Susurros

Capitulo 7

"Hay algo que debes saber"

Se encontraba rodeado en medio del bosque. Aquel bosque le era familiar, pues había estado acampando ahí los primeros días de su misión. Ahora, compartía el calor de una fogata junto a cinco jóvenes de entre 20 y 25 años. Eran ruidosos, rudos y un tanto maleducados, pero para Crona era como estar rodeado de Ragnaroks. Para cualquier otra persona eso sería aterrador, pero para el espadachín era tranquilizante... Había estado solo por mucho tiempo.

Si bien eran todo lo contrario a las amistades que Crona tenía en casa, seguían siendo jóvenes usuarios de arma de la academia de Sudamérica. La comunicación era complicada, pero gracias a su idioma natal, Italiano, Crona podía comprender un poco el español. Los chicos sabían inglés y ayudaban al pelirrosa cuando no podía expresarse, cosa que no pasaba muy a menudo simplemente porque el espadachín no se expresaba en absoluto.

Se encontraban riendo en una nube de humo, con botellas de licor medio vacías a sus pies. Crona había estado bebiendo, obligado por Ragnarok y aquellos jóvenes que lo vitoreaban cada vez que vaciaba una lata de cerveza.

"¡El gringo sabe!" Rio un joven de tez morena, brindando por la quinta lata vaciada del espadachín.

"Weon, que estará muy flaco pero es duro" Silbó un joven de tez mas clara, viendo a Crona quien solo sonreía. Había tomado mucho, pero aún no se notaba ebrio.

"¿Así te gustan no? Pinche puto maricón" Bramó el mas corpulento de los seis, elevando su cerveza al aire "Venosaaaa, gomosaaaa, así quiero una gaaarcha!"

Si, eran cinco Ragnaroks sumamente groseros e irreverentes, y aunque le intimidaban un poco... no estaban mal. Llevaba compartiendo piso con ellos desde hacía ya una semana. Se encontraba en una misión secreta, investigando el caso de varias chicas asesinadas en la región. Crona les había dicho que se encontraba en un simple viaje de placer.

Depositando la quinta lata vacía en el suelo, el pelirrosa suspiró volteando a ver a su compañero sobre su cabeza. Ragnarok estaba ebrio, pero disfrutando del momento. Crona le debía al menos eso a su compañero, un momento de disfrute donde no tuviese que escucharle lloriquear sobre cuanto extrañaba a Maka.

Esa era otra razón por la cual el espadachín se encontraba ahí: mientras estuviese bebiendo y bromeando con aquellos chicos, no pensaba tanto en ella.

"Creo que ya es hora" un joven de cabellos claros sonrió enormemente, abriendo su mochila para sacar una bolsa transparente con lo que parecía ser algún tipo de hierba.

"Ohhhh si! Gringo, ¿seguro tu consumes de esta a diario verdad? Pero aqui sabras lo que es la hierba pura de colombia! Nada que ver las porquerías rebajadas de tu país"

"O-oh?" Crona repitió, mirando dudoso aquella bolsa que parecía tan preciada para ellos. Los jóvenes rápidamente se dedicaron a sacar pedazos cuadrados de papeles donde vertieron aquel tipo de hierba.

"Oh sí! Yo quiero! Traigan eso para acá!" Ragnarok rugió, su voz un tanto torpe debido al alcohol consumido.

"¿Qué es eso, Ragnarok?" Crona susurró a su compañero, sintiéndose ya bastante incómodo. Suficiente era con haber cedido a la presion de su compañero y hubiese bebido, Crona no se sentía capaz de lidiar con mas cosas desconocidas.

"Eso, Crona, es un pasaporte directo al cielo" El demonio explicó, mostrándose verdaderamente ansioso por poner sus pequeñas manos en esa bolsa.

Uno de los jóvenes terminó por enrollar dos cigarrillos, volteando a ver a Crona y Ragnarok. Con una sonrisa, el joven parecía estudiar al pelirrosa y a su compañero, mirando a ambos fija y detenidamente.

"Usualmente no regalo mi hierba a cualquiera... Pero tu, mi amigo, realmente la necesitas. Considéralo un poco de hospitalidad colombiana" El joven sonrió, pasando ambos cigarrillos a Crona quien los tomó dubitativamente.

"Y-yo... Lo siento, yo no fumo..." El espadachín titubeó, inseguro de qué hacer con aquel objeto entre sus dedos.

"Mierda Crona, tampoco bebías hace dos días, ahora mete eso en tu boca y dame el otro a mí!" Ragnarok rugió, propinando un violento coscorrón a su tímido compañero.

Eso estaba definitivamente fuera de su zona de confort. Había accedido a beber debido a que ya lo había hecho en Shibusen durante una de las tantas fiestas de Lord Death, pero eso era diferente. ¿No se suponía que era malo? Ahora que... el profesor Stein lo hacía todo el tiempo, pues solía decir que le tranquilizaba.

¿Qué diría Maka al respecto?

El recuerdo de la rubia volvió a hundir los ánimos del espadachín. Trataba de no pensar en ella, lo intentaba con fuerza, pero era imposible... todo le recordaba a ella. Habían pasado casi ya dos años desde que se había ido con Soul a Alemania, dos años desde su boda. Su ausencia lo había destrozado, dejándolo tan desamparado como un cachorro en medio de una autopista. Recordarla dolía, y la opresión que sentía todo el tiempo en su corazón era algo a lo que no estaba acostumbrado.

Ragnarok gruñó profundamente molesto, soltando un violento golpe a la cabeza de Crona para sacarlo de sus pensamientos.

"OUCH! R-Ragnarok!" Crona gruñó con molestia, sobando su adolorida cabeza.

"Crona, si no dejas de pensar en ella ¡voy a golpearte tanto que te provocaré amnesia!" El pequeño demonio gruñó en voz baja para que solo su usuario escuchase, jalando con fuerza sus cabellos rosas.

El pelirrosa suspiró, dirigiendo su atención al pequeño objeto blanco entre sus dedos. Al elevar la mirada para observar a los demás, notó como todos se encontraban ya fumando con tontas sonrisas en sus rostros y ojos entrecerrados. ¿Qué les había pasado? Estaban bien hacía un momento...

Una mano llamó la atención de Crona al posarse en su hombro. El líder del grupo le dirigió una sonrisa al tiempo que acercaba un encendedor hacia él.

"Sé que tienes problemas, reconozco a alguien con un pasado difícil cuando lo veo, esto te hará sentir mucho mejor, olvídate de tus problemas un rato"

Olvidar los problemas... ¿Sería de verdad tan fácil?

Con mano temblorosa, Crona acercó el cigarrillo al fuego que aquel joven le ofrecía. Habiendo visto al profesor Stein hacer eso cientos de veces, simplemente imitó la acción al llevarse la colilla a los labios y succionar. Sin haber calculado la fuerza con la que inhaló el humo, este golpeó su garganta irritándole hasta provocarle tos. Intentó toser para expulsar el humo, pero Ragnarok tapó su nariz y boca para evitarlo.

"Hmmph!" Crona trató de gritar, tomando las manos de su compañero para intentar quitárselo de encima. Forcejeando por un momento, Ragnarok finalmente dejó a Crona tomar una bocanada de aire. "RAGNAROK! Porque..."

Eso fue suficiente. Crona calló en el momento en que su cabeza pareció nublarse, como si una niebla cubriera todos sus pensamientos. De pronto todo sucedía en cámara lenta, la risa de Ragnarok, la sonrisa de aquel sujeto... todo era lento, casi hipnótico. Sus músculos siempre tensos comenzaron a relajarse, y por primera vez desde que Maka se hubiese ido... no sentía temor.

¿Por qué tendría que sentir miedo, cuando todo era tan apacible y lleno de calma? Sus ojos negros giraron su atención a lo que parecía ser música. Era música, proveniente de la fogata que hacía crepitar la madera quemándose. Las llamas danzaban de manera hipnótica, casi hechizante, al punto que no podía quitarle los ojos de encima.

"Wow... Te pegó duro jaja" Escuchó a alguien decir vagamente. Era difícil prestar atención a las palabras, especialmente cuando parecía ser que todos sus sentidos estaban enfocados en el fuego.

Ragnarok rio, tomando la mano de Crona y llevando la marihuana de vuelta a sus labios, obligándolo a tomar una nueva bocanada de aquella droga. Esta vez lo dejó toser, pues el espadachín ya se encontraba muy lejos de la realidad.

Escuchaba risas, tanto de su compañero como de los demás muchachos, pero todo parecía entremezclarse en una espiral de pensamientos. Nada importaba, no importaba aquella noche desperdiciada, ni lo que dirían sus amigos si lo viesen así. No importaba su misión, ni su pasado, no importaba su sufrimiento ni su culpa.

Ni siquiera importaba el recuerdo de aquella chica rubia que había destrozado su corazón.

La mente de Crona se disolvía en fuego y oscuridad.


Una luz sobre su rostro y un sonido de alarma despertó al espadachín. Apenas recuperó la conciencia, Crona fue sorprendido por un violento dolor de cabeza. Gruñendo entre dientes, el delgado usuario trató de enfocar su mirada para tratar de vislumbrar de donde venía esa luz y aquel ruido.

Era una llamada de Lord Death. Abriendo los ojos lo mas que pudo, Crona se escurrió fuera de la cama, cayendo al suelo debido a un súbito mareo. Gateando penosamente hasta el espejo de su habitación, el espadachín tocó el cristal para aceptar la llamada.

"Buenos días Crona" Kid saludó con su rostro oculto por la caricaturesca máscara de calavera.

"Ughhhhu..." El espadachín gruñó con los ojos cerrados, tratando de abrirlos pese al terrible dolor que le provocaba la brillante luz del espejo.

