Hola! ¿Qué tal?
Lo primero, mis disculpas por haber tardado tanto pero de verdad que no he podido escribir nada hasta hace un par de días. Al día siguiente de subir el capítulo anterior mi ordenador hizo pop cual palomita y tuve que esperar a que mis padres compraran uno nuevo (¡ha llegado mucho anted de lo que pensaba!), pero lo importante es que aquí traigo un nuevo cap, recién salido XD
No hay mucho más que decir...¡Ah! Los reviews los contestaré mañana porque ahora mismo estoy muy, muy, muy cansada, no sé por qué (¿depresión post-vacacional?) pero lo estoy, aún así, ya saben que lo valoro mucho yestoy muy agradecida.
Sin más que añadir, os dejo con el capítulo. Enjoy!
-La profesora Umbridge leyó tu correo, no hay otra explicación.
-¿Crees que fue ella quien atacó a Hedwig?-preguntó Harry.
-No hay otra explicación para que supiera que Hocicos iba a hablar con nosotros y en donde-contestó Hermione con gravedad.
-¿De qué estáis hablando?-preguntó Albus, interesado ya que no había hablado con su padre sobre lo que había pasado el día anterior.
-¡Oh, se me olvidó contarte!-exclamó Harry-. Hedwig traía una carta de Hocicos el día que la hirieron que decía...
-Sí, ya sé todo eso pero ¿qué pasó con Hocicos?-interrumpió Albus. Harry, Ron y Hermione le miraron sorprendidos.
-¿Cómo te enteraste?-preguntaron al unísono.
-Luego os lo digo, ahora contadme lo de Hocicos.
Harry miró al rededor antes de empezar a hablar, estaban en Encantamientos, la mejor clase si querías contar cosas secretas a tus amigos ya que normalmente había tanto barullo que estabas a salvo de oídos indiscretos. Ese día en concreto, estaban practicando el encantamiento silenciador, era muy difícil que los oyeran entre los gritos de los demás chicos, los graznidos de los cuervos y el croar de las ranas, los animales con los que estaban practicando, y el sonido de la lluvia que caía sobre los cristales. En ese momento, su rana estaba intentando su décima fuga y la intentó atraer con un encantamiento convocador pero le salió mal y chocó contra la cara de Harry. Ron, Hermione y él rieron a carcajadas y Harry les lanzó una mirada airada.
-Pues ya no te lo cuento-dijo y Albus rió aún más, ¿de dónde había salido esa actitud tan infantil?
-Está bien, Ron cuéntamelo-dijo con una sonrisa socarrona y Ron y Hermione volvieron a reír.
-Estábamos hablando con Hocicos en la sala común...¿sabes de qué hablábamos?-preguntó Ron antes de continuar y Albus asintió, impaciente-. Bien, pues eso, estábamos hablando cuando, de pronto, apareció una mano en la chimenea que intentó agarrarle del pelo y estamos seguros de que era la mano de Umbridge.
-¿Por eso gritaste, Hermione?-preguntó.
-Entonces nos estabas escuchando, ¿no?-intervino Harry sin dejar contestar a la muchacha.
-Sinceramente, deberíais tener más cuidado cuando habláis por los pasillos-fue todo lo que dijo pero los otros tres sabían perfectamente a qué día en concreto se refería-. Empecé a sospechar con lo de Filch y su soplo de que ibas a encargar bombas fétidas.
-Sí, yo también-dijo Hermione-. Como dijiste ese día, sería una broma muy mala y estúpida ya que se habría sabido que Harry no estaba encargando nada si Filch hubiese leído su carta pero ¿y si lo que quería era precisamente eso?
-Exacto, habría sido una tontería si no fuese ese el motivo del soplo-siguió Albus-. Seguramente Umbridge le dijo a Filch que revisara tu correo con esa tonta escusa, y ya sabemos que Filch no es precisamente un defensor de los derechos de los alumnos.
-Y además, idolatra a la mujer, haría cualquier cosa que le pidiera-añadió por último Hermione.
Harry y Ron habían estado en completo silencio dirigiendo su mirada de uno a otro según hablaran y ambos parecían realmente impresionados.
-¿Qué pasa?-preguntó, sin poder aguantarse la curiosidad.
-Es que...¿cómo has conseguido seguirle el ritmo a Hermione?-preguntó Ron.
