Hola a todos =3 y disculpen la demora. El viernes pasado fue mi cumpleaños y quise disfrutar de mi única semana de vacaciones celebrando xD.

Ya de vuelta a la escritura, les traigo este capítulo un poco largo en recompensa por la espera.

-.-

-.-.-.-.-.-.-.-.-

-.-

PROMESAS

By: Meg_ek

-.-

-.-.-.-.-.-.-.-.-

-.-

Declaración de Derechos de Autor: Los personajes de este respectivo anime No me pertenecen.

Datos de Interés

"…" - Lo que dice un personaje

'cursiva' – Lo que piensa un personaje

-.-

-.-.-.-.-.-.-.-.-

-.-

Capitulo # 7: Preludio

-.-

Devore el silencio

Y lo hice mío.

Acallando el dolor,

que quiebra y rompe sin voz

mi cordura.

Su eco me acecha,

Marca mi alma con notas mudas

Gritos que reclaman escuchar

Tu dulce melodía.

-.-

-.-.-.-.-.-.-.-.-

-.-

Sólo un instante basto para encender su rabia y vestirse de rojo con la sangre de sus enemigos.

No regresaría, lo había decidido.

Aun alerta a su entorno, con un rostro inexpresivo ocultaba la rabia que lo consumía por dentro. Sólo la tierra era testigo de la tempestad que reinaba en el peliplateado, teniendo como evidencia las huellas profundas que dejaba con cada pisada.

Miro hacia atrás viendo la aldea en la que la había dejado, sin poder entender de dónde provenía su fuerza y el espíritu indomable que lo había arrinconado en la prisión de sus propios instintos.

- "Tonterías" – murmuro entre dientes, Sesshoumaru, al recordar la noche anterior. Sabía que estaba en esa situación por su propia terquedad, por celos que desconocía podía sentir. Nunca había deseado algo que no pudiese poseer y su rechazo sólo alimentaba más el deseo de doblegarla. Borrar ese aire desafiante que la rodeaba al hablarle, al igual que su mirada altiva llena de reproche por lo que ella llamaba, su arrogancia.

Todo lo que su vista alcanzaba a ver le pertenecía. Las tierras de su padre, cada flor, cada riachuelo, pero ella era como un afrodisiaco para él. Los sirvientes temblaban ante su nombre, los humanos corrían despavoridos y los youkais se doblegaban sin poner resistencia.

Inu no Taisho era el único ser que podía desarmarlo sin hacer el mínimo esfuerzo. El título del youkai más fuerte era de su padre con justa razón. Instinto, audacia y honor, era la mezcla perfecta para describir a su progenitor. Entendía porque no era rival para él, incluso Shizumaru a pesar de no recibir el trato que le daba a todos los soldados o sirvientes, sabía que debía actuar con cautela a su alrededor.

¿Por qué esta humana era diferente?

Debía dejar de buscar respuestas en los lugares equivocados, o perdería la razón tarde o temprano. Se rehusaba a admitir la burbujeante necesidad que se alimentaba de su ansiedad cada día, desde que llego la humana rompiendo los esquemas de su sosegada vida.

La lluvia nuevamente cubría sus caóticos pensamientos recordándole una de las razones por la cual estaba sumergido en su actual dilema. Ella no le temía, y sin importar cuanto hiciera, tampoco era merecedor de su odio. La indiferencia que emanaba de ella lo perturbaba.

Uno tras otro, los truenos rasgaron de luz el cielo ensordeciendo todo a su alrededor, haciéndole olvidar el transcurrir de las horas. El cielo pintado de naranja y purpura detrás del gris de las nubes repletas de agua, dejaba apenas ver un fragmento del astro sol que poco a poco se ocultaba en la vastedad del horizonte.

¿Cuántas horas había caminado?

No lo sabía. Viendo a su alrededor, reconoció el camino marcado por las ruedas de las carretas y unas cuantas herraduras que ahora eran charcos. La sombra de los árboles que rodeaban el sendero que utilizaban los humanos para llegar a la aldea, descendían cada vez más, indicándole la pronta llegada de la noche.

Escucho voces y en medio de la oscuridad, dos mujeres se acercaban tapando las lámparas de aceite que las guiaban en la oscuridad de la lluvia. Sonreían inocentes y gruño al recordarla nuevamente. Una se detuvo al verlo y su rostro se contrajo lleno de pánico al notar el brillo depredador que reflejaba su pupila en la oscuridad. Soltó la lámpara y corrió tomando la mano de la humana que la acompañaba dejando un claro rastro de sus pisadas.

Sonrió con malicia dejando entrever un colmillo – "La humana debería aprender de sus iguales a temerme." – comento disfrutando del efecto que provocaba en los seres inferiores que lo rodeaban.

Más pisadas se escucharon y por el sonido pudo reconocer la cantidad de humanos. Eran unos 20, lo más probable, soldados al notar las ligeras reverberaciones en la tierra debido al peso que llevaban.

Se apartó del camino sin querer anunciar su presencia y se ocultó detrás de un árbol. Si iban a la aldea, confirmaría sus sospechas. El pequeño batallón paso frente a él sin notarlo y el youkai descubrió la identidad de su verdadero enemigo.

No eran soldados, eran samuráis. El sello del Emperador brillaba en sus armaduras y en el estandarte que ondeaban.

Recordó las palabras de la humana con apatía. Odiaba darle la razón.

Puso una mano en el tronco del árbol, sintiendo a través de la superficie áspera como se alejaban poco a poco los humanos al disminuir las reverberaciones. Por unos segundos, pudo ver su mano cubierta de rojo recordando el incidente de la noche anterior. Aun podía oler los residuos de sangre en las ranuras de sus garras. Frunció el rostro al recordar con innato asco, la lujuria y la malicia en aquellos inmundos seres antes de morir.

Pero había algo más que permanecía impregnado en su mano derecha, y no eran las marcas magenta que adornaban su muñeca. Era cálido y lacerante a la misma vez.

Cerró los ojos recordando su voz irregular llena de agradecimiento y dolor. Azul mezclado entre lágrimas y felicidad, angustia y compasión, pero nunca odio, a pesar de lo que le hicieron esos seres despreciables.

