Capítulo 6: Carrera Blanca
Miró anonadada la cabeza atravesada por varias flechas azules. Había perdido, y no por un golpe de suerte de su rival, había perdido por paliza. Había perdido de una forma patética.
─ ¡¿Cómo es posible?! ─ Cayó de rodillas.
─ Querida, cogiste demasiada velocidad y te topaste con el muro dejándote los sesos contra él. ─ Se acercó a ella. ─ Ahora eres mía, y no faltes a tu promesa. ─ La chica se levantó y con rabia lo miró mientras lo agarraba del cuello de su armadura.
─ ¿Y qué quieres? ¿Que sea tu sirvienta? ¿Qué deje a los Compañeros? ¿Qué sea tu puto juguete sexual? ─ Apartó su mirada a otro lado conteniendo las ganas de apuñalarlo. El nórdico se limitó a reír sarcásticamente.
─ Tal vez en un futuro. ─ Acarició su cabeza. ─ Por el momento quiero que te mantengas como hasta ahora, pero cualquier día puedo volver y reclamarte para que vengas conmigo. ─ Se relajó para notar como la despeinaba con cariño. ─ Tengo que irme, he de tratar asuntos importantes en Carrera Blanca. ¡Nos vemos! ─ Se alejó seguido por su séquito mientras movía la mano hasta perderse de la vista.
─ Es un hombre muy raro. ─ Comentó el grandullón. ─ ¿También lo notaste?
─ Si, tiene un olor raro. ─ Lo miró. ─ Es como el de un argoniano pero sin llegar a serlo. ─ Se rasco la nariz. ─ Pero he de admitir que me atrae, ¿será alguna especie de licántropo soltando hormonas para atraer hembras?
─ Lo dudo, creo que es natural. ─ Empezó a andar. ─ Es más, creo que tiene varios olores a parte del argoniano ese tan raro.
─ Si, no es una lagartija, eso lo tengo claro. ─ Se llevó una mano al mentón.
─ ¿Entonces qué es? ─ Preguntó al nórdico. ─ Tal vez Kodlak lo sepa. ─ Marcharon con intención de volver a su gremio.
Los tres andábamos por la ciudad. Veíamos de todo, en la puerta nos topamos con un par de guardias rojos con sus vestimentas típicas del ejército y pidieron que buscasemos a una como ella, una fugitiva. Pasando del tema olímpicamente. Había varios herreros que ofrecían sus armas, tiendas de comida, joyas, etc. Varias tabernas y alguna posada, esta ciudad no era "el orgullo de Skyrim" por nada. Sus edificios resaltaban por el amarillento de sus tejados y los ladrillos blancos con pequeñas manchas negras de mugre en sus paredes exteriores. La plaza central tenía un árbol muerto, antaño bello y resplandeciente en el cual los pájaros silbarían con alegría cada amanecer. Desde esta se podía ver Jorrvaskr, el edificio donde residían los famosos y aclamados Compañeros, una banda de mercenarios con demasiado honor y poca inteligencia desde el punto de vista del protagonista, mas pudo darse cuenta de una mirada. Una penetrante mirada que lo perforó por dentro como si de una presa se tratase. Sin quedarse corto la devolvió haciendo que la pupila de su único ojo visible tomara una forma parecida a la de un reptil. De repente dejó de sentir esa penetrante flecha en su ser, había espantado al lobo que lo acechaba y sabía que, si tenía la suficiente inteligencia, no volvería ni a cruzar miradas con él. Pero nada de eso los podía distraer, debía cumplir su misión y ya que tenía que avisar al Jarl de los dragones se dirigió, y nosotros con él, directo al gran castillo apostado en la parte más alta de la ciudad. Era gigante. Sus grandes tejados ya podían verse desde las afueras de la ciudad pero de cerca era incluso más abrumador. Las grandes puertas de madera se abrieron ante él dejándonos pasar a la aparatosa sala principal donde a sus alrededores pudo notar varias personas. Una argoniana amarillenta con armadura de lobo y mirada penetrante, un viejo guardia rojo con una forma pesada de las armaduras de los Alaki'r, lo que parecía una nórdica de pelo blanco y corto con una armadura igual a la de Aela y una katana. Más adelante pudo ver una dumner con una armadura del gremio de ladrones, un nórdico con peto de guardia de Soledad y un mago de ropajes grises. En la silla del trono observó como el que parecía el Jarl mantenía una acalorada discusión con un guardia rojo calvo de aspecto endeble que parecía ser su consejero mientras otra dumner con pinturas en la cara y armadura de cuero los miraba de forma curiosa pero a la vez con un toque de desesperación e impaciencia. Antes de poder seguir andando, dos guardias y la propia elfa que se mantenía hasta hace nada cerca del trono los detuvieron.
─ ¡¿Quiénes sois?! ─ Habló la oscura con indulgencia férrea en su voz. ─ ¡¿Cómo osáis entrar al castillo del Jarl Balgruuf el Grande sin permiso ni cita previa?!─ Amenazó con una espada de acero.
─ No vengo a pelear, pero si es lo que deseas no dudaré en entregarle tu alma a Arkay. ─ Sabía que si mencionaba a Sithis lo podrían encarcelar por ser creyente de un daedra. ─ Aquí te espero, pequeña. ─ Sacó sus dos espadas para hacer sus típicos malabarismos con ellas de hacerlas girar en sus manos.
