El amanecer llego, pudo verlo desde su balcón, lo había estado esperando casi toda la noche como había previsto el sueño no le había llegado sin embargo, lo menos que sentía era cansancio –pronto descansare para siempre- le recordó su mente a la vez que salía de su habitación para apreciar el espectáculo que era ver como el sol se levantaba, era casi como si alguien, algún benevolente espíritu se dedicara exclusivamente a realizar aquel trabajo, no podía explicarlo pero casi podía aseverar que así era, se sacudió la cabeza quitándose aquellas ideas de encima, no quería pensar en el sol, no en esos momentos, prefería pensar en que su fiel sirvienta, su ultima amiga estaría alejándose de la ciudad en camino a su nueva vida, una vida prospera y feliz, deseaba con fervor el rey.

El tiempo pasaba más lento que de costumbre parecía que la ora de retomar su juicio no llegaría, y el hecho de que estuviera encerrado en aquella jaula de oro, hacia más difícil de soportar la espera, finalmente decidió tomar uno de los libros que le habían dejado para que se entretuviera, escogió uno que ya había leído, mas de una vez, de hecho podía recitar casi todo el libro de memoria.

-vida y obra de la dinastía Starswirl- .leyó, para sí mismo Dorial sintiendo la nostalgia recorriéndole por el cuerpo, con aquel pesado volumen entre sus manos la cubierta de cuero teñido de blanco con el título en letras doradas y la estrella de seis puntas de los Starswirl se formaba con zafiros azules, a pesar de su edad las paginas parecían bien conservadas, casi sin ningún tipo de daño, recordaba que cada familia tenía el suyo el de los Starfallen, de igual manera tenía una cubierta blanca, pero la diferencia era que en lugar de una gran estrella la silueta que dibujaban las jemas era la de una estrella cayendo, el de los Shadow era rojo con un unicornio coronado hechos con ónice negro y oro para la corona y finalmente el de los Goldensky, cuya cubierta no podía ser de otro color que no fuera el dorado, con una corona echa de diamantes como portada.

Aquel libro había sido con el que su padre le había enseñado a leer hace más de veinte años, tan solo necesitaba ojear las paginas para recordad con total claridad de que trataban, recordaba a casi todos los starswirls que alguna vez llegaron a ocupar el trono, pero sin dudas uno de sus favoritos personales fue el rey Sansaner Starswirl a quien apodaron como Starswirl el conciliador, pues evito una guerra entre los Shadow y Goldensky, también había otros grandes como Starswirl el conquistador o Starswirl fuego santo, famosos por su participación en la santa purificación, al recordar esos nombres no pudo evitar saber en qué pagina se encontraban cada uno, por lo cual no tardo en encontrarlos, los leyó en cuestión de minutos a la vez que recordaba mas de sus antepasados, aunque sin querer se topo con una parte poco agradable, aquello parecía una broma del destino como si una fuerza sobrenatural le estuviese jugando una broma cruel, miro nuevamente el titulo de aquel capitulo esperando que sus ojos lo hubiesen traicionado, pero no era así, las letras eran claras como el cristal.

-Ricart Starwirl, uno de los cuatro príncipes indignos- decía el titulo en grandes letras negras de estilo elegante, el Escrivá había sido especialmente cruel tanto con el príncipe Ricart, como con los otros tres, se habían escrito libros enteros acerca de los príncipes indignos, cuatro primogénitos a los cuales sus padres les negaron la corona y el trono, en el escrito se daba a entender que gracias a la derrota de Ricart la santa purificación no había sido completada y que por culpa de los príncipes indignos los dioses los habían castigado con cien largos años de invierno.

Dorial se sintió afortunado de no poder leer lo que pondrían los escribas en los siguientes volúmenes sobre él y su padre, si habían azotado con la tinta tan fuertemente a Ricart por haber perdido una batalla en las tierras de lo impuros no quería ni imaginarse lo que le harían a él – ¿cuál será mi apodo Starswirl el hereje?- se preguntaba en su mente. De repente un ligero toquido rompió su línea de pensamiento.

