Diiiisculpen la extrema tardanza. Pasé tres días en esto. Se preguntarán por qué, pero es que sólo tengo tiempo en las noches y escribía un poco hasta que me daba sueño cada vez. Literalmente acabo de terminar y ya lo quiero listo.
Disfruten.
Ocho meses.
Lo maneja. Siempre ha sido bueno en manejar cosas. Se ha vuelto una herramienta de supervivencia, teniendo en cuenta los sucesos que ha tenido que vivir. Es un proceso que toma tiempo, la lenta aceptación, pero pasa. Como cubrir una cortada con un vendaje—el dolor sigue allí, y de vez en cuando arde, pero no puede verlo, y si no puede verlo, es casi como si no existiera.
Al principio todo lo que quiere hacer es colapsar en la cama y esconderse bajo las sábanas eternamente, creando, recreando mundos alternativos en su mente—mundos donde no manda todo al carajo, mundos donde Kurt se queda al haber escuchado, e incluso los imposiblemente dolorosos mundos donde Kurt corresponde, donde Kurt le ama aunque sea una porción de vuelta. Son los peores mundos, porque, por un segundo, Blaine se permite imaginar cómo podría ser sentir entre sus brazos a Kurt en ese preciso instante, y viene la realidad, gélida y chocante, destruyendo sus fantasías con brutalidad.
Después de algunos días, sin embargo, logra tratar con su trabajo, con sus amigos y la necesidad de afeitarse, donde cada uno funciona como punto, cosiendo la herida de su pecho. Los puntos dejan su corazón de vuelta en su lugar, bajo su caja torácica, quitándolo de donde había anidado, destrozado en su estómago; ajusta la sonrisa en su cara, y trata de que sus pensamientos, traiciones de su cerebro, mantengan las imágenes de ojos azules y manos manchadas en pintura fuera. Su traje cubre el resto del daño.
Por las primeras semanas, la necesidad de llamar—la necesidad de tomar el transporte más rápido a Lugar de Alegría y hablar con Kurt—es el deseo físico que domina su cuerpo aún más que el instinto de dormir. Pero la voz de Kurt es un recordatorio en sus oídos, diciéndole una, y otra, y otra vez que no lo quiere volver a ver. No lo quiere. Nunca. Así que Blaine suelta el celular, o cambia las direcciones que le da al taxista cuando ya está a mitad de camino.
Eventualmente, la voz en sus oídos ahoga la necesidad. Y sin ella, mientras el mes pasa, pierde el deseo. ¿Por qué estar de duelo día a día, cuando olvidar lastima mucho menos?
No vuelve a beber. Eso es lo que lo hiso volver a Kurt la última vez, así que lo evita, sin contar las usuales cervezas con Wes y David en las noches de viernes. Evita volver a la dependencia. La primera vez que bebió fue porque no podía soportar su vida. Ahora, sabe cuán punzante puede ser, y el alcohol ya no parece necesario. Encuentra un novio, para alejar su mente de los recuerdos, para ocupar su tiempo. Sabe por principios que es malo, encontrar un consuelo humano por una relación que nunca sucedió, pero encuentra difícil sentirse culpable, teniendo en cuenta que Sebastian mantiene claro que está con él por el sexo fantástico, y trabaja laboriosamente para terminar cualquier indicio e intento de establecer alguna conexión emocional que Blaine hace. Nunca se queda a dormir, y se siente muy peculiar no acostarse y hablar después, para Blaine. En lugar de eso, siempre es un beso aturdido mientras Blaine aún sigue calmándose de su éxtasis, y la promesa de llamar al día siguiente para arreglar la próxima vez.
Pero al menos, Sebastian siempre responde su celular.
Se separan a los dos meses—Sebastian menciona que se está mudando a Los Ángeles, Blaine está bastante seguro de que es porque encontró a alguien con más perversiones y más emocionante—y después de eso, Blaine no vuelve a intentar, al menos, no una relación. Están las relaciones de una noche, generalmente en las noches cuando sale con Wes y David y termina encontrando un chico atractivo. Son mejores, porque no los tiene que etiquetar como "novios", no como con Sebastian. Sólo son gente.
