Hola, no tengo perdón de yisus, bueno tal vez sí, pero lo siento por tardar tanto en actualizar, conocen el dicho que dice: "Más vale tarde que nunca".
Y aquí me tienen, tarde pero seguro, esta vez contiene menos errores, a lo mejor puede que se me pase otros errores, así que una disculpa. En lo personal me gusta mucho este capítulo, se me hace que tiene más avance en la historia.
Los dejo para que puedan leer, no sin antes decir gracias por lo comentarios, todos llegan a mi correo, así que todos los leo, muchas gracias.
-¿Cuáles son tus planes para cuando lleguemos a San Petersburgo, Sakura?
Abandonando su pose, Sakura clavó una mirada penetrante en Ino, pero la muchacha había formulado esta pregunta, como tantas otras, sin apartar la vista del lienzo en el cual trabajaba. Sakura advirtió que, en el rincón, Sora había dejado de coser para esperar su respuesta. Aunque la madura criada no estaba totalmente recuperada de su mareo, sí tenía períodos en los que se sentía bastante bien para retomar algunas de sus tareas.
¿Era posible que Ino no supiese que en realidad, Sakura estaba prisionera? Sora lo sabía, al igual que todos los sirvientes. Pero, por supuesto, si Sasuke había dado a entender que no quería que su hermana lo supiera, ninguno de los criados contrariaría sus deseos, ni siquiera la doncella personal de Ino.
-No lo he pensado mucho -mintió Sakura -. Quizá deba usted preguntárselo a su hermano.
La evasiva respuesta atravesó la concentración de Ino el tiempo suficiente para una sola mirada.
-Te has movido. Inclina otra vez la cabeza, con la barbilla alta... eso es. -Después de comparar la pose de Sakura con su reproducción en la tela, se volvió a tranquilizar-. ¿Qué se lo pregunte a Sasuke? ¿Qué tiene eso que ver con él? -Y entonces olvidó por un momento el retrato, sobresaltada al pensar algo-. No tendrás todavía la esperanza de... quiero decir, seguramente te darás cuenta... Ay, Dios.
-¿Darme cuenta de qué, princesa?
Demasiado turbada para responder, Ino se apresuró a fingir que estaba absorta en su pintura. No deseaba simpatizar con Sakura. Era el blanco perfecto para que Ino descargara parte de su inquina, pero su propósito fracasaba. También había querido retratarla como una grosera campesina, una mujer tosca y vulgar, una corporización de la rusticidad. Tampoco eso había resultado. Ino había iniciado tres veces el retrato antes de rendirse finalmente y pintar lo que veía, y no lo que había querido ver.
El hecho era que a la princesa Ino sí le agradaba Sakura, su franqueza, su calmo control tan diferente del temperamento ruso, su tranquila dignidad, su seco sentido del humor. Le agradaba inclusive su obstinación, tan parecida a la suya propia. Al principio se produjeron varios casi enfrentamientos en cuanto a las tareas que Ino consideraba apropiadas para que las ejecutase Sakura, pero cuando esta se negó de plano y no quiso discutirlo, ni ceder, Ino desarrolló cierto respeto, que condujo a la admiración, especialmente después de que dejó de pensar que Sakura era menos de lo que afirmaba ser. Había empezado realmente a considerarla una amiga.
Súbitamente, sentía piedad por la inglesa, y eso la turbaba. No solía simpatizar con las mujeres que gemían y se lamentaban por amores perdidos, como lo hacían con tanta frecuencia sus amigas. No comprendía el dolor del rechazo, porque nunca había sido rechazada, ningún hombre había dejado de interesarse por ella. Era ella quien ponía fin a sus amoríos, revoloteando de uno al otro según sus caprichos. En eso se parecía mucho a su hermano.
La diferencia entre ellos era que Sasuke jamás se comprometía. El amaba a las mujeres en general, a ninguna en particular, y agasajaba a todas aquellas que lo atraían. Ino no. Se enamoraba frecuentemente. Sólo era lamentable que tal sentimiento nunca durara mucho.
Pero no se debía confundir eso con la melancolía de esas mujeres que aman a hombres que no retribuyen tal sentimiento.
Ino no había pensado que Sakura, quien ha había demostrado tener un carácter tan Pragmático, pudiera situarse en esa categoría. Pero si no, ¿por qué creería que a Sasuke le importaría lo que ella hiciera cuando llegaran a Rusia? Era obvio que él había comprendido su error al traerla consigo. No pasó ni una semana antes de que él perdiera todo interés y se la asignara a Ino. Desde entonces no se había preocupado más Por ella ¿Acaso Sakura no sabía qué significaba eso?
-¿Darme cuenta de qué, princesa?
Al oír repetida la pregunta, Ino enrojeció, viendo que Sakura percibía su incomodidad.
-Nada. No sé en qué estaba, pensando.
-Sí, lo sabe -insistió Sakura, sin darle tregua-. Hablábamos de su hermano.
-Oh, muy bien -repuso la princesa. La Persistencia era otro rasgo de Sakura que ella había percibido y admirado. .. Hasta ese momento-. Creía que tú eras diferente, que no eras como todas las demás mujeres que se enamoran de Sasuke cuando lo conocen. Después de todo, no te has alterado ni has mostrado signo alguno de sufrir porque él no te atiende. Pero se me acaba de ocurrir que acaso no adviertes que él es... en fin, que él... -Eso no servía. Ya estaba bastante turbada. Sakura lo estaría más aún si pensaba que Ino la compadecía-. ¿En qué estoy pensando? Tú lo sabes, por supuesto.