-majestad puedo pasar- era una vos femenina pero desconocida.

-adelante- respondió Dorial desde su silla

Nuevamente las puertas de oro se iluminaron y dieron paso a una hermosa joven de cabellera verde como el jade que le llegaba hasta la cintura alta, con un vestido sin mangas de seda bermellón que contaba con un escote que dejaba ver levente sus abundantes pechos, de piel blanca pero con ojos cafés que desentonaban con el resto de la chica, tenía una postura perfectamente recta con sus manos entrelazadas bajo su vientre plano y con la mirada clavada en el suelo.

-saludos majestad soy Andala, por desgracia no pudimos encontrar a su sirvienta personal hoy por la mañana pero yo me encargare de lo que necesite- se presento la muchacha con una vos tan armónica que casi parecía que estaba cantando una canción.

Dorial se lleno de felicidad de oír aquello, su ultima amiga se había ido como él se lo había suplicado, no pudo evitar soltar una leve sonrisa cansada que de ninguna manera carecía de sincera felicidad.

-Clover ya no está a mi servicio, he decidido prescindir de sirvientes por ahora- le dijo el rey en un tono tan arrogante como falso, había despedido a todos los sirvientes de la casa Starswirl hace mucho solo se había quedado con Clover por la amistad que tenían.

-entiendo mi señor aun así espero ser de utilidad- le respondió ella sin modificar lo mínimo el tono de su vos, sin mover ni un dedo –me podría decir que le apetece de desayunar majestad, los cocineros han preparado un gran manjar, tenemos pavo y pollo asado empanadas de almendras y cordero recién orneadas un delicioso estofado de res y nuestros panaderos han preparado unos deliciosos pasteles de moras y frutos rojos pero si desea otra cosa solo dígame y los cocineros se la preparan alteza- le pidió la sirvienta con gran gala y refinamiento fruto de largos años de entrenamiento.

Dorial no savia con exactitud si reír por dentro de la sirvienta que en verdad parecía esforzarse por estar a la altura de un rey aunque este estuviese a unas pocas horas de ser juzgado y condenado por herejía. Considero durante algunos minutos extender su vida unas pocas horas más pidiendo a los cocineros una laboriosa receta, un platillo difícil de preparar que requiriera de muchas oras para ser digno de un rey, pero pronto rechazo aquello no importaba si era el sol o la luna quienes miraran el espectáculo seguiría siendo el mismo, su cabeza seguiría rodando, además se decía que si ibas a morir con el estomago lleno mejor que trajeras pantalones marrones y por su puesto el no quería eso, suficiente tenia con lo de la herejía para que además el Escrivá lo inmortalizara en tinta como Dorial de la casa Starswirl el primer rey hereje en la historia de los cuatro reinos responsable de la profanación de la santa ciudad blanca, aquel que se cago en los pantalones en su propia decapitación. Por lo cual se limito a pedir a la sirvienta dos manzanas y un té de hojas de menta.

La sirvienta no lo cuestiono ni siquiera frunció el seño solo hiso una respetuosa reverencia y se retiro para buscarle al rey sus manzanas.

Dorial estaba dispuesto a volver a su lectura hasta que recordó el capitulo que estaba leyendo por lo cual decidió serrar su libro y ponerlo exactamente en el mismo lugar donde lo había encontrado, salió una vez más a su balcón buscando en el sol un poco de esa magia cálida que le reconfortaba, pero cuando salió un espectáculo más ostentoso robo su atención era un desfile increíble de cientos o más bien miles de magos que avanzaban en una ordenada y bien sincronizada marcha con sus comandantes montados en unicornios portando los estandartes correspondientes, desde lo alto de la torre reconoció los estandartes de los tres jerarcas, la estrella cayendo azul sobre campos blancos lideraba la marcha, seguida por el unicornio negro coronado sobres campos rojos, después venia la corona dorada sobre campos azules, además de estos logro reconocer otros siete pero sin dudas el que más le llamo la atención fue que mostraba el escudo blanco sobre capos azules perteneciente a los Sacredshield, ¿abran venido a ver la ejecución? Se pregunto en sus adentros.

