Visenya Targaryen

Pasado Pozo de la Doncella, Valle oscuro y Rosby se encontraban muy cerca de Desembarco del Rey. Justo estaban en un lugar donde decidían si era seguro ir por el camino de la rosas o no, era un monasterio dedicado a una fe extraña, no la conocían. Ahora llevabas el cabello trenzado y más largo que nunca, Sansa iba en el mismo caballo que tú. Habían decido ir así desde que pasaron Pozo de la Doncella, dijeron que sería mejor así, porque llevaban demasiados bultos y era mejor si los caballos iban más ligeros de esa manera, ninguna de las dos se atrevía a decir que esa excusa era ridícula. Pero era necesario ir en un solo caballo porque de pronto no podían soltarse de las manos.

Este lugar me da escalofrío – dijo Sansa mientras avanzaban colina arriba para llegar a la terrorífica construcción.

Yo te cuido – le dijiste sonriente.

El monasterio parecía bastante viejo, tenia puertas enormes y todos sus acabados eran en piedra. La primera parte estaba ocupada por un enorme jardín, las plantas que contenía ese extraño jardín eran muy raras, no conocías el nombre de ninguna. Tampoco parecía haber ningún ser humano por ningún lado, tú también comenzabas a tener miedo. Pero tenían que encontrar a alguien por ahí, era importante saber sobre el camino de las rosas y no había ninguna población hasta muy entrada en la ruta, por lo que te guardaste tus miedos infundados y bajaste del caballo, ayudaste a Sansa a descender y luego amarraste los caballos en un árbol de tono azul extraño que estaba ahí.

¡¿Hay alguien aquí?! ¡¿Buenas noches?! ¡¿Nadie?! – gritaste a todo pulmón, nadie contesto, sólo tu propia voz haciendo eco se escucho.

Mira esta planta – dijo Sansa al tiempo que te arrastraba de la mano para acercarte a unas plantas verdes con formas extrañas – Parecen vivas, se mueven.

Quizá sea el viento – dijiste mirando a otro lado, te parecía raro que no hubiera nadie.

¿Tienes miedo? – se burló la de nuevo pelirroja. Negaste con la cabeza – No te preocupes, yo te cuido.

Buenas noches…

¡aaaaaaaah! – gritaste mientras te dabas vuelta para sacar tu espada. Era solo un viejo calvo, muy delgado y de larga barba. Sansa puso los ojos en blanco y saludo al hombre – Espera, podría ser peligroso.

No se preocupen, no les hare daño, después de todo ustedes tienen la espada de acero valiryo – guardaste tu espada un poco contrariada – Es muy correcto que lleves acero valyrio contigo, después de todo fue hogar de tu familia una vez.

Tú y Sansa intercambiaron miradas, el viejo les indicó que lo siguieran dentro del monasterio. Era un gran salón con un enorme altar al fondo, pero no parecía que adoraran a un dios en particular, solo había flores y velas, muchas velas. Además del viejo no parecía haber nadie más. Luego del gran salón, el viejo los condujo a una habitación a la derecha más pequeña donde les ofreció sopa de cebolla y rábanos, no era muy deliciosa, pero era lo más cercano a una comida real que habían tenido en mucho tiempo, incluso les ofreció un trozo de pan caliente, les dijo que él mismo se encargaba de hacerlo. Le preguntaste por los otros monjes, él sólo se rió y te dijo que distaban mucho de ser monjes, hace mucho que habían dejado de serlo.

Ven conmigo joven, te mostrare algo – te dijo, y cuando se dio cuenta de que no soltabas a Sansa de la mano añadió – Sola por favor.

No la dejare sola señor, ella viene conmigo – dijiste muy segura.

Entiendo, entiendo, tu padre tampoco soltaba su mano, las chicas Stark no se cual es el hechizo que tienen – dijo esto mientras se reía – Vamos entonces, los dos síganme por aquí.

De nuevo Sansa y tú intercambiaron miradas incrédulas, este hombre parecía saberlo todo. Las guió de nuevo por el salón, pero ahora se fueron por un pasillo a la izquierda. Entraron a una habitación más amplia que la pequeña cocina; ahí había una armadura, una corona de flores secas y una capa negra. El viejo saco de un pequeño baúl dos cartas, una te la entregó y la otra la volvió a guardar. Luego abandono la habitación, te dijo que te esperaría afuera para cuando estuvieras lista. Tus manos temblaban cuando tomaste la carta, te sentías muy emocionada y aterrada al mismo tiempo, Sansa puso su mano en tu hombro para darte ánimos. Le entregaste la carta a ella, le confesaste que eras pésima con las letras, no se burló de ti como esperabas, solo te hizo prometer que la dejarías darte clases de lectura, tú aceptaste, en ese momento hubieras aceptado cualquier cosa, tu mente estaba concentrada en la carta esa.

