Rogue tenía la mano de John entre la suya, delineando cada detalle de esta, saboreando la sensación de poder sentir la textura algo áspera de esa mano y acariciar esa caliente piel. Era increíble como él siempre exudaba calor pero ella amaba sentirlo. La ayudaba a alejar la frialdad de tantos meses y sentirse a gusto. Los labios masculinos rozaron su sien, deleitándose en la suavidad de esos labios. El brazo en la cintura femenina la apretó al cuerpo desnudo. Era adictivo poder tocar y sentir de nuevo, nunca se cansaría de tocarlo. Ambos estaban sumergidos en la tina, relajándose con la tibia agua. Ella había deseado tomar un baño y John quiso acompañarla. De manera coqueta, ella le sugirió una sumergida de agua tibia en la tina.

John miraba la mano de Marie en la suya. Una tan contraria a la otra. La femenina tan suave y delicada, blanca como la nieve y la suya fuerte y áspera, oscura como su alma. Todavía no podía creer que alguien tan inocente y dulce como ella pudiera amarlo a él, un imbécil problemático. De nuevo volvía a darle las gracias al cielo por su fortuna. Ahora era suya y no permitiría que nadie se la arrebatara. El la apretó de manera posesiva a su cuerpo. Ella se había convertido en toda su vida. No dudaría ni un segundo en dar la suya por ella. ¡Ay de aquel que quisiera lastimarla! Conocería a un verdadero Pyro furioso.

-John¿eres católico? –

-¿A qué viene esa pregunta? – John frunció el ceño.

-Una pregunta no contesta otra pregunta. ¿Lo eres o no? –

-Mi madre es o era católica. – contestó él alzándose de hombros, en realidad no sabía que era de la vida de ella, - Solía llevarme a las celebraciones de la iglesia y me matriculó en un colegio católico. –

Rogue no pudo evitar reírse.

-¡Ah! Entonces eso lo explica todo. –

-¿Qué? – él no sabía de que ella hablaba.

-Nada. Solo tu afición a llamar todos los santos cada vez que llegas. – y de nuevo volvió a reírse, - No tenía idea de que existieran tantos. –

El se movió bruscamente en el agua, quedando sobre ella e inmovilizándola bajo su cuerpo. Una sonrisa de suficiencia apareció en esos labios que Rogue hallaba particularmente sensuales.

-¿Y quién se enloquece vociferando como una banshee? –

-Esa no soy yo. – dijo ella en su acento sureño lleno de indignación.

-¡Claro que no! – dijo él irónicamente, - Por eso fue que no tuve que cubrir tu boca con mi mano. –

Todas las mejillas femeninas se sonrojaron, ella perfectamente sabía que había sido todo lo contrario. El acercó su rostro al de ella.

-Pero¿sabes algo? – y entre suave mordisco a los voluptuosos labios femeninos añadió, -No tienes idea de cómo me enloqueces al escucharte gritar. –

Ella cerró sus ojos, estremecida ante su sensual voz. Tan gruesa y ronca que hacía vibrar todo su ser. Colocando una mano en su nuca, Rogue lo acercó aún más a sus labios para besarlo apasionadamente. Nunca había experimentado algo parecido con Bobby. No era solo lo físico; era el aire singular de travesura que existía entre ambos. En ocasiones Bobby no era nada de divertido, a veces siendo excesivamente maduro. En solo unas horas había reído, suspirado y se había sentido adorada y mimada. Fueron muy escasas las ocasiones que John le había permitido ver ese matiz de su personalidad. No hubiese imaginado lo cariñoso y amoroso que era él. Casi parecía que la manejaba como una figura delicada de cristal. Y una chica podría mal acostumbrarse a un trato como ese.

-¿Rogue? – llamaron a través de la puerta de su habitación.

-¡Oh no! – exclamó ella casi saliendo de la tina y se llevó la mano a su rostro, - Lo olvidé por completo.-

-¿Qué quiere la atolondrada pirotécnica? –

-La atolondrada pirotécnica tiene un nombre; Jubilee. – le reprendió ella mientras salía fuera de la tina y buscaba una toalla; John aprovechó el momento para observar lo que el opinaba era un delicioso trasero, - Le prometí que tomaría la cena con ella para… hablar de varias cosas. –

John emitió un sonido ininteligible de protesta cuando ella cubrió su cuerpo con la toalla, había estado admirando la incitadora vista que le proveía la belleza de su desnudez.

