CASTILLO DE NAIPES

Antes de todo

Iván por quinta vez repasó con la mirada a la muchacha que estaba frente a él.

Pantalones, camisa, botas y su largo cabello castaño recogido en una coleta. La chica no tenía la cabeza agachada como el resto de los presentes que la miraban con desdén por el rabillo de sus ojos por su imagen, de hecho ella ni siquiera estaba viendo al rey o a los demás, solo veía interesada aquella sala decorada con murales en el techo y las paredes tapizadas con finas pinturas de paisajes del reino, las mesas que tenían jarrones de porcelana, candelabros de oro y el piso que podría ser más caro que la casa en donde ella solía vivir.

Iván le echó una sexta mirada a la jovencita antes de atreverse a hablar.

-Así que usted es la futura reina- dijo llamando la atención de la jovencita que desvió su mirada de la extravagante decoración y sonrió ampliamente fijando sus ojos verdes en él.

-Si, o al menos eso me dijeron cuando la marca apareció en mi pie- contestó soltando un par de risitas al tiempo que la Sota de Tréboles, a unos metros tras el rey daba un suspiro de molestia.

-Espero que esto no se trate de algún tipo de fraude, no es la primera vez que alguien se hace pasar por reina con una marca falsa- comentó Roderich acomodando sus lentes frunciendo ligeramente su entrecejo con desagrado.

-No es ningún fraude, mire, de verdad tengo la marca- y dicho esto la chica se desabrochó las cintas de sus botas y saltando en un solo pie intentaba sacarse el zapato provocando murmullos entre el resto de la corte.

-No es necesario, le creemos- le detuvo Iván tratando de aguantar la risa por las ocurrencias de la chica que se detuvo para bajar su pie y pararse bien de nuevo.

-¿Pero qué clase de educación le han dado a esta niña?- comentó entonces la Sota viendo de manera reprobatoria a la chica que alcanzó a escucharlo.

-La suficiente para no dejarme sobajar por nadie- contestó ella desafiante poniéndose las manos en la cadera mirando con fiereza a Roderich que arqueó ambas cejas ofendido de que una chiquilla se atreviera a contestarle de aquella manera.

-No seas tan rudo Roderich, recuerda que a partir de ahora también le servirás a la señorita- le recordó Iván al moreno que no por ello borró su gesto altivo mientras que el pecho de Elizabetha se hinchaba de orgullo al escuchar como el mismísimo rey de Tréboles la defendía.

-Gracias Iván- dijo ella provocando gritos ahogados otra vez entre los presentes ¿Con que descaro esa muchachita le llamaba por su nombre al rey?-

-¿Qué hay de malo? Nos vamos a casar de todos modos, sería raro que le llamara "majestad" ¿O prefieren que le diga "querido"?- se burló la muchacha descolocando incluso al mismo Iván que no esperaba aquella actitud tan confianzuda.

-C… creo que la señorita tiene razón, no hay nada de malo en que me llame por mi nombre, después de todo nadie lo hace- agregó con un ligero dejo de tristeza en su voz.

-Pero tú tampoco me llames "señorita" dime por mi nombre, Elizabetha- le pidió la castaña de nuevo con su sonrisa de oreja a oreja haciendo caso omiso a las réplicas de los otros nobles que comentaban entre ellos las desfachateces de la joven.

-Está bien, Elizabetha. Todos aquí, incluyéndome a mi te damos la bienvenida y esperamos que te acostumbres pronto a tú nueva vida, por supuesto también deseamos que disfrutes tus días en el palacio tanto como te sea posible te aseguro que nada te hará falta- dijo Iván con su sonrisa infantil de todos los días.

-Claro que eso incluye su educación, una reina tiene que ser digna de su título- agregó Roderich barriendo con los ojos a Elizabetha que sintió aquello más como un insulto que como un simple comentario dicho al aire.

-No tiene por qué preocuparse Sota, llevaré la corona con toda la dignidad posible- respondió ella sin dejarse insultar más por el moreno.

-Muy bien, creo que nos llevaremos bien entonces- comentó Iván queriendo romper con ese ambiente tenso que se había formado entre ellos; volvió a dirigirse a la chica y le extendió su mano.

-Entonces, espero podamos llevarnos bien seño… perdón, Elizabetha- dijo sonriente.

-Así será Iván- respondió ella dándole un fuerte apretón de manos que en definitiva no era algo que una dama hacía.

Con aquel gesto Iván pensó haber sellado lo que sería una larga amistad, dudaba mucho poder enamorarse de ella o ella de él, pero mientras pudieran ser amigos estaba bien, si Elizabetha se quedaba a su lado por el resto de sus días y curaba momentáneamente su soledad él estaba conforme. Por fin la suerte que lo había hecho rey, le había dado el reino con las tierras más fértiles, la economía más estable, los mejores consejeros, ahora le daba la fortuna de tener a una excelente reina y compañera.

Y así dieron comienzo a los días juntos, aunque definitivamente ya no eran igual que antes, Elizabetha prácticamente había provocado un giro de 180 grados en su palacio, sobre todo en Roderich, al que nunca había visto molesto… hasta ahora.

-¡No no y no!- le regañó la Sota a la chica que sentada en una mesa se revolvía los cabellos frustrada escuchando los regaños del otro.

-¡Que sí! Así está bien- debatió ella mientras que Iván estaba en un escritorio resolviendo otros asuntos escuchándolos pelear, algo que ya se había convertido en rutina para él.

-Jovencita, si va a estar retándome todo el tiempo mejor hágalo cuando tenga argumentos para hacerlo. Sus respuestas están mal y tiene que hacerlo de nuevo- le regañó Roderich que en ese mismo momento le daba sus lecciones a Elizabetha

-No Sota, usted solo está atormentándome como suele hacer cada vez que me da mis lecciones, todo lo que hago está mal para usted- reprochó la castaña cruzándose de brazos ocultando sus manos llenas de tinta por todas las veces que había respondido los cuestionarios de Roderich sin muchos buenos resultados.

-Yo no la atormento, más bien es usted quien lo hace conmigo- respondió el sirviente quitándose los lentes para limpiarlos con su pañuelo.

-Iván, dile a tu sirviente que no necesito todo este estudio, aprenderé mejor viéndote a ti trabajar después de todo seré la reina no una institutriz- le pidió al ojivioleta que desvió la mirada de sus propios documentos viendo a los otros dos enojados y frustrados.

-Lo siento Elizabetha pero esto es necesario yo también tuve que pasar por lo mismo; Roderich es un maestro muy estricto así que será mejor que te esfuerces- le dijo riendo viendo como la chica dejaba caer su cabeza contra la mesa.

-Pero esto es tan aburrido que creo que podría morir- se quejó ella.

-Señorita ¿Cuántas veces tengo que decirle que se siente derecha? Ponga esa espalda recta o será la burla de la corte y también avergonzará a mi señor- volvió a regañarle el moreno y la chica hizo caso no sin antes regalarle una mirada asesina a la Sota.

-Seguro que usted se divierte con mi desgracia ¿Verdad? Es un desalmado- le criticó ella.

-Diga lo que quiera jovencita pero yo solo hago mi trabajo y ahora mismo mi trabajo como maestro termina, por favor repase todo lo que estudió hoy y mañana seguiremos con el siguiente libro- dijo sacando su reloj de bolsillo revisando la hora asegurándose de que efectivamente las clases de Elizabetha hubieran terminado.

-Ande, retírese verdugo disfrazado de Sota, yo también tengo cosas importantes que hacer- le corrió ella haciéndole gestos con la mano para que se alejara.

-Mi señor si necesita algo solo llámeme… señorita, por favor compórtese mientras no estoy presente- le dijo saliendo antes de que ella pudiera reprocharle.