Gruño lleno de rabia destruyendo de un solo golpe el árbol frente a él – "No regresare" – se dijo a si mismo tratando de acallar las ideas confusas que lo orillaban a regresar y llevarla sana y salva al Shiro del Oeste, de donde nunca debió salir.

La solitud del cielo no se hizo esperar, había luna llena esa noche. La dama de blanco todos los meses permitía a sus admiradores contemplarla sin tapujos. Brillante y majestuosa, la luna iluminaba de plateado todo a su paso acompañada de la lluvia. La llanura se cubrió de un silencio sepulcral perturbador y en la distancia podía ver con claridad cada centímetro hasta llegar a la pequeña aldea. Agudizando sus sentidos, observo con sospecha los estandartes que llevaban los samuráis en las cercanías de la aldea.

El incesante golpeteo de las gotas de agua contra la tierra, los arboles meciéndose, pero en la aldea. Ni un solo ruido.

Guiado por sus instintos decidió regresar. Poco a poco iba aumentando la velocidad, pero algo lo detuvo en seco. El olor a sangre humana diluido por la abundante lluvia y las llamas consumiendo cada choza de la desolada aldea olvidada por los Kamis.

-.-

-.-.-.-Un mes antes-.-.-.-.-

-.-

Tomo un poco de tinta para firmar la carta que le dejaría a Inu no Taisho y escribo su nombre en el reverso del papel, dejándolo encima del futon doblado de su habitación.

Apago la lámpara de aceite y corrió el shoji tratando se hacer el menor ruido posible, para no llamar la atención de los guardias que recorrían cada 15 minutos, las puertas del Ala Este del Castillo.

- "Debo hacerlo" – se dijo a si misma deteniéndose al frente de la habitación de Sesshoumaru. Por unos segundos quiso hablarle, contarle toda la verdad. Había acercado su mano al marco de madera sin notarlo.

Sesshoumaru pensó la humana se atrevería a entrar a su habitación, pero rápidamente, la vio retractarse y caminar rumbo al jardín. Lo que aún no comprendía, era como pretendía salir sin ser vista. Algún plan tenía la humana si se dirigía a los jardines y no a la salida principal.

Esperaría pacientemente en las sombras, para descubrir sus verdaderas intenciones.

Kagome camino sin prestarle atención a la mirada gélida y penetrante que seguía paso a paso, cada uno de sus movimientos. Se miró a sí misma, dudando por unos segundos de su decisión. Llevaba un kimono delgado para el verano. Rojo, con diseños de pétalos de sakura en color blanco y su obi era del mismo color, con la única diferencia que en el nudo se iba degradando hasta llegar a un rosado tenue.

No era adecuado para la temporada de lluvia. La experiencia de viajar tanto tiempo con Inuyasha le había enseñado lo inclemente que podía llegar a ser el clima de Japón, pero debía arriesgarse.

- "Como quisiera tener mi mochila en estos momentos" – susurro abrazándose al sentir la húmeda brisa de la noche calando en sus huesos.

Suspiro distraída, pensando en lo bueno que sería llevarse jabón o algunos implementos para asearse fuera del castillo. En sus viajes con Inuyasha, siempre llevaba consigo su mochila de la escuela con todo lo que necesitaba. No podía negar que venía del futuro y estaba acostumbrada a ciertas comodidades que Inuyasha de una u otra manera, le proporcionaba. Siempre encontraba en medio de sus viajes, aguas termales, haciéndolo parecer una coincidencia. Pero ella sabía que el hanyou lo hacía para complacerla.

- "Podría ser peor, Kagome" – se regañó en voz alta tiritando por el frio al abrir la puerta que conducía al jardín.

Alzo su rostro un poco más calmada y camino con cautela entre las fuentes y las pequeñas bancas que entorpecían su recorrido en medio de la oscuridad.

A pocos metros, la esperaba su único amigo en aquel tiempo extraño y ajeno a ella.

Shizumaru vestía un kimono sencillo negro y su largo cabello azabache lo llevaba amarrado en una coleta alta muy similar a la de Inu no Taisho. En su cintura, cargaba dos katanas. Kagome no pudo evitar sonreír al ver la complicidad en su mirada, mientras le mostraba una pequeña bolsa llena de monedas de oro y otra más grande con alimentos y ropa.

- "Los humanos necesitan de calor y comida para sobrevivir. Pero las hembras tienen otras necesidades" – comento viendo la sonrisa de Kagome al ver los kimonos de invierno y las fragancias de jazmín – "Yo la protegeré, Señorita Mizuki" – agrego ofreciéndole su mano gentilmente.

Kagome la acepto, pero no avanzo junto a él llamando la atención del youkai.

- "Shizumaru, prométeme que cuando sea luna llena, regresaras al Shiro." – pidió Kagome recordando su primer encuentro. – "No quiero que algo malo te suceda. Si no puedes prometérmelo, entonces iré sola" – Shizumaru apretó su mano suavemente para tranquilizarla.

- "Lo prometo" – respondió en un tono seguro y cálido, poniendo nerviosa a Kagome.

Shizumaru se inclinó hacia ella, acercando su rostro peligrosamente. Totalmente roja, alzo su dedo índice deteniendo el avance del youkai - "Una pregunta" – hablo Kagome repentinamente – "¿Cómo saldremos del Shiro sin ser vistos?" – pregunto al sentir el youki de los soldados en la distancia rodeando el perímetro del Castillo.

- "¿Me permite?" – pregunto Shizumaru entiendo su incomodidad.

Kagome asintió permitiéndole acercarse. Pasando un brazo por debajo de sus piernas, la cargo al estilo nupcial – "Los guardias que patrullan la muralla no pueden sentir su aroma, Señorita Mizuki. Además, no es extraño que abandone las cercanías del Castillo en las noches. Soy el encargado de patrullar las tierras de Toga-sama" – Kagome asintió una vez más totalmente sonrojada y se aferró a su cuello sin decir una palabra más.

Sin atreverse a mirarlo, recordó la primera vez que lo vio – 'Mala Kagome, mala Kagome' – se regañó mentalmente, escondiéndose aún más en el cuello de Shizumaru.

Pudo escucharlo reír levemente. Shizumaru podía escuchar los latidos de Kagome como una locomotora. Se preguntaba porque estaba tan nerviosa. Luego de unos segundos, sintió como se relajaba y si no se equivocaba, disfrutar del calor que le proporcionaba.