-Siento tener que dejarte, cariño. Prometo venir tan pronto como pueda. – ella se agachó frente a él y colocó sus manos en el borde de la tina para apoyar su cabeza, - Ahora te portarás como un buen niño y te quedaras aquí dentro hasta que me vaya con Jubilee.-

-¿Tengo que hacerlo? – protestó él con picardía.

-Si quieres dormir conmigo esta noche, sí. –

-No es justo. – farfulló él siguiéndole su juego.

-No todo en esta vida es justo. – dijo ella guiñándole un ojo.

-La vida ya ha sido lo suficiente justa conmigo. – dijo él, toda travesura abandonando su expresión, - No puedo pedir más, pues ya me ha dado mi dulce dama sureña. –

-¿Alguna vez te han dicho que puedes encantar hasta las serpientes? – dijo ella aparentando indiferencia cuando en realidad sus palabras calaron hasta lo más hondo de su ser.

-¡Rogue! Si no abres la puerta te juro que llamo a Peter para que la derribe. – gritó una muy preocupada Jubilee.

-Déjame ir a abrirle, es capaz de hacerlo. – y le dio un beso fugaz para salir del baño.

Segura de que la puerta del baño estaba cerrada, le permitió la entrada a Jubilee. Ella entró como un torbellino, mirando todo a su alrededor como tratando de buscar algo.

-¿Por qué demonios cerraste la puerta con llave? – demandó ella algo molesta.

-Estaba tomando un baño. –

Jubilee la miró de lado, con una mirada escudriñadora. Caminó hacia ella y tomó sus brazos para mirarle las muñecas. Rogue giró sus ojos.

-Por Santa Bárbara, no tengo intenciones de suicidarme. –

-¿Qué dijiste? – preguntó Jubilee.

-No pienso suicidarme… -

-No; mencionaste el nombre de una santa y tú eres protestante, Rogue. –

-¿Lo soy? – dijo ella con toda la inocencia del mundo.

-No juegues conmigo; sabes que lo eres. –

-¿No puede una persona cambiar de religión? –

-¡Demonios, Rogue! Algo te sucede. Estoy pasando de estar preocupada a consternada.-

-Prometí que hablaría contigo y lo haré. No tienes razón para estar preocupada por mi.- y mientras hablaba se vistió con un cómodo traje de verano de suave tela, muy femenino. Tenía un delicado escote y dejaba sus brazos al descubierto con suaves pliegues cayendo hasta sus rodillas. Era uno que la señorita Munroe le regaló para uno de sus pasados cumpleaños.

Definitivamente ella no estaba del todo bien. Jamás la había visto vestida con un traje, mucho menos de ese color amarillo… Aunque debía admitir que se le veía muy bien. La observó detenidamente mientras peinaba su cabello húmedo. Sus ojos marrones tenían un peculiar brillo. Sus labios y mejillas estaban sonrosados. Tenía la estampa de una mujer enamorada… y de ser correspondida en ese amor. Decidió no decir nada y esperar a que ella se lo dijera. Después de todo se lo había prometido.

-Lista. – dijo ella sonriente.

¡Oh oh! Las cosas si que iban en serio, se había colocado una cinta en su cabello para que sus blancos mechones no cayeran sobre su rostro. ¡Necesitaba ya saber su nombre!

-¿Quién es Rogue? – le preguntó Jubilee mientras le seguía fuera de la habitación.

-No sé de que me hablas. –

-El chico que te tiene en ese estado de completa estupidez. –

-¡Oye, más respeto! –

-¿Es el chico nuevo¿Cómo es que se llama¡Ajá! Michael. –

-¡Ugh! Creí que tenías mejor opinión de mí. –

Durante todo el trayecto Jubilee continuó importunándola con su interrogatorio. Llegaron al enorme comedor familiar donde los estudiantes tomaban sus comidas. Ambas tomaron sus utensilios para la comida y se acercaron a la mesa donde se encontraba los alimentos servidos. Jubilee dejó abruptamente de hablar; Rogue continuaba apilando comida en su plato.

-¿Rogue? –

-¿Mmj? – dijo ella distraída.

-Tenemos hambre¿eh?– bromeó Jubilee.

Rogue se sintió ruborizar al ver su plato, pero sí tenía hambre. Una voraz hambre. Pensó que quizás era debido a todo el ejercicio que realizó un rato atrás y volvió a sonrojarse aún más.

-¡Oh no! Me estás ocultando algo más grande de lo que creo. – dijo Jubilee mirando detenidamente el rostro de su amiga.