-¡Que insoportable!- gritó ella cerrando de un golpe el libro que estaba frente a ella, se levantó y fue hasta el escritorio de Iván que seguía concentrado en sus cosas. -¿Cómo soportas tenerlo todo el día contigo?- preguntó sentándose sin ningún recato en la mesa.

-No es malo, Roderich es una buena persona y un excelente sirviente- respondió Iván mirando un poco nervioso a Elizabetha que captó aquello como una señal de que no debía estar sentada en el escritorio así que de un saltito se bajó algo apenada.

-No puedo imaginarlo… es un tirano conmigo, me trata como si fuera una tonta y no deja de decirme que debo comportarme como una "dama", me corrige todo el tiempo y siempre está al pendiente de mis errores como buscando pretextos para humillarme- se quejaba Elizabetha.

-No es por incomodarte, es solo que quiere que seas una excelente reina- le explicó Iván con toda la paciencia del mundo pues no era la primera vez que tenían esa conversación.

-Yo puedo ser una excelente reina… no tengo que cambiar para serlo- murmuró ella algo enfadada.

-Él no quiere cambiarte, quiere mejorarte- le corrigió el rey dejando de lado sus papeles a un lado y recargando su mejilla en la palma de su mano viendo a la chica.

-¿Tú tuviste que mejorar para ser rey?- le preguntó curiosa apoyándose en el escritorio.

-Siempre he sido rey Elizabetha, desde que nací todos han hecho lo posible para exigir lo mejor de mí así que estoy acostumbrado a ello- contestó notando que la chica no parecía muy conforme con aquella respuesta.

-¿Crees que yo pueda mejorar como la Sota quiere y por fin callarle esa lengua afilada que tiene?- preguntó frunciendo un poco el ceño al recordar de nuevo al moreno.

-Por supuesto que sí, eres fuerte e inteligente puedes sacar provecho de esas cualidades y demostrarle a Roderich que mereces la corona no solo por la marca en tu piel- le dijo el ojivioleta sonriendo.

-¡Eso haré Iván! Gracias por tus palabras- dijo alegre la chica rodeando el escritorio para quedar a un lado de Iván y atraparlo en un abrazo que Iván sintió como algo tan ajeno… así se sentía ser estrechado en un par de brazos… no estaba nada mal.

-Haré que la Sota se trague cada una de sus palabras, es más, haré que incluso me llame "mi señora" ya verás que ese villano lo hará- dijo separándose un poco del otro dejando sus manos en los hombros de este riendo maliciosamente.

-Aun así deberías quitarte esa imagen de él, no es un villano- le aconsejó el rey riendo nervioso.

-Oh claro que lo es, no he conocido a alguien más malo y petulante que él- contradijo la chica –Hasta ahora no he visto ni una sola cosa buena en esa persona-

-¿Si yo te muestro una cosa buena de él dejarías de tomarlo como un villano?- le propuso Iván a Elizabetha que lo miró sin creerle que algo así fuera posible, pero aun con ello accedió, quería ver perder al rey.

Esa misma noche durante la cena, otra pelea entre la Sota y la futura reina no pudo faltar. Él le reclamaba su falta de modales al comer, ella su manera estricta de señalarle sus errores. No había otra cosa más que reproches, regaños y discusiones que se desviaban del tema principal al mismo tiempo que Iván tranquilamente se llevaba la comida a la boca sonriendo de vez en cuando al verlos discutir; de cierta manera había aprendido a disfrutar de todo ese ruido y alboroto, totalmente diferente de las que solían ser cenas frías y silenciosas en una mesa kilométrica llena de sillas vacías y él a la cabeza tan solo escuchando el tintineo de los cubiertos sobre el plato.

-¡Suficiente! Tú pierdes Iván, no hay nada de bueno en este hombre- explotó entonces Elizabetha golpeando sus puños contra la mesa haciendo saltar su plato y su copa.

-Señorita haga el favor de no hacer esas demostraciones de su nula educación y por favor tome sus alimentos como se debe- dijo Roderich sin dejar atrás sus regaños.

-Es que usted quiere que yo le retuerza el cuello como a un pollo ¿No es así?- espetó la castaña fuera de sus cabales.

-Una dama no debería soltar esa clase de comentarios, mucho menos en medio de una cena- volvió a corregirle Roderich.

-¡No soy una dama! Ni tampoco soy una muñeca que pueda manejar a su antojo para comportarse como usted quiere- dijo ella levantándose de la mesa enfrentando a Roderich poniéndose cara a cara con él a lo cual el moreno no pudo evitar retroceder un paso con una marcada arruga entre sus cejas que dejaban ver su enojo.

-No es como yo quiero, es como debe comportarse señorita; no puede llegar al palacio con sus maneras de campesina queriendo ostentar la corona así, tiene que aprender protocolos, educación, ¡Comportarse! ¿O acaso pensó que sería bien recibida tan solo por heredar la marca en su piel y que solo el trébol la haría reina? No jovencita, aprenda de una buena vez que para ocupar el trono no necesita solo un tatuaje, se necesita llenar el lugar y dudo mucho que usted lo vaya a lograr- le criticó Roderich siseando las palabras viendo como la cara de Elizabetha se ponía roja de pura cólera.

-Sota lo haré tragarse cada una de sus palabras. Puede que yo tenga un origen humilde y no haya nacido entre sedas y diamantes pero voy a ser reina ¡La mejor que este reino haya tenido jamás! Estaré a la altura de usted e incluso de Iván, no voy a dejar que me vuelva a humillar como acaba de hacer- y con esta advertencia hecha la jovencita salió dando largas zancadas soltando soplidos para quitarse de la cara algunos mechones de cabello que se le habían soltado de la cinta que amarraba el resto de su melena castaña.

-Creo que se enojó en serio ¿Era necesario ser tan duro?- preguntó Iván dejando sus cubiertos en la mesa viendo a Roderich seguir con la mirada la espalda de Elizabetha y dibujando una discreta sonrisa en sus labios para luego responder a su amo.

-Así es mi señor, ahora tengo la certeza de que la señorita Elizabetha pondrá todo de ella para aprender- contestó con una sonrisa maquiavélica pero algo orgullosa de la que había salido de comedor como la plebeya de dieciséis años pero que regresaría como la mujer dispuesta a convertirse en reina.

Sin embargo aquello no significó que las discusiones fueran a terminar, todo lo contrario, se hicieron incluso más intensas al punto en que terminaban en gritos que retumbaban por varios pasillos del palacio.

-De verdad Iván que sigo sin entender que es lo que ves tan bueno en la Sota, yo por más que intento no lo encuentro- le dijo la muchacha un día tras otra larga y extenuante pelea con Roderich.

-Ven, yo te mostraré que hay de bueno en él, aunque no sea precisamente su actitud- Iván extendió su brazo para que Elizabetha con algo de desconfianza lo rodeara y siguiera a Iván por otro pasillo del enorme lugar por el que nunca había pasado, ya que nunca tenía tiempo de extraviarse debido a sus constantes lecciones.

El lugar era algo lúgubre, tan solo unos pocos candelabros pegados a la pared iluminaban su paso por el lugar que era llenado por una melancólica melodía de piano.

-¿Quién toca?- preguntó en un susurró la de ojos verdes a lo que Iván se llevó un dedo a los labios indicándole que guardara silencio al mismo tiempo que seguían directo hasta otra habitación en donde la música se hacía más fuerte, la melodía parecía volverse más intensa conforme ellos se acercaban y un hilo de luz se colaba por la puerta entrecerrada de una habitación. Iván le incitó a Elizabetha a acercarse con cuidado de no ser descubierta mientras él la esperaba a unos metros detrás.