Albus le miró confuso y no supo qué contestar, ¿qué respuesta había para esa pregunta? Para él, una vez que sabía que Umbridge había interceptado a Hedwig, le parecía muy obvio que había sido ella quien mandó a Filch y las piezas claramente encajaban. Como no tenía respuesta se limitó a encogerse de hombros al tiempo que Hermione rodaba los ojos.
-Si lo piensas un poco, está todo muy claro-contestó ella mirando entre fastidiada y halagada a Ron.
-No, si entenderlo lo entendemos-dijo y Harry asintió-, pero es raro que alguien llegue a la misma conclusión que tú.
-¡No es tan difícil seguirme el ritmo!-exclamó Hermione.
-No hace falta que grites...
-¿Creéis que Hocicos volverá a intentar hablar con nosotros?-preguntó Harry para cortar la discusión antes de que empezase.
-No lo creo, Harry-contestó Hermione pero se la veía preocupada-. Anoche nos salvamos por los pelos y Hocicos lo sabe, si lo hubiese atrapado...
-...ahora ya estaría en Azkaban-terminó Harry por ella.
El profesor Flitwick se acercó a ellos en el momento en el que los cuatro se quedaron en silencio.
-¡Veamos cómo lo hacen!-exclamó con entusiasmo-. Señorita Granger...
Tras ver como Harry, Ron y Albus llevaban a cabo el encantamiento, a nadie le sorprendió que les mandaran practicarlo. Albus se sentía identificado con Seamus en esa clase, ambos solían hacer explotar las cosas cuando llevaban a cabo algún encantamiento y tras casi hacer explotar a su cuervo, Albus y Seamus intercambiaron una sonrisa de comprensión.
Durante el recreo les dejaron quedarse dentro porque llovía. Los cuatro encontraron sitio en un rincón de una clase en desuso del primer piso. Los alumnos gritaban y reían en grupos diseminados por el aula o los pasillos y Peeves flotaba sobre las cabeza de todos lanzando enormes burbujas de tinta a unos niños de primero que corrieron despavoridos.
-¡Harry, Ron!-exclamó una voz a sus espaldas-. ¡Tengo el permiso! ¡Podemos jugar!-Angelina iba hacia ellos esquivando grupos de estudiantes y sonriendo encantada.
-¿Cómo lo conseguiste?-preguntó Ron cuando la chica llegó hasta ellos.
-Hablé con McGonagall y supongo que ella hablaría con Dumbledore y al final Umbridge ha tenido que ceder, ¿no es genial?-Angelina se veía radiante de alegría pero añadió en tono serio-. Os quiero a los dos en el campo de quiddicht esta tarde a las siete en punto, sólo faltan tres semanas para el primer partido-dicho esto se dio la vuelta y se fue esquivando a Peeves. Albus miró a Harry y vio que su mirada, al igual que la de Ron, se dirigía a la ventana donde gruesas gotas de lluvia chocaban contra el cristal.
-Espero que deje de llover-dijo Ron que sonaba abatido.
-¿Qué pasa Hermione?-preguntó Albus.
Hermione, que hasta ese momento había estado mirando por la ventana muy pensativa y con el entrecejo fruncido, le miró un tanto desconcertada como si se hubiese olvidado que estaban allí pero sólo fue un segundo y, con cautela, dijo:
-Estaba pensando...en que quizá no sea una buena idea-contestó ella en un murmullo.
-¿El quiddicht?-preguntó Harry pero Albus sabía que no se refería a eso.
-No, lo del grupo de Defensa
-¡Pero si fue idea tuya!-exclamó Ron.
-Lo sé pero después de la conversación con Hocicos ya no estoy tan segura de ello-dijo.
-Pero Hocicos nos apoya, ¿no?-dijo Albus mirando a Harry buscando su confirmación, este asintió.
-Por eso mismo, ¿no creéis que desde que está encerrado en Grimmauld Place se ha vuelto algo imprudente?¿qué vive a través de nosotros?-preguntó con cautela.
Ron y Harry la miraron un momento y luego Ron dijo:
-Hocicos tiene razón, hablas igual que mi madre-Harry asintió de acuerdo pero Albus prefirió no intervenir ya que él estaba de acuerdo con Hermione pero no quería pelear de nuevo con su padre. En ese momento, el timbre sonó y los cuatro recogieron su mochila y se fueron a clase.
oOo
Después de las clases, Albus se fue a la biblioteca a terminar su redacción de Encantamientos, ya ni se acordaba de cuantas le habían mandado en lo que llevaban de curso pero es que se le hacía tan difícil y encima ese año tenía los TIMOS, aún no le había dicho a Hermione que le ayudase y mientras sacaba los pergaminos, pensó que no podía pasar de esa noche. Abrió el libro de Encantamientos y se puso a escribir, llevaba quince minutos concentrado en la tarea cando una figura se paró frente a él, levantó la cabeza para ver quién le estaba tapando la luz. Los ojos grises y maliciosos de Draco Malfoy le miraban desde arriba.
