Te encontraré


Regocijo y desconfianza

.

.

.

—Buenos días —saludó cortésmente — ¿en qué podemos ayudarle?

—Buenos días —regresó el saludo de la misma manera —. Un amigo me avisó que iba a visitar la ciudad y que se hospedaría en este hotel, así que me preguntaba si aún seguía aquí.

— Ya veo —comenzó a buscar la lista de los huéspedes recientes — ¿me podría decir el nombre de su amigo?

—Su nombre… —soltó un suspiro —es algo muy abstracto de definir —no entendieron su comentario por lo que continuo antes de que pudieran interrumpirlo —es muy fácil de reconocer, es rubio de ojos azules y piel bronceada; no se ven personas con su aspecto muy a menudo por esta zona.

— ¿Se refiere a Hayama-san?

—Sí, ¿Hayama-kun sigue por aquí? Como es un nombre común creí que sería más apropiado darle una descripción por si había alguien más hospedado con su mismo nombre.

—Entiendo… —aunque no muy convencida procedió —Hayama-san se encuentra en el restaurante tomando su desayuno ¿gusta que le anunciemos sobre su llegada?

—No es necesario —respondió cortésmente —, prefiero darle la sorpresa.

—Siga el pasillo con la alfombra naranja y de vuelta en el primer corredor a la izquierda.

—Gracias.

Siguiendo las instrucciones dio con una gran puerta, al entrar los aromas de una refrescante comida y café invadieron su nariz a toda velocidad, en este caso su máscara que cubría la mayor parte de su rostro no fue impedimento para las fragancias que dominaban el lugar.

Una vez dentro la tarea fue sencilla, dio un pequeño recorrido por los alrededores hasta que finalmente encontró a su amigo sentado en una de las mesas ligeramente más apartadas del resto.

—Hayama-kun, tiempo sin verte ¿te molesta que me una? —jaló una de las sillas de la mesa quedando frente a él. Con toda la educación requerida en el lugar, con calma y modales dignos de un feudal tomó la servilleta en forma de cisne sobre su plato, deshaciendo la figura la colocó sobre sus piernas para finalmente mirar a los ojos a su acompañante.

—No esperaba encontrármelo aquí —le dio un trago a su café —si comenzamos una pelea todo a nuestro alrededor terminara destruido y no prometo dejarlo vivo sensei, además el desayuno está realmente delicioso, no quisiera desperdiciarlo y mucho menos perdérmelo al tener que escapar después de lidiar con usted —con los palillos tomó un trozo del suflé que tenía en su plató y lo llevo a su boca. Al terminar de digerirlo continuo —me pregunto si puedo pedirlo para llevar, así tendría una cosa menos de la que preocuparme —el peligris soltó una ligera risa.

—Te ves bastante bien Naruto, mejor a la imagen demacrada que habías tenido todo este tiempo —con la misma calma que el rubio llamó a uno de los meseros con un ligero gesto de mano.

—Buenos días, no sabía que esperaba compañía —hizo una reverencia a modo de disculpa —, ¿qué desea ordenar?

—No te preocupes, él ya se…

—Por ahora una taza de café y pan es suficiente —lo interrumpió con tranquilidad.

El ambiente se sentía claramente tenso. Por unos momentos no supo qué orden acatar sin embargo por el simple hecho de salir de ahí, no hizo más preguntas y fue por lo ordenado.

—Dudo mucho que haya viajado ciento veinte kilómetros para compartir un desayuno, pero tampoco lo veo con intenciones de pelear y por más que lo intento no ciento la presencia de refuerzos cercanos, ¿qué hace aquí sensei? —preguntó con clara desconfianza.

—Quería ver cómo te encontrabas, temía que comenzaras a atacar a cualquier ser viviente que se pusiera enfrente de ti, tal y como lo estuviste haciendo durante un tiempo en la aldea —formó una sonrisa notoria aun detrás de su máscara al ver el disgusto de su alumno — ¿Por qué esa cara Naruto?

—No es nada, aun trato de recordar algo de la justicia que tuve que aplicar en ese entonces.

— ¿Justicia?

—Todos ellos tenían esa estúpida sonrisa sobre su rostro —comentó claramente molesto —, sonreían y reían sin saber que a cambio Hinata tenía que llorar, hablaban tonterías sobre regresar a sus hogares cuando Hinata ya no tenía un lugar al que volver, se paseaban libremente por la aldea mientras Hinata tenía que esconderse para evitar ser asesinada por los escuadrones Anbus, por sus propios camaradas shinobis —el veneno en sus palabras era casi sólido. Dio un suspiro tratando de calmarse y no salirse de control —. Por eso y mil razones más tuve que hacerlo.

—Sabes Naruto, es bastante gracioso cuando lo dices, siendo tú el primero que le dio la espalda; incluso cuando te enteraste de la situación no hiciste nada, solo trataste de buscar excusas y pretextos para no ver la realidad solo aumentando tu fanatismo por…

Con gran rapidez tomó un par de palillos que se encontraban en la mesa y los interpuso en el cuchillo que le habían arrojado, este último clavándose de manera tan limpia que casi pareciera que el cuchillo de mesa ya se encontraba atorado en el pedazo de madera incluso antes de que hicieran los palillos.