-¿Saber qué?
-Que Sasuke no es el hombre adecuado con quien comprometerse durante un lapso prolongado. No creo que sea capaz siguiera de amar a una sola mujer en particular. Nunca lo ha hecho. En realidad, es poco habitual que alguna mujer retenga su interés durante más de dos semanas, La única excepción son sus pocas amantes, pero no las ama. Son meras conveniencias, nada más. Aguarda... La princesa Karin es otra excepción, pero va a casarse con ella, de modo que tampoco cuenta, en realidad.
Princesa ...
-No, no hace falta que lo digas. Yo sabía que tú eras demasiado juiciosa para prenderte de él. Te asombrarías si supieras cuántas mujeres no son tan sensatas. Pero es fácil enamorarse de Sasuke. Atiende a las mujeres. A cada una que agasaja, se dedica plenamente durante todo el tiempo que dura su interés. Y nunca hace promesas que no cumplirá, por eso ninguna puede decir que él la engaña.
Sakura apenas oyó la última parte de lo que decía Ino. Aún resonaba en sus oídos la palabra "casarse". Se le había encogido el estómago y sentía náuseas, lo cual era absolutamente ridículo. Nada le importaba que Sasuke se casara. En un momento dado, hasta había pensado que tal vez Ino fuese su esposa. ¿Y si tenía novia, qué?
Mal rayo partiera a Ino por suscitar ese sentimiento. Y allí estaba sentada, a la espera de algún tipo de respuesta. Explicar su situación, explicar lo que ella sentía en realidad por Sasuke, no haría más que prolongar la conversación. Y era posible que la hermana de él no le creyese.
-Tenía usted razón, princesa -logró afirmar Sakura, impasible-. Soy lo bastante sensata como para no prenderme de su hermano, ni de ningún otro hombre, dicho sea de paso. A decir verdad, me encanta que él casi haya olvidado que estoy aquí.
Ino no la creyó ni por un minuto. Aunque el tono fue indiferente, las palabras fueron claramente defensivas. Le hicieron pensar que Sakura estaba, en efecto, enamorada de Sasuke. Pero después de habérsele explicado cuán sin esperanzas era semejante pasión, tal vez empezara a olvidarlo. Habiendo hecho al menos eso por ella, presuponiendo que la había ayudado, Ino se sintió mejor.
Fue una suerte que Sasuke no eligiese ese momento para inmiscuirse entre ellas. Quince minutos más tarde, cuando lo hizo, Sakura había puesto coto a su disgusto, había tenido varias discusiones con su voz interior y estaba de nuevo sosegada, y convencida de que las breves revelaciones de Ino no la habían alterado en lo más mínimo. Pero Sasuke sí la alteraba. Después de no verlo durante semanas, su aparición en ese momento fue demasiado.
Sakura había olvidado el efecto devastador que él podía tener sobre ella... no, no era olvido, en realidad, sino que ella dudaba de sus recuerdos. Pero se había engañado a sí misma. Sasuke era todavía el príncipe de cuento de hadas.
Vestía severamente de negro y gris, pero no importaba lo que llevaba puesto. ¿Tenía más largo el cabello? Sí, un poco. ¿Solo había curiosidad en la breve mirada que le lanzó a ella? Probablemente ni siquiera eso.
Desde aquel tormentoso día, tanto tiempo atrás, cuando la sorprendiera en su camarote, él había renunciado a perseguirla. Y ella se alegraba, por supuesto. Ciertamente eso hacía más tolerable ese viaje... Pero menos excitante, Sakura. Echas de menos el desafío de enfrentarte a la perspicacia de él con la tuya. Y nunca te has sentido tan halagada en tu vida, como por su interés en ti. Echas de menos eso también, y… otras cosas.
Suspiró interiormente. Lo que ella sintiera entonces no importaba, como no había importado antes. Su posición no cambiaría. Lady Sakura Haruno no podía aceptar un amante, ni siquiera uno tan excitante como Sasuke. Eso bastaba para hacer que deseara no ser una dama.
-¿Qué es esto?
Su tono era de curiosidad. Por supuesto... ¿cómo iba a saber que Ino la había estado pintando a ella? La princesa casi nunca salía de su camarote, y él no había venido a visitarla, e Ino no era de las que renuncian con facilidad a un enfado. Aún estaba furiosa con su hermano; a decir verdad, lo había estado eludiendo deliberadamente, tal como él había estado eludiendo a Sakura.
-Realmente, Sasuke, ¿qué te parece que es?
Esta no fue una pregunta, sólo una réplica que evidenciaba la irritación de Ino. No le gustaba ser interrumpida, y menos por él.
No obstante, su sarcasmo fue ignorado. Sasuke fijó su atención en Sakura, sin poder disimular su sorpresa.
-¿Tú has aceptado esto?
-Realmente, Uchiha, ¿qué te parece que es?
Sakura no pudo resistirse a responder lo mismo. Debería haber resistido. Sasuke rió jovialmente. Ella no se había propuesto divertirlo.
-¿Buscabas algo, Sasuke? -inquirió Ino con gesto ceñudo.
