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Pasión con el jefe
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Capitulo Seis
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Durante las dos semanas siguientes, naruto y hinata quedaron muchas tardes fuera del trabajo. Naruto seguía sin encontrar sustituta pero a hinata no le importaba mucho. Le gustaba trabajar para él, sobre todo cuando él le pedía que lo acompañara para ver hoteles para su nuevo proyecto.
—¿Puedes venir a ver un sitio conmigo? —Le preguntó él.
—¿Te refieres a ese sitio? —replicó ella. Recordaba que naruto le había hablado de aquella ciudad del condado de Norfolk.
—Me temo que se trata de otro fin de semana. ¿Te parece bien?
—Sí, claro. ¿Cuándo?
—El viernes por la mañana. Tienes que estar aquí a las ocho.
Norfolk sólo estaba a un par de horas en coche. Tal vez no era el hotel que ella había pensado.
—De acuerdo.
—Estupendo. Necesitarás ropa informal y zapatos planos que tengan una suela que agarre bien.
—Yo creía que Norfolk era una zona muy llana —comentó ella frunciendo el ceño.
—Bueno, no tanto. No te creas. Ah, y tu pasaporte.
—¿Pasaporte? ¿Por qué?
—Porque necesito una fotocopia, y tu permiso de conducir, para la compañía de seguros. Quiero que tú puedas conducir mi coche.
—¿Y desde cuándo piden pasaporte para eso?
—No lo sé. Tal vez quieren identificar mejor a los conductores.
Sin embargo, el viernes por la mañana, no fueron en coche a Norfolk, sino que se dirigieron al aeropuerto de London City, situado en el centro de la ciudad.
—naruto, ¿adónde vamos?
—Ya lo verás cuando lleguemos.
—Yo creía que íbamos a ver uno de tus hoteles…
—No. Este fin de semana nos divertiremos.
—Pero tú nunca te has divertido.
—Tal vez tú me hayas inspirado.
Tal vez. Desde luego, hinata había notado que naruto trabajaba muchas menos horas últimamente. Después de facturar, fueron a tomar un café. Mientras lo tomaban, hinata no dejaba de mirar las pantallas que anunciaban la salida de los vuelos. Como había varios pendientes, no tenía ni idea de adonde se iban a dirigir.
De repente, lo vio en la pantalla.
Mansión privada. uzumaki.
—¿Una mansión privado? ¿Has alquilado un vuelo sólo para nosotros?
—No te pongas tan emocionada. No se trata de gran cosa. Sé que los viajes en avión no son muy ecológicos, pero el resto del viaje sí lo es.
—¿Y se puede alquilar un avión así como así?
—Claro. Un amigo mío es el dueño de una línea aérea.
—¿Me estás diciendo que un amigo tuyo es el dueño de una aerolínea?
—Sí. Estudiamos juntos en el máster.
El avión era muy pequeño. Sólo tenía seis asientos y el piloto, pero contaba con todos los lujos. Cuatro horas más tarde, aterrizaron en un pequeño aeropuerto.
—¿Dónde estamos?
—En Samos, Grecia.
Cuando pasaron el control de pasaportes, tomaron un taxi para ir al puerto. Allí, se dirigieron a un muelle en el que estaba amarrado un precioso yate.
—¿Vamos a ir en eso? —preguntó ella, atónita.
—Sí.
—No he navegado nunca.
—No importa.
—¿Has contratado a alguien para que lo conduzca?
—Voy a hacerlo yo. Este barco no es nada complicado. Además, te puedo enseñar a ti.
—Debes de estar de broma.
—¿Te estás acobardando? Si no recuerdo mal, en Scarborough te gustó montar en el barco…
—Se trataba de un paseo. Yo era tan sólo una pasajera y sólo tenía que mirar a las focas.
—Aquí también lo eres. No tienes que hacer nada. Tan sólo disfrutar del paisaje. Vamos a ir a una isla que está al oeste de aquí.
Juntos subieron al barco.
—Tengo que cambiarme —dijo él—. Entonces, saldremos a la mar y encontraremos un bonito sitio en el que atracar esta noche. Podemos comer en alguna taberna en alguna parte. Ahora, siéntate aquí y mira los barcos durante un rato. Ah, y cámbiate los zapatos.
Hinata comprendió por fin por qué había insistido tanto con los zapatos.
—Los tengo en la maleta.
—Está bien. Quítate ésos. Te subiré los planos cuando regrese.
Cuando naruto reapareció, llevaba puesta una camisa blanca con las mangas remangadas, unos pantalones negros remangados hasta la rodilla y zapatillas de suela de goma. También se había puesto unas gafas de sol y un pañuelo rojo sobre el cabello. Se acercó a ella y se sentó a su lado. Tras darle los zapatos, se inclinó sobre ella y la besó apasionadamente.
—Me has mentido… —susurró ella—. Me dijiste que íbamos a Norfolk.
—No. Tú lo diste por sentado. Yo simplemente no te corregí.
—Pero sí me mentiste en lo del pasaporte.
—Sí, pero fue sólo una mentira piadosa para despistarte. Sólo quería sorprenderte. Jamás te mentiría sobre nada importante.
—Por favor, dime que esto no tiene nada que ver con el trabajo. ¿No estarás pensando en comprar un yate o un hotel en Grecia?
—Bueno, pues… —bromeó—. No. solo nos limitaremos a disfrutar del mar y del sol. Esto me recuerda que debes ponerte crema protectora —añadió, mostrándole el frasco—. Los rayos del sol queman más en alta mar. Se necesita un factor de protección muy alto.
