No quiero explicar


Lily miró a Snape, mientras Harry permanecía sentado a un lado de ella, entre sus brazos.

— Te escucho, Severus.

Snape respiró pesadamente y entornó la vista hacia Harry. Curioso, lo miraba fijamente.

Relatar todo lo que había hecho mal, no resultaba ser prometedor. Debía empezar desde el momento en que la había conocido. Pero y sin embargo, no esperaba terminar diciendo cuánto la amaba.

Harry escuchaba la larga y penosa historia y no podía creer que Snape escondiera tanto en simples palabras.

En cierta forma, comenzaba a darle lástima.

— Entonces, eso lo hizo como es actualmente.— argumentó el chico y Snape ladeó la cabeza para mirarlo— por supuesto. Ahora entiendo por qué nos odia tanto.

Lily parpadeó sorprendida.

— "Nos odia"...¿Cómo es eso, Severus?

Snape soltó una especie de siseo débil y entornó la vista hacia Lily. ¿Cómo decirlo? ¿Cómo decir que había estado maltratando a Harry, durante años y años?

Los que tuviera en ese momento, claro.

— Potter y yo tenemos nuestras notables diferencias. Normalmente terminamos...

— Tú, castigándole y vejándolo. Seguramente.

Severus no contestó, mientras Lily acariciaba el rostro de su hijo, con una sonrisa suave entre sus labios.

— Pero eso no volverá a pasar, porque en lo que me quede de vida, no permitiré que te le acerques.

Sí, el plan le había salido mal. Pero se lo temía. No tenía por qué cambiar, aunque la reanimara.

Ella era así y para su desgracia, había traído el odio para con él, consigo. Bien, su plan de recuperarla...

Estaba dando luces de fracaso.

— Pero...yo en realidad, no te devolví a la vida por esa razón en particular. Lily. Quisiera...explicártelo.

Lily asintió, ladeando la cabeza hacia él. Mientras pensaba en las palabras correctas, recordó que Harry estaba allí. No necesitaba sus reclamos. Necesitaba más bien, decirle que abandonara el despacho.

Pero ¿cómo?

— Potter, regresa a tu sala común. Ya es tarde para que estés aquí.

Harry miró a su madre, que sonreía.

— Ve, estaré aquí por la mañana.

No contestó y tomando su capa de invisibilidad, caminó hasta detenerse la puerta y se dio la vuelta para mirar a su madre. Ella continuó sonriendo, mientras él se echaba la capa encima y se alejaba, cerrando la puerta. Severus se preguntó si permanecería afuera, espiando.

Seguramente.

— Lily yo...

La mujer reparó su atención en él, nuevamente.

— Quería disculparme por todo cuanto había dicho y hecho.

Lily respiró pesadamente y no contestó, Severus lo tomó como aval para continuar.

— Quería decírtelo en persona, pero habías muerto y realmente...

— Entiendo. Una vez que me lo hayas dicho y creas que yo te dire: Oh Severus, fue una confusión. Te perdono. Tú me volverás a asesinar y continuarás con tu vida. ¿Cierto?

Severus negó con la cabeza, rápidamente. De forma tan violenta, que sobresaltó a la mujer frente a él.

— No. Quiero que vivas con tu hijo. Siento que te quité ese derecho y bien... lo que hice no es posible. No sé si alguien sabe que se puede revivir a alguien, petrificándolo antes...

Pero Lily lo interrumpió de pronto.

— Si Voldemort me asesinó.— dijo y Snape tembló ligeramente— ¿Cómo diablos sigo viva para que tú hicieras uso de tus artilugios?

Severus respiró y volvió entonces, a su punto inicial.

— Eso estaba por decirte. Tú salvaste a Potter, por el amor incondicional que le tenías. Te sacrificaste por él. Y yo te salvé de la misma forma.

Lily despegó los labios, pero Snape continuó.

— No podía asesinar a la persona que amaba. Él no pudo. No pudo con Potter, por ti. Y no pudo contigo, por mí.

— Pero James me amaba, James era mi esposo. Y yo lo amaba a él. Él quiso protegerme y sin embargo.

— Quizá no te amaba tanto.— dijo Snape a la ligera y Lily se levantó de la cama. Se tambaleó ante el esfuerzo que había hecho.

— Cállate. Jamás vuelvas a repetir algo así.

Severus pareció encogerse en su lugar, mientras Lily regresaba por inercia, a la cama. Ladeó la cabeza y miró un punto muerto sobre la pared. Una extraña mancha sobre aquellos muros de piedra.

— James es diferente a ti. James sabe ver lo importante. Tú solo ves los alrededores. Él puede admitir que se equivocó.

— Y yo también lo he hecho. Por eso te he traído de vuelta.

— No. Lo has hecho para no cargar con mi cuerpo en tu consciencia. Para intentar reprimir la culpa.

¿Cómo rayos le hacía comprender a esa mujer tan testaruda? Meditó y entonces, una idea se detuvo en su cabeza. Pasando como un rayo.

— No me extraña que eso sientas. Creo que te lo mereces y...

Guardó silencio, algo oprimía sus labios.

Otros labios.

Entonces, los pensamientos dejaron de brincar, literalmente, en su cerebro. Fue entonces cuando finalmente, Severus Snape tuvo el control de la situación.

De sus palabras.