No buscaba nada. En fin, sí, pero no era algo que él pudiera admitir ante su hermana, ni especialmente ante Sakura. El día anterior había decidido averiguar qué resultado arrojaba su nueva táctica. Este juego de paciencia lo había puesto a prueba hasta el límite. Cada vez que había querido ir en busca de Sakura, se había resistido, pero ya no. Esa mañana había tenido que esperar otra vez, simplemente porque ella se había encerrado allí con Ino, posando para un retrato, nada menos. Era lo último que él esperaba ver.
Sakura seguía siendo, para él, la mujer más sensual y atractiva que viera en su vida. El sólo estar con ella en la misma habitación bastaba para incitar su sexualidad. Necesitaba saciarse de ella, hacerle de nuevo el amor una y otra vez hasta eliminarla de su sistema. Lo único que podía dar resultado era el aburrimiento, que tan pronto le llegaba con otras mujeres. De eso estaba convencido.
Jamás había pensado que llegaría el día en que desearía aburrirse, cuando tan a menudo había lamentado su incapacidad para entablar una relación duradera con una mujer debido a ese aburrimiento. Las mujeres de su conocimiento eran tan sólo eso, conocidas. Por cierto, la única mujer a quien podía realmente llamar amiga era Matsuri, y eso únicamente después de dejar de acostarse con ella. Pero habría preferido el aburrimiento antes que esa obsesión que estaba monopolizando sus pensamientos y causándole más frustración de la que antes había experimentado.
Sasuke no había respondido a la pregunta de Ino, ni pensaba hacerlo. Seguía sonriendo al acercarse a ella, aparentemente para observar su obra, pero en realidad para tener una excusa que le permitiese mirar a Sakura y compararla con el retrato. Ese era el plan; pero como todo plan relacionado con Sakura, este falló también. Sasuke no pudo apartar sus ojos de aquel retrato.
Sabía que su hermana era hábil en su pasatiempo, pero no tan hábil. Empero, no era eso lo que lo tenía paralizado. La mujer del retrato era y no era la que él deseaba. El parecido estaba allí; bien podían ser gemelas. Pero esta no era la mujer que él veía cada vez que cerraba los ojos. En vivido color, allí estaba el retrato de una aristócrata, majestuosa, digna, patricia en cada matiz de su pose, una auténtica dama.
Con aquel rutilante vestido tinto, con el cabello tirante, trenzado y echado sobre un hombro, una tiara posada en su cabeza, habría podido ser una joven reina medieval, orgullosa, indómita y bella... sí, Ino había captado una belleza que no era fácilmente discernible... Dulce Jesús, ¿en qué estaba pensando él? ¡Era una actriz! Todo eso era una representación, la pose, la simulación.
Tocó el hombro de Ino para lograr su atención.
-¿Ella ya ha visto esto?
-No.
-La princesa no me lo permite -intercaló Sakura, pues había oído la pregunta-. Lo custodia como a las joyas de la corona. ¿Tan espantoso es?
-No, de ningún modo -replicó Uchiha. Percibió que Ino se ponía rígida al oír tan inexpresivo respuesta con respecto a su obra maestra-. Ah, Sakura, ¿te molestaría salir por unos instantes? Quisiera hablar en privado con mi hermana.
-Por supuesto.
Sakura se sorprendió porque él la había tratado con la indiferencia que mostraría a cualquier otra criada. Pero ¿qué había esperado ella en realidad?, después de tanto tiempo. La total desatención de Sasuke hablaba por sí sola. Empero, Ino se había acercado demasiado a la verdad. Inadvertidamente, Sakura había abrigado esperanzas sin darse cuenta... ¿de qué?, no lo sabía con certeza. Pero había dentro de su ser un gran hueco lleno de congoja. Racionalmente aceptaba que la indiferencia de él era preferible, pero tenía ganas de llorar.
Dentro del camarote, Ino se volvió hacia su hermano, quien de nuevo miraba con fijeza el retrato.
-¿Y bien? -inquirió la muchacha, sin tratar siquiera de ocultar su resentimiento.
-¿Por qué no le has mostrado esto?
La inesperada pregunta desconcertó a la princesa.
-¿Por qué? -Y repitió pensativa-: ¿Por qué? Porque en otras ocasiones, mi modelo se impacientó cuando no veía una semejanza inmediata y se negó a posar el tiempo suficiente para que yo terminara. -Luego se encogió de hombros-. Es probable que con Sakura esto no fuera suficiente. Sabe bastante de pintura como para entender que no debe juzgar una obra inconclusa. Y ha sido una modelo excelente, a quien ni siquiera ha molestado posar durante horas enteras. He podido adelantar mucho. Como ves, ya casi está terminado.
Sasuke seguía contemplando el retrato, preguntándose en qué pensaría Sakura mientras posaba hora tras hora con tanta paciencia. ¿Alguna vez pensaría en él? ¿Alguna vez recordaría esa única noche que habían pasado juntos? ¿Acaso había dado resultado su última jugada? Por cuanto advertía él, no. Ella casi ni lo había mirado.
-Quiero ese retrato -dijo él bruscamente.
-¿Qué dices?
Sasuke la miró con impaciencia.
-No me hagas repetirme, Ino.
-Pues no puedes llevártelo.
Dicho esto, Ino tomó su pincel y lo introdujo con fuerza en el pote ocre amarillo.
Sasuke le sujetó el brazo por encima del codo para impedirle que, en su repentino enfado estropeara el cuadro.
