Disclaimer: no, los derechos de los Juegos aún no son míos, por si os lo estabais preguntando…xD De hecho, nada que no sea una auténtica locura es mío xD
Como todos sabemos, queridos lectores, el distrito 8 es el del textil. El de dejar que niños de cinco años hagan ropa mal cortada llena de colorines y purpurina y demás horteradas (esto es para el Capitolio, que les encanta), y en el que personas seminormales crean un vestuario más común. Entre otras maravillas, exportan tapetes de ganchillo, fundas de cojines, medias de rejilla, y ese tipo de cosas tan útiles que todos hemos utilizado alguna vez (y no lo intentéis negar, pícaros).
Pero el caso es que, por desgracia, de vez en cuando surgen individuos rarunos, descastados que son mirados por encima del hombro por la sociedad. Y con toda la razón del mundo, como veréis si seguís leyendo.
Si miráramos lo que está pasando en una de las casas del distrito, bastante parecida a las demás excepto por estar pintada de verde, cubierta de enredaderas, y con graffitis que decían "Hamo a las plantas"; podríamos ver como una buena señora, bastante decente por lo demás, se armaba de una regadera y se dirigía al cuarto de su hija. Qué misterio, que tensión. ¿Acaso está loca esa señora? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Por qué hago hoy tantas preguntas?
Pues no, queridos lectores, la señora no tiene más problemas mentales de los que vienen siendo habituales en esta historia, pero resulta que su hija sí. O a veces, por lo menos. La susodicha estaba durmiendo en su cuarto, o al menos estaba haciendo los que los humanos entendemos por dormir. La buena señora llamó a la puerta, y no obtuvo contestación. Entonces asomó la cabeza, ya temiéndose lo que se iba a encontrar.
- Planticienta, nena, ¿otra vez? ¿Es que no se te va a pasar nunca la tontería? – suspiró la buena señora, con ese tonillo de paciencia infinita que tienen las madres y que todos los aquí presentes conocemos.
Ante la falta de respuesta de la niña, su buena madre se acercó a la cama, regadera en mano, y con expresión de mártir sufridora, regó a su hija. Abundantemente. La extraña cría abrió los ojos por fin, y sin mediar palabra, se fue a su ventana, y extendió los brazos en dirección al sol. Y así se quedó quieta, un rato más.
Su madre soltó un suspiro descomunal que ya tenía cierto cariz de peligro, y le dijo:
- A ver, capullito de alhelí de mi corazón, ¿se puede saber qué haces?
Planticienta sabía que se estaba acercando peligrosamente a esa delgada línea que separa a una madre amorosa de un monstruo terrorífico, porque nadie que te llame 'capullito de alhelí de mi corazón' te puede desear ningún bien en el futuro cercano. Pero le daba igual todo, ya que ella era una chica muy fiel a su naturaleza. Así que siguió con sus perturbadoras actividades sin decir nada. Ante esto, su madre se hartó, porque su paciencia tenía un límite, e hizo eso tan terrible que hacen las madres cuando se enfadan…Ya sabéis…
Efectivamente, la llamó por su nombre completo. Sé que es algo muy fuerte, pero debo serle fiel a la historia y contarlo. Planticienta estaba en shock ante tamaña muestra de violencia verbal, pero sacó fuerzas de la flaqueza y con su espíritu rebelde de hija adolescente, chilló:
- ¡Mamá, no puedes negar mi naturaleza de planta! ¡Debo hacer la fotosíntesis!
Y siguió intentado captar los rayos de sol con sus brazos, o como ella prefería que les llamaran, ramas.
Para ser fiel a la verdad, hay que decir que la pobre madre ya había probado de todo con esta chica. A lo largo de los años había consultado a psicólogos y psiquiatras varios, un jardinero, y hasta a gente aleatoria que pasó por delante de la puerta de su casa, pero sin éxito. Nadie sabía qué tenía exactamente la niña ni porqué tenía delirios vegetales. Y a la señora ya se le había acabado la paciencia, conque hizo lo único que le quedaba por hacer, que era librarse de la chica. Pensó que, ya que se acercaban los Juegos, podía sacar un montón de teselas a nombre de su hija, y así casi seguro que sería ella la elegida en la Cosecha. Además, la madre podría hincharse a comer bien durante mucho tiempo. Eran todo ventajas, como veis.
Así que dejó sola a Planticienta y se fue a llevar a cabo su plan. Mientras tanto, la niña decidió que ya había hecho suficiente fotosíntesis por el momento, y decidió prepararse para la Cosecha. Con su triste metro y medio de altura, resolvió ponerse un vestido cualquiera (de lino, por supuesto, no puede soportar el roce de algo que no venga de las plantas) y salir a hablar de sus problemas con los geranios de su jardín, que quedaban más o menos a su altura y la comprendían bien, o eso pensaba ella. Tenéis que saber que la muchacha tenía una voz muy estridente, así que no es de extrañar que los geranios murieran todos después de estar cinco minutos en su presencia. Cuando Planticienta se dio cuenta de ello, cayó sobre sus rodillas y protagonizó una escena digna de los mejores dramas del Chéspir ese.
