Nota de la autora: Llegamos al capítulo siete ! Recuerden, volví a subir los capítulo modificando ciertos detalles y agregando otros para darle un poco más de coherencia y menos OoC. Esta historia tiene ya hasta secuela así que no les recomiendo ni entrar a ella ni leer los reviews.
Disclaimer: Todo pertenece a Joanne K. Rowling, ya quisiera ser dueña de Fred, George, Sirius Black, Theodore Nott, etc.
Hermione sentía como su estómago daba una voltereta al como Sirius bajaba en picada con la motocicleta. Se agarró aún más de la cintura del chico y cerró los ojos con firmeza. Se sentía horriblemente y deseaba enormemente poder tocar tierra nuevamente. Era una estúpida por haber aceptado la propuesta irresponsable de James y Sirius.
—¡Abre los ojos, Hermione!—La aludida los apretó aún más, como si así se protegiera de las palabras de Black.
—No. ¡Bajemos, por favor...!
—¡Abre los ojos!
—No lo haré.
—¡Sólo ábrelos, con un demonio!
—Vale, vale...—La chico resopló y abrió los ojos, con miedo—. ¡Guau! ¡Es increíble!
Las estrellas los rodeaban completamente. Hermione abrió los ojos, estupefacta de que algo así estuviera a su alcance. Con un poco de temor y duda, quitó una mano de la cintura de Sirius y la dejó en el aire. Se sentía real... Sonrió al pensar en lo increíble que era todo eso.
—Bien, es hora de bajar—Exclamó el chico, después de varios minutos en silencio—. Agárrate.
—¿Qué...? ¡Aaaaaah! —Hermione volvió a cerrar los ojos fuertemente al tiempo que todo su cuerpo estaba completamente pegado al de Sirius.
Que pare, que pare, que pare, que pare, que pare, se repetía constantemente Hermione.
—Ya bajamos, Hermione—Sirius había dicho las palabras mágicas. La aludida aflojó su agarre a Black y lentamente abrió los ojos. Las caras de James y Sirius estaban a un palmo de ella, examinándola como si fuese un bicho raro.
—Jamás volveré a subirme a esa cosa—Musitó la chica, mirando a la moto de Sirius como si fuese un monstruo.
—Me gustaría verte regresar a casa sin ella—Sonrió James encontrando la situación muy graciosa.
Hermione palideció.
—Sólo entremos, ¿quieren? Necesito recuperar el aliento.—Se les adelanto y miró de reojo a la gente que entraba a aquel pub. Eran muggles, sin lugar a dudas. Los chicos no tardaron en secundarla, poniéndose cada uno a su lado, como si estuvieran protegiéndola de los otros.
Oh, vale. Es obvio que el golpe te afectó, ellos no te protegerían si apenas te conocen, Hermione. Es irrelevante, absurdo, tonto, irresponsable...
—¿Qué quieres tomar?—La voz de James la sacó de sus cavilaciones. Miró a su alrededor y vio como varias chicas miraban a sus acompañantes sin pudor.
—Eh... una gaseosa, estaría bien.—Fue a sentarse junto a Sirius a una mesa enseguida de lo que parecía ser una pista de baile improvisada. Hermione estrujó sus manos en el abrigo intentando recuperarse de lo anterior.
—¿Te encuentras mejor?—preguntó Sirius, un poco preocupado por lo pálida que se veía.— No quiero ofender, pero luces terrible.
—Tan sutil como siempre—Sonrió la chica maliciosamente—, no sé para que quieren venir a este sitio, es decir...—Echó una ojeada al lugar: borrachos en la barra, chicas con un escote muy pronunciado y faldas cortas intentando ligar—: El lugar no se ve muy alentador.
—Tan sensata como siempre, Hermione—Musitó James, que llegaba con tres vasos a rebosar. Dos de algo muy espumoso, que Hermione sospechó que era cerveza, y el otro de un liquido negro y burbujeante.
—Gracias—Hermione tomó el vaso que el chico le tendía—, James, ¿cómo lo pagaste?
James tomó un gran trago de aquella bebida espumante y respondió, un poco más achispado:
—Una chica de por allá—Señaló al grupo de las chicas con escote pronunciado y mirada un tanto escalofriante.
