Perdón por haberlos tenido abandonados tanto tiempo; no tengo perdón... pero he tenido varias reformas en mi vida, como cambios y algunos problemas, sin embargo me encanta esta serie y escribir sobre ella, ¡espero les guste!
*

Corría por los tejados de París, más veloz de lo habitual: era noche abierta, y una intensa luna llena le daba a la ciudad un halo de misterio y romance al mismo tiempo… no tardó mucho en llegar a la catedral que se había convertido en su símbolo de anhelo…

Se permitió estar un buen rato sentado a la orilla del campanario de Notre-Dame, contemplando la ciudad que se extendía a sus pies mientras se imaginaba cómo se encontraría con su querida Ladybug, y qué palabras se dirían… incluso llegó a imaginarse el momento en que disolverían la transformación, revelando así a la chica debajo del traje de su apreciada heroína…

Para cuando la energía del miraculous se agotaba, Cat Noir comenzaba a sentir los párpados pesados, así que se apresuró a bajar de un salto para regresar a su casa, sin dejar de recordar la promesa que se hicieron, y el vago recuerdo de un beso inocente…

Cuando regresó a casa y se rindió al sueño, volvió a soñar con aquél monstruo que hacía que las llamas consumieran a su adorada heroína, por lo que se sintió agotado al momento de abrir los ojos en la mañana, diez minutos antes de que sonara la alarma.

Se espabiló y trató de tranquilizarse, nuevamente.

«Sólo fue una pesadilla…» trataba de convencerse mientras terminaba de alistarse, al tiempo que Plagg terminaba de engullir el último bocado de queso.

—No has dormido muy bien otra vez, ¿eh?—bromeó el kwami cuando Adrien salía del cuarto de baño. El humano no contestó, pues estaba más ensimismado en lo ocurrido ayer… aún así, se horrorizó cuando se vio en el espejo al descubrir un rasguño en su rostro, que iba desde la mandíbula hasta la ceja derecha: ¡No podía ser!

Recordó entonces cuándo se lo había hecho: Yoyo Maître había logrado soltarse de su agarre y le había arañado el rostro… ¡Genial!, ¿¡Ahora qué se suponía que tenía que decirle a su padre!?, No podrían hacer una sesión de fotos con ese rasguño, y no estaba seguro de que el maquillaje lograra cubrirlo para eso…

—¡Oh, no, Plagg!, ¿Qué se supone que debo de hacer con esto?—soltó el chico al tiempo que se acercaba más al espejo para poder examinarse mejor.

—Oh, vamos: no se te ve tan mal, ¿sabes?—mencionó el kwami, restándole importancia.—algunas chicas podrían considerarlo incluso atractivo…

—Seguro que mi padre no piensa lo mismo…—murmuró Adrien al tiempo que corría por un poco de maquillaje para tratar de disimular la herida.—¿Cuánto crees que tarde en sanar completamente?, ¿dejará cicatriz?

—¡Te preocupas demasiado!—continuó Plagg, indiferente a la preocupación de su compañero humano.

—¡Le hubiera pedido algo al sanador! Seguro tenía algo…—se lamentó cuando se inspeccionó el trabajo que había hecho: no se distinguía tanto de lejos, pero si alguien se le acercaba, digamos… a pocos centímetros del rostro, seguro notaría la farsa del maquillaje.

—Vas a llegar tarde a clases…—le recordó el kwami después de ver el reloj, y Adrien no tardó en escuchar los pasos de Nathalie, la asistente de su padre, que seguramente venía a apresurarlo. El héroe tomó rápidamente su mochila y escondió al kwami, que estaba a punto de engullir otro trozo de queso, justo antes de que la puerta de su habitación se abriera.

—Adrien, si no bajas en este momento, no llegarás a tiempo al colegio.—le advirtió ella, impasible. El chico se rascó detrás de la nuca con una sonrisa.

—Ya, es que… no oí el despertador…—se excusó, aunque se hubiera levantado diez minutos antes, pero no podía siquiera mencionarle que se había tardado un buen rato en tratar de arreglar el rasguño…

Bajó rápidamente y desayunó con prisas, pero no tantas como para levantar sospechas de Nathalie: sólo quería irse ya para que ella no descubriera el maquillaje en su rostro…

Por suerte, la asistente sólo le proporcionó una tableta con el horario de ese día, pero apenas se dignó a mirarle… Colegio, clases de chino… aquel día se habían cancelado las clases de esgrima porque el profesor D'Argencourt había salido del país por una convención de esgrima en alguna parte de América, por lo que podría buscar a Ladybug para ver si se encontraba bien, aunque… no sabía dónde buscar, o si le vería… en realidad, lo más probable es que estuviese recuperándose.

Aún así tenía tiempo libre, y eso le animó.