- ¡NOOOOOOOOOOO! ¿¡Por quééé!? Erais demasiado jóvenes para morir, os quedaba mucho por fotosintetizar. ¿Cómo se lo voy a contar ahora a vuestras semillas? Me vengaré, ¡os juro que me vengaré de los humanos!
Y se fue con muy mala leche hacia la plaza, dispuesta a salir voluntaria si hacía falta, porque pensó que no había mejor sitio que los Juegos para intentar vengarse y que lo viera todo el mundo por la tele. El caso es que no le importaba mucho de quién en concreto se vengara, y tampoco le hacía mucho caso al hecho de que con ella habría otros 23 locos intentando matarla. Como planta que en el fondo de su alma era, no pensaba demasiado. Y además admiraba mucho al presi Snow, porque sabía que él también amaba mucho a las plantas (sobre todo a las rosas) y quería conocerle y pedirle un autógrafo. Tanto abrazar árboles le había afectado a la cabeza, imagino.
Así llegó a la plaza, se hizo un hueco entre las chicas de 13 años a base de espantarlas con su voz, y se puso a hacer la fotosíntesis otro rato, porque sabía que iba a necesitar fuerzas para llevar a cabo su venganza. Ahí la dejamos, por el momento.
Un rato antes, en la parte rica del distrito había habido una gran conmoción. Al parecer, una familia había descubierto a alguien robando en su despensa, y en el breve lapso de tiempo en el que habían ido corriendo a pedir ayuda, el misterioso ladrón había desaparecido. Eso sí, dejando un muy interesante agujero en la pared, con los bordes sospechosamente parecidos a marcas de dientes. Los allí presentes, estupefactos, exclamaron:
- ¡Oh, por Louis Vuitton, se ha comido nuestra pared, oseah! ¡Que alguien lo atrape, o me desmayoah!
Y es que así hablaban los pijos obsesionados con la moda del distrito 8. En esas estaban, cuando se pudo ver, sobre el tejado y recortada contra la luz de las primeras horas de la mañana, una imponente silueta en pose heroica, con una capa ondeando al viento...
Para romper lo épico del momento, os diré que no, no es Batman. La silueta en cuestión es de hueso bastante más ancho para eso. De dicha silueta salió una voz que decía:
- ¡JAJAJAJAJAJAJA, jamás me atraparéis! ¡Soy invencible! ¡Robo a los ricos para quedármelo yo! ¡Me comeré vuestra comida y vuestras paredes, no necesariamente en ese orden! ¡MUAJAJAJAJAAAAAAAAAAH! – el "impresionante" discurso de este Robin Hood actualizado se convirtió en un grito de niñita pequeña hacia el final, porque el gordo misterioso se tropezó con sus propios pies y cayó desde el tejado. Dejando un boquete remarcable en la calle, que tardaría varios meses en repararse y costaría varios disgustos a los transeúntes, pero eso ya es otra historia. Una pensaría que para ser un ladrón de despensas hace falta discreción, habilidad, y equilibrio, cosas por lo demás muy útiles en los Juegos, pero este muchacho no las tenía. Así es la vida.
Los pijos se reunieron en torno al caído, que había quedado inconsciente, y ordenaron a sus mayordomos que le pincharan con sendos palos para comprobar si seguía vivo. Pero una caída cualquiera no puede afectar a alguien con una amortiguación de grasa como la de este chico, así que, tras comprobar que respiraba, y ver que el misterioso ladrón no era más que un chaval de 16 años con una peculiar mata de pelo en forma de hojas de palmera, le perdieron el respeto y decidieron vengarse de él. Lo primero que hicieron fue arrancarle su preciada capa, en la que estaba bordado su lema, 'Born to be fat'. Podemos decir sin temor a equivocarnos que este chico cumplía sus principios. A continuación, le pintaron en su redonda cara un poblado bigote, así, porque se aburrían, y encima con rotulador indeleble. Estaban intentando levantarlo para hacerle vaya usted a saber que más perrerías, cuando por fin recuperó el sentido y, haciendo uso de sus más sofisticadas habilidades, se echó a rodar calle abajo. Obviamente, nadie pudo parar tal mole rodante y escapó más o menos airoso de la situación, aunque bastante triste porque su hermosa melena se había despeinado.