La muchacha en puntillas se acercó hasta la puerta que abrió con cuidado tan solo para encontrarse con la imagen solemne de la Sota de Tréboles… pero a pesar de ser el mismo Roderich, parecía ser una persona completamente diferente; ahí sentado en el banquillo totalmente entregado al piano, con sus manos paseando por las teclas de manera tan natural que casi parecía que tocaba por mero reflejo siguiendo un impulso de su cuerpo, mientras que en su rostro una sonrisa tranquila se dejaba ver, sus ojos entrecerrados y su cuerpo de vez en cuando siguiendo el ritmo de su propia música…

El moreno pedante que Elizabetha conocía no estaba en esa habitación, ahí solo había un hombre apasionado tocando el piano dejándose llevar por notas que solo él sabía que significaban. Elizabetha quedó pasmada, sus ojos por más que quisiera no se separaban de la imagen de Roderich que de un momento a otro con total parsimonia se detuvo.

-Señorita, acérquese por favor y escuche como es debido- le dijo a ella pero no con ese tono autoritario de costumbre, esta vez fue suave y amable, la chica se sobresaltó y volteó a ver a Iván que con su mano le indicó que fuera, la chica hizo caso y apenada entró a la habitación sentándose en una silla para ver y escuchar mejor… a pesar de que sus oídos escuchaban la música, el sonido de su corazón latirle sin piedad contra su pecho opacaban la melodía.

E Iván jamás se dio cuenta de lo que él mismo había empezado…

Tal vez cuando comenzó a sospechar fue el día en que Elizabetha por fin aceptó usar un vestido, bueno… tal vez "aceptar" no era la palabra correcta.

-¡Iván! ¡Iván!- llamaba esta a su futuro esposo que conversaba con uno de sus consejeros al que despidió al tiempo que la muchacha se acercaba casi corriendo siendo seguida por Roderich que llevaba en brazos un hermoso vestido esmeralda decorado con aplicaciones de tréboles.

-¿Qué pasa, que son esos gritos?- preguntó el rey viendo a la muchacha llegando hasta él con la respiración acelerada

–Dile a la Sota que solo a mi cadáver le van a poner esa cosa, y tal vez solo para que me cremen y arrojen mis cenizas por todo el reino- dijo la joven señalando la prenda que Roderich cargaba.

-Mi señor, le he intentado explicar a la señorita que es necesario que cambie su forma de vestir, pronto será su presentación en sociedad y obviamente no puede hacer su primera aparición en la capital y frente a los otros reyes con esa ropa- explicó Roderich tratando de acompasar su respiración por todo el rato que había seguido a la castaña la cual se negaba rotundamente a usar un vestido.

-¿Acaso tus modistos no pueden hacer algo con mi ropa? ¡Al menos déjenme usar pantalones!- pidió ella suplicante sabiendo que Iván siempre estaba de su lado o hacía negociaciones con la Sota.

-No creo que eso pueda ser posible Elizabetha ¿Por qué no mejor intentas probártelo? Si lo odias yo veré que puedo hacer, pero no te niegues a algo que nunca has usado- razonó Iván acariciando la cabeza de la chica que volteó a ver el vestido casi con miedo, luego a Iván que sonreía de esa manera casi infantil que desarmó a la chica.

-Bien, pero si me veo mal y no me gusta no lo usaré y es mi última palabra-dictaminó ella arrebatando el vestido de manos de Roderich y yendo a su habitación para cambiarse, obviamente con ayuda de alguna sirvienta que le ayudara a ajustar todos los accesorios que tenía ese monstro de tela.

Tanto Roderich como Iván esperaron en el salón a Elizabetha de la cual se podían escuchar sus gritos y replicas que salían de su habitación haciendo pensar a los varones que ponerse un vestido sonaba como una tarea realmente peligrosa.

Finalmente la muchacha apareció tras la puerta, caminando con un poco de dificultad, la cara roja hasta las orejas cubriéndose con las manos el pecho donde lucía un pronunciado escote.

-Si, ya sé que me veo ridícula- le dijo a los otros dos cuando estos quedaron con los ojos como platos al ver que Elizabetha debajo de todas aquellas prendas holgadas estaba dotada de una bella figura; de cintura estrecha acentuada por el corsé, su cadera proporcionada y un busto que… bueno… básicamente era una mujer bella no solo de su rostro sino también de su cuerpo, así que ahora envuelta en aquel vestido que hacia juego con sus ojos tal vez sería la envidia de las mujeres de la corte.

-Suelta también tu cabello- le pidió Iván a la muchacha que tuvo que quitarse las manos del pecho para hacerlo y quitó la cinta dejando libre su cabello largo ondulado enmarcar su rostro.

Elizabetha apenas si se atrevió a alzar la vista, se sentía rara, ridícula, tan femenina que casi se sentía débil. Nunca había usado un vestido así, pensaba que los órganos se le iban a salir por la boca y sus pechos en cualquier momento saltarían fuera del escote; con su cabello suelto como un símbolo de que era una mujer… si, después de todo era mujer…

La muchacha por fin alzó la vista tan solo para ver a Iván que le sonreía como de costumbre y luego a la Sota que se llevaba una mano a la cara cubriendo su boca y un poco arriba de su nariz mientras desviaba la mirada.

-¡Iván, la Sota se está burlando de mí! ¡Sabía que me veía ridícula!- dijo ella casi al borde de las lágrimas por sentirse humillada, puede que fuera mujer pero jamás sería femenina ni bella como esas señoritas elegantes que se paseaban a veces por las calles y a las que Roderich estaba tan acostumbrado… ella solo era ella, campesina y simplona.

-Roderich no…- pero antes de terminar su frase Iván notó que Roderich no se estaba riendo, cubría su cara porque estaba tremendamente sonrojado ante la sola imagen de Elizabetha vestida así, más hermosa que nunca.

-No… Roderich no se está riendo…- contestó con un tono monótono.

Y a pesar de las sospechas que en ese momento comenzaron a infundirse, Iván lo dejó pasar y dejó que la pequeña bola de nieve se hiciera todavía más grande conforme fue rodando.

Elizabetha por fin se había resignado a usar vestido, iba de un lado a otro peleándose con su larga falda que se le enredaba en los pies pero aun con ello no desistiría de cumplir su cometido de convertirse en una gran reina aunque ello significara tener que llevar esa cosa todos los días y su cabello suelto que la hacía maldecir de vez en cuando las veces que se le iba hacia la cara y le molestaba.

-Toma Elizabetha, un pequeño presente de Francis- le dijo Iván cuando Elizabetha maldijo por décima vez su cabello al mismo tiempo que hacía el mechón hacía atrás de su oreja con fastidio.

-¿Del rey de Diamantes? ¿Por qué?- preguntó ella tomando el pequeño alhajero que seguramente era más caro de lo que la chica podía imaginar, sobre todo por las pequeñas gemas que lo adornaba, era increíble pensar que el alhajero era lo que llevaba el regalo y no el presente en sí.

-Dijo que quería regalarle algo a la futura reina de Tréboles… o solo quiere seguir despilfarrando su fortuna como suele hacer- explicó el rey viendo como de la pequeña cajita Elizabetha sacaba un prendedor en forma de flor rosada.

-Vaya, es hermosa ¿Está bien aceptarla? ¿No es algo demasiado caro?- preguntó ella examinando el centro de la flor que era de diamante y los bordes de los pétalos, de oro; Iván tomó el prendedor de manos de Elizabetha y se lo puso en el cabello precisamente para detener esos mechones de cabello que tanto hacían enojar a la chica.

-Está bien, no aceptar regalos es de mala educación- dijo viendo que la muchacha se veía aún mejor con el discreto pero caro regalo.

-Mi señor, los embajadores del reino de las Espadas lo esperan- irrumpió entonces Roderich entrando al salón en donde ambos reyes estaban, fijando su atención en Elizabetha notando algo diferente en ella.

-Gracias Roderich, ahora mismo voy- dijo el rey comenzando a caminar dejando a los otros dos solos que se quedaron en silencio un momento.

