Capitulo 7

"Tengo un fantasma"

Sakura se detuvo frente al letrero dorando en el que se leía el nombre de la tienda: "Visiones terrenales", y abrió la puerta. En contraste con la mañana fría, gris y húmeda, el local era como un oasis de luz y de calor. Mientras se apagaba el tintineo de las campanillas de la puerta se quedó un momento absorta, reflexionando sobre la semana transcurrida, durante la cual se había ido acostumbrando cada vez más a la presencia constante de Xiao Lang al tiempo que su relación con Kai se enfriaba irremediablemente.

Pero lo peor no era eso. Sakura nunca se había considerado una persona insociable hasta entonces, pero desde que Xiao Lang había irrumpido en su vida, todos sus contactos sociales se habían visto anulados. Y sin embargo, lo que le estaba pasando era tan extraordinario, le parecía una experiencia tan fuerte, que necesitaba compartirla con alguien. Necesitaba hablar con alguien. Debía encontrar la manera de poner las cosas en su justa perspectiva, y al mismo tiempo contrastar su opinión con una visión ajena. Tenía que seleccionar cuidadosamente la persona indicada para contarle aquella historia. Y ya se había decidido… por eso estaba en la librería y cristalería "Visiones Terrenales" esperando que apareciera su dueña.

-¡Hombre, pero si está aquí mi clienta favorita! – exclamó Tomoyo Daidouyi apareciendo de pronto por la puerta de la trastienda.

Antes de abrir aquella tienda, Tomoyo era asesora de imagen, y eso era algo que se notaba en su aspecto. Siempre iba perfectamente peinada y maquillada, y su vestuario, a pesar de ser clásico, estaba siempre de moda. Normalmente sus clientes se quedaban sorprendidos al conocerla, pues por el carácter de la tienda esperaban encontrar una propietaria exótica e incluso bohemia, y se topaban con una mujer perfectamente arreglada y clásica que tenía todo el aspecto de una empresaria.

La curiosa amistad entre Sakura y Tomoyo se había iniciado dos años atrás, un día en que Sakura entró casualmente en la tienda y terminó convirtiéndose en clienta habitual, pues coleccionaba figuritas de cristal, y concretamente dragones. De hecho, conoció a Kai en una fiesta de Tomoyo. En el mundo vertiginoso y competitivo en el que Sakura se movía, Tomoyo era su única amiga de verdad, una confidente y compañera de cenas que siempre tenía un buen consejo a mano cuando Sakura lo necesitaba. Por eso sabía que era la única persona que comprendería, o por lo menos escucharía, lo que le estaba sucediendo.

-Has llegado justo a tiempo para almorzar – dijo Tomoyo -, precisamente tenía medio sándwich de atún con tu nombre puesto en la bolsita. Vamos a la trastienda, porque tengo muchísimas ganas de hablar contigo. Tienes que contarme qué es de tu vida. ¿Te has gastado ya la herencia, o aún me comprarás algún dragón más?

La trastienda era un pequeño almacén lleno de cajas y bastante desordenado. Estaba amueblado con un sofá viejo, un par de sillas plegables y una cafetera eléctrica. A pesar de todo, resultaba cálido y acogedor, y Sakura se sentía allí a sus anchas.

-Pues precisamente me he gastado la mayor parte de la herencia en la entrada de una casa – le comentó Sakura mientras se servía una taza de café.

-¡Por fin lo has hecho! – exclamó Tomoyo -. Me parece fenomenal.

-Dentro de un mes cerraremos el trato definitivamente.

Tomoyo, que estaba dividiendo un sándwich con un cuchillo de plástico, se detuvo y le dirigió una mirada traviesa.

-¡Hay que ver! Me parece increíble que no me lo hayas contado antes… Kai tampoco me había dicho ni una palabra. ¿Ni siquiera vas a invitarme a verla? ¿Cómo has podido tomar una decisión tan importante sin consultarle a tu mejor amiga?

Sakura sonrió.

-Tienes razón. La verdad es que fue una decisión un tanto impulsiva.

-¿Impulsiva? ¿Tú impulsiva? ¡Entonces tiene que ser una señora casa! – exclamó tendiéndole medio sándwich en una servilleta -. Cuenta, cuenta. Con todo detalle.

Sakura no quiso aplazar más el momento de la confesión.

-En primer lugar, tiene un fantasma.