Querida Visenya, llevas el nombre de una conquistadora, espero que le hagas honor. Aldir ha visto muchas cosas en sus visiones, quisiera que no fueran verdad, te mentiría si te dijera que no estoy asustado y que no me arrepiento – Sansa se detuvo para mirarte, le pediste que continuara – Sin embargo estar con tu madre ha sido la única parte feliz de mi existencia, espero que algún día tú, tu hermano y toda mi familia pueda perdonarnos por lo que tu madre y yo hemos hecho. Se fuerte Visenya, recuerda que eres producto del amor infinito que tu madre y yo nos profesamos, que nadie se atreva a decirte lo contrario. Tu madre y yo siempre estaremos contigo, siempre, no temas jamás… con amor; tu padre, Rhaegar y tu madre… Lyanna.

Oh – gesticulaste, sentías que te faltaba el aire.

Tranquila, ¿Estás bien? – Sansa te tomo de la cintura preocupada porque fueras a desmayarte.

No.

Te soltaste de Sansa y saliste al pasillo para encontrarte con aquel hombre, pero no estaba ahí. Caminaste hasta el salón principal, pero tampoco estaba, fuiste a la cocina y entraste a todas las habitaciones que no estaban cerradas, lo llamaste a gritos. Saliste al jardín y rebuscaste por todos lados, no estaba y eso te enfurecía, ¿Por qué se escondía de ti? Empezó a llover copiosamente de la nada, ni siquiera había nubes, te reíste de lo patético de la situación.

Marion – dijo alguien a tu oído mientras ayudaba a levantarte, era Sansa, ni siquiera te habías dado cuenta de cómo habías llegado al suelo, pero ahí estabas, de rodillas – Ven Marion, hay que ir adentro.

Te llevo de la mano de vuelta a la pequeña cocina, te sentó junto al fuego y luego volvió a salir al patio, no le preguntaste porque, tenías la cabeza hecha un lio. Te sabias perfecto la historia de la rebelión del rey Robert, te la habían contado interminables veces por todos lados, para ti había sido sólo una historia, y ahora resulta que era tu historia, tu padre, tu padre era ese hombre al que todo mundo admiraba y del que hablaban con devoción. Recordaste tu sueño, el hombre de cabello plateado, era él y la mujer de cabello negro como la noche, ella era tu madre. Tus padres habían estado en este lugar que tú pisabas ahora, y tu padre tampoco quería soltar la mano de una Stark, de Lyanna Stark.

Encontré el establo, descargué los caballos y los puse bajo cubierto – te informó Sansa de vuelta en la cocina, estaba muy empapada igual que tú.

Ven junto al fuego, hace frío – dijiste monótonamente. Ella se acerco, se sentó junto a ti y te tomo de la mano, solo cuando sentiste su mano volviste a la realidad – Creo que eres mi prima.

Si… lo bueno es que eres Targaryen, ellos se casan entre hermanos, no creo que haya problema – no entendiste de inmediato lo que te decía, cuando lo hiciste la miraste sorprendida, debía estar bromeando.

No te atreviste a preguntar si era una broma o no, preferías pensar que lo decía enserio, se quedaron calladas durante un buen rato, hasta que ella dijo que era hora de ir a dormir, te guio de la mano hasta una habitación que ella dijo que parecía tener una cama cómoda, entraron y sólo había velas alumbrando la habitación, había una pequeñísima ventana por donde no entraba la más leve luz, el rumor de la lluvia se escuchaba lejano dentro de esas paredes. Sansa comenzó a quitarse la ropa mojada y te ordeno que hicieras lo mismo o te enfermarías y era lo último que necesitaban ahora. Te quitaste la armadura pieza por pieza, sin prisas fuiste colocando las partes en el suelo separadas las unas de las otras para que pudieran secarse más rápido, luego la cota de malla, y finalmente te cohibiste un poco al empezar a quitarte la ropa interior de algodón, pero al levantar la mirada te diste cuenta de que la hermosa pelirroja estaba desnuda ya.