Comienza a tratar de disfrutar de su empleo más, de tener su mente en un buen camino y trabaja para transformar los números de enloquecedores a disfrutables. Cada día va al trabajo con una sonrisa decorando su cara, y después de un rato, la sonrisa está allí automáticamente, sin forzarla. Recuerda las palabras que su madre dijo una vez, advirtiéndole de no poner y mantener su cara con una mueca, o se quedaría así. Aparentemente funciona con sonrisas también. No tiene que recordar poner una en su cara en la mañana—nunca se va. Nunca se le quita en la noche.
Después de ocho meses, se ha encerrado a sí mismo en la seguridad de la monotonía. Como un cangrejo ermitaño, encontró un nuevo caparazón, uno levemente más frágil. Pero le da la ilusión de fortaleza, que es todo lo que obliga.
No es todo lo que quiere, pero es todo lo que necesita.
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Blaine ha evitado la idea de viajar a esta parte de la ciudad por los últimos ocho meses, pero cuando Wes comienza a balbucear sobre el nuevo bar mientras se acercan al área, no puede encontrar una excusa para no ir. No les dijo a ninguno de sus amigos sobre Kurt. Cuando él continuaba siendo parte de su vida, había sido porque Blaine disfrutaba tener a Kurt como su propio valioso secreto, oculto del resto del mundo. Ahora, no ve razón alguna para traer el pasado. Así que ni Wes, ni David saben alguna razón por la cual Blaine habría de querer eludir lo que es la ciudad en un radio de diez cuadras cerca de Lugar de Alegría.
Pero su preocupación no tenía lugar. El bar es limpio y con tenue iluminación, con cerveza a buen precio, pantallas amplias de televisión y libre de artistas con pintura en la ropa o cara. Es uno de los mejores que han encontrado hasta ahora, y pronto se vuelve un lugar de encuentro común. Poco a poco, comienzan a invitar compañeros de trabajo en los viernes, hasta que se vuelve un ritual. Hasta que pasa un año desde que Blaine conoció a Kurt, y tiene problemas recordando el color de sus ojos.
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El nuevo juego de la Serie Mundial está sintonizado en una esquina, y Blaine está en su segunda cerveza de la noche. Wes y David han comenzado a, lenta y estratégicamente—pero no tan lenta o estratégicamente como ellos creen—llegado a un grupo de mujeres sentadas cerca, y sus otros colegas se han dispersado en grupos de dos o tres y han comenzado a recibir el fin de semana relajándose. Blaine se sienta en la barra, comenzando a sentir la vibrante onda que le dice que no está ebrio aún, pero podrá estarlo pronto si eso es lo que desea. No es lo que desea, por supuesto, pero es particularmente reconfortante saber que es una opción, aunque sea. Uno de los equipos hace un out doble, y ochenta y cinco por ciento del bar comienza a celebrar y aplaudir, mientras el resto cambia de postura incómodamente, ahora en cuenta de que son la minoría, y se ve medianamente disgustada.
Blaine no le importa de una forma o de la otra. No sigue los juegos, no en realidad, pero sonríe y levanta su vaso un poco para mezclarse con el resto.
No le presta atención a la camarera cuando se va detrás de barra para murmurar urgentemente al barman, que parece también dueño del bar. El hombre habla fuerte y claro, "Mierda," y eso si capta su atención. Mira a la dirección en que el dueño sale de la barra para ir a la multitud, pasando para llegar a la puerta. Una ráfaga de viento entra a la habitación cuando el dueño desaparece. La camarera de apresura por el lugar y espera en la puerta, abriéndola solo un poco para poder ver lo que sucede afuera.
Blaine no puede ver al barman a través de las ventanas, así que se rinde y vuelve a su bebida.
La voz de David a sus espaldas lo interrumpe una vez más. Blaine encara a su amigo. "Disculpa, ¿Qué?"
