ATADOS
con "a" de avergonzados
La verdad es que todo aquello le parecía increíble. Aún no podía creerse que estuvieran, ambos, en aquella fiesta, y menos con esas pintas.
- Mycroft, ¿podrías volver a repetirme qué hacemos aquí? – preguntó éste por vigésima vez desde que habían llegado.
- Gregory… - dijo como advertencia éste, mortificado.
La verdad es que a Greg todo aquello ya le parecía hasta divertido. Después del susto inicial al escuchar la propuesta de su pareja hacía una semana, había pasado a la incomodidad, al miedo, al horror al ver que sería algo inevitable, a la vergüenza total y, finalmente, ahora, a la diversión.
Bueno, es que no se veía a un Mycroft Holmes entre la espada y la pared todos los días, y menos vestido como una especie de Mary Poppins en tío. A veces el policía se planteaba si ese hombre podía vivir sin su paraguas. La cosa, pero, hubiera sido aún más divertida si él no fuera vestido como un jugador del Chelsea y no hiciera tanto frío en Londres esos días.
Sherlock, que les abrió la puerta de su apartamento vestido como una especie de dragón rojo unas horas antes, les había reñido por su elección de disfraces, justamente porqué no lo eran. Si tenían que ir a esa fiesta en contra de su voluntad, chantajeados por el hermano menor de su pareja, al menos irían sin gastarse ni un penique.
El más joven igualmente les dejó entrar, ya que no iba a perder la oportunidad de seguir metiéndose con ambos y su relación – como también por como hablaban entre ellos, como se miraban, donde elegían hacer qué, sus ropas, el after shave que usaban… -. Había sido así desde que éste les pillara en Scotland Yard durante el apagón. Sherlock ahora tenía a su hermano en sus manos, ya que con la simple mención de comentarle algo a la madre de ambos Mycroft hacía todo lo que éste dijera. Si no fuera porqué le gustaba tanto el hombre lo encontraría algo patético, pero en realidad lo veía encantador.
- Anda, vamos a buscar algo a la cocina para beber – le dijo entonces al político, para distraerle un poco de la vergüenza que todo aquello le causaba. Llevaban como una eternidad allí, era tarde y aquello parecía que iba a durar aún un buen rato.
Ambos habían estado toda la fiesta algo apartados del reducido grupo que allí se había reunido, grupo que simplemente se habían aposentado en la sala de estar y se habían dedicado a conversar entre ellos. Greg conocía a la pelirroja amiga de Sherlock y a Donovan, que aún se preguntaba qué estaba haciendo allí. El resto habían sido presentados como "amigos de John".
Cuando llegaron a la cocina el de pelo gris paró en seco, con lo que Mycroft le dio un pequeño golpe, pero éste fue incapaz de decirle nada, no después de poder ver lo que allí estaba sucediendo.
En aquella cocina que comunicaba (sin una maldita puerta) con la sala de estar (donde estaba todo el mundo), estaban Sherlock y John, empotrados, literalmente, contra la nevera. John estaba atrapado entre el electrodoméstico y el detective consultor, aunque no parecía molestarle en absoluto. No al menos para Greg, que podía ver como éste – que iba vestido como aquel hobbit de la Tierra Media – estaba rodeando a Sherlock con sus brazos y apretándolo contra si.
De pronto tuvo una idea. Cogió a Mycroft del brazo – que parecía incapaz de reaccionar – y se lo llevó al piso de arriba, donde sabía que había el baño y el cuarto del doctor.
Primero fueron al baño, donde soltó a Mycroft y empezó a rebuscar en los diferentes armarios y cajones que allí había. Decepcionado de no encontrar lo que buscaba se fue al cuarto de John, viendo por el rabillo del ojo que su pareja esta vez lo seguía sin necesidad de cogerlo.
Rebuscó primero en los cajones de la cómoda y luego fue a por los de la mesita de noche.
- ¡Ajá! – gritó satisfecho, mientras sacaba de allí una caja de condones y un bote de lubricante.
A Mycroft se le iluminó la cara. Greg se río, porqué con ello pudo entender que éste había intuido ya su plan.
- ¿Crees que Sherlock tendrá…?
- No – le interrumpió el político antes de que pudiera terminar -. No, absolutamente no.
- Perfecto – dijo sonriendo con total satisfacción.
- Oh, y Gregory…
- Dime.
- Hoy iba a ser su primera vez juntos – dijo con total seguridad el castaño (pero pelirrojo en realidad).
- ¿Lo dices en serio? – preguntó esperanzado. Oh Dios mío, aquello era aún mejor.
- Sí. Por como John transpiraba y el pequeño temblor de la mano derecha de Sherlock es evidente que hoy era su prim-
- Oh, cállate. Vosotros los Holmes y vuestros malditos "obviamente", "evidentemente", "claramente"… – remugó un poco, pero incapaz de borrar la sonrisa de su cara.
Mycroft le dio un pequeño beso en la mejilla antes de cogerle de la mano y sacarle de allí. Bajaron las escaleras calmadamente, intentando mantener la compostura y las ganas de reírse. Pronto llegaron a la puerta, se despidieron de todos y antes de que nadie (o sea, Sherlock) pudiera evitar que se fueran (si es que se estaba enterando de algo en esos momentos) salieron del apartamento.
Que dulce es la venganza, pensó Greg mientras corría, con Mycroft a su lado, hacia el coche que los esperaba a la vuelta de la esquina.
Reto: Cosplaying
O sea, no puedo ponerme seria con estos retos. Es imposible.
Este capi de hoy va dedicado a todas las personitas que me han dicho que querían un poco de Johnlock. Ale, ¿contentas? :P
Mycroft y Greg son unos malvados. Pensad que la fiesta terminará tarde, y para cuando éstos se den cuenta… Todas las tiendas estarán cerradas. Hoy se quedan sin acción. Muajajaja.
Hasta mañana :D
PD: Libre interpretación hoy otra vez con el reto XD
Riku Lupin