—Los muggles son tan amables—Añadió Sirius, que ya había terminado su vaso. Se levantó de la mesa y sonrió pícaramente—: Para devolverles el favor las invitaré a bailar.
James, quien también se había terminado su bebida, se levantó también y miró a Hermione.
—Iré a ver que no le pase nada—Y sin esperar respuesta, dejó a la chica en aquella mesa solitaria. Hermione miró como coqueteaban descaradamente y se sintió incómoda. Y una tonta de remate. No despegó su mirada al ver como James bailaba con aquella chica muggle, que más bien parecía una movimiento torpe, para después besarle ardientemente en los labios.
Hermione sintió algo que jamás podría explicar. Se sentía furiosa porque la habían abandonado y además, por su actitud tan reprobable. Sintiéndose furiosa momentáneamente se levantó de la mesa. Miró a su alrededor y con temor, vio como un muggle obeso la miraba descaradamente.
Oh, no.
Sucedió más rápido de lo que pensaba. El muggle la sujetó fuertemente hacía su cuerpo maloliente y sudoroso. Hermione forcejeó e intentó pisarle, pero el sujeto la tenía muy bien sujeta.
—¡Suélteme! ¡Suélteme!—Hermione le pisó el pie con todas sus fuerza al ver como éste vacilaba.
—Agh, maldita...—El muggle la miró fijamente y Hermione sintió miedo por segunda vez en la noche. Le asustaba pensar en que podría hacerle daño y miró a su alrededor, intentando buscar a Sirius o a James. La gente la tapaba y parecía que el lugar estaba a reventar. Hermione buscó a alguien que pudiese ayudarla, pero todos estaba en su propio mundo.
El muggle obeso volvió a tomarla con ayuda de un chico que tenía detrás. Entre ambos la levantaron de la multitud y la dejaron caer. Hermione miró con terror como el tipo se le acercaba más y más... tanto que pronto lo tendría a un palmo. Hermione intentó levantarse pero éste le pegó una patada, provocando que a la chica se le abriera el abrigo y su vestido de gala quedara al descubierto. Esto pareció emocionar al muggle, que la sujeto con fuerza.
—Vamos a dar un paseo, preciosa—Susurró el sujeto con un horrible aliento.
—¡Suéltela!—Una voz de ayuda salió de la nada. Hermione miró como James se acercaba a donde se encontraba. La chica aprovechó que el tipo había dudado en su agarre, y dándole un golpe en el estómago con todas sus fuerza, salió corriendo hasta donde se encontraba James. Éste la refugió entre sus brazos y fulminó con la mirada al muggle.—Voy a matarlo—susurró, soltando a Hermione.
Pero ella lo paró rápidamente.
—No, no James... ¡vámonos, por favor!—Hermione lo miró suplicante y vio con alivio como Sirius aparecía a la vista.
—Tio, es mejor que nos vayamos—Intervino Sirius manteniendo a raya a James con una mirada—, no vale la pena, Cornamente... ¡larguemonos de aquí!
James fulminó al muggle, atemorrizándole y salió del pub con Sirius y Hermione. Ninguno de los tres menciono nada de regreso a casa de los Potter. Hermione miró varias veces a James significativamente, pero ésta la ignoró olímpicamente.
Al día siguiente, Hermione bajó las escaleras un tanto nerviosa. El recuerdo del día anterior no dejaba de trastornarle la memoria, pero se contuvo de ir a la recámara de James y agradecerle el gesto. Al bajar, unas voces retumbaban en toda la casa. Hermione se apresuró a caminar hasta donde se unían esas voces y lo que vio la dejó totalmente boquiabierta.
Era Harry, su Harry, el mejor amigos, además de Ronald. Hermione corrió a su lado sin dudarlo y lo abrazó fuertemente. Él le sonrió y le susurró:
—Debes hacer lo correcto, Hermione.
La chica lo miró confundida.
—¿De qué hablas?
—De que a pesar de todo, deberás escoger la mejor opción...
Y al mirarle fijamente, Harry hizo una mueca grotesca. Hermione gritó y al parpadear, se dio cuenta que Harry se había convertido en aquél muggle del pub. Intentaba acercarse a ella con una mirada lasciva y la chica al mirar a su alrededor se dio cuenta de que estaba sola...