David suspira, y la manera en que se mueve ligeramente sobre sus talones es suficiente señal. "Wes y yo vamos a llevar a Jessica y a… a Amy, a su casa, ¿Está bien?"
No es un hecho inusual, tampoco. Blaine pone los ojos en blanco con una sonrisa y hace un gesto de despedida con la mano. David sonríe y se despide con una mano en el hombro antes de dar la vuelta y dirigirse a donde Wes espera, sus brazos alrededor de los hombros de dos mujeres—ambas rubias, con caras y estilos de vestir extrañamente similares. Por un momento Blaine pondera la posibilidad de que uno confunda a una mujer por la otra, y ladra una risa leve ante el riesgo posible, hilarante en su mente.
"Ponlo… ponlo allí. El pobre debería estar de pie pronto." Blaine incorpora su cabeza cuando escucha la voz del barman de vuelta en la barra, pero no está suficientemente interesado como para dar la vuelta y observar. Hay una colisión, y un quejido que supone que es de la camarera, y ya está el sonido de vasos siendo llenados y órdenes siendo tomadas. Blaine toma hasta el fondo el resto de su vaso y debate internamente entre pedir otra o no.
No lo hace, decide, y se conforma a ver el resto del juego.
En cuanto el juego está en su cúspide de interés, más y más gente gravita de sus asientos a alrededor de la gran pantalla de televisión, la habitación innaturalmente tranquila para un viernes por la noche. Blaine se mantiene sentado—sabe que tiene mejor oportunidad de ver las jugadas desde allí. Es más alto cuando está sentado en el banco elevado que cuando está parado.
Toma ese instante de tranquilidad para buscar la gente que conoce. Wes y David se han desvanecido, y parece que otros miembros de la multitud también. Blaine se pregunta vagamente si debería estar tomando más responsabilidad por ellos, pero decide que está bien. Sabe que sus amigos estarán seguros, y no conoce al resto lo suficiente para convencerlos de no hacer algo estúpido. Hay una parte de su cerebro que le reprocha, argumentando que si quizá alguien hubiera estado vigilándolo mejor, jamás se habría apoyado en el alcohol en el primer lugar. Pero es una parte de su cerebro que tiende a callarse mientras más tragos consume, e incluso después de dos cervezas, ya es un débil murmullo en la parte trasera de su mente.
Escucha un suave golpeteo detrás de la barra, y Blaine cambia de posición para ver lo que lo causó. El dueño está allí, limpiando ausentemente, pero ahora sus ojos están fijados al suelo a su lado. "Hola, chico," murmura, tan bajo que Blaine apenas puede oír. "¿Estás bien?"
Blaine hace una mueca, y se acerca más en un atento de ver a quién el barman le está hablando. Pero apenas puede ver un asomo de silueta, un silencioso asomo.
Hay un quejido colectivo—o aunque sea un quejido del ochenta y cinco por ciento—y Blaine vuelve su mirada a la televisión para ver que ha habido un strike-out. Unas cuantas personas se ven privadamente orgullosas, y Blaine desearía saber quiénes de sus amigos le va a cuál equipo, porque quiere saber si debería estar feliz o celebrando a costa de la mayoría o uniéndose al puchero de la mayoría del bar.
De cualquier manera, debería irse. Blaine trata mirar al barman a los ojos, pero el hombre se apoya en la encimera, frente a él. "¿Quieres otra?"
"No, me gustaría pagar mi cuenta," Blaine responde, buscando en su bolsillo trasero por su billetera. El dueño asiente, pero de repente hay un gran golpe, y el hombre salta hacia atrás en sorpresa.
"¡Dios mío!" Su cara se encuentra con la de Blaine, luego al suelo, y Blaine se da cuenta del errático movimiento y golpes que hay detrás de la barra. "¡Maldición!" el barman jadea de nuevo, y cae a sus pies. Blaine abre la boca un poco, y luego baja se su asiento, apresurándose al otro lado del mesón. Sus ojos caen a la escena presentándose a sus pies, y siente su corazón caer a su estómago en shock.
