! General

- Ellos si – le dijo Castle agarrándola y haciendo que perdiese el equilibrio y se sentase sobre sus piernas – pero yo no – concluyó y comenzó a besarla sin que ella se resistiese.

- ¡Eh chicos! vale ¡vale! – les dijo Lanie pasados unos segundos – ya hemos visto bastante – y todos rieron mientras ambos despegaban sus labios mirándose y sonriendo.

- ¡Por vosotros! – dijo Espo levantando su copa de Champagne y todos le imitaron.

Terminaron de comer y pasaron la tarde jugando a diferentes juegos de mesa, entre ellos el Trivial, al que el trío formado por los mas mayores: Castle, Martha y Jim, aplastaron con diferencia a los otros dos equipos, el de detectives: Ryan, Espo y Kate, y al de las chicas: Lanie, Jenny y Alexis.

Cuando pasaron a jugar al póker, Jim, Lanie, Ryan, Martha y Jenny se abstuvieron de hacerlo, y al resto les sorprendió como una avispada Alexis descompuso literalmente, las aspiraciones de los otros tres, ganándoles con facilidad.

- Estoy orgulloso – dijo Castle gesticulando como si limpiase una lágrima de su ojo – lo que he enseñado a mi niña…

- Vamos papá ¿Cómo te crees que sobrevivo en la universidad con el dinero que me das? – le dijo riendo.

- ¿Qué? – preguntó él indignado – oye señorita soy un pobre padre saqueado no te atrevas a decir que no te asigno suficiente dinero, deberías haber sobrevivido con lo que tu abuela me daba a mí – le dijo.

- Ehh – dijo Martha – cualquiera que te oiga…

- Venga papá – le dijo riendo Alexis– sabes que lo decía en broma.

- Más te vale – le dijo – o empezaré a revisarte cada vez que vienes a casa – le dijo – me saquea la nevera, trae su ropa sucia y me deja notitas cuando coge dinero de mi cartera – dijo al resto que comenzaron a reír.

- Papá – le dijo – si quieres que siga siendo buena, deberías dejarlo ya –le dijo mirándole y sonriendo.

- Déjalo Castle – le dijo Kate riendo – no eres más que un exagerado - afirmó mirando Alexis y sabiendo a lo que se refería con "ser buena" y su salida al cine.

- Vale – dijo él levantando las manos – pero que conste que tiene más dinero del que necesita.

- Si papá – le dijo acercándose a él y dándole un beso en la mejilla – es cierto, tengo todo lo que necesito y papi me da todos los caprichos.

- Eso esta mejor – le dijo – pero me has desplumado al póker, no tienes corazón.

- No creo que veinte dólares te arruinen – le dijo.

- No, pero tendré en cuenta los cincuenta que nos has ganado para tu próxima paga – afirmó.

- ¡Castle! – le regañó Kate – Alexis nos ha ganado limpiamente, no tiene nada que ver con su paga.

- Pobre de mí – dijo Castle – antes me regañaban y mandaban dos, ahora son tres, y encima confabulan en mi contra – dijo tirando de la silla de Kate para acercarla a su lado y besarla.

No les costó mucho convencer a los cuatro invitados para que se quedasen a cenar, cosa que hicieron bastante antes de lo normal, puesto que las noticias sobre el avance del huracán no eran nada halagüeñas. Las zonas más bajas de Nueva York, las cercanas al río Hudson ya habían empezado a experimentar pequeñas inundaciones, y una de las áreas de la ciudad no tenía electricidad debido a la caída de varias torres de suministro eléctrico, que no podrían ser reparadas hasta que no cesase el viento.

- Muchachos – dijo Jim – parece que esto va más en serio de lo que parecía en un principio.

- Yo también pensé que no llegaría a ser tan alarmante – dijo Martha – parece que será peor que Gloria.

- De hecho ya lo esta siendo Martha – le dijo Jim.

