Tengo que admitir que el lunes fue un día pesado, con muchos exámenes que aplicar, sin embargo estaba emocionado, Frodo me buscaría, seguro pasaríamos todo el día juntos, hablando, poniéndonos al día, sólo pensarlo me hacía sonreír.

Estaba ya en mi última hora, con apenas quince minutos restantes para que acabaran de contestar, Legolas había terminado primero pero se quedó en el salón, esperándome, supuse.

El último en entregar fue Jack, el pobre chico seguía triste por lo de Lorena, le sonreí cuando me entregó la hoja.

- ¿Qué tal te fue?- le pregunté, tratando de animarlo.

- Bien, me sabía las respuestas pero me costó un poco concentrarme-

- Sigues como alma en pena- bufó Legolas, rodando los ojos – sé que Lorena te gustaba y todo eso, pero trata de relajarte un poco-

- Me gusta, no me gustaba, y estoy relajado, es sólo que… no sé, me siento extraño, sabes que me ha gustado desde el semestre pasado, no he besado desde hace casi ocho meses y me estoy pudriendo, sí, pudriéndome-

- Pf, no es la gran cosa- dijo el rubio, y como si nada, tomó el rostro de Jack entre sus manos y le plantó un beso en la boca – listo, ya te besaron, ¿puedes dejar de ser patético?-

- ¡Me besaste!- exclamó Jack -¡Frente al maestro!, ¡me besaste!-

- Al profesor no le molesta-

- Pe-pe-pe-pero… ¡me besaste!-

- De haber sabido que ibas a armar tanto escándalo mejor no te besaba-

- No puedo con esto- dijo Jack – creo que me iré a casa a reflexionar sobre mi sexualidad, hasta luego-

Esperamos hasta que se fuera para podernos reír.

- Pobre Jack, cómo si no tuviera suficiente en que pensar- comenté, sonriendo.

- Al menos ahora va a pensar en otra cosa- dijo Legolas, correspondiéndome la sonrisa.

Salimos del salón entre pláticas y sonrisas, me gustaba estar a su lado, Legolas era muy inteligente y maduro para su edad, su conversación era agradable, caminábamos rumbo al estacionamiento cuando vi a Frodo venir a mi encuentro, le sonreí y le llamé.

- ¡Boromir!- exclamó Frodo, y, sin que yo pudiera hacer nada, se lanzó a mis brazos y me besó en la boca - ¡Por fin te encuentro!-

Me giré para mirar a Legolas, el muchacho estaba rojo de furia y vergüenza, me dirigió una gélida mirada y se alejó a grandes trancos, me deshice del abrazo de Frodo y corrí tras él.

- ¡Legolas!, ¡Legolas, espera!, ¡no es lo que estás pensando!- grité.

- Ajá, y yo me chupo el dedo, claro, no puedes tener una relación, sí, claro, qué idiota he sido-

- No- dije, tomándole del brazo – es un amigo, nada más-

- Un amigo que te besuquea-

- No me besuqueó, sólo fue un pico, ¿qué no besaste a Jack hace rato?-

- Eso fue diferente-

- ¿Por qué?-

- Porque fue diferente y punto-

- ¿Entonces él es el chico?- Frodo nos había alcanzado, miraba a Legolas con una sonrisa – tranquilo, te ha dicho la verdad, soy sólo un amigo, lo he besado en un arranque de emoción, no estamos saliendo-

- No…no me tiene que explicar, yo vi…-

- Vamos, no seas terco- dijo Frodo, sonriendo - ¿por qué no nos acompañas a comer?, así tendré la versión de ambas partes-

- Sabe lo que pasó entre nosotros- concluyó el rubio.

- Sí, se lo conté- admití, encogiéndome de hombros – confío en él-

- ¿Nos acompañarás?, Théo me espera en el auto-

- ¿Théo?- preguntó Legolas.

- Mi novio- dijo Frodo.

- Ah…bueno…pero tendré que ir contigo, Boromir, mi auto está descompuesto, no me lo entregan hasta mañana-

- Bien, pues asunto resuelto- habló Frodo, sin perder la sonrisa – vámonos-

El viaje en auto me sirvió para reflexionar un poco, ¿por qué había corrido detrás de Legolas?, no tenía que darle explicaciones al chico, sin embargo fui a buscarle, porque no quería que se hiciera ideas equivocadas, porque me importaba, Legolas me importaba y no deseaba hacerle ningún mal, ¿era posible que comenzara a quererle?

Llegamos a un pequeño restaurante, bastante bohemio el ambiente con las luces amarillas y los cuadros de escritores reconocidos, nos sentamos en una mesa junto a un retrato de Oscar Wilde, Théo era todo sonrisas y amabilidad, el pobre Legolas estaba rojo como tomate, tímido y sin saber que decir, me lanzaba unas miradas de súplica que me dolían, por suerte la mesera hizo su aparición, deseándonos buena tarde y entregándonos la carta, vi a Legolas tomarla y examinarla como al más difícil de los exámenes, sólo me bastó echarle una ojeada para ver de qué iba su problema, la mesera volvió a tomarnos la orden.