—¡Nooo! ¡Suéltame! ¡Harrry!—Hermione despertó. Abrió los ojos y se dio cuenta de que estaba enredada en las sábanas y una sombra estaba a pies de la cama. La chica gritó e intentó zafarse de las sábanas cuando se dio cuenta de que la sombra era James.
—Tranquila soy yo—Dijo éste, acercándose más—, fui al baño y te escuche gritar.
Hermione se ruborizó al pensar en que únicamente traía puesto su camisón.
—Yo...—Miró a James fijamente—, quiero darte las gracias por lo de hace rato.
James dudó si sentarse, pero se decidió a hacerlo.
—Perdón por haberte dejado sola, no debimos hacerlo...
—No te preocupes, fue una estupidez desde el principio, si quieres mi opinión.
James río crudamente.
—Sí... eso creo. Lo siento, no debimos llevarte.—James se levantó y dándole un apretón en su mano, añadió—: Duerme, Hermione.
Hermione alzó la ceja al ver el gesto tan íntimo que le daba James, pero no añadió nada más y siguió su consejo. Estaba segura de que después de ese pequeño intercambio no tendría problemas para dormir el resto de la noche, o sea unas horas. El sol salió demasiado pronto, para opinión de la chica, pero James y Sirius ya habían bajado para abrir los regalos de Navidad.
—Hermione... ¡baja!—gritó Sirius, quien desenvolvía un libro que le había enviado Remus, para variar.
Hermione se colocó una bata encima del camisón y bajo los escalones rápidamente. Sonrió al ver como James y Sirius estaban aglomerados alrededor del árbol de Navidad y abrían sus regalos con ansiedad. Ella se preguntó si alguien le había obsequiado algo... y se sorprendió al ver como James le dijo que abriera los suyos.
La chica se sentó y abrió un paquete cuadricular, seguramente un libro, procedente de Remus.
—Seguro que es un libro—comentó James, que estaba a su lado comiendo una rana de chocolate. Él tuvo razón, era Historia de Hogwarts y Hermione tomó la tarjeta que venía acompañada del libro.
"Me he fijado que lo lees a menudo, y a diferencia de los otros, éste tiene notas más a profundo de algunos secretos del Castillo. Deseándote una feliz Navidad, Remus".
Hermione sonrió ampliamente y comenzó a ojear el libro emocionada, pero volvió a dejarlo de lado al ver como tenía otros paquetes a su lado. Lily le regaló un par de suéteres de color rojo y dorado; Peter, unas grageas de todos los sabores; James, un diario(argumentando que todas las chicas lo usaban); Sirius, un brazalete con una pequeña ámbar, cosa que hizo que Hermione abriera los ojos como platos. Se dirigió a hacia él pero el chico se encogió de hombros, restándole importancia.
El resto de la mañana la pasaron comiendo tartas que la Sra. Potter les había hecho generosamente; Hermione se sentía como si estuviera en la Madriguera con todas las bromas que hacían Sirius y James. Sin embargo, al irse a acostar, volvió a recordar la carta que TG le había enviado por medio de Dumbledore. Hermione había estado horas intentando sacarle un sentido, pero su cerebro no daba para más.
El regreso a Hogwarts estuvo lleno de lágrimas y abrazos por parte de Dorea Potter hacia su único hijo y Sirius, que era otro más en la familia. Hermione sonrió discretamente al ver como Sirius trataba a la Sra. Potter con tal efusividad como si fuese su madre. Llegaron al Castillo llenos de bocadillos, James había agarrado una docena antes de irse, que comieron junto a Remus y Peter en la Sala Común; Hermione no se les unió argumentando sabiamente que era demasiado tarde y que mañana había clases.
—Parece Lunático y Evans combinados—comentó Sirius, fingiendo temor, al verla marchar con su baúl a cuestas.
James rió al imaginarse a una Hermione pelirroja acompañándolos en sus aventuras.
—Sería digno de verla así—añadió James, metiéndose una empanada de calabaza a la boca.
Regulus Black se consideraba alguien normal para su edad y estatus en la vida; sacaba buenas notas y era el modelo de hijo perfecto en su casa. Después de que su hermano Sirius se fuera las cosas cambiaron radicalmente en la casa de los Black: habían negado a su progenitor y Regulus era ahora el heredero y único hijo de la antigua familia.