Se te secó la boca al mirarla así, te daba la espalda, una espalda medio cubierta por el pelo rojo que llegaba hasta la cintura, su silueta perfecta, sus piernas largas, su trasero perfectamente torneado, era como mirar la escultura de una diosa o mil veces mejor, debías tener la boca abierta porque cuando ella te miro sobre su hombro se rió de ti, luego se volteo para embotarte aun más. Su cuello largo, sus pechos firmes y justo del tamaño que cualquiera desearía tener o tocar, la miraste de arriba abajo con descaro total, su sexo cubierto por vello púbico incipiente te hizo sentir un cosquilleo en el tuyo.

Tienes que quitarte todo, de otra forma no funciona – te dijo suavemente mientras te desabotonaba la blusa. Seguías con la boca abierta y atónita, tu mente no procesaba correctamente – Listo, ven.

Te señalo la cama, no sabías que hacer con tu cuerpo, sentías que eras un gigante estúpido. Te acercaste a la cama aun de su mano, desnuda de pies a cabeza, incluso el medallón de Elena se había ido. Sansa hizo ademan de soltar tu mano para alejarse, pero no lo permitiste, no pudiste controlarte más; la tomaste por la cintura y aprisionaste sus labios con los tuyos, ella no se negó, se entregó a ti con pasión. Cuando besaste a Elena sentías que algo te había faltado, era esto, esto era lo que de verdad querías, la querías a ella, a Sansa, a tu Sansa. Tu cuerpo sufría incontrolables vibraciones debido a los sentimientos que chocaban dentro de ti, todo al mismo tiempo, sentías que tu corazón se detenía y se agitaba al mismo tiempo, ese era el efecto de Sansa, sólo ella podía provocar algo así.

La llevaste a la cama en tus brazos, se siguieron besando, luego depositaste suaves besos por su cuello, bajaste por su cuello hasta sus preciosos pechos; no sabias muy bien qué hacer, acariciaste uno de sus pechos con tu mano, mientras succionabas un pezón, eso la hizo gemir levemente por lo que continuaste dándole placer. Ella temblaba también y no era por el frío. Luego bajaste hasta su sexo, te metiste entre sus piernas y la besaste ahí. Ella se mordió una mano para no gritar, ya sabías lo que tenías que hacer, metiste tu lengua al juego y succionaste también, ella seguía mordiendo su mano. Luego subiste hasta su cara para seguir besándola, dejaste tu mano en su sexo, tus dedos comenzaron a entrar y salir de ella, te mordió el labio violentamente en medio de espasmos de placer, sentiste la sangre en tu boca al mismo tiempo que ella llegaba a su primer orgasmo de la noche.

Perdóname, no quise hacerte daño – iba diciendo Sansa cuando recupero el aliento.

¿Te arrepientes? – preguntaste antes de que ella dijera otra cosa.

De morderte si, de amarte no – contesto al tiempo que depositaba un suave beso en tus labios. Entonces comenzaste a llorar, de pronto tanta felicidad había estallado en tu pecho y las lagrimas salían por si solas. Nunca habías sido tan feliz, aunque todo el mundo estuviera en tu contra, Sansa estaba a tu lado y nada más importaba – ¿Por qué lloras?

Soy tan feliz de tenerte, podría morir en este instante – dijiste mirándola a los ojos, ella te sonrió y te abrazo contra su pecho.

Esa noche continuaron amándose por mucho más rato y luego te dormiste en sus brazos agotada. Todas tus preocupaciones se habían ido, podías enfrentarte a un dragón de la mano de Sansa, solo la necesitabas a ella, a nadie más a nada más. Eso era lo que querías, una granja y algo que sembrar, a Sansa a tu lado y una vida tranquila. Donde no existiera Sansa Stark ni Visenya Targaryen, sólo tú y ella, Sansa la chica que había aprendido a escuchar tus silencios, Marion la chica que había aprendido a amar cada parte de Sansa, no solo su físico.

Cuando despertaste, luz entraba por la diminuta ventana e inundaba la habitación sorprendentemente. Tu cabeza yacía sobre su pecho desnudo y su brazo te rodeaba como protegiéndote, levantaste la mirada para encontrarte con la de ella, esa mañana se veía más hermosa aun como si eso fuera posible. Te sonrió dulcemente mientras con su dedo dibujaba círculos en tu espalda, te estremeciste con cada caricia.

¿Llevas mucho despierta? – le preguntaste aun medio dormida.

Solo un par de minutos – entonces su estomago la delato haciendo ruidos – Una hora creo, te veías como un ángel durmiendo, no quise despertarte.