-¿Quieres algo?-preguntó intentando que su voz trasmitiese todo el resentimiento posible.
-Quería hablar contigo, Jones-su voz tenía un deje de superioridad que sacó de quicio a Albus-. Bueno, mejor dicho, quería advertirte.
-¿Ah, sí?-Albus consiguió parecer indiferente a pesar de que su sangre hervía.
-Sí, Jones. Verás, no he podido evitar darme cuenta que has sido aceptado en el club de los idiotas con suerte y te advierto que si no quieres morir-su voz pronunció con deleite la última palabra-deberías alejarte de ellos.
Albus hacía rato que se había levantado y ahora ambos estaban a la misma altura, aunque Albus le miraba con un odio y un enfado que nunca había sentido, Malfoy no retrocedió, parecía sentirse bastante seguro en la biblioteca pero él estaba dispuesto a esperar y en su cabeza ya empezaba a maquinar la que sería su primera broma en meses. Una sonrisa burlona se extendió por su rostro y Malfoy le miró confuso.
-Espera y verás, Malfoy-inconscientemente, Albus se había acercado más a Malfoy y ahora estaban casi pegados pero, preocupado por no poder contener sus puños que le gritaban que le dejase la cara del otro lado, se volvió a sentar y retomó su redacción. Cuando creía que se había librado de Malfoy, al menos por el momento, una gran mancha de tinta se extendió por su redacción casi terminada. Malfoy había vaciado un tintero entero sobre ella y Albus olvidó completamente sus maquinaciones, se levantó y le pegó un puñetazo borrándole la sonrisa de la cara, este contraataco con otro que Albus pudo esquivar, de pronto ambos fueron levantados por los aires y vieron a la bibliotecaria que agitó su varita, fueron lanzados fuera de la biblioteca, las cosas de Albus se guardaron solas en la mochila y esta fue lanzada tras su dueño. En el pasillo, ambos se miraron un momento antes de volver a enzarzarse en una pelea. Malfoy fue el primero en verla y se ganó un puñetazo por ello.
-¿¡Qué está pasando aquí!?-exclamó una voz chillona e infantil a su espalda y Albus cerró un momento los ojos antes de darse la vuelta, resignado.
-Él me ha atacado, profesora-Malfoy se adelantó a él, Albus sabía que no iba a poder rebatirlo ya que seguramente la mitad de la biblioteca lo habría visto.
-Sí, pero él me ha provocado-intentó Albus aunque sabía que era inútil.
-Está castigado, señor Jones, lo que queda de semana-dijo la profesora con deleite sin hacerle caso-, le espero a las ocho en mi despacho. Señor Malfoy, vaya a la enfermería a que le miren esos golpes.
Malfoy le dedicó una sonrisa socarrona antes de irse con pasos triunfantes, claramente satisfecho. Albus recogió sus cosas y se fue a su sala común una vez que Umbridge terminó su regañina, de la cual no había escuchado ni una palabra.
Al llegar a la sala común se encontró con Hermione que le echó una mala mirada y, una vez más, le soltó un largo discurso sobre la responsabilidad, sobre no llamar la atención ni meterse en líos, Albus estaba acostumbrado a todo eso y ya había adquirido una gran práctica en desconectar del mundo entero. Poco después, Hermione anunció que se iba a la cama, a Albus le pareció un poco pronto pero cuando le preguntó la chica sólo dijo que estaba muy cansada, Albus supuso que seguiría dándole vueltas a lo del grupo de Defensa. A las ocho menos cuarto, salió de la sala común en dirección al despacho de la profesora Umbridge, los pasillos estaban muy silenciosos, Albus lamentó no poder estar en la cena junto al resto de sus compañeros y dedicaba su vocabulario más selecto e imaginativo para calificar a la profesora que le privaba de la cena. Albus no había estado antes en el despacho de un profesor que no fuese Slughorn, jefe de su casa, o el de la directora.
