El resto de la mañana Robin la pasó en compañía de Marco que intentaba aliviar las preocupaciones de la morena mientras le sacaba una que otra sonrisa. A la vista de todos aquella cercanía había sido bastante repentina pues antes solían hablar pero no pasaban tanto tiempo juntos como lo estaban haciendo aquel día. Cosa que a unos les alegraba pues pensaban que allí había algo más que una amistad y a otros, mejor dicho a otro, lo enojaba demasiado y aunque quería acercarse a Robin algo dentro de él le decía que las cosas iban mal, muy mal.

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Cuando la morena terminó de comer salió de la cocina directa a su habitación pues se sentía bastante cansada y habían comenzado a dolerle los tobillos. Robin caminaba ensimismada en sus pensamientos cuando se encontró a Perona que avanzaba hacia ella con una sonrisa demasiado falsa como para ser cierta. La arqueóloga pretendía pasar de largo como si allí no hubiera nadie pero la voz infantil de la pelirosa le hizo pararse en seco.

-Oh, Robin ¿Te encuentras bien?- Perona sonreía con falsedad y su voz dejaba al descubierto cierta repulsión. Robin elevó la ceja girándose con cara de pocos amigos hacia la chica fantasma que la miró con fingida inocencia.-Vaya si las miradas matasen…

-Deja de intentar aparentar lo que no eres, a mí no me engañas-La arqueóloga murmuró con frialdad, ante esto la cara de la pelirosa cambió radicalmente dando paso a una expresión dura y de superioridad.

-Tienes razón al fin y al cabo para que vamos a intentar aparentar lo que es más que obvio- La voz de Perona sonaba irónica y fría.

-¿Qué quieres?

-Pues a decir verdad quisiera felicitarte- Robin elevó la ceja – ¿No me digas que no te imaginas por qué? No se está embarazada todos los días –La morena apretó la mandíbula sin mediar palabra- Aunque si te soy sincera, siento pena por ti.

-¿Pena?

-Sí, me da pena que te hayas entregado a una persona que te ha ocultado tantas cosas.

-¿A qué te refieres?

-Tss, no debería ser yo la que te lo contara…

-¿Contarme el que?-Robin comenzó a ser presa del pánico.

-¿Zoro te dijo que durante estos dos años no había habido nadie más en su vida?-La morena asintió levemente y la pelirosa suspiró – Pues te engañó, si hubo alguien y esa fui yo-Aquellas palabras golpearon a la morena dejándola sin aliento.

-¿Qué pasó entre vosotros?-Susurró intentando no perder la compostura.

-La verdad es que todo fue muy rápido – Perona se apoyó con desparpajo en la pared mientras sonreía con superioridad- Una noche se acercó a mi diciéndome que se sentía solo y dado que yo era la única compañía que tenía…-Dejó la frase en el aire con melancolía mientras la morena luchaba por contener las lágrimas que amenazaban con salir por sus ojos.

-¿Y por qué debería creerte?

-Porque tú misma lo sabes aunque no lo has querido aceptar-Aquella respuesta terminó por destrozar lo poco que quedaba en pie dentro de Robin, haciendo que las lágrimas cayeran por su rostro de forma incontrolada y es que aquello era verdad, una parte de ella se negaba a aceptarlo, porque no quería creer en otras palabras que no fueran las del espadachín, porque en verdad ella no podía soportar imaginarlo, porque en cierta manera ella ya lo sabía. La pelirosa dio media vuelta y entró en la cocina dejando tras ella a Robin que se tapaba la boca con las manos mientras lloraba avanzando hacia su cuarto con lentitud, una vez allí cerró la puerta tras ella y se dejó caer de rodillas mientras daba golpes al suelo intentando liberar todo aquello que estaba sintiendo, pero no funcionaba y notaba como algo le aprisionaba el pecho impidiéndola respirar con normalidad. La morena con los nudillos enrojecidos se agarró el cuerpo con fuerza y chilló de forma desgarradora dejándose caer por completo en el suelo mientras intentaba que el dolor no la partiese por la mitad.

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Cuando Marco vio entrar en la cocina a Perona no pudo evitar sentir que algo iba mal, pues lucía una sonrisa demasiado despiadada que pronto se tiñó de fingida inocencia, por lo que se levantó de la mesa y disculpándose con los demás salió fuera. Fue entonces cuando escuchó el grito de la morena y salió corriendo hacia su cuarto, donde abrió la puerta de golpe y se horrorizó al encontrarla tirada en el suelo temblando descontroladamente. Marco se arrodilló junto a ella, cogiéndola con delicadeza.

-¿Qué te pasa?-La voz del rubio sonaba extremadamente preocupada- ¿Te duele algo?- Robin elevó la mirada hasta que se encontró con los ojos del rubio, que se quedó sin habla. La morena se arrojó a sus brazos llorando, este la agarró con fuerza intentando calmarla mientras se preguntaba que podía haber pasado entre ellas dos para que ahora estuviese de esa forma. Pasaron los minutos y el llanto había dejado paso a unos fuertes sollozos. Marco mecía a la arqueóloga con delicadeza mientras acariciaba su espalda.

-Robin- La morena continuó con la mirada pérdida- ¿Qué ha pasado?

El labio inferior de la arqueóloga comenzó a temblar mientras que de nuevo las lágrimas volvían a invadir sus ojos- Me mintió…-Marco frunció el ceño y retiró con suavidad las lágrimas de su rostro.

-Robin sabes que puedes contarme lo que quieras-Pero esta apenas prestaba atención pues permanecía con la mirada ausente mientras se acariciaba el vientre. El rubio al percatarse de ello, agarró el rostro de la morena entre sus manos obligándola a que le prestase atención- Mírame, tienes que hablar con Roronoa, no sé lo que ha podido decirte pero no la creas – Robin pareció volver un poco en si al escuchar las palabras de Marco– No quiero verte así por algo que ni siquiera sabes si es verdad, asique tomate tu tiempo cálmate y ves a hablar con él – Robin asintió levemente mientras se retiraba las lágrimas y volvía a abrazar con fuerza al rubio.

-Gracias Marco.

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Al mismo tiempo el resto de los sombrero de paja salían de la cocina, Zoro caminaba con la cabeza agachada mientras se dirigía a la torre de vigía ante la atenta mirada de Perona que miraba al peliverde de forma calculadora. La primera parte de su plan había salido a pedir de boca, ahora solo faltaba que esos dos no volverían a estar juntos nunca. Con suerte consigo que se vaya de la tripulación esa maldita arpía decía para sí la pelirosa mientras caminaba hacia la torre de vigía dispuesta a dar el golpe final.


Aquí tenéis el siguiente capitulo, especialmente dedicado a mi Nakama. Espero no haceros sufrir mucho. Muchas gracias por leer y por los reviews en serio sois un amor. Muchísimas gracias.

NO DEJEIS DE CREER EN VUESTROS SUEÑOS NUNCA! *3*