—Imagino que tu actitud violenta tampoco va a desaparecer de la noche a la mañana.

—Aquí está su café, espero que lo disfrute —llegó su pedido ajeno la situación de ambos. De la misma manera que antes, hizo una reverencia educada para retirarse de ahí lo más pronto posible y que el cuchillo para cortar mantequilla estuviera atravesando un par de palillos para comer reafirmaba ese hecho.

—Soy consciente de mis actos sensei, me tomó meses procesar todo lo que pasó y acomodar mis ideas sobre lo que era correcto, por eso deje la aldea, mi respuesta no se encuentra allí.

— ¿Y qué te dice que la encontraras fuera de la aldea, y si no lo haces?

—La encontraré.

— ¿Y si ella no quiere regresar? realmente admiro su fuerza, cualquier otra kunoichi hubiera terminado suicidándose por todo la presión que tuvo que soportar, cargar la culpa de haber asesinado a alguien tan cercano a todos nosotros, ser abandonada por todos y por la persona en la que más confiaba y aun así tener la voluntad para mantenerse con vida, ¿de verdad crees que aun siga cuerda a estas alturas? —lo miró a los ojos —. Si es que llegas a encontrarla puedes estar seguro que la tierna, dulce y amable Hinata que todos recordamos está muerta, quisiera detenerte no tanto por no confiar en que lo consigas, sino porque sé que lo harás y lo primero que hará al verte será ir por tu cabeza.

—Gracias por su advertencia pero todo eso ya ha dado vueltas en mi cabeza amenazando con volverme loco día y noche, ni usted ni cualquier otra persona me va a decir algo que no me haya dejado sin dormir a estas alturas. Mi único objetivo es devolverle un poco de la paz que le fue arrebatada, si mi muerte alivia un poco de su sufrimiento que así sea, no me resistiré —miró a la nada por unos instantes. Después con una sonrisa arrogante recobro las palabras —por otro lado si destruir Konoha o cualquier otra aldea es lo que necesita para ganar un poco de tranquilidad tengan por seguro que estaré en la primera línea, ¿no deberían de estar pensando en cómo mejorar sus defensas en vez de perder el tiempo aquí conmigo?

—A pesar de sonar tan confiado lo único que haces es evadir los peores escenarios, tratas de arreglar todo a la fuerza en un intento inútil por intimidar a la realidad, no te comportas muy diferente a lo que una vez fue…

— ¡No quiero escuchar ese nombre!

Resonó un grito por todo el lugar, incluso unas lágrimas de enojo o tal vez frustración resbalaron por sus mejillas. Todos los presentes curiosos por aquello enfocaron su vista en ambos, en especial en aquel rubio que se había puesto de pie y había lanzado por los aires el plato que estaba comiendo, mirando como los restos de comida se habían estampado al otro extremo de la pared.

—Solo quiero que recuerdes esto Naruto —el rubio volvió a tomar asiento, con un gesto que decía "¡Qué mierda están mirando!" Todos apartaron sus vistas mientras que un empleado fue a limpiar la pared. Como vio que su alumno no respondía continuo —, ante todo y todos lo más importante es la paz que hemos conseguido a través de la última gran guerra ¿la recuerdas? Aquella que empezó por el corazón roto de mi viejo camarada. No quiero que la historia se repita y no lo permitiré mientras siga con vida, si llegas a convertirte en una amenaza para el continente lo más conveniente sería acabar contigo ahora mismo.

—Suena interesante sensei, de entre todos los posibles problemas que pueda tener usted y el Susano perfecto que ahora domina son los más peligrosos, si se va interponer en mi camino considero que lo más conveniente también sería eliminarlo antes de que se entrometa más —sus ojos se tornaron rojos y con una mirada seria mandó una clara advertencia a su maestro, sin embargo tal y como lo esperaba de alguien de su nivel este siquiera se inmuto.

—No seas tan arrogante Naruto, si vieras en lo que te estas convirtiendo te darías tanto asco con el parentesco que te atormentaría incluso después de tu muerte —el rubio tronó los dientes.

— ¿Por qué no probamos que tan equivocado estoy? —Respondió con enojo.

—Créeme que nada me gustaría más que acompañarte en tu viaje y evitar que hagas alguna tontería, sin embargo mi lugar ya no está ahí y gracias a ti hay tanto que hacer en la aldea que por sí solo tengo trabajo suficiente para un par de años —sacó unos folders con la insignia de la aldea más poderosa fungiendo como sello central —. Eres poderoso Naruto, a estas alturas nadie lo duda pero no importa que tan fuerte seas, no hay nada más peligroso que la desinformación y tú te desconectaste del mundo como un ermitaño —le extendió el folder.

— ¿Cómo sé que no es algún tipo de rastreador?