—¿Me la vas a poner tú? —sugirió.
—Claro…
Naruto le untó la crema sobre la piel. A continuación, comenzó con las maniobras para sacar el barco del puerto. Hinata disfrutó de las vistas. El azul del mar era maravilloso.
A hinata le encantó todo sobre la pequeña isla. Recorrieron las hermosas calas de suave y dorada arena. Luego encontraron una garganta que estaba atravesada por un río y que los condujo a unas ruinas. Continuaron siguiendo el río y, entonces, encontraron un profundo lago con una catarata.
—No podemos perdernos esto —dijo naruto. Se quitó los zapatos y la ayudó a ella a quitarse los suyos. Entonces, la tomó en brazos y se dirigió directamente al lago.
—¡naruto!
—No tenemos ropa de baño. Nos arrestarán si nos bañamos desnudos y yo… yo me muero de ganas por besarte debajo de una catarata. Esta es la mejor opción.
Naruto la condujo hacia el interior de la catarata y se besaron allí apasionadamente. Hinata le dijo en silencio lo mucho que lo amaba. Tanta pasión se despertó en ellos que terminaron regresando a toda velocidad al barco, donde naruto le hizo el amor. Después, encontraron una tranquila taberna y comieron un excelente pescado a las hierbas con ensalada y pastelillos con miel.
Mientras cenaban, hinata comentó:
—Me siento un poco mal. No tengo dinero y me gustaría pagar algo.
—No. Yo te impedí que te fueras de vacaciones en su momento. Este es mi modo de compensarte. Verte disfrutar es suficiente para mí. El dinero no importa.
—Claro, para ti no…
—Yo salí de la nada y, en el camino, comprendí que el dinero no es importante. Lo que más cuenta es quién eres de verdad.
Efectivamente, naruto uzumaki era un buen hombre con un gran corazón que aún mantenía protegido por altas barricadas. No obstante, hinata estaba empezando a esperar que él aprendiera lentamente a confiar en ella.
El fin de semana fue mágico. De hecho, el sábado por la tarde vieron un grupo de delfines nadando en el mar.
—Esto es maravilloso —susurró ella.
Abrazó a naruto por la cintura y se acurrucó a él. Naruto la abrazó por los hombros y le dio un beso en lo alto de la cabeza. Estuvieron mucho tiempo contemplando a los delfines. Después de cenar, se tumbaron en cubierta para contemplar las estrellas. Hinata se quedó dormida en sus brazos.
Desgraciadamente, tuvieron que regresar a Londres el domingo por la tarde.
—Es muy tarde. ¿Por qué no duermes aquí esta noche? —Le sugirió naruto cuando llegaron a su apartamento.
Nunca antes le había pedido que durmiera con él en su apartamento de Londres. ¿Una barrera menos?
—Tengo que llamar a neji para que no se preocupe por mí.
—Claro. Mientras tanto, yo pediré algo de comida…
Comer pizza con naruto en la cocina de su casa resultaba deliciosa mente doméstico, pero hinata sabía que no debía hacerse ilusiones ni esperar demasiado. En aquellos momentos, le bastaba con estar entre sus brazos sobre la enorme cama, observando cómo la lluvia golpeaba las ventanas. Se quedó dormida con la mejilla apoyada contra el corazón de Luke.
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El lunes a la hora de comer, hinata fue a comprarle a naruto un regalo. Quería darle las gracias por el fin de semana. Como sabía que no le gustaban las cosas inútiles quería algo que él pudiera usar y que, a la vez, le recordara aquellos fantásticos días. No tardó en encontrar el regalo perfecto.
Cuando naruto regresó de una reunión, encontró una caja atada con una cinta azul sobre su mesa.
—¿Qué es esto?
—Es para ti. Sólo quería darte las gracias por el fin de semana.
—No tenías que comprarme nada.
—Quería hacerlo.
Naruto abrió la caja y miró fijamente su contenido.
—Es cristal sueco. Es un pisapapeles.
Dos delfines esculpidos en cristal parecían bailar en una ola.
—Es muy bonito. No tenías que comprarme nada, pero te lo agradezco mucho.
Se acercó a ella y la besó cálida y dulcemente. Hinata no pudo evitar pensar que había algo más que atracción sexual entre ellos. De hecho, creía que se parecía mucho al amor.
—Me pareció que los delfines te harían recordar ala pequeña isla …
Aquella semana, naruto le pidió que se quedara a dormir en su apartamento dos veces. Esto convenció a hinata de que él parecía estar bajando sus defensas. Tal vez, si le pedía que la acompañara aquel fin de semana, él diría que sí. Se animó a hacerlo.
—Este domingo es el cumpleaños de mi sobrina. Me preguntaba si te gustaría acompañarme —le preguntó el viernes por la mañana—. No es nada elaborado porque sólo va a cumplir dos años… Se trata de la habitual merienda familiar para soplar las velas de la tarta.
—Merienda familiar… —repitió él con reservas.
—Mira, no tienes por qué venir. Simplemente se me había ocurrido…
—Te agradezco que me hayas invitado…
Hinata sabía que él iba a disculparse con algo de trabajo, como siempre hacía cuando no quería algo. Si se negaba, significaría que habían dado varios pasos atrás en vez del paso hacia delante que ella había esperado.
—Yo… Está bien.