-¿Cuánto? -inquirió él.
-No puedes comprarlo, Sasuke -repuso la joven, complacida al negarle algo-. No está en venta. Y además, pensaba regalárselo a Sakura. He disfrutado de su compañía durante este tedioso viaje y...
-Entonces, ¿qué quieres por él?
-Na... -La princesa se detuvo de pronto. Sasuke hablaba en serio. Y si tanto quería el cuadro, era probable que ella pudiera pedirle y conseguir cualquier cosa a cambio-. ¿Por qué lo quieres?
-Es lo mejor que has hecho hasta ahora -declaró simplemente el ruso.
Ino arrugó la frente.
-Esa no fue la impresión que diste cuando Sakura estaba aquí. "¿Tan espantoso es? No, de ningún modo" -lo remedó, aún fastidiada por la inexpresivo respuesta de su hermano.
-Dime tu precio, Ino.
-Quiero volver a Inglaterra.
-Por ahora, no.
-Entonces quiero elegir a mi propio marido.
-Eres demasiado joven para tomar tal decisión. Pero te concederé el derecho a rechazar mi elección, si tu negativa es razonable, lo cual es más de lo que te habría concedido Itachi si aún viviera.
Eso era muy cierto. El hermano mayor de ambos casi no se había preocupado por ella, y simplemente habría dispuesto su matrimonio, probablemente con alguien a quien Ino no conociera siquiera, alguno de sus compinches del ejército, sin duda. Y lo que le ofrecía Sasuke era más de lo que la princesa habría podido esperar, aun cuando no hubiesen estado de malas por sus indiscreciones. Pero ¿y si tu idea de lo que es razonable difiere de la mía?
-¿Por ejemplo?
-Demasiado viejo, demasiado feo o detestable.
Sasuke le sonrió, por primera vez en mucho tiempo con la antigua calidez que reservaba sólo para ella.
-Son todas objeciones razonables.
-¿Lo prometes, Sasuke?
-Prometo que tendrás un marido que sea aceptable para ti.
Ino sonrió entonces, mitad pidiendo disculpas por su reciente conducta y mitad con regocijo.
-El retrato es tuyo.
-Muy bien, pero ella no debe verlo, Ino, ni ahora ni cuando esté concluido…
-Es que ella espera...
-Dile que alguien lo derribó, que se embadurnó la pintura, que se estropeó.
-Pero ¿por qué?
-La has retratado no como es, sino como ella quisiera hacernos creer que es. Y no quiero que sepa cuán soberbia es su representación.
-¿Representación?
-No es ninguna dama, Ino.
-Qué desatino -protestó Ino con una breve risa-. He pasado mucho tiempo con ella, Sasuke. ¿Acaso sugieres que no puedo descubrir la diferencia entre una dama y una vulgar campesina? Su padre es un conde inglés. Es sumamente culta, más que cualquier mujer que yo conozca.
-Izuna y Naka son también cultos, así como...
-¿Crees que es una bastarda como ellos? -exclamó Ino con sorpresa.
-Eso explicaría su cultura y su falta de posición social.
-Muy bien, pero ¿y qué? -Ino acudió en defensa tanto de su amiga como de sus medios hermanos-. En Rusia se acepta a los bastardos.
-Únicamente si son reconocidos. Sabes tan bien como yo que por cada bastardo noble criado como un príncipe, hay diez o doce que son criados como siervos. Y en Inglaterra es mucho peor. Allí llevan siempre la mancha de su nacimiento y son despreciados por la nobleza, no importa quién se los atribuya.
-Pero ella habló de una familia, Sasuke, de vivir con este conde de Strafford.
-Es posible que sólo sean sus deseos recónditos.
-¿Por qué no te agrada ella? -inquirió Ino, ceñuda.
-¿He dicho tal cosa?
-Pero no le crees.
-No, pero ella me intriga. En todo caso, es coherente en sus mentiras. Ahora, ¿harás lo que te pido?
Aunque permaneció ceñuda, ella asintió con la cabeza. La nave estaba de nuevo silenciosa. Esta vez Sakura se negó a atribuirse las culpas, por más a menudo que los criados de Sasuke la miraran suplicantes, como si ella pudiera hacer algo con respecto al pésimo humor reciente del príncipe. Lo único que ella había hecho era negarse a cenar con él. No era posible que eso explicara semejante enfado en él. Sasuke ni siquiera había manifestado interés al invitarla y se mostró totalmente impávido cuando ella se negó. No; esta vez ellos no echarían la culpa sobre sus hombros.
Pero... ¿y si te equivocas, Sakura? ¿Y si un poco de cordialidad pudiera tener influencia y aliviar en parte, la tensión? La misma Ino ha estado silenciosa y abatida. Y ya pensabas hablar con él acerca de su biblioteca.
Esa mañana la joven se decidió y, una hora más tarde, llamó a la puerta de Sasuke. Yamato la abrió y salió enseguida, tan pronto como ella entró en la habitación. Se sorprendió de verla, pero no más que Sasuke. De inmediato, el príncipe se irguió y se alisó el cabello; luego se dio cuenta de lo que hacía y volvió a arrellanarse en el sillón, detrás de su escritorio. Sakura no lo advirtió. Observaba los papeles que se esparcían sobre el escritorio, preguntándose en qué estaría ocupado Sasuke durante tan largo viaje. Le habría interesado saber que, en ese momento, el príncipe examinaba propuestas de numerosas fábricas e hilanderías del Rin cuya compra él estaba estudiando. Precisamente Sakura se destacaba en el análisis de informes tediosos.