—Se supone que gracias a las misiones suicidas que estuviste haciendo todo este tiempo tu mejor que nadie debería conocer la situación actual, dime Naruto ¿recuerdas el lugar, el cliente, el objetivo o el motivo de alguna de las misiones?

—Recuerdo la paga —no pudo evitar reír al escucharlo.

—Ya no eres un niño y debes de saber que nada es lo que parece, esta paz es aún más delgada que cuando estaban las tenciones entre las aldeas ocultas, no solo los gremios de mercenarios están tomando fuerza en varias partes del continente, también hay muchos grupos con unas ideologías bastante extrañas pero hasta la más absurda leyenda tiene algo real en donde se originó, además los bijuus están volviendo a ser cazados, afortunadamente aún no han podido dar con alguno pero eso también te pone en la mira.

— ¿Y qué gana haciendo que yo lo sepa?

—Eso y más encontraras en los archivos que te acabo de dar —ignoró su pregunta y continuo —. De verdad espero que consigas lo que sea que estás buscando, solo no hagas ninguna tontería.

No se podría considerar una situación de tensión, tal vez incomodo era la palabra. Naruto no sabía cómo responder, después de todo cuando lo vio acercarse a su mesa mentalmente se preparó para tener que evadirlo a él y al menos otro par de escuadrones anbus. Nunca bajo la guardia y por sentido común supuso que toda esta platica era solamente para ganar tiempo y que algunos refuerzos cercanos alcanzaran a llegar; si juntaba a su sensei con otros jounnin de alto rango ni siquiera el sería capaz de escapar.

Ambos comenzaron a desayunar en silencio, dejando que los sabores de tan lujoso lugar los invadieran. Si quiera era necesario utilizar su modo sennin para comprobar los alrededores, no había nadie más que su sensei frente a él, algo gracioso considerando que por sí solo el peligris le daría suficientes problemas si llegaran a un enfrentamiento.

Termino con su plato y siguiendo aquella graciosa rutina pidió un plato tras otro con ese apetito insaciable tan propio de él. Su sensei viéndolo comer con cierta nostalgia y por su parte como siempre, y tan rutinario entre ellos apenas percatándose que el peligris se había terminado tres tazas de café negro junto con un almuerzo ligero de fruta y pan dulce frente a él y todo sin que en ningún momento viera que se removiera la máscara en ningún momento, ¿cómo le hacía? Aún era un misterio para el continente shinobi.

¿Eso era extraño, amenazarse a muerte hace unos momentos y ahora estar almorzando tranquilamente? Tal vez lo era, tal vez no pero a ninguno le importaba, cada quien dio su mensaje lo suficientemente claro como para que más palabras no fueran necesarias.

—Esto es todo por mi parte.

Se levantó de la mesa, saco una especie de billetera de uno de sus bolsillos y dejo un par de billetes sobre la mesa. El rubio quedo atento a sus movimientos, sin embargo sus próximas palabras lo dejaron todo claro.

—La próxima vez que nos veamos ya no será entre sensei y alumno, será entre dos shinobis que pelearan a muerte por sus propios ideales, espero que para entonces limpies tu mente y tu alma, sea cual sea el resultado no quiero que te arrepientas.

Increíble, genial, poderoso, soberbio, amable.

Unas pocas de las tantas palabras que describirían a su maestro en ese instante. Desde el momento en el que abandono la aldea conocía su destino, más al mostrar la fuerte convicción de sus creencias abandonando todo he incluso en un enfrentamiento con la actual Hokage que en algún momento llego a considerar una madre para él y como si fuera poco dándole un boleto directo al hospital.

No sabía cómo describir la sensación que lo abrumaba, quería darle las gracias por todo pero estaba más que claro que a estas alturas ya estaba de más. Con un agradecimiento silencioso vio a su sensei partir, atravesando la puerta y perdiéndose en los pasillos que lo habían llevado ahí.

—No arrepentirme… —dejó a un lado todo lo demás y lo meditó con calma. El ruido de los demás comensales, pláticas familiares, murmullos, risas; los empleados atendiendo cada mesa y el sonido de sus pasos, la música instrumental que ambientaba el lugar con los autores de las melodías en un pequeño podio en el cual el sonido era uniformemente distribuido.

¿Arrepentirse de algo? Ya era muy tarde para eso, hace meses que no había un solo día en el que no deseara regresar el tiempo, evitar su propia estupidez, su propia indiferencia y ceguera. Ya no había espacio para arrepentimientos, solo tenía dos opciones delante de él: terminar con su vida y su sufrimiento o tratar de enmendar su error. Era curioso y cómico a la vez pues la primera opción era la menos dolorosa y factible y aunque era una oferta tentadora alguien como él no merece clemencia.

Por qué tener una salida fácil mientras ella a pesar de que todo su mundo se vino abajo por su culpa, a pesar de que las personas que le prometieron estar con ella, su familia, amigos, pareja, ¡todos, todos los que alguna vez juraron apoyarla! Ahora eran los mismos que la cazaban, que buscaban su cabeza.