Sin embargo, estaba seguro de que nada le hubiese preparado para lo que encontró en el despacho de esa mujer. El rosa era el color predominante, los cojines de las butacas estaban cubiertos por fundas rosas y cada superficie tenía un tapete rosa y un jarro con flores secas sobre él, en la pared por detrás de la profesora, un montón de gatitos de repugnante monería, retozaban en una colección de platos decorativos, Albus sintió como esa sensación de asco que le invadía cada vez que estaba con la profesora se multiplicaba y crecía cada vez que dirigía su vista a cualquier parte de ese horrible lugar.
-Buenas noches, señor Jones-le saludó la mujer con una sonrisa que pretendía ser dulce pero que dejaba traslucir un deje satisfecho. Albus recordó las cicatrices de su padre y llegó a la conclusión de que a esa mujer le gustaba torturar más de lo recomendado.
-Buenas noches-contestó con toda la cortesía que fue capaz de reunir.
-Siéntese, por favor, saque un pergamino-indicó-, va a escribir algunas líneas.
Albus sacó un trozo de pergamino, un tintero y una pluma con la vana esperanza de que a él no le odiase tanto como a Harry, pero al ver como la mujer negaba con la cabeza comprendió que no iba a tener un trato distinto que él.
-Con su pluma no, tengo yo una especial-la satisfacción en su voz fue completamente clara esta vez, mientras le entregaba una pluma negra y afilada-, y guarde la tinta, no va a necesitarla.
-¿Qué copio...profesora?
-No debo pelear como un muggle
-¿Entonces puedo pelear como un mago?-aunque lo intentó, el impulso fue superior a sus fuerzas.
-Parece que va a haber que añadir una semana más a su castigo-Albus se quedó en silencio.
Decidido a no dejar escapar ni un quejido, agarró firmemente la pluma y comenzó a escribir. Sintió el dolor en cuanto escribió la primera letra pero, preparado como estaba, apretó la mandíbula firmemente y no dijo nada, podía sentir la mirada de Umbridge sobre él y no pensaba darle la satisfacción de escucharle quejarse, así que siguió escribiendo a pesar del dolor.
Evitando pensar en el dolor que le producía el rasgueo de la pluma en el pergamino, quiso imaginarse qué estaría pasando con sus familia, ¿estarían tristes o no se habrían siquiera preocupado de él? Recordó las palabras de Harry el día en que le había pedido perdón, dijo que nunca se había imaginado que sobreviviría a esa guerra, desde ese día Albus había pensado mucho en esas palabras. Antes de llegar a ese tiempo Albus siempre había pensado que fue el deber de su padre salvar a todo el mundo mágico, derrotar a Voldemort, ya que, si él era el único que podía derrotarlo ¿no habría sido injusto abandonar?¿no habría sido injusto que tantas personas muriesen por su cobardía? Antes de llegar allí habría dicho que si hubiese tenido que morir era su deber hacerlo pero estando en ese año, viendo como todo el mundo le daba la espalda, como murmuraban a sus espaldas y le llamaban loco pensó que lo injusto era que Harry se tuviese que sacrificar por todas esas personas, era injusto que por un loco se hubiese perdido tantas cosas...Tras darse cuenta de lo equivocado que había estado con respecto a su padre, estaba seguro de que, pasase lo que pasase en su tiempo, su familia estaría preocupada. Pero aún había otras cosas en las que pensar, ¿cómo había llegado hasta ese lugar?¿qué era aquella luz deslumbrante?¿tenía algún tipo de misión que cumplir? Entonces, una idea se le pasó por la cabeza ¿y si su misión era salvar a todos aquellos que habían muerto? Al fin y al cabo, ¿no tenía en sus manos las vidas de cientos de personas? Pero las dudas le carcomían pues si estaba equivocado cambiaría todo su futuro y quizá lo perdería todo pero ¿y si resultaba que no estaba equivocado? Pronto el dolor de cabeza y el dolor de la mano comenzaron una batalla para ver cuál era capaz de causar más daño y Albus supo que no podría aguantarlo por mucho más tiempo por suerte para él, la profesora pareció considerar que había sido suficiente y le dejo marchar con un dulce y repulsivo Buenas noches