Finalmente lo miró y quedó desilusionada al ver que él le devolvía una mirada tan inescrutable, bella, pero totalmente desprovista de emoción. Se puso nerviosa, deseando que no se le hubiese ocurrido nunca la idea de pedirle algo, aunque fuese tan insignificante.
-Espero no molestarle -dijo, apartando enseguida la vista de él para fijarla en la pared cubierta de libros-. No pude dejar de notar… antes... quiero decir, cuando estuve aquí antes, tu vasta colección... -Por amor de Dios, Sakura, ¿Por qué tartamudeas como una idiota?- ¿Te molestaría prestarme uno o dos libros?
-¿Prestar? No. Aquí el aislamiento impide que el aire marino los estropee. Pero no hay inconveniente en que leas aquí mismo lo que te agrade.
La joven se volvió con demasiada rapidez, revelando su sorpresa y su inquietud.
-¿Aquí?
-Sí. No me molestaría tener compañía, aunque fuese silenciosa... a menos que tengas miedo de estar en la misma habitación que yo.
Ella se puso rígida al responder:
-No, pero...
-No te tocaré, Sakura, si eso es lo que te preocupa.
Sasuke habló sinceramente, con expresión hastiada. Sakura comprendió que a él no le interesaba. Acababa de formular un ofrecimiento simple y muy razonable. Ella no había pensado siquiera en el aire del mar, que en efecto podía estropear un libro costoso.
Después de asentir con la cabeza, Sakura sé acercó a los estantes, tratando vanamente de fingir que estaba sola en la habitación. Al cabo de unos instantes eligió un libro y fue a ponerse cómoda en el sofá de raso blanco. El libro era un breve comentario sobre Rusia, escrito por un conde francés que había vivido allí cinco años. A Sakura le habría leerlo, para obtener así una percepción más honda de esas personas, y podía leer en francés con tanta facilidad como en inglés. Pero ese día era como si fuera ciega.
Transcurrió más de una hora sin que Sakura pudiera digerir todavía ni una sola palabra. Era imposible concentrarse cuando estaba en la misma habitación con Sasuke, preguntándose si él estaría mirándola, demasiado nerviosa para alzar la vista y averiguarlo. Aun sin mirarlo podía sentir su presencia dominándola, obrando de manera extraña sobre sus sentidos. Sentía gradualmente tibieza y calor, mientras que en realidad la habitación estaba agradablemente fresca. Y tenía los nervios hechos añicos. El menor ruido la hacía sobresaltarse y a su corazón detener sus latidos.
-Esto no funciona, ¿verdad, Sakura?
Dios, qué alivio era que él pusiese fin a esa tortura. Y no le hacía falta pedirle que explicara su afirmación. ¿Acaso para él había sido igualmente difícil concentrarse estando ella presente? No, eso era una tontería. Era probable que sólo hubiese percibido la incomodidad de ella.
-No, no funciona -replicó ella con cierta turbación.
Antes de mirarlo, cerró el libro en su regazo. Fue un error. Los ojos del príncipe revelaron lo que no había revelado su voz. Eran pardos, de ese matiz negro que ella había llegado a relacionar con la pasión que él sentía, brillantes y muy intensos. Parecían desnudarla, buscar en el alma de ella una respuesta, una correspondencia de sentimientos que ella no se atrevía a ofrecer.
-Tus alternativas son limitadas por ahora -dijo él con voz calmada, que contradecía en mucho la emoción de su mirada-. O te metes en mi cama, o tomas el libro y te marchas. Pero haz lo uno o lo otro... ya.
Sakura no pudo resistirse a echar una mirada al lecho de él. Dios, que tentaciones le lanzaba aquel hombre, una tras otra. Había creído que no habría más. Te has equivocado otra vez, Sakura.
-Me... me parece mejor irme.
-Como... tú... quieras.
Pronunció con esfuerzo estas palabras. Sasuke apenas lograba permanecer sentado, cuando cada músculo suyo clamaba por incorporarse e impedirle escapar. ¿Qué clase de sacrificado era él para infligirse tal tortura? Era inútil. Ella no cambiaría jamás. ¿Por qué perseveraba él?
Sakura se apoyó en la puerta cerrada, con el corazón aún latiendo violentamente, las mejillas enrojecidas, y apretaba tanto el libro contra su pecho, que le dolían los dedos. Tenía la sensación de haber escapado apenas a su ejecución. Tal vez fuese así. Sasuke Uchiha amenazaba sus convicciones, sus principios, su autoestima. Era capaz de destruir su fuerza de voluntad, ¿y qué quedaría de ella entonces?
Pero había ansiado tan desesperadamente caminar hasta esa cama. Y si él se hubiese puesto de pie, si hubiese hecho un solo movimiento hacia ella... Con la última mirada furtiva que había lanzado hacia él, ella había visto lo que le había costado permanecer inmóvil: los puños crispados, los músculos tensos, la mueca marcada en sus facciones.
Dios, qué locura había sido ir en busca de él. Debería haber recordado que era peligroso estar sola con él. Pero había pensado que él había perdido todo interés por ella. ¿Ni siquiera podía presuponer lo obvio en cuanto a él se refería?