Dejo a un lado el rio de armaduras brillantes que inundaban la calle principal y regreso a su habitación a esperar su almuerzo o su ejecución ya le daba igual.

Momentos después llego la sirvienta levitando una charola de plata hasta la mesa donde el rey comía, este se sentó y en cuanto se hubo acomodado la cubierta fue retirada para darle paso un taza de té de porcelana decorada de azul que serbia como pieza central de un humilde pero elegante platillo compuesto exclusivamente por gajos de manzana perfectamente cortados que formaban una bella flor, Dorial agradeció con cortesía y se llevo el primer gajo de manzana a la boca, la sensación del fresco jugo en su boca le hiso recordar tiempos mejores.

-han acudido muchos grandes señores a la ciudad dorada el día de hoy ¿Qué celebración he olvidado?- pregunto el rey a la sirvienta sin mirarla

-mucho me temo que no sabría decirle majestad una humilde sirvienta como yo ignora los motivos de los grandes señores- le respondió la muchacha con aquella vos armónica y la mirada clavada en el suelo

Dorial supo de inmediato que aquello sería lo más que le sacaría, aquella no era su sirvienta, aquella mujer era solo otra más de las sirvientas que daban mantenimiento al castillo dorado y los nobles que lo habitaban no era su amiga de hecho el ya no tenía amigos.

Acabo su almuerzo lo más calmado que pudo se tomo todo el tiempo que pudo para beber el té y cuando termino busco con la mirada a la sirvienta, la cual se encontraba en la misma posición.

-Andala llame al lord comandante dígale que lo necesitó aquí lo más rápido posible- no quería aplazar mas su destino si los nobles de los cuatro reinos querían ver su cabeza rodar mejor que fuera temprano.

La muchacha asintió con la cabeza y se marcho tan sutilmente como había entrado.

Pasaron escasos veinte minutos antes de que las puertas de la jaula de oro volvieran a brillar para abrirse ante ser Dermion quien en aquella ocasión portaba la ostentosa armadura de gala del lord comandante, echa por completo de oro puro ornamentada y detallada hasta el más mínimo detalle, incluso desde la silla donde estaba sentado Dorial percibió el olor a perfume que despedía el lord comandante.

-deseaba verme majestad- le pregunto una vez más con aquel tono de falsa amistad.

-solo quería saber cuándo se retomara mi juicio- le respondió Dorial conteniendo un millar de insultos rabiosos y fingiendo serenidad.

-tanto desea oír la sentencia majestad.

-aun no sabemos si habrá sentencia lord comandante le recuerdo que aun no se me ha hallado culpable- le respondió con desgano pues sabía perfectamente bien que el veredicto ya había sido tomado en definitiva lo encontrarían culpable del cargo de herejía y por supuesto que habría una sentencia.

El lord comandante no pudo evitar destapar su sonrisa burlona ante el comentario del joven rey, después serró las puertas tras de sí con su magia. Una vez que las puertas se serraron avanzo hasta acercarse al comedor del rey para ocupar una silla del lado contrario al que se encontraba Dorial para verlo frente a frente.

-majestad no nos mintamos mas usted y yo, sabemos cuál será el veredicto que escucharemos hoy en la corte- hiso una pausa -y también sabemos cuál será la sentencia que el rey Shadow dictara- finalizo Dermion mostrando su perfecta dentadura blanca.