Fue andando más despacio de lo que haría normalmente pero es que, en ese momento, no le apetecía estar con nadie. En todos sus años en el colegio, nunca se había sentido tan cómodo con la soledad como en ese instante, siempre le había gustado la atención y la popularidad, estar rodeado de personas, riendo todo el rato, pero caminando en completo silencio por los pasillos pudo pensar con mayor claridad que nunca. Tras darle vueltas a sus preguntas una vez más, llegó a la conclusión de que debía mantener una charla con Dumbledore y exponerle todas sus dudas, si era cierto lo que su padre siempre decía, podía confiar en el criterio del anciano. Un poco más tranquilo, recorrió lo que le quedaba hasta llegar hasta el retrato de la Señora Gorda y pasó por el hueco. Había esperado encontrarse con la sala vacía así que pegó un bote, que le hizo elevarse al menos a un metro del suelo, cuando vio una figura echada sobre una de las mesas. Harry, estaba completamente dormido con la cabeza apoyada sobre los brazos cruzados, las gafas se le habían torcido y el flequillo le caía sobre la frente tapándole la cicatriz. Albus le observó un momento, no recordaba haberle visto nunca dormido. Tal como estaba, parecía un chico como cualquier otro, sin más preocupaciones que entregar los deberes a tiempo y aprobar los exámenes. Entonces, Harry se agitó en sueños, Albus estaba tan sorprendido que no pudo moverse, aunque no parecía estar sufriendo, su cuerpo se retorcía de manera extraña, alargó la mano hacia algo invisible murmurando palabras incomprensibles mientras sus dedos se abrían y cerraban intentando agarrar algo donde solo había aire. Recuperado de su sorpresa, se acercó a él dispuesto a despertarle, cuando un fuerte crac resonó en toda la sala e hizo que ambos pegaran un bote. Harry, algo confundido, fijó su vista en él mientras se enderezaba las gafas y después la dirigió al ser que acababa de aparecer. Albus había estado muchas veces en las cocinas y sabía perfectamente qué aspecto tenían los elfos domésticos pero nunca antes había visto uno tan extravagante como aquél. Sus grandes y puntiagudas orejas sobresalían por debajo de una especie de gorros de lana que Albus sospechó que eran los que había tejido Hermione y, posada en la borla del último gorro, estaba Hedwig claramente recuperada.
-¡Dobby tiene su lechuza, Harry Potter!-la voz chillona del elfo se le metió por los oídos y reavivó su dolor de cabeza.
Harry pareció desconcertado por un momento hasta que fijó su vista en la lechuza que agitó las alas y voló hasta posarse en el hombro del chico. Harry la acarició con un dedo, la lechuza ululó brevemente y salió volando hasta perderse en las escaleras, seguramente buscando el asilo de la habitación de los chicos.
-Dobby se prestó voluntario para devolver la lechuza, señor-la adoración del elfo estaba patente en cada palabra-. La profesora Grubbly-Plank opina que está muy bien, Harry Potter.
El fervor del elfo hizo que sintiera una punzada en el cráneo pero mantuvo su concentración en la conversación, le sonaba muchísimo el nombre de Dobby pero no era capaz de situarlo, ¿qué relación tenía con Harry?
-¡Muchas gracias, Dobby!-exclamó Harry encantado.
-Para Dobby ha sido un placer servir a Harry Potter-casi parecía que el elfo iba a desmayarse de cuan extasiado estaba-¿Tenía pesadillas, señor?
-No, al menos no exactamente pero tampoco era un sueño agradable-Albus cruzó una mirada con su padre pero Harry no se la mantuvo más de unos pocos segundos.
El elfo, que acababa de darse cuenta de que Albus estaba ahí, hizo una reverencia ante Albus a la que el chico respondió con una sonrisa.
-Hola, yo soy Alexander Jones, encantado de conocerte, Dobby-se presentó Albus extendiendo su mano para estrechar la del elfo.
Dobby abrió los ojos hasta que tomaron el tamaño de platos pequeños, jadeó un momento y luego se desmayó. Albus, horrorizado por lo que acababa de hacer, se apresuró a recoger al elfo del suelo y lo colocó en el sofá frente a la chimenea. ¿¡Qué demonios le había pasado al elfo!? Se giró para mirar a Harry que le observaba con una ancha sonrisa, ¿no estaba preocupado?
-Tranquilo, se recuperará-dijo sin hacer caso a la mueca de asombro de su hijo.
-Pero...¿qué he hecho?-preguntó en un murmullo.
-Supongo que la sorpresa habrá podido con él-contestó-. No está acostumbrado a que le traten con amabilidad-añadió amargamente al percatarse de la confusión de Albus.
-¿Se ha desmayado porque quise estrechar su mano?-preguntó, sorprendido. Harry asintió y le dedicó una mirada orgullosa, parecía contento por el simple hecho de que Albus hubiese sido amable con el elfo.