Sakura se alejó con marcas de preocupación arrugándole la frente una vez más. Pero se había disipado la melancolía que la venía persiguiendo en los últimos días.
El carruaje avanzaba tan veloz que casi convertía en un borrón el paisaje que se divisaba por la ventanilla. Sakura padecía de jaqueca por tratar de distinguir algo del panorama, pero su propósito principal era tratar de permanecer sentada sin caerse.
Ino rió de sus exclamaciones ahocadas y sus respingos.
-Este es un viaje normal, querida mía, nada que deba causarte alarma- Aguarda al invierno, cuando los vehículos se deslicen sobre el hielo. Entonces sí que corre la troika.
-¿Quieres decir que convierten los carruajes en trineos?
-Por supuesto. Tenemos que hacerlo, ya que casi todo el año los caminos están cubiertos de nieve. Sé que en Inglaterra suelen reservar el trineo tan sólo para cuando nieva. Nosotros podríamos hacer lo mismo, sólo que al revés, pero en vez de guardar una troika para apenas unos meses de uso, la convertimos poniéndole ruedas. Es mucho más económico, ¿no te parece?
Sakura tuvo que sonreír, totalmente segura de que Ino no se había preocupado ni una sola vez por la economía, al menos en un plano personal. Pero su sonrisa no duró. El carruaje viró bruscamente; ella perdió su asidero en el asiento y fue a golpearse contra la pared del costado, afortunadamente bien acolchada con un grueso terciopelo dorado. Indemne, se echó a reír, viendo que también Ino se había dado un topetazo contra la pared del coche; la otra joven la imitó.
Cuando recobró la compostura, Ino dijo:
-Ya casi hemos llegado.
-¿A dónde?
-¿No te lo dijo Sasuke? Ha decidido dejarme con su media hermana mayor, Naori, y la familia de ella. Pocas veces sale de la ciudad, salvo para escapar por un tiempo de la humedad otoñal. A mí no me molesta en absoluto, aunque San Petersburgo es muy aburrido en agosto, cuando todos se han ido a sus palacios de verano en la costa del Mar Negro o están viajando. Pero esto me tendrá durante un tiempo fuera del dominio de la tía Otose, lo cual me cuadra perfectamente.
-¿Y a dónde va Sasuke?
-A Novii Domik, nuestra finca rural; lleva una prisa terrible -continuó Ino, ceñuda-. Ni siquiera se detendrá para ver a Naori, lo cual está en realidad muy mal de su parte. Pero estoy segura de que antes te verá instalada y a salvo, probablemente con una de las familias que se vinculan con la embajada británica. Ojalá pudieras quedarte conmigo. Estoy segura de que a Naori no le importaría. Pero Sasuke dijo que no sería conveniente ahora. ¿Sabes por qué?
-Lo siento, pero no he hablado con él para nada.
-Bueno, yo no me preocuparía por ello. Sin duda Sasuke sabe lo que hace. Pero debes prometerme que me visitarás lo antes posible. Quiero mostrarte todo.
-Princesa, creo que hay algo que debe saber…
-¡Oh, hemos llegado! Y mira, allí está una de mis sobrinas. ¡Cuánto ha crecido!
La carroza se detuvo frente a una casa enorme que en Inglaterra se habría denominado un palacio, pero parecía que uno de cada dos edificios que Sakura viera en esa desatinada carrera por San Petersburgo era un palacio o un cuartel. Pero no estaba sorprendida. Sabía algo de historia rusa, en particular que Pedro el Grande, quien había construido esa bella ciudad con el trabajo forzado de sus siervos, también había obligado a sus nobles a erigir allí mansiones de piedra, con la amenaza del exilio o la ejecución si se negaban.
De inmediato Ino bajó del carruaje, pero los muchos lacayos que acudieron a la carrera se aseguraron que no se de cayera. Sakura observó que dos de ellos la llevaban prácticamente en volandas escaleras arriba, sosteniéndola por los codos como si pensaran que ella no podía subir sola unos cuantos escalones. Y luego la sobrinita de negros cabellos se echó en sus brazos clamando por un fuerte abrazo.
Una bienvenida al hogar. Sakura sintió la garganta oprimida. ¿Cuándo tendría la suya? Debería haber dicho algo a Ino antes. Esa muchacha era la única que podría realmente ayudarla, la única que pensaría siquiera en desafiar a Sasuke. Quedaba tiempo aún, pero sólo unos minutos.
Sakura iba a abrir la portezuela, pero fue derribada contra el asiento cuando el carruaje volvió a partir. Frenéticamente asomó la cabeza por la ventanilla, pero todo lo que pudo hacer fue devolver el ademán con que la despedía Ino. Ya estaba demasiado lejos para oírla gritar "adiós".
Por primera vez advirtió entonces que los cosacos de Sasuke seguían al carruaje. ¿Para acompañarla hasta la Embajada? Por algún motivo no lo creía. ¡Rayos y centellas! ¿Por qué había esperado tanto para decir la verdad a Ino? Porque has llegado a estimar a esa tontuela, y no querías herirla diciéndole lo miserable que es realmente su hermano. ¿Qué hacer? Esperar a ver nada más. El no podrá mantenerte aislada de otras personas. De algún modo podrás hablar con alguien que te ayudará.