-¡Rogue! – llamó la señorita Munroe, - Te ves muy hermosa con ese traje. Siempre imaginé que así sería. –

Ororo y Logan se acercaron a la pareja de amigas. Rogue se sintió feliz de verlos juntos. Ahora se había convertido en una costumbre para la nueva pareja comer en compañía del otro a la hora de la cena.

El olor que tanto perturbaba a Logan estaba más impregnado en Rogue. Y ese olor le era familiar; uno que antes había reconocido como parte de Bobby, Rogue y… ¡Carajo! El piromaniaco. ¿Cómo no lo identificó antes? Ahora la pregunta era¿qué hacía él rondando a su Marie?

-Gracias, señorita Munroe. –

-Si nos disculpan, Rogue y yo tenemos que hablar. – y una ansiosa Jubilee haló de la mano a su amiga a la más alejada mesa del comedor.

-Estaba comenzando a preocuparme por Rogue, pero veo que ya no debo continuar estar preocupada. Se le ve muy bien. – comentó Ro mientras tomaba un plato para servirse.

-¿A qué te refieres? – gruñó Logan, en realidad no se había percatado de ello, simplemente dedicándose a tratar de encontrar de donde provenía el peculiar olor en Rogue.

-Toda la presencia de Rogue es una reluciente. – dijo Ro sonriente, -Y sospecho que la razón de ello debe ser un chico. –

-¿Un chico? – Logan tuvo que controlarse para no mostrar sus garras de adamantino.

-Mj. Estoy segura de ello. ¿Qué otra razón podría tener Jubilee para hablar con su amiga?-

Ella rió de buena gana. Logan no encontró el humor en su comentario. Esperaba que no fuera Pyro… porque sino destriparía al loco piromaniaco y a su Marie, bueno, tendría que conformarse con gritarle por más que deseara colocarla sobre sus piernas para propinarle una paliza.

-¿Quién es Rogue? –

Ambas amigas estaban sentadas. Rogue miró fijamente a Jubilee.

-Primero me prometerás que no dirás nada a nadie. –le dijo con firmeza.

-Rogue… -comenzó Jubilee a protestar.

-Si no lo haces no te diré nada. –

Jubilee sopesó su decisión. Pero pudo más la curiosidad que cualquier sentido común ante esa extraña promesa. Promesas así siempre escondían la posibilidad de un peligro.

-De acuerdo. Prometo morir antes que decir algo. – y Jubilee se hizo una cruz sobre su corazón.

Rogue tomó una gran bocanada de aire y acercándose a su amiga dijo en un hilillo de voz:

-Es St John. –

Si hubiese sido otra la ocasión, quizás Rogue se habría reído. Jubilee abría su boca para luego cerrarla mientras levantaba su mano para señalarla o hacer cualquier otro ademán.

-¡Estás loca! – siseó ella cuando al fin pudo pronunciar palabra alguna, -Dime que estas bromeando, por favor. –

Rogue movió su rostro de lado a lado con gran tranquilidad.

-¡Demonios, Rogue! Sé que desearías joder a Bobby, pero¿no estamos siendo extremista?-

Muy rara vez Jubilee utilizaba palabras vulgares, eso indicaba su grado de preocupación.

-¡Y estúpida yo que te lo prometí! – farfulló ella.

-No es así, Jubilee. El me ama y yo lo amo. –

Su amiga la miró como si de pronto le hubiese surgido un cuerno en la frente.

-Por favor, Jubilee. Trata de entender. –

Por extraña razón, Jubilee recordó que cuando Rogue llegó a la mansión, tanto John como Bobby hicieron todo lo posible para llamar la atención de su amiga. Y siempre tuvo la sospecha de que John sentía algo por Rogue. Un presentimiento la asaltó.

-¿Tú no estabas con él en la habitación cuando te busque? –

-Estaba conmigo. –

-¡Oh Dios mío! – exclamó ella llevándose una mano a su rostro.

-Baja la voz. – le dijo Rogue entre dientes al percatarse de que habían llamado la atención. A varios metros de ellas, se encontraba Logan sentado con la señorita Munroe, mirándola a ambas con el ceño fruncido.

-Dime que no lo hiciste, Rogue. – rogó Jubilee.

-¡Hey, tú también lo has hecho con Peter! –

-Peter pertenece a los X-men y John pertenece a los Brotherhood. Es grande la diferencia. –

-Sin Magneto no hay Brotherhood. – refutó Rogue.