Dorial forzó una sonrisa cansada y se mostro tranquilo ante aquel comentario como si lo que le había dicho no significara nada – a si es lord comandante ambos sabemos que ocurrirá y no deseo pasar todo el día esperando lo que yo ya sé, así que lléveme ante los jerarcas y terminemos con esto de una vez.

El lord comandante se mordisqueo el labio de coraje ante aquella orden tan severa que le había dado Dorial –bien hereje si tanto deseas la muerte pues entonces te llevare a ella, ponte de pie y toma tu corona, que ansió ver como los sumos jerarcas te la quitan- dijo el lord comandante poniéndose de pie bruscamente.

Dorial tomo la corona y se la coloco alzando la cabeza para que Dermion la mirara –vámonos- le indico mientras el mismo se colocaba frente a las puertas.

Lo escoltaban dos guardias y el lord comandante como el día anterior, pero a diferencia de esa ves esa mañana el castillo dorado estaba rebosante de personas sirvientes bajando y subiendo por todos lados con charolas y platillos, caballeros y hechiceros de brillantes armaduras y finas sedas paseaban por los pasillos del castillo dorado.

En su marcha hacia el salón del sumo concilio pasaron junto al comedor real, en el cual se encontraban disfrutando de un banquete los príncipes Cordren Shadow y Melder Goldensky primogénitos de los jerarcas y también la princesa Daeryn Starfallen la hija menor del jerarca profeta, apenas si alcanzo a verlos de reojo antes de seguir hacia su destino.

-los hijos de los jerarcas también han venido ¿tan interesante espectáculo es la muerte de un rey?- pregunto Dorial recordando que no hace mucho existía la posibilidad de unir en matrimonio las casas Starswirl y Starfallen.

-ja veo que el juicio no le ha otorgado humidad majestad- le recrimino el lord comandante dedicándole una mirada de burla –no majestad los hijos de los jerarcas han venido por un propósito que esta mas a su altura- soltó aquello dejando ver sus dientes en una peculiar sonrisa misteriosa.

Dorial no pudo evitar preguntarse cuál sería aquel propósito pero bien sabía que no obtendría respuesta alguna si se lo preguntaba al lord comandante.

Cuando llegaron al salón del sumo concilio las pesadas puertas de oro solido estaban abiertas de par en par dejando ver a un hombre de telas azules acompañado de dos guardias que portaban armaduras del mismo color, frente a los tronos de los jerarcas

-teníamos sitiada la ciudad esmeralda si no hubiese hecho que nos retiráramos…-le decía el hombre de azul

-estas cuestionando mi decisión- se oyó la vos autoritaria y seria de Starfallen interrumpiendo al hombre

-no magnificencia- titubeo un poco el hombre –solo expresaba mi inquietud por retirar nuestros ejércitos del frente…- trato de decir pero una vez mas fue interrumpido por el jerarca.

-retirar nuestras fuerzas del campo de batalla fue una decisión difícil sin embargo el sumo concilio considera que es lo correcto en estos tiempos de confusión- concluyo Starfallen sin dar espacio a mas cuestionamiento.

-transmitiré su decisión a los demás generales- le respondió el hombre azul.

No fue hasta que se dio la vuelta que Dorial lo reconoció era lord Tormir Copperfist el consejero de guerra del sumo concilio, la espada de los dioses en el mundo mortal. Lo último que había sabido de él era que había sido enviado a las tierras del este a recuperar las ciudades que Rondil el usurpador había capturado, quizá los sumos jerarcas estén pensando en retomar la santa ciudad blanca pensó preocupado si era así debía advertirles.

Al pasar a su lado Tormir le dedico una mirada de decepción que lo estremeció aquel hombre lo había entrenado en el arte de la guerra, le había enseñado de alianzas y estrategias, lo acompaño en el largo camino para convertirse en un genio militar y ahora ni siquiera le dedicaba un saludo solo paso de largo con sincera indignación, aquello le quito la audacia y de nuevo la vergüenza acudió a él, aunque tampoco pudo pensar mucho en ello en cuanto los jerarcas estuvieron desocupados fue empujado por el lord comandante hacia adentro.