Alentadores pensamientos, ¿por qué no la alentaban entonces? Porque ese día había estado encerrada en su camarote, como lo había estado cada vez que la nave tocara algún puerto para cargar provisiones durante ese largo viaje. Había esperado y esperado, pensando que jamás llegaría la noche, cuando tal vez la dejaran salir. Y no llegó. Finalmente comprendió que Rusia debía de ser similar a esos otros cos países del norte que no tenían noche en el verano; San Petersburgo, por lo menos, estaba casi paralelo a Dinamarca, Suecia y Noruega. Era tarde cuando Kakashi la sacó del barco y la instaló en el carruaje, con Ino. ¿Y a dónde llevaban ahora?
El carruaje no tardó mucho en detenerse frente a otro palacio, más imponente aún que el de Naori. Pero como nadie fue a abrir la portezuela para Sakura, ella presumió que no estaba destinada a quedarse allí. Al cabo de un minuto más o menos, se abrieron las enormes puertas en lo alto de los anchos escalones, apareció Sasuke y bajó directamente hasta el carruaje.
Sakura estaba demasiado tensa para mostrarse cordial cuando él ocupó el asiento frente a ella.
-No me agrada ser zarandeada de un lado a otro por un conductor demente, en una ciudad que no conozco a Dios sabe qué hora, y además...
-¿Qué dijo ella cuando se lo dijiste?
Ella lo miró con disgusto por la interrupción.
-¿Decir a quién? ¿Qué?
-No seas pesada, Sakura -suspiró él-. A Ino. Le contaste tu triste historia, ¿verdad?
-A decir verdad, no.
-¿No? ¿Por qué no? -El príncipe elevó las cejas.
-No hubo tiempo -replicó ella.
-Has tenido semanas...
-Calla, Sasuke. Iba a decírselo, no pienses que no. Ella debe saber qué vil sinvergüenza eres. Y empecé a hacerlo, pero llegamos demasiado pronto a la casa de tu otra hermana; Ino estaba entusiasmada y se bajó tan rápido... ¡No te atrevas a reírte!
Uchiha no pudo evitarlo, No la había visto así desde el inicio del viaje, con tal fuego en esos bellos ojos verde esmeralda. Había olvidado cuán deliciosa podía ser ella en su furia. Además, había dejado de lado su última preocupación. Ino podría haber causado un problema si hubiese decidido abogar por la causa de Sakura. El se había descuidado en demasía a al pensar que, si Sakura no se lo había dicho al final del viaje, ya no le diría nada. No se había dado cuenta hasta después de efectuados los arreglos para el viaje, cuando se dio a las dos mujeres un carruaje para ellas solas, que el último minuto sería el momento oportuno para que ella consiguiera la ayuda de Ino. Pero Sakura había fracasado. ¿Intencionalmente? Dulce Jesús, cómo le habría gustado a él creerlo así.
-Menos mal que no se lo dijiste, Sakura -comentó mientras se reclinaba en el lujoso asiento.
-Para ti -replicó la joven.
-Sí, eso hace más fáciles las cosas.
-¿Y ahora qué, pues?
-Permanecerás conmigo un tiempo más.
Esa tarde Sasuke se había ocupado de todos sus asuntos inmediatos en la ciudad. Varios sirvientes se habían adelantado para informar a su tía de que él estaba de vuelta y pronto llegaría a casa. Otros habían sido enviados en busca de Vasili y, por supuesto, de Karin. No quería pensar todavía en reanudar su galanteo, aunque sabía que pronto tendría que hacerlo, Pero sus pensamientos estaban llenos de Sakura y de las semanas venideras. Habiéndose quedado Ino en la ciudad, él la tendría más para sí mismo. Imposible saber a qué podía llevar eso.
-¿No puedes simplemente enviarme a mi país ahora?
El tono melancólico y nostálgico de Sakura irritó a Sasuke, pero se encogió de hombros.
-No hasta que me entere de que el zar ha concluido su visita a Inglaterra. Pero vamos, sin duda querrás ver algo de Rusia, ya que estás aquí. Disfrutarás del viaje a Novii Domik. Está a unos cuatrocientos kilómetros hacia el este, en la provincia de Vologda. -¡Sasuke! ¡Esa es prácticamente toda la extensión de Inglaterra! ¿Es que me llevas a Siberia?
El príncipe sonrió ante la ignorancia de la joven.
-Querida mía, Siberia está al otro lado de los Montes Urales, y los Urales se hallan a mil quinientos kilómetros de distancia. ¿No tienes en realidad ninguna idea de la extensión de mi país?
-Es evidente que no -masculló la inglesa.
-Es probable que en Rusia quepan cien Inglaterras... Novii Domik está relativamente cerca, y tardaremos menos de una semana en llegar, gracias a las horas adicionales de luz diurna que tenemos para viajar durante esta temporada.
-¿Debo ir? ¿No puedes dejarme aquí?
-Claro, si quieres permanecer un mes o más detrás de una puerta cerrada con llave. En el campo no hay ingleses, Sakura -agregó; no hacía falta que explicara a qué se refería-. Tendrás mucha más libertad y más cosas que hacer. Según dijiste, eres hábil con los números...
-¿Acaso me confiarías tus cuentas?
-¿No debo hacerlo?