- Disculpe, señorita, ¿no cuentan con menú vegetariano? – Pregunté - mi amigo no consume carne ni lácteos-

- Me temo que no- se disculpó la muchacha, algo sonrojada – lo más vegano que hay aquí es la leche de soya-

- No se preocupe, está bien- le dijo el rubio, regresándole la carta – le pediré un café solamente, con leche de soya por favor-

- A ver, revisemos esto- dije, releyendo el menú – debe haber algo aquí que puedas comer-

- Boromir, no es necesario…-

- ¿Te gustan las zanahorias?, puedes comer una crema de zanahoria-

- No, a las cremas generalmente les ponen mantequilla-

- Hm, ¿sopa de tomate?, dice que la sirven fría-

- Le pediré al chef que no le agregue tocino- intervino la mesera, mientras apuntaba.

- Y una ensalada de frutas con leche de coco, ¿te parece bien?-

- Sí, bien-

- Lo apunté todo- volvió a decir la muchacha.

Después de tomar el resto de la orden la mesera se retiró, dedicándonos una sonrisa como de disculpa, Legolas estaba aún más rojo.

- No me gusta causar molestias, debiste dejarlo así-

- No es molestia, has estado todo el día en la escuela y tenías que comer algo-

- Gracias-

- Son adorables- comentó Théo, riéndose - ¿en serio no se dan cuenta?, actúan como una pareja-

- Théo…- le llamó Frodo – no los presiones, esta es su primera cita después de lo que pasó entre ellos-

- ¿Le contaste?- pregunté, sorprendido.

- Sí, es mi novio, no tenemos secretos, además creo que podemos ayudarte-

- ¿Con qué?-

- Boromir, Legolas te quiere- dijo Frodo, sonriendo – se le nota desde el espacio, te quiere mucho-

El muchacho se sonrojó tanto que pensé se pondría color morado, me miró de nuevo con sus ojos celestes.

- Pues así es- dijo, recuperando su tono pálido – y te lo he dicho, pero no te interesa-

- No es eso- aclaré, suspirando – pienso que eres un gran chico, un escritor que promete y un ser humano maravilloso que se preocupa por los demás, hay muy poca gente tan desinteresada como tú y puede que hasta me gustes un poco, bueno…es decir, me gustas, sí, me gustas mucho, pero no puedo, no puedo porque…-

- Porque soy un chico, lo has dicho- la expresión en su rostro se volvió tan triste que me hizo sentir mal –pero ya te he dicho que no me importa eso, no me importa que seas mayor que yo, me gustas, te quiero, ¿por qué no puedes darte la oportunidad de corresponderme?-

La plática se interrumpió pues la mesera llegó con la comida y las bebidas, dejó todo junto con una amplia sonrisa y deseándonos buen provecho, en vez de ponernos a comer, reanudamos la charla.

- No es tan sencillo como tú crees- continué – he faltado a mi ética profesional al acostarme contigo, si esto se sabe pueden expulsarme de la Universidad, perdería mi trabajo para siempre, eso no me preocupa tanto, puedo conseguir otro empleo fácilmente, ¿pero qué crees que van a decir de ti?, ¿sabes lo que podrían hacerte?, hay mucha gente horrible ahí afuera que sólo necesita una mínima excusa para dañar a los demás-

- No me importa- insistió el rubio – te quiero y es lo que trascenderá-

- ¿De veras crees que al mundo le interesa que me quieras o no?-

- Mientras te importe a ti-

- Estás mal, pequeño, eso sólo habla de lo joven y soñador que eres, seríamos tú y yo contra el mundo-

- Boromir, tú me gustaste siempre- dijo el muchacho, sonrojándose de nuevo – cuando era un niño te vi en la boda de mi prima, entonces no entendía nada pero me fascinó tu persona, tu cara, tus gestos, tu sonrisa, ¿por qué sentía un niño de siete años la necesidad de acercarse a ese hombre que no se paró de su asiento en toda la noche?, sentía muchas ganas de ir a tu encuentro, de que me abrazaras como lo hacían mi prima y mis padres, no lo comprendí pero quería acercarme, sentarme en tu regazo y dejar que me acariciaras, no pude hacerlo; entonces pasaron los años, crecí y descubrí mis preferencias y pensé que no volvería a verte, y que jamás volvería a sentir esa atracción tan fuere, entonces apareces en la cafetería y…no sé, de nuevo me sentí como ese niño que quería un abrazo tuyo, y me molesté, por eso fui tan grosero, me desesperaba no poder acercarme, por eso me inscribí a tu taller, ¡con qué pasión haces las cosas!, nunca había admirado a alguien como te admiro a ti, me di cuenta entonces de que estaba completamente enamorado, nunca esperé que pasara nada pero pasó, creí que me correspondías pero…-

- Come- dije, sintiéndome aturdido por tanta confesión – cállate y come, ¿sí?, dame…dame un momento…-

Y no se dijo nada, comimos en silencio, mientras mi cabeza bullía de preocupaciones, palabras y miedos.