-jerarcas el rey Dorial ha solicitado verlos con respecto a su juicio- se presento ante el sumo concilio arrodillándose al igual que sus guardias.

-Dorial no esperábamos verte tan temprano- le dijo en un tono un poco sorprendido Starfallen desde lo alto de su trono.

-si es un inconveniente majestades lo escoltare de nuevo a sus habitaciones- les dijo el lord comandante aun de rodillas, aquella mañana el rey Shadow portaba una armadura diferente a la del día anterior de metal esmaltado negro que brillaba con el reflejo de los cristales y una capa de terciopelo rojo, Glodenky se había cambiado también aunque sus ropas seguían siendo de hilo de oro con manos y cuello decorados por piezas de joyería elegantes, el único que parecía no haberse cambiado de ropas era Starfallen que tenia la misma túnica de seda roja.

-eso no será necesario lord comandante, puede retirarse- le respondió starfallen con aquel tono de calma pero a la vez de autoridad.

-pero pensé…- intento decir el lord comandante antes de ser interrumpido nuevamente.

- y llévate a los guardias- finalizo Starfallen indicándole la salida

-si majestad- le respondió dócilmente el lord comandante antes de ponerse de pie y salir con el orgullo herido.

Las pesadas puertas de oro se serraron tras el lord comandante y por primera vez desde su partida a la santa ciudad blanca Dorial estuvo a solas con los jerarcas, pero no sabía que quería decir aquello.

-de pie Dorial- le indico el jerarca profeta con tranquilidad –ayer te hice una promesa creo que es hora de cumplirla.

-¿pero mi juicio?- pregunto Dorial desconcertado.

-tu juicio será llevado a cabo como estaba previsto pero antes debemos compartir contigo esto- Shadow fue quien se dirigió a él con esa vos áspera y profunda que hacía temblar el espíritu.

-aunque no lo merezcas- le recrimino Goldensky con molestia.

- Dorial para entender nuestras acciones debemos recordarte nuestra historia- comenzó Starfallen –la santa ciudad blanca fue edificada por nuestros antepasados bajo la promesa de que algún día los sagrados descenderían a nuestro mundo y entonces una nueva era comenzaría- le decía mientras apuntaba con su mano a un punto de la pared donde se había grabado aquello.

-salvación para todos- continúo Goldensky –el majestuoso castillo blanco debía servir como hogar para los dioses.

-y nuestra fe ha sido recompensada, la profecía se ha cumplido un sagrado ha llegado a nuestro mundo y ha ocupado el lugar que le correspondía- continuo Starfallen con una sonrisa y una mirada apacible.

Dorial no podía creer lo que estaba escuchando, los sumos jerarcas creían que la cosa que había ocupado las ruinas de la santa ciudad blanca era un sagrado –majestades les suplico que me escuchen- les dijo con una vos que estaba a punto de quebrarse.

-habla- le indicó el rey profeta con suma serenidad.

Dorial trago saliva y tomo todo el valor que pudo sabia que en su posición lo que diría solo empeoraría su situación pero no podía dejar que el sumo concilio cometiera un error de esa magnitud –majestades toda mi vida he sido fiel a los dioses desde que tengo memoria he ido a los templos de imperator stellarum y Mater luminis he sido devoto de la catedral, he leído cada libro escrito que trate sobre los dioses y puedo decirle sin temor a equivocarme que no hay nada con la descripción de lo que sea que haya llegado a la santa ciudad- termino el mirando directamente a los jerarcas.

Starfallen rio quedamente desde su trono esbozando aun aquella sonrisa apacible.

-lo ves te dije que no se podía tratar con los herejes- le dijo Goldensky mirando con desprecio a Dorial.