Tomoyo atragantarse con un trozo de sándwich que tenía en la boca.

-¡No lo dirás en serio! – exclamó por fin -. ¡Es fantástico! ¿Cómo lo has notado? ¿Puntos fríos? ¿Ruidos? ¿Es que en esa casa se cometió algún asesinato o está construida encima de alguna antigua tumba india? ¿Quién te dijo que tenía un fantasma?

-No me lo ha dicho nadie. Yo misma he visto al fantasma.

La emoción de Tomoyo se transformó en estupefacción.

-¿Que lo has visto? ¿Precisamente tú?

Sakura asintió.

-Dios mío – susurró Tomoyo -. No estarás hablando en serio, ¿verdad? ¿De verdad lo viste?

Sakura volvió a asentir con un gesto.

-Dios mío – repitió su amiga, mirándola fijamente -. Nunca he conocido a nadie que haya visto un fantasma… por lo menos a nadie de quien me pudiera fiar. Es increíble. ¿Es un fantasma de verdad? – le preguntó de nuevo emocionada -. ¿Qué has visto exactamente? ¿Era como un cúmulo de energía flotante, o formaba alguna figura? ¿Mueve las cosas, te habla o no dice nada? ¡Cuéntame!

El entusiasmo de Tomoyo resultaba alentador, aunque su concepción tradicional de los fenómenos paranormales la colocaba en una situación difícil. Tuvo la tentación de inventarse algo para satisfacer su curiosidad y dejar el tema, pero al cabo de unos segundos lo pensó mejor y decidió llegar al fondo del asunto. Al fin y al cabo, Tomoyo había tenido un novio en Tokio que se ganaba la vida hablando con espíritus. A la fuerza tenía que ser comprensiva.

-Forma una figura completa.

-¿Masculina o femenina?

-Masculina.

Tomoyo se inclinó hacia ella con interés.

-¿Qué aspecto tiene?

Sakura vaciló un momento.

-¿Tú has visto los retratos de Lord Byron que aparecen en los libros de literatura?

-¿Con una mirada sentimental, cuello subido y corbata de lazo?

-Así. Una cosa así. Aunque éste lleva pantalones vaqueros y le encanta el canal de vídeos de la televisión y es de China.

La expresión de Tomoyo permaneció impasible durante un momento. Pero de pronto plegó los labios, contrariada, y volvió a coger su olvidado sándwich.

-Maldita sea, Sakura. Debería haberme dado cuenta de que me estabas tomando el pelo. No tiene nada gracioso, ¿sabes? Me lo estaba tragando como una bendita. Anda, cuéntame cómo es la casa.

Sakura trató de dominar la contrariedad que sentía.

-No estoy de broma – dijo. Y viendo que Tomoyo se encogía de hombros, sin mirarla, añadió: -Tomoyo, mírame, por favor. Te digo que estoy hablando en serio.

Tomoyo la miró con expresión vacilante. Su presión era casi de incredulidad.

-Vamos, Sakura – exclamó cogiendo el refresco sin calorías que tenía en el suelo -. ¿Que le gustan los videos musicales?

-Lleva mucho tiempo muerto – dijo Sakura con angustiada insistencia -. Le gustan la televisión y el rock porque son cosas nuevas para él, me parece a mí que no es tan difícil de comprender. Por lo mismo le gustan los aviones, las batidoras y conducir coches…

Tomoyo estuvo a punto de atragantarse con la bebida.

-¡No me digas que conduce!

-No, no conduce – le explicó Sakura perdiendo la paciencia -. Le gusta verme conducir, hablar de mecánica y ver motores…

Tomoyo se quedó mirando a su amiga con una expresión indefinible.

-Estoy empezando a creer que hablas en serio.

-¡Por supuesto que te estoy hablando en serio!

Tomoyo la miró con cautela.

-Te juro que si esto resulta ser una broma…

-No es una broma. ¿Alguna vez me has visto hacer bromas de este tipo?

-No – asintió Tomoyo pensativa -. Nunca te he visto gastar bromas de este tipo. Yo siempre he dicho que eres la persona más seria que conozco. Pero dime, por favor, ¿qué es exactamente lo que me estás diciendo?

Sakura exhaló un suspiro, tratando de tranquilizarse, y decidió empezar el relato por el principio.

-Mi casa, la que acabo de comprar, fue construida por un hombre llamado Xiao Lang Lee que murió en 1899. Lo que ocurre es que en realidad no murió… durante este tiempo ha estado vagando por la casa.