Inmediatamente la mujer se abalanzó al ataque junto a los dos guardias.
─ ¡Uno contra uno! ¡La elfo es mía! ─ Interceptó la espada de la mujer con su derecha haciendo que saltaran chispas y que retrocediera amedrentada para, con la izquierda, dar un corte horizontal directo al cuello que evitó por poco.
─ Eres bueno, humano, pero no lo suficiente. ─ Dio una sajada apaisada sabiendo que se defendería con las dos espadas y una vez lo tenía donde quería intentó mandar una patada para tumbarlo y rematarlo pero el hombre, a sabiendas su plan, saltó y propulsándose con las espadas asestó un potente cabezazo a la chica que cayó al suelo, pero se levantó izo facto. ─ Vale, lo admito, eres muy bueno. Es hora de ponerse seria.
Mientras, luchaba con mi hechizo de escarcha en la izquierda y con la espada de cristal en la derecha. Era un combate igualado, las armas chocaban entre sí sin dar cuartel. Mientras que el soldado desviaba golpes con el escudo, yo lo hacía con partes de la armadura donde estaba más tachonada. Tenía que hacer algo, el entrenamiento altmer consistía en matar a tu enemigo con velocidad y astucia pero si se trataba de una pelea de desgaste los míos no podían ganar. Con la izquierda lacé magia de la que el guardia se defendía con el escudo avanzando para acercarse. Una vez estuvo a menos de un metro atacó con su espada imperial siendo bloqueada por la mía. Alcé el puño sin hechizo y golpeé el escudo partiéndolo en pedazos, este estaba completamente congelado, pude darle un puñetazo en la cara tumbándolo y antes de poder recuperarse ya le había atravesado el cuello.
Lokir se defendía como podía. No era un soldado y ni por asomo había usado un arma mayor que una daga en toda su vida. Recibía golpes hasta que no pudo más y cayó al suelo pero antes de morir otra espada traspasó el corazón de ese hombre matándolo. La acababa de salvar. Después de agradecérmelo cientos de veces observó el brutal combate de su líder.
Chocaban sables y el sonido del acero impactar retumbaba en toda la sala del trono. La mujer estaba cansada, la lucha se había alargado demasiado y el otro no parecía ni afectado, ¿cuán grande era su resistencia para aguantar tanto? Era sorprendente, a pesar de toda su experiencia no era capaz de si quiera rozarlo y además que parecía estar burlándose de ella ya que ni se dignaba a atacar. Se volvió a lanzar contra él para ser bloqueada una vez más con la espada izquierda pero esta vez cortó su pierna derecha dejándola coja. Se alejó pero esta vez andaba hasta ella persiguiéndola. Atacó desesperadamente siendo bloqueada una vez más y con la otra espada cortó su otra pierna haciéndola caer de rodillas. Levantó su brazo de la espada para que un músculo de este fuera cercenado evitando que lo pudiese levantar, y en un intento de hacerlo con la otra obtuvo el mismo resultado. Ahora estaba arrodillada en el suelo completamente indefensa y con el arma del nórdico apuntando a su cuello. Levantó el brazo con intención de rematarla.
─ ¡Basta! ─ Se oyó una grave voz de fondo. ─ Eres muy bueno así que te escucharé. ─ Balgruuf habló sentado en su trono.
─ Bien, me alegra haber llegado a un acuerdo. ─ Caminaba hasta él mientras guardaba sus armas y la herida caía desmayada al suelo de fondo. ─ Primero que nada, he de avisarlo que una mujer en Cauce Boscoso solicita más guarnición por si atacan dragones. ─ Dijo tranquilamente. ─ Y lo otro; ─ Hizo una breve pausa. ─ me gustaría tener una casa en Carrera Blanca.
Si os soy sincero; no me gusta mucho como ha quedado el capítulo. Lo he tratado de arreglar un poco ahora mismo agregando más descripción y siendo más conciso pero me sigue dando el espinazo de que hay algo mal. No soy escritor profesional, con suerte llego a amateur, pero me gusta que al menos mis escritos queden medianamente decentes. No sé si me entendéis. Además, hacen 30 grados en mi cuarto aun teniendo ventilador, mi cerebro está derretido. Quizás por eso no soy capaz de darme cuenta del error que me hace ver el capítulo tan pobre. Sin más que decir os dejo con los mods que he "usado" esta vez:
Las personas de la sala del trono: Se llama "THE PEOPLE OF SKYRIM ULTIMATE EDITION" y es del usuario Nesbit publicándolo el 1 de mayo de 2016. Es un mod que te gragea muchas más edificaciones y personajes al juego (en su mayoría inmortales). Me petaba mucho el juego por lo que me lo quité mas todos los cambios siguen ahí y es como si no lo hubiera hecho. Gracias creador, me has bajado la calidad de mi juego sin remedio y haces que me vaya cargadísimo pues ya lo he desinstalado y sigue ahí. De verdad, gracias. Hágase notar la ironía. En serio, si tenéis un ordenador patata como el mío no os lo instaléis, os va a joder, y mucho.
Editado: 20/05/17