Eso suponía sacrificios, como el que le buscaran y casaran con una chica adecuada a su posición, en este caso la afortunada era Florence Selwin, una de las chicas más ricas y de familia tan antigua como la de los Black. Regulus no se había mostrado ni tan entusiasta ni se había negado a la decisión, simplemente le dio lo mismo.
Por ello, cuando su madre le había escrito aquella mañana informándole sobre que Florence pasaría las vacaciones de verano con ellos, Regulus se dirigió a la lechucería con paso lento y aburrido. Nunca se había imaginado la monotonía en la que caería su vida después de que Sirius los abandonara y como sentía que algo le faltaba; en ocasiones pensaba que hubiera pasado si él se hubiese ido también junto a Sirius con su tío Alphrad.
Tal vez lo borraran del tapiz y por ello se recordaba continuamente lo mucho que le debía a sus padres. Devolverles un poco de la gloria disminuida por la humillación de que Sirius se hubiera ido, hacerles una de las familias mágicas más importantes y demostrar su pureza de sangre.
—Lo siento—musitó una chica de cabello esponjado, rizado y castaño. Regulus la miró rápidamente y mostró los modales que Walburga le había enseñado toda su vida.
—Lamento haberte atropellado...—comenzó a decir Regulus, sonriendo discretamente.
—Hermione—se apresuró a contestar la chica, sintiéndose un tanto sorprendida con aquél chico que parecía más joven que ella y que se parecía sospechosamente a Sirius—, lo lamento, debo irme.—Y siguió bajando las escaleras rápidamente sin darle tiempo a Regulus para que respondiera o añadiera algo más.
Éste último miró a aquella chica intentando recordar si alguna vez la había visto, y llegó a la conclusión de que era la primera vez que la veía en su vida. Y eso era un hecho sorprendente en Regulus ya que él conocía por lo menos al ochenta por ciento de los alumnos den Hogwarts, y que era bastante, por lo tanto le parecía absurdo que no se hubiese topado con aquella chica anteriormente.
Aquello lo intrigó y decidió, inconscientemente, conocer aún más sobre aquella chica que parecía ser bastante peculiar.
Aquella noche, Hermione volvía a leer el pergamino que le había entregado Dumbledore semanas antes; sin embargo, no pudo concentrarse... Se acostó en su cama y pensó en qué estaría pasando en su tiempo, ¿sabrían a donde llegó? Miles de preguntas se aglomeraron en su cabeza pero las intentó bloquear por su propio bien, no le hacía bien estar angustiándose aparte de que necesitaba estar con toda su energía a flote porque mañana comenzaban las clases.
A la mañana siguiente, Hermione se levantó con el ánimo un tanto decaído y desvelada por no poder soñar bien, se la pasó pensando en Ron, Harry y sus papás. Bostezó y al mirar a su alrededor, se dió cuenta de que Lily ya estaba levantada y tendiendo su cama meticulosamente.
—¡Hey, buenos días!—saludó Lily, sonriéndole a Hermione afablemente. Se sentó en la orilla de su cama y le preguntó—: ¿Cómo te fue en las vacaciones con Black y Potter?
Hermione sonrió.
—Algo... bastante fuera de lo común—admitió la chica—: James y Sirius son un poco hiperactivos...
Lily se cruzó de brazos y río.
—Dímelo a mí, llevo soportándolos durante años y creo que jamás cambiaran.
—Lily...—Hermione dudó—, emm, ¿tu sabes lo que James siente por tí?
La enorme sonrisa de Lily vaciló y decayó al oír la abrupta pregunta de Hermione.
—Oh, lo siento. No me contestes, no debí meterme en tus asuntos...
—No, no es eso; es sólo que sonó bastante raro oírlo de tí... —Se cruzó de brazos y la miró fijamente con aquellos ojos verdes que tanto se parecían a los de Harry—: No creo que le guste en serio, sólo se toma este "enamoramiento"—dibujó unas comillas en el aire— por orgullo. No soporta que alguien lo rechace de esa manera.
Hermione dejó escapar una risa y al mirar de reojo al reloj, se dió cuenta de lo tarde que era.
—¡Por Merlín, es tardísimo!—La chica se apresuró a cambiarse a velocidad kilométrica.
— ¡Nos vemos en el desayuno, Hermione!—gritó Lily, bajando y dirigiéndose al Gran Comedor.