El barman le da la espalda a Blaine, de rodillas sobre el espasmódico cuerpo de un hombre. Blaine las reconoce como convulsiones—uno de sus compañeros en Dalton tenía un caso de severa epilepsia, y los momentos de histeria no eran poco comunes en el salón de cálculo de Blaine. El barman obviamente lucha por mantener la cabeza del hombre quieta mientras patea y sacude sus brazos a todas partes salvajemente. Un pie da con algunas latas vacías acomodadas a un lado, y caen a diferentes partes del suelo, rodando. Blaine patea algunas fuera de su camino cuando se apresura a ellos y cae a sus rodillas a un lado del barista.
"¡Necesitamos un objeto para que no muerda su lengua!" el hombre sisea, y salta para incorporarse sin darle otra mirada a Blaine, buscando en la encimera por algo que usar. Blaine se congela por medio segundo antes de darse cuenta que se le ha dado un deber. Se acerca y acomoda para tomar firmemente la cabeza del hombre, y se mueve para poder tenerla entre sus rodillas. Por primera vez, le mira a la cara.
Kurt.
Blaine siente como si todo su cuerpo hubiera sido embargado adentro y afuera por agua helada, y el mareo común del alcohol no es suficiente para hacerlo ver todo más nítido. Sus dedos, los de Kurt, se relajan y parecen crecer en grosor y sospechosos, como si de repente tuviera salchichas creciéndole de las manos. Kurt convulsiona, y su cabeza se levanta del suelo por un segundo antes de caer de nuevo con un sonido doloroso. Blaine jadea y el aliento se le escapa y puede ver las marcas en los ojos de Kurt. Sus manos vuelven a sostener con firmeza la cara de Kurt, de forma estable. Lentamente, el cuerpo de Kurt comienza a moverse más lentamente, extremidades sacudiéndose suavemente y marcas en su cara creciendo más y más de forma errática hasta que desaparecen completamente. El barista vuelve con las manos vacías, y suspira con alivio cuando ve que Blaine ha manejado y logrado que la cabeza de Kurt se mantuviera quieta. "Gracias, chico."
"N-no hay de qué," tartamudea, permitiendo sus propios músculos relajarse cuando el cuerpo de Kurt gradualmente detiene sus movimientos hasta que está quieto en su totalidad. Hay un resto de saliva humedeciendo parte de un lado de la cara de Kurt, y sin pensarlo dos veces, Blaine lo limpia con la manga de su traje. Mueve una mano para sostener el cuello de Kurt y levanta su cabeza para acomodarla sobre el propio regazo de Blaine, con gentileza y lentitud.
Kurt vuelve un poco con el cambio, y sus ojos se mueven bajo sus párpados, de un lado al otro, de un lado al otro. Su cara es aún más delgada, y más pálida de lo que Blaine recuerda, pálida como la luna en el medio del invierno. Hace las sombras bajo sus ojos mucho más obvias, como carboncillo cubriéndolo, y mientras Blaine sabe que es una teoría válida, esta vez, no es pintura lo que está en su cara.
Si Blaine habría de tener rabia por él, habría reservado una fracción de esa rabia que se había dirigido a sí mismo a Kurt, pero todo de evapora en cuanto lo ve, en el suelo y temblando. No puede estar molesto, no puede encontrar la emoción en sus reservas. Es eso lo que llaman amor, sospecha. Te convierte en un completo idiota, se da cuenta. "Oye," susurra, acomodando un mechón de su cabello. "Estás bien ahora."
"¿Lo conoces?" El barman pregunta, pasando sus manos por la tela de sus pantalones nerviosamente. "¿Deberíamos llamar una ambulancia, o algo?"
Y, de repente, en un instante, Blaine es atraído como magnetismo a la vida de Kurt, y da miedo qué tan ansiosamente deja que pase, cómo le da la bienvenida al dolor en su corazón de vuelta. "Lo conozco. Vive algunas cuadras de aquí. Lo llevaré a casa."
