Capítulo 6: Segundo Encuentro
POV Hermione
Sigue caminando por el bosque hasta llegar al lugar donde me había dejado mi padrino, claro, tropecé muchas veces, sentía mis rodillas adoloridas y las palmas de mis manos estaban rapadas, pero ya estoy acostumbrada a esto, caer, golpearme, levantarme, volver a caminar y volver a caer o tropezar con algo.
Pero no importa cuántas veces caiga, yo me tengo que levantar y aprender a valerme por mí misma para dejar de ser un estorbo para los demás y también para que la gente deje de sentir lastima por mí.
—¡Hermione! ¿Se puede saber dónde estabas? —reconocí la voz de mi padrino, parecía desesperado.
—Solo quise caminar un poco, no te preocupes no me paso nada —contesté.
—¿Qué no me preocupe? Te estuve buscando y no te encontré, y eso de que no te paso nada no lo creo, traes tu pantalón sucio, seguramente te caíste no sé cuántas veces y tus manos —sentí que me tomo de las muñecas—, están todas raspadas.
—No es nada —quise restarle importancia.
—Llamas a esto nada —dijo.
—Pero padrino…
—Vamos a casa —me tomo del brazo y me jalo hasta llegar a la casa.
—Te preparare el baño —dijo y se fue a mi cuarto de baño.
Al rato bajo mi padrino y me ayudo a subir las escaleras, entramos a mi habitación la cual tenía baño propio.
—La tina ya está llena con agua tibia y le puse jabón líquido rosas —entramos al baño—, aquí te dejo la bata de salida, está en junto a la tina —hizo que pusiera mi mano encima de la bata—. Bueno, ahora te dejo sola.
—Gracias padrino —le dije.
Sentí que cerraba la puerta y luego sentí sus pasos todavía dentro de mi habitación para luego salir de ella.
Me desvestí lentamente y de la misma manera me metí en la tina, me relaje completamente al sentir el agua tibia en mi piel, el agua olía a rosas gracias al jabón.
De pronto me vino a la cabeza un nombre 'Damien Black', ese chico fue amable conmigo y yo fui grosera con él, que vergüenza aunque me disculpe me gustaría volver hacerlo, no debí desquitar mi mal humor con él. Espero volverlo a ver —sonreí—, verlo eso nunca pasara, rectifico, espero volver escuchar su voz tan varonil, tan elegante, esa voz que me recordaba a alguien, pero todavía no sé a quién.
Me preguntó cómo será físicamente, será joven o un poco mayor, pero su voz me decía que era un hombre joven, espero no equivocarme.
Luego de unos minutos salí de la tina y tanteé hasta encontrar la bata, me la puse, y después de casi toda una eternidad, logre encontrar mi pijama y ponérmela, y como me sentía cansada decidí dormir un poco hasta que sea la hora de la cena.
—Hermione, Hermione… ¡Hermione! —escuché que me llamaban a la vez que me sacudían levemente.
—Uhm… ¿padrino? —dije confusa.
—Sí, soy yo, solo quería decirte que ya es hora de cenar —asentí—, te ayudare a bajar.
—No, yo puedo solo no te preocupes —dije.
—Puedes tropezar con algún escalón y caer —soy una inútil, me repetía—, anda, déjame ayudarte, por lo menos hasta que conozcas bien toda la casa.
—Está bien —contesté resignada.
La cena fue un desastre, sí, un verdadero desastre, se me cayó no sé cuántas veces el cubierto, tire en dos oportunidades el vaso con agua, y en la segunda vez el agua cayó en las piernas de mi padrino, le pedí disculpas, y él dijo que no había problema, pero yo estaba muy avergonzada que hasta el apetito se me quito.
Mi primer día en Montana fue bueno y malo a la vez, bueno porque sin esperarlo conocí a Damien Black, y malo porque creo que no podre acostumbrarme a mi realidad por más que quiera, soy torpe e inútil, siempre viviré en medio de esta oscuridad eterna y así me la pasare el resto de mi vida. En un mundo sin luz.
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Ya llevo dos semanas viviendo con mi padrino, dos semanas en que las pesadillas no me dejan ni una sola noche, dos semanas lejos de mis padres, a los cuales extraño mucho, pero tenía que poner un poco de distancia entre nosotros porque si no me iban a volver loca queriendo que vayan a muchas clínicas.
Pero bueno estas dos últimas semanas me la he pasado leyendo libros en braille, me cuesta mucho trabajo esta nueva forma de lectura, pero tengo que aprender, antes cuando podía ver, leía muchos libros en un solo día, ahora no puedo ni siquiera terminar de leer uno al día. Espero que cuando ya domine esta nueva forma de lectura pueda leer por lo menos un libro al día.
Y desde ese día en que mi padrino me llevo al bosque y yo me adentré más en él, no he vuelto a ir, solo salgo a sentarme en el jardín de la casa a llenar mis pulmones de ese aire limpio de Montana. Quiero volver al bosque, pero mi padrino dice que es muy peligroso, tal vez tenga razón, ese día tuve mucha suerte en encontrarme con ese amable chico, no quiero ni pensar si en vez de conocer a Damien me hubiera encontrado con algún psicópata, se me pone la carne de gallina de solo imaginar que me pudo haber pasado algo malo.
Debo de reconocer que no solo quiero ir a bosque para caminar, sino porque creo que puedo volver a encontrar con Damien, tengo ganas de platicar con él, quisiera poder conocerlo más. Quizás y nos hacemos buenos amigos, así como fuimos muy amigos con Harry y Ron, ¿Qué será de ellos? ¿Estarán bien?, espero que sí, se por mis papás, que no dejan de llegar cartas de ellos preguntando por mí, pero yo todavía no tengo ánimos para contestar sus cartas, además no podría escribir ni una sola palabra, tendría que decirle a alguien que me ayude a escribir por mí, pero si hago eso, ellos se darían cuenta de que me pasa algo, y entonces los tendría aquí en un abrir y cerrar de ojos, y lo que es peor no soportaría la lastima de ellos.