Bajo la mirada sin dejar de sonreír, con un dejo de melancolía. Lejos del castillo, podría vivir una vida normal sin ser visto como un ser inferior o una carga. Mucho tiempo había abusado de la gentileza y la hospitalidad de Inu no Taisho y su hijo.

Miro en la dirección donde estaba seguro, Sesshoumaru se encontraba. Inclinando la cabeza, le agradeció una última vez por aceptarlo tal cual como era y respetarlo sin importar sus orígenes. Comenzaría una nueva vida, con la única persona que lo veía sólo como Shizumaru.

Ella seguía pensando que era un hanyou, aun así, no le tenía asco a su cercanía y eso lo tranquilizaba. Ya encontraría la ocasión para contarle su historia y la de sus padres, con la seguridad de no ser rechazado por ella.

Adoptando su forma astral, se convirtió en una esfera de luz que ilumino por completo el jardín y cuando desapareció, no había rastro de Shizumaru ni la humana.

Sesshoumaru ya no sonreía, pero de algo estaba seguro. Seguirla ahora sería una tarea tan sencilla como respirar. Sin saberlo, la humana le puso todo en bandeja de plata al elegir a Shizumaru como su acompañante.

-.-

-.-.-.-.-.-.-.-.-

-.-

- "No hay rastro de ellos, mi Lord" – informo Satou haciendo una pequeña reverencia ante Inu no Taisho.

Toga veía con un semblante imperturbable por la ventana del ultimo nivel del Tenshukaku del Castillo. A pesar del repentino cambio en sus planes, Kagome seguía siendo un arma poderosa que no podía descuidar, y la actitud inmadura e imprudente de los más jóvenes de su manada no sería perdonada.

Podía entenderlo de parte de la humana, con los cortos años de experiencia y su falta de conocimiento sobre la situación actual que vivía las Tierras del Oeste. Era comprensible que desconociera la importancia de permanecer bajo su cuidado, sin añadir la dificultad que representaría rastrearla en caso cayera en manos enemigas.

En cambio, Shizumaru no era ignorante de los últimos sucesos y Sesshoumaru aunque no estaba informado de la verdadera identidad de Kagome ni del pequeño detalle, pero no menos importante, de saber que la humana era la portadora de la Perla de Shikon, no tenía justificación.

- "Satou" – Toga pronuncio el nombre del Inuyoukai demandando su atención y a la vez, como una advertencia – "¿No estas ocultándome información sobre su paradero?" – pregunto sin mirar, escuchando los latidos estables de su acompañante esperando algún error en su fachada.

Satou permaneció con la cabeza gacha, entrecerrando los ojos ante la insinuación de Inu no Taisho – "Si se me permite hablar, mi Lord, me gustaría hacerlo en privado y sin ninguna interrupción" – respondió, imprimiéndole seriedad y gravedad a su petición.

Ante la falta de respuesta, Satou hablo nuevamente – "Disculpe mi atrevimiento. Si no necesita más de mi presencia, procederé a organizar al regimiento que patrullara el Shiro" – dando un paso hacia atrás sin abandonar su posición inclinada, espero el permiso para retirarse.

Inu no Taisho miro hacia atrás por el rabillo del ojo y cruzo sus brazos respirando profundamente – "Tienes permiso de hablar, Satou" – concedió acercándose a su Teniente.

Desplegando su youki, cubrió el cuarto para evitar la filtración de información y asegurarle a su consejero de confianza la confidencialidad de sus palabras.

- "Gracias mi Lord" – agradeció Satou irguiéndose, enfrentando la mirada ámbar de Toga – "No es un secreto, nuestro enemigo posee la Perla de Shikon en su poder. Desconozco si es una imitación o la verdadera, pero ya hemos perdido tres aldeas en un mes. Lo que me inquieta, es que de las aldeas que protegen la frontera con el este, la de Nakahima sigue intacta" – Toga entrecerró los ojos al escuchar la sospecha en las palabras de Satou. Sin duda, sabía algo sobre Kagome.

- "Ve directo al punto, Satou y coméntame sobre tus conjeturas" – ordeno Inu no Taisho.

- "Yoshiro ha escuchado los rumores de dos Perlas, y de la llegada de una forastera a las Tierras del Oeste, con la habilidad de detectar la Shikon no Tama" – declaro Satou sin rodeos. – "Nuestro enemigo sin lugar a dudas ya sabe sobre la humana y si confía en mi juicio, estamos en desventaja ante ellos. Propongo detener aparentemente la búsqueda del príncipe y la humana. Dejar que ataquen para revelar su posición, o en el mejor de los casos, su identidad." – aconsejo esperando la reacción de su amo.

Toga medito por unos segundos las palabras de su consejero encontrándolas sabias.

- "Tus palabras aunque acertadas, implican correr un gran riesgo" – respondió Toga poniendo una mano en el hombro de Satou.

- "Discúlpeme de ante mano por mis palabras, mi Lord, pero…" – Satou conociendo el carácter de Toga, se atrevió a poner en duda las decisiones de su Lord buscando este le ofreciera más información sobre la humana – "¿Debo entender que la seguridad de la humana es nuestra prioridad en este momento y no la de Sesshoumaru-kun? " – pregunto sonando incrédulo intencionalmente.

Toga alzo una ceja conociendo los trucos de su amigo, y sonrió débilmente – "No tientes tu suerte, mi viejo amigo" – respondió retirando la mano que había puesto en el hombro del youkai anteriormente – "Mizuki es más importante para estas Tierras de lo que piensas" – comento caminando nuevamente hasta la ventana. – "En estos momentos, su muerte implicaría perder lo más preciado para mí" – agrego viendo con nostalgia el cuadro familiar que adornaba el centro de su biblioteca.

Satou al principio pensó en la peor de las posibilidades. El youkai más poderoso había caído presa de los encantos de una humana, lo que no solo significaría su desprestigio como Lord. Una guerra se desataría de difundirse el rumor de tal atrocidad en las altas esferas del mundo youkai bajo el pretexto de la inestabilidad como líder.

No existía ninguna ley escrita que lo prohibiera, pero era una intocable aunque permaneciera en las sombras. Los humanos eran vistos como seres inferiores desde cualquier punto de vista y marcar una hembra de esta especie como Lady del Oeste acabaría con el orden que había logrado Toga sin duda.