Hinata jamás se habría imaginado que escucharía esas palabras. Se quedó atónita.
—Pero no conozco a muchos niños —añadió—. Tendrás que ayudarme a escoger un regalo para ella.
—¿Un regalo?
—Hasta yo sé que uno no va a una fiesta de cumpleaños sin un regalo —dijo él. El tono de su voz era ligero, pero la expresión de su rostro era inescrutable. Hinata no sabía lo que él estaba pensando y eso la turbaba—. ¿Qué clase de cosas le gustan?
—Bueno, yo iba a ir a la juguetería esta tarde. ¿Por qué no te vienes conmigo? Sé que tienes una cita a primera hora de la tarde. ¿Qué te parece si cierro yo el despacho y nos encontramos en la esquina de Regent Street y Oxford Circus digamos a las seis?
—Está bien. Te llamaré si me voy a retrasar.
—Naruto…
—¿Sí?
—Gracias. Sé que este tipo de cosas no te gustan mucho. Te lo agradezco.
—No te preocupes —dijo, no muy convencido.
¿Qué haría falta para que naruto comprendiera que podía confiar plenamente en ella? ¿Para qué le confiara su corazón?
A las seis en punto se encontraron frente a una famosa juguetería. Entraron y vieron que todo estaba lleno de familias. De padres escogiendo regalos para sus hijos con gran cariño. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que naruto pisó una tienda como aquélla?
Se dijo que trataría la situación como si fuera trabajo. Sólo tenía que elegir un regalo para una niña. No era tan difícil.
Después de mirar un buen rato, escogieron un caballete de color rosa, varios botes de pintura infantil, pinceles y mucho papel. Cuando salieron de la tienda, naruto insistió en que tomaran un taxi. Naruto le dio al taxista la dirección del piso de hinata.
—¿Vas a venir conmigo? —Le preguntó ella, sorprendida.
—Claro. No voy a dejar que subas todo eso tú sola. Además, si neji está en casa, podemos pedir algo para cenar.
La sonrisa de hinata fue su recompensa. Entonces, descubrió que una velada de comida hindú con hinata, neji y ten ten, la nueva novia de éste podía resultar muy agradable. Se quedó sorprendido al darse cuenta de que, efectivamente, había disfrutado mucho.
Al pensar en la reunión familiar del domingo, se ponía algo nervioso. No obstante, estaba completamente seguro de que la familia de hinata no tenía nada que ver con la suya. Por lo que había visto de hinata y neji, los hyuga no debían parecerse en nada a los uzumaki. No obstante, no podía evitar recordar momentos que prefería enterrar para siempre.
Por fin llegó el día. La casa era preciosa y, desde fuera, parecía muy acogedora. Cuando aparcaron, naruto vio que había ya más coches. Además de la casa principal, parecía haber un establo y un enorme granero. Se dirigieron a la puerta trasera.
—Nadie utiliza nunca la principal —dijo hinata—. Todo el mundo entra directamente por la cocina. Es el corazón de la casa.
Cuando hinata abrió la puerta, salieron cuatro perros. Había un labrador de color blanco con café. Hinata se agachó y el perro la lambio la cara. Ella no dejaba de reír a carcajadas. Entonces, el perro vio a naruto comenzó a ladrar.
—Eh, está bien… naruto es un amigo.
Naruto apoyó los regalos contra la pared y extendió la mano para que el perro pudiera olería. akamaru la olisqueó un poco y se la lamió.
—el es akamaru, antes se llamaba Bramley, pero decidimos cambiarle el nombre por la afición que tiene hacia los zapatos. Ten cuidado con los tuyos por si te los roba.
—¿Tiene un nombre raro?
—¿Qué otra cosa se podría esperar? —comentó hinata, riendo.
En aquel momento, una mujer se les acercó. El parecido con hinata era muy significativo. Tenía el aspecto que la joven tendría treinta años después. No había duda de que era su madre.
Hinata le dio un abrazo y entonces presentó a naruto.
—naruto, ésta es mi madre, hana hyuga. Mamá, te presento a naruto uzumaki.
—Encantada de conocerte, naruto.
—Lo mismo digo —replicó naruto extendiendo la mano.
Para su sorpresa, hana no se la estrechó.
—Venga ya, déjate de remilgos… —dijo, antes de darle un abrazo.
¿Cuántos años llevaba naruto sin recibir el abrazo de una madre?
A pesar de sus reservas, le devolvió el abrazo.
—Entra a tomar un café. Neji, dejad de empujar. Y tú, hanabi, ni se te ocurra —le advirtió hana—. ¿Te ha dicho hinata que a akamaru le gustan mucho los zapatos? No los dejes por ninguna parte. Akamaru los roba y se los lleva a su montón.
Naruto se echó a reír y volvió a tomar los regalos que había comprado para la niña. Entonces, siguió a hana y a hinata al interior de la cocina. Era la típica cocina de una granja. Naruto se enamoró de ella inmediatamente.
—¿Quieres té o café?
—Café, gracias.
Hinata comenzó a ayudar a su madre a preparar el café. Muy pronto, naruto tuvo una humeante taza sobre la mesa, junto con una porción de tarta de manzana sobre un plato.
—Eso es para matar el hambre hasta que llegue la hora de comer —dijo hana.
Menuda bienvenida. Los hyuga eran una familia cálida y confiada, todo lo contrario de lo que naruto recordaba de su familia. Tal vez por eso él desconfiaba de todo el mundo. Lo llevaba en la sangre.