-No, en realidad... cuernos, Sasuke, tú piensas realmente que saldrás de esto sin la menor consecuencia, ¿verdad? ¿Crees que soy una boba tan cobarde que no te haré pagar, que no haré algo que te perjudique? Tú nunca te has dado cuenta de lo que me has hecho, a mí y a mi familia, o mejor dicho, no te importa. Has destrozado mi reputación al arrastrarme hasta aquí sin una acompañante adecuada. Tendré literalmente que comprar un marido cuando esté dispuesta a casarme, porque soy demasiado honesta para no admitir lo que ahora me falta, gracias a ti. Es probable que ahora, la vida de mi hermana esté destrozada también, de lo cual también eres responsable, porque yo estaba allí para impedir que huyera con un caza fortunas. Mi hermano no estaba preparado para la responsabilidad que, sin duda, mi ausencia le ha impuesto. Y mi padre...
La perorata de Sakura fue bruscamente interrumpida cuando Sasuke se inclinó, le asió los hombros y la trasladó a sus rodillas.
-Así que te he perjudicado... Soy el primero en admitirlo. Pero tu situación no es tan mala como la presentas, Sakura. Pagaré a una acompañante que jurará que ha estado contigo cada minuto y que no modificará esa versión bajo amenaza de muerte. En cuanto a tu perdida virtud, te daré una fortuna para que compres el marido que quieras, si insistes en tenerlo, pero también te permitirá vivir del modo independiente si lo prefieres, sin marido ni hombre alguno ante quien responder. Y si tu hermana se ha casado con ese individuo que tanto te disgusta, puedo dejarla viuda... es muy simple. En cuanto a tu hermano... ¿qué edad tiene?
-Veintitrés años -repuso ella sin pensar, demasiado aturdida por el momento.
-¿Veintitrés, y te preocupa que no pueda sobrellevar alguna responsabilidad? Dale una oportunidad al muchacho, Sakura. En cuanto a tu padre, no deseo hablar de él. Si te echa de menos, sin duda te apreciará mejor cuando vuelvas. Déjame decirte en cambio qué otra cosa te he hecho.
-No lo hagas.
-Ah, pero insisto. -Rió entre dientes cuando ella, sin éxito, trató de abandonar su nuevo asiento-. Te he obligado a tomar unas vacaciones que necesitabas sobremanera, si es verdad siquiera la mitad de las cosas que afirmas. Te he proporcionado aventura, nuevos amigos, nuevos lugares para ver, hasta un nuevo idioma... sí, Shizune me ha contado con qué rapidez has dominado el ruso con su ayuda. -La voz de Sasuke se tornó súbitamente más profunda-. También te he obligado a experimentar nuevos y maravillosos sentimientos. Te he hecho conocer la pasión.
-¡Calla! -Con ojos dilatados, le empujó el pecho para impedir que él la acercara más a si-, Crees tener todas las respuestas, pero no. En primer lugar, una acompañante nada significa cuando mi desaparición sin aviso habla por sí misma. Y no aceptaré tu dinero, ya te lo he dicho repetidamente. Mi padre es acaudalado, sumamente acaudalado, Yo podría vivir cómodamente el resto de mi vida, tan sólo con mi dote. Si quieres regalar una fortuna, dásela a lord Naruto Uzumaki... él la necesita, Yo no... y ciertamente que no te permitiría matarlo, por amor de Dios, no importa cuánta desdicha cause a mi hermana.
Antes de que ella pudiera agregar una sola palabra más, Sasuke venció su resistencia y la besó. No fue exactamente un beso ardiente, apenas lo suficiente como para detener el flujo de sus palabras... al principio. Después de sólo unos segundos, pasó a ser mucho más que eso. Los besos de Sasuke eran una droga, un potente tranquilizador. Sakura se tornó débil y maleable... y lo oyó gemir.
-¡Dulce Jesús! -Y entonces sus ojos, esos ojos hipnóticos y oscuros se miraron en los de ella-. No necesitamos una cama, Di que no necesitamos una cama, Sakura.
Al hablar, sus dedos se introducían bajo la falda de Sakura, quien bajó la mano para impedírselo.
-No.
-Sakura ...
-¡No, Sasuke!
El príncipe se reclinó cerrando los ojos.
-Esto es lo que gano por pedir.
Sakura no hizo comentario alguno. Tan confusa estaba, que apenas logró volver a su asiento cuando él la liberó.
-Había pensado compartir el carruaje contigo, pero no es tan buena idea, ¿o sí? –Continuó él-, Terminaría atacándote en menos de un kilómetro y medio.
-No harías eso.
-No, pero tú considerarías un ataque cualquier insinuación, ¿verdad pequeña? Y como no logro tener las manos del todo quietas, supongo que lo más decente es salir. -Aguardó un momento, con la esperanza de que ella lo contradijera. Cuando ella no lo hizo, él lanzó otro suspiro, largo y sonoro-. Muy bien, Pero ten cuidado, Sakura. Llegará el momento en que no seré tan fácil de manejar. Más te vale rogar que estés en camino de vuelta a Inglaterra antes de que eso suceda.
Espero que hayan disfrutado del capítulo, amo este libro, así que me encanta estar adaptándolo, dejen un comentario por favor: ¿Qué les pareció el capítulo? ¿Qué piensan sobre los personajes? ¿Aman a Sasuke, un ruso testarudo y terco?
Nos leemos en el próximo capítulo, voy a tratar de actualizar un capítulo por semana, aunque en estas vacaciones de invierno, puede que actualice en cualquier momento. =)
