EDWARD
-Quiero hablar con Isabella Swan.
Afortunadamente me habían quitado las incómodas esposas, y ya no me dolían las muñecas. Sin embargo estaba cansado por llevar tanto rato sentado. Primero uno, después otro. Los agentes e inspectores habían ido desfilando uno tras otro durante horas. Para alguien que no estuviera acostumbrado a los interrogatorios, las preguntas le parecerían mundanas, sin daño alguno. Sin embargo yo sabía lo que pretendían: encontrar una grieta en mi perfecta coartada. Solo había un problema, que mi coartada era cierta, y que por lo tanto, tales grietas no existían. Aquella situación empezaba a sacarme de quicio.
-Aquí él que exige soy yo, señor Cullen. Digamos que usted no está ahora mismo en una posición muy favorable.
-Ya le he dicho dónde estaba esta mañana. Aparte, ¿no se considera desaparición a partir de las cuarenta y ocho horas? ¿Cuántas han pasado? ¿Diecisiete? ¿Veinte?
Me dolía la espalda, quería estirarme, deseaba darme una larga ducha de agua caliente y olvidarme de todo. No… lo que realmente quería hacer era hablar con Bella. Ya.
-¿Dónde estaba exactamente?
De todos los agentes con los que había hablado, sin duda este era el más tocapelotas.
-¿Quiere que se lo repita otra vez? ¿Está usted sordo?- Mi educación se esfumaba por momentos.
-No, señor Cullen. Mi audición es perfecta. ¿Dónde estaba está mañana?
-Estaba en la penitenciaría de Everett. Me había citado con Felix Newman. Puede comprobarlo en el acta de entradas y salidas, y también en las grabaciones de seguridad del centro.
-¿Y después de eso?
-Regresé a Seattle por la interestatal cinco. También lo puede comprobar en las cámaras de los radares. Es probable que me haya saltado unos cuantos límites de velocidad.
-¿Sabe que incurre en un delito de seguridad vial?
-Estoy diciendo la verdad. De todos modos será mejor eso, que ser cómplice de un secuestro, Por Dios, esta situación es absurda.
-¿Habló con alguien durante el trayecto?
-¿Aún no ha comprobado el registro de llamadas de mi teléfono? Deje de hacerme perder el tiempo y lléveme con Bella Swan.
No era imbécil. Sabía que me convenía no hablar. Eleazar Domingo, uno de los socios mayoritarios del bufete ya se encontraba allí. Le había pedido que me representase, y él había accedido enseguida. Sabía perfectamente, que yo no tenía ningún hijo. Ahora que lo pensaba con calma, con la cabeza fría, me daba cuenta de que la situación era completamente inverosímil. Era imposible, que yo tuviese ningún hijo. Y menos con Bella Swan. Eso era lo que yo deseaba con todas mis fuerzas poder creer.
-¿Qué relación tiene con Felix Newman?- Esta pregunta era nueva.
La puerta de la sala de interrogatorios se abrió, y apareció Eleazar. Tan solo le hizo falta un movimiento de cabeza, para hacerme saber que me podía ir.
Me puse en pie, cogí mi chaqueta y miré fijamente al agente.
-Averígüelo usted mismo.
-Mi cliente no responderá más preguntas por ahora, señor agente.-Le comunicó Eleazar desde la entrada.
Salí de la sala y cerré la puerta con suavidad.
-¿Qué te ha llevado tanto tiempo?- Le pregunté con brusquedad.
-Esto es un follón de cojones, pero no tienen ninguna prueba contra ti. Al parecer se cargaron a la niñera.
-¿Qué niñera?
-¿Nadie te ha dicho nada?
-No, llevan todo el puto día haciéndome las mismas preguntas, pero nadie me dice qué ha pasado en realidad.
-Han secuestrado a Aaron Swan. Tiene cuatro años. Su madre asegura que es hijo tuyo.
-Es curioso que yo no haya sabido nada de ese niño hasta hoy.
-He pedido una prueba de paternidad. Mañana estarán los resultados. Pero yo…
-¿Pero?
-Sin duda es hijo tuyo. Es un clon. He visto una foto en el informe. No necesitas ninguna prueba de paternidad que lo confirme. La madre no miente.
La madre.
-¿Sigue Bella aquí?
-No, ya se ha marchado. También la detuvieron. Obstrucción a la justicia. Al parecer se adelantó a todos los polis cuando llegó al bufete. La han soltado con una fianza de quinientos dólares, y con una valeriana.
-Tengo que hablar con ella.