En el trayecto al colegio, Adrien volvió a recordar su mano sobre la de ella, y se sonrojó sutilmente cuando recordó la promesa… pero no todo en su mente era anhelo: estaba ciertamente preocupado por el estado de la chica: ¿había sido una buena decisión el dejarla con el sanador, o debió de haberse quedado para asegurarse de que estaba mejor y ofrecerse a llevarla a algún lado?

No: seguramente habría sido inútil, ya que ella rechazaría eso por temor a descubrir su identidad, pero él esperaría, paciente y ansioso a la vez…

En cuando su guardaespaldas paró en la entrada de la escuela, Adrien le agradeció sin esperar respuesta y bajó del vehículo con la mirada gacha, pensativo. Ni siquiera se dio cuenta de que una alborotada chica rubia se acercaba a él con prisa hasta que fue demasiado tarde. Así, Chloe se abalanzó sobre el muchacho sin que éste pudiera hacer nada al respecto.

—¡Oh, mi querido Adrien!—fueron las palabras de la hija del alcalde cuando le abrazó el cuello con fuerza. El chico sólo atinó a mostrar media sonrisa, pero logró zafarse unos segundos después: si ella descubría el corte que se había hecho, lo haría toda Francia.

—Buenos días, Chloe—la saludó con una media sonrisa, preparado para evitarla por si volvía a querer abrazarlo.

—Espero que no te hayas olvidado de la fiesta en mi casa; es esta tarde, y tú eres el invitado de honor…—comentó ella mientras sacaba un espejo de bolsillo y se acomodaba el maquillaje.

—¿Fiesta? Digo, sí… tal vez no pueda ir, pero haré todo lo posible, Chloe.—mintió Adrien con una sonrisa. Se le había borrado de la mente por completo, y además quería patrullar la ciudad para darle un respiro a Ladybug.

—Eres el invitado de honor, Adri-boo, no puedes faltar.—Chloe le guiñó el ojo antes de darse media vuelta y caminar petulantemente hacia el colegio, donde ya Sabrina la estaba esperando con sus tareas.

Poco más allá, junto a las escaleras, distinguió a Lila, quién charlaba con Rose. Ya no sabía qué pensar de ella… era verdad que había mentido sobre ser portadora de un miraculous, y su versión akumatizada casi había conseguido que los héroes de París, sobre todo su amada Ladybug, perdieran la batalla contra Papillon.

Ahora que lo pensaba, si Lila no tenía ningún miraculous en realidad, ¿cómo es que había sabido del miraculous del zorro? Una sospecha surgió en su mente y, aunque no quería creerlo de verdad, las partes encajaban perfectamente. Así, el chico se acercó a ella y a Rose, quienes callaron al instante a verlo.

—Buenos días a las dos.—las saludó él con una amable sonrisa.

—Buenos días.—respondieron las dos al mismo tiempo.

—Bien, Lila, muchas gracias por hablarle así de mí al príncipe Alí, no se me olvidará.—y así, Rose se despidió y entró en el colegio. Ya casi comenzaban las clases, por lo que quería apresurarse.

—Esto…—Adrien no sabía por dónde comenzar, pero seguramente ella se había dado cuenta de sus intenciones, por lo que agachó la cabeza y frunció ligeramente el ceño.—¿Cómo… estás?

La chica frente lo escrutó con la mirada, intentando descubrir las intenciones del modelo, pero finalmente relajó el semblante y sonrió con ligereza.

—Bien, ¿tú?—respondió, pero no esperó a que el muchacho contestara—Siento casi matarte. En realidad no era yo, ya sabes eso.

Adrien se tomó unos segundos para reaccionar: en realidad era una ilusión con su forma la que había estado apunto de mandar al vacío, y ella no sabía quién era realmente Cat Noir, pero algo en el tono en que lo dijo lo hizo sentir ligeramente inseguro.

—No te preocupes: las personas akumatizadas nunca son ellas mismas.

—Cierto.—concordó ella, mientras a pocos metros Nino y Alya llegaban y los observaban.

—Lila, ¿no has visto un libro sobre superhéroes por ahí, cierto?—preguntó el modelo, y la chica dio un respingo, aumentando las sospechas del muchacho.

—¿Libro de superhéroes?—dudó.

—Sí; sobre miraculous.—explicó él.—lo traía el día que Volpina atacó a Ladybug y Cat Noir.

—Tal vez se te cayó por ahí… bueno, ya me voy a clase, quedé de encontrarme con alguien antes.

Y se fue, simplemente.

No tuvo tiempo de especular nada, pues justo sintió que alguien le ponía una mano en el hombro.

—¿Qué pasa, hermano?—Nino le sonrió, refiriéndose a la charla con Lila: seguramente había escuchado todo.

—Se… me perdió un libro, y quería ver si ella no lo había encontrado. Eso es todo.—aseguró, pero ambos de sus amigos sabían que estaba ocultando los detalles.