Se quedaron en silencio esperando a que Dobby despertara. Albus le daba vueltas a la cabeza, intentando ubicar al elfo en sus recuerdos, la cuestión es que su nombre le sonaba muchísimo pero no recordaba haberlo visto nunca, ¿quizá cuando era más pequeño? Pensó y pensó hasta que el dolor de cabeza se multiplicó por cuatro, necesitaba una poción contra el dolor con urgencia. Cansado de darle vueltas a lo mismo, decidió que lo mejor era preguntar.
-Papá, ¿de qué conoces a Dobby?-estaban solos así que no había problema con llamarle papá.
-Lo conocí en segundo, se pasó un año intentando que dejase la escuela-contestó.
-¿Por qué?-preguntó Albus.
-Quería protegerme del...
-...del basilisco-terminó Albus en un murmullo.
Harry le miró un momento y luego se encogió de hombros, dispuesto a seguir con su historia.
-Era el elfo doméstico de los Malfoy, le maltrataban-dijo, con amargura-. Yo le liberé, bueno, engañe a Lucius Malfoy para que le liberara. Desde entonces, la admiración de Dobby por mi persona ha crecido hasta límites insospechados-añadió sonriendo, entre divertido y fastidiado.
¿El elfo fue liberado gracias a Harry?¿Sus amos habían sido los Malfoy? Entonces Dobby era claramente un elfo libre (aunque ya lo había supuesto dada la cantidad de prendas de ropa que llevaba), libre...libre...Albus le dio vueltas a esa palabra, Dobby un elfo libre. Entonces una frase le vino a la cabeza, una frase escrita burdamente en una piedra, al lado de un montículo de tierra rodeado de flores: Aquí yace Dobby, un elfo libre. Estuvo seguro de que una bombilla acababa de encenderse sobre su cabeza. Ese era el elfo cuya tumba había visto tantas veces cuando iba a casa de sus tíos, aquél del que sus padres, sus tíos Ron y Hermione, Luna y otros muchos hablaban con admiración y tristeza. Dobby, cuyo cuerpo estaba acurrucado en el sofá frente a él, iba a morir en apenas dos años. ¿Cuántas vidas más podían pesar sobre sus hombros hasta que colapsara? Ese pobre elfo no merecía morir, él no tenía nada que ver en esa guerra estúpida, él no hacía daño a nadie. Harry se dio cuenta de la turbación de Albus pero antes de que pudiese preguntar nada Dobby comenzó a moverse hasta quedarse completamente sentado en el sofá. Su pequeño cuerpo no ocupaba ni un asiento y sus piececitos a penas sobresalían por fuera del borde. Parecía un muñeco muy viejo.
-¿Estás bien?-preguntó Albus con cautela, olvidando todo lo referente a su muerte.
Las orejas de Dobby se movieron hacia delante y hacia atrás al asentir y los gorros oscilaron un poco con el movimiento. Sus ojos como pelotas de tenis le miraban con respeto y admiración aunque no tanto como cuando miraba a Harry.
-Nunca antes...Dobby nunca había conocido a alguien dispuesto a estrechar su mano-dijo con voz chillona-. Sólo un mago había tratado a Dobby como un igual antes...-sus grandes ojos se dirigieron a Harry y por un momento pareció que el elfo había llegado a algún tipo de conclusión pero no dijo nada más.
-¡Dobby!-exclamó Harry de repente-. Dobby, ¿conoces algún sitio donde veintinueve personas puedan practicar Defensa Contra las Artes Oscuras sin ser descubiertos?
Albus supuso que el elfo se limitaría a negar con la cabeza diciendo que eso era imposible o, quizá, que intentaría encontrar algún lugar, por eso se llevó una gran sorpresa cuando Dobby pegó un saltito y exclamó muy contento:
-¡Desde luego, Harry Potter! Los elfos domésticos la llamamos Sala que Viene y Va o Sala de los Menesteres.
-¿Por qué la llamáis así?-preguntó Albus, interesado.
-Porque sólo se puede acceder a ella-explicó muy serio-si se tiene verdadera necesidad, Alexander Jones. La sala proveerá de todo lo necesario a quienes la ocupen y se mantendrá oculta si ese es su deseo.
-¡Es perfecta! ¿Puedes llevarnos ahora?-Albus sonrió cuando se dio cuenta de que su padre le estaba incluyendo en vez de dejarle atrás.
-Desde luego, Harry Potter.