Y sobre mis otros amigos, Mike White y Ariane Willson, todavía no han podido venir a visitarme porque están muy ocupados con eso de su boda, me imagino lo que es eso, porque yo lo viví, es muy cansado, se tiene que revisar cada detalle para que todo salga bien, pero según me dijo mi padrino, este fin de semana ellos me vendrían a visitar, y estoy muy emocionada por eso, tenemos tantas cosas que contarnos.
Suspiré.
Qué hora serian, por lo menos las 10 de mañana, tal vez, me siento muy aburrida ahora que ni siquiera está mi padrino para platicar, aún está en su trabajo.
—Ya no puedo más este aburrimiento me está matando —grité.
Entonces se me vino una idea a la cabeza, iría al bosque solo un momento y cuando llegue mi padrino yo ya estaré en casa como todos los días y él no sospechara nada.
Camine hacia la puerta, no sin antes golpearme con la mesita de centro de la sala, como siempre. Cuando ya estaba cerca de la puerta tome el pomo y la abrí, apenas puse un pie fuera de la casa, sentí el aire combinado con el olor de las rosas del jardín.
Camine despacio hacia el bosque sosteniéndome de cada árbol, espero no perderme, camine mucho, y también caí muchas veces, tantas que sentía las palmas de mis manos arder, mis piernas estaban adoloridas. Tanteando llegue a sentarme en el pasto recargando mi espalda en un árbol. Cerré los ojos y respiré el aire limpio, pero luego percibí el aire combinado con el olor de un perfume caro de hombre.
Merlín, ojala y no sea nadie peligroso —pensé.
—Otra vez te encuentro, y para variar sola —dijo una voz varonil.
—¿Damien? —pregunté dudosa.
—Ah… sí, soy yo —me aseguró—, que haces sola aquí, puede ser peligroso.
—… estaba aburrida en la casa, así que… se me ocurrió venir aquí —contesté.
Él se sentó junto a mí, y de pronto él tomo mis manos, y sentí una extraña electricidad recorrer todo mi cuerpo al sentir su contacto con mi piel.
—¿Qué haces? —le pregunté.
—Tienes las manos lastimadas —me dijo.
—Sí, tropecé algunas veces hasta llegar acá —jale mis manos para que me soltará.
—Hablas como si no te importara lastimarte.
—Ya estoy acostumbrada, además ya sanaran los raspones.
—Desde cuando eres tan conformista, desde cuando dejaste de sentir amor propio por ti —su tono de voz me hacía darme cuenta de que estaba enojado.
Eso hizo que yo también me enojara.
—Desde que me quede ciega —le grité—, desde ese día que desperté en la clínica y abrí mis ojos y todo era negro, desde el día que él me dejo por estar así, desde ese día yo siento que nada tienes sentido, además porque hablas como si me conocieras —seguí gritando—. Tú no me conoces —susurré y las lágrimas de rabia y dolor salían de mis ojos sin control.
—Lo siento —dijo, su voz ahora estaba calmada—, no quise decir lo que te dije —empezó a secar mis lágrimas con un pañuelo.
—Ya me voy —me separé de él—, adiós Damien.
—No, espera, esta vez me dejaras acompañarte a tu casa —pidió.
—No, yo puedo ir sola.
—No seas terca —dijo tomándome del brazo—. Además al parecer viniste sola, esta vez tu padrino no te está esperando.
Negué con la cabeza.
—Entonces, no hay nada más que discutir, te acompañare a tu casa.
—Quiero estar sola —le dije, tratando de soltarme de su agarre.
—No me importa —dijo y parecía que arrastrabas las palabras al hablar—. Te acompañare.
—Tengo opción —dije.
—No.
No dije una ni una sola palabra en todo el camino y él tampoco trato de hablarme, solo me tenía muy bien agarrada del brazo, como si temiera que fuera a salir corriendo, y aunque lo hubiera querido, no hubiera llegado muy lejos sin tropezarme con alguna piedra o alguna raíz de árbol sobresaliente.
—¿Tu casa es de dos pisos y está pintada de blanco? —preguntó.
—Sí —susurré—, gracias —dije tratando de alejarlo.
Al parecer el descubrió mis intenciones porque dijo:
—No me moveré de aquí hasta verte entrar a la casa.
—No tengo la llave, pero tocaré.
Al rato de que toque, la puerta se abrió al instante.
—Hermione, ¿Dónde estabas?, no sabes lo tan preocupado que estaba por ti, cuando llegue y no te encontré en la casa —me regaño mi padrino.
—Lo siento, es que estaba aburrida, así que decidí dar una vuelta por el bosque.
—Luego hablaremos de eso —dijo—, y usted, ¿Quién es? —preguntó mi padrino, cuando se dio cuenta de la presencia de Damien.
—Oh, padrino él es Damien Black, y me ayudo a regresar a la casa —dije.
—Muchas gracias por ayudar a esta muchachita loca —dijo mi padrino—. Yo soy Ben Smith, el padrino de Hermione.
—Mucho gusto, yo soy Damien Black, como dijo Hermione —contestó—, bueno ahora si me voy, ya que sé que ella estará a salvo en su casa.
—Adiós y gracias de nuevo —dijo mi padrino.
Luego pasamos a casa.
—Ahora tú y yo hablaremos muy seriamente.
Y ahora sí que tendría problemas con mi padrino, ¡Oh, Merlín! —pensé.
Continuará...