Lo que le había dicho su sensei era completamente cierto, a pesar de todo aun tuvo la voluntad para mantenerse con vida y era algo digno de admirar. Él enloqueció, culpó a todos por sus propios errores, asesino más gente que las victimas que hubo en la última gran guerra en ambos bandos en un intento por encontrar un poco de paz. Si no hubiera sido por Shikamaru que a pesar de todo lo siguió tratando igual mientras todos lo tachaban de lunático asesino, por Konohamaru que a pesar de todo lo seguía viendo como maestro y hermano mayor e incluso Hanabi que no escondió su odio hacia él, que lo culpo, lo recrimino y con cada palabra, con cada mirada, con cada acto se mostraba el veneno y recelo que acumuló.

¿Cómo agradecerles? Fueron la combinación perfecta para mantenerlo cuerdo o al menos no permitirle enloquecer más; alguien que lo siguiera viendo de la misma manera, que le siguiera exigiendo como si nada hubiera pasado y que en sus ojos expertos se mostrara indiferente a su sufrimiento. Alguien que aun tuviera esperanzas en su persona, que aun siguiera esperando grandes cosas y que por simple egocentrismo no le permitiera caer. Por último necesitó de alguien que le recordara todos sus pecados, que por más que lo intentara no le permitiera olvidar el por qué se encontraba en esa situación.

—No puedo perder más tiempo.

El dinero que su maestro había dejado era más que suficiente para cubrir ambos consumos y dejar una generosa propina. Se puso de pie, regresó a su habitación por las pocas pertenencias que había dejado para continuar con su trayecto, ya se encontraba cerca de la frontera del país y el viaje en el desierto le tomaría al menos tres horas y no quería que la noche lo alcanzara.

_0_0_

—Capitán ¿todo está bien?

—Eso depende de ti, ¿qué consideras para que "algo este bien"?

—Déjate de tonterías Shikamaru, no confundas más a los pobres novatos.

El pelinegro sonrió ignorando el comentario de su amigo. Tiró al suelo el cigarro que tenía entre sus manos a punto de acabarse y de su cajetilla tomo uno nuevo.

Acampando en la cima de una pequeña montaña que daba una estupenda vista de los poblados vecinos. Su misión era sencilla, se rumoraba que un gremio no oficial trató de establecerse en las cercanías, sin embargo era una zona protegida por la nación del fuego y Konoha por lo que no tuvo el éxito que esperaban. En represaría comenzaron a atacar los poblados más desprotegidos y a controlar algunas rutas comerciales cobrando cuotas por considerarlas sus territorios.

Nada que sorprendiera, después de todo los gremios eran formados por mercenarios establecidos en una zona y aunque la mayoría seguía algunos protocoles de seguridad, seguían siendo mercenarios a final de cuentas.

En el equipo se encontraban él, Kiba y un grupo de doce chunnin. Kiba lideraba el grupo de asalto con siete de los doce mientras que él estaba a cargo de la unidad de larga distancia con cinco shinobis bajo su mando directo, sin embargo el líder absoluto era el Nara y nadie tenía problema con ello. El Inuzuka mejor que nadie sabía que mientras siguieran las órdenes de su amigo no tendrían problema en conquistar un continente entero y sabía en carne propia lo que era pelear codo a codo con él.

Mientras Kiba tiene el poder de cinco legiones enteras en un solo hombre, Shikamaru era el estratega de estragas, considerado el segundo mejor de todo el continente solamente superado por su monstruoso abuelo.

Por la misma razón esto debería ser un juego de niños para alguien como su amigo. No culpaba a los novatos por preocuparse al ver la expresión tan complicada que tenía el rostro, hasta a él le causaba curiosidad saber en lo que pensaba, lo más probable es que fuera algo acerca sobre Naruto y su reciente partida.

—Hey novato.

— ¿S-si?

Hizo un saludo militar con respeto tan pronto y como escucho que lo llamaban. Shikamaru rio y volteo a ver al Inuzuka, "Y tu deja de asustarlos" con una simple mirada pasó el mensaje a su amigo quien comenzó a reír.

—No estoy tratando de asustarlos Shikamaru, no es mi culpa que estos niños se asusten por cualquier cosa.

—Llamarlos niños es algo muy abstracto ¿no crees? No creo que les llevemos más de uno o dos años a la mayoría de aquí, incluso hay un par que nos dobla la edad.

— ¿Entonces los sigo llamando novatos? En experiencia les llevamos al menos dos vidas de ventaja.

— ¿Vidas, acaso eres un gato Kiba?

—Agh, siempre es un dolor de cabeza discutir contigo —se rascó la nuca tratando de pensar en cómo responder —el punto es que hasta yo estoy intrigado en por que esa cara tan seria amigo, esto debería de ser una caminata en el parque para nosotros, sin embargo traes la peor cara que he visto en meses.

—Primero no deberías dejar las órdenes inconclusas, el pobre ha mantenido su posición de saludo gracias a que no has terminado y ni me imagino lo asustado que aún debe de estar.