- ¿Y mañana tenéis que ir a trabajar? – preguntó Alexis

- Si – contestó Kate – sobre todo para apoyar a los sanitarios y los bomberos.

- ¿Volveréis pronto? – preguntó Jenny preocupada

- No lo sabemos – confirmó Ryan – pero no pasará nada cariño – le dijo.

- Querida, si quieres puedes venir a casa con nosotros, así no estarás sola – le dijo Martha.

- Te lo agradezco Martha – contestó – pero vendrá mi hermano con su novia a casa esta noche y se quedarán unos días.

- Bien… ¿Y tu Lanie? – preguntó Martha.

- Gracias Martha, yo mañana estoy de guardia, ya sabes – añadió – mis "clientes" no obedecerán las órdenes del Alcalde.

- ¿El martes tendréis que trabajar? – preguntó Alexis a Kate sabiendo que podría ser el peor día de todos

- No sabemos nada – contestó Kate – entiendo que tendremos que estar disponibles, supongo que habrá muchos compañeros que no puedan llegar hasta comisaría, y que los que podamos hacerlo tendremos que ir ¿Por qué?

- Me preocupa que estéis fuera – dijo ella.

- Tranquila Alexis – dijo Espo – Ryan y yo cuidaremos de ellos – dijo riendo – bueno, Jenny, mejor yo cuidaré de los tres.

- Claro – dijo Lanie en guasa – Súper Javi – y todos rieron.

- No debes preocuparte Alexis – dijo con seriedad Castle – nos cuidaremos entre nosotros – dijo mientras miraba a Espo, Ryan y Kate.

Inmediatamente después de cenar, los cuatro se marcharon, habían venido juntos, en el coche de Espósito y él se encargaría de llevar de nuevo a Ryan y Jenny a su casa.

- Mañana si que no podréis moveros de casa – comentó pensativo Castle

- Pues será un verdadero aburrimiento – dijo Martha.

- Eso será para ti abuela, yo estudiaré – contestó Alexis

- ¿Y tú papa? – preguntó Kate

- Aunque estoy de vacaciones, aprovecharé para ir adelantando la documentación de un caso – le dijo – me traje el portátil.

- Madre – dijo Castle abriendo los ojos – se me acaba de ocurrir que puedes ir haciendo tu mañana.

- Richard, cuando pones esa cara de entusiasmo me asustas – dijo Martha.

- Jim ¿te importaría ayudarme? Vamos a bajar al trastero.

- Claro – le dijo Jim poniéndose en pie.

Bajaron hasta el portal y Castle llamó a la casa de James, el portero.

- Buenas noches James – le dijo cuando este abrió la puerta – ¿nos podrías echar una mano a subir las cajas que me trajeron el viernes?

- Claro señor Castle – le dijo saliendo de su casa – no pude colocar todas en su trastero, lo tiene muy lleno y ocupé parte de la sala de las calderas, no se lo he dicho a nadie, ya sabe como son de quisquillosos los vecinos con estas cosas, si se enterasen…

- No te preocupes James – dijo Castle tomando nota mentalmente para gratificarle después – yo no pienso decir nada.

Media hora más tarde, los tres se encargaban de meter dentro de la casa de Castle más de una veintena de cajas de cartón de gran tamaño, que ocuparon toda la entrada. Castle entró en su habitación mientras Alexis y Martha preguntaban a James por su familia, y salió con este último hasta el ascensor, dándole las gracias y deslizando en su bolsillo un billete de cien dólares, James protestó y Castle le convenció para que lo utilizase en comprar algo bonito a su nieta.

- ¿Qué es todo esto Richard? – preguntó Martha

- Verás madre, el día que empezamos a trasladar gente a los refugios – le dijo mirando a Kate que se levantó del sofá y se acercaba a ellos – entré en el colegio para ver como tenían todo organizado, me sorprendió ver muchos niños y como los voluntarios trabajaban para entretenerlos. Supuse que aunque lo peor de la tormenta sea entre mañana y pasado, muchos de ellos no podrán volver a sus casas hasta más tarde… - paró de hablar abrazando con una mano a Kate que se había colocado a su lado.