Nadie dijo nada, solo se miraban y desviaban sus ojos cuando estos chocaban, ambos pensando en algo para decir y romper el silencio.

-Su prendedor- comenzó a decir Roderich señalando su cabeza haciendo alusión al lugar donde Elizabetha lucía su nuevo accesorio –se le ve bien- dijo por fin a lo que la chica se llevó la mano a la flor y sonrió ligeramente sonrojada.

-Gracias- dijo sin pensar que Roderich fuera a notar cosas tan insignificantes como aquellas.

-Ah… disculpe, tengo que ir con mi señor- dijo Roderich saliendo de su momentáneo atontamiento de ver a Elizabetha todavía más linda.

-Espere Sota, yo también voy-

-Perdone señorita pero estos no son asuntos que competan a una dama- se excusó la Sota esta vez de verdad sin querer ofender a la chica pero esta no reaccionó de la manera esperada.

-¿Disculpe? Creo que todo lo que tenga que ver con mi reino me compete- contradijo ella enfadada.

-No, son problemas del rey usted no tiene nada que ver-

-Le recuerdo entonces que soy la futura reina y los problemas del rey también son míos- espetó la muchacha alzando un poco la voz, dando comienzo a otra discusión, justo cuando llevaban un tiempo en tregua.

-Señorita, una dama no anda metiéndose en medio de discusiones ajenas, si le digo que esto es solo asunto del rey entonces entiéndalo y no discuta más. Una mujer no debe estar dando este tipo de espectáculos, tan solo debe mantenerse al margen y comportarse como su género lo demanda- dijo él y Elizabetha sentía que iba a explotar en cualquier momento.

-¿Y cómo lo demanda mi genero Sota? ¿Comportarme como una muñeca encerrada en una vitrina tan solo dedicándome a esperar a mi marido y procurar verme bien mientras veo mis días pasar con una corona en mi cabeza?- preguntó alzando con desprecio la falda de su vestido.

-Si quiere verlo de esa manera- contestó Roderich dispuesto a irse pero la castaña no se lo permitió.

-¡Las mujeres no somos muñecas!- gritó Elizabetha poniéndose frente a él con sus ojos brillando intensamente. –¡Entienda de una maldita vez que somos seres pensantes, con opiniones y sentimientos, con cuerpos que reaccionan cuando nos tocan!- decía dando pasos hasta quedar a solo unos centímetros del moreno que se sonrojó ante el ultimo comentario. Elizabetha demasiado ensimismada en su discurso tomó la mano de Roderich y la puso en su pecho justo en la línea del busto que alcanzaba a asomarse por su escote.

-Sienta, desde cuenta de que hay un corazón latiente, que las mujeres tenemos sangre caliente corriéndonos por las venas y no solo estamos llenas de bordados, vestidos y buenos modales; somos algo que va más allá de esposas sumisas y joyas que se empolvan y se desgastan con el tiempo ¡Somos el espíritu y fortaleza de un hombre atrapados en un corsé!- gritó apasionadamente con su pecho subiendo y bajando acelerado con la mano tibia de Roderich en él que la miraba con los ojos desmesuradamente abiertos sintiendo efectivamente el corazón latiente y desbocado de Elizabetha.

-No voy a desperdiciar todo lo que me ha enseñado, no soy una muñeca ni mucho menos una mujer que se doblega fácilmente, soy una reina y como tal voy a cumplir con mi trabajo- soltó con desdén la mano de Roderich que se quedó atónito y sin habla mientras Elizabetha pasaba a su lado alzando su falda para caminar mejor encontrándose con Iván que estaba en el pasillo.

-Gran discurso- comentó él, que había estado escuchando toda la pelea anterior.

-Te lo dije un día Iván, voy a callar la lengua afilada de la Sota- dijo ella y ambos caminaron juntos, ignorantes de que aquella bola de nieve que Iván no quiso detener en un principio, se estaba convirtiendo en una avalancha de emociones.

El día de la presentación de Elizabetha en sociedad por fin había llegado, todos estaban en el palacio de la Capital. El rey de Espadas que estaba haciendo rabiar a Yao por no hacerle caso a lo que le pedía, el rey de Diamantes coqueteaba con cualquier dama que se le pusiera enfrente a la vez que Vash solo negaba con su cabeza esperando que su señor no lo notara, el rey de Corazones era escoltado fielmente por Feliciano e Iván llevaba del brazo a Elizabetha la cual se sentía un poco insegura al estar rodeada de toda la realeza.

-¿Te sientes bien?- preguntó Iván a la castaña que respiraba de manera acelerada por los nervios.

-No, creo que voy a vomitar si hablo con alguno de ellos- dijo aferrándose al brazo de Iván viendo al rey de Corazones con ese gesto serio que podría intimidar a cualquiera que se le pusiera enfrente, obviamente no a su Sota.

-Eso suena grave… si quieres puedes ir a tomar un poco de aire antes de que tengas que pasar a presentarte con cada rey, mientras yo los distraigo- le ofreció sonriéndole a la muchacha que pareció aliviada e incluso dejó caer sus hombros que habían estado totalmente rígidos por la tensión.

-Muchas gracias Iván, eres el mejor- dijo soltándose gentilmente del ojivioleta para salir furtivamente del palacio al jardín.

-Acompáñala por favor Roderich, sería una pena que escapara por el pánico- bromeó el rey a lo cual la Sota tan solo hizo una breve reverencia para seguir las ordenes de su señor y fue tras Elizabetha que con pasos cortos pero rápidos salía hasta el jardín tomando tanto aire como sus pulmones pudieron contener, alzó la mirada al cielo nublado que auguraba una tormenta y pensó que eso no podía ser real… ella pronto sería reconocida por el resto de los reyes como la futura reina de Tréboles.

-No se ponga nerviosa señorita o los reyes podrán pensar que su nerviosismo es debilidad- le recomendó el moreno apareciendo tras la chica que dio un pequeño salto.

-Lo intento pero sigo sin poder procesarlo del todo, esta situación me parece tan irreal…- se sinceró comenzando a caminar lejos de ahí seguida del otro que tan solo la escuchaba.

-En unos meses me casaré con Iván y seré reina; me parece gracioso pensar que hasta llegado este punto me pregunto cómo hubiera sido mi vida si la marca nunca hubiese aparecido en mí- seguía contando llegando a un quiosco en donde se sentó viendo pequeñas y discretas gotas de lluvia comenzar a caer sobre los pétalos de las rosas que estaban cerca.

-…Si estuviera comprometida a matrimonio por amor y no por deber…- agregó cerrando sus ojos escuchando la lluvia caer con un poco más de fuerza, expresando por primera vez aquello que fingía no le importaba… casarse sin estar enamorada, sí que le afectaba.

-El amor es solo una tontería que nos distrae de lo que en realidad es importante señorita… solo es un sentimiento que no trae ningún beneficio- interrumpió Roderich sus pensamientos haciendo que la chica abriera repentinamente sus ojos.

-Con todo respeto pero yo no comparto esa idea, el amor es lo que nos llena… el amor es…-

-Un estorbo- interrumpió Roderich con el ceño fruncido sin despegar la mirada del paisaje. –Nos hace estúpidos y bohemios sin cordura… el amor no es algo tan maravilloso, es solo para idiotas idealistas- declaró el moreno alzando la voz sin darse cuenta, ofendiendo a Elizabetha que lo miró molesta.

-¿Por qué? ¿Por qué usted es así? Con esa manera tan horrible de pensar, siendo un amargado con el corazón seco- le espetó.

-No tengo el corazón seco señorita, de eso esté bien segura-

-Pues lo dudo, alguien que de verdad siente jamás podría decir tales cosas. Usted no sabe nada de romance- afirmó la chica cruzándose de brazos

-¿Y usted que sabe? ¿Acaso se ha enamorado alguna vez para hablar así?- preguntó Roderich enfadado.