"Si te sientes la mitad de mal de cómo te vez... casi me compadezco de ti" Kid comentó ladeando la cabeza. El cabello de Crona era un desastre, revuelto por todos lados y completamente asimétrico como siempre. Se encontraba pálido y ojeroso, con un rostro que denotaba no solo cansancio, sino absoluta derrota.

"Hnnn... ¿Que sucede, Lord Death?" El pelirrosa suspiró, llevando ambas manos al marco del espejo para tener un poco mas de apoyo. Todo a su alrededor se movía como si estuviese parado en un barco mecido por las olas.

"Solo quería recordarte que tienes una sesión pendiente con Mifune y..."

"GAH!" Crona jadeó, abriendo los ojos de par en par. "¿¡Q-que hora es!?"

"Tranquilo, supuse lo olvidarías" El dios pelinegro rio levemente, mirando a Crona separarse del espejo, tambaleante. "Le diré a Mifune que estarás a tiempo"

"G-gracias Lord Death" Crona suspiró, asintiendo con la cabeza al tiempo que la comunicación terminaba haciendo al espejo reflejar solo su rostro. Comprendía ahora lo que Kid había querido decir: se veía terrible.

Arrastrando su pobre alma fuera de la habitación, el espadachín caminó por el pasillo del departamento hasta el baño. Ya adentro se dedicó a quitarse de encima todo el conjunto de ropa que había usado el día anterior. No recordaba mucho de lo que había sucedido, solo la cena y algunos pedazos de la conversación, lo cual no era nada alentador. Seguramente había hecho el ridículo, y lo peor es que lo había hecho delante de Maka.

A todo esto... ¿cómo había llegado al departamento? ¿dónde estaba Maka?... ¿¡Y si había sucedido algo y no lo recordaba!? Entrando en pánico y solo con la ropa interior, Crona posó su mano en la manija de la puerta con la intención de correr a la habitación de Maka y asegurarse que estaba bien.

Súbitamente, la pequeña figura de Ragnarok salió de la espalda de Crona, jalando sus cabellos para llamarle la atención.

"¡Para tu tren! La vaca está bien. Te ayudó a llegar a la cama e incluso te cantó para que durmieras ¡Justo cuando pensé que no podías verte mas ridículo!" Ragnarok vociferó, esperando a que el espadachín desistiera de ir a ver a Maka. No podía arriesgarse a despertarla y tener que soportarla desde tan temprano.

Crona frunció el ceño, dirigiendo una mirada seria a su compañero quien ladeó su cabeza. Para nada convencido, el pelirrosa abrió la puerta del baño con la plena intención de asegurarse del bienestar de la rubia.

"Tch... ¡bien! no me creas, pero se nos va a hacer tarde para llegar al entrenamiento" Ragnarok gruñó, mirando un poco mas abajo para soltar una leve risa "Seguro a la vaca le gustará verte en ropa interior"

Abriendo los ojos de par en par, Crona miró hacia abajo solo para soltar un "eep!", entrando apresuradamente de nuevo al baño. Con un suspiro de derrota, el espadachín decidió confiar en las palabras de su compañero... al menos por ahora, pues definitivamente no saldría del departamento hasta asegurarse que Maka estaba bien.

Gruñendo entre dientes debido al dolor de cabeza, Crona se quitó su última prenda para luego entrar inmediatamente a la regadera. Abriendo la llave, dejó que el agua helada cayera sobre su cálida piel, recibiéndola con un siseo. Toda su vida, desde que tenía memoria, se había bañado con agua fría. Aunque el agua caliente era muy relajante, no le sería muy útil en ese momento, pues necesitaba despertarse.

Para una persona normal, un baño de agua helada a las seis de la mañana sería una pésima manera de empezar el día. Para Crona era casi reconfortante, era familiar, y sobre todo le ayudaba a ordenar sus pensamientos. Cuando era pequeño, la ducha era el único momento del día donde podía estar completamente tranquilo. Medusa nunca lo buscaba mientras estuviese en el baño, y Ragnarok no salía para golpearlo.

Lentamente las piernas del pelirrosa dejaron de sostenerlo por lo que, tambaleante, Crona retrocedió hasta sentir la fría pared contra su espalda. Dejándose caer, el espadachín terminó sentado en el suelo, abrazando sus piernas contra su pecho mientras el agua fría seguía cayendo sobre él. No era el dolor de cabeza lo que estaba molestándole... sino la razón de porqué tenía ese dolor. Bien, el realmente no había tomado en la fiesta, menos de una copa en realidad... había sido Ragnarok. Sin embargo no importaba al final... era su completa responsabilidad.

Se había prometido no volver a hacer cosas así, jamás.

"¿Vas a quedarte ahí todo el día?" Ragnarok gruñó desde el interior de Crona, quien no se inmutó ni por un instante, no respondiendo la pregunta. "¿Qué? ¿Ahora vas a ignorarme?"

Tras no recibir respuesta, Ragnarok comprendió el mensaje claramente, permaneciendo en silencio. Crona estaba furioso, no solo con él sino consigo mismo, y en esa situación era mejor no seguir apretando los botones del espadachín.

Se había prometido no volver a hacerlo, nunca más. No alcohol, nada de esas malditas drogas, nada que pudiese hacerle repetir lo que había sucedido durante su misión en Sudamérica. Lo que había sucedido, lo que él había hecho... realmente durante la fiesta no había contemplado el que Ragnarok permitiese que el alcohol le afectara. Ragnarok sabía perfectamente lo que podía suceder, pues ya había sucedido una vez...

Ragnarok había puesto en peligro a todos sus amigos, y especialmente a Maka.

"Mierda Crona, no es como si ellos estuviesen destripando vírgenes" Ragnarok gruñó, muy atento de los tormentosos pensamientos del espadachín.

"¡CALLATE!" Crona rugió, soltando un violento puñetazo en la pared al lado de él, dejando un hueco debido al impacto. El puño de Crona no tenía ni un rasguño gracias a la protección de su endurecida sangre negra. Ragnarok no volvió a decir ni una sola palabra.

Respirando agitadamente, el espadachín llevó ambas manos a su cabello, jalándolo con fuerza. Control, calma, debía permanecer tranquilo y agradecer que nada hubiera sucedido, agradecer que Maka y los demás estuvieran bien. Suspirando, el espadachín finalmente decidió levantarse del suelo para terminar de bañarse; Mifune le estaba esperando.

Aún con el fuerte dolor de cabeza, Crona se encontraba ya arreglado y listo para ir a Shibusen. Pese al leve retraso que ya llevaba para reunirse con su maestro, el espadachín hizo uso de todo su valor para ir a ver a Maka... o al menos lo intentó. Al momento en que su delgada mano se posó en la manija de la puerta, todo su valor se desvaneció. No había manera alguna que él pudiese invadir la privacidad de Maka de esa manera, mucho menos cuando se encontraba dormida... y tampoco quería despertarla. Sin embargo, tampoco podía salir del apartamento sin asegurarse de que estuviese bien...

Cerrando los ojos con fuerza, el pelirrosa solo pudo suspirar, notando que no había otra manera. Pegando suavemente su oreja derecha contra la puerta, Crona puso toda su atención tratando de notar algún ruido o una respiración que le asegurase que estaba bien. Al no escuchar ruido alguno, el espadachín optó por otra opción... si Maka estaba dormida, no habría problema alguno en usar esa opción. Cerrando sus ojos, trató de sentir el alma de la rubia con la suya, buscando el distintivo y tranquilizante calor que emanaba de su longitud de alma. Pese al tiempo que había pasado, Crona aún no olvidaba como era entrar en resonancia con ella. Aunque no podía hacer eso plenamente con Maka dormida, podía percibir a la perfección su alma. Detrás de la puerta escuchó un hondo suspiro, mientras que Crona permitía un roce entre sus longitudes de alma. Con solo hacer eso, el espadachín se aseguró que su amiga estaba bien, que estaba dormida, e incluso podía notar que parecía tener un sueño intranquilo. También notó como ese simple roce recorría su propio cuerpo, llenándole de una sensación placentera... y de mucha nostalgia.

Sentía una poderosa necesidad, un anhelo casi sobrecogedor por sentir de lleno aquella alma que solía ser su bote salvavidas, su faro en la oscuridad, una guía que lo mantenía apartado de la locura. Basta, no mas, tenía que separarse... pero su autocontrol cuando se trataba de Maka era cercano a inexistente. Quería mas, quería hundirse por completo en esa tranquilidad que solo su cálida alma podía darle...

"¿Crona?"

Demonios.

"M-meena" Crona volteó rápidamente, apartándose de la puerta con un violento sonrojo en su rostro "Y-yo... Yo solo... Ah..."

"¿Saldrás tan temprano?" La chica de cabellos castaños preguntó con un leve bostezo. Se le notaba ojerosa, vistiendo un corto camisón azul marino y un gorro tipo beanie que cubría toda su cabeza. Crona intentó no mirar su atuendo semi-transparente, fijando su vista en los ojos chocolate del arma.

"S-si... Entrenamiento con Mifune, me dijo ayer y..."

"Quiero hablar contigo ¿podría pasar por ti luego de tu entrenamiento?" Crona frunció el ceño. Era extraño que Meena le pidiera salir con él. No es como si nunca hubiesen salido, pero solo fue al inicio y muy pocas veces. En perspectiva, no habían salido de esa manera desde hacía poco más de año y medio.

"U-uh... P-pero Maka está aquí, y yo no puedo dejarla sola" Era verdad. Crona podía hacer prioridades, y su prioridad máxima era estar con Maka. No importaba lo que Meena significaba en su solitaria vida, aún si solo fuese por un minuto, Maka siempre estaría antes que nadie.