Haré el desayuno – te apresuraste a levantarte y a cambiarte, sólo te pusiste la cota de malla, te sentías segura ahí.

Saliste al gran salón para dirigirte a la cocina, te sentías adolorida, sobre todo el labio, adolorida pero feliz, pensaste, ibas tan distraída que no te diste cuenta que muchas cosas en el salón habían cambiado, ya no había velas y el altar estaba destruido. En la cocina no había leña, hubieras jurado que la noche anterior si había, pero en fin, tendrían que comer algo frio. De nuevo saliste al salón y de ahí al jardín, el jardín estaba seco y el árbol donde amarraste a los caballos la noche anterior estaba quemado. Escuchaste un grito dentro del edificio, era Sansa, corriste en su ayuda, no estaba en el cuarto que la dejaste, se encontraba en un pasillo contiguo a la cocina.

No debí gritar, que tonta, pero me asuste – dijo mientras te abrazaba. Miraste al suelo, había al menos una docena de huesos de cadáveres humanos.

Creo que debemos irnos – dijiste sin dejar que el miedo te dominara.

Pero…

¡Hey! ¿Quién los ha dejado entrar? – tu corazón dio un salto, un hombre con un hacha los miraba amenazadoramente, sacaste tu espada y el hombre retrocedió asustado – Lo lamento, es solo que ya nadie viene aquí, y yo cuido este lugar.

¿Dónde está el monje? Digo aquel hombre que nos recibió anoche, dijo que vivía aquí, Aldir – preguntaste mientras te acercabas al hombre cautelosamente dejando a Sansa atrás, el sujeto bajo su arma y te miro con los ojos como platos.

Aldir murió con los otros hace 16 años en la guerra del usurpador, digo del Rey Robert – dijo el hombre con calma, tragaste saliva – Ya nadie vive aquí, dicen que el lugar esta maldito por todos los inocentes que aquí murieron.

Para demostrarle que lo que le decías era real, lo llevaste al cuarto donde estaba la armadura y lo demás, pero ni siquiera pudieron entrar, la puerta estaba cerrada herméticamente, intentaste derribarla, pero no cedió ni un poco. Luego aquel hombre les dijo que aquello era normal, que ya había escuchado muchas historias como la suya, todos concordaban con que había un monje ahí que siempre estaba esperando a alguien, ya no tenías miedo, ese monje fantasma te esperaba a ti, era un enviado de tu padre, no te asustaba. De todas formas abandonaron el monasterio con aquel hombre, no querían más sorpresas.

Bajaron de la montaña con aquel hombre, él les dijo que el camino de las rosas estaba desolado por aquella época, la gente comenzaba a recoger sus cosechas para prepararse para el invierno. Los bandidos no pululaban en esa zona, ya que casi no había viajeros, eran muy raros aquellos que se dirigían a Alto Jardín puesto que su señor ya no se encontraba ahí. Y el nuevo señor de Alto Jardín no era muy respetado, Willas era el nombre del nuevo señor del Dominio, el tullido de Alto Jardín.

Siguieron su camino directo a Alto Jardín, con una verdad a cuestas, eras Visenya Targaryen y eso nadie lo cambiaria, no tendrías esa vida sencilla que tanto anhelabas.

Están felices, pero te llegan noticias de que Maragery ha vuelto a Alto jardín y que Daenerys ha llegado al fin a las costas de Dorne, Marion lo escucha en la taberna y se lo dice a Sansa, mira como sus ojos se iluminan de felicidad al oir el nombre de la Tyrell y Marion pregunta porque, Sansa le cuenta todo de su relación la chica y marion pregunta si quiere ir con ella, Sansa contesta que no, pero Marion está segura que si, por lo que en la madrugada escapa a Alto Jardin para avisar a Maragery de la presencia de la pelirroja, la tyrell va a buscar a su gran amor y Sansa no tiene más remedio que irse con ella, justo entonces aparece el monje que le dice a Marion que esta lista y le cuenta toda la verdad y como ella tiene que ser la tercer cabeza del dragón.

Un hombre insulta a Rhaegar mientras los otros habitantes lo defienden, tu sales a su defensa y él te pregunta quién te crees que eres para hablarle así y tú dices "mi nombre es visenya targaryen y pagaras por lo que has dicho"

El final dramatico es que dejan a Marion con la granja en llamas, para que ella muera ahí. Pero como es una Targaryen sobrevive dramáticamente.