"¿Necesitas ayuda?" el dueño pregunta, acomodando su postura y haciendo un gesto a una de las camareras.
"¿Puedes llamarme un taxi?" Blaine pregunta, acomodándose de manera en que tiene los brazos de Kurt bajo los suyos, y sus manos sujetas sobre su pecho. Kurt está tiritando ligeramente, y su suéter es demasiado delgado y endeble bajo los dedos de Blaine.
"Claro." El dueño se incorpora y patea algunas latas regadas fuera del camino. Blaine poco a poco se levanta, manteniendo a Kurt fuertemente sostenido, y comienza a llevarlo hacia la puerta. Es muy, muy ligero ahora, extremidades largas y escuálidas. La camarera se apresura para estar a su lado y comienza a quitar gente del camino. Todos están muy concentrados en el juego para darles siquiera una segunda mirada.
La chica abre la puerta para Blaine y ayuda a sacar a Kurt al medio de la noche, cerrando la puerta detrás de ellos. Hace frío, la luna apenas acaba de hacer su aparición sobre el rascacielos como una luz plateada, y Blaine mantiene sus brazos alrededor de Kurt de manera un poco más estrecha, tratando de darle el máximo calor corporal posible. La camarera se ocupa en atraer al taxi, saltando de arriba abajo en la acera, mientras Blaine sigue frotando sus manos de arriba abajo en los brazos de Kurt, fricción generando calor, al menos, eso es lo que Blaine espera. Kurt se incorpora con ligereza, dándose cuenta de sus alrededores con levedad.
"Qu…"
"Shh… estás bien," Blaine le dice con suavidad. "¿Puedes pararte un poco para mí?"
Kurt asiente, y se acomoda para apoyarse más en sí mismo. Blaine presiona un beso a su cabellera, de la manera en que lo haría con un niño pequeño. Kurt huele a pintura y jabón y todo lo que Blaine recuerda.
"¿Va a estar bien?"
Blaine mira a la camarera, parada frente a él con sus manos abrazando su regazo.
Trata de responder con la verdad, pero la verdad está lejos de él. "No lo sé," le dice. No lo creo, se dice a sí mismo. Algo anda mal, lo sabe. Kurt está enfermo, muy enfermo, y Blaine no tiene un plan más allá de llevarlo a Santana, quien sabe qué hacer. Quien necesita saber qué hacer, porque Blaine no sabe nada, y es de completa inutilidad. Kurt podría comenzar a convulsionar otra vez y morir, justo allí, en sus brazos, en la esquina de la calle y Blaine no sabría qué hacer.
Pero no puede estar congelado por el miedo ahora. Dejar que el pánico le controle sólo hará las cosas peores. Kurt depende de Blaine para que lo mantenga y lo lleve a casa a salvo.
Un taxi frena justo frente a la curva, y Blaine une sus dedos, presionando con fuerza. "Te llevaré a casa, ¿Está bien?" murmura, y Kurt asiente sólo un poco, ojos aún cerrados.
Sólo les lleva unos cuantos momentos antes de que el taxi está estacionado frente al edificio de Kurt. No ha cambiado en nada, excepto que quizá perdió algo de su pintura en la puerta principal, ya desteñida por el paso del tiempo. "Volveré en un minuto, ¿está bien?" Blaine le dice al taxista, mostrando el dinero. Deja a Kurt en el asiento del auto y sale afuera.
Va dos pasos a la vez y para cuando ya está enfrente a la puerta, golpea con ambos puños la puerta. "¡Santana!" exclama, poniendo sus palmas en forma de megáfono frente a su boca, "¡Santana!"
La casa está en completo silencio. Blaine trata de abrir la manilla. Cerrada.
"Mierda." Blaine se vuelve al auto, antes de golpear la puerta una vez más. "¡Ábrela!"
Nada. Blaine pasa sus manos por su cabello en frustración y da media vuelta. No tiene más opción.
Se apresura al taxi y entra, cerrando la puerta nuevamente. "En realidad, disculpa," le dice al taxista, tomando más dinero de su billetera, "pero, ¿Podrías llevarnos a otro lugar?"