-Pues… yo…- intentó responder la chica.

-Si no tiene idea de lo que es sufrir por un tonto enamoramiento entonces no se atreva a juzgarme. No me trate como si me conociera y si me disculpa, debo volver con mi señor- dijo por ultimo saliendo del quiosco a pesar de la lluvia que ahora caía a cantaros sin importarle mojarse.

-¡Sota espere!- le gritó la chica aun resguardada de la lluvia pero el moreno no se detuvo así que sin más remedio salió a la lluvia estremeciéndose por el agua fría que le caía encima.

-¡Le estoy diciendo que espere!- gritaba la ojiverde con el vestido que ya de por si era pesado, ahora lo era el doble a medida que iba mojándose la tela y su peinado se estropeaba y casi no podía caminar entre el terreno que se volvía lodoso e irregular.

-¡Deténgase!- ordenó de nuevo justo cuando su pie se atascó en el barro e inevitablemente cayó de bruces amortiguando su caída tan solo gracias a lo pomposo de su vestido.

Roderich que iba más adelante caminando con la espalda bien recta a pesar de estar empapado y helándose hasta los huesos, miró sobre su hombro al no escuchar más la voz de Elizabetha y la vio arrodillada en el piso con el vestido lleno de lodo, su cabello hecho un desastre mientras que ella intentaba ponerse de pie. Debatiéndose contra si mismo, Roderich no pudo ganarle al caballero que era así que dio media vuelta para ayudar a Elizabetha, se puso frente a ella inclinándose y ofreciéndole una mano pero la castaña lo jaló por ambos brazos obligándole a arrodillarse para quedar a la misma altura.

-¡Dígame porque! ¿Por qué es así conmigo? Como si se empeñara en odiarme todos los días- le preguntó la chica con las gotas de lluvia escurriéndole por la cara dando la impresión de que estaba llorando. –Todo este tiempo me he esforzado hasta el cansancio para llenar sus expectativas y superarlas pero parece como si usted de verdad me aborreciera, me contradice y nada de lo que hago parece estar bien ¿Por qué Roderich? Yo no le he hecho nada malo- le decía Elizabetha aun desde el piso tomando con fuerza al moreno que tenía su cabello empapado cayendo sobre su cara, incluso ese curioso mechón desobediente había sucumbido ante la lluvia.

Roderich sentía las manos delgadas aferrándose a su saco mojado, Elizabetha tiritaba gracias al frío, su mandíbula también temblaba y su nariz estaba ligeramente roja pero sus ojos siempre recios y fieros ahora parecían mirarlo con verdadera duda, casi expectantes y suplicantes.

Entonces el moreno no pudo resistir más y en un absceso de locura besó a Elizabetha o al menos eso había intentado ya que tan solo pegó su boca con la de la muchacha que ahogó un grito al sentir los labios helados y mojados de Roderich sobre los suyos, viéndolo tan cerca que podía contar las gotas de agua que escurrían por los cristales de los anteojos del caballero que incluso le puso las manos en las mejillas acercándola más aunque sin mover sus labios, pensando angustiosamente para sus adentros que si su osadía le costaría la cabeza, que al menos valiera la pena… hasta que inevitablemente tuvo que separarse de la joven.

-La trato así porque me enamoré de usted- confesó aun con las manos en las mejillas heladas de Elizabetha que no sabía si aún recordaba como respirar… -Tengo que forzarme a mantener esa distancia, a casi odiarla porque yo irremediablemente caí enamorado de usted, aun a sabiendas que es la futura reina y la esposa de mi señor- dijo en voz baja y apenada agachando la cabeza apoyando su frente en el pecho de Elizabetha que no se había movido ni un solo centímetro.

-Roderich…- llamó volviendo a la realidad usando por segunda vez el nombre de este, ya no era solo "la Sota", pero este no contestó ni alzó su cabeza por lo tanto la castaña le obligó a encararla

-¿Por qué me dice esto hasta ahora? Me estaba resignando a no ser correspondida- y ella temerosa, o mejor dicho aterrada volvió a poner su boca en la de Roderich en un beso tan tímido e inexperto pero que hizo que el sirviente pensara que su cabeza era precio suficiente por esos labios… y tal vez alguien más pensaba igual.

Iván los miraba desde uno de los ventanales… su sonrisa inquebrantable como de costumbre… pero sus puños tan fuertemente apretados que si no fuera por sus guantes, las palmas de sus manos estarían sangrando por la manera en como sus uñas se enterraban en ellas.

-Su majestad, es hora de la presentación de la señorita Elizabetha- le informó uno de los voceros a Iván que se mantuvo en su mismo lugar dándole la espalda al mozo.

-Avise al resto de los invitados que la ceremonia se cancela hasta nuevo aviso- ordenó el rey sonando tan normal como de costumbre.

-Pero su majestad…-

-Por favor, solo haga lo que digo, la señorita Elizabetha no se encuentra en condiciones de presentarse ahora mismo- dijo el rey volteando a ver al sirviente que tembló de pies a cabeza al ver la sonrisa macabra que Iván tenía en su rostro y la calma con la que hablaba.

-Como usted diga, ahora mismo informaré a todos- hizo una reverencia y casi corrió lejos de ahí al mismo tiempo que Iván volvía a ver por el ventanal como Roderich y Elizabetha se levantaban empapados y tomados de la mano.

-Vamos Roderich, tenemos que hablar con Iván- le decía Elizabetha siendo ayudada por el moreno a caminar gracias a su vestido que parecía pesarle toneladas.

-¿Ahora mismo?- preguntó atónito el otro.

-Claro que sí, tiene que ser antes de que me presenten como reina. Roderich, quiero ser sincera con Iván y decirle que no puedo casarme con él cuando yo quiero a alguien más-

-Señorita, no creo que eso sea lo mejor; no conoce a su majestad…- le advirtió Roderich tratando de detener a Elizabetha que dando traspiés caminaba en dirección al palacio.

-Llevo tiempo suficiente con él para saber que entenderá, yo sé que si- decía ella confiada arrastrando a Roderich que por fin de un jalón pudo hacerla parar.

-No, no lo conoce, su majestad no es como lo piensa él jamás va a acceder a lo que usted planea pedirle- le dijo preocupado sin embargo la chica solo sonrió aun debajo de la lluvia que arreciaba y los mojaba.

-No seas pesimista, alguien que siempre sonríe no puede ser malo- dijo volviendo a retomar su camino seguido de Roderich.

Ambos decidieron entrar al palacio por alguna puerta trasera, dándose cuenta de que toda la gente salía del lugar murmurando cosas, incluso los reyes lo cual extrañó en demasía a los nuevos amantes que se escabulleron por los pasillos hasta el salón principal en donde divisaron la silueta del rey que seguía mirando las gotas de lluvia chocar contra el ventanal como si en cualquier momento estas fueran a atravesar el vidrio para mojarlo a él también.

-Iván ¿Qué pasa, porque todos se están retirando?- preguntó Elizabetha que tuvo que soltar a Roderich, mas por insistencia de este que por verdadero deseo.

-Yo lo ordené- contestó sencillamente el rey con las manos tras la espalda y su mueca feliz tatuada en la cara. –Creo que como estás ahora sería una grosería haberte presentado- agregó por fin volteando a ver a la muchacha que llevaba el vestido mojado lleno de barro y el cabello que le escurría por la cara.

La muchacha por fin reparó en su aspecto y se miró a si misma algo apenada por aquella manera en que se había presentado ante el rey.

-Pero supongo que era inevitable haber quedado así después de la emotiva escena en el jardín, casi como si el clima se hubiera puesto de acuerdo para su pequeña demostración de amor- dijo soltando un par de risas que hicieron que a la Sota se le escapara el alma del cuerpo.