El perro entro en la cocina acompañando a un hombre de mediana edad. El padre de hinata. El hombre se quitó las botas de goma que llevaba puestas y las dejó al lado de la puerta.
—akamaru, vete —le dijo al hanabi. Entonces, le dio a su hija un fuerte abrazo y la besó ruidosamente—. Y tú, ¿cuántos pares de zapatos te has comprado esta semana, cariño?
—Ninguno. No soy tan caprichosa.
—¿No?
—Claro que no. Papá, éste es naruto.
—Encantado de conocerte. Me llamo hiashi.
—Encantado.
Hiashi le estrechó la mano firmemente, lo que a naruto le dio buena impresión. Hiashi hyuga era un buen tipo. Todo iba a salir bien. Poco a poco, la casa se fue llenando. Después de comer, llegó hanabi con su esposo konohamaru y los padres de éste.
—Y aquí está la cumpleañera —anunció hanabi.
La niña entró en la cocina y saludó a todo el mundo. Al llegar a naruto, se detuvo en seco frente a él y lo miró con los ojos abiertos de par en par.
—Kora, cariño —le dijo hinata tomándola en brazos—, éste es mi amigo naruto.
—na-ku —repitió kora, pronunciando el nombre a su manera—. na-ku… —añadió, mucho más contenta.
Ayuda. Naruto no sabía qué decir. Una vez más, fingiría que era un asunto de trabajo.
—Hola kora. Feliz cumpleaños.
—Na, na-ku —chapurreó la niña a su manera.
Hinata se echó a reír.
—Te va a costar mucho que te llame de otra manera. No creo que debas mencionarlo entre tus socios de negocios de Londres.
—¿Qué te parece si me llevo a akamaru a Londres en el coche y la suelto entre tus zapatos?
Todos se echaron a reír. Naruto se sintió como si hubiera pasado una prueba. A lo largo de la fiesta, hizo todo lo posible por unirse a los presentes y disfrutar de la alegría general. Sin embargo, sintió un profundo alivio cuando llegó la hora de dar los regalos y apagar las velas. Por fin, hanabi y konohamaru se llevaron a su agotada hija a casa y hinata sugirió que ellos dos deberían ir pensando en regresar a Londres. Evidentemente, había notado que él se había ido quedando cada vez más callado porque, durante el camino de vuelta, le dijo:
—naruto, no quería ofenderte cuando kora te llamó na-ku… Ya sabes cómo son los niños.
En realidad, no se había ofendido.
—No importa.
—Entonces, ¿qué te pasa?
—Nada —mintió. No quería hacerle daño. Si su relación iba a más, tendría que encontrar las palabras adecuadas para decirle que tendría que acostumbrarse a la familia, algo que llevaba toda la vida evitando. No estaba seguro de poder hacerlo—. Simplemente estoy un poco cansado. Eso es todo.
Hinata no estaba convencida. Evidentemente, había algo en el pasado de naruto que él no quería contarle. Se había vuelto a cerrar a ella y lo único que podía explicarlo era que él había cambiado desde que conoció a su familia. ¿Acaso no le habían caído bien? No se imaginaba por qué. Los hyuga les caían bien a todo el mundo. Hasta a kiba, antes de que él los traicionara. Sin embargo, ¿por qué si no iba a estar tan callado?
Por fin, naruto aparcó el coche frente a su apartamento.
—¿Quieres subir a tomar un café?
—No, gracias. Estoy un poco cansado y tengo un par de cosas que hacer antes de mañana.
—Muy bien. Hasta mañana.
Hinata le dio un beso en la mejilla y se sintió muy dolida al notar que él no la besaba.
Aquella noche, durmió muy mal. Cuando llegó al despacho, naruto estaba hablando por teléfono. Sólo tuvo tiempo de saludarla con la mano, lo que le pareció a hinata normal. Sin embargo, cuando colgó, no le dio un beso de buenos días.
Tampoco se despidió de ella con un beso cuando se fue a una reunión. ¿Qué significaba aquello? ¿Que volvían a ser sólo compañeros de trabajo?
—¿Te encuentras bien? —Le preguntó naruto al regresar al despacho.
—Claro. ¿Por qué?
—Estás muy callada.
—Has estado casi todo el día fuera…
—Ha habido un problema con uno de los gimnasios. Han salido grietas. He tenido que organizar una reunión con el encargado para ver cómo se pueden minimizar las molestias a los clientes. Cosas que ocurren.
—Mmm.
—Mira, hinata. No sé leer el pensamiento. Suéltalo.
—¿Qué le pasa a mi familia?
—Nada —respondió él, perplejo.
—Pero no te cayeron bien, ¿verdad?
—Claro que sí.
—Entonces, ¿por qué te muestras tan distante conmigo desde ayer?
—Hinata, creo que estás exagerando —dijo él, sin saber cómo podía explicarlo sin entrar en detalle del pasado.
—¿De verdad?
—Mira, admito que las familias me resultan difíciles.
—Lo comprendo, pero creo que mi familia es bastante agradable, naruto. Son personas decentes y amables que tratan siempre de comprender a los demás.
—Es cierto, pero no todo el mundo tiene una familia así.
—¿Me estás diciendo que tu familia son unos monstruos? Pues lo siento, naruto, pero eso no justifica que tengas que aislarte de todos los demás.
—Me estás haciendo parecer poco razonable…
—Porque lo eres.