- ¿Y? – apremió Martha.

- Pues que sin duda pasarán Halloween allí, así que…

- ¿Qué has hecho papá? – río divertida Alexis sentándose en el suelo y empezando a abrir una de las cajas.

- Llame a la tienda de caramelos del señor Sanders y encargue varias cosas – dijo mientras Alexis le miraba y sacaba de la caja varios paquetes de pequeñas bolsas de plástico con forma de calabaza.

- Lo pensaba llevar a alguno de los refugios y que lo preparasen allí, pero ya que mañana no tendrás nada que hacer madre – le dijo mientras recibía un beso en la mejilla por parte de Kate – podrías preparar esas bolsitas – señaló las bolsas que tenía en la mano Alexis – con los caramelos y el resto de cosas…

- ¡Oh querido! – dijo Martha – sin duda será un bonito entretenimiento.

- Y yo te ayudaré abuela, más divertido que estudiar todo el día – le dijo Alexis.

- También hay adornos para mi fiesta de Halloween –aseguró él- y en el trastero hay calabazas, así que tendréis ocupación para varios días – les dijo.

- ¿Sigues empeñado con la fiesta? – preguntó Kate

- No pienso renunciar a ella – confirmó – además ya te dije que quiero verte con ese disfraz.

- ¿Qué disfraz? – preguntó curiosa Alexis mientras abría otra caja en la que había bolsas con pequeñas arañas de plástico, pequeños ratones de peluche y pinturas para la cara.

- ¡Oh! – contestó Castle – no seas curiosa Alexis, es una sorpresa, ni siquiera ella lo sabe - dijo mirando a Kate y sonriendo mientras ella ponía los ojos en blanco y negaba con la cabeza.

Alexis siguió abriendo cajas revisando todo lo que su padre había comprado, sin duda, era una bonita forma de contribuir para que aquellos niños pasasen algo mejor aquel día. En aquellas cajas había demasiadas cosas, caramelos con formas extrañas (ojos arrancados de las órbitas, dedos cortados, insectos), chocolates, botellitas con un liquido pastoso y rojo para beber y que imitaba sangre y que por su alto contenido en calorías sin duda sería dulce, galletas… Aparte complementos de todo tipo, pinturas, tarántulas, ratones, imitaciones de tatuajes con formas de cicatrices y heridas, cuchillos de plástico manchados de sangre, máscaras de calaveras…

Las cajas con los adornos para la fiesta de Castle, tenían una gran "A" rotulada. Alexis no pudo evitar abrirlas para ver que era lo que su padre había pedido: sprays que imitaban telas de araña, dibujos de calaveras para adornar paredes, velas de diferentes tamaños, porta-velas con formas de insectos y calaveras, murciélagos para colgar por el techo, lámparas de papel con forma de calabaza… todo eso unido a lo que Castle guardaba de otros años en su trastero, tenían trabajo para adornar la casa.

- Hijo – afirmó Martha – eres un exagerado. En todo – le dijo y Kate comenzó a reír.

Pasaron un buen rato revisando y hablando sobre como adornarían la casa, finalmente Castle, bostezando les dijo a todos que dejaba en sus manos todo y que sería mejor que se marchase a la cama, pues estaba cansado. Se despidió de los cuatro y se fue a dormir.

Cuando Kate, media hora después, entró en la habitación, lo encontró profundamente dormido. Le miró mientras se desnudaba, pensando que simplemente se hacía el dormido, pero cuando se metió en la cama junto a él, se dio cuenta que no fingía. Se abrazó a él por su espalda, pasándole el brazo por el costado y colando su mano por debajo de la camiseta de y poniéndola en su tripa. Castle pegó un respingo.