"Solo será por un par de horas, luego puedes deshacerte de mi" Meena suspiró, abriendo la puerta de su habitación para mostrarle una maleta de equipaje. Crona al inicio ladeó su cabeza, sin comprender del todo sus palabras... las cuales adquirieron sentido al ver la maleta.

Bien, el arma podía ser un dolor de cabeza y un tanto cruel, pero... ¿Irse? Una parte de él le decía que era lo mejor, que no dijese nada... una parte de su alma le suplicaba que la dejase ir. Sin embargo, el recuerdo de la soledad envió un escalofrío de terror que recorrió su espalda. Crona le tenía terror a la soledad, a quedarse solo, a que nadie le necesitara o se preocupara por él...

Si, tenía amigos y personas que eran casi familia para él, pero al final ese primitivo y arraigado temor al abandono picaba su conciencia. Ellos podían cansarse de él y dejarlo, él no era importante en sus vidas ¿y cómo sabía eso? Simple: si se removía de la vida de todos, como si no existiese, sus vidas no cambiarían en absoluto. Kim seguiría con Ox dando clases en Shibusen, Blair finalmente tendría el apartamento para ella sola como siempre había querido. Victor seguiría siendo el mismo niño alegre con dos padres amorosos, los cuales seguirían con su vida sin ningún cambio. Black Star quizá ni lo notaría, y si lo hiciese no importaría pues tenía a Tsubaki y a su hijo. Para Death the Kid sería una pérdida mas, como cientos de usuarios de arma que habían desaparecido. Maka regresaría a Alemania con Soul, olvidándose de nuevo de él... Nadie le necesitaba, y por ende era desechable.

En cambio Meena...

"D-de acuerdo, uh... Tardaré una hora o dos, ¿n-no quieres acompañarme?" Crona trató de invitarla mientras sus fijos ojos oscuros seguían mirando aquella maleta. Quizá de haber estado mirando a Meena en lugar de aquella maleta, habría notado la sardónica sonrisa en el rostro de la morena.

"Tengo cosas que hacer aquí, te alcanzo en tu entrenamiento"

Al levantar la mirada, Crona solo pudo notar aquella mirada casi triste de la chica, quien mantenía la maleta firmemente aferrada entre sus manos. Asintiendo, Crona pasó al lado de Meena para dirigirse a la puerta del apartamento, saliendo apresuradamente. Ya se le había hecho considerablemente tarde para su cita con su maestro.

Meena observó al espadachín irse, su sonrisa creciendo enormemente. Con un suspiro acomodó el gorro en su cabeza con suavidad, el cual ocultaba el daño que Ragnarok le había causado aquella misma noche. Oh si, tenía muchas cosas que hacer... como esperar a que Maka despertase.

No podía darse el lujo de dejar que Maka arruinase su salida con Crona, o incluso que fuese a buscarlo. Necesitaba tiempo a solas con el espadachín, y para eso tenía que asegurarse de que la usuario de guadaña no interrumpiera. Tendría que esperar, y Meena era muy paciente.


Tenía diecisiete años de nuevo.

Sentada en uno de los solitarios balcones de Shibusen, Maka Albarn miraba el atardecer con una sonrisa en el rostro. El sol dormitaba en el horizonte, cayendo poco a poco en un profundo sueño que daría paso a la nueva luna negra. La vista de la ciudad en medio del desierto siempre era un deleite a la vista, sobre todo cuando podías observar desde lo mas alto de la academia.

Pero lo que de verdad complementaba el momento, lo que lo hacía auténticamente inolvidable, era la compañía que se encontraba a su lado. Crona miraba el mismo atardecer con ojos impresionados, abiertos enormemente como tratando de ingerir toda la escena con voracidad.

La primera vez que le había mostrado la vista, Crona se había quejado de la luz. No solo la luz como un fenómeno natural, sino por la luz subjetiva de la escena. La ciudad brillaba de vida y alegría, reflejando una calma natural de quien sabe es cuidada noche y día por la muerte personificada.

Crona se lo había dicho una vez: él era un ser de la oscuridad. Hijo de bruja, criado en un calabozo, educado por la bruja serpiente Medusa, entrenado con mano de hierro y tolerancia cero. Las únicas veces que salía al exterior era durante la noche, cuando la oscuridad podía ocultarlo para que cometiese sus crímenes, su cuota de asesinatos. Crona había sido concebido, criado y educado como un asesino... como un demonio, y los demonios no salen de día.

Aún a tres años de haberse conocido, y a meses de la derrota del Kishin, Crona aún resaltaba en medio de la luz. Como un punto negro entre el blanco, plata y dorado, el chico de cabellos rosas y túnica negra ceñida al cuerpo era inconfundible. Y pese a eso, había algo distinto en él... aunque negros, sus ojos brillaban con una luz que antes no existía en ellos. Con aquella tímida sonrisa en su rostro, el espadachín de dieciocho años era completamente diferente al cascarón vacío que había conocido en una iglesia de Italia, tres años atrás.

"¿Maka?" Crona preguntó, dirigiendo toda su atención a la rubia sentada en el balcón a escaso medio metro lejos de él. Antes la cercanía de las personas le asustaba, pues el contacto humano le era completamente ajeno. Maka fue la primera en traspasar esa barrera, y la única que podía estar tan cerca sin ponerle a la defensiva.

No podía decir que no le ponía nervioso, pues eso sería una mentira. El espadachín se notaba sonrojado, jugueteando con sus pulgares en su regazo y desviando la mirada constantemente.

"¿Que sucede?" Maka preguntó con una sonrisa, encontrando cómica la manera en que el pelirrosa trataba de expresar su pensar. Eso era completamente nuevo para él, pues nadie nunca le había preguntado antes su opinión, pero se estaba acostumbrando.

"Uh... estas mirándome... mucho" Crona musitó mientras el sonrojo crecía en su rostro.

"Oh, no lo había notado" Maka rio, desviando su mirada para observar de nuevo el atardecer, cosa que no duró mucho antes de virar su atención al espadachín nuevamente "¿te incomoda?"

"¡N-no! No Maka, me agrada... Uh, e-es decir, no como si quisiera que lo hagas, ah ¡es decir! Si quiero pero, ah..." Crona comenzó a balbucear, sonrojándose cada vez mas debido a la vergüenza.

"¿Te gusta que te mire?" Maka preguntó arqueando una ceja, mirándole de manera inquisitiva, logrando que el pelirrosa se pusiese verdaderamente nervioso.

"¡N-no! E-es d-decir si, p-pero no c-como si... Yo... en r-realidad..."

"¿Entonces no te gusta?" Maka volvió a preguntar, tratando en lo posible no sonreír. Quizá era cruel lo que estaba haciendo, pero Crona se veía demasiado adorable nervioso.

"¡SI!" Crona jadeó, pronto notando la manera en que había respondido la pregunta. "P-pero no c-como si t-te p-pidiera... Uh... P-puedes mirarme c-cuanto quieras M-Maka..."

Maka le miró sorprendida, ella misma sonrojándose un poco por sus palabras. Crona pareció comprender lo que había dicho, pues pronto se puso rojo como tomate.

"¡G-Gah! ¡No quise d-decir eso! Ah..."

"No lo se Crona, e-estas t-tartamudeando m-mucho" Maka rió, imitando el tartamudeo del tímido espadachín. Con el paso de los meses Crona comenzaba a hablar mas fluidamente, al punto que podía llegar a decir oraciones enteras sin tartamudear, haciendolo solo cuando se ponía nervioso. Escucharlo tartamudear de nuevo era adorable para la rubia.

"N-no t-te burles M-Maka..." Crona se quejó con un puchero, desviando su mirada aún conservando un fuerte sonrojo, haciendo a Maka reír. Antes de que el espadachín lo viera venir, fue rodeado por los brazos de su amiga en un fuerte abrazo.

"Eres demasiado adorable para tu propio bien" La rubia le dijo mientras lo apretaba contra su cuerpo, sonriendo enormemente. Temblando un poco, Crona terminó por sonreír antes de regresar el abrazo, descansando su mejilla contra la cabeza de Maka, soltando un suspiro lleno de calma.

Pasaron los minutos y el atardecer ya estaba terminando, abriendo paso al fresco de la noche donde comenzaba a notarse la densa oscuridad. La luna negra no iluminaba las noches, cubriendo todo en un velo negro. En contraste, las estrellas parecían ahora aún mas brillantes.

Maka finalmente soltó a Crona de su abrazo, este último dejándola ir con pesar. La mano de la rubia se deslizó de su brazo para tomar su mano, entrelazando sus dedos. El tímido espadachín tuvo un escalofrío de emoción, apretando la mano de Maka entre la suya. Estaban los dos, hombro a hombro con las manos entrelazadas mirando el anochecer...

"M-Maka..." Llamó, un nuevo sonrojo comenzando a pintar sus mejillas.

"Si, Crona?" Preguntó con una sonrisa, ladeando su cabeza. Los ojos del pelirrosa danzaban de un lado a otro, sumamente nervioso. La mano izquierda del espadachín se deslizó a su propio brazo, comenzando a apretarlo, señal de que estaba MUY nervioso "¿qué sucede?"

"Ah... Yo... Me preguntaba si..." Definitivamente quería preguntar algo, parecía ser algo muy importante. Pacientemente Maka esperó, dejando que el chico dijese lo que tuviese que decir, sin presionarlo. ¿Qué podía ser tan importante? Crona se mostraba contrariado, en una intensa lucha interna.

Sin presionarlo, Maka esperaría a lo que tuviese que decir.

"Yo..." Crona balbuceó una vez mas, temblando levemente, su mano afianzando a Maka quien solo podía acariciar levemente la suya con su pulgar para animarlo. Al final suspiró, desviando la mirada lejos de la rubia "... q-quiero estar así... contigo... siempre..."