Volteo a ver al shinobi que había llamado que tal y como lo dijo su amigo aún se encontraba esperando órdenes. Suspiró cansado al ver como el novato trataba de mantener una postura seria pero claramente podía percibir su nerviosismo.

—Ayuda a los demás a montar las tiendas, aquí mi amigo y yo hablaremos cosas privadas por lo que no quiero que nos molesten al menos que sea una emergencia —terminando de dar sus órdenes metió sus manos en sus bolsillos y le dio la espalda.

Al ver como aquel shinobi rápidamente partía a cumplir las órdenes dio un suspiro. Ciertamente Kiba tenía una presencia bestial que asustaba o al menos imponía ante cualquiera que no conociera su actitud energética y despreocupada, al menos como guerrero de primera línea que era su amigo no podía decir que fuera malo pero le daba muchos malentendidos ahora que le daban equipos bajo su mando, tampoco algo malo pero divertidos de ver.

Llegó en silencio aun con las manos en los bolsillos y se posiciono a un lado de su amigo, el Nara le ofreció un cigarrillo que rechazo con una negativa con la cabeza, este guardo la cajetilla y continúo mirando al horizonte.

—No es una mala vista.

Con al menos cuatro poblados a la vista y con una vista más aguda como la de ambos llegaban a distinguir al menos otros cinco a través de los espesos bosques que servían como ruta alternativa o escondite si es que no querían usar los caminos principales.

La meseta en la que se encontraban estaba tan bien posicionada que al regresar de la misión recomendaría que construyeran un puesto de vigilancia, solo como precaución pues si cualquier otro enemigo fuera cual fuera llegaba a tomar el lugar estarían en una desventaja estratégica muy importante. También era un lugar un poco complicado de acceder por lo que el mantenimiento y provisiones se complicarían pero definitivamente valdría la pena.

— ¿Pensando en recomendar una base aquí?

—Vaya, ¿cómo lo sabes?

—Hasta yo se la ventaja que supone un lugar como este, si llegaran a atacarnos me lazaría desde aquí antes de que siquiera traten de pasar por el camino de rocas y al estar tan reducido el camino con mi Gatsuga acabaría con al menos la mitad de ellos.

El Nara sonrió. Siguió mirando hacia la nada hasta que terminó con su cigarro y tuvo que prender otro nuevo.

—Vamos hombre ¿Cuántos vas a acabarte antes de que te pongas a hablar? Naruto, su destino y lo que planea está en tu mente tanto como en la mía, me atrevo a decir que estoy más preocupado que tú. Si Hinata es su objetivo no debo de apoyarlo pero que por fin tuviera el valor para mover ese trasero después de lamentarse como un llorón me hace querer abandonar la aldea también y ayudarlo en su búsqueda.

—Ese no es nuestro trabajo Kiba, ni el tuyo ni el mío, es algo que debe resolver por sí solo.

—Lo se hombre, lo sé, por algo sigo aquí ¿no? —Sonrió dando a relucir sus ligeros colmillos —, creo que aceptare uno de tus cigarros, dime que no te los has terminado.

El Nara saco su cajetilla y se la extendió, después de que Kiba tomara uno Shikamaru sacó el encendedor de su antiguo mentor y le ofreció un poco de fuego.

—Joder, definitivamente me alegro de no ser adicto a esta cosa.

— ¿Te disgusta el sabor?

—No es el sabor amigo, puedo soportar el olor a una distancia prudente pero tener el humo completamente debajo de mi nariz puede llegar a ser doloroso si lo hiciera todo el día —dio una ligera exhalada liberando el humo unos instantes después —pero si solo es uno, puedo soportarlo.

—Dime, ¿qué piensas de todo esto Kiba?

—Eso depende, ¿Qué consideras "todo esto"?

Ambos sonrieron ante su comentario. El Nara medito un poco sus palabras, no tanto para hacer la pregunta correcta si no para darle el tiempo suficiente a su amigo para plantear su respuesta después de todo al responder de esa manera solo buscaba el tiempo para acomodar sus ideas.

—No lo sé, probablemente el fin del mundo si no se maneja la situación.

Y por comentarios como esos es que era un dolor de cabeza discutir con el Nara. Él estaba preparado para abordar el tema de Naruto, Hinata, la situación en la aldea y lo que había pasado, imaginando que había encontrado una forma genial de expresar su punto de vista y con menos de quince palabras el Nara ampliaba y exigía que no solo pensara en ello, sino que lo juntara con la situación política actual, las repercusiones que eso podría llegar a tener y lo que significaba que alguien del nivel del rubio podría ocasionar no solo a nivel personal dentro de sus amigos; el caos que traería a la nación del fuego, las alianzas que llegarían, los grupos que irían tras su cabeza y los que lo seguirían por considerarlo un dios.