- Bueno…- comenzó el rubio, poniéndose de pie – yo me voy, un gusto conocerlos-

- No- dije, tomándole de la muñeca- te llevo a tu casa-

- No es…- Legolas me miró unos segundos antes de comprender – Oh…-

Me niego a aceptar que Frodo pague la comida, nos despedimos tranquilamente, Frodo está sonriendo, él muy cabrón...

Sinceramente, la casa de Legolas tiene poco que envidiarle a la mía, es una enorme mansión de fachadas de piedra entre café y gris, una cerca enorme color negro y cubierta de enredaderas protegía la casa, sabía que no habría nadie, de ser así él me lo habría dicho.

- ¿Quieres ver una película?- me preguntó, mientras me conducía a una enorme habitación, dentro había un sillón de dos plazas, una pantalla plana y un mueble repleto de películas.

- No, en realidad no-

- Está bien- nos sentamos en el sillón, con la vista al frente, Legolas se giró para verme – este cuarto es mío, es decir, no es mi habitación propiamente, lo que… cuando era niño era mi cuarto de juegos, y después mi padre…-

- Tranquilo- le dije, tomándole las manos – cuéntame, ¿desde cuándo sales con chicos?, ¿estuviste alguna vez con una muchacha?-

- Tuve una novia- dijo, tímido – tenía trece, era muy bonita, de ojos grandes y redondos como monedas, estábamos en la misma secundaria, íbamos a besarnos a las esquinas ocultas de la biblioteca, pero obviamente no pasó nada, no sentí amor por ella, era una emoción diferente, después, en mi cumpleaños quince tenía un amigo que…ehm, digamos que nuestros tratos eran más que fraternales, lo hice con él y estuvo bien, creo, desde entonces salgo con hombres-

- El tipo del otro día…-

- ¿Rick?, ah, bueno, salí con él un par de veces hasta que le rompiste la cara-

Nos reímos, las manos de Legolas se agitaron en las mías como palomas blancas, sus ojos estaban inquietos.

- ¿Tú estuviste con mujeres alguna vez?-

- Sí, varias veces-

- ¿Y?-

- Nada- suspiré – no me sentía bien, tuve al menos una relación que podríamos llamar seria, esa muchacha era muy buena y yo no pude dejar de sentir que la usé, me di cuenta de que me atraían los hombres, tengo buenas amigas, las esposas de mis amigos son mujeres fantásticas a las que adoro, pero no las deseo, a ninguna mujer-

Legolas se quedó serio, me miró con esos ojos celestes tan hermosos, el muy idiota no sabía en lo que se estaba metiendo, sin resistirme más tomé su cara entre mis manos, lo besé, tan deliciosa y profundamente, escuchándolo gemir y suspirar en mi boca, podía hablarme de todos los hombres que había metido en su cama pero no dejaría de ser un muchacho inexperto, un niño verde y frágil, como una hoja.

Lo recosté en el sillón, yo sobre él, aplastándolo con mi cuerpo, soltó otro hermoso gemido.

- Boromir…ahh…-

Fue fácil descender hasta su entrepierna, ya me importó una mierda todo, mi empleo, mi reputación, lo único relevante era el erecto miembro de Legolas sobresaliendo entre los rubísimos vellos de su pubis, me metí todo el pene en la boca, haciendo que Legolas temblara como hoja al viento.

- Hmmm…Boromir, no…-

Tenía que desatender sus pedidos, estaba deseoso de saborearlo, seguí chupando, masajeando los testículos, lamiendo, hasta que por fin, luego de un sonoro gemido, Legolas derramó todo en mi boca, tuve su semen ahí un momento, deleitándome con su sabor, paladeándolo y excitándome ante la visión el muchacho tan acalorado.

- No debiste- protestó Legolas – déjame a mí-

- No- contesté, tragando al fin toda la semilla – déjame a mí-

Le acomodé la ropa de nuevo, lo besé fugazmente en los labios y lo abracé hasta que lo sentí serenarse.

- ¿No vamos a…?-

- No- le respondí – me iré a casa a descansar y mañana te veré en la escuela-

- Pero…-

- Tendremos ocasión de salir de nuevo, quiero que esto se torne…tan serio como se pueda, ¿entiendes?-

- Sí- respondió, sonrojándose.