Maka se sonrojó, por un momento entendiendo las palabras de Crona en una forma específica, forma la cual su mente racional desechó de inmediato. Venga, no debía mal interpretar al espadachín, quien apenas comenzaba a aprender a expresarse con otras personas. Aunque no podía evitar el fuerte retumbar de su corazón ocasionado por aquel comentario, debía estar segura...

"¿A qué te refieres?" Preguntó de nuevo, acercándose un poco mas a su amigo quien se sonrojó con mas fuerza debido a la cercanía... ¿O sería debido a la pregunta? "Siempre estaré contigo, Crona..."

"¿Lo prometes?" Crona preguntó casi de inmediato, mirándola fijamente. Sus oscuros ojos esperanzados le observaban, esperando una respuesta. Para Maka, era una respuesta que no tenía que pensar dos veces.

"Por supuesto, lo prometo" Y no era mentira. Maka simplemente no podía imaginar una vida donde no existiese Crona en ella. En respuesta, y para sorpresa de la rubia, el espadachín cortó la distancia entre ellos para abrazarla efusivamente, rodeándola con sus fuertes brazos. Sonriendo, regresó el abrazo sin dudar, disfrutando de su cercanía y de la reconfortante calidez de su alma.

Y por alguna razón, Maka presentía que eso no había sido lo que Crona verdaderamente había querido preguntarle.

"Maka" aquella voz sorprendió a ambos, haciéndolos soltarse del íntimo abrazo. Maka sonrió al escuchar esa voz, pero Crona se mostraba súbitamente serio.

"Soul" Maka saludó, aún sin bajarse del balcón, mirándole sobre su hombro "¿sucede algo?"

"Oh nada, estaba buscándote" Soul sonrió de regreso, sus ojos rojos dirigiéndose a Crona quien se mostraba tenso "Ey Crona"

"S-S-Soul... Hola" El espadachín saludó nerviosamente, ocultando la mano con la que había estado tomando la de Maka.

"Bueno, ya me encontraste"

"Si, bueno... ¿Podría hablar contigo?" Soul musitó, metiendo las manos a los bolsillos de su pantalón.

"Uh, claro..." Maka arqueó una ceja, bajando del barandal "Crona, regreso en un momento"

"De hecho, tardaremos un poco Maka" Soul apresuró, dirigiendo una mirada a Crona que éste comprendió de inmediato.

"Ah... N-no te preocupes Maka, ya es muy tarde, a-además no he estudiado y..."

"¿No quieres que te ayude a estudiar?" La rubia preguntó, mirándole con un dejo de preocupación. Crona desvió su mirada nuevamente a Soul, y supo de inmediato que decir lo que realmente quería lo metería en problemas con uno de sus amigos.

Crona estaba acostumbrado a no expresar ni hacer lo que realmente deseaba. Y jamás, nunca, antepondría sus deseos a los de sus amigos.

"E-estoy bien! De verdad M-Maka, uh... ¿T-te veo mañana en clase?" El espadachín tartamudeó, aún sin bajar del balcón y apenas mirando a Maka sobre su hombro.

"Si claro" la rubia aseguró antes de que Soul tomara su mano, guiándola dentro de Shibusen, dejando al espadachín solo.

Esa noche fue la primera vez que Soul la invitó a salir.


Maka despertó abruptamente, sintiendo en su interior un vacío, un hueco... algo faltaba. No tenía idea de qué era esa sensación, pero solo podía describirla como si algo hubiese sido arrancado de su alma. La sensación de vacío, de soledad, fue tan abrupto que logro despertarla. Sus ojos verdes miraron alrededor, notando su vieja habitación completamente vacía. Se encontraba dormida en el nuevo cobertor que habían comprado el día anterior, cobijada por algunas frazadas limpias. El sol iluminaba el cuarto con una tenue luz, lo que significaba que era bastante temprano. Parecía un día agradable, pero los recuerdos de la noche anterior le hicieron fruncir el ceño y suspirar en exasperación.

¿Por qué no le había dado su merecido a esa tal Meena cuando pudo? No solo era una verdadera perra con Crona, sino que además había tenido la osadía de agredirla. Maka era una usuario de cuatro estrellas, entrenada en el arte del combate cuerpo a cuerpo. Pese a que Meena fuese un arma, Maka tenía el entrenamiento y la experiencia para defenderse. Entonces ¿por qué no lo hizo? Iniciar una pelea justo afuera del cuarto de Crona, después de que le había tomado tanto tiempo calmarlo... Además, realmente solo eran sospechas, no tenía ninguna prueba de que Meena fuese la culpable de las cartas extraviadas. Y aunque las sospechas eran muchas, y Maka estaba segura de que ella era la culpable... golpear a alguien basándose en conjeturas no era su estilo.

Pero si sus sospechas eran ciertas... Meena desearía estar muerta.

Levantándose del cómodo colchón, la rubia se estiró mientras repasaba lo que haría ese día. Empezaría con ir junto con Crona al Death Room y hablar con Kid, para preguntarle sobre las cartas que supuestamente habían sido entregadas. Luego de eso, de ser necesario buscarían hasta por debajo de las piedras para encontrar alguna evidencia. Quizá así Crona se daría cuenta de la realidad.

Saliendo de la habitación en pijama, Maka se dirigió a la habitación de Crona, esperando encontrarlo dormido. Grande fue su sorpresa al abrir la puerta de su habitación, solo para encontrar a Meena sentada en la vieja cama del pelirrosa, cruzada de piernas y sonriendo.

"¿Se te perdió algo?" La morena preguntó con una socarrona sonrisa. A sus pies se encontraba una maleta de viaje.

"¿Dónde está Crona?" La usuario de guadaña gruñó, dirigiendo una mirada asesina hacía aquella joven.

"En la academia, entrenando con aquel pedófilo y su odiosa bruja" Meena dijo con simpleza mientras sus ojos castaños no perdían detalle de la rubia frente a ella.

Mifune y Ángela, seguramente. Hasta ahora Maka recordaba que el maestro de espadas le había pedido al pelirrosa que asistiera a un entrenamiento. Perfecto, lo que fuese mientras sucediera lejos de aquella autentica bruja frente a ella.

"¿Cual es tu propósito, Maka Albarn?" Meena preguntó de pronto, haciendo a Maka salir de sus pensamientos. La pregunta le tomó por sorpresa.

"¿Eh?"

"¿Cuál es tu propósito?" Meena preguntó de nuevo, levantándose de la cama para mirar de frente a la rubia. Ambas eran de la misma estatura. "Estás casada, no deberías buscar a otro hombre..."

"Que dem... Crona es mi amigo" Maka gruñó, sonrojandose apenas perceptiblemente por la insinuación.

"¿En serio? Woah, debe ser tu único amigo, no te veo al pendiente de ninguno otro" La arma sonrió aún mas "¿no te parece una actitud un tanto acosadora?"

El rostro de Maka enrojeció, pero esta vez era de ira. ¿A que venían todas esas estúpidas preguntas? Nadie le diría por cual amigo preocuparse o no, y mucho menos esa maldita mujer.

"¡No tengo porque darte ni una sola explicación!" Maka rugió, finalmente perdiendo la paciencia. Definitivamente no se quedaría ahí a que una serpiente venenosa siseara tonterías. Maka dio media vuelta para dirigirse a la salida, dispuesta a buscar a Crona.

Fue ahí cuando un látigo se enredó en su muñeca, jalando de ella bruscamente para evitar su huida. Meena le retenía con una sardónica sonrisa

"¿Que diría el gran Soul Eater si supiera que su mujer desea a otro hombre y lo ve a sus espaldas? Quizá no le interese, no lo veo aquí ¿cierto?" El arma sonrió aún mas, mirando a Maka quien aún le daba la espalda "Si sabes lo que te conviene, regresarás hoy a Alemania y te olvidarás de Crona, o me veré obligada a divulgar cierta interesante información respecto a ti y el espadachín a tu querida arma, y entonces-"

"Suéltame" Maka gruñó en voz queda, apretando con fuerza su puños. El agarre de la mano de Meena en forma de látigo se afianzó con firmeza.

"Disculpa, creo que no escuché bien lo que dijiste ¿puedes repetir?" La morena se mofó, mirando a la rubia frente a ella cual si fuese un ratón enjaulado. Lo que siguió después no se lo esperó.

"¡NO ME TOQUES!" Maka rugió, girando sobre sus talones para jalar con fuerza de la mano en forma de látigo que aprisionaba su muñeca. Meena soltó un quejido debido al violento tirón, cayendo de la cama al suelo.

"¿Que dem-?" No pudo terminar la frase, pues en su rostro se estrelló un violento puñetazo proveniente de Maka.

Los ojos esmeralda de la usuario se encontraban llenos de ira. No solo se atrevía a amenazarla, sino que ahora mas que nunca sospechaba de ella. En esos momentos no cabía lugar a dudas en su cabeza: Meena era la culpable del estado en el que se encontraba Crona. A Maka le importaba un auténtico comino lo que se dijese de ella o los rumores que pudiesen ser esparcidos, pero cuando se trataba de Crona ella no soportaría ningún maltrato hacia él.

Meena trató de reaccionar, rodando en el suelo justo a tiempo para evadir un pisotón de Maka. Usualmente las armas nunca aprendían a pelear cuerpo a cuerpo, siendo siempre dependientes de un usuario. Los casos especiales eran las armas que se entrenaban sin usuario... y ella tenía algunos años de experiencia al respecto.

"¡Te haré entrar en razón así sea a golpes!" Meena gritó, convirtiendo su otro brazo en un látigo, dirigiendo un golpe justo a la cara de Maka. La rubia detuvo la agresión con su mano en alto, sosteniendo ahora ambos látigos con firmeza. Parecía un empate, pues ambas mujeres tenían las manos ocupadas...