Si a eso le juntaba los malditos señores feudales y algunas especulaciones de lo que posiblemente Hinata estuviera haciendo en estos momentos…, su mente llegaría a un sinfín de posibilidades que le tomaría días analizar cada una y descartar las menos probables. Sabía que su amigo desde el momento en el que se enteraron de su partida ya había hecho eso considerando tantas posibilidades que podría escribir un libro entero solo con la mitad.

— ¿Por qué no empiezas tú? —Respondió con gracia —, tal vez me ayudes a descartar unas tantas.

—No tienes por qué romperte la cabeza Kiba, todo se resume a un punto.

— ¿Y ese es?

—La va a encontrar, tal vez en unos meses, unos años pero lo va a conseguir eso es algo indudable, pero desde ese punto todo está en blanco; no me atrevo a hablar mal de Hinata ni tampoco decir algo bueno sobre ella, especular sobre su situación actual está más allá de mi entendimiento.

— ¿Crees que se convirtió en una bandida o asesina a sueldo? —preguntó ligeramente molesto.

El Nara soltó un par de risas —quise decir lo que quise decir, en estos momentos pudo haber ido a algún convento en ayuda espiritual y convertirse en una santa de la era, dependiendo del convento al que fuera, tal vez la nueva santa de las flores, o la santa de la sabiduría o del amor, incluso puede que haya ido a ese lugar y se convirtiera en la nueva generación de los predicadores de la paz, es tan válido como que ahora sea la que caza a los bijuus, la nueva líder desconocida del gremio de Rekka, o Last Hope, así como una guardia imperial de algún reino, o una simple viajera o una vagabunda ¿entiendes lo que quiero decir? Teorizar a este punto es imposible, ni mi monstruoso abuelo podría con eso te digo todo.

Kiba se resignó, aunque le molestara que hablaran así de su amiga no podía negar que lo que decía era completamente cierto. Hinata puedo haber dado un giro drástico en su personalidad y mentalidad o permanecer como era buscando ayuda de alguien más. Desde su partida no se supo nada de ella, ni siquiera una pista de su paradero y bueno, con los cinco días de ventaja que le consiguió el rubio era imposible hacer algo.

Odio y felicidad lo invadieron al recordar ese momento, ver a su amiga con el alma partida, llena de lágrimas escapando de su hogar para evitar ser asesinada por órdenes de la Hokage y un Naruto destrozado con la sonrisa más devastada que jamás había visto perdiéndose en la locura y la desesperación, cuando en su último momento de razón antes de caer en risas rotas y miradas perdidas bloqueo su mente y no dejo a ningún persecutor salir de la aldea, ¿se imaginan? Naruto contra toda Konoha y les tomo cinco días poderlo calmar.

Aun no sabían bien que pasó allí, de primera instancia cualquiera se imaginaria que la trataría de proteger pero cuando hablaran con él diciéndole que se retirara que no se interpusiera en la misión de los anbus y jounnin participantes solo tenía una sonrisa, unos ojos demacrados tan rojos que parecía que habían tirado acido en ellos y nuevamente esa sonrisa que nunca abandono su rustro, una sonrisa que aún le causa pesadillas y así se mantuvo por cinco días sin dormir, sin comer, solo defendiendo que nadie se atreviera a cruzar esa puerta y cualquiera de las otras cuatro.

Repito, ¿se imaginan a un solo shinobi sitiando todo Konoha por cinco días? De haber ido con intenciones de matarlo en menos de un día se abrían librado de él, pero el objetivo era solo someterlo y someter a alguien que tenía el Hiraishin no Jutsu para moverse libremente por toda la aldea más una reserva de chakra cuatro veces más grande que el gran ninja que copia y aun después de eso el casi infinito chakra del Kyuubi se imaginaran que no fue una tarea fácil.

El Nara en un último gesto de amistad y simple sentido común como estratega cancelo la misión de cazar a Hinata, después de dos días es imposible seguir el rastro gracias al día lluvioso de su escape y cinco ni se diga, además obviamente todos los shinobis estaban exhaustos al terminar de controlar al rubio.

—Tu cara acaba de pasar por muchas expresiones, ¿debo de preocuparme?

—No es nada, por alguna razón recordé el día del escape de Hinata y como el idiota de Naruto nos dio el susto más grande de nuestras malditas vidas.

El cigarro se consumió mientras se perdió en su mente por lo que le dio el ultimo exhalo para después aventar la colilla por el acantilado frente a ellos.

—Y que lo digas, me partí la cabeza pensando en la forma más efectiva de someterlo, no iba a matar a mi amigo pero tampoco podía permitir que destruyera la aldea, cuando le dije que había retirado la orden de perseguir a Hinata creo para ese entonces ya había perdido la razón.

—Dos días antes de que llegaras con esa brillante idea ya la había perdido.

Un sentimiento nostálgico los invadió, tal vez no muy agradable pero nostálgico.

—Por ahora sospechan que se el paradero de Naruto y que soy un espía. Tratan de mantenerme lo más lejos de la aldea para que cualquier noticia de movilización me llegue con algunos días de retraso y no pueda advertirle a tiempo.

— ¿Entonces de verdad sabes a dónde fue?