Al verlo tan perdido en sus propios pensamientos viendo el cuadro de la familia real, se tranquilizó al entender la verdadera razón de la preocupación del Lord del Oeste. Pero aún seguía latente el miedo de ver caer ante manos enemigas, las tierras de Inu no Taisho.

Podía entender la forma de proceder de Toga, pero la de su heredero le preocupaba aún más. Sesshoumaru no estaba listo para ser Lord en muchos aspectos, ya que un líder no solo debe ser temido, también debe ser respetado. Toga sabía que la naturaleza de su hijo tarde o temprano representaría el peligro de perder la unidad entre las aldeas y el apoyo incondicional de su pueblo ante la idea de un Lord que desconocen por completo.

Implacable pero distante, así era el heredero del Oeste y muchas veces, su apatía resultaba desagradable e insoportable para los cortesanos que habitaban en la ciudadela.

No es suficiente ser un guerrero temido como su padre, debía ser humilde y escuchar a los consejeros, que hasta el momento, se desconocía de la escogencia de alguno de parte del príncipe.

La esencia de ser Lord es conocer a su pueblo y vivir por su bienestar.

Seguiría sin dudar a Inu no Taisho y le sería fiel a su sucesor, pero ya no estaba seguro de la fidelidad del ejército ante los rumores provocados por la pérdida de control del príncipe con la humana.

- "Toga" – dijo su nombre abandonando el título de teniente y hablándole como un amigo – "Las Tierras del Oeste necesitan permanecer en la misma estabilidad ahora más que nunca. Piensa muy bien cuanto estas dispuesto a sacrificar por asegurar la vida de esta humana y el lugar que le otorgues ante los Guardianes." – menciono viendo de reojo la carta que reposaba en la mesa de su líder.

- "Retírate, Satou. Tendré en consideración tus palabras" – ordeno el Lord sin intercambiar una palabra más.

- "Dejarla morir, significaría lo mismo que permitir la muerte de Sesshoumaru" – dijo para sí mismo, Toga, ya sin nadie que pudiera escucharlo.

Dentro de dos ciclos lunares, el Consejo se reuniría en las Tierras del Oeste para discutir el problema actual. La Shikon no Tama.

Suspiro cansado viendo cada rincón de su reino, desde la amplia ventana.

Todo lo que amaba estaba en peligro, la sensación de enfrentarse a un nuevo enemigo a ciegas, le advertía del poder y la influencia que poseía su adversario. No era coincidencia la llegada de Kagome, lo presentía y el único ser que podía ayudarlo a organizar sus ideas sin arriesgar revelar la identidad de la humana era Bokuseno.

Abandonando la biblioteca, camino hasta su habitación. Ya portando su armadura, llego hasta los portones encontrando a Satou y Danzou discutiendo algunos detalles sobre la búsqueda.

Satou se inclinó y rápidamente se aproximó – "Mi Lord, ¿Se unirá a la búsqueda?" – pregunto en un tono neutral.

- "No hay necesidad, Satou." – dijo Toga, a lo que el inuyoukai asintió – "Regresare antes del atardecer" – fue lo único que agrego el Daiyoukai antes de desaparecer.

-.-

-.-.-.-.-.-.-.-.-

-.-

De un lado a otro, movía ambos pies disfrutando del cálido clima que le brindaba la aclamada presencia del sol.

Tres semanas habían pasado con lentitud, acompañadas de la incesante lluvia.

Kagome permanecía sentada en las pequeñas escaleras del Templo donde vivía con Shizumaru, viendo los charcos y la yerba verde rebosante en vida que crecía en los alrededores de su nuevo hogar. El youkai al llegar le explico que el Templo había sido abandonado hace años, tras un incidente con la sacerdotisa que lo protegía.

No quiso indagar al ver el semblante oscuro que se apodero de Shizumaru. Pero no paso por alto, cuando entro en la habitación principal, el futon manchado de sangre y los paños húmedos a un lado que habían sido dejados.

El olor a hierbas y sangre permanecía en las paredes, acompañado de la pesadez que deja la muerte silenciosa e inesperada. Con anterioridad había presenciado partos en la choza de Kaede y sabia uno se había dado en la habitación. Pero había tanta sangre, que le daba escalofríos de pensar en que había sucedido.

Cuando caminaba por el silencioso templo, evitaba pasar al frente de esa habitación en especial. En la noche, podía escuchar el llanto de una mujer. Al principio no podía dormir, pero la curiosidad la venció más de una vez y se acercó buscando algún fantasma recordando la habilidad de verlos algunas veces.

Nada. Desilusionada, volvía a su futon y quedaba totalmente rendida.

Suspiro y se levantó dispuesta a buscar agua cuando escucho un grito en los previos del templo. Dejando caer la vasija que llevaba, corrió siguiendo el origen de las voces, desesperándose al reconocer los gritos infantiles.

En las escaleras del Templo, un pequeño de cabello negro tenía entre sus brazos a una niña muy parecida a él, al parecer inconsciente.

- "Tranquilo, puedo salvarla" – dijo Kagome acercándose al pequeño, quien retrocedió al verla – "No te hare daño, por favor, déjame ayudarla" – susurro tratando de ganarse su confianza.

El niño veía de un lado a otro nervioso mientras retrocedía. – "No hay tiempo que perder, ella morirá si no es tratada con rapidez… ¿Fue mordida por una serpiente?" – pregunto al ver el tobillo con marcas claras de una mordedura de serpiente y el color morado que rodeaba el área afectada.

Ya sin aguantar, el niño corrió hacia ella llorando – "¡Por favor!" – los ojos de Kagome se abrieron en reconocimiento al ver las manos del pequeño. Tenía garras como Inuyasha. –"¡Salve a Yuka!" – suplico el pequeño tirándose al suelo.

Kagome se arrodillo y lo hizo verla a los ojos – "Eres un hanyou, ¿cierto?" – pregunto en un tono dulce, para no asustarlo – "No te preocupes, la ayudare." – le aseguro cargando a la pequeña que ocultaba sus orejas debajo de un lazo.

Entro al templo y cuando miro hacia atrás, el niño seguía en las escaleras. – "Ven, puedes acompañarla." – le sonrió Kagome caminando hasta él.