Fue entonces cuando una violenta patada se estrelló contra el estómago de Meena. Perdiendo el aire, los brazos del arma regresaron a la normalidad, cayendo de nalgas al suelo sosteniendo su estómago.

"Ahora, escúchame a mi" Maka siseó, mirando con profundo enojo a aquella chica que boqueaba en el suelo para recuperar el aire "Si sabes lo que te conviene, tomarás esa maleta y desaparecerás de la vida de Crona hoy mismo, o te juro que desearás nunca haberlo conocido"

Meena jadeó, mirando a Maka con ojos entrecerrados mientras sostenía su estómago. Los ojos esmeraldas de la rubia denotaban una furia apenas contenida, lo que significaba que estaba aguantando la necesidad de continuar el enfrentamiento.

Maka era conocida por ser irascible e impulsiva, y mas de uno de sus amigos conocía el dolor que un simple golpe de libro podía provocar. Y sin embargo, esas agresiones eran controladas... si Meena seguía presionando sus botones, la rubia no se contendría.

El silencio de la morena fue suficiente para la usuario de guadaña, quien regresó a su habitación para cambiarse de ropa y salir a buscar a Crona. Meena permaneció en el suelo, en silencio, el tiempo suficiente para reponerse del ataque y la impresión. ¿Que haría ahora? No había duda al respecto.

Tomando la maleta del suelo, Meena salió del departamento.

Mientras tanto, Maka se encerraba en su vieja habitación, apretando los puños para controlar las ganas de regresar y darle la golpiza que aquella mujer merecía. Trataba de pensar en algo que la calmara, o recordar las palabras de Soul en situaciones similares "Directo a las agresiones físicas Maka, tienes que controlarte"... pero incluso recordar eso solo la ponía aún mas irritable.

No se trataba de ella ¡se trataba de Crona! Y Maka jamás permitiría que alguien se aprovechase de él. Su respiración era agitada y podía sentir las punzadas de lo que seguramente sería mas tarde una fuerte migraña. Tratando nuevamente de controlarse, Maka suspiró profundamente al tiempo que se deslizaba por la puerta al suelo. Un minuto, solo un minuto para poner orden en su cabeza...

Fue ahí cuando notó la presencia de alguien mas en la habitación. Elevando la mirada, divisó a Blair en su forma de gato, mirándole de regreso con sus enormes ojos ámbar.

"Blair"

"Nyan! ¡Ya era hora! Llevo aquí toda la mañana" La gata negra suspiró, sentada en el colchón donde antes había dormido la rubia. "Quería hablar contigo apenas despertaras, pero creo que me quedé dormida"

Y Maka ni siquiera la había notado en la habitación al despertar.

"Lo siento Blair, tengo que buscar a Crona de inmediato" Maka trató de excusarse, levantándose del suelo. Blair continuó mirándole con aquellos fijos ojos ámbar.

"Es sobre Crona" fueron sus únicas palabras, suficiente para llamar la atención de la usuario,

"... ¿Está bien? ¿Sucedió algo?" Maka preguntó, sintiendo un miedo crecer en su interior. Recordaba lo mal que había estado la noche anterior.

"... Hay algo que debes saber" Blair dijo en voz queda, casi solemne. Por alguna razón, el miedo en su interior solo creció.


Era extraño que existiese un bosque en medio del desierto, pero era igual de extraña la existencia de armas con apariencia humana, así que nadie lo cuestionaba. Era espeso y frondoso, con claros aquí y allá que facilitaban el acampar o entrenar sin interrupciones. Era en uno de esos claros donde se escuchaba el chocar de metal y gritos de batalla.

"Mas rápido" Mifune ordenó al tiempo que arremetía contra Crona, tratando de enterrar el filo de su katana en su cuerpo. El pelirrosa logró evadir el golpe con un movimiento de cadera, alejando la katana de él con un empuje de Ragnarok, respondiendo el ataque avanzando hacia el maestro de espadas, haciendole retroceder.

Mas rápido, decía. Los pies de Crona se deslizaban por el suelo con la gracia de un bailarín, pero la fuerza y brutalidad de sus estocadas eran parecidas al leñador tirando un árbol. El espadachín había sido educado para el uso de la espada desde muy pequeño, de hecho... sostener una espada era de sus primeros recuerdos de la infancia.

Medusa le había enseñado a golpear y matar con la espada, pero el movimiento en batalla había sido algo que tuvo que aprender por su cuenta. Por sorprendente que pareciese, había aprendido observando a personas bailar. El movimiento de pies, los giros, los intrincados pasos que les hacían casi flotar en el suelo y deslizarse con rapidez de un lugar a otro. La danza era eso: movimiento.

Adelante. Crona arremetía contra su maestro con fiereza, con un pie delante del otro en elegantes y largas zancadas. Atrás, cada vez que Mifune recuperaba el equilibrio y le empujaba de regreso, siempre listo para girar en caso de una estocada inesperada. Tango, Crona se movía como si bailase tango.

Sentada sobre un árbol cortado a la mitad se encontraba Angela, mirando a ambos espadachines enfrascados en duelo con una enorme sonrisa. No muy lejos se encontraban varios estudiantes de la academia, usuarios y armas, mirando atentamente cada uno de los movimientos de los espadachines.

Crona maldecía internamente mientras hacía lo posible por mantener el ritmo. Mifune era un excelente maestro de esgrima, le había enseñado a perfeccionar su técnica de batalla por años, pero en esos momentos el pelirrosa no estaba concentrado. Simplemente no quería estar ahí, no quería perder su tiempo ayudando a dar clases cuando podía estar con Maka. Él podía ayudar en cualquier otro momento, en cambio estar con Maka sería temporal, pronto se iría...

Las palabras de Meena continuaban circulando en su cabeza ¿qué hacía ahí? No quería estar ahí, quería estar con Maka... la placentera sensación de sus almas tocandose aquella mañana aún podía percibirla.

"¡CRONA!" El grito de su compañero le alertó, regresando a la realidad solo para ver una lluvia de espadas caer sobre él. Trató de esquivarlas, pero tarde se dio cuenta que estaba rodeado.

Las espadas cayeron sobre él, y Crona solo pudo atinar a cubrirse con Ragnarok lo mejor que pudo, hincándose en el suelo usando la anchura de su espada como escudo. La sangre negra hizo su trabajo, evitando que las katanas de Mifune rompieran su defensa.

Casi.

"¡Crona!" Ángela gritó alarmada, notando como sangre negra salía a gotas de los costados del espadachín. Si bien pudo proteger su frente, su espalda no tuvo tanta suerte.

"Estoy bien" El espadachín suspiró, llevando una mano a su costado para notar el rasguño al nivel de sus costillas. La sangre se detuvo rápidamente, y donde debía haber quedado una herida, solo quedó su camisa rota y una mancha negra. Que suerte que se había quitado su gabardina antes de empezar.

"Estas distraído" Mifune suspiró, guardando sus katanas de vuelta a su aljaba. Usualmente servían para guardar flechas, pero para el espadachín era un muy conveniente estuche para sus armas.

"Lo siento" Crona suspiró, sentándose en el suelo al tiempo que su espada se disolvía. Ragnarok apareció en su espalda, pequeño como siempre, tomando asiento en la cabeza de su usuario. "¿Estas bien, Ragnarok?"

Vaya, era la primera vez en el día que le dirigía la palabra además de para gritarle. El pequeño demonio miró fijamente a su compañero antes de bufar.

"No te preocupes por mí, idiota" Gruñó antes de disolverse en el interior del espadachín. No se había ni levantado del suelo cuando ya tenía a Ángela sobre él preguntando con alarma en su voz sobre sus heridas. Crona solo podía sonreír nerviosamente, avergonzado por tener a la joven bruja preocupándose por él frente a todos.

"Mifune, ¡no deberías ser tan drástico!" Ángela reprendió a su tutor, quien solo suspiró, jugueteando con una paja entre sus labios.

"Esto es un entrenamiento" El espadachín rubio le recordó, dirigiendo su atención a los alumnos que les observaban "y el entrenamiento no tiene otra finalidad mas que prepararlos para los verdaderos combates... Allá afuera nadie tendrá compasión de ustedes"

Los alumnos no hicieron otra cosa mas que asentir con ojos impresionados. Realmente la impresión no era por las palabras del maestro, sino por ver a Crona levantarse del suelo como si nada, sacudiendo de su ropa el polvo. Un ataque así hubiese acabado con cualquiera de ellos... pero el afamado Dragón Negro de Shibusen se levantaba como si hubiese sido un simple golpe en la mejilla.

Cabía decir que Crona daba un poco de miedo aún...

"Él está e-en lo correcto" Crona asintió, tratando de cubrir con su mano izquierda el pedazo de tela perdido de su camisa donde podía verse un poco de su pálida piel. "E-entre mas sangren aquí, menos lo harán afuera"

Los alumnos asintieron, algunos incluso apuntando sus palabras en sus libretas. Curioso era, que esa frase Crona no la aprendió en Shibusen... esa frase era de su madre. Y era una frase llena de verdad: nadie le había hecho sangrar tanto como Medusa, jamás.

"Organícense en pares, en un momento iniciaremos los duelos" Mifune ordenó, dejando que los alumnos discutieran sobre quien sería su oponente. Con un suspiro, giró su atención a Crona, quien nerviosamente platicaba con una muy cariñosa Angela.

Ángela en realidad no estaba enamorada de Crona ni mucho menos, pero sin lugar a dudas le tenía mucho cariño. Su forma de tratar al sexo masculino era simplemente la manera en que ella podía conseguir favores... O en el caso de Crona, simplemente porque disfrutaba su reacción. Era el único hombre que jamás tomaría sus avances en serio, pues el espadachín la veía solo como una amiga. Ángela siempre se sentía cómoda con él, segura de que el pelirrosa nunca la trataría con dobles intenciones.