Starfallen no le hiso caso al comentario de su compañero jerarca -entiendo tus dudas Dorial yo mismo me hice esas preguntas, pero el sagrado en su infinita misericordia ha despejado mis dudas y aclarado mi vista, nuestros antepasados fueron sabios al profetizar la llegada de los dioses a nuestro mundo, pero se equivocaron al darles nombre y forma, durante más de un milenio hemos alabado ídolos paganos un grave error me temo- hiso una pausa para soltar un suspiro de lamento –un error que podemos remediar he dado la orden de que todos los templos paganos sean destruidos y sus ídolos quemados, la catedral se disolverá, en estos instantes la santa inquisición lleva a cabo su sagrado deber- le indico Starfellen.

-nuevos templos se edificaran sobre los viejos la imagen del único dios remplazara a los falsos ídolos y entonces nos habremos enmendado con el sagrado- continuo Goldensky tan convencido de lo que decía como si el mismo lo hubiera hablado con aquel supuesto nuevo dios

-Adiós al plan de Clover- pensó con suma tristeza Dorial, era demasiado tarde y no solo para su sirvienta. Los jerarcas estaban más que convencidos de lo que decían la destrucción de los templos y la disolución de la catedral solo podía significar que no habría marcha atrás.- No, no, debo advertirles están cometiendo un error- pensó sintiendo como una sensación primitiva le recorría el cuerpo. No sabía que era la cosa que llego a la ciudad blanca solo sabía que no era buena.

-creo que están cometiendo un error- les dijo Dorial sin pensar en lo que estaba asiendo.

-herejía- grito Goldensky desde su trono señalándolo acusadoramente con su regordete dedo enjoyado.

-el sagrado destruyo a los impuros que profanaron la santa ciudad blanca y aun así dudas de su poder- le reclamo Shadow con su vos resonando como el rugido de una vestía furiosa.

Mientras Starfallen permanecía en silencio tan apacible como cuando empezaron la conversación.

-no solo los impuros murieron jerarcas, aun quedaban más de quince mil hechiceros que protegían la santa ciudad y mi padre, ninguno de ellos sobrevivió y fue este sagrado quien se encargo de arrebatarles la vida a todos- no le importo dejar correr su lengua sin ninguna atadura, no le importaba lo peor que podría ponerse la condena por alguna razón que escaba de su comprensión sabia que aquella criatura fuese lo que fuese no estaba en ese mundo para ayudar a nadie.

-el sumo concilio tiene conocimiento de eso también y consideramos que ha sido un merecido castigo por parte del sagrado- le respondió Starfallen hablando por los otros dos jerarcas.

-¿un castigo?- pregunto incrédulo Dorial sin poder entender como los jerarcas aceptaban tan fácilmente la masacre de uno de sus ejércitos y uno de sus colegas jerarcas.

-por supuesto Dorial la profanación de la santa ciudad blanca ha sido un pecado que no solo recaí en tus hombros, todos somos responsables por esta falta de respeto es claro que el sagrado tomo la vida de aquellos que fallaron al cumplir su santa labor, así como nos castigo cuando fallamos en la santa purificación- le replico Starfallen con toda calma y serenidad.

Dorial se quedo sin palabras ante aquello indudablemente la profanación de la santa ciudad blanca era algo malo pero simplemente no le cabía en la cabeza que el sumo concilio aceptara tan dichosamente la aniquilación de tantos hechiceros.

Los brillantes cristales del candelabro arrancaban destellos multicolores de las coronas de los tres jerarcas a la vez que dibujaban extrañas sombras danzantes. Por varios minutos el salón de los jerarcas permaneció en silencio mientras la mente de Dorial trataba de procesar lo más rápido posible todo aquello. Contemplaba la idea de que aquella cosa podría ser lo que los jerarcas decían un sagrado o mejor dicho el sagrado trato de abrazar aquella idea y encontrarle la dicha con la que los jerarcas la transmitían y con la cual habían tomado la decisión de extinguir su propia religión, pero no podía, no podía simplemente acoger a aquella bestia como su nuevo dios, como el único dios.