- "¿Cuál es tu nombre?" – pregunto mientras acostaba a la pequeña Yuka en el único futon que había en el Templo.

- "Kenta"- respondió el hanyou viendo con admiración las manos de Kagome brillando al ser rodeadas por su poder espiritual.

- "No debes preocuparte, Kenta. Ella estará bien" – la pelinegra ya no podía sentir veneno en el torrente sanguíneo de Yuka y conociendo lo rápido que sanaban los hanyous, estaba segura la vería saltando de un lado a otro en menos de dos horas – "Traeré algo de agua y comida, debes tener hambre. Espérame aquí" – dijo antes de ponerse de pie y ver con ternura como Kenta tomaba la mano de su hermana entre las suyas con preocupación.

- '¿Qué estará haciendo Shippou en estos momentos?' – pensó al recordar al pequeño kitsune y el sonido de su aguda voz sonriendo y dándole la bienvenida tras cada regreso al Sengoku.

El tiempo lo curaba todo, era la frase que su madre siempre decía al pensar en su fallecido padre. Viendo su reflejo en el agua, entendió el vacío en la mirada de su madre y la soledad oculta detrás de cada sonrisa.

Después de haber perdido a Inuyasha, pensó nunca se recuperaría de su muerte. Era como un cristal fracturado, imperfecto. Su corazón latía con rapidez ante su mero recuerdo, pero el dolor era más soportable gracias a Shizumaru.

Extrañaba a sus amigos, deseaba verlos y decirles que estaba bien.

Camino hasta la cocina recordando que precisamente estaba esperando la llegada del pelinegro. Ya era tarde y se preguntaba si algo lo había retrasado. Solo tenía algunas frutas en la pequeña cocina y Kenta se veía realmente hambriento. Las puso en una pequeño plato de madera y preparo un poco de té presintiendo la venida de una larga noche lluviosa.

- 'Apuesto, que a Kenta y Yuka le encantaría el ramen que tanto les gustaba' – pensó al ver el agua hirviendo. En sus viajes, Sango y ella se encargaban de cocinar para el grupo. En su mente, permanecía nítida la imagen de la última vez que acampo con sus amigos y compartió su ración de ramen con Shippou.

- "Kenta, no pude conseguir carne pero esta mañana recogí algunas frutas" – hablo alto para que el pequeño la escuchara.

Los pasos en el tatami la hicieron sonreír, y agradeció a los Kamis por la inesperada compañía que le ofrecían. Kenta se acercó a ella con una sonrisa y la ayudo a llevar las frutas, dejándole la pequeña tetera a Kagome.

- "Miko-sama" – hablo el pequeño casi susurrando. – "¿Por qué los aldeanos nos odian?" – pregunto sentándose a su lado, viendo a su hermana dormir plácidamente.

- "A veces, le tememos a lo que es diferente a nosotros." – Respondió Kagome con la mirada perdida – "Pase lo que pase, recuerda que no importa qué, sino, quienes somos."- Las manos de Kenta se aferraron a su kimono por unos instantes.

Kagome tenía tantas de ganas de llorar al ver en aquellos ojos grises, tanto dolor y soledad. Poniéndose de pie, podía sentir como el pequeño le rogaba en silencio no lo abandonara con la mirada. Debía hallar las fuerzas para no flaquear, y regalarle un poco de sí misma como hizo una vez con Inuyasha.

Cuando regreso, Kenta oculto su mirada debajo de los mechones de cabello que sobresalían cayendo en su rostro, para que no viera las lágrimas que retenía - "Vive con orgullo y no agaches la mirada. No elegiste venir a este mundo como hanyou, nadie puede elegir la manera en la que nace." – Kagome tomo su barbilla dulcemente obligándolo a verla.– "Sé valiente, Kenta. Y enfrenta la ignorancia y el miedo de los que te rechazan con un corazón fuerte." – agrego cubriéndolo con una manta.

-"No tengas prejuicios, y acepta la bondad sin importar en que ser la encuentres"- Kenta sin poder soportar más, la abrazo y lloro en silencio.

Al verlo, recordó la mirada desconfiada y distante de Inuyasha al conocerlo. ¿Cuánto dolor podía soportar una criatura, antes caer presa del odio y la soledad? Lloro silenciosamente, acariciando maternalmente la cabeza del pequeño hanyou, que en medio de espasmos, había quedado profundamente dormido.

Deseaba conocer con todo su corazón al Inuyasha de ese tiempo, pero sabía que no podía cambiar su pasado, y verlo sería demasiado duro para ella. La noche llego y Kagome veía con una sonrisa a los dos hermanos dormir.

La puerta del Templo sonó alertándola de la llegada de Shizumaru. Levantándose con sumo cuidado de no despertar a sus invitados, camino pausadamente hasta llegar a las escaleras del Templo. Con pasos lentos, el youkai se acercaba con una docena de pescados en una mano y un costal de arroz en la otra.

Kagome se alegró de verlo regresar sano y corrió para recibirlo como siempre lo hacía. Pero esta vez, el youkai no le obsequio una sonrisa.

- "Te advertí que no hablaras con extraños" – reclamo Shizumaru con voz grave viéndola fijamente.

- "Bienvenido a casa" - atino a decir Kagome sonriendo nerviosamente al ver lo tenso que estaba.

- "Nadie podía saber de nuestra localización, era importante permanecer ocultos" – respondió acercándose a ella, ignorando su gesto y tomándola por los hombros.

- "¿Podrías escucharme antes de acusarme?" – se defendió alzando la voz, al ver la dureza en su mirada. – "Escuche a alguien pidiendo ayuda, y cuando la vi herida…" – Kagome no pudo continuar, Shizumaru paso a su lado y subió las escaleras.

- "Deben irse" – fue lo único que dijo antes de entrar y ver a los dos niños durmiendo.

Kagome camino detrás de él y toco su hombro deteniéndolo – "Pensé que lo entenderías" – susurro acercándose, hasta apoyar su frente en la amplia espalda del youkai.

- "Son hanyous" – Shizumaru entendió el significado de las palabras de Kagome.

Inhalo buscando la manera de decirle todo. Era el momento adecuado para decirle la verdad – "No soy un hibrido" - susurro volteándose para ver la reacción de la miko.