Pero los pijos no se dieron por vencidos, que cuando quieren son los más chungos del barrio. Así tramaron un malvado plan, según el cual atraerían al ladrón hacia la plaza de la Cosecha poniendo una tarta detrás de otra para que las siguiera. Sobra decir que funcionó. Lo que nuestro querido zampabollos no sabía es que las tartas estaban adulteradas para dejarle inconsciente (sí, de nuevo). Mientras le hacía efecto, Polen Dorado, que así se llamaba el caballero, pudo ver como una tal Planticienta salía elegida en la Cosecha, y con los últimos retazos de su consciencia, pensó: "Mmmmm, las plantas se coooomeeeen".
Mientras tanto, Planticienta estaba siendo arrastrada al escenario, porque acababa de recordar que las plantas no se mueven y había entrado en lo que ella llamaba 'modo maceta'. Una vez ahí, pudo observar como su madre ejecutaba una extraña danza de la alegría (cosa que ella no se explicaba) y, además, cómo una gran cantidad de señores con pinta de mayordomos levantaban entre todos el rollizo brazo de un chico inconsciente y, poniendo esa voz aguda que ponemos todos cuando imitamos de cachondeo a otra persona, dijeron:
- ¡Me presento voluntario!
El escolta, por supuesto, no encontró nada anormal en esta situación, y preguntó que cómo se llamaba el chico. Se empezó a oír un murmullo, en el que se podían distinguir frases sueltas tipo '…y yo que sé cómo se llama el niño este', o '…tenía algo que ver con plantas, ¿no?', y también '…daos prisa que al final nos aplasta'. Todo completamente normal. Al final, dijeron que se llamaba Polen no-se-qué-más, y Planticienta, ante ese nombre y consiguiendo ver su mata de pelo de forma marcadamente vegetal, se dijo: "¡Este chico comparte mi amor por las dicotiledóneas! ¡Seremos aliados y utilizaremos las plantas transgénicas para dominar el mundo, MUAJAJAJAJA! ¡Se cumplirá mi venganza!". Habría ido a abrazarlo si no fuera porque seguía en 'modo maceta', al parecer sin caer en la cuenta de que las palmeras son monocotiledóneas y ella las odiaba (también entre las plantas hay mala gente).
Al final, con mucho esfuerzo y un par de muertes por aplastamiento, consiguieron subir a Polen Dorado al escenario, y el escolta pudo anunciar con orgullo:
- Os presento a vuestros tributos, ¡Planticienta y Polen Nosequemás!
Tampoco es que el escolta hubiera sido nunca el primero de su clase, como veis. En cualquier caso, para cuando Polen se despertó, ya estaban de camino al Capitolio en el tren, y Planticienta estaba regando su pelo con todo el amor del mundo. Hay que decir que los padres de él no lamentaron mucho la pérdida, porque desde que se sentó encima de toda su familia a la vez en una comida familiar ya nada había vuelto a ser lo mismo (nunca volvieron a ver al primo pequeño). Pero en fin, él sabía que antes de los Juegos te daban bien de comer, y durante los Juegos siempre se podría comer a otros tributos, así que no le importó mucho el tema de ir hacia una muerte casi segura y tal. Planticienta por su parte estaba feliz con la idea de vengarse, y con la de poder hacerse amiga de las exóticas plantas que sin duda tendrían en el Capitolio. Y, por qué no decirlo, de intentar acosar al presi Snow, pues sentía que el amor sin límites que compartían por los vegetales los convertía automáticamente en almas gemelas, y hasta tenía posters de él en su ecosistema (lo que el resto de humanos conocemos como habitación). Perturbador, lo sé. No sé qué futuro les espera a estos dos cuando el presi se entere…
Notas de la autora:
(*Sale de detrás de una montaña de apuntes*)
Hola gente, podéis decirles ya a vuestros asesinos a sueldo que dejen de buscarme, que ya he actualizado la historia xD Hablando de eso, me encanta lo locos que están todos los tributos xD Por si alguien necesita una referencia visual, la melenaza de Polen es como la del actor secundario Bob en 'Los Simpson'. Como siempre, podéis dejarme vuestras opiniones y demás en un review, que se agradecen y siguen siendo gratis. Por el momento…BWAHAHAHAHA.
He tenido muchos exámenes y esas cosillas de la vida, peeeeero, hoy es un día muy especial que se merecía actualización. ¡Y es que la persona que me mandó los dos tributos de hoy cumple años! ¡FELICIDADEEEEES! ¡El capítulo va especialmente dedicado para ti, manita! :D Disfruta del día, espero haberte hecho reír (¡que la risa es muy sana, más que los vegetales! xD), y te mando un abrazo virtual (¿y uno real también? Quien sabe, el tiempo lo dirá…xD) y un 'Cumpleaños feliz' al ritmo de Pitbull :D
(*La autora se vuelve detrás de su montaña de apuntes. Se le caen encima. Muere aplastada por el conocimiento*)