-Lo viste…- dijo ella entonces

-Lo vi…- afirmó el rey y ambos se quedaron en silencio. Elizabetha se hizo un mechón de cabello húmedo hacía atrás y caminó con seguridad hasta Iván que no dejaba de sonreír como si aquello fuera tan solo una charla casual.

-No te voy a mentir Iván- la muchacha tomó aire y clavó sus ojos verde en los del más alto –quiero a Roderich y él me quiere a mí- dijo mientras la Sota esperaba la reacción del rey que no respondió a eso.

-Iván, tú has sido tan gentil y bueno conmigo, me has dado todo lo material e incluso tu comprensión, amistad y apoyo así que déjame ser caprichosa una vez más y abusar de tu gentileza- comenzó a decirle tomándole las manos al otro que solo volteó a ver sus manos envueltas por las de Elizabetha.

-Por favor… te pido que canceles nuestro compromiso, déjame ser libre con el hombre que amo y no te amarres a un matrimonio que nunca podrá ser real. Por más que la marca esté en mi piel, por más que el destino haya dictado que yo debo ser reina… ese mismo destino me puso a Roderich en mi camino y dictaminó que yo no soy la persona que debe estar a tu lado, así que te lo ruego…- pidió la chica con toda la humildad que pudo e Iván solamente ensanchó su sonrisa haciéndole pensar a Elizabetha que estaba accediendo y provocándole a Roderich un temor inexplicable.

El rey soltó un par de risas que emocionaran a la muchacha, hasta que este posó sus gélidos ojos violeta en los de Elizabetha que no le soltaba las manos.

-¿Por qué habría de hacer eso?- preguntó arrastrando las palabras, sonriendo aún más dando la impresión que disfrutaba de la cara confundida de la muchacha.

-Porque yo no puedo casarme sin amarte… porque quiero estar con Roderich- decía ella soltando las manos de Iván que antes de que esta se alejara la tomó fuertemente de la muñeca y de la cara acercándola a él, ella dio un gritito ante el brusco movimiento y la fuerza desmesurada usada, la Sota quiso ayudar a la chica pero antes de poder hacer un movimiento Iván lo detuvo con su sola mirada asesina.

-No dejaré que te vayas y me abandones como todo el mundo ha hecho- dijo él en voz baja sin dejar de mirar de aquella manera venenosa a la muchacha que desconocía al hombre frente a ella

-Pero tú no me quieres de esa manera- dijo ella sintiendo como los dedos de Iván se cerraban alrededor de su muñeca de manera dolorosa a la vez que su cara era firmemente sujeta por el otro.

-Eso no importa Elizabetha… esta es nuestra maldición- le dijo sin soltarla sonriendo amargamente esta vez -Los reyes estamos malditos, el símbolo que llevas en tu piel no es otra cosa más que la garantía de esto-

-Tú puedes revertirla… tú puedes hacer que yo me salve si me das la oportunidad de no ser reina- aun insistía la castaña e Iván soltó a carcajadas que le provocaron escalofríos a la muchacha que seguía preguntándose quien era esa persona que tenía enfrente.

-Ah… mi dulce Elizabetha, si yo pudiera hacer eso no estaría ahora mismo en el trono… y aunque así fuera… no lo haría- dijo gozando de la cara estupefacta de la ojiverde que intentó soltarse sin resultados.

-¡Entonces escaparemos!- amenazó ella provocando otra risotada tenebrosa en Iván que volvió a acercar a la muchacha que intentaba buscar en esos ojos fríos al Iván que ella conocía… o sería acaso que la persona que se mostraba ahí no era otra cosa más que el genuino rey de Tréboles.

-Querida, es más fácil que tu cabeza esté rodando en la plaza pública al amanecer antes de que intentes escapar… o ¿Sabes que sería mejor? Que la cabeza de Roderich esté rodando por la plaza por traidor a su reino y a su señor- dijo con una sonrisa sádica en sus labios ahora mirando a Roderich que sintió como el miedo le devoraba los órganos.

-¡No! No puedes hacer eso-

-Soy el rey, puedo hacer lo que me plazca con la vida de mis sirvientes, con la tuya también. Así que no te dejaré ir, no te voy a permitir que me abandones como cada persona en este palacio ha hecho, no me van a dejar solo… no me van a dejar… no quiero estar solo- decía ocultando sus ojos bajo la sombra de su flequillo apretando aún más el agarre en la muñeca de Elizabetha hasta que finalmente la soltó y la empujó haciendo que esta se fuera de espaldas apenas siendo atrapada por la Sota al mismo tiempo que Iván se alejaba de ahí dándoles la espalda.

-Creo que es buen momento para agregar otra cosa que no mencioné cuando recién llegaste aquí- dijo antes de abandonar por completo el salón, dio media vuelta fijando sus ojos en la muchacha que temblaba en el piso siendo ayudada por Roderich.

-Bienvenida a tu maldición- dijo esta vez no sonriendo sino con aquel gesto sombrío y ojos vacíos alejándose de ahí, sin dictar algún castigo para alguno de los dos, sabiendo que el no poder estar juntos, que el tener que convivir día tras día durante el resto de sus vidas sin la libertad de amarse, ya era suficiente…

Y sin poder escapar de su maldición, Elizabetha se convirtió en reina y usó la corona por primera vez mostrándose fuerte, recia como solo ella sabía ser, sin darle el lujo al resto de la corte de verla desmoronarse mientras miraba con un deseo irrefrenable y desesperado a la Sota, como si quisiera arrancarse el ornamento de su cabeza e irse corriendo a sus brazos… en cambio se quedó firme como una estatua, fuerte como leona dejando atrás los deseos de la mujer enamorada, ya no era una mujer ya era una reina.

-Mi señora…- llamó Roderich que igualmente mantenía ese semblante mortalmente serio, el mejor actor de todos los que podría haber en cualquier compañía de teatro… el actor de la vida diaria. –Ahora que es reina puedo jurarle mi lealtad eterna, confíe en que yo seré el sirviente más fiel de todos- dijo haciendo una profunda reverencia igualmente queriendo tomarla en brazos y escapar con ella lejos de toda esa faramalla y puesta escena tan ridícula.

-Mira Elizabetha- llamó entonces Iván que estaba sentado a su lado sonriente –cumpliste lo que habías prometido tiempo atrás: Lograste que Roderich te llamara "mi señora"- dijo en una evidente burla para la chica que le regresó la misma sonrisa a la vez que le tomaba la mano a Iván como si fueran el matrimonio perfecto.

-Todo gracias a ti querido- dijo ella sarcástica y ambos rieron como si entre las risas se estuvieran reprochando, él su traición y ella el castigo que le impuso.

Elizabetha sintió los rayos del sol golpearle de lleno en la cara… había soñado con tiempos pasados, más que un sueño fue como revivir todo ¿O sería caso que Iván estaba pensando en ella en ese momento? La muchacha se removió en su cama sintiendo una picazón en su pie justo en el pequeño trébol esmeralda y se abrazó a la persona que dormía a su lado.

-Elizabetha, te he dicho miles de veces que no puedes escabullirte a mi cama, es peligroso- le regañó Roderich que no puso mucha resistencia a la hora de ser rodeado por los brazos delgados de la joven.

-Déjame quedarme así, solo un rato más- dijo ella enterrando su cara en el pecho de este quedándose dormida de nuevo en el instante.

La Sota dio un largo suspiro y asegurándose de que su señora dormía la tomó en brazos y la sacó de la habitación para llevarla a la que le correspondía, viendo como los pies de la dama colgaban y uno de ellos lucia aquel estigma que prácticamente los había marcado a ellos como amantes secretos… pero nadie escapa de su destino, nunca.

Como pudo abrió la puerta y tratando de no hacer movimientos bruscos caminó por el pasillo.

-¿Elizabetha no tuvo una buena noche?- preguntó entonces la reina de Corazones que se acercaba siendo acompañado de la reina de Espadas y sus respectivos sirvientes.

