Los días transcurrieron y nadie volvió a mencionar al Oráculo. Rachel estaba demasiado ocupada con asuntos familiares y no tenía tiempo para pasarse por aquí. Ella no era una semidiosa, era humana. Pero tenía muy buena vista, podía ver a través de la niebla y terminó convirtiéndose en el Oráculo hace unos años, cuando el campamento derrotó a Cronos y salvaron el Olimpo.
Jake me ayudó en la lucha con espada, Denisse en tiro con arco y Mark me machacó en lucha libre. Todos los días era lo mismo; despertarse, desayunar, entrenar, almorzar, hora libre, entrenar, cenar y dormir. Terminé por acostumbrarme a la rutina. Me esforzaba al máximo en todo, aunque atletismo no me gustara ni pizca. Odiaba correr, y odiaba más que nos enseñasen a correr para escapar de cualquier peligro que se nos presentara. Hice muchos amigos, la verdad, me llevaba bien con todos menos con Kasandra. Pero eso era un caso perdido, no me esforzaría para caerle bien, era ella la que debía disculparse conmigo. Si no hubiera sido porque ella se chivó...

"Estabas por aquí" dijo Denisse sentada en mi cama.

Dejé el lápiz en mi escritorio y me giré.

"¿Me buscabas?"

Asintió y hizo un gesto con su mano para que me sentara a su lado.

"Percy me ha dicho que Rachel no llegará hasta verano. Y a nosotros ya se nos acaban las vacaciones de Semana Santa..."

"Tendréis que marcharos un tiempo" asumí.

"Sólo teníamos dos semanas, yo... lo siento, Casey" se disculpó agachando la cabeza.

"No te preocupes, no es el fin del mundo" le aseguré. "Ya sabía que no os quedarías aquí para siempre. Además, volveréis en verano. No queda tanto tiempo."

"Pero me hace rabia que por fin se haya unido otra chica en nuestro grupo y tenga que abandonarlo por un tiempo."

"¿Qué grupo?"

"Ya sabes, Mark, Jake, tú y yo" dijo. "Antes éramos Mark, Jake y yo, y no podía hablar de ciertas cosas con ellos porque... bueno, porque hay cosas de las que no hablas con chicos. Ahora que llegaste... es mucho más divertido."

"Sobretodo porque estoy todo el día discutiendo con Jake, ¿no?"

"Eso es la mejor parte" dijo riéndose. "Y... ¿qué estabas dibujando?"

Se levantó y cogió el papel que había encima de mi mesa.

"Estaba diseñando la casa en la playa que quiero construir cuando sea mayor" dije roja como un tomate.

Sonrió pensando en algo y volvió a dejar el papel en la mesa.

"Vamos, es hora de cenar" dijo saliendo por la puerta.

Lo que quedaba de Abril y el mes de Mayo pasaron muy, muy lentamente a la espera de mis amigos. Pero tuve tiempo de descubrir algunas cosas como que Kasandra estaba celosa de mí, Denisse creía que Mark era el 'chico más mono y valiente que he visto en mi vida'. ¿Te lo puedes creer? A Denisse le gustaba uno de sus mejores amigos pero le daba demasiado miedo contarle como se sentía por él, no quería estropear su relación de amistad. También descubrí que el estúpido que cambió mi pasta de dientes por gel de afeitar fue Mark. Eso no iba a quedar así, cuando menos se lo esperara se la devolvería.

Los campistas llegaban acompañados de sus padres, en algún autobús... Los dioses juraron reconocer a todos sus hijos cuando cumplieran los trece, así que este verano el campamento estaría lleno con centenares de mestizos.
Percy, el chico con el que me estampé en mi primer día, vino a buscarme.

"Casey, Denisse, Mark y Jake ya están aquí."

"¿Dónde?" pregunté sacudiéndome nerviosamente los pantalones para que no quedara un granito de arena de la playa en ellos.

"En la Casa Grande" me indicó. "Pero no son los únicos que te esperan. Rachel ya está aquí."

Mi felicidad se desvaneció. Estaba nerviosa, Percy me había contado que cuando oías la profecía daba un poco de miedo. Pero él lo pasó peor, antes que Rachel fuera el Oráculo, era una momia quien dictaba el destino. Eso me reconfortaba.
Annabeth estaba ayudando a los campistas con sus equipajes, guiaba a los nuevos por el campamento...

"Eres exactamente igual que ella cuando era de tu edad" me contó mientras atravesábamos el puente. "Bueno, sin las mechas y las pecas. Hasta me da miedo que te parezcas tanto a ella."

"Vaya, gracias" murmuré. "Me gustaba pensar que era única, y no un clon de tu novia."