— ¿Tú lo sabes?

—Claro que no, si lo supiera…

—Y sin embargo estas aquí conmigo, en una absurda misión que podrían manejar un simple grupo de tres chunnin sin problemas, en donde no nos dieron los nombres de los poblados atacados ni las rutas que debemos proteger.

—No puedo creer que desconfíen de nosotros —tronó los dientes claramente molesto —, esos malditos ansíanos me van a escuchar cuando regresemos.

—Los ansíanos, nuestros sensei, los líderes anbus e incluso la Hokage están tomando medidas suficientes, no me sorprendería que todos los de la generación estén bajo sospecha de complicidad y los tengan alejados de la aldea hasta que se compruebe su inocencia.

—No puedo creerlo, incluso nuestros sensei y Tsunade-sama…

—Bienvenido al mundo real Kiba —sin inmutarse siguió hablando —, una movida inteligente pero paranoica. Desconfiar de tus propios shinobis no es algo propio de un líder pero si estuviera en su lugar yo hubiera tomado medidas más extremas.

—Bueno, tu eres un maldito monstruo amigo —ambos sonrieron.

—Por ahora lo único que podemos hacer seguir las ordenes que nos den, que desconfíen de nosotros no va a hacer que mágicamente nos llegue información del cielo sobre el paradero de Naruto o el de Hinata. Tomaron una medida preventiva respetable pero absurda considerando que ninguno de nosotros sabe algo.

—Tsk… —aun enojado no pudo hacer nada más que aceptar lo que su amigo le acababa de decir, hacer un escándalo no ayudaría en nada, sin embargo su inconformidad no se quedaría en silencio. Ansiaba su regreso a la aldea, él era el sucesor del clan Inuzuka y no iba a soportar esas estupideces.

—Tengo una noti…

— ¡Creí decirte que no quería que nos molestaran!

Su iris bestial junto con su aura de líder alfa puso a temblar al pobre shinobi.

—L-lo siento mucho, pero hay alguien desconocido que dio con el campamento, c-creí era prudente reportarlo.

—Vamos, no te sobresaltes tanto Kiba —el Inuzuka calmo un poco el enojo que acumulo en su charla —, hiciste bien en avisarnos, llévanos.

— ¡Si!

Aun asustado por la actitud del Inuzuka guio a sus dos líderes.

Cruzaron el campamento improvisado en el que ya estaban levantadas las carpas junto a una fogata central que gracias a un jutsu de espionaje no soltaba humo. Los demás shinobis acomodaban las provisiones, hacia guardia o colocaba trampas a los alrededores. Al cruzar todo el campamento dieron con tres de sus hombres rodeando a una mujer encapuchada.

— ¿Hacen tanto escándalo por una mujer? —el Inuzuka no pudo evitar su gesto de molestia.

—La encontramos husmeando en los alrededores señor —reportó uno de los shinobis —, nos pareció sospechosa así que la trajimos con nosotros.

— ¿Qué hacía por los alrededores? —Preguntó el Nara — no, es algo grosero de mi parte. Somos shinobis de Konoha que fueron enviados a neutralizar a un grupo que ha estado causando estragos últimamente. Soy el capitán de este regimiento Shikamaru Nara y un ninja de nivel Jounnin, ¿cuál es nombre?

—Mi nombre es Kotomine Sachi —respondió amablemente.

—No queríamos incomodarle pero tenemos que interrogar a cualquier persona que luzca sospechosa, le importaría quitarse la capucha y decirnos que hacía por los alrededores.

—No tengo ningún problema.

Se quitó la pesada capucha negra que traía sobre ella. Vistiendo un kimono azul de calidad se encontraba una mujer de aproximadamente unos veinte años de edad, de cabello rosa que terminaba en su cuello, piel clara y unos preciosos ojos azules.

Su mirada daba un aire de inocencia e ingenuidad sumándole más puntos a su atractivo.

—Nada mal… —murmuró Kiba con una sonrisa.

—Ejem… —aclaró su garganta antes de que su amigo comenzara con sus clásicos coqueteos —. Entonces Sachi-san ¿Qué hacía en esta zona?

—Estaba en un encargo para mi señora y temo que me perdí —admitió ligeramente apenada, con un tono calmado y con voz apacible continuó —debía reunirme con un mercader que visita el poblado de Arcaus en esta época del año vendiendo lo que se dice es el mejor arroz de todo el país del fuego de una cosecha considerada única en el mundo —soltó un suspiro —mi señora quería un poco de ese arroz por lo que me embarque en su búsqueda pero debo decir que estos bosques son engañosos así que cuando vi un campamento pensé que por fin había llegado pero veo que me volví a perder.

Debe de venir de muy lejos —comentó pensativo. Aunque ciertamente era una zona engañosa si no se seguían los caminos, alguien de la región estaba familiarizado con el entorno y no se perdería tan fácilmente — ¿Por qué no tomo los caminos?

