7. Prisionera
- ¡Te digo que quiero hablar con él!
- Ya sé que quieres hacerlo, pero no es una buena idea, Mel –abrí los ojos despacio, ya era de mañana. Permanecía sentado en el piso del pasillo, afuera de mi habitación, donde había dejado a Luz. Había salido para que pudiera tener un poco de privacidad, no parecía cómoda en mi presencia. Ahora notaba que había pasado la noche entera, sentado en el suelo. Mi espalda se quejó con un dolor punzante y agudo, pero no me moví.
- No me importa si es una buena idea o no, ¡quiero hablar con él! –eran Jared y Mel discutiendo al final del pasillo en susurros. El eco de las cuevas debía estar haciendo que la conversación llegara a mí. Bajaron la voz por un momento y yo cerré los ojos, apoyando al cabeza contra la pared.
No me sorprendí cuando Mel se sentó a mi lado, un minuto después. Sabía que era ella, pues no hubiera escuchado a Jared aproximarse.
- Wanda dijo que estabas molesto.
- No quiero hablar sobre eso –respondí con la voz seca.
- Sé que no estás de acuerdo con que la chica se quede.
- Se llama Destello de Luz en el Hielo –la corregí.
- Sé que no estás de acuerdo. Pero debes entender que hay razones para que se quede.
Abrí los ojos y volteé para mirarla.
- Tampoco me interesa escucharte hablar sobre eso –aclaré. Me lanzó una mirada matadora, de esas que decían: "no importa la edad que tengas, aún eres mi hermanito".
- Buenos días –Jared se acercó por la esquina del corredor con un paso despreocupado. Lo miré durante medio segundo para reconocer su presencia, y luego volví a cerrar los ojos.
- No quiere escucharme –le dijo Mel, como si yo no me encontrara ahí. Apreté los dientes. Lo hacía sonar como si fuera un chiquillo con un capricho; y esto se trataba de la vida de alguien. Jared suspiró de forma audible y rozó mi pierna al ponerse en cuclillas en el piso.
- Escucha, chico: quizás no te interese por qué hacemos esto, pero solo quiero que tengas en cuenta una cosa -abrí los ojos de nuevo y lo miré.
- ¿Qué?
- No estás haciendo que todo esto sea más fácil para ella –continué con los ojos cerrados, esperando que se marcharan y me dejaran solo de una buena vez. Escuché cuando Melanie se puso de pie y luego cuando se alejaron, susurrando en voz demasiado baja como para que pudiera distinguir lo que decían.
Suspiré y me rasqué la cabeza con ambas manos cuando estuve seguro de que me encontraba solo. Me puse de pie muy despacio y apoyé la frente contra la pared, a un lado de la alfombra que cubría la entrada a mi habitación. No estaba seguro de cómo enfrentarme a ella. Habían pasado casi veinticuatro horas desde que había llegado a las cuevas. Le había ofrecido comida y agua, pero la bandeja aún permanecía intacta a un lado de la entrada.
Suspiré de nuevo, últimamente tenía la sensación de que el aire había dejado de ser suficiente en las cuevas. Y ahora ella de seguro tendría la misma sensación. Recordaba cómo habían sido los primeros días aquí abajo: los espacios cerrados podían volverte loco hasta que te acostumbrabas a ellos. Me la imaginé acurrucada en mi colchón, probablemente llorando, asustada y sola.
Al fin y al cabo, Jared tenía razón. No había hecho más que asustarla y decepcionarla desde que había llegado a este lugar. Y ahora podía escucharla dentro. No hacía ningún ruido, pero estando en silencio podía escuchar su respiración. No sonaba como si estuviera durmiendo.
- ¿Puedo pasar? –pregunté en voz baja. No respondió.
Me mordí el labio por un momento, intentando recomponerme y me separé de la pared. Me agaché para tomar la bandeja del piso y corrí la alfombra con mi mano libre.
- ¿Hola? –pregunté. La luz entraba con fuerza al pequeño espacio. Al principio pensé que se había ido, pues no la vi de inmediato. Pensé que la encontraría en la cama, pero había preferido acomodarse en el piso. Estaba sentada en la esquina de las paredes, en el pequeño espacio que quedaba entre ellas y el colchón. No había tocado la cama, y tampoco parecía que hubiera dormido en toda la noche. Me sentí aún peor de lo que ya lo hacía, pero no lo demostré.