-veo que aun estas indeciso Dorial- le dijo Starfallen rompiendo el silencio –permíteme aclarar tu vista- continuo mientras se ponía de pie –traigan al heraldo.

Al decir esto último sus dos compañeros jerarcas se pusieron de pie y entre los dos formaron un hechizo de teletranportacion que lleno de una intensa luz segadora el salón del sumo concilio. Cuando la luz del hechizo se disipo Dorial pudo por fin observar lo que el jerarca profeta quería mostrarle.

Los ojos de Dorial nunca se habían abierto tanto en su vida ni siquiera cuando vio al supuesto sagrado tubo tanta sorpresa, pues frente a él estaba un impuro, un terrenal para ser mas precisó su altura y constitución lo delataron de inmediato, apenas si lo noto olvido su juicio, olvido al supuesto nuevo sagrado, incluso olvido a Clover, todo su pensamiento se fue en recordar la ira que sentía ante esas criaturas.

-es un impuro- les reclamo con un sonoro grito a los jerarcas mientras señalaba a la despreciable criatura que se había erguido pero que a demás de eso permanecía inmóvil. Era un ser escuálido para ser un terrenal, con una cabellera y barba de un castaño descolorido de rasgas muchísimo más toscos que parecían estar esculpidos en piedra vestido con finas prendas de seda y mas enjoyado que el mismísimo Goldensky. Eso ya de por sí era extraño pero lo que de verdad saltaba a la vista era el peculiar color de piel y los ojos que portaba, había visto a los impuros frente a frente barias veces, los había visto vivos y muertos y en ninguno de los dos casos había visto jamás un color de piel tan singular pues esta era gris como la ceniza, si bien los terrenales eran famosos por descuidar su aspecto personal ni siquiera en los peores casos habían llegado a aquel punto, la otra cosa eran sus ojos que de igual manera eran grises apenas si se podía distinguir el iris de la pupila por ligeras variaciones de gris sin embargo no era lo más extraño lo más extraño es que aquel terrenal parecía estar mirando al eterno vacio.

En su trono el profeta se reclino sobre su respaldo y miro entretenido al rey juzgado –este impuro fue escogido por el sagrado para ser su heraldo- le informo el profeta

-¿escogido?- pregunto incrédulo Dorial.

-heraldo repítele a nuestro hermano tu santo mensaje- pidió Starfallen con suma cortesía.

El terrenal gris miro con aquellos ojos inexpresivos a Dorial y hablo –el es paz, el es salvación, el es el único y el verdadero, su poder no conoce límites, el crea y destruye realidades, el es el pasado, el presente y el será el futuro, sean sus sirvientes o todos perecerán- sus labios se movían mas la vos no parecía venir de si mismo era como si aquel hombre no fuera más que un títere controlado por hilos invisibles.

-pero las enseñanzas de la catedral… los divinos testamentos dicen…-

-la catedral a fallado al interpretar al único y verdadero dios- lo interrumpió Shadow.

-sus calumnias ofenden al sagrado- recrimino Goldensky.

Estaba pasando en verdad estaba pasando, los jerarcas extinguirían la fe de milenios, era como ver a un padre sacrificando a su propio hijo.

-jerarcas creo que se están precipitando la catedral ha ido de la mano con el sumo concilió desde los primeros años de la herencia, desde siempre hemos alabado al emperador de las estrellas y nos ha colmado de bendiciones- decía Dorial convencido de que estaban cometiendo un error.

-Dorial el hecho de que el sagrado haya escogido a un impuro como su heraldo es una señal preocupante- le informo el rey profeta.

-es obvio que el sagrado se siente ofendido por nuestra herejía- continúo Shadow

-si el sagrado voltea su divina mirada hacía los impuros me temo que estaríamos condenados- replico Goldensky cual fiel devoto.