-Ese no es el punto… -

Rogue se colocó de pie abruptamente:

-No; el punto es que creí que me entenderías.-

Era tonto pero necesitaba tener la aprobación de su amiga. Dejando el plato intacto, se marchó de allí. ¿Acaso ella no podía entender que lo amaba y él a ella? Sin importar quien pertenecía a que, nunca olvidaría la belleza de compartir el amor con la persona amada, que siempre guardaría en su corazón lo hermoso que era experimentar la unión tanto física como espiritual entre dos seres que se amaban.

-¡Rogue! – le llamó Jubilee.

Pero ella continuó caminando, casi corriendo. No deseó mirar hacia la mesa donde estaba Logan, de seguro que la estaría mirando con esa peculiar mirada que parecía penetrar hasta su interior. Fuera del comedor, aligeró sus pasos y al tomar una vuelta, tropezó con Bobby y Kitty.

-¡Joa! – exclamó Bobby tomándola de los brazos para evitar que cayera.

Ella no pudo reprimir el impulso de separarse bruscamente de esas manos tan frías. Ella continuó su camino, ignorando el llamado de Bobby. Con cada paso que tomaba, añoraba sentir a John a su lado, sus brazos alrededor de su cuerpo. Un asfixiante miedo se apoderó de todos sus sentidos. Jubilee le había hecho ver la situación de su relación con John. Y temió perderlo. Estaba segura que moriría si lo perdía. Entró a su habitación y lo halló recostado en su cama, jugando con su encendedor.

Al verla, le envió una de sus acostumbradas sonrisas presumidas. Ella corrió hacia él y lo abrazó. John a su vez la abrazó con fuerza al sentirla temblar.

-¿Qué sucede, Marie? – preguntó él, su voz ronca por la preocupación.

-Nada. Son tonterías mías.- y echando su rostro hacia atrás para ver ese rostro tan adorado por ella, -Simplemente me hiciste falta. –

Los ojos aguamarina miraron fijamente los marrones. Estaba mintiéndole.

-Marie… - comenzó él algo amenazante cuando tocaron a la puerta.

-¿Rogue? –

Era Bobby. Todo el cuerpo de John se tensó y sus ojos tomaron el tono de un acerado verde.

-¿Qué hace el pendejo llamando a tu puerta? –

-No lo sé. – contestó ella ansiosa, no quería que descubrieran a John en su cuarto.

-Rogue, sé que estas ahí. –

John tomó su encendedor para abrirlo pero Rogue le detuvo. Sus ojos marrones lo miraron implorante.

-Por favor, ve al baño. Me encargaré de despedirlo lo más pronto posible. –

A regañadientes, John hizo como le pidieron. Entró al baño pero dejó la puerta un poco entreabierta.

Ella abrió la puerta de su habitación.

-¿Estas bien, Rogue? –

-Sí, gracias. Si eso era todo… - y ella intentó cerrar la puerta en su rostro.

El la detuvo.

-¿Puedo hablar contigo? –

-¿Qué parte no entendiste de que ya nos dijimos todo lo que nos íbamos a decir? –

-Rogue, por favor… -

El miró el rostro algo hastiado de la hermosa sureña. ¡Rayos! Se veía realmente bella con ese delicado traje. Tan femenina, suave… ¿Cómo sería besarla?

-¿Por favor qué? –

Ella no estuvo preparada para el asalto físico de Bobby. El la tomó por la cintura y la atrajo a su cuerpo para besarla. Fue un beso implacable, lastimándola. Ella comenzó a protestar y a golpearlo para que la liberara. Como si hubiese aparecido de la nada, otras manos la tomaron por la cintura para separarla violentamente de Bobby y le propinaron un fuerte puño en el rostro de este. El cayó al suelo.

-¿Estas bien? – preguntó John, tomando el rostro femenino en su mano para examinarlo. El labio inferior estaba comenzando a mostrar indicios del brutal asalto. Y John perdió toda cordura, profiriendo una palabrota. El la colocó detrás de si para enfrentarse a Bobby quien todavía estaba sentado en el suelo algo aturdido. John lo tomó por el cuello de su camisa y lo alzó. No le importaba que Bobby fuera mayor que él por varios centímetros.

-¿St John? – fue lo único que atinó a decir Bobby cuando lo reconoció.

-Nadie.- dijo John con peligrosa suavidad, - pero nadie lastima a mi chica y vive para contarlo. –

----xoxo---

Nota: Banshee es un tipo de hada de la mitología irlandesa que solía gritar cuando tenían alguna premonición de muerte. Eran gritos espeluznantes, de ahí la comparación de los gritos de Rogue. ;P