—Bueno, cambiando de tema, parece que Marinette no vendrá a la escuela hoy; dice que se lastimó y está en cama.—informó Alya, trazando un perfecto plan en su mente.—¿No les gustaría ir después de clase para visitarla y desearle ánimos, chicos?

Nino y Adrien intercambiaron miradas, y las devolvieron a la chica.

—Me encantaría.—aceptó Adrien con una sonrisa, y la amiga de la heroína sonrío intrínsecamente.—pero tengo clase de chino…

—¡Vamos, hermano!—apuró Nino tomándolo por los hombros.—alcanzamos a ir antes, es en la tarde, ¿no?

Adrien reflexionó unos instantes, pero al final asintió, y Nino y Alya intercambiaron un guiño de ojo con complicidad.

—Dis-disculpen.—escucharon los tres y, al voltear, se encontraron con un chico de cabello marrón revuelto, y Adrien reconoció a Ángel: el chico que al ser akumatizado se había transformado en Yoyo Maître.

—¿Quién eres?—preguntó Alya, curiosa.

—Mi nombre es Devin.—respondió, desviando por un segundo la vista al suelo.—yo… tú eres Alya, la que tiene el blog sobre Ladybug, ¿cierto?

La chica asintió, y arqueó una ceja esperando a que el muchacho continuara.

—Bueno… es que quería preguntarte unas cosas.—explicó Devin, algo más decidido.—por favor, será rápido: yo fui al que akumatizaron hace poco.

—¿Yoyo Maître?—sonrió ella, y el chico asintió: había encontrado su punto débil además de Ladybug y los cómics—¡Claro, no hay problema! Chicos, ¿por qué no se adelantan? Iré enseguida.

Nino y Adrien intercambiaron miradas, pero al final la dejaron, aunque Adrien tuvo un mal presentimiento de todo aquello.

—¡No se te olvide la fiesta, Adri-boo!—le recordó Chloe cuando terminaban las clases.—Yo iré a ponerme guapa para entonces, ¡recuerda que es de traje, ponte guapo!

Y se fue.

—¿Fiesta de Chloe?—dudó Alya mientras caminaba junto a Adrien y Nino hacia la salida.

—No tengo ánimo de ir.—se limitó a responder el modelo con un encogimiento de hombros; definitivamente no podría asistir a una fiesta como si nada mientras no supiera cómo se encontraba su querida Ladybug.

Estaban ya en la acera de la calle, cuando Adrien distinguió a Lila, y les pidió a sus amigos que lo esperaran mientras hablaba con ella. Así, el chico corrió antes de perderla y se plantó frente a ella.

—Hola, Lila.—la saludó.

—Hola.—respondió ella con una sonrisa.

—Este…—no sabía ni siquiera qué decir o preguntar, pero tenía una gran sospecha.—¿quién te contó de Volpina?

Ambos se impresionaron de que fuera directo al grano, pero al chico le carcomía la curiosidad: ¿y si ella en realidad sí sabía algo que él no?, pero entonces, ¿dónde estaba su libro, y cómo había desaparecido sin más?

—Hm… verás.—comenzó ella, mirando por unos segundos al cielo.—la verdad mi familia ha tenido el miraculous del zorro desde hace mucho, pero se lo dieron a mi hermana mayor, y eso siempre me ha molestado.

Adrien se sorprendió por su respuesta; no sabía que ella tuviera hermanos.

—No sabía que tuvieras hermanos.—dijo, rascándose la nuca.—¿y dónde está ahora?

Lila se tomó unos segundos, volviendo a mirar al cielo.

—En Canadá.

—¿Canadá?

—Sí, es que ella prefiere estar allá: ya sabes.

—¿Y cómo se llama?

—Alil.—respondió, sonriente.—bueno, nos vemos: tengo que ir a un lugar, espero que encuentres tu libro.

Adrien ya no sabía que decir o preguntarle, así que la dejó ir y regresó con sus amigos.

Mientras tanto, no tan lejos de ahí, la meticulosa y bulliciosa mente de Papillon hervía de actividad: había por fin decidido dar un paso más adelante para conseguir los legendarios poderes de los miraculous del gato negro y la mariquita, y sonreía con petulancia mientras veía por el vitral una parte de aquella bella ciudad francesa.

—¿Está ya todo preparado?—preguntó él a una figura detrás de él: un chico con traje de espirales que jugaba con yoyos lo miró con despreocupación.

—Listo.—respondió, enderezándose y atrapando los yoyos mientras sonreía de una manera inquietante.

Un rato después, Adrien, Alya y Nino agradecieron que la casa de la chica quedara tan cerca de la escuela, pues comenzó a llover con intensidad un poco antes de que las clases terminaran, e incluso tuvieron que esperar un poco a que se calmara la lluvia.

Justo cuando se calmó, caminaron con los paraguas hacia la casa de su amiga y, al entrar a la panadería, una figura en un tejado cercano sonrió de oreja a oreja al verles.