—Simplemente soy un poco cauteloso, eso es todo. Lo siento, lo intentaré. ¿De acuerdo? No me resulta fácil, así que no esperes demasiado. Ya te he dicho que tengo asuntos del pasado.
—Pues cuéntamelos —le ordenó ella tras sentarse encima de su escritorio—. ¿Por qué las familias te molestan tanto?
—No quiero hablar de ello.
Hinata se cruzó de brazos y lo miró fijamente. Naruto comprendió que no lo iba a dejar hasta que no sacara algo.
—No todo el mundo se lleva bien con su familia. Yo no veo a la mía desde hace muchos años. No tenemos nada en común.
—No. Supongo que no todos somos millonarios.
—Te aseguro que no tiene nada que ver con el dinero. Yo no tenía mucho cuando me marché. Una maleta de ropa y mi padre en el puesto del mercado. Pensé que me conocías mejor. Yo no juzgo a las personas por lo que ganan ni por lo que tienen en el banco, sino por quiénes son. Por cómo tratan a los demás. Mi familia… De verdad que no quiero hablar de esto. Dejémoslo en que ellos no ven las cosas como las veo yo.
—Eso ocurre en muchas familias y es muy triste, pero a veces es lo mejor para todos. Sin embargo, tú lo estás utilizando para aislarte de la raza humana, naruto, y eso no es bueno.
—Yo no me estoy aislando.
—Pero no te implicas.
—Correcto.
—Bueno, al menos ahora sé qué terreno piso.
Hinata estuvo muy callada el resto del día. Naruto por su parte, no sabía qué hacer para arreglar la situación.
A las cinco en punto, ella apagó su ordenador.
—Hinata, ¿quieres cenar conmigo esta noche?
—Gracias, pero estoy un poco cansada.
—Podría dejar el partido de squash para que pudiéramos cenar un poco antes.
—Gracias, pero de verdad que necesito descansar.
En otras palabras, seguía enfadada con él y necesitaba espacio. El martes, naruto no apareció por el despacho en casi todo el día. Hinata se marchó antes de que él regresara.
Al ver que no estaba, naruto se sintió muy desilusionado. No podían seguir así. La echaba de menos. Tomó el teléfono y la llamó al móvil. Durante un desagradable momento, pensó que ella no iba a contestar.
—¿Sí?
—Hola, soy naruto —dijo, a pesar de que ella ya lo sabía—. Bueno… ¿estás libre esta tarde?
—Ya sabes que los martes salgo con mis amigas. Esta noche he quedado con temari y ten ten para ir al cine.
—Tal vez luego podrías pasarte por aquí. Te podría preparar un chocolate caliente o lo que tú quisieras. Bueno, ya está. Ven si quieres. Lo dejo en tus manos. Que disfrutes de la película.
—Gracias.
Naruto no pudo concentrarse en nada el resto de la tarde. Justo cuando pensaba que ella ya no iba a acudir, el teléfono de entrada sonó.
—Espero que el chocolate caliente sea bueno —le dijo la voz de hinata.
—Lo será.
Cuando entró por la puerta, hinata parecía muy distante. Él no dijo nada. Se limitó a acercarse a ella, a abrazarla y a ocultar el rostro contra su hombro. Se tranquilizó con sólo sentir el aroma de su piel.
—Lo siento. Me esforzaré más. Tu familia me cayó muy bien.
—Pero tienes… asuntos.
—Sí. Como tú dijiste, hay personas buenas y no tan buenas. Personas con las que no quiero estar. Ahora todo eso está en el pasado y ahí es donde quiero que esté. Donde necesito que esté.
Como respuesta, ella comenzó a acariciarle el rostro y le rozó los labios con los suyos.
—No vuelvas a cerrarte conmigo, naruto.
—Lo intentaré. Créeme. Lo intentaré —prometió. Y lo decía en serio.
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Durante las siguientes dos semanas, todo fue bien. Hinata pasaba casi todas las noches en el apartamento de naruto. Incluso él hizo el esfuerzo de volver a ir a ver a la familia de hinata. Aunque ninguno de los dos decía nada, ella sabía muy bien lo que sentía por él y le parecía saber lo que él sentía hacia ella.
Era mucho más que sexo.
Desgraciadamente, el viernes recibió una llamada de sus padres que la dejó muy preocupada. Naruto notó enseguida que algo le angustiaba. Se levantó y le apagó la pantalla del ordenador para hablar con ella.
—¿Qué es lo que ocurre? Venga ya, hinata. No puede ser tan grave.
—Lo es. Cuando se estropea algo en las casas viejas, hace falta mucho tiempo y mucho dinero.
—¿Le ocurre algo a la casa de tus padres?
—Sí. Es el tejado. La tormenta de verano que hubo la semana pasada voló unas cuantas tejas. Mi padre pensó que se podía arreglar, pero cuando fue el albañil para hacer la reparación, le dijo que la madera está podrida. No lo cubre el seguro y va a costar una fortuna arreglarlo. El problema es que el dinero de mis padres está ligado a su negocio y como todo ha subido mucho, no tienen liquidez. Al menos no tanta como les hace falta. Yo tengo algunos ahorros, pero mis hermanos tienen hipotecas y familias… El resultado de todo es que mis padres tendrán que vender su negocio porque nadie les va a dar un buen precio por una casa que tiene las vigas podridas. El huerto lleva en la familia muchos años, desde que vivía mi bisabuelo. A mi padre le va a doler mucho tener que venderlo, en especial después de…
Hinata se detuvo en seco. Naruto no tenía por qué saber lo del negocio con kiba.