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Kurt no ha ganado más conciencia para el momento en que Blaine abre con llave la cerradura de la puerta y los hace entrar en su propio apartamento. Responde con pequeños movimientos cuando Blaine le pide que camine o se levante, pero más allá, no ha hecho intentos de hablar, o de siquiera abrir sus ojos. Blaine prende la luz a medida que entra en las habitaciones, y lleva a Kurt hasta su recámara. Su decoración se siente extraña para él ahora, de alguna forma trivial y tonta, y no sabe por qué de repente se preocupa por el lila en las paredes cuando debería encargarse de Kurt. Pero cuando se mueve, Kurt prácticamente dormido en sus brazos, tiene ganas de romper el vidrio de cada imagen que ven pasar, odiando su propia sonrisa mirándole en regreso, odiando a esa gente en las fotos por ser capaces de quedar capturadas en el tiempo.
Tropieza con un par de vaqueros en el suelo, y casi deja caer a Kurt, pero lo atrapa en el último momento. Kurt suelta un pequeño quejido de protesta, y Blaine suspira, sacudiendo los vaqueros de donde se enredaron en sus pies. Va más allá y busca con su mano ciegamente por la cama. Ya localizada, desciende lentamente hasta que pone a Kurt sobre ella y luego enciende la lámpara en la mesa de noche. La luz tenue ilumina la habitación.
Kurt ya colapsó cabeza abajo en la cama, desordenando las perfectamente arregladas sábanas. Blaine se despoja de su suéter, quedando en la simple camiseta debajo y lo tira al suelo antes de quitar los zapatos de Kurt de sus pies. No está usando calcetines, y hay pintura morada en el puente de su pie derecho.
Blaine trata de recordar lo que su madre siempre hacía por él cuando se sentía enfermo de niño. Caldo de pollo. Baños de esponja. Privilegios de la televisión. Ninguno de esos aplicaba aquí. Se pregunta, y no es la primera vez desde que el dueño del bar lo sugirió, si debería llevar a Kurt a un hospital, pero el hecho que siempre lo detiene es que si lo lleva, lo perderá. Kurt no es su familia, Kurt no quiere si quiera tener que ver con Blaine jamás—si Blaine lo lleva, Kurt será arrebatado y llevado a algún lugar al que Blaine no puede seguirle, y no puede hacer eso. No puede hacerle eso a Kurt, no puede hacerle eso a Santana, y, por egoísta que sea, no se lo hará a sí mismo.
Cuando toca la frente de Kurt, está pegadiza con sudor.
"Está bien," se murmura a sí mismo. "Está bien." Sabe lo que es, lo que tiene que hacer, pero su más profundo ser ya está trepidando en auto-desprecio. Toma el suéter de Kurt con las meras yemas de sus dedos, apenas respirando mientras lo sube sobre la piel. Mira al techo y trata de entretenerse en ver mientras desliza la prenda sobre la cabeza de Kurt. Se va al suelo con la ropa sucia por lavar de Blaine. Tiene que ver por un segundo para desabrochar el botón y cierre de los vaqueros de Kurt antes de que su mirada se dispare hacia arriba otra vez. Se siente tan mal, como si estuviera sacando ventaja. ¿Pero no se supone que hay que mantener a la gente limpia cuando están así de sudorosos? Piensa en películas y programas de televisión, y parece una regla general.
Al menos está usando ropa interior. Gracias a Dios por los pequeños milagros.
Lo cubre con una manta rápidamente y lo acurruca de manera que su cabeza esté sobre las almohadas. Kurt se pone sobre un lado y murmura a sí mismo, y Blaine toma la ropa para tirarlas en el cesto. Si tiene unos minutos, las llevará abajo para el cuarto de lavado y limpiarlas. O mejor aún, le podría comprar a Kurt algunas prendas más confortantes, que realmente le eviten la tembladera de frío.