-No es buena idea. No ahora mismo. Espera a mañana. Ve a casa, date una ducha y duerme un rato. Deja que yo me encargue del asunto.
-Está bien. Llámame si hay alguna novedad.
Nada más entras en el coche, arranqué el motor. A una distancia prudencial de comisaría, paré y marqué un número por teléfono por segunda vez en un espacio muy corto de tiempo.
-McCarthy.
-Soy yo, Edward.
-Estaba esperando que me llamases.
-Creo que tengo un problema, Newman ha cumplido su palabra.
-¿A qué te refieres? Tus padres están bien y Katherine también. Incluso tengo a un par de colegas de escolta para Whithlock y Brandon.
-Emmett…- me costaba mucho pronunciar las palabras, porque ni siquiera yo mismo las creía.-Ha secuestrado a mi hijo.
-¿A tu hijo? ¿De qué coño hablas, Cullen? Tú no tienes ningún hijo.
-No sé. Estoy metido en un lío de cojones. Mientras tanto quiero que busques a alguien, a su madre.
-¿Cómo se llama?
-Isabella Swan.
-Dame veinte minutos.
Colgó y yo apagué el motor del coche. Quizá debiera hacer caso a Newman. Ir a casa, descansar, darme una ducha…
Un hijo. Un niño de Bella y mío. Pero… ¿por qué cojones no me había dicho nada?
Recordé su cara, la que puso cuando fui a buscarla. Estaba recogiendo las cosas, y no hizo falta que ella me lo confirmara, porque yo supe que de algún modo se había enterado de lo de Katherine. ¿Qué iba a decir?
Oye Bella, lo siento. Nunca habría pensado que me iba a colgar de ti. Mi novia, bueno, mi prometida estaba haciendo su último año de carrera fuera, así que cuando me tropecé contigo en la facultad me dije ¿por qué no?
Eras simpática, inteligente y la tía más guapa que he visto en toda mi vida, y aunque esté tan jodidamente enamorado de ti, me voy a casar con Katherine. Porque es lo que se espera de mí.
No dije nada de eso. Me quedé en silencio, ella cerró la maleta y se marchó dando un portazo. No la volví a ver hasta el evento del Wachovia, y ¿ahora resultaba que se había callado durante cinco años que tenía un hijo mío?
El móvil sonó de nuevo.
-Vive en la calle Jefferson, pero ahora el piso está precintado por la policía. Te diría que no fueras, pero sé que no me vas a hacer ni puto caso. Al menos ten cuidado con lo que tocas, y acuérdate de limpiarlo.
-o-
Tenía suficientes amigos en la policía como para saber que no podía entrar en un lugar precintado. Sin embargo también sabía como pasar desapercibido. El piso de la calle Jefferson contaba con un vecindario tranquilo. Por algún motivo aquello me alivió. Dejé el coche aparcado a un par de manzanas y eché a andar en la quietud de la noche. Cuando llegué subí las escaleras con sigilo. La puerta estaba precintada, pero sin embargo no estaba cerrada con llave. Sin hacer ruido pasé y cerré la puerta tras de mí.
La foto me quitó el aliento. Una Bella hermosa, sonriente y feliz me miraba desde el marco sosteniendo en brazos a un niño de unos dos años. Era igual que yo. Exactamente igual, los mismos ojos, el mismo pelo alborotado, la misma sonrisa torcida… Agarré la fotografía con fuerza. ¿Cómo había sido Bella capaz de ocultarme algo así?
Fue entonces cuando me di cuenta de cuan grandes eran mis ganas de ser padre. Con Kate sin duda no, pero entonces encajó una pieza en mi interior. Él. Aaron.
Volví a casa, y conmigo se vino la instantánea.
-o-
La imagen de aquel niño medio pelirrojo y de ojos verdes no se me iba de la cabeza. No le conocía y hacía pocas horas que sabía de su existencia, pero aun así una increíble tensión me atenazaba el pecho. Bella me había ocultado a mi propio hijo, que ahora tenía prácticamente cuatro años, ¿cómo coño se suponía que tenía que reaccionar a eso?
Aún no sabía qué hacer ni con quién hablar cuando entré en la finca de mis padres. El coche de Kate estaba en el garaje junto a los demás de mis padres; supuse que Emmett había considerado más apropiado juntarlos a los tres. La seguridad de McCarthy era impecable, lástima que me hubiera dejado a Aaron Swan fuera de la ecuación.
-¡Joder!- di un golpe al volante con la palma de la mano abierta. Todo aquello se había convertido en un lío de cojones. Cerré el coche y subí las escaleras que llevaban a la planta superior.