—¿Después de qué?
—No importa.
—Eh, tú me dijiste que no me cerrara a ti. Te pido que hagas lo mismo.
Hinata quedó en silencio durante largo tiempo. Naruto la hizo levantarse de la silla y la acomodó sobre su regazo.
—Anda, habla.
—Se trata de kiba. Yo creía que estaba enamorado de mí. Pensé que le gustaba mi familia. Mis padres iban a ampliar el negocio y hacer que la granja cotizara en bolsa.
—¿Qué ocurrió?
—Resultó que kiba había estado asesorando a un consorcio y éste trató de ejecutar sobre la granja. Mi padre consiguió evitarla, pero mis padres perdieron mucho dinero por ello. Por lo tanto, es culpa mía que no tengan fondos para poder arreglar el tejado. Si yo no les hubiera presentado a kiba, éste no se habría enterado.
—Si se movía en el mundo de los mercados especulativos, se habría enterado de todas formas. El hecho de que te conociera a ti es irrelevante. No fue culpa tuya, pero sólo un canalla de primera clase habría sido capaz de utilizarte de ese modo. La violencia no resuelve nada —dijo, apretando los puños—, pero en estos momentos me gustaría darle una buena tunda.
—No se merece tanto esfuerzo.
—Pero tú sí. Bien. No sirve de nada estar aquí preocupándose. Necesito los hechos.
—¿Qué quieres decir?
—Yo me dedico a esto. Hago que los negocios prosperen. Si tus padres me permiten que les eche un vistazo a sus libros y me explican cómo es su negocio y cómo funciona, podría encontrar una solución.
—¿Les ayudarías? ¿Por mí?
—Es un negocio. Yo me dedico a esto. Y no soy kiba, por si esto te preocupa.
—Eso ya lo sé.
—Bien. Te sugiero que llames a tus padres y les preguntes si podemos ir a verlos ahora mismo.
—¿Ahora? Tienes otras reuniones y otros compromisos.
—Nada que no se pueda dejar para otro día. Tú te puedes ocupar de cambiarlos de fecha mientras vamos en el coche.
—¿De verdad harías algo así?
—Por supuesto que sí. Llama ahora mismo a tus padres.
Cuando llegaron a la granja, naruto le pidió a James que le volviera a explicar la situación en la que se encontraba. Tras hacerle una serie de preguntas, naruto insistió en ver las instalaciones antes de repasar las cifras. James le prestó unas botas de goma y los dos se marcharon. Cuando regresaron se pusieron a analizar los números y los libros de contabilidad.
Terminaron muy tarde, por lo que Nina les invitó a cenar. Desde la hora de almorzar, la casa se había ido llenando. hanabi con la pequeña kora, que seguía llamando na-ku a naruto. Era una familia fuerte y unida, que trabajaban juntos para solucionar los problemas. Todos escucharon atentamente lo que él tenía que decir sobre el negocio. Todos y cada uno realizaron sugerencias y ofrecieron su ayuda.
Entonces, naruto lo comprendió perfectamente. Todos los miembros de la familia se apoyaban los unos a los otros. Se trataba de una familia que se preocupaba por lo que le ocurría a cada uno de los que la componían. Se quedó muy callado el resto de la tarde, dejando que fueran ellos los que hablaban.
—Se está haciendo tarde —dijo hana—. Quédate a pasar la noche. No tardaré ni un segundo en prepararte la habitación de invitados.
—Te lo agradezco mucho, hana, pero lo siento. No puedo. Tengo reuniones mañana temprano.
—¿Estás seguro? No nos molestas.
—Estoy seguro, pero muchas gracias de todos modos. Agradezco mucho la oferta.
Hinata lo acompañó al exterior.
—¿Tú te vas a quedar? Si quieres hacerlo, no me importa —dijo.
—Quiero estar contigo —replicó ella—, pero en estos momentos mi familia me necesita más. Tenemos muchas cosas de las que hablar.
—Claro. Lo comprendo.
Naruto no la iba a obligar a elegir, pero se sintió muy solo durante el trayecto de vuelta a Londres. La noche era solitaria y el coche parecía vacío aunque puso la música muy alta. Cuando entró en su piso, tanto mini malismo le resultó estéril.
Deseó haber aceptado la invitación de hana y haberse quedado a pasar la noche con ella. A ser parte de ellos, aunque sólo fuera durante un rato.
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Durante las tres semanas siguientes, hinata decidió de acuerdo con naruto reducir su horario laboral y la otra mitad en Londres. Después de la primera semana, él le dio la llave de su apartamento.
—Esto no es una declaración de intenciones ni significa que estemos viviendo juntos —le advirtió él—, pero estaba pensando que… si te quedas en mi casa mientras estés en Londres, al menos podremos vernos un poco.
Hinata valoró el gesto muy positivamente, dado que venía de un hombre como naruto. Además, él se relajó lo suficiente con su familia como para bajar los domingos a la casa familiar. Parecía tener buena relación con todos y participaba activamente de la vida en familia y de las tareas de la granja. Todo parecía ir bien. De repente, el miércoles de la tercera semana, hinata se levantó muy mareada. Decidió que debía de haber sido algo que hubiera comido y que se le pasaría pronto. No fue así. Entonces, cayó en la cuenta de que se le había retrasado el periodo.
No podía ser.