—Cuando salí investigue la ubicación con algunas personas, me dijeron que era más corto atravesar el bosque y que los bandidos asechaban mucho estos caminos, además de que la ciudad también era constantemente saqueada. Para evitar enfrentamientos innecesarios decidí seguir su consejo —nuevamente se mostró un poco decaída —, debí de haber conseguido un mapa, indicaciones por si solas no sirven mucho sin referencia.

—Ya veo, que desafortunado —El Nara vio a unos de sus shinobis y les dirigió la palabra — ¿Qué tan lejos queda Arcaus de nuestra posición?

—Debe estar a dos horas a pie al suroeste de nuestra posición y a treinta minutos a velocidad shinobi o a caballo —informó con exactitud.

—Como shinobis de Konoha no podemos dejarla sola Sachi-san, está por oscurecer por lo que le ofrezco pasar la noche con nosotros en el campamento y mañana la escoltaremos hasta Arcaus.

—Muchas gracias —hizo una pequeña reverencia y con la misma voz apacible y tranquila respondió —, agradezco su amabilidad Shikamaru-dono pero no quiero hacer demorar a mi señora, con la dirección han hecho más que suficiente por mí.

—Ya veo —se rascó la nuca —, debo insistir, en dos horas estará completamente oscuro y puede ser peligroso para que deambule sola.

—Su preocupación es muy amable pero no puedo perder más tiempo —con un aire de inocencia junto los brazos frente a ella de manera pensativa — ¿no me diga que está tratando de coquetear conmigo Shikamaru-san? —Hizo una reverencia disculpándose — lamento no haber captado la indirecta pero no quiero hacer esperar a mi señora.

Vaya mujer más problemática —murmuró para sí.

— ¿Cómo? —pregunto Sachi nuevamente con ingenuidad.

—No es nada Sachi-san —soltó un suspiro —entonces permítanos escoltarla. Kiba, vienes conmigo, Kazuto quedas a cargo, quiero un vigía que observe los caminos y un equipo de tres que estén listos para actuar si algo se llega presentar, que alguien los releve de sus puestos cada seis horas para que puedan descansar, en caso de alguna emergencia lancen una bengala azul o una roja si se ven obligados a retirarse.

— ¡Entendido señor!

—Sachi-san, denos unos momentos para prepáranos.

—Seguro, agradezco mucho sus atenciones —con una sonrisa se puso a esperarlos.

Kiba y Shikamaru se dirigieron una de las tiendas, tomaron un mapa de la región y algunas provisiones así como armamento estándar.

—Es bastante atractiva amigo, pero Temari te lo cortaría si se llega a enterar. Mejor déjamela a mí, tengo más posibilidades.

— ¿De qué hablas?

—Y pensar que incluso decidirías escoltarla, quien te viera —el Inuzuka comenzó a reír.

— ¿Pusiste atención a lo que decía Kiba?

—Por supuesto que sí, una voz tan angelical y delicada atrapa a cualquier hombre, como no escucharla. Además ese rostro tan inocente que se carga, ¡dios!

—Viendo que no entiendes nada te lo explicare —volteo a verlo esperando a que le pusiera atención, cuando la tuvo retomó sus palabras —El kimono que traía puesto…

—Le quedaba de maravilla ¿no? Algo tradicional que marca bien su cuerpo, es más…

—Kiba, ¿podrías callarte? —el Inuzuka guardo silencio resignado —. Ese kimono debería de estar valuado en al menos unos 90,000 yenes, por su desconocimiento de la zona debe de venir de lejos y para cubrirse traía puesta esa capucha tan pesada, debe llevar caminando un buen tramo por bastante tiempo y no tenía ni una sola gota de sudor en su rostro y mucho menos parecía cansada, además cuando le pregunte por que no tomó los caminos respondió que Quería evitar enfrentamientos innecesarios en vez de decir que quería evitar a los bandidos, además la postura tan rígida que tiene tampoco es fácil de conseguir y menos con un kimono tan elegante y costoso como ese, su punto de equilibrio es simplemente perfecto.

— ¿Estás diciendo que es una kunoichi?

—Tal vez no una kunoichi pero al menos sabe defenderse. Por como habla y se comporta debe servirle a una persona importante y según la información que le dieron Arcaus es frecuentemente atacada, nunca había escuchado de ese arroz pero si realmente es tan increíble trataran de robarlo y si estamos allí los mercenarios vendrán a nosotros, después de deshacernos de ellos interrogaremos a algunos y terminaremos con esta absurda misión.

—Ya veo —el castaño sonrió al entender los motivos de su amigo, muy distantes a los que imagino — de verdad eres un maldito genio.

—Hay que apurarnos, quiero acabar con esto lo más rápido y volver a la aldea.


Notas del autor: ¿Creo que perdí lectores? :c

Bueno, espero ganar más o recuperarlos con este capítulo. Debo decir que me quedo más largo de lo que espere, quince hojas en Word cuando acostumbro hacer nueve o diez es un nuevo record para mí.

Sin mucho que decir en esta entrega nos leemos en la próxima, espero disfruten el capitulo.