Después de varios minutos, Hermione salió con su cabello mojado y su bolsa en el brazo. Caminó rápidamente, casi trotando, hacia el Gran Comedor para alcanzar a desayunar tranquilamente. Al entrar volvió a toparse con aquél chico de la lechucería y al verlo se le revolvió el estómago al observar aquellos ojos tan grises...
—Lo siento—masculló él y se dirigió a la mesa de Slytherin. Hermione lo vió sentarse a poco metros de Severus, junto a un joven de cabellos alborotados y rojizos. Fue entonces cuando la chica se dió cuenta de que llevaba varios minutos parada en medio del Gran Comedor mirándolo. Se sonrojó y se apresuró a sentarse junto a Remus, quien regañaba en ese momento a James y Sirius.
—... no pueden seguir haciendo eso, Canuto; podrían expulsarnos—Sirius iba a replicar pero al ver que Hermione se sentaba junto a ellos, se calló malhumorado. Remus le sonrió con disculpa al darse cuenta que se había pasado un poco con sus regaños, pero ni James ni Sirius estaban prestándole atención ya, su objetivo estaba ahora en Severus Snape.
Hermione mordió una manzana pensando en lo mucho que se metían con Snape, no es como si fuera a defenderlo, pero esos dos, en especial James, tenían cierta manía con el chico. Miró de reojo a la mesa de Slyhterin, y, distraída, le preguntó a Remus:
—¿Quién es ese chico de allá?—Señaló discretamente al joven con el que se había tropezado varias veces y cuyos ojos le recordaban vagamente a los de Sirius. Éste último pareció oír lo que decía y miró hacia donde Hermione señalaba e hizo una mueca desagradable.
—Es...—Remus parecía incómodo con el tema y más con Sirius enfrente.
—Mi hermano—completó escuetamente Sirius y Hermione arqueó las cejas, sorprendida con aquella información.
Nunca había oído de un hermano o familiar de Sirius.
—No sabía que tenías un hermano, Sirius—respondió la chica, impresionada de que el joven ocultara y se mostrara tan receloso con el tema—, nunca lo mencionaste...
—Él ya no es mi hermano—Sirius dijo aquello con cierta amargura y Hermione se sintió mortificada por sacar a colación el tema. Era evidente que algo muy malo debió haber pasado para que el chico dijese aquello en ese tono.
—Lo siento, no lo sabía...
—No pasa nada— Sirius forzó una sonrisa y ella se sintió incómoda con el silencio que siguió.
Pero, para su gran alivio, la campana sonó, anunciando el inicio de clases; Hermione se levantó como si tuviera un resorte en el asiento y se apresuró a salir de aquél incómodo silencio. El día marchó con calma, y al terminarlo, se dió cuenta de que no le apetecía ir a sentarse con los Merodeadores en la cena. Y pensó que debería hacer migas con Hagrid, y así, recuperar algo que tenían en su pasado.
Bajó hacia la pequeña cabaña del guardabosques y sintió nostalgia al pensar en todas veces en las que Harry, Ron y ella habían hecho lo mismo en reiterada ocasiones. Hagrid, quien la conocía vagamente, la saludó alegremente y la invitó a que tomara un té con él. Pasó la tarde hablando sobre trivialidades, entre ellas criaturas mágicas y peligrosas, y cuando la chica dió una ojeada a la ventana, se dió cuenta de que ya había oscurecido.
—¡Es tardísimo! Tengo que irme, otro día vendré, Hagrid—Hermione se despidió de él, y echó a andar rápidamente hacia el castillo. Sabía que la hora límite para andar en los pasillos era a las ocho y apostaba a que ya estaba pasada de hora.
Cruzó los silenciosos patios de Hogwarts y cruzó el umbral, rogando mentalmente para que ni Filch ni su gata repararan en su presencia. Echó una ojeada al pasillo y comenzó a caminar silenciosamente. Hermione estaba a punto de subir la escalera que la llevaría a la Torre de Gryffindor, cuando una voz femenina la paró:
—Hey, tú, la de pelo castaño: detente—Hermione obedeció y miró como una chica que traía el escudo de Slytherin orgullosamente sobre su pecho, la miraba con antipatía y malhumor—. ¿Cuál es tu nombre?
—Hermione... Bennet.