¿Quién podía culparla de ser, quizá, un poco abusiva con las frágiles emociones de su antiguo niñero?

"Mi hermoso príncipe negro ¿estás mal herido?" Ángela preguntó, tratando de deslizar sus manos por los costados del espadachín, buscando las heridas.

"N-n-n-no! No no! E-estoy b-b-bien!" Crona tartamudeó, enrojeciendo por las desvergonzadas atenciones de la joven bruja quien le abrazaba con insistencia.

"¡Mentira! No puedes engañarme... ¡Ya se! Ven conmigo a casa, te haré sentir como nuevo" Ángela sonrió, poniendo un fuerte hincapié en sus últimas palabras. Por alguna razón, Crona intuyó que no era nada bueno.

"N-no! No, m-muchas gracias, A-Ángela..." Pero la bruja de cabellos chocolate frunció el ceño, dirigiéndole una súbita mirada asesina.

"Vendrás conmigo así tenga que hechizarte para ello" Ángela gruñó, posesiva, mirándole como solo una bruja podía hacerlo. Cabe decir que eso logró hacer palidecer al espadachín, quien no sabía cómo reaccionar. Bien, quizá Ángela si tenía alguna rara obsesión con Crona... o un probable complejo de Elektra compensado.

"Ángela, déjalo en paz" Mifune ordenó, haciendo que la joven bruja soltara al pelirrosa rápidamente con una sonrisa. Crona se quedó ahí, quieto como estatua sin saber muy bien que hacer. La reconfortante mano de su maestro en su hombro logró regresarlo a la normalidad. "¿Que sucede?"

Fue una simple pregunta dirigida a él, haciéndole levantar la mirada para observar el rostro de su maestro. Mifune era un hombre de pocas palabras, serio, algo intimidante... pero debajo de ese frío exterior se encontraba un hombre amable, justo, fiel a sus principios. Crona sabía que la diferencia entre ambos era muy poca... y el hecho de que Mifune pudiese ser amado por todos, pese a que el no hacía nada por obtener el afecto de nadie, era suficiente para que el joven espadachín quisiese ser como él. Pero sabía bien que nunca sería como él, la diferencia entre ambos era una sola palabra que colocaba un abismo entre ellos:

Locura.

Mifune solo podía comprenderle hasta llegar al borde de ese abismo, el resto era territorio inexplorado por cualquiera que no hubiese sentido antes la fría garra de la locura en sus mentes. El profesor Stein era alguien con quien podía identificarse un poco mas. Y sin embargo, los problemas que cargaba en su mente y su conciencia eran algo que nadie podía saber...

Mifune notó su largo silencio, y con ello comprendió que no era algo con lo que él pudiese ayudar. Le entristecía ver el sufrimiento de Crona, principalmente porque pese a la edad, aún podía ver en él a un solitario niño hambriento de afecto. Afortunadamente, conocía a Crona lo suficiente...

"Regresa a casa" ordenó, regalando a un sorprendido espadachín una tenue sonrisa "ella te está esperando"

Ella, Maka. Aún no entendía como Mifune podía hacer eso, pero agradecía enormemente esos pequeños detalles. Él no quería estar ahí, quería estar con Maka... esa era la realidad. Asintiendo, Crona tomó su gabardina de la rama de un árbol, colocandosela con la intención de irse directo al apartamento.

O al menos, esa había sido su intención hasta que notó la figura de Meena acercandose a ellos. Había olvidado por un instante ese pequeño detalle... No, no lo había olvidado, pero había deseado con tantas ganas hacerlo...

"¿Listo?" Meena habló con una tenue sonrisa, casi parecía triste. Los ojos negros de Crona se deslizaron por su figura hasta aquella maleta que aún cargaba con ella. Si, ahora lo recordaba bien... ella era su realidad.

"Listo" Crona suspiró, dirigiendo una mirada de disculpa a Mifune y Angela mientras se alejaba del grupo de entrenamiento. Su mano izquierda se elevó hasta apretar con fuerza su brazo derecho, y sus ojos temblaban por la inminente confrontación.

Era en momentos como esos cuando deseaba haber muerto en sudamérica.

El camino de regreso a la ciudad era corto, pero el silencio entre los dos hacía parecerlo interminable. Crona no podía evitar dirigir su atención constantemente a aquella maleta que Meena cargaba. Realmente ¿sería tan malo que ella se fuese? No mas gritos, no mas órdenes, esa sensación incómoda desaparecería... Pero al mismo tiempo...

Crona no quería que el enorme vacío de la soledad regresase. Ese vacío con el que lidió por dos años, un vacío que tenía garras y dientes, que esperaba como un tigre al asecho... A veces, cuando se encontraba solo, podía incluso escuchar su risa macabra, esperando un momento de debilidad para engullirlo por completo.

Ese tigre, ese vacío, se llamaba Locura.

Aun siendo una mala compañía, aun siendo cruel y fría, Meena era un escape para mantenerlo distraído. Lo que era aún mas importante: a diferencia de todos los demás, Meena le necesitaba. ¿Cómo sabía eso? Solo tenía que extraerse de la vida de Meena para calcular cuanta falta haría en ella...

Meena no estaría viva de no ser por él, para empezar. Claro que eso no era suficiente, Crona lo sabía de primera mano... pero eso solo era una de tantas cosas más. Ragnarok solía recordárselo mucho, le decía que no se iría, por el simple hecho de que no tenía a donde ir.

Podía sonar cruel, aprovecharse de alguien indefenso para obligarlo a permanecer a su lado... pero Meena se lo había pedido, y Crona no perdía nada simplemente porque no tenía nada mas que perder. ¿Su libertad, quizá? ¿Su dignidad, confianza y auto-respeto? Había sobrevivido toda su vida sin esas cosas, no las necesitaba...

La única cosa que había realmente necesitado, la había perdido hacía ya cinco años.

"¿Crona?" La voz de Meena lo distrajo de sus pensamientos. ¿En qué momento habían llegado a la ciudad? Se encontraban en la entrada, no muy lejos de un parque donde solía sentarse para ver el tiempo pasar.

La chica morena lo guiaba hacia allá, directo a una mesa de campo vacía en el parque. Extraño ¿por qué escoger ese lugar para hablar? Pudieron haber regresado al apartamento. Sin cuestionarlo demasiado, Crona suspiró para tomar asiento en la banca de concreto, mientras Meena tomaba asiento frente a él.

El espadachín bajó la mirada hacia sus propias manos, las cuales estaban entrelazadas en un fuerte agarre sobre la mesa. Hablar con Meena le ponía nervioso, y no era precisamente ese nerviosismo agradable que le provocaba Maka... era otro tipo de nervios, era casi sofocante. Después de todo, hacía mucho que no se sentaban a hablar de esa manera.

"¿Que harás?" Fueron las palabras de Meena. La súbita pregunta le hizo saltar, sus ojos negros elevándose para mirar a la chica frente a él.

"¿E-eh?"

"Cuando me vaya... ¿Qué harás?" La pregunta vino seguida de una mirada casi triste por parte de la chica. Crona solo pudo tragar saliva con fuerza.

"N-no tienes que irte..." Crona suspiró, realmente nervioso. Su estómago estaba hecho nudos, las confrontaciones le ponían realmente mal. "S-se que he sido c-cruel contigo estos d-días pero... Yo..."

"¿Cruel? No... de hecho has sido lo mas sincero que te he visto ser en mucho tiempo" Meena indicó, embozando una media sonrisa "Realmente, le tengo envidia..."

"¿E-eh?" Crona balbuceó por segunda vez. Esta vez de verdad no comprendía.

"Ella... Ella tiene una influencia sobre ti que yo jamás tendré, y como te comportas frente a ella... Me encantaría que ese Crona que aparece a su lado fuera el que está aquí conmigo"

El pelirrosa no sabía que decir, por lo que permaneció en silencio, con la cabeza un tanto baja, escuchando las palabras del arma.

"Sé que aún la amas, y no trates de negarlo, las mujeres tenemos ese sexto sentido" Meena aseguró, no dejando lugar a objeciones. El rostro bajo de Crona le indicó que no era mentira, y la morena no pudo evitar sentir el piquetazo de los celos. Sin embargo, había un hecho que le hizo sonreír internamente, una sonrisa que ocultó bajo un rostro compasivo "pero Crona... ella no te ama, nunca lo ha hecho, nunca lo hará... Está casada y se ira de regreso a los brazos de su marido en algunos días"

Era verdad, eso era verdad. Crona no dijo nada para debatir sus palabras.

"Y tú lo sabes..." Si, él lo sabía, lo sabía muy bien "¿por qué te haces esto?... ¿Por qué me haces esto a mí?"

Esas palabras llamaron su atención, haciendole elevar la mirada para observar a Meena. En sus ojos había preocupación.

"Sé que no soy la mejor pareja, pero quiero que funcione... Eres lo único que tengo" Si, Meena se lo recordaba todo el tiempo, tanto que Crona le creía. Él la había rescatado, le había dado una segunda oportunidad, un hogar, le había dado su amistad...

En ese entonces era otra Meena... ¿O ella siempre había sido así?

La morena podía ver que el espadachín se encontraba pensativo, quizá incluso se sentía un poco culpable. Bien, iba por buen camino...

"Lo siento" fue el susurro que escapó de los labios de Crona. Meena sonrió internamente, a punto de continuar hablando, cuando el pelirrosa elevó la mirada para verla de frente. "Lamento hacerte daño... pero Maka siempre será mi prioridad"

¿Ni un solo tartamudeo? ¿Qué clase de brujería era esa? Los ojos negros del espadachín se mostraban decididos, pese a que en su semblante había un dejo de culpa.