La pelinegra lo vio confundida sin pronunciar palabra alguna, esperando Shizumaru se explicara sabiendo lo poco que le gustaba ser presionado o cuestionado.

- "No estoy enojado porque lo sean. Estoy enojado porque pueden decirle a los aldeanos de tu presencia y poner en riesgo lo que hemos logrado." – explico el youkai sin atreverse a mirarla directamente.

- "Entiendo…" – susurro como respuesta. – "Pero lo que no logro entender es por qué me mentiste"

- "Mizuki" – el youkai se acercó a ella con pasos inseguros. – "¿Cambia algo que sea un youkai?" – pregunto Shizumaru esperando una respuesta. Kagome alzo la mirada brindándole una sonrisa, negándole con la cabeza – "¿Te sentirías más segura si lo fuese?" – al preguntar esto, vio en los ojos azules de Kagome cierto brillo que lo desconcertó.

- "No. Shizumaru es Shizumaru, sin importar que sea" - respondió rompiendo la distancia entre ellos rodeándolo en un abrazo.

Shizumaru correspondió el gesto y beso su cabello disfrutando de la calidez que ella le brindaba sin pedir algo a cambio.

- "Gracias" – dijo el youkai disfrutando del aroma que desprendía el cabello de Kagome.

La lluvia no se hizo esperar, acompañando con su húmeda presencia cada hora hasta darle la bienvenida a la media noche. El Templo quedo sumido en la oscuridad. Sólo los insectos perturbaban el silencio perfecto que adormecía a los habitantes de la madre Tierra.

Dentro de cinco días habría luna llena, y Shizumaru sabia tendría que dejarla sola.

-.-

-.-.-.-.-.-.-.-.-

-.-

Kagome abrió los ojos, al escuchar el bullicio de muchas personas hablando. Alerta, se puso de pie y camino hasta una de las habitaciones escondiéndose en la oscuridad. Desde la ventana, vio quienes invadían la entrada del Templo. Seis mujeres y siete hombres hablaban entre si discutiendo sobre el fantasma de Nakahima.

Kenta y Yuka se habían ido después de tres días, y le habían prometido no decirle a nadie sobre su existencia. Suspiro al ver a los dos pequeños acompañando a una de las mujeres. Las advertencias de Shizumaru hicieron eco en su cabeza y podía escucharlo decirle: "Te lo dije" una y otra vez. No podía arriesgarse, la noche anterior Shizumaru había partido al Shiro cumpliendo su promesa. Esa noche habría luna llena.

- "Chize-san, es cierto. Miko-sama me curó, ella podrá salvar a los aldeanos" – escucho decir a la pequeña Yuka.

Nerviosa, permaneció oculta sin saber qué hacer. No podía culpar a los pequeños, era natural que las mikos curaran gente y acudieran a ellas cuando ocurrían desgracias. Querían ayudar solamente, pero algo dentro de ella le advertía no se involucrara al ver en los rostros de los aldeanos, una actitud sospechosa.

La experiencia que tuvo el día de su llegada, fue suficiente para aprender lo cruel que podían llegar a ser si alguno de los pequeños en un descuido, le informaban que vivía con un youkai. Podía purificar seres sobrenaturales, pero si un humano la atacaba estaría totalmente indefensa.

- "¿Qué hago?"- se preguntó al ver a una de las mujeres entrar al Templo.

Oculta detrás de los pilares del dojo, vio como acompañada de Kenta, la mujer caminaba directamente hacia ella con seguridad. Pudo sentir los poderes espirituales que la rodeaban, mezclados con algo más.

- "¿Miko, por qué te ocultas?" – pregunto la intrusa sin dar un paso más. – "Puedo sentir tus poderes espirituales, no tiene sentido que te escondas" – hablo fríamente, una mujer de unos 40 años pero su mirada reflejaba más experiencia de las que sus años mostraban.

Kagome salió de su escondite y se mostró entendiendo la futilidad de seguir con el juego del gato y ratón - " ¿Qué desea?" – pregunto sin bajar la guardia.

- "En nuestra aldea hay una peste y mis poderes han sido influenciados por una maldición. Sería de gran ayuda que una miko con sus poderes nos ayudara." – explico la mujer viéndola detalladamente.

- "Lo siento, pero no puedo abandonar este Templo." – trató de excusarse sin sonar sospechosa. – "En este lugar hay un alma aprisionada y es mi deber liberarla." – pensó rápidamente al recordar el incidente mencionado por Shizumaru.

- "¿El alma de Nakahima?" – sugirió la mujer con malicia.

- "Si" – confirmo Kagome. Un escalofrió la recorrió de pies a cabeza al ver la sonrisa oscura que le brindo la mujer.

- "Mi nombre es Chize, hermana de Nakahima, la antigua protectora de la Shikon no Tama." – Declaro acercándose a Kagome sin dejar de sonreír – "Miko-sama, si ha podido sentir el alma de mi difunta hermana, debo insinuar que posee el poder de ver la Perla." – ante sus palabras, Kagome no desespero y guardo la calma, respondiéndole sin titubear.

- "Poseo la habilidad de ver espíritus, solo eso" – se defendió.

- "Parte de su alma quedo aprisionada en la perla, por eso la única manera de verla, es detectando la Shikon no Tama" - agrego pausadamente antes de regresar al lado de Kenta.

- "No he podido verla, si a eso se refiere. He intentado el ritual del exorcismo en el cuarto principal de este Templo sin éxito. Pero ahora todo tiene sentido gracias a sus palabras" – reviro la pelinegra viendo esta vez un poco de impaciencia en el rostro de Chize.

- "Entonces podrá acompañarnos, ya que no tiene sentido seguir en este lugar." – dijo antes de salir creyéndose victoriosa.

- "No he dicho que iré con ustedes"- respondió con voz alta, Kagome. – "Pronto habrá luna llena y en esa noche, mi habilidad para ver espíritus aumenta. Si después de eso no logro ver el alma de su hermana, con gusto los acompañare." – mintió sin tener otra opción para ganar más tiempo.

Chize miro hacia atrás y solo asintió – "Entonces, la veremos pronto, Miko-sama" – pronuncio enfatizando cada palabra provocando que otro escalofrió recorriera el cuello de la joven miko.