Entré despacio, y ella dobló sus piernas pegándolas a su cuerpo, manteniéndose tan alejada como le era posible en ese pequeño espacio. Me dolió un poco la reacción, pero fingí que no lo había notado. Me senté en el colchón, cerca de la salida y puse la bandeja a mi lado. Tomé un pan y lo mordí. Mastiqué por un momento antes de hablar.
- ¿Sabes? Hay más almas aquí. Está Wanda, Sol… las conociste -ella ni siquiera me miró, pero seguí hablando, a veces con la boca llena-. La historia de Wanda es bastante larga. Tampoco le gustaban demasiado las cuevas cuando llegó.
Hice una pausa para tragar y le di un trago a la botella de agua.
- Recuerdo una vez en la que Wanda se había molestado por… algo. Se escondió en una de las habitaciones. La encontramos después de unas horas, pero no quiso salir. Ian se quedó con ella por tres días sin pronunciar una palabra. Solo ahí callado, acompañándola.
Suspiré pensándomelo un poco. Recordé esos días, en los que había permanecido en cama por esa estúpida infección. Recordé haberle preguntado mil veces a Jared, pero él me decía que solo había visto a Ian un par de veces, cruzándolo por los pasillos hacia el baño. Había pasado a toda prisa a su lado sin decir una palabra, para luego volver unos minutos después. Dijo que su rostro se veía demacrado y triste. Apagado. Dijo que jamás hablaba, que parecía poco más que un espectro. Realmente admiraba lo que había hecho por ella.
- No estoy seguro si podría hacer eso –comenté en voz alta, reflexionando sobre ello-. Detesto los silencios… pero sí puedo estar aquí contigo –le sonreí, pero tampoco entonces habló-. No quiero que pienses que estás sola, quiero que sepas que alguien está aquí para ti.
Después de eso le conté sobre la historia de cómo Wanda y Mel habían llegado a las cuevas.
- Ella es una viajera, ha hecho toneladas de cosas increíbles, y es muy fuerte –dije-. Pero Mel no se dejaría vencer tan fácilmente. Ella había prometido que volvería –no pude evitar sonreír mientras le contaba esto, aunque para esas alturas estaba bastante seguro de que prácticamente estaba hablando solo.
Le conté sobre la primera vez que las había visto. Sobre cómo había podido ver a Mel más allá de la expresión de Wanda, y cómo había podido ver a Wanda, más allá del rostro de Mel. Intenté evitar las peores partes, los intentos de asesinato, por ejemplo. Pasé horas hablando. Ya no estaba seguro de cómo pasaba de un tema al siguiente.
- Y solíamos hacer un jabón de cactus. Pasaban horas antes de que la piel dejara de escocerte –me reí recordando el asqueroso y corrosivo pedazo de porquería al que le llamaban jabón. Y entonces se me ocurrió que quizás ella quisiera usar el cuarto de baño-. No lo había pensado –me excusé-. ¿Necesitas… usar el baño?
No respondió, pero sí se puso de pie. Era la primera vez que se movía en todo el día. Lo tomé como un "sí" y me puse en marcha. La llevé por lugares que sabía estarían desiertos. No quería que se asustara por nada. Se mantuvo cerca de mí, pero sin tocarme. Miraba mis pies y pisaba en los mismos lugares en que yo lo hacía.
Al llegar al cuarto de baño, le expliqué brevemente cómo debía moverse. Le ofrecí la linterna y extendió su mano para tomarla. Esa fue la única comprobación de que había escuchado algo de lo que le había dicho. Me quedé en la entrada, aguardando a que volviera. A estas horas, todos deberían encontrarse trabajando. En unos cuantos minutos terminarían de preparar la tierra y todos se amontonarían en la entrada del lugar. Tragué en seco y me fijé la hora. Eran casi las cinco de la tarde.
Suspiré aliviado cuando volvió, caminando temerosa y con mucho cuidado. Me tendió la linterna y la tomé mientras comenzaba a caminar, guiándola de nuevo a la habitación.
Al volver, ella regresó a la misma posición en la que se encontraba antes, así que yo hice lo mismo. Me senté en la cama y miré hacia la pared que tenía enfrente.