"Ella es primero. Antes que tú, que mis amigos, antes que Ragnarok... Ella esta antes que mi propia vida" Si, Meena sabía eso, ya había tenido oportunidad de ver la cicatriz.

"Crona..."

"Incluso si estoy con alguien mas, incluso si ella no siente nada por mí, incluso si llegase a odiarme... Si estuviese en mi lecho de muerte, a la única persona que querría a mi lado sería ella"

Sin un solo tartamudeo. Era porque sus palabras venían del corazón, eran verdad auténtica, y tenían una convicción propia que era inquebrantable. El corazón no duda, no tartamudea. Meena no podía hacer otra cosa mas que permanecer ahí, escuchándole... Él pudo llegar a ser una pareja perfecta, fiel y entregado, de no ser por ese pequeño detalle.

En su tiempo, Meena intentó auténticamente enamorarlo, y no podía negar que tuvo un pequeño enamoramiento hacia él. La obsesión de Crona por Maka mató todo interés por él, pero aún no podía evitar fantasear en como hubiese sido tener toda esa atención para ella. Era algo que Ragnarok no sabía, pues ella había hecho el trato con él antes... Era algo que el pequeño demonio nunca debía saber.

Era en esos momentos cuando se dio cuenta que lo que Ragnarok pedía era imposible: Crona nunca olvidaría a Maka. No podía pasar, era simplemente una lucha perdida... y sabía perfectamente que nunca podría hacer que él la amase de la misma manera. Entonces ¿qué podía hacer?

Meena suspiró, deslizando sus manos por sobre la mesa para tomar las de Crona. Con una leve sonrisa acarició levemente el dorso de sus manos, mientras que el espadachín miraba el gesto con un semblante casi compasivo. No había sonrojo, ni respuesta a sus caricias... No había nada.

La razón de porque Meena desistió de tener a Crona, era porque el espadachín era eso... nada, un cascarón vacío. Incapaz de sentir algo por otra persona, aprisionado en los recuerdos del pasado, ansiando un futuro imposible. La furia de Meena iba en parte hacia él y su forma de ser, algo que le gustaba casi tanto como lo aborrecía. Crona era el tipo de hombre que siempre recordaría tu cumpleaños y haría lo imposible porque lo disfrutases. Era el tipo de hombre que se detendría a preguntarte porque lloras, aún si no te conoce bien. Era el tipo de hombre que, si no puede ayudarte con un problema, tendrá una mano consoladora en tu espalda. Era el tipo de hombre que te ofrecería casa, techo, comida y compañía, aún si sabe que eres una vil ladrona.

Maka Albarn... era una completa estúpida al haber declinado la oportunidad de tener a un hombre así en su vida. Y Crona era un absoluto imbécil al no olvidarla, cerrandose a todas las otras posibilidades.

Y ella era también una idiota, por no apegarse a su ideología de utilizar a todos los hombres sin fijarse nunca en ellos.

Todo el asunto solo la llenaba de coraje. Estúpida Maka, estúpido Crona, todo el mundo podía irse a la mierda. Utilízalos y deséchalos, era su filosofía, y se apegaría a ella. Las cosas eran mucho mas simples de esa manera, las opciones eran menos... y al final era lo que ambos merecían.

"... ¿Y es completamente necesario que esté en el mismo techo que tú? Sé cuánto te lastima, al final su partida va a herirte... En cambio si se quedara con alguien más, no dolería tanto"

Crona desvió su mirada, dejando de ver sus manos para mirar a algún punto incierto del parque. Si, le lastimaría, le dolería mucho perderla de nuevo... pero Crona estaba acostumbrado al dolor, y aceptaría cualquier dolor a cambio de tener a Maka a su lado aunque fuese por unos días. Quien sabe, quizá el dolor sería tan grande que terminaría matándolo, poniendo fin a todo.

"No me importa" Fue su obvia respuesta.

Meena suspiró. Ya había tenido suficiente.

"No puedo estar en el mismo techo que tú, viendo cómo te torturas con ella, que nunca apreciará lo que eres" Meena gruñó, soltando las manos de Crona para afianzar la maleta que se encontraba al lado de ella.

Si, Crona ya se sabía esa canción. Meena y Ragnarok la cantaron por años, en coro y al unísono. Maka no estaba interesada, nunca lo había estado ni lo estaría. Para ella, él solo era un niño llorón necesitado de atención. Después de 10 años nadie podía hacerle dudar de su amistad, la cual era un lazo de almas... o al menos lo era para él. Eso había sido real, su amistad con Maka, ese afecto que recordaba haber sentido durante las resonancias.

Sus sentimientos eran reales, su amor incondicional... aun cuando Maka no los correspondiera. En parte era lo mejor... ¿Qué podía él ofrecerle a ella? ¿Cómo podía competir contra Soul, o cualquier otro hombre cuerdo? Él no la merecía, era demasiado perfecta y buena para un asesino como él. En parte, el que Maka nunca correspondiera sus sentimientos había sido lo mejor para ella. Él no la merecía, y Maka nunca sería para él.

Esa era su realidad.

Meena miró una última vez a Crona antes de levantarse de su asiento, tomando la maleta firmemente entre sus manos. Ragnarok no podía decir que no lo había intentado, además no consideraba una amenaza el que Maka hablase mal de ella. Quizá lo mejor sería alejarse hasta que la usuario de guadaña se fuese, para luego regresar con el espadachín.

"No me pidas soportar verte auto-torturarte con ella, porque no lo haré" Gruñó una última vez antes de caminar, con la intención de irse del lugar. Se quedaría con su usuario hasta que todo terminase, un torpe que aunque no tenía nada mas que su salario de usuario común, podía al menos cumplirle como hombre.

Ese era otro asunto... si perdía a Meena, las alucinaciones regresarían. No podía, no debía quedarse solo en ese apartamento, solo donde sus pensamientos podían hacer eco hasta hacerle enloquecer. Necesitaba de ella, ella quien podía hacerle reaccionar con un grito, con un insulto... Quizá el Profesor Stein tenía razón, quizá estaba utilizando a Meena como un sustituto de Medusa. Alguien que le dijese que hacer, a donde ir, que comer... porque el no tener autonomía significaba no tener que hacer planes, no decidir por si mismo, no pensar...

Y si no pensaba, no recordaría tanto a Maka. Así no notaría cuanta falta le hacía, cuanto dolor le causaba su partida, cuanto le dolía el que ella se hubiese olvidado de él. Esa era la realidad, Maka se había olvidado de él...

Antes de que Meena pudiese irse, Crona la tomó del brazo, deteniéndola. No le gustaba, no quería, detestaba tener esos pensamientos en su cabeza, ese dolor, esos constantes recuerdos que no hacían nada mas que empujarlo hacia la locura. Necesitaba dejar de pensar, dejar de sentir... sin Maka quería ser una marioneta de nuevo, y necesitaba a un titiritero. Al final, los gritos angustiosos de su seco y herido corazón se convertían en susurros, opacados por la lógica de su mente enferma.

Esa era su realidad.


De camino al Death Room se encontraba una muy enfurecida Maka. No muy lejos de ella la seguía Blair en su forma de gato, quien tenía que hacer uso de una calabaza voladora solo para mantener el paso.

"¡Blair ya dijo lo siento!" La gata mágica continuaba maullando, con las orejas hacia atrás de manera temerosa.

"Ya no se trata sobre ti, Blair, es sobre Crona" Maka gruñó, respirando agitadamente como un rinoceronte a punto de embestir. Blair le había contado todo, absolutamente todo.

Desafortunadamente no lograron encontrar las cartas perdidas. Blair había dicho que la noche anterior había visto a Meena ocultarlas en su closet, pero esa mañana habían desaparecido, el baúl estaba vacío.

Incluso pusieron boca arriba toda la habitación del arma, pero no pudieron encontrarlas. Como haya sido, había logrado esconderlas bastante bien... o quizá de alguna manera las había sacado del apartamento. Lo que mas le enervaba a Maka era el hecho de que la gata hubiese sabido todo eso y no haya dicho nada por 3 años.

Aunque ya había recibido una muy torpe explicación de porqué aguantó a Meena por tanto tiempo, eso aún no explicaba muchas cosas. Kim, Liz, Patty, el profesor Stein, Marie, Kim... ¡Alguien debió haberse dado cuenta! ¿Por qué nadie hizo nada? ¡No tenía sentido! La sola idea de que sus supuestos amigos hubiesen permitido que Crona recibiera esos engaños y abusos...

Maka estaba verdaderamente encolerizada.

"¡Lord Death!" Maka gritó, abriendo la puerta del Death Room solo para ver a Kid en la gabardina de su padre, usando la familiar mascara de cráneo.

"¿Que significa este escándalo?" Kid preguntó con molestia en su voz, frunciendo el ceño al ver llegar a la usuario de guadaña en ese estado. Se veía furiosa, y aunque no hacía falta mucho para hacer a Maka Albarn enojar... había algo mas que llamó su atención.

Era un sutil brillo de decepción y tristeza en sus ojos. Los ojos esmeralda de Maka escanearon la habitación, para dar justo sobre Liz y Patty quienes aguardaban fielmente al lado de su usuario. Maka miraba a sus tres amigos con insistencia, como si tratase de iniciar una conversación telepática con ellos. Las preguntas eran demasiadas, la información insuficiente... ¡Y estaba tan furiosa!

"Kid, la correspondencia, las cartas que te hacía llegar para Crona ¿se las diste a él, personalmente y en su mano?" Maka preguntó, olvidando por completo los protocolos para dirigirse al Shinigami.

"Se las entregué a Meena" Kid respondió con simpleza, frunciendo el ceño confundido al notar como Maka parecía alterarse mas "Crona ya no estudia en Shibusen, era mas fácil dejárselas a ella que podía verlo mas seguido... Maka ¿qué sucede?"