- "Shizumaru, regresa pronto" – susurro Kagome desde el interior del Templo, viendo a los aldeanos partir.

De un momento a otro, todo su ser palpito al sentir un youki poderoso en el interior del Templo.

Kagome conocía a la perfección al dueño de esa energía – 'Hola Sesshoumaru. ¿Cómo estás?' – pensó imaginándose como sería un encuentro "agradable" con el Sesshoumaru de esa época. – '¿Sería mucho pedirte que no fueras un arrogante pesado?' – Suspiro sabiendo la respuesta, incluso en el futuro, su trato no era el mejor de todos.

Abrió la puerta del dojo y en la esquina más lejana del cuarto, oculto en las sombras, Sesshoumaru la esperaba.

- "Sesshoumaru-sama" – estuvo tentada a hacerle la pregunta que se había hecho mentalmente, pero se detuvo – "¿Puedo preguntar a qué debo el honor de su visita?" – hablo en un tono neutral armándose de paciencia.

- "Tu hospitalidad me sorprende, humana" – dijo sarcásticamente el youkai.

- "No debe sorprenderle, no soy yo la que hostiga o intenta asesinar en la noche a sus invitados." – respondió con el mismo sarcasmo que él le brindo.

Ya extrañaba discutir con la humana, pero debía recordarle su lugar incluso fuera del Shiro.

- "Sigues siendo una invitada en mis tierras, humana" – contesto acercándose a ella.

- "Lo sé" – Kagome no quería admitirlo, pero su presencia la tranquilizaba un poco, después de la zozobra que dejo la visita de aquella extraña mujer.

Sesshoumaru no perdió detalle de su reacción. Bajo los hombros y los latidos de su corazón se estabilizaron considerablemente luego de la intromisión de los humanos.

- '¿Le teme más a los humanos, que a este Sesshoumaru?' – se preguntó al ver como la vena en el cuello de Kagome dejaba de palpitar rápidamente.

Acercándose a ella, la tomo de la muñeca inesperadamente, con la intención de lastimarla.

- "¿Pasa algo?" – escucho decir a la humana con preocupación.

Su mirada azul no reflejaba desconfianza o temor. ¿Acaso no lo creía capaz de asesinarla?

- "Sesshoumaru-sama" – volvió a llamarlo.

Alzo su mano afilando sus garras dispuesto a comprobar que tanto la humana confiaba en él, pero escucho un sonido que lo alerto. Los humanos no sabían cuando rendirse.

- "No salgas" – ordeno desapareciendo dejando a Kagome confundida.

Agudizando sus sentidos, escucho la madera crujir al ceder ante el peso. Aunque era muy ligero, sabía que eran pisadas. Una kunai rozo su mejilla sin lograr cortar su piel y descubrió la posición del enemigo. Eran humanos vestidos de negro, con un estilo de pelea muy diferente a cualquiera que se haya enfrentado.

El grito de la humana llamo su atención. Regresando al dojo, no habían rastro de ella en ninguna parte y una cortina de humo bloqueaba cualquier rastro de olor que pudiera seguir – "Malditos humanos" - murmuro al sentir las ondas en el aire, logrando esquivar otro kunai.

Desapareciendo en la oscuridad, rastreo a uno de los humanos, decapitándolo al moldear el veneno en forma de un látigo en su mano.

Sesshoumaru espero los otros revelaran su posición, pero ninguno dio un paso en falso. Eran ninjas entrenados, y por su actitud, tenían experiencia en cómo luchar con un youkai. Gruño al sentirse subestimado.

- "Los humanos nunca entenderán su propia inferioridad" – dijo antes de matar uno a uno, sin poder perder más tiempo. El último aún permanecía con vida.

- "¿A dónde la llevaron?" – pregunto acercándose al humano.

El ninja intento huir, pero la bota de Sesshoumaru lo golpeo en la espalda y lo aprisionó contra el suelo. El youkai desenfundo lentamente su katana y la hundió en una de las manos del moribundo hombre aumentando la presión en su pierna ante los movimientos erraticos de su victima.

- "¡La Shikon no Tama será nuestra!" - Advirtió a pesar de dolor - "¡No hay nada que puedan hacer!" – agregó tosiendo sangre.

Sesshoumaru poco sabía sobre la Shikon no Tama, y no le interesaba saber más. Solo los débiles buscaban hacerse fuertes sin utilizar su propia fuerza. Pero algo tenía claro, la humana estaba relacionada de alguna manera con la joya legendaria y esa información si le parecía importante.

El tiempo estaba escaso y era de carácter inminente la extracción de información. Con la misma bota que mantenía presionada contra el humano, lo volteo ágilmente y está vez se apoyó en su pecho - "¿Para qué quieren a la humana?" – pregunto dejando que una gota del veneno que escurría por sus garras, cayera en la herida abierta en el abdomen del ninja.

Los gritos no se hicieron esperar y lo vio revolcarse de la desesperación ante el poder de su veneno – "Dime lo que deseo saber" – exigió al verlo detenerse.

El ninja intento retroceder – "¡No!" – suplico respirando rápidamente entrando en pánico. – "La humana puede detectar la Shikon no Tama, puede llevarnos a ella" – dijo difícilmente.

Sesshoumaru sabia ocultaba algo más. Alzo nuevamente su mano y escucho gritar al humano – "¡NO! " – el youkai se detuvo esperando más información. – "Chize-sama nos dijo que ella tenía la Perla, que la protegía" – agrego escupiendo más sangre – "Dijo que tendría que corromperla para romper el hechizo que la protegía. ¡Es todo lo que sé!" – sus últimas palabras fue lo que más llamo la atención de Sesshoumaru.

El ninja seguía suplicándole por su vida. Sesshoumaru extrajo la katana y lo arrastro hasta la entrada del Templo – "¿A dónde la llevaron?" – pregunto tratando de sentir algún indicio de sangre en el aire.

- "A… la aldea" - respondió ya sin fuerzas, el humano.

Sesshoumaru lo vio de reojo y decidió marcharse, la gravedad de sus heridas no le permitirían seguir con vida. No tenía caso mancharse de sangre humana si no era estrictamente necesario. –"Por tu propio bien, humano, espero no hayas mentido." – advirtió viendo como retrocedía nuevamente sin mucho éxito su presa.

Quería equivocarse, y que el significado detrás de la palabra "corromper" no fuera el que estaba pensando.