- Sé que es un lugar pequeño –dije-. Pero no es tan malo, te acostumbrarás. La cama es cómoda –comenté, intentando que al menos volteara a verla, pero no lo hizo-. Puedes usarla cuando quieras, es tuya –agregué.
Pensé en lo mucho que me había costado hacer que este espacio fuera lo suficientemente grande para que cupiera ese simple colchón. Había sido todo un logro.
- Los agujeros en el techo son geniales para mirar las estrellas –sonreí-. Cuando recién llegué aquí, eso era lo único que me tranquilizaba. Ser capaz de ver el cielo a través de los agujeros en la habitación. El tío Jeb había propuesto que yo me quedara con él, pero Jared había insistido en que debía compartir habitación con él. Creo que sentía que debía cuidarme. Él ha sido como un padre para mí desde que Mel se encontró con él. Aunque ahora que lo pienso, puede que él se sintiera demasiado solo.
Verás, en esos días, desde que habían capturado a Mel, él era poco más que un zombi. Casi no dormía, ni comía. Tan solo se preocupaba por mantenernos a salvo. Solo lo estrictamente necesario para sobrevivir. Recuerdo el arrebato que había tenido, en el que había ido a buscar a la tía Maggie sólo para comprobar si la muerte de Mel había sido en vano.
Había vuelto a la mitad del bosque donde me encontraba escondido, con dos personas más. Mi corazón latió tan fuerte cuando lo vi acercándose con aquellas personas que apenas recordaba. Me había escondido detrás de un árbol al escuchar el motor del jeep, y sentía la adrenalina corriendo por mis venas.
Entonces no era más que un niño. Recuerdo el alivio al ver que Jared pasaba la luz de la linterna por sus ojos. Recuerdo lo que pensé cuando noté que era él. Solo una frase se cruzó por mí mente, un pensamiento que me consolaba cuando pensaba en mi familia perdida. Pensé: "Aún no estoy solo".
Me quedé callado, mirando a la pared. Me tomé un momento para pensar en cuánto le debía a Jared. Le debía mucho más que mi vida. Intenté volver a la realidad. Ya había comenzado a oscurecer y yo ya había dicho demasiado. Además, pensar en los momentos en los que había pensado que Mel jamás volvería, era más difícil de lo que me hubiera gustado admitir. Comencé a levantarme con movimientos lentos.
- Creo que te dejaré descansar por hoy –anuncié-. Puedes usar la cama, nadie va a lastimarte por hacerlo. Buenas noches –me despedí, volteando para salir. En el pasillo había un montón de cosas apiladas. Una esterilla, una almohada y una bolsa de frituras. Preparé mi cama improvisada y agradecí que se hubieran preocupado por mí una vez más. Me pregunté quién estaría cubriendo mis tareas, pero no tuve demasiado tiempo para cavilar al respecto. Me quedé dormido solo un par de minutos después.
Esa noche soñé con ese bosque al que Jared me había llevado para poder ir tras Maggie él solo. Soñé que corría entre los árboles, escapando de personas que parecían mis seres queridos, pero no lo eran. Estaban mis padres con Mel, y Jared también. Había varios miembros de las cuevas, y todos gritaban mi nombre al mismo tiempo, como un coro.
Continuaba corriendo, llorando por la pérdida de aquellos que quería, hasta que tropezaba en una rama que estaba en el camino. Caía boca arriba en el húmedo y frío suelo del bosque y el sol me daba en los ojos, cegándome. La luz era intensa y clara, y ahora las voces se escuchaban más cerca; pero en algún momento, mientras corría, había dejado de ser un niño. Ahora mis brazos y piernas se sentían fuertes… y ya no tenía miedo. Me ponía en pie y me erguía frente a ellos. Me rodeaban. Eran todas las personas que alguna vez había conocido, excepto que no eran ellos. Todos eran almas. Miraba mi mano de repente y veía la vieja y familiar píldora de escape. La metía en mi boca sin pensármelo mucho y la mordía con fuerza.
N/A: Eso es todo por hoy! Espero que les guste! Pero tanto si es así como si no, dejen comentario porfis! Los comentarios siempre ayudan a saber lo que piensan y ver hacia dónde va la historia :) Muchos besos y espero empiecen muy bien el año! :)