"Ni siquiera tu puedes ser tan ciego Kid" Maka gruñó, girando su atención al par de armas cerca del dios. Patty miraba hacia sus pies, los cuales bailoteaba sentada sobre la mesa, mientras que Liz le miraba de regreso con un rostro que denotaba comprensión. "Liz... ¿Tú lo sabías?"

"Lo sospeché..."

"¿Y no hiciste nada al respecto? ¡Crona piensa que dejé de escribirle! ¡Quizá incluso piensa que me olvidé de él!" Maka vociferó con un sonrojo de ira en sus mejillas.

"Lo sé" Asintió Liz, y sus palabras fueron suficientes para hacer que toda su ira se disipara, convirtiéndose en confusión. ¿Lo sabía? Pero... Pero... ¿Entonces porque permitió que eso pasara? Liz se preocupaba por Crona incluso tanto como Marie... ¿Entonces?

"¿Qué sucede aquí?" Kid preguntó, volteando a ver a las hermanas Thompson. Liz suspiró, pero fue Patty quien respondió con toda naturalidad propia de ella.

"Meena nunca entregó las cartas que tú le dabas, y Liz piensa que también robó las que llegaban a su casa" Patty indicó, soltando un ruidoso suspiro "Maka, no te enojes, solo pensamos en Crona"

"NO" Maka rugió, avanzando un par de pasos en dirección a Patty, su ira renaciendo "¡no te atrevas a decir eso! ¿Cómo pudieron permitir que alguien así ¡que cualquiera! se aprovechara de Crona?"

Fue ahí cuando Liz cortó la distancia entre Maka y ella, llegando hasta donde estaba la usuario de arma, mirándole desde arriba con una fría mirada. Aunque enojada, Maka comprendió que había pisado una línea que no debió traspasar.

"Maka, eres mi mejor amiga, pero si vuelves a levantarle la voz a Patty te sacaré el aire para que dejes de hacerlo" Liz gruñó, mirando a Maka con severidad. En realidad la mayor de las Thompson comprendía su coraje, pero el carácter de la usuario de guadaña se estaba saliendo de control.

Maka terminó por suspirar, cerrando sus ojos con fuerza mientras se llevaba una mano a su cabeza. Genial, ya tenía una migraña.

"Lo siento, Liz... pero no has visto como esa maldita lo trata..." Y tenía razón. Meena era bastante molesta cuando se encontraba sola con cualquiera de ellos excepto Kid, pero cuando Crona estaba cerca... cambiaba por completo. Eso no engañaba a nadie, al menos no a los amigos mas cercanos del espadachín, quienes podían ver el miedo en sus ojos cada vez que veía o escuchaba de Meena.

Para ese momento, Kid ya tenía ambas manos sobre su sien, dandose un simétrico masaje en su temple, seguramente tratando de pensar en bellas obras de arte simétricas.

"Esto que dicen es... no entiendo ¿qué razón puede tener Meena para hacer algo así?" No era lógico ¿cómo alguien querría herir a la persona de quien mas dependes? ¿Alguien que te agrada? Kid no podía comprender eso...

"Porque es una maldita perra ¡solo por eso!" Maka rugió, regresando su atención a Liz "Liz.. ¿Porque? Tu eres su amiga..."

¿Por qué? ¿Por qué todos habían decidido cerrar los ojos y no hacer nada al respecto? ¡No tenía sentido! Era como si de pronto todos se hubiesen puesto de acuerdo para complotar en contra del espadachín.

"Decidimos que era lo mejor para él" Fueron las palabras de Patty, quien decidió acercarse para apoyar a su hermana, quien tenía una mueca de culpa.

"... ¿Lo mejor? ¿Dejar de saber de mi era lo mejor? ¿Pensar que me había olvidado de él?... ¡¿Cómo pudieron llegar a esa decisión!?" Maka vociferó, volteando a ver a Blair quien bajó la mirada apenada, aún sentada sobre su calabaza flotante.

La gata mágica había dicho lo mismo cuando le contó la verdad sobre Meena... y Ragnarok. El complot era tan grande que la misma sangre de Crona había ayudado en el engaño.

Parecía que todos querían que Crona se olvidase de ella. ¿Por qué?

"¿Tú sabías todo esto, Liz?" Kid preguntó a su arma, quien volteó a ver al dios solo para desviar la mirada "¿Cómo pudieron pensar que no recibir ni una noticia de Maka sería bueno para Crona? Ustedes mas que nadie saben cuánto sufrió durante..."

"Y por saber eso decidimos que era lo mejor, Kid" Liz le interrumpió, regresando su atención a Maka "Y funcionó... Maka, tú no tienes idea de lo duro que fue para Crona estar sin ti... Eras el pilar de su vida, y tú lo sabes"

La rubia se mordió el labio, sintiendo la mordida de la culpa dentro de ella. Si, Maka sabía que le había fallado, había roto su promesa de estar siempre a su lado... Pero, de nuevo decían eso, de nuevo decían que Crona había sufrido en su ausencia... ¿En qué manera? ¿A qué se referían? El espadachín no mencionó nada de eso en sus primeras cartas, solo lo mucho que la extrañaba...

"Tu recuerdo lo estaba enfermando... Que él te olvidara fue una decisión difícil, Maka, pero tenía que hacerse"

"... ¿De verdad crees que él podría olvidarme? Lo que me une a Crona es mas grande de lo que puedes imaginar Liz ¡y tú lo sabes!" Si había algo que Maka jamás olvidaría, sería el fuerte lazo que la unía a ese tímido usuario de cabello rosa. Ella sabía, aun cuando la sensación de sus almas tocandose fuese un recuerdo vago, que ese lazo jamás se rompería.

Porque pese a la distancia y los problemas, ella nunca dejó de pensar en él.

"Hay muchas formas de olvido, Maka" Dijo Liz, mirando a su amiga con un dejo de dolor. Maka nunca entendería, no podía entender porque para eso sería necesario explicarle todo, absolutamente todo... y eso no era posible, ni justo. Maka no podía saber toda la verdad, pues la verdad sería dolorosa y confusa... y porque ella estaba casada.

"¡Esos malditos acertijos!" Maka gritó exasperada, regresando su atención a Kid, que parecía no solo confundido, sino también molesto "Kid, tienes que separar a Meena de Crona, envíala lejos"

"Maka... Entiendo tu enojo, yo también estoy furioso... Pero no puedo hacer eso" Kid trató de explicar, siendo tan paciente como podía pese a su propia contrariedad. Con los años Crona se había vuelto un buen amigo de él, y el saber que había sido maltratado todos esos años bajo sus narices... no, definitivamente no era nada agradable.

"Kid... ¿Vas a decirme que permitirás que Crona siga siendo abusado por esa mujer?" El enojo e indignación en la voz de la usuario de guadaña era muy notorio.

"Por supuesto que no. Hablaré con él y le explicaré esto, pero él debe ser quien haga la decisión de separarse de ella... es una decisión que no nos concierne a nosotros"

"Pero Kid..."

"Él tiene razón, Maka... Crona ya no es un niño, él debe decidir qué hacer" Liz intercedió, notando el leve temblor en el cuerpo de la rubia, parecía contenerse.

"Si... Él debe decidir... ¿Así como dejaron que él decidiera dejar de saber sobre mí?" Maka gruñó de regreso, mirando con profunda molestia a Liz, quien bajó la mirada apenada.

La situación en el Death Room era tensa, tanto que parecía que el aire se podía cortar con un cuchillo. Fue en ese denso ambiente donde se dejaron escuchar algunos pasos provenientes desde el pasillo, llamando la atención de todos los presentes. Eran Crona y Meena, caminando hacia el cuarto de Shinigami.

La morena entró al cuarto sin problema alguno, pero Crona se detuvo en seco en la entrada, con los ojos clavados en Maka. Su delgado cuerpo temblaba, su rostro había palidecido y parecía tan nervioso que en cualquier momento correría lejos del lugar. Meena notó esto, siendo rápida en tomar la mano de Crona y forzarlo a entrar al Death Room.

"Bien, Maka... No esperábamos encontrarte aquí, pero hará las cosas mas fáciles" La morena sonrió, haciendo que Maka se tensara con violencia. De verdad... hacía diez años que no quería matar a alguien con tanta fuerza.

Meena hizo un gran esfuerzo para no estremecerse ante la fuerza de esa mirada, tragando con fuerza antes de dirigirse a Kid.

"Lord Death, nos da pena preguntarle esto pero... ¿Será posible que tenga lugar para hospedar a Maka en su casa, como había propuesto antes?"

Aquella petición drenó por completo la furia de Maka. ¿Qué significaba eso?

"¿Y que se supone que significa eso? Crona me invitó a quedarme con él" Maka gruñó, consternada. No por la insistencia de Meena de sacarle del apartamento, sino porque Crona permanecía en silencio sin decir nada al respecto.

"Crona ya no te quiere ahí" Si, era justo lo que Maka no quería escuchar "Decidió que tu estancia perjudica nuestra relación, así que debes irte"

Por alguna razón, eso había dolido mucho. Maka solo pudo elevar su mirada para observar al espadachín, quien mantenía la cabeza baja, totalmente mudo. No lo creería, Maka no creería nada de eso... No hasta escucharlo de la boca del mismo Crona.

"Crona... ¿Es eso cierto?" Maka preguntó, esperando ver alguna reacción del pelirrosa.

El cuerpo del espadachín se estremeció en un escalofrió, aferrando con fuerza su brazo derecho. Temblaba, parecía debatirse en responder, pero entre mas tiempo permanecía en silencio, mas hacía dudar a Maka. Cualquiera que fuese la respuesta, Crona parecía no tener el valor para decirla.

Para el espadachín una cosa era segura: definitivamente hubiese sido mejor si hubiera muerto en Sudamérica.