Fanclere:

Hola! Aquí fanclere muy feliz de volver pisando fuerte con nuestra Clarke.

Primero de todo quiero agradecer a Lemwimsen que siempre me haga sonreír y que se aventure a escribir esta locura conmigo.

Muchas gracias por vuestro apoyo ya sea leyendo o comentando, es muy importante para nosotras saber vuestras opiniones. Sin más disfrutad de la lectura!


CAPITULO 6 INSTINTO ASESINO

Primer día en Polis superado con éxito. Una sonrisa insolente apareció en su rostro cuando, tras la cena, se retiró a la enorme habitación que compartía con Raven y Ontari, sin poder dejar de darle vueltas en su mente al breve encuentro que había tenido con la reina de los elfos aquella mañana.

Tenía que admitir que la había impresionado, no solo por su belleza capaz de nublar los sentidos sino por su juventud y su porte regio, segura de si misma, imponente, importante…

Era un reto, lo sabía… Lexa era la víctima más difícil que le habían encargado y, para colmo, no podía ser rápida en la ejecución sino que debía convivir con ella durante un largo mes, fingiendo ser quién no era, luchando contra sus propios instintos que la empujaban a blandir su espada y atravesar su pecho, sin pensar, sin vacilar, simplemente cumpliendo órdenes de aquella que le pagaría su peso en oro al recibir la cabeza de la elfa.

Entró en la habitación con sus ojos claros brillando expectantes, por primera vez debía esperar para ejecutar un encargo y eso le daba una nueva perspectiva que no podía desaprovechar, planificar su golpe de gracia, el mismo que la llevaría a la cima, a convertirse en la mujer más importante de su raza, por detrás de la reina Nia, por supuesto…

La habitación que habían dispuesto para ella estaba situada en el corredor principal de la mansión, ambientada al este y demasiado grande para ella, que estaba acostumbrada a dormir sobre un montón de paja o la misma tierra húmeda en la intemperie.

Su mirada no mostró su emoción al constatar que en Polis no habían escatimado en detalles para su entera comodidad, creyendo firmemente que ella portaba sangre real. En el centro de la habitación se encontraba su lecho, el más grande que había visto en su vida, con el enorme dosel recogido, sábanas de seda y una ingente cantidad de cojines perfectamente alineados decorando el cabecero. Sobre la cama, su amiga Raven permanecía sentada con una sonrisa cargada de ilusión en el rostro al ver el cambio en su vida de la noche a la mañana y, frente al gran ventanal por donde se colaban los rayos de luna, Ontari permanecía de pie, pensativa y con la mirada perdida en los inmensos jardines que decoraban el lugar.

Suspiró, deseando con todas sus fuerzas deshacerse del pomposo vestido que portaba, manifestando su frustración al estirar del cuello del mismo con fuerza y poniendo una mueca de hastío, mientras sus compañeras de habitación reían sin disimulo. Finalmente cayó sentada sobre la cama, uniéndose a las risas de la guerrera y su amiga, aligerando un poco el ambiente mientras, entre las tres, conseguían deshacerse de ese incómodo ropaje, buscando como ahondar en el tema que realmente les concernía, la muerte de Lexa.

Fue Raven quien, tras unos instantes, rompió el silencio verbalizando la misma pregunta que había rondado su cabeza durante toda la tarde.

-Bueno Clarke ¿Cómo es ella? ¿Cómo es Lexa? Nosotras solo la vimos a lo lejos pero parecía… imponente.

-Es una niña con una corona que le viene demasiado grande. Es cierto que impone pero en el fondo está desesperada. ¿Por qué si no accedería a esta locura? Casarse con la hija de su peor enemiga en busca de paz…

-¿Crees que podrás con ella?- Esta vez fue Ontari la que rompió el silencio, sin apartar la mirada de la ventana. –Por lo que tengo entendido es letal, por muy joven que sea se ha entrenado toda la vida para matar.

-Exactamente igual que yo, no me preocupa su entrenamiento, me preocupa pasar a su lado un mes sin que descubra quién soy y qué pretendo.

Guardaron silencio una vez más, sintiendo la noche colándose por la ventana y el cansancio del largo viaje en sus huesos. Hablaron, teorizando y planificando su golpe de gracia hasta que, entrada la madrugada, no quedaron fuerzas y las tres cayeron rendidas. Al día siguiente ya sería otro día.

CL

Golpes, tres golpes secos en la puerta, llegaron a ella a través de la bruma del sueño, abriendo los ojos con dificultad para ver que, a duras penas, el sol empezaba a aparecer, el alba.

Notó como Ontari se levantaba entre maldiciones para mirar quién osaba golpear a su puerta tan temprano, apenas había dormido unas horas.

De pronto cayó en la cuenta de un detalle que había pasado por alto, Lexa le dijo que iría a buscarla al alba… demasiado literal, no podía creer que la reina quisiera pasear tan temprano.