Se dirige al baño principal y toma una pequeña toalla. Abre el agua tibia y moja sus manos en el proceso, esperando hasta el punto adecuado. Da una mirada a la puerta y está aliado de ver que Kurt sigue acostado pacíficamente.
Una vez que el agua está suficientemente tibia, sumerge la toalla y el escurre sobre el lavamanos. Vuelve al lado de la cama cerca de Kurt. Busca y pasa el objeto gentilmente por su frente y mejillas, eventualmente trazando la línea de su mandíbula para donde su cuello está brillando con gotas de sudor. Kurt tararea y acerca su cabeza a Blaine. Sus ojos se abren, suave verde y tranquilo bajo sus pestañas. Blaine vuelve a poner la toalla sobre sus cejas, voz suave. "Estás bien. Duerme."
Kurt asiente y cierra los ojos una vez más. Blaine no puede detener la ligera risa ahogada que escapa de sus labios—es la única vez que Kurt ha obedecido algo sin discutir. Pela la sábana centímetro a centímetro, y la pasa por el pecho de Kurt, sus brazos, su estómago. Envía su mente a otro sitio, y piensa sobre letras de canciones y erizos y el Panini que tuvo para el almuerzo ese día mientras limpia la pálida piel frente a él, firme y pegada a hueso y músculo. Ángulos de las costillas de Kurt se notan ligeramente, estiran su piel, y Blaine piensa que luce como un lienzo estirado demasiado. Es una pintura, en óleo y falta de color, retorcida y mal pero tan, tan ridículamente hermosa.
Como una de las obras de Kurt, de siluetas humanas trazadas con ambarino.
La rabia se levanta y asienta, pesada y ardiente en la garganta de Blaine, pero la traga de vuelta. Mira la cara de Kurt, coloreada de sombras y brillo, y sabe.
Kurt le ha estado mintiendo todo ese tiempo.
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Blaine duerme en el sofá esa noche, acurrucado con un viejo cubrecama azulino que encontró en el clóset. Para su sorpresa, duerme bien, despertando sólo una vez para vigilar a Kurt. Kurt está enterrado bajo todas las sábanas extra que Kurt podía encontrar, y un poco saludable bochorno irradia por sus mejillas. Blaine le roba un beso a su frente—sabe que no tendrá tiempo para más.
Se levanta tarde, y va a trompicones hasta la cocina para hacer huevos y pan tostado. Está sirviendo una taza de té cuando escucha un suave sonido detrás de él. Da la vuelta para encontrarse con Kurt entrando a la sala, las sábanas aún cubriendo su cuerpo y sobre sus hombros. Sus ojos se encuentran con Blaine, cautelosos y abiertos, y su boca muestra una expresión de ansiedad.
"Buenos días," Blaine dice gentilmente, "El desayuno estará listo en un momento."
Kurt parpadea, líneas apareciendo en su frente. Blaine vuelve con el té. Escucha a Kurt llegar a la mesa y sentarse en una silla y Blaine sonríe. Sirve las tostadas en dos platos junto a los huevos y coloca todo en una bandeja. Kurt tiene sus manos en su regazo y sus ojos clavados a la superficie de la mesa. Blaine desliza el plato bajo sus narices y se sienta frente a él. "Puedo hacer más o algo diferente," ofrece, levantando una tostada a su boca.
"No, está bien, gracias," Kurt farfulla, su cara aún agachada. Sus ojos atrapan a Blaine mirándole expectativamente, así que toma una tostada en mano y comienza a mordisquear la corteza.
Blaine no vuelve a mirar a Kurt otra vez hasta que los dos empujan sus platos hacia delante. No quiere asustarlo. Escucha, escucha el crujido del pan y el ruido de los huevos, los sonidos del té y el tintineo de los cubiertos sobre cerámica.
"Traté de llevarte a tu casa," comenta con calma mientras le da vueltas a los restos de té en su taza. "Pero Santana no respondía, así que te traje aquí. Espero que no te moleste. No podía dejarte donde sea." Levanta su mirara y encuentra la mirada de Kurt en su cara. Kurt inicia el contacto visual y lo termina inmediatamente, incluso cuando asiente.