Roderich tan solo alcanzó a agachar la cabeza pues aun cargaba a la castaña.

-Así es majestad, ahora mismo la llevo a su habitación- contestó sin dar más explicaciones y mucho menos pretextos innecesarios, conocía de sobra la discreción de la reina de Corazones que en más de una ocasión los había atrapado en medio de una aventura de enamorados.

-Espero no se haya tratado de una pesadilla- dijo Kiku mirando a la joven que echa un ovillo en los brazos de Roderich daba largas respiraciones

-Eso espero también- se sinceró el moreno sin poder evitar mirar con dulzura a la joven que en aquel momento le recordó a cuando era tan solo una adolescente, ahora ya era toda una mujer. –Perdonen mi rudeza, pero tengo que llevarla a su cuarto- continuó diciendo agachando de nuevo su cabeza retirándose dejando a las reinas y a sus sirvientes atrás.

-Esos dos, siempre tan indiscretos, aunque debo admitir que es divertido verlos a veces- comentó Kiku mientras que Arthur seguía a la pareja con la mirada.

-¿Eso quiere decir que usted sabe sobre…? Bueno…- intentaba decir Arthur recordando aquel beso que él mismo presenció.

-Todo el mundo lo sabe Arthur, es como un secreto a voces, obviamente este asunto jamás sale de las puertas del palacio del reino de los Tréboles, ni tampoco de las bocas de alguno de nosotros- dijo más como una advertencia que como un simple comentario.

-¿Y el rey Iván no hace nada al respecto?- preguntó curioso el ojiverde.

-Eso es lo más extraño… que su majestad Iván nunca ha parecido afectado por esta situación, sin embargo nosotros vemos muchas máscaras, no sabemos lo que realmente hay detrás de estas- comentó sacando como de costumbre su abanico negro abriéndolo y cubriendo su rostro, dando la impresión de que él mismo estaba poniéndose su propia mascara de tranquilidad imperturbable.

-Así que puede haber ese tipo de relaciones…- comentó Arthur sin poder evitar ver hacía su espalda a Yao que notó la mirada de su señor y agachó la cabeza de inmediato.

-Tranquilo Arthur, el rey Alfred es un hombre muy honrado, a pesar de su juventud sabe a la perfección el significado de la fidelidad- comentó entonces el moreno sobresaltando al rubio que se puso colorado.

-No sé porque dice eso majestad, estoy seguro que el rey Alfred no es alguien que pueda simplemente traicionar algún voto de lealtad- se defendió Arthur queriendo ocultar su momentánea desconfianza.

-Lo dice con tal seguridad que pareciera que conoce bien a su majestad- dijo Kiku riendo tras su abanico.

-Tal vez le sonará raro majestad… pero hay días en los que siento como si de verdad lo conociera… como si conviviéramos todos los días, es un sentimiento tan extraño- dijo cerrando por unos segundos sus ojos viendo frente a él la imagen detallada de Alfred, con su sonrisa de héroe y sus ojos azul chispeante que hizo que su corazón saltara.

-Se debe a esto- contestó Kiku cerrando su abanico y poniéndolo justo en el costado de Arthur señalando su marca –Esto nos mantiene conectados por muy lejos que estemos el uno del otro- explicó quitando el abanico mientras que Arthur se llevaba la mano al punto señalado.

-¿Conectados?- preguntó pensando de nuevo en el rey, en ese sentimiento de cercanía con alguien de quien no había estado más que a diez metros de distancia.

-Así es ¿Nunca ha tenido la sensación de tenerlo a su lado aunque no sea así en realidad, escuchar de pronto su voz en su oído como un extraño llamado?-

-S… si- contestó Arthur que no podía negar haber escuchado en algunas noches la voz del rey llamándolo a lo lejos, percibiendo un aroma que de alguna extraña manera sabía pertenecía a su majestad, contagiado por esa sonrisa sincera… ¿Eso hacía la marca? ¿Conectarlos de aquella manera tan sobrenatural?

-¿Usted siente lo mismo con mi señor?- interrumpió de pronto Feliciano sacando de sus pensamientos a Arthur y haciendo que todos voltearan a ver al castaño que se cubrió la boca en el instante por haber interrumpido una conversación entre reinas, incluso Yao lo miró de manera reprobatoria por la repentina intromisión.

-Ve~ mis disculpas- dijo agachando su cabeza mientras que los otros dos retomaron su plática.

-Es difícil acostumbrarse a esto… a veces cuando despierto estoy seguro de que el rey Alfred está en la misma habitación o que al salir podré encontrarlo en el pasillo- se lamentaba Arthur retomando el tema, sin saber realmente si se sentía así por aquella confusa emoción o por la desilusión de no ver al rey recibirlo con aquella sonrisa que a veces lograba ver.

-No sé cómo usted puede sobrellevar esto majestad, a veces le envidio tanto- se sinceró Arthur soltando un lánguido suspiro.

-¿Y a qué se debe eso Arthur?- preguntó Kiku no esperando ese comentario.

-Es que a veces pareciera que nada puede perturbarlo-

-¿En verdad doy esa impresión?- preguntó Kiku abriendo su abanico escondiendo su discreta sonrisa tras él.

-Ah… bueno… es que siempre se le ve tan tranquilo que no creo que alguna vez pierda el control- respondió el rubio algo temeroso de haber ofendido a la reina.

-Me alaga que piense eso de mi Arthur, pero incluso yo me he dejado llevar por mis emociones- confesó Kiku con su rostro aun escondido tras su accesorio que no dejaba ver como su sonrisa afable se desvanecía a medida que un breve silencio se formaba entre ambos.

-Vaya… en ese caso imagino que si ha perdido el control de una situación debió haber sido porque dicho momento fue realmente difícil- opinó Arthur sin darse cuenta del leve estremecimiento que recorrió el cuerpo de Kiku.

-Si… efectivamente fue un momento difícil- dijo el moreno al tiempo que Yao, a unos pasos detrás de ellos, fijaba la mirada en la reina de Corazones que se quedó ligeramente pensativo con el abanico frente a su rostro.

Arthur sin querer notó la manera en que su propia Sota miraba a Kiku y este a su vez se quedaba con la mirada perdida; así que el ojiverde cayó en la cuenta de que había tocado un tema delicado.

-¡Mi señor!- llamó entonces Feliciano alzando la voz más de lo debido sacando a todos de sus propias cavilaciones para fijar su atención en el castaño que al tener las miradas de todos en él pareció nervioso y sin saber que decir.

-Ah… yo… acabo de olvidar lo que iba a decir, ve~- se excusó soltando una risita boba haciendo que los representantes del reino de las Espadas arquearan una ceja ¿En serio el rey más serio y disciplinado de toda la nación tenía un sirviente tan atolondrado?

En cambio Kiku sonrió al ver a la Sota y escondiendo su boca tras el abanico, movió sus labios diciendo "gracias" sin usar su voz a lo cual Feliciano solo hizo una brevísima reverencia porque sabía que había cosas de las que incluso su reina no quería hablar, él también tenía recuerdos dolorosos, secretos que aún le retumbaban en ese corazón dormido.

-Por cierto su majestad, la señorita Lily nos ha invitado a tomar el té ¿Gusta venir con nosotros?- preguntó cortésmente Arthur tratando de desviar todo lo posible la conversación anterior.

-Tendrá que disculparme Arthur, pero no creo que este sea un buen momento para un té, la señorita Lily parece estar pasándola aun peor que todos nosotros- comentó viendo al jardín en una de las mesas en donde efectivamente la chica iba a tomar el té; Lily estaba sentada con su Sota parada a su derecha, la muchacha tenía sus ojos verde sin brillo y el cansancio se marcaba en su rostro dándole la impresión de no haber dormido en días.