-.-

-.-.-.-.-.-.-.-.-

-.-

- "¡No!" – grito Kagome intentado soltarse.

Con los ojos vendados, solamente podía sentir como todo se movía a su alrededor. La carreta en la que la llevaban se detuvo y entre varias personas la bajaron – "¡Suéltenme!" – exigió sin dejar de moverse.

- "Guarda silencio" – escucho antes de ser golpeada en la nuca, dejándola inconsciente.

Abrió los ojos lentamente, al recuperar la consciencia. Era como si un panal de abejas se hubiera ensañado con su cabeza. La luz atravesaba sus parpados, empeorando el dolor.

- "Sé que estas despierta, Miko." – Kagome se sobresaltó al reconocer la voz de su captor.

- "Chize-sama, esperamos sus órdenes" – uno de los hombres de la aldea esperaba una respuesta de la Sacerdotisa, parado en la puerta de lo que parecía ser una choza.

Kagome intento moverse, pero aún tenía las manos atadas – "¿Qué quiere de mí?" – pregunto tragando saliva para aliviar la resequedad de su garganta.

- "Como hermana de Nakahima, soy su sucesora." – respondió Chize haciéndole un ademan al hombre para que la esperara afuera. – "Sé que tienes la Shikon no Tama, pero no puedo verla con claridad. Su presencia esta todo el tiempo a tu alrededor" – acercándose a ella, la agarro por el cabello obligándola a verla – "¿Dónde está la Perla?" – exigió ejerciendo fuerza.

Kagome cerro un ojo por el dolor, pero no flaqueo – "No sé de qué habla" – respondió antes de sentir como la golpeaba contra el piso. Su frente palpitaba de dolor. – 'No puedo decirles… No' – Chize agarro su barbilla con fuerza, zarandeándola para llamar su atención.

- "Conozco a la perfección el hechizo que te protege y también sé cómo romperlo" – susurro en el oído de Kagome. La pelinegra giro su cabeza encontrándose con la mirada fría de Chize.

- "¿Para qué quiere la Perla?"- pregunto con voz temblorosa.

- "Quiero pedir un deseo" – revelo Chize con un semblante oscuro. – "Es la única manera de hacerlos humanos, que no sean despreciados por los aldeanos." – prosiguió dándole la espalda.

- "Kenta y Yuka…" – susurro Kagome recordando que los dos pequeños solo se acercaban a ella.

- "Son los hijos de mi hermana" – admitió.

- "La Perla los convertirá en humanos, pero serán malignos. Grandes desgracias se desataran si pide un deseo" – trato de hacerla entender, Kagome. – "La Shikon no Tama solo concede muerte y miseria a los que la ansían" – Chize la miro por unos segundos con una expresión en blanco.

- "Debo intentarlo, y así, mi Señor le perdonara la vida a mis sobrinos" – al decir esto, chasqueo los dedos y Kagome vio entrar a tres hombres. – "Es una sacerdotisa, no sean muy crueles" - pidió sin decir más.

- "¡Por favor!" – Los gritos de Kagome se escucharon en toda la aldea.

Los aldeanos salieron y Kagome les pidió ayuda, pero ni uno movió un dedo. Un niño se acercó pero su padre lo detuvo con un rostro lleno de culpabilidad.

- "Chize-sama no haría esto, es inhumano, no pueden hacerle esto a una sacerdotisa" – dijo el hombre apelando a la cordura.

- "No quiso cooperar, debe hacerse" – respondió la antigua sacerdotisa saliendo de la pequeña choza donde antes, tenían prisionera a Kagome.

En su mano tenía una carta. Kagome pudo reconocer el sello Imperial con claridad. Tenía que decirle a Toga todo lo que sabía, tenía que escapar. No sabía con exactitud que tenían planeado para ella, pero nada bueno podía ser si los aldeanos no se atrevían a verla.

A una distancia prudente, se detuvieron y soltaron los amarres en sus muñecas. Los miro esperando el siguiente movimiento llena de miedo, y uno de ellos se acercó soltando el nudo que sostenía la parte inferior de su pantalón.

- "¿Qué está haciendo" – pregunto retrocediendo al ver la lujuria en sus ojos.

Sin una explicación, antes que pudiera escapar, los otros dos la agarraron de cada brazo impidiéndole moverse.

- "Por favor, no hagan esto…" – suplicaba retorciéndose para escapar.

- "Si nos dices donde está la perla, te dejaremos ir" – hablo el único de ellos que se rehusaba a mirar.

- "No puedo dárselas, no lo entienden. Es parte de mi…" – trato de explicarles, pero el que estaba delante de ella rasgo su kimono revelando su pecho vendado. – "¡NO!" – grito logrando patearlo.

- "Maldita" – dijo sin aire, agarrando su entrepierna, donde Kagome había dado el golpe. – "Suéltenla, yo seré el primero" – ordeno acercándose a ella.

No desaprovecharía la oportunidad. En el instante que soltaron sus brazos, la pelinegra corrió hacia atrás intentando huir. Sus piernas entumecidas por las cuerdas no duraron mucho y grito al sentir como era jalada por el cabello y tirada al suelo.

- "Tranquila, shhh…" – susurro en su oído.

Escupiendo al sentir la tierra en su boca, sintió como era volteada bruscamente. Seguía gritando, aunque su garganta pareciera desgarrarse. Su atacante abrió sus piernas y se colocó encima de ella con un rostro ansioso.

Un grito desgarrador rompió el silencio del bosque. Pero no fue comparado al rugido que hizo temblar a los habitantes de la aldea en terror por la furia del Príncipe del Oeste.

-.-

-.-.-.-.-.-.-.-.-

-.-

Aquí está el séptimo capítulo, más largo que los anteriores debido a que no sé cuándo pueda actualizar nuevamente…

Si no entendieron algo, la primera parte del capítulo es el presente en el tiempo de Sesshoumaru y el final es la noche anterior. En el siguiente seguirá lo que sucedió esa noche y todo quedara claro.

Gracias a todos por sus reviews!

Daniela, quería decirte que intente enviarte un email y me lo devolvían diciéndome Envió Fallido Para que sepas que intente ponerme en contacto contigo, pero no lo logre.

AHORA SI xD REVIEW REVIEW