Ella era muy regular y ya llevaba un retraso de tres días. No se había dado cuenta tanto ir y venir entre los problemas de sus padres y Londres. No lo entendía. Naruto y ella habían utilizado preservativo siempre, por lo que decidió que el retraso se debía al estrés por la situación en la que se encontraban sus padres. A pesar de todo, decidió hacerse la prueba de embarazo. Seguramente saldría negativa, pero ver el resultado negativo aplacaría sus temores.
Por suerte, naruto tenía muchas reuniones aquel día por lo que tuvo tiempo de ir a comprar la prueba de embarazo sin que él se enterara. No quería decirle nada porque no temía que fuera positivo. Al regresar al despacho, se fue directamente al cuarto de baño. Tras leer las instrucciones, realizó la prueba y se puso a esperar. En cualquier momento, tendría la confirmación. Como era una prueba digital, sería con palabras. No embarazada. En cualquier momento…
La pantalla cambió. No podía estar más claro.
Embarazada.
Contempló la pantalla completamente horrorizada. ¿Embarazada? ¿Cómo demonios se lo iba a decir a naruto? ¿Cómo iba a reaccionar él? No tenía ni idea.
—Estás un poco pálida —le dijo naruto cuando regresó al despacho.
—Estoy bien…
Naruto no la creyó.
—Mira, si te duele la cabeza o algo, no tienes por qué aguantarte. Tómate la tarde libre. Sube arriba y échate un poco…
—Te repito que estoy bien. No necesito echarme una siesta.
Sin embargo, unos instantes después, hinata salió disparada en dirección al cuarto de baño con la mano en la boca. Aquello le dio mala sensación a naruto. Le recordaba demasiado a lo que le había pasado en los primeros meses de embarazo…
¿Sería posible que hinata estuviera embarazada? Siempre habían utilizado preservativo, pero… ¿Y si uno se le había rajado sin que se diera cuenta? Improbable, pero no imposible.
¿Estaba hinata esperando un hijo suyo? Sacudió la cabeza. Aquello era lo peor que podía pasar. Él no quería hijos. ¿Cómo iba a ser buen padre con los ejemplos que había tenido?
Dios santo. Aquello era una pesadilla. Sin embargo, no le quedaba más remedio que enfrentarse a hinata regresó al despacho, estaba aún más pálida. Naruto le dio un vaso de agua.
—Gracias…
Naruto permaneció frente a ella con los brazos cruzados.
—Creo que tenemos que hablar —le dijo—. ¿Hay algo que quieras decirme?
Ella lo miró a los ojos y suspiró.
—Sí… Hay algo que tengo que decirte. Estoy embarazada. No sé cómo ni de cuánto tiempo. Acabo de hacerme la prueba ahora mismo.
—¿Ni siquiera pudiste decirme que lo sospechabas?
—No me di cuenta hasta hoy, cuando empecé a sentir náuseas y me di cuenta de que se me había retrasado el periodo. Yo creía que era por el estrés, pero quería asegurarme. Esa prueba tenía que afirmar el hecho de que yo no estaba embarazada.
—No lo entiendo. Siempre tuvimos mucho cuidado…
—No lo sé… Supongo que al menos debería estarte agradecida por el hecho de que no estés cuestionando si este niño es tuyo o no… Al menos, espero que no te lo estés preguntando.
—Claro que no —le espetó él. Ni se le había ocurrido—. Haré lo correcto contigo…
—¿Qué?
—Me casaré contigo.
Justo en ese momento, su teléfono comenzó a sonar. Uno de sus abogados quería hablar con él en referencia a un contrato. La llamada no podía haberse producido en mejor momento.
—Lo siento, tengo que irme. Hay un problema con un contrato. Volveré más tarde. Hablaremos entonces —dijo.
Con eso, salió del despacho. Al aire libre. Cuando llegó a la calle pudo volver a respirar.
Naruto notó que hinata estaba lista para una discusión en el momento en el que entró en el despacho. Su rostro estaba lleno de tensión.
—Hola.
—¿Dónde diablos has estado?
—Ocupándome de resolver un problema con un contrato. Ya lo sabes.
—¿Y no se te ha ocurrido llamarme o mandarme un mensaje para decirme que ya venías?
Si se le había ocurrido, pero naruto había preferido no hacerlo. La clase de conversación a la que tendría que enfrentarse era mejor realizarla cara a cara.
—¿Cuál es el problema?
—¿Que cuál es el problema, dices? Te digo que estoy embarazada y tú me dices que harás lo correcto conmigo.
—¿Y qué es lo que querías que dijera? ¿Que estabas sola en esto?
—Es más bien cómo lo dijiste. Ni siquiera me miraste cuando hablaste de matrimonio. Además, te morías de ganas de marcharte. Naruto, estoy embarazada. De nuestro hijo. ¿No significa eso nada para ti?
—Por supuesto que sí. Te dije que me casaré contigo. Te aseguro que no te faltará de nada.
—¡Esto no tiene nada que ver con el dinero! ¿Y tu tiempo, naruto?
—¿Mi tiempo?
—Sí. ¿Vas a intentar trabajar menos horas para poder pasar más tiempo conmigo y con el niño?
—Yo…
—Ya me lo había imaginado. No puedes dirigir mi vida, ni la de nuestro hijo, como si se tratara de un negocio. La vida no funciona así, naruto. Si no lo entiendes… —se interrumpió para dedicarle una mirada de completo desprecio. Entonces, tomó su bolso y se marchó del despacho con un portazo.