-Viendo la MTV – dijo Tomoyo en tono de guasa.

-Por supuesto que no – la contradijo Sakura, que a pesar de todos sus esfuerzos empezaba a ponerse nerviosa -. En esa casa no hay televisión. Está vacía. Por eso ya no vive allí. Está en mi apartamento… y en mis clases… y en el supermercado… en todas partes…

Dicho aquello, se quedó mirando a Tomoyo con tristeza.

Tomoyo se quedó mirando el sándwich que tenía en la mano como si de pronto le supiera amargo. Luego lo dejó a un lado, junto con la bebida, se limpió los dedos con una servilleta de papel, se sacudió las migas de la falda y miró a Sakura con profundo pesar y ternura.

-Sakura, quiero que comprendas que lo que voy a decirte ahora te lo digo porque te quiero.

Sakura apoyó la cabeza en el respaldo con un gesto de impotencia.

-¡No me estoy volviendo loca!

-Escúchame. Últimamente has estado sometida a muchas presiones…

-Tomoyo…

-La muerte de tu tía, la herencia, la compra de una casa cuando tú no has vivido nunca más de dos años seguidos en el mismo sitio…

-Eso no tiene nada que ver…

-Y mientras tanto, estás haciendo una jornada completa como profesora y sacándote el doctorado en física, por el amor de Dios… bien sabe Dios que eso no es fácil. Y por si fuera poco, Kai no te deja en paz tratando de que tengas un hijo suyo o algo así cuando te ha costado tantos años de esfuerzo forjarte una profesión…

-¿Quieres callarte de una vez? – exclamó Sakura de pronto, exasperada -. ¡No estoy sufriendo una crisis nerviosa, aunque si sigues ahí sentada diciéndome tonterías, creo que va a darme una! ¡Estoy completamente segura de que lo he visto!

Tomoyo la miró con compasión, y al mismo tiempo tratando de disculparse.

-Lo único que te estoy diciendo es que no es de extrañar que no hayas podido soportar tantas cosas juntas. Y si lo piensas un momento, te darás cuenta de que es perfectamente lógico…

-Mira, Tomoyo, lo siento mucho, pero me doy cuenta de que ha sido un error contártelo – dijo Sakura empezando a ponerse los zapatos -. Olvídalo. Lo único que esperaba era que tú fueras capaz de escucharme.

-Espera, Sakura – le dijo Tomoyo poniéndole la mano en el brazo -. Perdóname. Debería haberme dado cuenta de que tú eres incapaz de imaginarte una cosa así. Pero es que parece una locura… - se interrumpió bruscamente -. No hagas caso de lo que digo. A veces soy una boba. Vamos a empezar otra vez desde el principio, ¿de acuerdo?

-Mira, Tomoyo, te lo diga como te lo diga, va a seguir sonando como un disparate.

Tomoyo asintió, pensativa.

-Entonces vamos punto por punto. ¿Has dicho que te habla?

-Tan claramente como tú me estás hablando ahora mismo.

-¿Y de qué habla?

-De todo. Del tiempo, de las noticias de actualidad, de física cuántica, de lo que estoy preparando para cenar… opina de todo.

-Lo dices como si fuera tan… real.

-Es que lo es. Es real y tridimensional, no como los espectros sombríos que salen en las películas de terror. Si te cruzaras con él por la calle, no lo mirarías dos veces. Es como cualquier persona normal y corriente, con la diferencia de que es capaz de atravesar las paredes y de que nadie puede verlo más que yo.

Tomoyo lanzó un silbido de admiración y se recostó en el sofá, pensativa. Al cabo de unos minutos, habló midiendo cuidadosamente sus palabras.

-Yo no sé qué conocimientos tendrás tú del mundo de los espíritus, y bien sabe Dios que yo tampoco soy una experta en la materia, pero lo que estás diciendo… no tiene sentido. ¿Comprendes lo que te quiero decir?

Sakura asintió con expresión sombría, y Tomoyo, animada, añadió:

-Lo que quiero decir es que puede que existan espíritus, casas habitadas por fantasmas y poltergeists… figúrate, todavía hay gente que dice que en la Casa Blanca puede verse a Abraham Lincoln paseándose por los salones. Quizás también tengan algo de cierto las historias de los parientes muertos hace muchos años que se sientan al borde de la cama de ciertas personas para advertirles un desastre… Pero esto que tú me cuentas…nunca había oído una cosa igual.