- Tienes la mano helada – le dijo

- Lo siento – contestó ella- no era mi intención despertarte.

- Ven aquí – contestó dándose la vuelta para quedar boca arriba y arrastrándola junto a él de forma que la mayor parte del cuerpo de Kate quedó sobre él – estas helada – dijo estremeciéndose al notar como los pies de ella estaban tan fríos como sus manos.

- Es un detalle lo que vas a hacer con esos niños – le dijo Kate besándole.

- Es lo apropiado – le dijo él – el día que comenzamos los traslados ¿recuerdas que entré al colegio?

- Si – contestó ella acariciándole la barba

- Los niños son ajenos a todo este lio Kate, ellos estaba felices tirados en el suelo jugando con pinturas y pasta de modelar ¿Por qué privarles de un día de fiesta? – le dijo buscando entre las sombras sus ojos.

- Ya Castle pero no todo el mundo lo ve como tu y colabora – le dijo.

- ¿Cómo que no? ¿Sabes? – le dijo divertido – llame a Weldon, a Patterson, Connell y a Cannell y les dije que yo me encargaría del colegio de Queens donde estuvimos y que ellos se encargasen de otros

- ¿Y que te dijeron? – preguntó ella.

- Weldon estaba muy ocupado pero dijo que hablaría con su gabinete de prensa e intentaría que se pusiesen en contacto con benefactores que han colaborado en otras ocasiones, en cuanto a Patterson me dijo que no me preocupase que se pondría en contacto con un par de directores de cine y actores y ya sabes… El gabinete de prensa del Ayuntamiento esta coordinando los centros y los donantes, y por lo que me dijeron ayer, lo conseguiremos.

- Vaya, señor Castle, me quedé corta diciéndote que era un bonito detalle – le dijo besándole – esta claro que no te podemos dejar sólo un rato en el autobús, te aburres y te da por pensar... Me gusta, es muy generoso por tu parte.

- No es nada Kate , en serio, gasto más dinero cuando Alexis y mi madre me "requisan" la tarjeta de crédito para irse de compras que lo que he gastado en esto – aseguró.

- Es generoso por tu parte ayudarnos con los traslados y generoso el darte cuenta y pensar en esos niños, reconoce que no todo el mundo lo haría.

- Bueno, para mí es lo apropiado – le dijo.

- Bien. Esta bien que recurras a otros escritores para pedir ayuda – le dijo divertida - ¿lo haces con tus libros?

- Hablando de eso detective – le dijo – tienes pendiente opinar sobre lo que leíste en la bañera…

- Tienes razón. Me ha gustado lo que he leído pero tengo que hacerte una observación – dijo seria.

- ¿Qué? – preguntó sorprendido.

- Ahora que estamos juntos – le dijo- no me gusta que escribas esas escenas tan "explícitas" entre Nikki y Jameson, me da vergüenza, ya sabes, los chicos, la comisaría…

- Venga Kate, si nadie sabe que estamos juntos – le dijo divertido.

- Bueno, los chicos, Lanie, tu madre, mi padre…

- Me pides mucho – le dijo

- Te puedo compensar – contestó ella de inmediato – para que no tengas necesidad de escribirlas.

- No veo como detective – sonrió.

- Yo creo que si que lo sabes – dijo poniéndose a horcajadas sobre él - ¿Llegamos a un acuerdo?

- Es discutible Kate – le dijo – no es sencillo, me debo a mis lectores…

- Bien – le dijo ella tumbándose de nuevo a su lado en la cama – si lo prefieres así…

- ¡Oye! – respondió agarrándola y atrayéndola sobre él de nuevo – he dicho discutible, tendrás que convencerme – le dijo llevando la mano al cuello de ella y atrayéndola hacia su boca – déjame conocer tus argumentos…

GRACIAS POR LEER HASTA AQUI.