Naruto se sentó. Le daría un par de días para que se calmara y luego iría a buscarla. Hablaría con ella. Conseguiría que ella viera que le había dado la oferta perfecta.
Mientras tanto, llamó a la agencia para que le mandarán una sustituta. Consiguió que le prometieran una para primera hora de la mañana siguiente.
Aquella noche, no pudo dormir. Se sentía incómodo sin hinata a su lado. Echaba de menos la calidez de su cuerpo…
Aguantó tres días antes de volver a llamarla. Tenía el teléfono móvil apagado. El del piso de neji saltaba inmediatamente al contestador. Ella no le devolvió ni una sola llamada ni un solo mensaje. El lunes, cuando tenía su cita semanal con sasuke, naruto estaba de un humor de perros.
Entonces, unas palabras de sasuke lo derrumbaron por completo.
—¿Sabes lo que hemos hecho hoy? Mira —le dijo su amigo mientras se sacaba algo del bolsillo.
Parecía una fotografía, pero estaba prácticamente negra, aunque había unas manchas blancas… Naruto no tardó en distinguir la cabeza y el cuerpo de un bebé.
—Es la ecografía de la semana veinte de tu futuro sobrino —anunció sasuke con una sonrisa.
Naruto se encogió como si su amigo lo hubiera golpeado. Sasuke lo notó inmediatamente.
—Bien, no vamos a jugar a nada. No me importa que tengamos la pista reservada. Creo que necesitas hablar.
—Yo… Está bien, pero no aquí.
—¿Cuándo fue la última vez que comiste algo?
—A la hora de desayunar… Creo.
—Está bien.
Sasuke lo llevó a una pizzería que había a la vuelta de la esquina. Su amigo pidió la cena para los dos y mantuvo una conversación sin importancia hasta que los dos terminaron la pizza y se encontraban tomando café.
—Tú dirás —le dijo sasuke.
—¿Te puedo hacer una pregunta muy rara?
—Claro.
—Cuando sakura te dijo que estaba embarazada, ¿cómo te sentiste?
—¿Me estás diciendo que…?
—Te ruego que no me respondas a una pregunta con otra pregunta. Tengo que saberlo. ¿Cuál fue tu primera reacción?
—Supongo que sorpresa. No lo habíamos estado intentando y, para serte sincero, a mí me habría gustado tener un poco más de tiempo con sakura a solas como pareja. Luego, me hice a la idea. Va a haber en el mundo otra persona como sakura, alguien a quien voy a amar desde el primer momento de su vida…
—¿Significa eso que te alegraste?
—Sí. Me sentí muy orgulloso. Supongo que también un poco asustado. No he pasado mucho tiempo con niños. ¿Cómo voy a saber yo si voy a ser un buen padre?
¿Su mejor amigo tenía las mismas dudas? Era una locura. Sasuke sería un padre fantástico.
—Lo harás bien. Mira el ejemplo que te ha dado tu padre…
—Bueno, ¿está hinata embarazada?
—Sí. Y cuando me lo dijo, reaccioné mal. Yo me sentí tal y como tú has dicho que te sentiste tú. Asombrado. Asustado.
—Tú jamás me contaste toda la historia sobre tu familia y no creo que sea el momento de husmear, pero el hecho de que decidieras apartarte de ellos indica que no eres como ellos y que eres lo suficientemente fuerte como para ser un buen padre. Serás el padre que tú nunca tuviste.
—Eso si tengo oportunidad de serlo…
—¿Hinata no te habla?
—No. No contesta mis llamadas. Por primera vez en mi vida, no sé cómo arreglar un problema.
—Lo único que puedes hacer es ser tu mismo. Dile cómo te sientes. Ábrete a ella.
—No sé cómo hacerlo…
—Si hinata es la mujer de tu vida, sabrás cómo hacerlo. Te resultará más duro estar sin ella que con ella.
—Sin ella el mundo me parece un lugar gris. Nada parece encajar.
—En ese caso, es la mujer de tu vida. Habla con ella, naruto. ¿Qué es lo peor que te puede ocurrir?
—Supongo que me rechace. Bueno, ya lo ha hecho. Le dije que haría lo correcto y me casaría con ella.
—¿Por el bebé?
—Sí.
—Madre mía. Si yo le hubiera dicho eso a sakura, también me habría dejado. Hinata necesita saber que la quieres a ella por sí misma.
—Sí, tienes razón. Gracias por el consejo, amigo.
—Ya me dirás cómo te ha ido.
—Sí…
Naruto no sabía si hinata querría hablar con él, pero lo iba a intentar de todos modos. Tenía que convencerla de que le estaba diciendo la verdad.
Mientras se dirigía a su piso, pasó por delante de una tienda especializada en bebés. En el escaparate, había un libro abierto. Lo examinó detenidamente y se dio cuenta de que era un libro de recuerdos.
Entonces se le ocurrió una idea. Le daría a hinata una prueba irrefutable de que la amaba directamente desde el corazón. Desgraciadamente, la tienda estaba cerrada, pero conocía una que permanecía abierta hasta muy tarde. Con un poco de suerte, allí podría encontrar lo que necesitaba.
Para su alivio, encontró el cuaderno perfecto. Tenía las páginas hechas a mano y unas hermosas cubiertas de ante verdoso. Regresó a su piso, se sentó a la mesa y comenzó a escribir…
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continuara
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