Harry se levantó de la butaca de un salto y subió las escaleras como un rayo, seguramente iría a buscar la capa y el mapa. Una de las cosas que más había echado de menos había sido el Mapa del Merodeador y la Capa de Invisibilidad. Cuando James ingresó en Hogwarts, Harry le había dado la capa aunque el mapa no se lo dio hasta que Albus fue al colegio, desde entonces ambos hermanos se habían estado pasando las cosas según las necesitasen y después las compartieron con Lily. Esa había sido la norma de su padre, compartir. Desde que entró en Hogwarts, la capa y el mapa habían sido sus más fieles compañeros y se sentía de alguna manera desprotegido sin ellos. Su mente volvió al presente, cuando la voz de Dobby se hizo oír:
-¿Sabe, señor? Sólo un mago me había tratado con tanta amabilidad antes y Dobby estaba pensando que quizá podría tener relación con Harry Potter-pillado completamente por sorpresa, Albus no dijo nada lo que Dobby pareció tomar como una confirmación-. Tranquilo, señor. Dobby no dirá nada.
Harry se acercó a ellos resoplando, parecía muy animado y tenía una sonrisa de oreja a oreja. Sin decir nada, echó la capa sobre Albus y él mismo y tras activar el Mapa del Merodeador, caminaron detrás de Dobby. Subieron varios pisos hasta llegar al séptimo, allí se detuvieron al lado de un cuadro de un hombre y unos trols con tutú. Albus buscó una puerta o algo parecido pero la pared era completamente lisa. Vigilando el mapa, Harry los descubrió y miró a Dobby pidiendo indicaciones.
-Ahora, Harry Potter, debe dar tres vueltas frente a la pared formulando su deseo en su mente claramente.
Harry hizo lo que le dijo el elfo. A Albus le pareció una escena de lo más tonta ver como su padre andaba de un lado a otro pero para su sorpresa, según Harry andaba una puerta iba apareciendo en la pared como si alguna mano invisible la estuviera dibujando. Tras la tercera vuelta, la puerta de madera, alta y robusta, estaba completamente definida. Empujando con decisión, Albus entró en la sala y lo que vio le dejó con la boca abierta. Era, sin duda alguna, el sitio perfecto para practicar Defensa. La sala era muy espaciosa y confortable, en una mesa había todo tipo de cachivaches que Albus no pudo identificar y un reflector de enemigos, una de las paredes estaba completamente cubierta por estanterías llenas de libros con títulos tales como: Compendio de maldiciones básicas y cómo combatirlas...Cómo burlar las artes oscuras...Hechizos de autodefensa...y muchos otros, en vez de sillas había cojines y toda la estancia estaba iluminada por antorchas que arrancaban destellos de una especie de maniquíes metálicos que parecían usarse para practicar con ellos.
-¡Wuau!-exclamó, a falta de una palabra que pudiera definir aquél maravilloso lugar.
-Sí-dijo Harry como si entendiese perfectamente lo que sentía Albus-. ¡Es perfecto! ¡Muchas gracias, Dobby!
-Es un placer ayudar a Harry Potter y a Alexander Jones-dijo el elfo muy animado y, cuando Harry se dio la vuelta para analizar mejor los maniquíes, le guiñó un ojo a Albus.
oOo
Al día siguiente, Harry, Albus, Hermione y Ron, estaban comiendo en el Gran Comedor cuando Angelina se acercó a ellos para informarles de que había suspendido el entrenamiento debido al mal tiempo.
-Genial-comentó Harry en voz baja-, porque hemos encontrado un sitio perfecto para nuestra primera reunión. Hoy a las ocho en punto ve al séptimo piso, junto al tapiz de Barnabásel Chiflado, díselo también a Kate y a Alicia.
Angelina parecía un poco preocupada pero asintió y se fue con sus amigas de séptimo. Después de eso, Harry, Ron y Hermione volvieron a concentrarse en su comida sin prestar atención a nada más pero Albus estuvo atento a las veinticinco personas que habían ido a Cabeza de Puerco. Vio claramente como se iban moviendo de un lado a otro, comunicando la noticia de la primera reunión, ¡eran tan poco sutiles! Desvió la mirada a la mesa de profesores, Dumbledore y Umbridge hablaban muy cerca el uno del otro, la mujer parecía algo enfadada pero Dumbledore mantenía su imperturbable sonrisa, por un momento, la mirada de ambos se cruzó y el chico estuvo seguro de que la mirada del director había sido de diversión y...¿complicidad? ¿Se había dado cuenta el anciano profesor de lo que estaba pasando? Harry siempre decía que Dumbledore solía enterarse de todo lo que pasaba en el colegio así que seguramente esa no sería una excepción. Albus se encogió de hombros y terminó de comer. Ese día iba a necesitar fuerzas, su padre le daría una clase particular de Defensa Contra las Artes Oscuras.