"Gracias," murmura. Después de un momento, aclara su garganta y pregunta, "¿Dónde… dónde me encontraste?"
"Un bar," responde, entendiendo la ironía de la situación.
Kurt hace una mueca y masajea su sien con sus dedos. "Pero… pero si iba a donde Bernie…"
"¿Quién es Bernie?"
"El tipo al que le compro pintura," Kurt le dice. Esconde su cara con sus manos y sus hombros tiemblan. "Dios. Qué jodido miedo."
"Estás bien," Blaine le recuerda. Quiere acercarse y tomar la mano de Kurt, pero se detiene. No importa cuánto quiere, no sería lo correcto.
"Estoy tan lejos de 'Bien'," Kurt murmura, frotando sus ojos. La sábana sobre sus hombros se desliza un poco, revelando la piel desnuda de ellos. De la manera en que está, lo hace ver como un pájaro aferrado sobre una roca, alas arriba y resguardado.
"Kurt…" Blaine empieza. "Kurt, puedes decirme, te puesto ayudar…"
Kurt levanta su mirada entonces, y Blaine se retrae ante las lágrimas anidando en los bordes de sus ojos. "¡Blaine, no puedes ayudarme!" Sisea. "¿Entiendes? ¡No puedes!"
"¿Por qué no?" replica, inclinándose más cerca de Kurt. No entiende— ¿Por qué Kurt siempre tiene que alejarlo? ¿Por qué no le dice la verdad? Es enloquecedor, saber que Kurt está allí, está sentado con algo mal en él, y que es demasiado terco como para no admitirlo, para no dejar que Blaine le ayude. No lo soporta. "¡Kurt, sólo dime! ¿Qué pasa? ¿Qué es tan malo que no puedo saberlo?"
"¡Blaine, cállate!" Kurt grita, poniendo sus manos en la mesa y parándose. Pasa al lado de Blaine, aliento pesado y lágrimas empezando a caer de sus mejillas.
"¡No!" Blaine no se levanta, pero se da la vuelta en la silla suficiente como para que sus caras estén a un pie de distancia. "Kurt, por favor, sólo… ¡Dime qué pasa!"
"¡No!" Kurt acomoda la sábana de nuevo sobre sus hombros y se aleja. Blaine levanta sus brazos y se levanta.
"¡Bien! ¡No me digas!"
"¡No lo haré!" Kurt responde sobre su hombro.
Blaine le sigue hasta la sala, mirando cuando Kurt se da cuenta de que no puede irse sin ropa así que se vuelve en dirección al cuarto. "¿Y entonces? ¿Te vas de nuevo sin más? ¿Me dejas aquí por otro maldito año?"
Kurt se da la vuelta y aguijonea a Blaine con un dedo tan fuerte en el pecho que Blaine sabe que dejará una marca. "No tienes derecho a juzgarme, Blaine Anderson. ¡Ni un poco!"
"¡Eres tan egoísta!" Blaine exclama de vuelta, quitando la mano de Kurt bruscamente. "¡Mandas todo a la verga y crees que está bien tratar a la gente así, como si fueran estúpidas, como si nunca entenderían, y si no entienden está bien joderlas por diversión y luego salirte de sus vidas cuando te aburres!"
"No tienes…" Kurt empieza, comenzando a temblar.
Pero Blaine no puede escuchar. Sus manos son puños en el aire y resiste la urgencia de patear el suelo. "¿Tienes idea de cuánto tiempo pasé llorando por ti, egoísta de…"
"¡Estoy muriendo, maldito imbécil!" Kurt le grita, cara roja, y el aire se siente pesado, los corazones laten, laten con fuerza, y es el único sonido que alguno de los dos siente. Las palabras comienzan a asentarse entre los dos, dando vueltas en las motas de polvo, pesadas y oscuras e imposibles de borrar.
Ufff. Así que... el secreto está afuera. Este fic contendrá desde ahora varias cosas de tema médico. Hasta la próxima y dejen una review. Amor es gratis :'D