Sus peores sospechas se confirmaron cuando Ontari, con cara de pocos amigos, la zarandeó sin consideración anunciándole que la reina elfa estaba en la puerta esperando por ella.

Entre mil maldiciones, por parte de las tres ya que raven se había despertado con el revuelo en la habitación, consiguió meterse en ese estúpido vestido y arreglarse en tiempo récord, lo que no logró fue cambiar su cara cargada de sueño.

Salió de la habitación, sin fijarse en la belleza de Lexa, no estaba de humor para un debate interno y sus pensamientos estaban cargados de espadas cortando la cabeza de la elfa que había osado sacarla de la cama a esas horas intempestivas.

No podía centrarse en su voz, dulce y melodiosa, contándole historias de los elfos o prometiéndole privilegios en su reino, tenía demasiado sueño, se sentía agotada y cada palabra de la reina le resultaba soporífera y sin sentido, era demasiado aburrida.

Monosílabos fue lo único que pudo contestar mientras debatía internamente cuánto aguantaría compartiendo su tiempo con esa mujer cuando un niño demasiado nervioso y muy gracioso les anunció el desayuno. En ese momento decidió que adoraba los niños, salvada por esos adorables nervios, podía largarse y dejar a la elfa con sus palabras insulsas atrás.

El resto del día pasó sin incidentes, la mayor parte del tiempo lo pasó encerrada en la habitación evitando a Lexa pues si había algo que odiaba es que la despertaran y no podía detener su lengua mordaz. Seguramente, más espabilada, sus palabras se volverían hirientes y mandaría al traste toda la misión.

Raven permaneció a su lado la mayor parte del tiempo mientras Ontari se encontraba desaparecida, explorando los alrededores de la mansión. Su amiga resoplaba cada cinco minutos, también completamente enfadada ya que apreciaba sus horas de sueño casi tanto como el plato bien lleno de comida, igual que ella, la morena había escrito el nombre de Lexa en su lista de personajes odiados, había osado sacarlas de la cama antes del amanecer ¿Quién hacía algo así? Un ser despreciable, seguro.

Durante la cena, evitaron lanzar miradas asesinas hacia la reina elfa, sentada en la larga mesa del comedor en compañía de sus guardas, ajena a las ideas homicidas que Clarke y Raven tenían en mente. Sus bostezos eran evidentes y, incluso antes de servir el postre, se excusaron para escapar pues la cama las llamaba a gritos, aún arrastrando el cansancio del viaje a Polis y la demasiado corta noche anterior.

Entraron en la habitación como un vendaval, con la única idea de dejarse caer en la cama y caer desmayadas, pero no contaban con que Ontari las estaría esperando, con las cejas alzadas y murmurando un sencillo "blandas" como golpe directo al orgullo de ambas.

Suspiraron, otra noche que se les escaparía de las manos pues ya sabían que, entre planos, ideas y posibles ejecuciones, no podrían acostarse hasta entrada la madrugada.

Cuando por fin Ontari dio por finalizada la jornada y con Raven roncando desde hacía horas pues no había podido mantener los ojos abiertos, Clarke por fin se acostó con un enorme suspiro de satisfacción, rogando a todos los dioses que Lexa no pretendiese pasear al alba una vez más pues no lo soportaría.

CL

Golpes, más golpes en la puerta, debía ser un sueño y si no lo era, fuese quien fuese, podía esperar pues aun no había amanecido. Las tres estaban rendidas de cansancio y ninguna osó levantarse a abrir la puerta a pesar de que los golpes se hicieron cada vez más y más insistentes.

Si no abrían, fuese quién fuese, se marcharía y las dejaría descansar unas horas… Siguieron durmiendo sin prestar atención hasta que la puerta de la habitación se abrió de forma estrepitosa y alguien entró como un huracán. Con un grito, fruto de la impresión, Clarke se levanto de un salto solo para ver, estupefacta, como un cojín salía volando desde donde Raven dormía y se estrellaba en la cara de una sorprendida Lexa, parada como una estatua en medio de la habitación.

El silencio bailó en la estancia, roto únicamente por Raven que, medio dormida, no dejaba de murmurar

-Por los dioses que mujer más odiosa, ni siquiera ha amanecido…

Sus ojos azules se clavaron en el estoico rostro de la reina, sonriendo divertida y aguantando las risas al ver el ligero rubor que empañaba sus mejillas mientras intentaba reprimirse. Finalmente, Lexa aclaró su garganta y la miró con una intensidad que se alojó en su estómago.

-Princesa, veo que olvidasteis que vendría a recogeros, siento haber molestado, os espero fuera para nuestro paseo.

Sin más, hizo una pequeña reverencia y salió a grandes zancadas de la habitación, cerrando la puerta con un portazo y alejándose de las carcajadas divertidas que las humanas ya no eran capaces de retener.