Albus se preguntó si la noche anterior había tenido la misma cara que los veintisiete chicos que admiraban en ese momento la Sala de los Menesteres. Los alumnos se dividían en grupitos y admiraban todo lo que tenían a su alrededor. Hermione se había sentado con un libro en uno de los cojines, apenas un minuto después de haber entrado en la sala y leía muy concentrada. Cuando llevaban ya más de diez minutos, escuchó el carraspeo de Harry y todos se quedaron en silencio, mirándole atentamente. El chico se removió incómodo, tomó un respiro y comenzó a explicar qué era esa sala y cómo funcionaba, todos quedaron muy impresionados de que un lugar como ese existiese.
-¡Que guay!-exclamó Dean desde el fondo de la sala-.¡Oye, Harry! ¿Eso qué es?-preguntó indicando con el dedo el reflector de enemigos y los cachivaches que Albus no conocía.
-Son detectores de tenebrismo-explicó Harry que parecía más cómodo-, esto es un reflector de enemigos y estos de aquí son chivatoscopios, si algún enemigo se acercara a este lugar, sonaría para avisarnos. Bueno, he estado pensando por dónde podemos empezar y...-Hermione había levantado la mano y Harry la miraba un poco sorprendido, Albus supuso que el chico no esperaba que se comportara como en una clase normal-¿Sí, Hermione?
-Creo que necesitamos un líder...
-Harry es el líder-exclamó Cho Chang sonriendo a Harry.
Albus hizo como que vomitaba y Harry le lanzó una mala mirada antes de sonreír a Cho.
-Ya-dijo Hermione-, pero creo que deberíamos votar para hacerlo más oficial. ¿Quién quiere que Harry sea el líder?
Todos levantaron la mano, incluso Zacharias Smith aunque parecía un poco reticente y mantenía el brazo medio bajado.
-Además creo que deberíamos tener un nombre-añadió Hermione.
Durante unos minutos, la sala se quedó en silencio mientras todos pensaban. Al final, Angelina, algo sonrojada, dijo:
-Mmm...¿qué tal Equipo de Defensa?-propuso.
-O...Ejercito de Potter-dijo Cho con otra sonrisa dedicada a Harry.
-¡Ejército de Dumbledore!-exclamó Ginny-. Eso es lo que más teme el Ministerio, creo que es un buen nombre.
Albus miró a su madre y le sonrió, ella le sonrió de vuelta y ambos compartieron un momento de complicidad. Los demás proferían exclamaciones de admiración. El nombre fue completamente aceptado y, una vez que votaron, Hermione se apresuró a escribir el nombre en el pergamino que todos habían firmado en Hogsmade y lo colocó en una de las paredes, pegado mediante un hechizo.
-Bien, una vez decidido todo esto-dijo Harry-, creo que lo mejor para empezar será que practiquemos el hechizo Expeliarmus, es muy elemental pero puede llegar un momento en el que os salve la vida.
Se escuchó un bufido y todos miraron a Zacharias Smith que se había sonrojado, aún así no bajó la cabeza y miró a los demás con arrogancia.
-¿Algún problema?-preguntó Harry, amablemente.
-Es sólo que ese hechizo no nos va a ser de mucha ayuda en un duelo real, es demasiado básico-contestó Smith con bravuconería.
-El año pasado fue un Expeliarmus lo que me libró de morir frente a Voldemort. Nunca infravaloréis un hechizo por básico que sea-refutó Harry tranquilamente-, pero si tú no estás conforme y te crees perfectamente preparado en Defensa, puedes irte.
Smith no se movió pero miró a todos con resentimiento.
-Así pues, primero lo intentaréis contra mí y luego os colocaréis por parejas-siguió Harry como si no hubiese habido ninguna interrupción.
Una hora y media después, Albus volvía a la torre Gryffindor completamente seguro de que esa había sido su mejor clase de Defensa desde que estaba en Hogwarts.
Muchas gracias por leer!
Como siempre, acepto cualquier tipo de crítica (constructiva, a las críticas irrespetuosas no las hago ni caso), sugerencia, felicitación...cualquier cosa que querais decirme, ¿okis?
Un beso! Hasta el miércoles!