No me mal interpretes, Annabeth era genial y muy divertida, pero no me gustaba parecerme a la gente. Ser única en mi especie me hacia feliz.
Kasandra pasó por nuestro lado, llorando y arrastrando su maleta color rosa. Sí, ella se fue con su padre una temporada, cuando estaba libre de rodajes. Este verano su padre y el de Piper, que también es actor, rodaban una película juntos en Hawaii.

Antes de caerme al suelo del porche de la Casa Grande oí un grito y alguien lanzándose a mi espalda. Denisse.

"Madre mía, sí que me has echado de menos" me reí. Mark nos ayudó a levantarnos y le di un abrazo de bienvenida.

"Me las vas a pagar muy caras" susurré amenazadoramente a su oído.

Tragó saliva ruidosamente y se separó de mí.

"¿Y a mí no me abrazas?" dijo Jake saliendo por la puerta.

Lo miré arqueando una ceja y le saqué la lengua. Pero lo hice, le abracé. Sus brazos eran tiernos y protectores, recordaba haber sentido unos así alguna vez...

"Eres un pez, ¿lo sabes?" pregunté.

Se rió y entramos a dentro. Quirón estaba sentado en su silla de ruedas leyendo un libro y el Sr. D en una butaca de color morado con el reposapiés tendido mirando el televisor. Leo, el hijo de Hefesto, Piper, Annabeth y Percy salieron de la sala y nos dejaron a los cuatro allí, de pie, esperando conocer nuestro destino.
Una chica pelirroja salió del baño y me miró con seriedad, luego curioseada y más tarde me dedicó una sonrisa. Llevaba unos vaqueros claros y una camiseta sin mangas roja.

"¿Chicos cómo estáis?" preguntó a los demás.

"Bastante bien" respondieron al unísono.

"Tú debes de ser Casey, ¿estoy en lo cierto?"

Asentí. Las manos me temblaban de la inquietud. No me gustaba esa sensación. Jake me dio unos golpecitos en la espalda y murmuro algo como 'Todo irá bien, ya lo verás'.

"No te preocupes, niña" me tranquilizó Quirón. "Debemos conocer la profecía para saber donde se encuentra la diosa Iris."

De repente la habitación oscureció, la temperatura bajó y Quirón y el Sr. D desaparecieron. Sólo estábamos los cuatro y Rachel. Sus ojos se pusieron en blanco, un humo verde salió de su boca y le rodeó la cintura.

"¡Aj, qué asco!" exclamó Mark. "¿Cuándo fue la última vez que se lavó los dientes?"

Éste niño era imbécil. Tan listo que parecía en algunos momentos y tan tonto que podía llegar a ser.
Denisse le dio una colleja y lo mandó a callar.

Luego, la voz más espeluznante que había oído en mi vida empezó a hablar:

Cuatro presidenciales os van a ayudar

a encontrar el camino de la libertad

para el que reposa en cautividad de la envidia.

Y una gran decisión para tomar:

ayudar a su amigo a vencer o dejarlo perecer.

Esa última línea me heló la sangre. Ayudar a su amigo o dejarlo morir. ¿Quién sería capaz de dudar en algo así?
La oscuridad desapareció y Quirón y Dioniso estaban esperando a oír la profecía. Se la conté.

"¿Pero donde tenemos que ir?" preguntó Jake.

Puse los ojos en blanco.

"Jake, eso es lo malo de los Oráculos: nunca te dicen exactamente lo que debes hacer, o qué camino seguir" dije.

"Pues vaya gracia" se quejó.

"Chicos, lo siento. No puedo ayudaros más" se disculpó Rachel.

"No te preocupes" intervino Denisse. "Encontraremos la respuesta de algún modo u otro."

"¿Aceptáis la misión?" preguntó Quirón.

"Pero Quirón... las leyes antiguas dicen que cuatro es demasiado peligroso" repuso Mark.

"Ya lo sé, pero la profecía os ha hablado a los cuatro."

"¿Y cuando salimos?" pregunté.

"Esperaremos un poco más, hasta que pase el cumpleaños de Jake" puntuó. "Así tendréis tiempo para entrenaros."

Después de cenar fuimos a la hoguera de campamento a cantar algunas canciones y a comer malvaviscos. Todos los campistas estaban riéndose y comiendo, cantando y bailando como locos menos cuatro. Denisse, Mark, Jake y yo. Supongo que ellos también deberían estar pensando en la profecía. El cumpleaños de Jake sería dentro de tres semanas, el 23 de junio. Quedaba poco para emprender nuestra misión.