-Ni yo tampoco – asintió Sakura -. Y date cuenta de que yo nunca he creído en los espíritus ni en los videntes.

-A no ser que… - murmuró Tomoyo poniéndose más pensativa. Al cabo de un momento, volvió a mirar a Sakura de manera distinta -. A lo mejor lo que tú necesitas es la ayuda de un profesional.

Sakura la miró desconcertada.

-Aunque no puedo decirte que estoy totalmente convencida de todo lo que me has dicho, creo que tú lo crees. Y por otra parte, tú no eres el tipo de persona capaz de inventar semejante historia, así que es posible que sea verdad…

-Muchas gracias… Por lo menos empezamos a llegar a alguna parte.

Tomoyo se puso a la defensiva.

-Sólo estoy tratando de ayudarte, Sakura.

-De acuerdo, de acuerdo. Ya lo sé. ¿Qué me recomiendas? – añadió con cierta impaciencia.

-Lo que estaba tratando de decirte – prosiguió Tomoyo sin alterarse -, es que puedes estar enfrentándote a un espíritu confinado en la tierra. Y si ése es el caso, tú no estás preparada para vértelas con él. Deberías acudir a un experto.

Sakura se sintió picada por la curiosidad.

-¿A qué te refieres con eso de confinado en la tierra?

-Bueno, como ya te he dicho, yo no soy una experta – respondió Tomoyo con más naturalidad -, pero según tengo entendido, lo normal es que las almas de las personas muertas continúen su viaje hacia un destino más alto, por así decirlo, sea lo que sea. Pero algunas veces se quedan atrapadas. No pueden ir hacia delante ni hacia atrás. Es algo trágico.

Sakura se sentía intrigada.

-¿Y cuál puede ser la causa de que se encuentre en ese estado?

-Pueden ser muchas cosas. Quizás algún trauma en su vida anterior, como una muerte violenta o alguna injusticia, incluso un amor no correspondido. La mayoría de las veces tiene que ver con algo que dejaron sin terminar en la tierra; algo que se sienten obligados a terminar antes de seguir su camino. En cualquier caso, por lo que se dice, se trata de almas que son desesperadamente desgraciadas, condenadas a vagar por la tierra hasta que alguien las libere.

-¿Cómo por ejemplo un exorcista?

Tomoyo hizo un mohín.

-Eso suena a película de Hollywood, ¿no?

-Sí, claro – Sakura se puso de pie para marcharse, pensativa -. No le cuentes esto a nadie, por favor. Lo digo porque después de lo difícil que me ha sido contártelo, no querría que la gente se enterara…

-Sakura, me conoces y sabes que seré como una tumba.

Sakura sonrió.

-Sí, claro.

Tomoyo la miró con preocupación.

-Si yo puedo hacer algo…

Sakura besó a su amiga en la mejilla.

-Has sido estupenda, de verdad. Muchas gracias.

-Llámame – insistió Tomoyo.

Sakura le dijo adiós con la mano y salió de la tienda.

Continuara...

Lean esto no lo pasen bien sino se arrepentirán.

Hi! Bueno este capitulo no hubo nada de Xiao ni Saku pero no desesperen estoy preparando el siguiente jejeje aunque no va a ser tan bueno como el capitulo 9 jajaja lo que tengo pensado.

Bueno este cap aparece Tommy distinta pero no podia dejar pasar su clase para vestirse han visto el anime e imágenes de internet esta niña debe ser unas de las mejores vestidas jajaja.

Bueno los dejo y dejen mucho review haber si me inspiro un poco mas y actualice pronto.

Les dejo un adelanto de la idea de tocarse...

-¿Qué pasaría si yo te tocara?

-Bueno… no lo sé.

Sakura avanzó un paso hacia él, mientras que Xiao Lang levantaba lentamente una mano... El corazón de Sakura empezó a latir aceleradamente...

Xiao Lang esperaba con una mirada plácida. Su mano...¿cómo sería al tacto?... Si su imagen se disolvía ante sus ojos, ¿sería capaz de volver a creer en él? ...

Pero los ojos de Xiao Lang la llamaban... Cuando ella levantó la mano... Lentamente la elevó hasta la altura de la de Xiao Lang, palma contra palma...

Se despide, Ciliegia.