-es por eso que debemos enmendar nuestros errores, castigar nuestros pecados y encomendarnos al único y verdadero dios- dijo Starfallen tranquilizando a sus compañeros jerarcas y al parecer a el mismo.

-los templarios no los seguirán…tendrán una guerra contra la catedral entre manos, los cuatro reinos se desangraran, si peleamos entre nosotros seremos presa fácil para los impuros- había verdadera preocupación y algo de miedo en la vos de Dorial que avanzo un par de pasos en dirección a los tronos solo para ponerse de rodillas ante ellos –sumos jerarcas se los suplico no hagan esto… por favor condenaran a nuestra especie.

A pesar de las sinceras suplicas del rey juzgado el resto de los jerarcas no hiso más que mirarlo desaprobatoriamente, Goldensky le dirigía su mirada de desprecio e indignación, Shadow parecía mas furico que otra cosa como si el enjuiciado lo hubiese ofendido pero la mirada que más le dolía era de Starfallen que mostraba ojos llenos de decepción.

-la decisión ya fue tomada Dorial la catedral es una ofensa para el sagrado al igual que todos aquellos que siguán sus falsos preceptos, los templarios deberán jurar servicio eterno al sagrado o perecer- amenazo el rey Shadow con tanta severidad que habría hecho temblar a cualquiera.

-pensé que serias más inteligente y humilde rey Dorial pero veo que tu herejía te ha segado, aun cuando el sagrado te ha perdonado la vida y te ha hecho llegar con bien hasta nosotros aun así reniegas de sus santos designios y te opones a su voluntad, lamento decirlo pero quizás sea demasiado tarde para tu salvación- le decía Starfallen con tristeza reclinándose sobre el respaldo de su trono todo acompañado de un tono cansado que dejaba entrever su avanzada edad.

Para Dorial aquello había terminado ya no quedaba nada que salvar la sangre correría por los cuatro reinos y una era de malestar y pesar comenzaría, pero él no la vería era su único consuelo más en su mente solo cavia la idea de Clover, su ultima amiga su ultimo ser querido ahora ya no tenía un lugar a donde ir y si cometía el error de rezar al dios equivocado seria severamente castigada.

-no, no, clover no es tonta sabrá esconderse sobrevivirá y estará bien lo sé, es lista sobrevivirá- le dijo su mente en un impulso incontenible, en un deseo oculto, en una mentira para no perder la razón.

-jerarcas- dijo poniéndose de pie –deseo escuchar el veredicto de mi juicio- se había rendido no podía combatir contra nadie no podía combatir contra el supuesto sagrado ni contra el sumo concilió, el solo quería serrar sus ojos y no abrirlos jamás.

Los jerarcas se miraron los unos a los otros durante unos cuantos segundos hasta que Starfallen asintió con la cabeza en dirección a Shadow quien se levanto imponente ante el acusado.

-siempre es shadow quien dicta la sentencia- recordó Dorial en un fragmento de memoria.

-Dorial de la casa Starswirl el sumo concilio te encuentra culpable del cargo de herejía- le informo el jerarca con tono profundo e inmisericorde.

Al oír el veredicto Dorial bajo la cabeza fingiendo vergüenza pero en realidad lo asía para ocultar una sonrisa cansada. –la herejía siempre se castiga con la muerte- recordó tranquilizadora su mente ansiando oír la condena.

-por consecuente se te niega la corona y el título de rey, se te desprende de tus tierras y propiedades y se te condena a la pena de…-

-dilo anda dilo de una maldita ves, condenado a muerte DILO YA- quería escuchar la sentencia quería morir antes de ver como los cuatro reinos se derrumbaban.

Pero los labios de Shadow no dijeron lo que Dorial tanto ansiaba en su lugar el severo jerarca a quien apodaban sombra de hierro dijo…

-exilio-