Jake POV

Estaba preocupado por lo que dijo la profecía, no podía sacar ése pensamiento de mi cabeza. ¿Y si no lo conseguíamos? Además no era la única profecía que me inquietaba. Hace ya dos meses, antes de Semana Santa, se predijo otra profecía. Los que estábamos en el campamento fuimos de visita al Olimpo y recibimos un mensaje iris de Annabeth y Percy. Era Rachel, estaba teniendo una visión.

Quien menos te esperas se revelará

para mostrar su poder y su autoridad.

Dos campamentos unidos permanecerán

en la duda de si pierden o vencerán.

El traidor terminará por ayudarte,

y la maldición llevará a un héroe a la muerte.

Después de ésa profecía mostró la imagen de Casey. Todos tuvimos miedo que formara parte de la profecía pero no sirvió de nada. Quirón estaba seguro que ella tenía un papel importante en esa profecía. ¿Y si era la que se revelaba? Puede que la visión de Rachel nos mostrara que sin Casey la profecía no se originaría. Pero no estaba seguro. Parecía buena chica y era mi amiga, no debería pensar así de ella. Me salvó la vida del basilisco.

"Hola" dijo Kasandra sentándose a mi lado. "¿Te importa?"

"Eh... no, no. Siéntate si quieres" dije. Rogaba no estar ruborizándome. No estaba acostumbrado que una hija de Afrodita pidiese para sentarse a mi lado.

"¿Estas inquieto por la profecía?" preguntó con amabilidad.

"Un poco..." reconocí. No quería parecer un gallina.

Empezó a hablarme de que su padre estaba rodando en Hawaii una nueva película que sería un exitazo. También dijo algo de un pinta uñas de color dorado pero no la escuchaba. Eran temas que no me interesaban. Fingía atención para que no se enfadase, pero en realidad me fijaba más en Denisse. Estaba sentada al lado de Mark y él no le quitaba los ojos de encima. Ésos dos escondían algo. Casey tenía la mirada perdida en sus pensamientos. ¿Sabría ella lo de la otra profecía? Unos cuantos chavales la despertaron de sus pensamientos y empezaron a hacerse fotos. Ellos y ellas sonreían a la cámara, pero Casey ponía caretas extrañas, sacaba la lengua, torcía los ojos... si yo fuese el que pusiera ésas caras habría roto la cámara, pero ella estaba igual de bien en todas.

"... así que pensé que podríamos ir juntos al baile este fin de semana" oí decir a Kasandra.

"Al... ¿al baile?" pregunté sorprendido. "¿Tu y yo?"

"Sí, ¿ya tienes pareja? Es que como estoy segura que Denisse y Mark van juntos y Casey ya tiene pareja..."

Negué con la cabeza. Ni me acordaba que era este fin de semana. Durante el verano había dos bailes: el de bienvenida, y el de despedida. Pero nunca fui a ninguno, era demasiado cobarde como para pedirle a alguna chica que fuera conmigo.
Mark iría con Denisse, esto está clarísimo, y Casey... a ella ya se lo habían pedido. Además, si lo hubiese intentado yo... las palabras no habrían querido salir de mi boca. Me pondría rojo como un tomate y haría esfuerzos para no vomitar de los nervios. No es que no supiera bailar, mi madre me enseñó cuando era pequeño, pero no era lo mismo bailar con tu madre que con una chica guapa llevando un vestido precioso.

"Eh... s-sí, c-claro" tartamudeé.

"¡Ah! Genial" gritó lanzándose hacia mí y abrazándome.

Antes de que todo el mundo se fuera a dormir Kasandra me dio un beso en la mejilla y me agradeció que fuera con ella al baile.

Casey POV

Estaba furiosa. Ya había vivido otro momento como ése, y ahora se repetía. En medio de la fogata de campamento Jake y Kasandra se abrazaron. Luego, cuando todos se marchaban a sus cabañas, ella le besó en la mejilla. Ni se habían hablado antes. Bueno, hablado sí. Pero hablar, hablar...
Me levanté del tronco que había como asiento y di media vuelta para ir a mi cabaña. Alguien me cogió del brazo.

"Eh, buenas noches."

Era Jake. No tenía ganas de hablar, y menos con él. Jake sabía que Kasandra me caía fatal, que me irritaba, que quería que un pájaro se cagara en su pelo, y aún sabiendo lo mal que me caía se abrazó con ella. Dejó que le besara la mejilla. ¿Cómo pudo hacerme eso? Creí que era diferente... que él me entendía.
Decidí no girarme y sacudí mi brazo para librarme de su mano.

"Buenas para ti..."

Sin mirar atrás me dirigí a mi cama y me puse a llorar desconsoladamente.