-Hermano ¿En serio crees que Francis está bien?- preguntó la muchacha con su voz suave acariciando insistentemente la marca en su muñeca esperando que ella le diera alguna respuesta.

-Si, a pesar de ser alguien que ha sido mimado hasta el cansancio quiero suponer que sabrá sobrevivir- contestó Vash también intentando creer en esas palabras y esperando que esa desaparición de su señor le estuviera dando una buena lección de humildad.

-No me refiero solo a eso…- siguió diciendo Lily cerrando sus ojos y poniendo su mano en su diamante –A veces siento como si Francis estuviera angustiado por algo… no sé, pareciera que algo le está haciendo mal aunque no físicamente. Es tan difícil saberlo cuando no lo tengo aquí y mucho menos cuando nunca me ha contado nada de él- se quejó preocupada.

-Oye Lily, si sigues hablando así me vas a hacer pensar que te estás enamorando de mi señor- le dijo Vash olvidando por completo su lugar como Sota y tomando el de sobreprotector hermano mayor mirando con sospecha a la chica que dio un salto en su silla y miró sonrojada a su hermano.

-¡Cla… claro que no! Yo solo quiero que me vea como a su igual, no como a una niña- se defendió la rubia tratando de tranquilizarse otra vez –ya sé que es difícil porque aun soy muy pequeña pero… yo de verdad puedo estar a su altura-

-Su majestad Francis nunca te ha subestimado Lily, es solo que tal vez te protege demasiado…- dijo entre dientes Vash como si el solo decir aquello conllevara un tremendo esfuerzo y la lengua se le estuviera pudriendo por el simple hecho de estar diciendo eso. Odiaba la sola idea de que alguien más parte de él tuviera esos tratos con su hermanita.

-¿Y de qué me protege?- preguntó la chica un poco ofendida por ser tomada como alguien indefensa, sin embargo su hermano solo le regaló una de esas miradas indescifrables, con su eterno ceño fruncido y su cara de póker no le dio una respuesta a Lily porque él también la estaba protegiendo, al igual que Francis… cuidándola de la realidad a la que había entrado cuando la marca de la reina se posó en ella. Si podían mantenerla en su cuento de Cenicienta por todo el tiempo posible hasta que madurara lo suficiente entonces estaba bien, antes de que despertara del sueño como lo hizo Elizabetha, como lo hizo Kiku, como tal vez lo haría Arthur… querían cuidar la frágil burbuja de cristal.

-Soy fuerte Vash y sé que no estoy viviendo una fantasía- dijo entonces Lily alterando un poco a su hermano que vio a su pequeña hermanita frente a él con esa mirada fiera que tal vez ambos habían heredado de su padre… los dos guerreros…

-Fui parte de la corte todo este tiempo, he visto con mis propios ojos la vida de la realeza… al mismo Francis… no tienen que protegerme de algo que ya conozco- dijo un poco más tranquila, retomando su mirada dulce de siempre dejando ligeramente aturdido a Vash que sintió que su hermanita se le estaba yendo de las manos, sintiendo ese temor casi de padre al ver como la linda Lily se estaba convirtiendo en una mujer antes de tiempo y se construía una fortaleza que tal vez en otra situación no hubiera sido necesaria… su dulce Lily creciendo alarmantemente rápido y él sin poder hacer nada más que intentar retenerla desde su puesto de Sota.

-Déjanos cuidarte Lily… mejor dicho, déjame hacerlo a mí, cumple el capricho de esta Sota y de tu hermano mayor- le pidió de manera egoísta acariciando el cabello de la chica que no pudo evitar bajar un poco su cabeza por el peso de la mano de su hermano y asintió… solo se dejaría mimar por esa única vez, por los viejos tiempos tal vez.

-Oh… creo que sería de mala educación interrumpir el momento fraternal- dijo Arthur viendo con ternura la escena de los hermanos pues él ya se había dado cuenta de los lazos sanguíneos que conectaban a ambos, además de su parecido físico.

Al mismo tiempo que los veía él también sintió un poco de nostalgia por su casa y sus propios hermanos, cosa que era increíble tomando en cuenta las interminables peleas que siempre tenía con ellos, al final si los quería, aunque era una pena pensar que se daba cuenta de ello hasta cuando ya no podía estar a su lado y compartir esas cenas tras el trabajo en donde terminaban peleando como animales hambrientos en pleno comedor.

Soltó una breve risa al recordar esto último al mismo tiempo que Feliciano también tenía su mirada puesta en la futura reina y la Sota de Diamantes.

-Hermanos…- dijo en voz tan baja que nadie pudo escucharlo, luego respiró profundo viendo el techo del palacio que tenía un gran mural con el símbolo del Corazón, el Diamante, el Trébol y la Pica.

-Hermanito, si ahora mismo tú estuvieras aquí ¿Qué me dirías?- se preguntó en pensamientos cerrando los ojos tratando de ver tras sus parpados cerrados la figura de Lovino.

-Hermano… justo ahora te necesito más que nunca…- se dijo para sus adentros amargamente, envidiando por un momento a la futura reina y a su sirviente, ellos que a pesar de su condición podían seguir juntos.

Se dice que los hermanos están conectados por algo que va más allá de la lógica, que sienten lo que otro está sintiendo en ese momento, que casi pueden leerse los pensamientos…

-¡Lovino!- le llamó un joven castaño de ojos verdes al hermano mellizo de la Sota de Corazones que en ese momento recostado en la gruesa rama de un árbol abría los ojos, bajó la mirada para ver al muchacho que le saludaba risueño con una mano mientras que en la otra intentaba cargar un canasto rebosante de tomates.

-¿Qué haces ahí? Vamos a comer juntos- le dijo alzando el canasto.

-Ya voy- respondió Lovino un poco molesto por haber sido interrumpido de sus ensoñaciones. Volteó a ver las puntas de las torres del palacio del reino de los Corazones que se alcanzaban a apreciar a los lejos.

-Feliciano… ¿Qué te está pasando ahora mismo?- preguntó también para sí mismo estando consciente de que en ese momento Feliciano no estaba en el palacio, era bien sabido que estaba en la capital por la presentación de la nueva reina, pero le era imposible no mirar hacia allá cada vez que pensaba en su mellizo.

-¡Lovi apúrate!- le apresuró el otro al castaño que soltando gruñidos saltó hábilmente de la rama tan solo para ser recibido por un pequeño beso en los labios por parte del ojiverde.

-Te he dicho que no hagas eso, Antonio idiota- le reclamó enfadado Lovino empujando ligeramente al otro que solo rió y le ofreció un tomate a Lovino que lo tomo dándole una violenta mordida y otra vez volteó a ver el palacio.

Las personas estamos conectadas por una red inmensa de hilos que se enredan y se tensan pero que nunca se rompen…

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¿Pensaron que Lovi-love no aparecería en este mundo? Oh claro que sí, aunque no es parte de la baraja nos deleita con su presencia XD

Ufff, tuvieron que leerse la historia de Eli y Rod (hasta les hubiera podido hacer un fic a estos dos). Espero la hayan disfrutado porque ah, le puse amor aunque lo siento porque me pidieron un poco de PrusxHun y yo vengo a echarme una letanía de AusxHun lo siento pero la historia así lo demanda, que por cierto, solo por esta vez les doy permiso de odiar a Iván ja ja ja.

También pequeña aparición de Lily, la tenía abandonada aunque en realidad me gusta escribir de ella, es una niña pero también es una reina, me gusta pensar que las mujeres de este fic son fuertes, son bad ass así como las lectoras de esta publicación.

Ahora sí, dejo de hablar tanto (en este fic siempre termino sufriendo de mi verborrea) mil gracias por sus reviews y sus palabras lindas, sé que poca gente lee esta cosa pero si al menos a una persona le sigue gustando yo seguiré escribiendo. De nuevo gracias por todo y nos vemos en el siguiente capi.