—Mira, Bennet—Miró su insigna de Gryffindor desdeñosamente—, debes saber que estás incumpliendo una regla, ¿lo sabes?
—Sí—replicó Hermione, confusa sobre el propósito que tenía aquella chica con sus preguntas—No entiendo a que...
—Shh, te bajaré cincuenta puntos por andar en los pasillos a horas...
—Aquí no hay nadie, Greengrass—Una voz masculina la interrumpió y ambas chicas voltearon a ver al joven que caminaba hacia ellas: otro prefecto de Slytherin.
No puede ser posible, pensó Hermione y maldijo su suerte al notar que se trataba del mismo chico con el que tantas veces se había topado. Notó como los ojos grises del joven se abrían de sorpresa y reconocimiento al verla allí parada junto a su compañera.
—Al parecer tú si cogiste a alguien, ¿eh?—Hermione registró el tono de mofa en su voz y lo miró con cierto enfado, el chico pasó su mirada hacia ella y la chica sintió un estremecimiento.—Déjala ir, no hay porqué bajarle puntos... ni que fueran los Merodeadores...
—Si al menos fueran ellos—Greengrass suspiró soñadoramente y su compañero chasqueó la lengua con impaciencia.—Oh, vamos Regulus... no la dejaré ir nomas porque quieres hacer tu acto de benevolencia en el día, ella rompió las reglas, además de ser una leona de Gryffindor...
—No puedes bajarme puntos por mi casa—saltó de inmediato Hermione, viendo a qué iba la chica Greengrass con su comentario—, va en contra de las normas...
—¿Ahora te crees prefecta?—le espetó la Slytherin y Hermione estuvo a punto de replicarle que lo era, cuando se detuvo a tiempo. No debía caer en provocaciones y menos en la situación en que se encontraba.
—Vamos, Thelma, tranquilízate— intervino Regulus—, yo mismo la guiaré hacia su sala común, para asegurarme de que no se escabulla por algún lado...
Hermione pareció indignarse por semejante insinuación por parte de Regulus pero no lo exteriorizó. Más valía morderse la lengua.
—Bien, vale...—Al parecer Thelma encontraba a Regulus una autoridad a la cual debía de ceder y, además por la mirada que le dirigía, parecía que lo encontraba un tanto apuesto.—Pero me debes una.
Y diciendo aquello, Regulus tomó abruptamente la mano de Hermione, instándola a que comenzara a caminar. La chica se sorprendió de lo natural y espontáneo que parecía el gesto y al segundo se zafó de su fuerte agarre.
Regulus la miró de reojo, divertido con aquel gesto, pero no añadió nada. Hicieron el camino hacia la torre de Gryffindor en silencio y la chica suspiró de alivio al ver el pasillo donde se encontraba el retrato de la Señora Gorda.
—Creo que con dejarme aquí es suficiente—señaló Hermione, mirando a Regulus indecisa—, allí está el cuadro de la Señora Gorda...
—Dije que te dejaría en tu sala común y lo haré—replicó firmemente Regulus, sin dar su brazo a torcer—Te salve de que no estuvieses castigada, me debes una.
—¿Disculpa?—Hermione lo miró con el ceño fruncido—, nunca te pedí que lo hicieras.
—Da igual—Regulus se encogió de hombros y comenzaron a acercarse al Retrato de la Señora Gorda. Hermione lo miró con enfado y soltó un grito ahogado cuando vio como James y Sirius aparecían del otro extremo del pasillo (enfrente del retrato) como por arte de magia.
Ellos la miraron sorprendidos al notar el ruido de la chica y Regulus también lo hizo, notando la presencia de los otros chicos en el otro extremo del pasillo. Hermione, al ver la mirada de Sirius, se acordó de lo que le había dicho en la mañana: era su hermano. No lo había recordado por todo el parloteo de la chica Greengrass, pero al recordarlo se incriminó mentalmente.
—Hermanito, ya no es hora de andar vagabundeando—Regulus dijo el apelativo con sorna y miró a James fríamente.—Esta vez los dejaré irse, pero la próxima...
—¿Nos castigarás?—Sirius se burló por el intento de amenaza de Regulus y éste lo miró con furia en sus ojos.