Todas las esperanzas que había depositado en que llegar a las tantas de la madrugada me concedieran unas pocas horas de paz murieron en cuanto constaté que el salón estaba lleno. No había escapatoria. Demasiado tarde, Cullen.
-Edward, cielo… ¿me puedes contar qué está pasando? Nadie nos dice nada. Todos estábamos muy preocupados…
Las palabras de Kate cayeron en saco roto, a pesar de todo lo que había acontecido en las últimas veinticuatro horas, no sé me habían olvidado mis intenciones de divorciarme con Kate. Esta fue la que se levantó de un salto en cuanto me vio aparecer, sin embargo fue la mirada de mi padre, desde el mini bar del fondo la que me llegó. Era cierto que mi padre estaba preocupado por mí.
No nos hablábamos desde hacía bastante, pero eso no quería decir que no me quisiera. Sin embargo, explicaba que el aborrecimiento que le tenía a mi futura ex esposa le hubiese llevado al extremo más alejado de la estancia. Mi madre, en el centro estaba sentada en uno de los amplios sofás con una revista que no parecía digna de su interés. Junto al hall de entrada estaba Emmett, y a izquierda y derecha dos hombres de su equipo.
Me lanzó una mirada circunspecta y supe que ya tenía la información que le había pedido antes, aun así, mis padres se merecían una explicación de lo que estaba ocurriendo.
-Me encargaron un caso en el bufete, era plantear la defensa de un cliente, uno como cualquier otro al que se le acusaba de maltrato a su mujer y asesinato en primer grado, en las de sus hijos homicidio imprudente en defensa propia. No sería la primera persona que resultara al final inocente; al bufete, y sobre todo en el que trabajo, llega gente con mucha pasta, gente capaz de hundir a otra inocente, en este caso no fue así.
Me dejé caer en el sillón enfrente de mi madre, podía ver a mi padre al fondo. Kate me puso una mano tranquilizadora sobre la rodilla izquierda a modo tranquilizador. La ignoré.
-Este tipo era culpable de todo lo que se le acusaba, había maltratado y asesinado a su familia, además era muy probable que estuviese involucrado en actividades mafiosas, bueno mucho más que probable en realidad. No podía aceptar el caso. Durante los dos últimos meses me han intentado disuadir, al fin y al cabo es un buen cliente del bufete, pero no pude. En vez de eso, acepté llevarle a juicio por parte de la fiscalía.
Esta mañana fui a visitarle a Everett. Hoy no ha sido la primera vez que me ha amenazado con hacer daño a gente de mi entorno, pero si os digo la verdad no le había tomado nunca en serio.
-Pero, cariño, nosotros estamos perfectamente,- comenzó mi madre. Moví la pierna y me deshice de la mano de Kate, enterré la cabeza entre mis manos. El único en toda la habitación que había sabido de la existencia de Bella era mi padre. Mi madre por supuesto no sabía nada y mi esposa tampoco.
-¿Recuerdas que te hablé de Bella, papá?- mi padre me miró extrañado, hacía tiempo que no le hablaba directamente, y sin duda se sorprendió de que mencionara a una mujer que sin duda no era adecuado mencionar delante de mi esposa. Con todo, asintió.- Después de volver de Everett y pedirle a Emmett que se os asignara una escolta, volví al bufete para asistir a una reunión. Bella apareció poco después, hecha un basilisco e histérica perdida. Se lanzó sobre mí como una posesa, y lloraba, nunca antes la había visto llorar.
Mi padre se acercó al sofá, su mirada seguía clavada en la mía, ahora tan solo me dirigía a él.
-¿Recuerdas el último evento del Wachovia? Rosalie contrató a Bella para adquirir las obras de arte que se expondrían en el nuevo edificio. Era la primera vez que la veía desde hacía cuatro años. Cuatro años…- Mi voz sonaba ahogada, me di cuenta de que tenía un nudo en la garganta y los ojos llorosos. Pestañeé, Kate no me vería llorar.- Esta mañana cuando Bella reapareció, no paraba de preguntarme que qué había hecho con Aaron, que dónde estaba, pero yo no sabía de qué hablaba. Segundos después apareció la policía, me arrestó como principal sospechoso de su desaparición.
-¿Quién es Aaron, Edward?- La voz de mi padre sonaba alta y clara.
-Aaron es el hijo de Bella… y el mío.
En sus ojos, aparte de la palpable confusión y preocupación, atisbé una sonrisa.