—No será necesario, ya nos vamos...—Intervino Hermione, mirando a ambos hermanos con cautela. Regulus posó su mirada en ella y su ceño se suavizó—, bien..eh, gracias por lo de ahorita.
—Cuando quieras—Hermione se deslumbró un poco por la enorme sonrisa que le daba Regulus y se sintió de repente cohibida. Se volteó y comenzó a caminar hacia donde se encontraba James y Sirius, el último todavía mirando a su hermano como si fuera una molestia.
Hermione obligó a los dos chicos a meterse a la sala común, y una vez adentro, ignoró las preguntas de Sirius, quien la acosó hasta el pie de la escalera de mujeres. La chica le hizo un gesto de exasperamiento y siguió subiendo ante la ofendida mirada de Sirius.
—No entiendo porque Sirius está tan obsesionado con el asunto de ayer—le comentó Hermione a Remus estando en la biblioteca estudiando.—Ya le explique el asunto y aún así sigue mirándome de mala forma...
—Para él es un asunto delicado, teniendo en cuenta que escapó de casa—explicó Remus, paciente—, no tiene nada que ver contigo, tal vez solo quiere que te alejes de esos Slytherins.
Hermione arqueó una ceja al notar como acentuaba el adjetivo esos y casi pone los ojos en blanco al acordarse en que tiempo se hallaba. En pleno apogeo del Señor Tenebroso y en donde los futuros mortífagos se hallaban en su mayoría en Slytherin. Hermione daba gracias a todo el universo el que Lucius Malfoy no cursara al mismo tiempo que los padres de Harry. Eso sí que sería horrible.
No añadió nada y ambos se sumieron en un cómodo silencio, cada uno metidos en sus deberes y repasando las notas de clases. La chica nunca había tenido un compañero de clase tan devoto al estudio y la biblioteca como Remus. Y pensó melancólicamente en como lo extrañaría al volver a su tiempo, de hecho también a Sirius, James y Lily. Ellos se habían metido silenciosamente en el corazón de la chica sin que ella no lo notara. Y ahora era inevitable el pensar como sería un día sin sus travesuras y bromas continuas.
Y sí, porque James y Sirius eran unos maestros a la hora de hechizar a las personas, según ellos, sin malicia. Su objetivo preferido era Snape, algo que la chica evitaba de ver para no meterse en donde no la llamaban. No podría simplemente estar sentada viendo como Snape o algún inocente chico le hacían alguna broma o hechizo donde, inevitablemente, estaría la mitad del alumnado.
Pero Lily Evans, como buena prefecta, sí que detenía esos ataques al instante y terminaba con una de sus interminables peleas donde, general y usalmente, concluían en gritos por parte de Lily y declaraciones de amor por parte de James. Él entonces se despeinaba su cabello, fingiendo no molestarse por la negativa de la chica, y partía a la sala común, donde encontraba a Hermione y le contaba dramáticamente su anterior incidente.
Aquella tarde, Hermione volvía a darle vueltas al asunto del pergamino en su recámara. Afortunadamente para ella, nadie se encontraba en la habitación y la chica pudo sacar varios pergaminos mientras anotaba la frase para intentar sacar su significado.
"El valor de una Gryffindor, la inteligencia de una Ravenclaw pero la astucia de un Slytherin..."
—Aquí hay algo raro...—musitó para sí misma la chica al percatarse de que no nombraban a Hufflepuff, ¿sería algun indicio o pista? Siguió leyendo...
"todo lo que conoces hasta ahora desaparecerá con el simple roce de una pluma pero quedara fiel como un elfo domestico en su casa."
Hermione resopló y dejó caer un pergamino con fastidio, miró como el papel volaba ante el aire que la chica sacó pero volvía a descender... La chica se quedó mirando el pergamino varios minutos y dió un grito de alegría al darse cuenta de aquello.
—¡Es un pergamino! ¡Es un pergamino escondido en Hufflepuff!—gritó, sintiéndose eufórica por su descubrimiento. ¡Por fin estaba cerca de regresar a casa! Pero, como en todo momento feliz, la realidad te llega de golpe, y a la chica le supo como una patada en el estómago.
¿Cómo diablos le haría para ingresar, en donde estuviera, a la sala común de Hufflepuff?
Envíenme sus reviews con sus teorías de como Hermione logrará entrar a la sala común de Hufflepuff.
Besos,
MarianaMasen.
